Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de los blogs El Revisionista, Woody y todo lo demás y Series de antologia. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”, semblanzas cinematográficas.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La interprete olvidada: Tallulah Bankhead.

Tallulah Brockman Bankhead (Alabama, 31 de enero de 1902 - Nueva York, 12 de diciembre de 1968) fue una actriz estadounidense de cinetelevisión y que desarrolló la mayor parte de su carrera en el teatro.


Biografía

Nació el 31 de enero de 1902 en Huntsville (Alabama) y pertenecía a una familia de políticos destacados del partido demócrata. Su padre fue el Congresista William Brockman Bankhead, su tío John H. Bankhead II fue Senador, como ya lo había sido su abuelo, John H. Bankhead I, y su bisabuelo, Thomas Patterson Brockman; además, el abuelo, John Hollis Bankhead, antes de Senador, fue un héroe local, uno de los veteranos del derrotado ejército confederado. El peso político de su familia era tal, que su padre sería portavoz del Congreso de Estados Unidos entre el 4 de junio de 1936 y el 16 de junio de 1940, a pesar de que, por entonces, la escandalosa vida de su hija actriz en la cima de su carrera era conocida por todo el país.
Tallulah se educó en un colegio católico aunque su padre era metodista y su madre episcopaliana.
Tallulah empezó a actuar, con 15 años, en la compañías de teatro de Huntsville y alrededores, con 16 años, ganó un concurso de belleza, lo que la animó a trasladarse a Nueva York para intentar trabajar en Broadway, allí viviría con una tía.
En 1918 le llegó su primera oportunidad, intervino en la película Who Loved Him Best? de Dell Henderson. Ese año rodó otras dos películas y otra más en 1919.
En 1920 le ofrecieron un papel el film Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Dr. Jekyll and Mr. Hyde) dirigida por John S. Robertson.



Como finalmente tampoco logró lanzar su carrera en Broadway, Tallulah, en 1923, decidió probar suerte en Londres.
En Londres consiguió su propósito y alcanzó gran celebridad, poniendo en escane obras de teatro como Fallen Angels (1925), de Noël Coward. Esto hizo que, en 1927, la compañía Paramount Pictures la contratara. Sus dos primeras películas fueron Woman's Law de Dallas M. Fitzgerald 1927 y His House in Order de Randle Ayrton 1928.
Su siguiente película fue Honor mancillado de George Cukor 1931, la película tuvo cierta repercusión, pero, la crítica sobre la interpretación de Tallulah tenía opiniones dispares. Ese mismo año rodó también Redimida (My Sin) y El fraude (The Cheat) ambas de George Abbott.
Al año siguiente rodaría otros cuatro filmes no obstante eso Tallulah dejó de lado el cine para concentrarse en Broadway donde su talento sí era reconocido.

En los años '30, era tal su fama que una ciudad de Luisiana fue rebautizada con su nombre de pila (es decir, pasó a llamarse Tallulah), después de que la actriz pasara una noche allí.
Habría que esperar 11 años (hasta 1944), para que la actriz volviera a la gran pantalla, aunque el año anterior, ya había accedido a aparecer en un pequeño cameo en Tres días de amor y de fe (Stage Door Canteen) de Frank Borzage. Ese año rodó Náufragos (Lifeboat) dirigida por Alfred Hitchcock, quien siempre contaba la anécdota de que la actriz provocó numerosos problemas durante el rodaje al trabajar sin ropa interior; por este papel Tallulah recibió el premio NYFCC que concede el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York.



En 1945 rodó La zarina (A royal scandal). Después, nuevamente volvió a Broadway y no regresó al cine hasta diez años después. En este largo intervalo, además de papeles teatrales, también intervino en algunas series televisivas interpretando papeles puntuales. Luego, entre 1950 y 1952, fue la conductora del programa radiofónico de la NBC Radio The Big Show.
En 1965 protagonizó Fanatic de Silvio Narizzano, el cual sería su último papel cinematográfico; sin embargo, un año después pondría su voz a uno de los personajes de la película de animación Soñando despierto o El soñador aventurero (The Daydreamer) de Jules Bass.
Tallulah no fue convencional. Fue una típica mujer de los años '20 que experimentó con su sexualidad y al ser bisexual dirigió su amor hacia hombres y mujeres indistintamente. En 1937, se casó con John Emery de quien se divorciaría en 1941.
La vida de Tallulah Bankhead estuvo plagada de escándalos, pero ella nunca mostró remordimiento, de hecho, dijo: Si volviera a nacer cometería los mismos fallos, sólo que antes". Tallulah no ocultaba sus vicios, de hecho, se la recuerda por frases como:
  • "La cocaína no crea adicción. Lo sé porque llevo tomándola desde hace años".
  • "Hay una regla que yo recomiendo seguir: nunca practicar dos vicios al mismo tiempo".
  • "Mi padre me advirtió sobre los hombres y el alcohol, pero nunca dijo nada sobre las mujeres y la cocaína".
Tallulah Bankhead murió como consecuencia de una neumonía en Nueva York el 12 de diciembre de 1968.


Por Alfonso Bueno


Un icono de la provocación. Una mujer de los años 20, no sujeta a las reglas que dictaban los hombres. Una actriz que vivió de forma extrema y nunca tuvo problemas para expresarlo, haciendo apología de sus diversos vicios. Suya es la frase "la cocaína no crea adiccion, lo sé porque llevo tomándola desde hace años" y la no menos popular"si volviera a nacer cometería los mismos errores, pero mucho antes". Tras esa frívola imagen de mujer fatal había una mujer de pasiones irrefrenables, a la que no pudo vencer su educación en un convento ni los tabúes de una sociedad hipócrita, dispuesta a vivir y amar más allá, con toda la intensidad necesaria, no privándose del uso de substancias artificiales que le proporcionasen el ansiado y probablemente nunca saciado placer. No destacó por su carrera en el cine (Marlon Brando decía que fue debido a sus adicciones al alcohol y al sexo), ya que no quiso ceder a la presión y el acoso de las estrellas como John Barrymore, por quien perdió su primer papel importante, en El Doctor Jekyll y Mr. Hyde (Dr. Jekyll & Mr. Hyde, 1920), al no querer acostarse con él. Intentó triunfar en Broadway, pero fue en Londres donde consiguió convertirse en una estrella. En su corta carrera cinematográfica podemos destacar títulos como Honor Mancillado(Tarnished Lady, 1931) de George Cukor,Náufragos (Lifeboat, 1944) de Alfred Hitchcock y La Zarina (A Royal Scandal, 1945). Tras ésta película tardaría 10 años en volver a Hollywood, centrándose en su carrera teatral. Su último papel fue en la serie Batman en 1966.

Pero lo más jugoso de Tallulah sigue siendo su deliciosa lengua de víbora y las perlas que nos regaló, en una ocasión en que un periodista le preguntó que habría sido de no ser actriz ella respondió “dudaba entre madre superiora, puta y presidente de los Estados Unidos. ¡Espero que pongas en tu libreta que habría hecho de maravilla las tres cosas!”. En otra ocasión un doctor le recomendó para superar su alcoholismo que tomara una manzana cada vez que sintiera la necesidad de agarrar la botella, a lo que Tallulah respondió: "¡Pero doctor!, ¿sesenta manzanas al día?". También son multitud las anécdotas que forman la mitología de la estrella, en una fiesta a la que acudió como invitadoTruman Capote propuso que todos los invitados se bañaran en la piscina. Ella apareció vestida sólo con sus perlas, decía que lo hacía para demostrar que era una rubia natural. Solía acudir a los rodajes de sus películas sin ropa interior, lo que generaba gran alborozo. En el rodaje de Náufragos el equipo se quejó del desmesurado exhibicionismo de Tallulah, a quien le gustaba dejar ver lo que escondía bajo la falda. Hitchcock, con su iniguable flema británica repuso no poder resolverlo porque no sabía a qué departamento acudir, vestuario o peluquería. Entre los muchos amantes de Tallulah hay hombres y mujeres de todos los credos y razas, entre ellos Marlon Brando, Mercedes de Acosta, la más conocida de las amantes de las estrellas, quien también compartió lecho con Greta Garbo y Marlene Dietrich, también tuvo una relación con una actriz más joven, la bella Lizabeth Scott, que inspiró la que mantienen Ann Baxter y Bette Davis en Eva al desnudo. Tenía fijación por las mujeres negras, tuvo un romance con Hattie McDaniel, la inolvidable Mammy de Lo Que El Viento Se Llevó (Gone With The Wind, 1939), primera actriz negra en ganar un Oscar y con la genial cantante Billie Holiday (repasar el capítulo de Billie en Diciembre de 2007).


Perdió grandes papeles de Hollywood debido a sus adicciones, es el caso de Encuentro en la Noche (Clash by Night, 1952) que en su adaptación al cine por Fritz Lang contó con Barbara Stanwyck para el papel principal pese a que Tallulah lo había interpretado en Broadway. Tampoco consiguió el papel de la versión cinematográfica de Eva al Desnudo (All About Eve, 1950) de Joseph L. Mankiewicz, pese a haber abordado el papel en la versión teatral. En este caso el papel fue a manos de la genial Bette Davis, una de sus mayores rivales. Bette también le "robó" el papel de La Loba (The Little Foxes , 1941) de William Wyler. Refiriéndose a ella dijo: "no creais que no se quién ha estado contando cotilleos sobre mí... después de todas las cosas buenas que he hecho por esa arpía, ¡cuando la coja, voy a arrancarle cada pelo de su bigote!".Independientemente de su escandalosa vida privada, o tal vez gracias a ella, Tallulah fue un personaje muy popular. De hecho existe un pueblo en Luisiana llamado Tallulah porque en los años 30 ella pasó una noche allí. Su último e involuntario legado, fue inspirar uno de los personajes más bizarros y demoníacos de la animación, la Cruella de Vil de 101 Dálmatas. Pero ningún homenaje es suficiente para la mujer que dijo "decid cualquier cosa de mí, mientras no sea aburrida". Lamentablemente debemos recomendar que no inviten a cenar a Tallulah, sobre todo en el caso de aquellos lectores que tengan piscina.

Filmografia

  • 1918 Who Loved Him Best? de Dell Henderson.
  • 1918 When Men Betray de Ivan Abramson.
  • 1918 Thirty a Week de Harry Beaumont.
  • 1919 The Trap de Frank Reicher.
  • 1931 Honor mancillado de George Cukor.
  • 1931 Redimida (My Sin) de George Abbott.
  • 1931 El fraude (The Cheat) de George Abbott.
  • 1932 Make Me a Star de William Beaudine. Cameo en el que no actuaba, sino que se interpretaba a sí misma.
  • 1932 Thunder Below de Richard Wallace.
  • 1932 Mujer infiel (The Cheat) de Harry Beaumont.
  • 1932 Entre la espada y la pared (Devil and the Deep) de Marion Gering
  • 1943 Tres días de amor y fe (Stage Door Canteen) de Frank Borzage. Pequeño Cameo.
  • 1944 Náufragos (Lifeboat) de Alfred Hitchcock.
  • 1945 La zarina (A royal scandal) de Ernst Lubitsch y Otto Preminger.
  • 1965 Fanatic de Silvio Narizzano.
  • 1966 Soñando despierto (The Daydreamer) de Jules Bass (Voz).

Teatro

  • The Milk Train Doesn't Stop Here Anymore (1964)
  • Midgie Purvis (1961)
  • Eugenia (1957)
  • A Streetcar Named Desire (1956)
  • Dear Charles (1954 )
  • Private Lives (1948)
  • The Eagle Has Two Heads (1947)
  • Foolish Notion (1945)
  • The Skin of Our Teeth (1942)
  • Clash by Night (1941)
  • The Little Foxes (1939)
  • The Circle (1938)
  • Antony and Cleopatra (1937)
  • Reflected Glory (1936)
  • Something Gay (1935)
  • Rain (1935)
  • Dark Victory (1934)
  • Forsaking All Others (1933)
  • The Exciters (1922)
  • Everyday (1921)
  • Nice People (1921)
  • Footloose (1920)
  • The Squab Farm (1918)


  • Extraído de http://es.wikipedia.org/wiki/Tallulah_Bankhead
  • http://vadeultra.blogspot.com.ar/2008/03/tallulah-bankhead.html

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Revisitando Clásicos: La danza de los vampiros, 1967, de Roman Polanski.

Ficha técnica
Titulo original: The Fearless Vampire Killers
El baile de los vampiros (España)
La danza de los vampiros (Hispanoamérica)


Dirección: Roman Polanski

Dirección artística Fred Carter
Producción Gene Gutowski
Guion Gérard Brach y Roman Polanski
Música Christopher Komeda
Fotografía Douglas Slocombe
Montaje Alastair McIntyre
Protagonistas

Roman Polanski
Sharon Tate
Jack MacGowran
Alfie Bass
Jessie Robins
Ferdy Mayne
Iain Quarrier
Terry Downes
Fiona Lewis
Ronald Lacey
Sydney Bromley

País Estados Unidos y Reino Unido
Año 1967
Género Comedia / terror
Duración 108 minutos
Idioma  inglés

Productoras

Cadre Films
Filmways Pictures
Metro-Goldwyn-Mayer
Distribución Metro-Goldwyn-Mayer

Cuarta cinta del gran polaco Polanski, en la que al parecer la idea de la comedia sórdida, de la comedia negra, había calado en el director, y todavía seguía con ese gusto, tras haber realizado ya un ejercicio anterior, con Cul de sac (1966). Siempre coherente con su estilo, con sus directrices, y perfeccionando y delineando más por supuesto algunos aspectos que irán haciendo a su cine nada vez más contundente, personal e identificable. En esta oportunidad Polanski realiza un ejercicio de sátira, de burla a las por entonces vigentes, pero ya comenzando a devaluarse, películas de vampiros, y nos recrea un fantástico mundo, en Transilvania, en un castillo y con un conde vampiro, todos los elementos clásicos de una cinta del género, pero con la salvedad de que es abordada con una deliciosa clave cómica, cuando un singular profesor, especialista en vampirismo, vaya hasta un castillo en busca del mencionado conde, con la ayuda de su cobarde e inexperto ayudante, interpretado por el propio director, en una muestra de su conocida faceta actoral. Uno de los personajes del oscuro castillo sería nada menos que Sharon Tate, futura mujer de Polanski, a la que conoció para esta cinta, y durante el rodaje nacerá el romance, que tendría el macabro y trágico final que todos conocemos dos años después. Motivos sobran para ver y disfrutar una película memorable dentro de la filmografía este imperdible director polaco.





Una voz en off nos introduce a la historia, mientras un carruaje avanza, ahí va el profesor Abronsius (Jack MacGowran), especialista en vampiros, y su ayudante Alfred (Polanski), ambos han recorrido Europa, y el profesor es considerado por sus colegas como un chiflado, por su obsesión con los chupasangres, y ahora, en Transilvania, algo bueno se avecina. Ambos llegan a una posada, donde se calientan del gran frío que impera, y obtienen una buena habitación. Allí, el posadero del lugar, Shagal (Alfie Bass) tiene problemas con su hija Sarah (Tate), extremadamente hacendosa joven que atrae a Alfred, cantando una bella melodía. Es una posada singular, con extraños inquilinos, y Abronsius encarga a Alfred siga a uno de los más extraños, un jorobado, que al llegar a cierto punto, aparece ensangrentando, espantando a Alfred. Después, Sarah va a ver a Alfred a su habitación, pues afirma estar demasiado aburrida, y toma un baño allí, durante el cual aparece el conde von Krolock (Ferdy Mayne), entra volando por el techo, la muerde y se la lleva. Al llegar Shagal, se lamenta, sabedor de la existencia del conde, pide devuelva a su hija. Poco después, otro habitante de la posada aparece con extrañas marcas de dientes en las muñecas, Abronsius sabe se trata de vampiros, y quiere atacar al primero que vea con estacas, empieza a dar las indicaciones del caso a Alfred. Después se movilizan hasta un alejado castillo, en el que vive el conde von Krolock.




Ya adentro, el conde se declara admirador del profesor Abronsius y de su trabajo, y les presenta a su hijo Herbert (Ian Quarrier), ellos se hospedan en el castillo, y Alfred empieza a escuchar una canción, la que Sarah cantaba antes. Ambos están algo paranoicos, mientras el conde y su hijo descansan en las noches en unos ataúdes, servidos por el jorobado, Koukol (Terry Downes), que es su mayordomo. Amanece, y Abronsius piensa que es Koukol el vampiro, busca su cripta, logran ubicar la locación de la misma, pero el jorobado es custodia del lugar. Ante eso, ambos trepan por los techos, y llegan hasta la cripta, ven los ataúdes, y encuentran al conde y su hijo, pero además, inesperadamente también a Shagal. El inepto profesor se queda atorado en una ventiluz de la cripta, y Alfred, el encargado de clavar estacas a los vampiros, es incapaz de hacerlo, y sigue oyendo el dulce canto de Sarah. Se va de la cripta, y encuentra a la fémina, que sigue con vida, y quien le cuenta que esa medianoche se va a realizar un gran baile en el que todos estarán presentes, Alfred está feliz de ver a Sarah, y va a rescatar al atrapado profesor. Poco después, el afeminado Herbert intenta morder a Alfred, pero escapa, y con Abronsius encuentran una suerte de gran panteón, con los habitantes de los ataúdes que se levantan, pero von Krolock los encuentra, encerrándolos en una torre. Iníciase el baile, los vampiros danzan en conjunto, los cautivos logran salir, se disfrazan y mezclan entre los vampiros, son descubiertos, consiguen escapar con Sarah, pero ésta muerde a Alfred, mientras Abronsius maneja el carruaje sin imaginar nada.




Peculiar y excelente comedia la que nos presenta Polanski, un humor estupendo, acorde a las temáticas y cánones del director, siempre moviéndose por el sendero oscuro, y, en ese mundo extraño y surreal, una tenebrosa Transilvania, somos introducidos primero a una bizarra posada, en la que en cada esquina se encuentran colgando collares de ajos, además de extraños habitantes, sus inquilinos se presienten como seres extraños, comenzando, claro, por ese aberrante jorobado, y conforme se avanza en la cinta, va quedando claro que los habitantes de se lugar saben mucho más de lo que dicen. Y Polanski se encarga de satirizar y burlarse con su finísimo estilo del género del cine de vampiros, conservando por supuesto los elementos imprescindibles, esgrimiendo los elementos infaltables e ineludibles de una cinta de esta naturaleza, pero recreando y regodeándose en personajes ridículos que el director crea. Son figuras ridículas, empezando por un vampiro judío que se ríe cuando se le muestra el crucifijo, afirmando que eso no se le muestra a un vampiro, pero nunca superando al hijo del conde, pues uno espera siempre encontrar un vampiro temible, espeluznante, terrorífico y con la elegancia de los vampiros de antaño, pero uno no cuenta con toparse con un vampiro de más que dudosa virilidad, afeminado y que se siente atraído por el joven Alfred. Su propio padre, el conde von Krolock, se advierte como un vampiro estrafalario, burlesco, que no llega al ridículo de su hijo, pero se siente una figura ya transgresora obviamente de la clásica y maligna imagen del conde chupasangre. De esta forma, muestra a los vampiros con un satírico bosquejo como no habían sido jamás mostrados, son un manojo de ridículos y amujerados personajes.





La deliciosa  manera en que el director delinea a sus personajes continúa con el extravagante y poco ortodoxo profesor Abrenses, sus propios colegas lo consideran un chiflado, es un caricaturesco y burlesco caza vampiros, hasta ahí se ha visto reducido lo que podría se considerar una sátira de Van Helsing, el famoso cazador de monstruos que lucha, entre otros, contra Drácula. Y para ayudar al excéntrico profesor, se encuentra Alfred, su asistente que lo sirve en todo, es cobarde, joven y algo torpe, y el propio Polanski lo interpreta, como siempre, de correcta forma -como actor también tiene prolífica producción-, siendo imposible que deje de sorprender ver a tan jovencísimo hombre, sabiendo que ya ha rodado las cosas que se conocen ha realizado. Ambos protagonizarán y se verán inmersos en ridículas circunstancias, como ver a Abronsius colgando de una pared, atrapado en una ventila, y el pusilánime Alfred lo olvida mientras se queda embobado con Sarah, el enajenado profesor dirige a su ayudante que lo obedece en todo, y llegan al máximo delirio descubriendo al grupo de vampiros en su danza. La cinta no llega a ser una comedia per se, ni siquiera es demasiado hilarante -aunque sí que tiene delirantes segmentos de esta naturaleza-, pero es una efectivísima sátira, es más un terror benigno, con elementos comediescos tales como las ligeras insinuaciones de slapstick, con las caídas y morisquetas que realizan los personajes así como algún momento de fast motion, lo que le da un multiplicado efecto de comedia y sátira. En el apartado de personajes no se puede dejar de mencionar a Sarah, singular mujer obsesionada con el aseo, antiséptica a más no poder, e interpretada por Sharon Tate, que es aquí descubierta por Polanski, su futuro esposo, no dejando de tener tintes bizarros las secuencias de tierno emparejamiento de ambos, sabiendo el brutal y macabro final que no poco después tendría la hermosa pelirroja a manos del sanguinario demente satánico Charles Manson y sus camaradas, en la orgía de sangre y muerte que acabaría con su vida, y con la del hijo de ambos que por entonces gestaba, de ocho meses. Las imágenes de ambos están repletas de las más trágicas y oscuras bizarría y sordidez..




Un apartado en el que la cinta alcanza niveles de excelencia viene a ser una ya perfeccionada estética, una soberbia estética oscura, tenebrosa, morbosa y bizarra, observaremos lóbregos escenarios, un trabajo visual muy detallado en el que se advierte su arraigada podredumbre, decadencia, ya sea en la posada, pero sobre todo y especialmente, por supuesto, en el gran castillo del conde, elegante, lúgubre, maligno y gótico, donde la atmósfera, uno de los elementos clave del cine polanskiano, se siente más densa y poderosa que nunca. Acá entra a tallar también el remarcable trabajo en la música de Krzysztof Komeda -brillante jazzista que moriría trágicamente poco después, es Polanski un director que lleva un espectro trágico consigo-, que tras su primer trabajo juntos en Cul de sac (1966), comenzaría ya a volverse su habitual colaborador, materializando ahora una partitura tenebrosa, pero que sabe ser comediesca, misteriosa y sórdida, y complementado las atmósfera antes mencionada. Todo este portentoso trabajo tiene su secuencia clímax casi al final, por supuesto, en la secuencia que da nombre al filme, en la danza de los vampiros, los monstruos se reúnen en su baile, en la que se ve la máxima expresión de la estética del filme, de tintes aristocráticos, una sofisticación podrida, que por momentos llega a recordar en su momento el genial británico Greenaway, es en el baile de los vampiros en que se aprecia lo más potente de la estética y la atmósfera decadentes, putrefactas, bizarras, la sordidez impera en ese fantástico castillo, los zombis danzan con hilarante garbo, ellos son los elementos vivientes de la podrida sofisticación, un morboso delirio, alucinante situación, en la que, por supuesto, Polanski no podía dejar de deslizar su exquisita comedia, consigo mismo bailando y buscando a Sarah, a su Sharon, rodeados de pálidos monstruos, mientras en el espejo no se reflejaba nadie, salvo ellos dos, es la más macabra celebración. Se trata de una de las mejores películas de Polanski, siempre a la altura de su director, y siempre respetando sus directrices, plagando todo en esta oportunidad de una negra y sórdida comedia, de la que ni el célebre león de la MGM se salvó, cinta que continúa el sendero de la etapa británica del realizador, y en la que ya se comienza a vislumbrar su etapa yanqui. Siempre colaborando con su guionista Gérard Brach, la cinta es de lo mejor del director, de su etapa inicial, por supuesto, de antes de que suceda el acontecimiento que lo marcaría por el resto de su existencia, y por si fuera poco, la cinta con la que conoció a la figura central de ese macabro suceso de la vida real. Razones para ver y deleitarse con la cinta, pues, sobran.






El baile de los vampiros', sublime tragicomedia vampírica

Por Adrián Massanet


“Soy un pájaro nocturno. No soy gran cosa durante el día” - Conde Von Krolock

La apasionante, dilatada (aunque no posea, pese a su longevidad, un gran número de títulos) y variada filmografía del director franco-polaco Roman Polanski (a día de hoy, aún encarcelado en un proceso vergonzoso), tiene en su cuarta realización, ‘El baile de los vampiros’, una de sus obras más bellas,
sorprendentes y, a menudo, incomprendidas. Tachada de menor por ciertos sectores de la crítica, se trata de una obra incontestablemente mayor, con Polanski en plena posesión de su talento, durante los años sesenta, con toda probabilidad la época más feliz de toda la vida del cineasta.

Con el éxito de ‘Repulsión’, que repitió la aclamación en el Festival de Berlín un año después del triunfo de ‘Cul-de-sac’, Polanski estaba preparado para ser un director norteamericano. Aunque primero llevaría a cabo un proyecto que sería mitad europeo, mitad hollywoodiense, y que sería distribuido en Estados Unidos por el infame Martin Ransohoff, que mutilaría la película, sin consentimiento del autor, y entregaría en los cines de ese país un producto incomprensible y amorfo, que propició su fracaso comercial. Eso sí, en Europa fue un gran éxito, pues pudimos ver su versión del director, que a día de hoy sigue tan viva como entonces, o más aún.





Decadente Belleza

No me resisto a repetir el título inventado por Diego Moldes, que tan bien describe esta joya, en su magnífico libro ‘Roman Polanski: la fantasía del atormentado‘: “Einstein y Kafka, cazadores aficionados, van a cazar vampiros y terminan vampirizados”. Sin duda mucho mejor que el título inventado por el mezquino de Ransohoff (‘Perdone, pero sus dientes están en mi cuello’), quien podríamos pensar que actuó como lo hizo por despecho, pues Polanski le arrebató en el rodaje a su pequeña Sharon Tate, a quien él intentaba promocionar (y de paso ganarse su afecto…). Y es que es imposible no pensar en Einstein y Kafka desde el mismo comienzo, con el propio Polanski interpretando a un trasunto (literario) del genial escritor checo, y a Jack McGowran (extraordinario) cuyo profesor Abronsius es una chiflada versión del famoso científico alemán.

Esta pareja se erige en descendencia directa de las muchas parejas cómicas que han existido en el cine, y su relación se convierte en homenaje a ese sentido del humor basado en gags visuales y a menudo mudos. La misión que emprenden en Transilvania les viene grande a todas luces, pero con entrañable determinación vivirán una serie de disparatadas aventuras primero en la casa de Shagal(impagable Alfie Bass), y luego en el castillo del conde Von Krolock, otro trasunto trágico, esta vez del conde Drácula, de consecuencias imprevisibles.




Ya los títulos de crédito dejan claro qué clase de sutil mezcla de terror y humor vamos a presenciar. Con la genial música del tristemente desaparecido, a los 38 años, Krzysztof Komeda, se suceden los títulos después de que el león de la metro se convierta en un vampiro de dibujos animados, de cuyos colmillos goteará una gota de sangre que se irá derramando entre las letras de los créditos. Ahora bien, el fenomenal diseño de producción, de Wilfred Shingleton, nos introduce con gran precisión en una atmósfera recargada, barroca y deudora de los grandes relatos góticos. De hecho, es un relato de una belleza plástica que no teme adentrarse en las cartografías de lo decadente y lo sinuoso, que de manera muy bella se articula entre la poesía y la comedia zafia.

Polanski no pierde el control del tono en ningún momento, mientras que en labores de interpretación logra uno de sus papeles más divertidos y más técnicamente complejos. En cuanto a las labores de escritura, él y Gérard Brach, alternan secuencias desternillantes (la huída de Alfred ante el acoso del vampiro de “gestos amanerados”, la famosa y magistral secuencia del baile), con otras que podrían pertenecer al cine de terror más inquietante y poderoso (como aquel momento en que Alfred oye el cántico piadoso de Sara desde alguna parte del castillo, o la inolvidable imagen de Shagal, ya vampirizado, introduciendo el cadáver de su antigua y deseada criada consigo en una oscura tumba). Nada chirría y nada queda fuera de lugar, sino que se sostiene sin aparente esfuerzo, en un conjunto admirable y que produce un gran placer a cada visionado. Finalmente, la puesta en escena desplegada por el director, no es la propia de un cineasta de treinta y pocos años, sino la de un consumado profesional del difícil arte de dirigir películas, y la de un maestro técnico de rigurosa e intransferible personalidad. Las secuencias resueltas con perfección formal absoluta son numerosas.

De ellas, quiero destacar tres:

1. Rapto de Sarah: magistral secuencia, de montaje y ritmo impresionantes. Inolvidables las imágenes de cómo entra la nieve por el lucernario, la capa roja del vampiro, su descenso lento e hipnótico, el erotismo del mordisco, el punto de vista de Alfred (que descubre al vampiro), para rematarlo todo con el llanto histérico de la madre.
2. Fracaso en la cripta: Inquietante, desternillante, romántica y soberbia secuencia, de gran complejidad, en la que Polanski dilata el tiempo a su antojo. Alfred y el profesor acuden a exterminar a los vampiros en pleno día, pero todo es un desastre. Es más, Alfred se olvida por completo de su maestro cuando encuentra fortuitamente a Sarah. Los actores, perfectos, sobre todo Tate, bellísima y trágica.
3. Baile de los vampiros: Por supuesto, la secuencia técnicamente más compleja y elaborada, la más divertida y la más terrorífica, insuperable climax de este comedia trágica. La coreografía del baile junto con la cámara podría rivalizar con el Ophuls más inspirado.
Conclusión
Muestra Polanskiana de obligado visionado para todos los amantes del cine, que sólo gana con los años y que brilla con fuerza propia entre el portentoso repoker de ases que su director filmó en los años sesenta. Además, posee el hálito trágico de ser la primera y la última película de Sharon Tate dirigida por Polanski (cuando es de suponer que la hubiera convertido en su musa), ya que como todos sabemos moriría asesinada dos años después por la secta de Charles Manson.

Por supuesto, es recomendable verla sin el menor prejuicio, con el solo objetivo de buscar placer en ella, porque lo ofrece a raudales como solo el gran cine puede hacerlo. Y su desolador final es el único posible, y lo que termina por dejar un poso imborrable en el espectador.





Vampiros de verdad:  'El baile de los vampiros'

Por  Alberto Abuín

Primera vez que en este especial dedicado a las fascinantes criaturas conocidas como vampiros tratamos una comedia. Por supuesto ‘El baile de los vampiros’ (‘Dance of the Vampires’, 1967, Roman Polanski) no es la primera película que se toma a coña el mundo vampírico, hay algunos ejemplos sobre todo en el cine de serie B de los años 40 y 50. Pero Polanski se adentró de lleno y en clave de comedia —con pequeños puntos trágicos— en el universo de los vampiros, cuando estaba en una de las cimas de su carrera, aprovechando además que el tema estaba muy de moda gracias a la mítica productora británica Hammer Film.

De hecho, ‘El baile de los vampiros’ —cuyo título original ha cambiado en USA al de ‘The Fearless Vampire Killers’— revisita en su mayor parte uno de los títulos menos considerados injustamente de la Hammer, ‘El beso del vampiro’ (‘Kiss of the Vampire’, 1964, Don Sharp). De esos films recoge absolutamente todo, desde la apariencia gótica de sus imágenes, hasta el uso del color, pasando por un esquema narrativo idéntico y acentuando, cómo no, los elementos sexuales y sangrientos del relato, que en esta ocasión Polanski utiliza para provocar la carcajada. Lo consigue a veces.
Y es ahí donde discrepo con mi compañero Adrián Massanet, que en su estudio del cineasta Roman Polanski asevera lo sublime de esta cinta. No pongo en duda la grandeza que el director de origen francés ha alcanzado en su filmografía con títulos como ‘El quimérico inquilino’ (‘Le locataire’, 1976) —para el que suscribe su mejor trabajo hasta la fecha—, ‘Frenético’ (‘Frantic’, 1988) o ‘Lunas de hiel’ (‘Bitter Moon’, 1991), por citar tres ejemplos variados, pero también creo que es un realizador con una trayectoria muy irregular. Capaz de lo peor y lo mejor, ‘El baile de los vampiros’ expone precisamente las virtudes y defectos de un cineasta que se ha hecho un hueco en la historia del cine gracias a productos, en su mayor parte, no precisamente fáciles.





El comienzo de ‘El baile de los vampiros’ deja claras las intenciones del cineasta, estamos ante un cachondeo puro y duro sobre un tema fantástico que curiosamente en muchos films ha estado al borde del ridículo —a veces cierta cutrez en los efectos visuales, o en una alocada trama, provocan esa triste sensación—. No obstante el film posee también elementos terroríficos que no tienen nada que envidiar al resto del cine de terror coetáneo. Instantes como el del Conde Krolock —Ferdy Maine excelentemente caracterizado— entrando por la ventana del techo para llevarse a la espectacular Sarah —Sharon Tate sustituyendo a la inicialmente prevista Jill St. John— o esos instantes fantasmagóricos en los que se escuchan unos hipnóticos cantos, demuestran la gran capacidad de Polanski para crear una adecuada atmósfera, y entran por derecho propio en los anales del cine vampírico.

En cuanto a los instantes cómicos encuentro que instantes hilarantes se dan la mano con otros de un humor más grueso o zafio, un terreno pantanoso para Polanski, quien no controla todos los resortes de la comedia. Ciertamente inspirado me resulta la composición del que sería una especie de versión cómica de Van Helsing. El profesor Ambrosius —extraordinario Jack MacGowran en la mejor interpretación de la película— resulta encantador por despistado, y el hecho de que gracias a él el vampirismo se extiende por todo el mundo es uno de los detalles más acertados de la historia. No ocurre lo mismo con el personaje al que da vida el propio Polanski y que no empata con nadie, amén de una historia de amor muy brusca.


En su primera mitad, antes de que los dos personajes centrales se presenten en el castillo de Krolock, Polanski no domina del todo el ritmo de la historia. La estancia en la posada se alarga en demasía y se suceden situaciones de poco interés, aunque el personaje de Shagal —divertidísimo Alfie Bass— emerge en ese instante como el más provechoso, alcanzando más tarde cotas inimaginables en el tratamiento que Polanski le da cuando aquél ya ha sido vampirizado. Afortunadamente las secuencias en el castillo contienen lo mejor del film, y el director logra instantes de cierta tensión, como el intento con acabar con los vampiros mientras duermen en el interior de sus ataúdes en su cripta particular —atención a las andanzas de Shagal en ese tramo—, o el mítico baile que da título al film, y que rememora en clave de comedia el realizado por Don Sharp en el film arriba mencionado.


Irregular, pero estimable trabajo de Polanski, fracaso total en Estados Unidos —debido a ciertos problemas personales con el productor que recortó la película en la sala de montaje—, y éxito en Europa, continente en el que Polanski es más admirado. Al año siguiente volvería al género del terror desde una óptica mucho más seria y con resultados muy superiores.





Anécdota sobre el rodaje



Para la famosa secuencia del espejo en el que sólo se ven reflejados los tres protagonistas, mientras el resto de vampiros se quedan boquiabiertos, Polanski hizo construir una habitación exactamente igual a la que estaban, pero a la inversa, de forma que al separarlas por una puerta —en la película, el espejo, que simplemente no existe— dé la sensación de que es la misma estancia reflejada. Los actores son los que están de frente a la cámara, mientras que unos figurantes son los que bailan hacia el inexistente espejo. Hoy se haría de forma digital y el encanto se iría a tomar viento fresco





Fuentes: http://cinestonia.blogspot.com.ar/search/label/Alfie%20Bass
Blog de cine.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Shirley Knight, para coleccionar.



La actriz Shirley Knight, nació el día 5 de julio del año 1936, en Goessel, en el estado de Kansas, en los Estados Unidos.

Sus padres fueron Virginia y Noel Johnson, empresarios de una compañía de petróleo.

Pasó su juventud en Mitchell, Kansas y más tarde vivió en Lyon, Kansas, donde se graduó de la escuela secundaria. Asistió a la Universidad de Phillips, Enid, Oklahoma, Wichita State University, y tiene un doctorado en Bellas Artes en Lake Forest College. Ella comenzó a estudiar para ser una cantante de ópera a los once años.

Después de estudiar en la Escuela de Teatro de Pasadena comenzó su carrera cinematográfica en 1959. Luego se dirigió a Nueva York y comenzó su carrera teatral. Estudió actuación con Jeff Corey y Lee Strasberg y es miembro de el Actor's Studio. Ha recibido muchos honores de su estado natal de Texas, incluido el de Kansas del Año 2000 y el Premio Artista Distinguido del Gobernador en 2007. Ambos fueron dados a ella por la gobernadora Kathleen Sebelius.

La carrera de Shirley comenzó con una serie de televisión, “Buckskin”, en el año 1958, donde interpretó el personaje de La señora de Newcomb.

Ese mismo año la actriz se casó con Gene Persson, un actor y productor, con el que estuvo casada hasta el año 1969 y con el que tuvo un hijo.




En el año 1960 la actriz protagonizó la película “Palacio de Hielo”, donde encarnó el personaje de Grace Kennedy, ganando un Globo de Oro al Actor más Prometedor.

Ese mismo año interpretó el personaje de Reenie Flood, en el film En la escalera oscura, junto a Ángela Lansbury y Robert Preston. Este papel le volvió a servir para ser nominada a varios premios, entre los que estaban, el Globo de Oro y el Oscar.

En el año 1962, interviene en la película Dulce pájaro de juventud, junto a Paul Newman.

Durante esta década compaginó sus actuaciones en la gran pantalla con las de la televisión, actuando en algunas series, como “Más allá del límite”.

En el año 1967, participa en la película El holandés, donde da vida al personaje de Lula, con el que consiguió el premio Copa Volpi a la Mejor Actriz.

En el año 1969, la actriz se casa con John Hopkins, con el que tuvo dos hijas, hasta su muerte en el año 1998.


Durante la década de los 70 la actriz continuó interviniendo en diversos largometrajes, como por ejemplo Más allá del Poseidón o La gran prueba.

En la década de los 80, Shirley continuó actuando en algunas películas hasta que en el año 1987, fue contratada por la pequeña pantalla para salir en diversas series, entre las cuales se encuentran Ley y orden, La ley de Los Ángeles, Policías de New York, Maggie Winters, Ally McBeal, Crossing Jordan o Mujeres desesperadas.

En el año 2012, protagoniza la película de suspense Elevator, del director Jane Redding, donde da vida al personaje de Stig Svendsen.

Tiene dos hijas, Kaitlin Hopkins y Sophie C. Hopkins. Kaitlin es actriz, cantante, directora. Shirley vive en Nueva York



Filmografia

* Superpoli de centro comercial (2009) ( Paul Blart: Mall Cop)
* El rey del mando (2006) ( Grandma's Boy) - Bea
* Open window (2006) ( Open Window) - Ann
* Clan Ya-Ya (2002) ( Divine Secrets of the Ya-Ya Sisterhood) - Necie Rose Kelleher
* Por cierto, tu gato ha muerto (2002) ( P.S. Your Cat Is Dead!) - Aunt Claire
* The Salton Sea (2002) ( The Salton Sea) - Nancy Plummer
* Mirada de ángel (2001) ( Angel Eyes) - Elanora Davis
* The Center of the World (El centro del mundo) (2001) ( The Center of the World)
* Decisión acertada (1998) ( A Marriage of Convenience) - Harriet Winslow
* Little Boy Blue (1997) ( Little Boy Blue) - Doris Knight
* Mejor imposible (1997) ( As Good as It Gets) - Beverly Connelly
* Diabólicas (1996) ( Diabolique) - Edie Danziger
* Alguien espera (1996) ( Somebody Is Waiting) - Irma Cill
* Si las paredes hablasen (1996) ( If These Walls Could Talk) - Mary Donnelly
* El color de la noche (1994) ( Color of Night) - Edith Niedelmeyer
* Amor sin fin (1981) ( Endless Love) - Ann Butterfield
* Más allá del Poseidón (1979) ( Beyond the Poseidon Adventure) - Hannah Meredith
* 21 Horas En Munich (1976) ( 21 Hours at Munich) - Annaliese Graese
* El enigma se llama Juggernaut (1974) ( Juggernaut) - Barbara Banister
* Llueve sobre mi corazón (1969) ( The Rain People) - Natalie Ravenna
* Petulia (1968) ( Petulia) - Polo
* Patrulla de rescate (1964) ( Flight from Ashiya) - Caroline Gordon/Stevenson
* Dulce pájaro de juventud (1962) ( Sweet Bird of Youth) - Heavenly Finley
* Imperio de titanes (1960) ( Ice Palace) - Grace Kennedy, Age 16
* Picnic (1955) ( Picnic) - Bit part



Fuente: Portal Biobrafias.es, http://www.biografias.es/famosos/shirley-knight.html
Texto original en inglés:
She attended Phillips University, Enid, Oklahoma, Wichita State University, and has a Doctor of Fine Arts Degree from Lake Forest College.

viernes, 24 de octubre de 2014

Albert Lamorisse y su globo rojo.




Albert Lamorisse (n. el 13 de enero de 1922 — 2 de junio de 1970) fue un director de cine francés, ganador de varios premios internacionales. Quizás, mejor conocido por sus famosos cortometrajes, los cuales comenzó a hacer en los años 40. Nació en ParísFrancia.
Su trabajo más conocido es Le ballon rouge (1956), el cual le hizo ganar la Palma de oro en el Festival de cine de Cannes y el Oscar al mejor guion original.
Además de como cineasta se le recuerda por ser el creador del popular juego de mesa Risk en 1957.

Intimidad

Lamorisse tenía tres hijos: Pascal, Sabine y Fanny, los dos primeros participaron en el corto del globo rojo. Lamorisse falleció en un accidente de helicóptero mientras filmaba el documental Le vent des amoreux en Irán. Su viuda y su hijo terminaron la película, basada en notas que había dejado el director. Fue lanzada ocho años después en 1978 y nominada al Oscar como mejor documental.

Filmografia

Cortometrajes
  • Bim (1950) Bim, le petit âne
  • Crin-Blanc (1953)
  • Le ballon rouge (1956)
Películas
  • Le Voyage en ballon (1960);
  • Fifi la plume (1965)
  • Le Vent des amoureux
Documentales
  • Djerba (1947)
  • Versailles (1967)
  • Paris jamais vu (1967)
  • Le Vent des amoureux (1978)

Premios

Ganados

  • Festival de Cannes: Palme d'Or, White Mane, Mejor corto, Albert Lamorisse; 1953.
  • Prix Jean Vigo, White Mane, Cortometraje, Albert Lamorisse; 1953.
  • Prix Louis Delluc; El globo rojo, Albert Lamorisse; 1956.
  • Cannes Film Festival: Palme d'Or du court métrage por El globo rojo, Albert Lamorisse; 1956.
  • Oscar; The Red Balloon, mejor guion original, Albert Lamorisse; 1957.
  • BAFTA; The Red Balloon, premio especial, Francia; 1957.
  • Venice Film Festival: OCIC Award; Le Voyage en ballon; 1960.
  • Cannes Film Festival: Technical Grand Prize; Fifi la plume, 1965.
  • Cannes Film Festival: Technical Grand Prize - Special Mention; Versailles; 1967.
  • National Board of Review; The Red Balloon,1957.

Nominaciones

  • BAFTA Film Award, White Mane, Best Documentary Film, France; 1954.
  • Venice Film Festival: Golden Lion; Le Voyage en ballon; 1960.
  • Cannes Film Festival: Golden Palm; Fifi la plume; 1965.
  • Cannes Film Festival: Golden Palm; Best Short Film, Versailles; 1967.
  • Oscar; mejor documental, Le Vent des amoureux; 1979.

Una historia repleta de imaginación, libertad y poesía.

El Globo Rojo. (Le Ballom Rouge). 1956.Francia
Director: Albert Lamorisse
Guión:  Albert Lamorisse
Música: Maurice Le Roux
Fotografía: Edmond Séchan
Reparto:  Pascal Lamorisse, Sabine Lamorisse, Michel Pezin, Georges Sellier, René Marion
Premios:
-Oscar: Mejor guión original
-Palma de oro en Cannes, al mejor cortometraje
-Círculo de Críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera
-National Board of Review: Mejor film extranjero
-Prix Louis Delluc
-Decade Educational Film Award, Mejor Película


En el barrio de Montmartre y bajo las brumas que despiertan a la Ciudad de la Luz, un niño encuentra un globo en una farola. Desde ese mismo instante se crea una amistad inmensa, en donde niño y globo no pueden estar separados.
Bajo esta premisa, asistimos a las peripecias de estos dos personajes. El niño realiza su vida cotidiana. Va a la escuela, monta en el tranvía, acude a la iglesia, todo ello con su amigo inseparable, el globo.
Un mediometraje de poco más de treinta minutos en donde podemos apreciar un grito a la libertad enorme. Una preciosa historia repleta de simbolismo, en un París gris y taciturno, en donde el color rojo del globo se hace protagonista destacando de manera sobre todo lo demás.


Desde el momento de su encuentro, por cierto ¿quién encuentra a quien?, se crea un lazo de amistad tremendo.
Un grado de dependencia del uno sobre el otro, una clase de pacto que ellos no van a romper. Cuando se necesiten ambos estarán.
Son varios los grandes momentos en donde el globo al ser desplazado o rechazado por las demás personas aguarda impaciente a su amigo. Le echan de casa, el globo espera fuera de la ventana. No puede entrar a la escuela, el globo se queda fuera esperando el final de las clases.
En otra ocasión es el propio globo el que fuerza al niño. Estupendo el momento en donde entra a la iglesia "al rescate" y ambos salen disparados de ella.
Tan solo un momento dubitativo, y es cuando se cruza con otro globo de color azul. Y es que la carne es débil, tanto para humanos, como para globos...

Albert Lamorisse y El Globo Rojo.

Realizada con una sencillez pasmosa, el director consigue una película única que es mucho más que ese paseo del niño por las calles de París. Su historia acaba siendo una tremenda reflexión sobre la amistad y sobre todo hacia la  libertad.
Es significativo, como siendo amigos inseparables, el globo no quiere ir de la mano del niño. Prefiere ser libre y acompañarle a su lado. No quiere ser una posesión sin más.
Lamorisse rueda la película de forma magistral. Con una gran puesta en escena, toda la parte final es excelente. El asedio al niño y al globo por parte de los demás niños es prodigiosa. La planificación de la emboscada por esos estrechos callejones, más bien parece un trhiller que un cuento como el que estamos viendo.
Los últimos diez minutos son de un climax tremendo. Vamos a asistir a un linchamiento, a un "asesinato".
La codicia, la envidia, el ser diferente, saca los más bajos instintos del ser humano. Una muerte dolorosa, que Lamorisse nos la muestra muy humana, antecesora de otra grande como la de HAL9000 en "2001, Odisea del Espacio" (1968) de Stanley Kubrick. 





Significado de El Globo Rojo.

Bajo la tierna y divertida apariencia de un simple globo, se esconden otros significados que Lamorisse nos los muestra muy inteligentemente.
Estamos en 1956 y no es casual el color rojo del globo. Es el final de la triste época del Macarhismo y su "caza" al comunista.
El globo es diferente, no acepta las reglas impuestas, esquiva la escuela y la iglesia, representa a lo prohibido y anhelado. Es un ser libre que no necesita de ataduras.
Lógicamente también representa a la niñez. A esa infancia que a todos nos gustaría recuperar y que lamentablemente ya no volverá. Los sueños de un niño, que se ven rotos por el mundo que le rodea, pero Lamorisse se guarda un "as en la manga" y nos ofrece un final mágico e inolvidable, tiñendo el cielo de multitud de colores, en un vuelo maravilloso.
Es curioso pero yendo mucho más allá, en distintas escenas me recuerda a la figura de Cristo. Un ser único y diferente. Y como tal mesías, no tiene cabida en este mundo establecido. De ahí su rechazo y persecución.  
Un mediometraje muy influyente, paradigma de la libertad y la infancia, prácticamente sin diálogos, tan sólo acompañado de la estupenda música de Maurice Le Roux.
Albert Lamorisse nos regaló una historia mágica y simbólica. Ah! y también el juego de mesa "Risk" del cual fue el creador. Sin dudar me quedo con la película. Seguro que una vez vista, te costará explotar algún globo.
 


Extraído de