Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 8 de agosto de 2007

40 años de la Sala Lugones


UN ESPACIO QUE PRESERVA LA DIVERSIDAD DEL CINE ENTRE LA CONSERVACIÓN Y EL PLACER DE MIRAR PELÍCULAS.

La Sala Lugones, el espacio cinematográfico ubicado en el décimo piso del Teatro San Martín de Buenos Aires, está cumpliendo 40 años de proyecciones y para celebrarlo, en un año particularmente brillante para su programación, estuvo en Buenos Aires Bernard Benoliel, director de acción cultural de la Cinemateca Francesa, institución a la que la humanidad (cinéfila) le debe que una parte importante de la historia del cine se encuentre aún entre nosotros y no se haya perdido para siempre.

La Sala Lugones (dependiente de la Cinemateca Argentina) y la Cinémathèque Française (que acaba de cumplir 70 años) son dos espacios con topografía de templos y, tanto en los mitos fundacionales de ambas como en la labor que vienen desarrollando desde hace décadas, sobresalen conceptos como preservación, restauración, supervivencia y hasta pérdida, todas palabras de una gravedad que a priori poco tendría que ver con lo que pasa en el cine una vez que se apagan las luces: la Sala Lugones, por hablar de lo que tenemos más a mano, es un espacio de vitalidad, gozo y descubrimiento para cinéfilos de todo octanaje.

Luciano Monteagudo, crítico y programador, responsable en gran parte de sostener el altísimo nivel de programación de la sala porteña, resume esa aparente contradicción y revela que los logros de la sala tienen que ver tanto con la gestión pura (no es nada fácil hacer equilibrio sobre el magro presupuesto que la Lugones recibe) como con el placer puro.

"Es un orgullo poder decir que la Lugones pone a disposición del espectador de Buenos Aires un cine al que de otra manera sería muy difícil acceder. En las salas de estrenos se percibe una especie de homogeneidad tiránica, que incluye a Hollywood, pero también a cierto cine europeo de fórmula y muy previsible. Desde los festivales o las cinematecas, por el contrario, es posible comprobar que el cine tiene una riqueza y una capacidad de inventar formas que va mucho más allá de lo que uno está acostumbrado a ver."

En ese sentido, la programación de la sala cumple con los requisitos de bucear en la historia del cine e iluminar obras contemporáneas que no tienen la más mínima cabida en la cartelera comercial.

Una mirada rápida a lo que se ve en la Lugones lo deja bien claro: en julio, un "Encuentro con el cine australiano", con 18 films inéditos en la Argentina; luego, en agosto, un homenaje a Marcello Mastroiani, más el desembarco en Buenos Aires de las películas del festival Human Rights Watch y un ciclo presentado por la revista francesa Cahiers du Cinéma, mientras que para septiembre se prevé una retrospectiva dedicada al gran director finlandés Aki Kaurismäki, quien estará en Buenos Aires para presentar las películas.

La preocupación y el disfrute

Benoliel suma su voz a esta moneda de dos caras en la que la preservación del patrimonio tiene que ver con luchas y preocupaciones, mientras que la difusión de un cine distinto está relacionada con el placer.

"Uno de los desafíos del cine es conservar esa dimensión de ser completa y totalmente un arte popular -dice-. Creo que es el único arte que lo es. Cuando ya no sea tal, cuando sea un objeto de museo, se va a cerrar un ciclo de vida y va a comenzar otro. El cine podrá desaparecer algún día, pero eso no va a pasar por el salto de la proyección en 35 milímetros al formato digital. El cine va a desaparecer el día en que no exista más el ritual de juntarse para ir a ver a una sala una misma imagen."

La Cinemateca Francesa nació hace 70 años merced al empuje de Henri Langlois, quien, muy joven, vio de qué modo el cine sonoro amenazaba con olvidar al cine mudo hasta el punto de barrerlo, simbólica y literalmente, debajo de la alfombra. Se podría decir que, mirando al pasado e intentando preservar sus tesoros, Langlois inventó un futuro para el cine. ¿La historia sería la misma si no hubiese existido Langlois y si las cinematecas no hubieran adoptado esa forma que él patentó?

Responde Benoliel: "Sin Langlois tendríamos una versión más incompleta aún de la historia. Martin Scorsese dice que el 80% de la producción norteamericana de cine mudo ha desaparecido para siempre. En el cine francés, la proporción sería mucho mayor de lo que es hoy sí los fundadores de la Cinemateca no hubiesen trabajado con la pasión con que trabajaron. No se escribiría la historia de la misma manera porque no existirían los medios para hacerlo. Porque, se sabe, la historia del cine es la historia de lo que se puede ver".

Por Marcelo Panozzo
Fuente: diario "La Nación"
Más información: www.lanacion.com.ar

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