Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de los blogs El Revisionista, Woody y todo lo demás y Series de antologia. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”, semblanzas cinematográficas.

viernes, 24 de octubre de 2014

Albert Lamorisse y su globo rojo.




Albert Lamorisse (n. el 13 de enero de 1922 — 2 de junio de 1970) fue un director de cine francés, ganador de varios premios internacionales. Quizás, mejor conocido por sus famosos cortometrajes, los cuales comenzó a hacer en los años 40. Nació en ParísFrancia.
Su trabajo más conocido es Le ballon rouge (1956), el cual le hizo ganar la Palma de oro en el Festival de cine de Cannes y el Oscar al mejor guion original.
Además de como cineasta se le recuerda por ser el creador del popular juego de mesa Risk en 1957.

Intimidad

Lamorisse tenía tres hijos: Pascal, Sabine y Fanny, los dos primeros participaron en el corto del globo rojo. Lamorisse falleció en un accidente de helicóptero mientras filmaba el documental Le vent des amoreux en Irán. Su viuda y su hijo terminaron la película, basada en notas que había dejado el director. Fue lanzada ocho años después en 1978 y nominada al Oscar como mejor documental.

Filmografia

Cortometrajes
  • Bim (1950) Bim, le petit âne
  • Crin-Blanc (1953)
  • Le ballon rouge (1956)
Películas
  • Le Voyage en ballon (1960);
  • Fifi la plume (1965)
  • Le Vent des amoureux
Documentales
  • Djerba (1947)
  • Versailles (1967)
  • Paris jamais vu (1967)
  • Le Vent des amoureux (1978)

Premios

Ganados

  • Festival de Cannes: Palme d'Or, White Mane, Mejor corto, Albert Lamorisse; 1953.
  • Prix Jean Vigo, White Mane, Cortometraje, Albert Lamorisse; 1953.
  • Prix Louis Delluc; El globo rojo, Albert Lamorisse; 1956.
  • Cannes Film Festival: Palme d'Or du court métrage por El globo rojo, Albert Lamorisse; 1956.
  • Oscar; The Red Balloon, mejor guion original, Albert Lamorisse; 1957.
  • BAFTA; The Red Balloon, premio especial, Francia; 1957.
  • Venice Film Festival: OCIC Award; Le Voyage en ballon; 1960.
  • Cannes Film Festival: Technical Grand Prize; Fifi la plume, 1965.
  • Cannes Film Festival: Technical Grand Prize - Special Mention; Versailles; 1967.
  • National Board of Review; The Red Balloon,1957.

Nominaciones

  • BAFTA Film Award, White Mane, Best Documentary Film, France; 1954.
  • Venice Film Festival: Golden Lion; Le Voyage en ballon; 1960.
  • Cannes Film Festival: Golden Palm; Fifi la plume; 1965.
  • Cannes Film Festival: Golden Palm; Best Short Film, Versailles; 1967.
  • Oscar; mejor documental, Le Vent des amoureux; 1979.

Una historia repleta de imaginación, libertad y poesía.

El Globo Rojo. (Le Ballom Rouge). 1956.Francia
Director: Albert Lamorisse
Guión:  Albert Lamorisse
Música: Maurice Le Roux
Fotografía: Edmond Séchan
Reparto:  Pascal Lamorisse, Sabine Lamorisse, Michel Pezin, Georges Sellier, René Marion
Premios:
-Oscar: Mejor guión original
-Palma de oro en Cannes, al mejor cortometraje
-Círculo de Críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera
-National Board of Review: Mejor film extranjero
-Prix Louis Delluc
-Decade Educational Film Award, Mejor Película


En el barrio de Montmartre y bajo las brumas que despiertan a la Ciudad de la Luz, un niño encuentra un globo en una farola. Desde ese mismo instante se crea una amistad inmensa, en donde niño y globo no pueden estar separados.
Bajo esta premisa, asistimos a las peripecias de estos dos personajes. El niño realiza su vida cotidiana. Va a la escuela, monta en el tranvía, acude a la iglesia, todo ello con su amigo inseparable, el globo.
Un mediometraje de poco más de treinta minutos en donde podemos apreciar un grito a la libertad enorme. Una preciosa historia repleta de simbolismo, en un París gris y taciturno, en donde el color rojo del globo se hace protagonista destacando de manera sobre todo lo demás.


Desde el momento de su encuentro, por cierto ¿quién encuentra a quien?, se crea un lazo de amistad tremendo.
Un grado de dependencia del uno sobre el otro, una clase de pacto que ellos no van a romper. Cuando se necesiten ambos estarán.
Son varios los grandes momentos en donde el globo al ser desplazado o rechazado por las demás personas aguarda impaciente a su amigo. Le echan de casa, el globo espera fuera de la ventana. No puede entrar a la escuela, el globo se queda fuera esperando el final de las clases.
En otra ocasión es el propio globo el que fuerza al niño. Estupendo el momento en donde entra a la iglesia "al rescate" y ambos salen disparados de ella.
Tan solo un momento dubitativo, y es cuando se cruza con otro globo de color azul. Y es que la carne es débil, tanto para humanos, como para globos...

Albert Lamorisse y El Globo Rojo.

Realizada con una sencillez pasmosa, el director consigue una película única que es mucho más que ese paseo del niño por las calles de París. Su historia acaba siendo una tremenda reflexión sobre la amistad y sobre todo hacia la  libertad.
Es significativo, como siendo amigos inseparables, el globo no quiere ir de la mano del niño. Prefiere ser libre y acompañarle a su lado. No quiere ser una posesión sin más.
Lamorisse rueda la película de forma magistral. Con una gran puesta en escena, toda la parte final es excelente. El asedio al niño y al globo por parte de los demás niños es prodigiosa. La planificación de la emboscada por esos estrechos callejones, más bien parece un trhiller que un cuento como el que estamos viendo.
Los últimos diez minutos son de un climax tremendo. Vamos a asistir a un linchamiento, a un "asesinato".
La codicia, la envidia, el ser diferente, saca los más bajos instintos del ser humano. Una muerte dolorosa, que Lamorisse nos la muestra muy humana, antecesora de otra grande como la de HAL9000 en "2001, Odisea del Espacio" (1968) de Stanley Kubrick. 





Significado de El Globo Rojo.

Bajo la tierna y divertida apariencia de un simple globo, se esconden otros significados que Lamorisse nos los muestra muy inteligentemente.
Estamos en 1956 y no es casual el color rojo del globo. Es el final de la triste época del Macarhismo y su "caza" al comunista.
El globo es diferente, no acepta las reglas impuestas, esquiva la escuela y la iglesia, representa a lo prohibido y anhelado. Es un ser libre que no necesita de ataduras.
Lógicamente también representa a la niñez. A esa infancia que a todos nos gustaría recuperar y que lamentablemente ya no volverá. Los sueños de un niño, que se ven rotos por el mundo que le rodea, pero Lamorisse se guarda un "as en la manga" y nos ofrece un final mágico e inolvidable, tiñendo el cielo de multitud de colores, en un vuelo maravilloso.
Es curioso pero yendo mucho más allá, en distintas escenas me recuerda a la figura de Cristo. Un ser único y diferente. Y como tal mesías, no tiene cabida en este mundo establecido. De ahí su rechazo y persecución.  
Un mediometraje muy influyente, paradigma de la libertad y la infancia, prácticamente sin diálogos, tan sólo acompañado de la estupenda música de Maurice Le Roux.
Albert Lamorisse nos regaló una historia mágica y simbólica. Ah! y también el juego de mesa "Risk" del cual fue el creador. Sin dudar me quedo con la película. Seguro que una vez vista, te costará explotar algún globo.
 


Extraído de 

jueves, 23 de octubre de 2014

Nuevo cine, visto como antes.

Hay algo en la forma de ver hoy las series que me recuerda la relación que alguna vez tuve con el cine como espectador, y que creía perdida para siempre.





Orange is the New Black. Piper, la protagonista, lucha por sobrevivir en la cárcel.Disparatada o no, la idea de que las series de tevé son el nuevo cine ya es casi un lugar común que no se pretende discutir aquí. Pero hay algo en la forma de ver hoy las series que me recuerda la relación que alguna vez tuve con el cine como espectador, y que creía perdida para siempre. Los que fuimos chicos en los años sesenta recordamos una forma de ver cine que, como tantas otras cosas, ha desaparecido. Se llamaba continuado : uno pagaba la entrada en el cine del barrio –había también algunos que daban continuado en la calle Lavalle– y se daba una panzada de películas, tres –y hasta cuatro– al hilo. Cuatro o cinco horas seguidas de cine. Algunas salas las programaban más o menos por género: tres westerns, tres de guerra, tres de terror. Pero otras no eran tan cuidadosas. Recuerdo haber visto una tarde en el York, de Olivos, La otra cara del amor, de Ken Russell, Perdidos en la noche, de John Schlesinger, y Pequeño gran hombre, de Arthur Penn, seguidilla imposible: en cualquier orden que se vean, la primera le parecerá a uno buena y las otras dos, horribles. Es decir: había que elegir bien el programa continuado, una sucesión más o menos sensata o, por lo menos, posible.

Algo de aquellas tardes maravillosas de cine continuado rescato ahora en las series que para algunos son el nuevo cine. No las miro según se van estrenando en en televisión –soy incapaz de esa disciplina horaria–, sino en la computadora, cuando todos o casi todos los capítulos están disponibles. Es ahí que se puede recuperar aquella relación adictiva e infantil con la pantalla. Sólo se puede sentir la falta de una cajita amarilla llena de maní con chocolate para ir devorando con cada capítulo, pero cada uno sabrá encontrar un sustituto. Nada más placentero que llegar al final, ver los créditos pasando lentamente por la pantalla y esperar sin impaciencia unos 20 segundos la presentación del siguiente capítulo, siempre con la misma música. Y así, cuatro o cinco veces. Hasta el cansancio o el hartazgo. En medio de una gripe que me obligó a cinco días de cama, acabo de zamparme de esa manera la buena mezcla de humor, drama y acidez que hay en los trece capítulos de la segunda temporada de Orange Is the New Black.

Y antes, sin gripe, buscando el tiempo, había hecho más o menos lo mismo con la segunda temporada de la extraordinaria House of Cards, con Vikingos y con Lie to me. No sé si las series son el nuevo cine. A mí me divierten como las películas que veía, una tras otra, en la adolescencia.


Extraído de http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/television/Nuevo-cine-visto_0_1181881819.html

jueves, 9 de octubre de 2014

A través de la cámara: Vilmos Zsigmond.



Vilmos Zsigmond ( Szeged , 16 de junio 1930 ) es un director de fotografía húngaro nacionalizado estadounidense . Ganó el ' Oscar a la mejor fotografía por la película de 1977 Encuentros cercanos del tercer tipo , y fue nominado tres veces más: en 1979 por El francotirador , en 1985 para The River , y en 2007 para La dalia Negra . 

La técnica de Vilmos Zsigmond


Los ángeles Times: movies - The Sunday Conversation: La técnica de Vilmos Zsigmond. -El cineasta habla de las influencias y los métodos que dieron forma a su trabajo en la nueva película ‘La compulsión.
A los 83 años, el 16 de junio, Vilmos Zsigmond – considerado como uno de los 10 cineastas más influyentes por el Gremio de Directores de Fotografía Internacional – que trabajo en películas clásicas de los años 70 como “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo” y “El francotirador”,  tiene una nueva película que sale 21 de junio – “Compulsión”-, un thriller psicológico sobre dos mujeres que viven una al lado de la otra.
¿Qué hiciste para que “Compulsión” entrara en un gran teatro?
Rodamos de la forma en que solía hacer películas en Hollywood y Europa. Sobre todo en los años 50 y 60.
Eso encontré. Sé que usted es conocido por los colores brillantes, pero “Compulsión” realmente me ha evocado el Technicolor. ¿Fue tu intención?
No, en realidad fue, en parte. En el personaje interpretado por Heather Graham, ella realmente quiere convertirse en un cocinero TV, y decidimos que íbamos a tener una mirada hiperreal, interesante, casi como una especie de ensueño de una cosa.
El otro personaje, interpretado por Carrie-Ann Moss, es en realidad más oscuro. Saturamos los colores, como un film de estilo noir. Cuando se trata de su juventud, a continuación, usamos un poco de color, pero dominando la sensación de todo un aspecto negro y blanco.


¿Cómo se hace eso?
Es más fácil cuando se graba en digital. Se elimina el color y se selecciona el color que usted tiene que poner de nuevo. Yo hice lo mismo en “La dalia negra“. Me gusta jugar con la saturación, en función de la historia.
Con el director de la película “Compulsión”, Egidio Coccimiglio, trabajamos muy bien juntos. La primera vez que nos reunimos, nos habló de cómo debía verse la película. Nos gustan casi las mismas películas. Nos encantan las películas de Polanski, Bergman, Antonioni, Hitchcock, en su mayoría con fotografía negro y blanco, el cine negro. Y hablamos de la fotografía fija en negro y blanco. Todavía aprendo mucho del fotógrafo Eugene Dulovits.
Quería preguntarle si usted tomó prestado de Hitchcock cuando fotografió “Compulsión
Por supuesto, lo hice. Hitchcock había hecho este tipo de películas, y he aprendido mucho de él. Pensé mucho acerca de cómo se revoluciono en el cine con ese tipo de suspense de la narración. También se ve en la iluminación. Uno de los apartamentos se mantenía oscuro para el personaje que no le gusta la luz.
Y aprendí mucho de Woody Allen porque hice tres películas con él y él ama tomas de cámara de larga duración. Empezaba con una toma de cámara en gran angular, y luego el carro de la cámara se movía cada vez más cerca, sin cortar la toma. Con las películas modernas, hay que estar sacudiendo la cabeza porque hay tantos cortes.
Las secciones de la película están separadas por imágenes de la ciudad que se editaron muy rápido. ¿La edición rápida cambia la forma de trabajar?
Sí, de hecho lo hace. En la edición moderna, que básicamente toma una gran cantidad de video, las tomas continúan durante tres segundos y hay un corte, y otro corte, y otro corte. Siento que perturba el ambiente. No creo que una buena historia se hace con cortes rápidos. Y también, odio tomas de cámara en mano.


La película comienza con una escena de luz de las velas. ¿Cómo es la forma en que filmo, y si se diferencia de la forma en que habría filmado una escena romántica para película?
Realmente nunca filme diferente. Tal vez la luz. En los últimos tres años, fotografié tres películas digitales en mi estilo. No he cambiado mi estilo. Puedo seguir utilizando un medidor de luz (exposímetro). Para mí, es más rápido para leer la luz con un medidor de luz y no depender de la pantalla de la cámara. Así que no he cambiado mucho, porque una película rodada con una cámara digital no debería ser diferente que si estuviera rodando en película.
¿Pero usted tiene que utilizar una iluminación diferente para lograr eso?
No. Lo único es que tal vez usted puede utilizar menos luz porque la técnica digital en la fotografía fija, es muy sensible. Es por eso que es muy difícil la luz en una película digital, ya que da pereza. Tú iluminas por todas partes y obtienes un exceso de luz. Yo prácticamente elimino toda la luz disponible, porque incluso en la noche, usted tiene demasiada luz. En la película, teníamos que encender todo, y estábamos contando la historia a la luz y a la sombra. Las sombras son más importantes que la propia luz.
¿Echa de menos la película?
En realidad, yo echo de menos la simplicidad de la cámara de cine sin mirar a la iluminación de la pantalla, no tanto la electrónica involucrada. No donde la iluminación se realiza a nivel de todo el mundo – el productor, el director, el editor, otras personas que están allí-, todos comentan. Creo firmemente que los cineastas siguen aprendiendo hasta que mueren. Las nuevas películas deben ser diferentes a las anteriores. Creo que soy un experto en la iluminación, y cuando muchas personas comienzan a saber mucho sobre eso, o que creen que saben mucho, eso puede ser un problema.
Usted aprendió acerca de la iluminación, en parte, de los pintores holandeses. ¿Qué aprendiste de ellos?
Esas fueron realmente los primeros cineastas. Muchas veces estaba tan oscuro en el estudio que tenían que usar velas y todo tipo de luz artificial y se convirtieron en maestros de la iluminación de sus pinturas.
La primera vez que vino a los EE.UU., que utilizó el nombre William. ¿Cuándo se siente cómodo usando su nombre húngaro?
En realidad no importa mucho cuál era mi nombre, pero Peter Fonda se convirtió en un director y él me contrató para su primera película, “Hombre sin frontera (The Hired Hand) 1971. Y él dijo: “No te ves como un William. Usted tiene un acento húngaro. ¿Cuál era su nombre en Hungría?” “Bueno, fue Vilmos.” “¡Qué hermoso nombre.” Y me dio mi primer trabajo en el cine como Vilmos Zsigmond.


Todavía enseñas en un seminario de dos semanas en Hungría, cada dos años?
Sí, lo hago, y también empezamos una nueva escuela en Los Ángeles llamada el Instituto de Cinematografía Global. Estamos tratando de enseñar a los nuevos cineastas digitales a volver y ver viejos clásicos. Y trato de enseñar a la iluminación, porque empiezan olvidar que la fotografía digital ha de ser encendido también. Me gusta ser el puente entre los viejos tiempos y los nuevos tiempos. Yo siento que es una necesidad para mí de devolver a la generación joven. Ahora estamos en el segundo año, y estamos llegando a los estudiantes de todo el mundo.

Filmografía 

  • Un fin de semana tranquilo del miedo (Deliverance), dirigida por John Boorman ( 1972 )
  • El largo adiós (The Long Goodbye), dirigida por Robert Altman ( 1973 )
  • Loca evasión (The Sugarland Express), dirigida por Steven Spielberg ( 1974 )
  • Encuentros cercanos del tercer tipo (Encuentros Cercanos del Tercer Tipo), dirigida por Steven Spielberg ( 1977 )
  • El francotirador (The Hunter), dirigida por Michael Cimino ( 1978 )
  • Rebus por asesinato (Winter Kills), dirigida por William Richert ( 1979 )
  • Las puertas del cielo (Puerta del Cielo), dirigida por Michael Cimino ( 1980 )
  • El sonido de la muerte (Blow Out), dirigida por Brian De Palma ( 1981 )
  • Las brujas de Eastwick (Las brujas de Eastwick), dirigida por George Miller ( 1987 )
  • La hoguera de las vanidades (La hoguera de vanidades), dirigida por Brian De Palma ( 1990 )
  • Astilla , dirigida por Phillip Noyce ( 1993 )
  • Maverick dirigida por Richard Donner ( 1994 )
  • Tres días a la verdad (Cruzando la oscuridad), dirigida por Sean Penn ( 1995 )
  • Asesinos , dirigida por Richard Donner (1995)
  • Demonios de la noche (Los demonios de la oscuridad), dirigida por Stephen Hopkins ( 1996 )
  • Melinda y Melinda (Melinda y Melinda), dirigida por Woody Allen ( 2004 )
  • La dalia Negra , dirigida por Brian De Palma ( 2006 )
  • El sueño de Cassandra (El sueño de Cassandra), dirigida por Woody Allen (2007)
  • Conocerás al hombre de tus sueños (Conocerás al hombre de tus sueños), dirigida por Woody Allen ( 2010 )
  • Compulsión , dirigido por Egidio Coccimiglio ( 2013 )

lunes, 6 de octubre de 2014

Animacine: Aviones.






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 El comprensible descarte de Pixar




Incluso los seguidores más acérrimos del cine de Pixar tendrán que reconocer que títulos como ‘Cars 2‘ (id, John Lasseter y Brad Lewis, 2011) o ‘Brave‘ (id, Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell, 2012) están muy lejos de poder ser valoradas como la mejor película que ha salido de dicha compañía, aunque otros vamos un poco más allá y no dudamos en catalogarlas como lo peor que nos ha ofrecido Pixar hasta la fecha. Ya la existencia de la primera estuvo motivada casi exclusivamente por los ingentes beneficios conseguidos por la venta de merchandising de ‘Cars‘ (id, John Lasseter y Joe Ranft, 2006), pero eso no fue suficiente para dar el sello Pixar a ‘Aviones‘ (‘Planes’, Klay Hall, 2013), cinta ambientada en dicho universo que estaba inicialmente pensada para ser lanzada directamente en dvd y blu-ray como una producción Disney en la línea de esas secuelas que tanto proliferaron en los años 90 y a principios de siglo.
 
Desde que en julio del año pasado se anunciase que ‘Aviones’ iba a contar con estreno en salas comerciales, hemos podido comprobar el resurgimiento de los clásicos Disney con la estupenda ‘¡Rompe Ralph!‘ (‘Wreck-It Ralph’, Rich Moore, 2012) y también cómo Pixar sigue algo alejada de sus mejores tiempos por muy simpática que fuese ‘Monstruos University‘ (‘Monsters University’, Dan Scanlon, 2013). ¿Cómo encaja el estreno de ‘Aviones’ en todo esto? Pues como poco más que una forma de ganar unos cuantos millones por parte de la primera al mismo tiempo que la segunda no daña de forma insalvable su imagen de marca. La calidad de la película, un entretenimiento tan excesivamente infantil que por guión casi parece propia de alguna imitadora barata de Pixar en los últimos tiempos o de Disney en su momento, es lo de menos.

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Aviones para los más pequeños de la casa
‘Aviones’ nunca ha engañado a nadie y en todo momento se ha vendido como una película encaminada a los más pequeños de la casa, en especial para esos que van felices a clase con su mochila de ‘Cars’ al hombro y que prácticamente se saben de memoria todos los diálogos de la millonaria franquicia de Pixar. Por mi parte, nunca he sido un gran seguidor de la saga, ya que la primera entrega me pareció apenas un agradable pasatiempo muy inspirado en ‘Doc Hollywood‘ (id, Michael Caton-Jones, 1991) y la segunda un desenfreno sin pies ni cabeza, siendo entonces la única vez que he estado tentado de dejar una película de Pixar a medias. En el caso de ‘Aviones’ no hay ni de lo uno ni de lo otro, sino la típica historia del underdog con todo en contra que va ganándose el cariño de los demás y acaba aspirando a un triunfo altamente improbable.
Una de las claves de los relatos de underdogs, participantes en una competición en la que resultaría milagroso que acabasen venciendo, es conseguir la empatía del espectador para hacer propio su sufrimiento y sus victorias. Hay incontables películas a lo largo de la historia del cine que han basado su éxito en este punto —la primera que me viene a la mente, aunque no me entusiasme demasiado, es ‘Rocky‘ (id, John G. Avildsen, 1976)—, usando todos los detalles a su alcance —la música suele tener capital importancia— para que la épica desborde la pantalla durante el último acto de la cinta. Nada de eso pasa en ‘Aviones’, ya que incluso mi yo de cinco años hubiese notado que algo fallaba, pero mi yo de ahora tiene bastante claro que es más de una cosa y cuáles son exactamente.
Relámpago —¿qué mejor forma de emparentarlo aún más con Rayo McQueen que con ese nombre pese a que el primero es una persona humilde que aprende a ser un campeón y el segundo un campeón que aprende la importancia de la amistad y el respeto?— es un protagonista unidimensional que no aporta relieve alguno a la historia que vemos en pantalla. Su objetivo es ir salvando todos los obstáculos hasta ser el gran vencedor de una carrera que nunca llega a resultar emocionante para el espectador, llegando a ser hasta desconcertante cuando tiene que recurrir a trucos de guión de dudosa entidad para mantener intactas sus posibilidades de triunfo. Una vez se puede aceptar, incluso cuando sea mediante una extraña alusión al dopaje en el mundo del deporte, pero la conveniente suma de las mismas va desgastándote hasta darte igual lo que le suceda tanto a Relámpago como a su creciente grupo de amigos.

 
No recomendable para nadie más

El personaje de Mate en la franquicia Cars siempre me resultó un tanto cargante, pero su existencia, como la de los demás personajes, tenía una razón de ser —ser el sidekick “gracioso” de Rayo McQueen durante su periplo pueblerino—. En ‘Aviones’ da la sensación de que el resto de competidores son o puro relleno —de algunos nunca llegamos a saber nada más que cuál es su aspecto físico— o aún más insustanciales que Relámpago —especialmente momento es la trama romántica protagonizada por el Chupacabra, un claro intento de ganar penetración en el mercado latino—. ¿Qué sucede cuando la historia es totalmente intercambiable, los personajes no tienen enjundia alguna y no existe el más mínimo detalle de guión que no esté específicamente pensado para los niños de cinco años más simplones? Pues que el resto va a aburrirse y preferir olvidarse de la existencia de ‘Aviones’ lo antes posible.
En otras condiciones me hubiera interesado en otros detalles que pudieran servir como redención parcial de ‘Aviones’ a mis ojos’, pero su acabado visual no es especialmente llamativo, ya que está a caballo entre la descuidada animación propia de un lanzamiento a dvd y la genialidad característica de Pixar, quedando así en una incómoda posición intermedia que no emparentaría con la mediocridad, pero sí con lo completamente olvidable. El trabajo de dirección, siempre diferente en una cinta de estas características que en una producción en imagen real, de Klay Hall tampoco consigue impactar a cualquier espectador mínimamente versado, mientras que en la banda sonora difícilmente podría echarse más de menos a alguien como Michael Giacchino o incluso el más que efectivo trabajo de Patrick Doyle en ‘Brave’.




Soy consciente de que he atacado con bastante dureza a ‘Aviones’ en los párrafos anteriores, pero la propia película propone como uno de sus mensajes principales el no conformarse con lo que ya das por sentado y aspires a algo mas y ‘Aviones’ es un claro ejemplo de cine a tiro hecho que uno podría esperar en la más anodina producción animada de cualquier estudio de Hollywood, por lo que por mucho que pueda llegar a ser un pasatiempo más o menos digno para los más pequeños de la casa, para el resto es una experiencia cansina en la que lo más celebrable es que no dure demasiado para así poder hacer o ver cualquier otra cosa. Espero que entre los futuros proyectos de Disney y Pixar no haya ninguna obra que acabe produciéndome tanta pereza y desgana como la que ahora nos ocupa.


Extraido de Blog de Cine.






 

 Extraido de Blog de Cine.

sábado, 4 de octubre de 2014

El afiche: El topo, (1970).

 
 

 
Catalogado de western místico, el film de Jodorowsky cuenta una sangrienta historia, llena de erotismo y violencia, donde se funden constantemente lo sagrado y lo profano.
 
Un pistolero y un niño desnudo avanzan por el desierto. El hombre aconseja al niño. Al llegar a un pueblo, donde un coronel enajenado lleva  a cabo una matanza, el hombre se venga matando a los secuaces del coronel y castrando a éste. Luego abandona al niño para vivir con la mujer del coronel. Tras una nueva masacre, el hombre queda herido y la mujer le abandona marchándose con otra joven de la que se enamora. Unos enanos encuentran al herido y le adoran como a un dios. Tiempo después, el hombre deberá enfrentarse al niño, quien ya adulto regresa para matarle por haberle abandonado.
 
Dirección: Alexandre Jodorowsky
Producción: Producciones Panic
Argumento y Guión: Alexandre Jodorowsky
Camara: Raphael Corkidi / Eastmancolor
Montaje: Nacho Mendez
 
Interpretes: Alexandre Jodorowsky (El topo)
Brontis Jodorowsky (el niño)
Mara Lorenzio (Mara)
David Silva (El coronel)
Paula Romo (Mujer en negro)
Héctor Martínez
Juan Jose Gurrola
Victor Fosado
 
 
Fuente: El cine, Salvat Editores, 1978.

viernes, 26 de septiembre de 2014

CinemaFiction: El día en que la tierra se incendió, 1961, de Val Guest.


 Por Sergio Benitez

Aunque en muchos géneros los años 60 del siglo XX fueron terreno fértil sobre el que abonar —y aquí podríamos citar desde el western y el surgimiento del spaghetti a los filmes bélicos pasando por los últimos momentos del musical de gran presupuesto o las grandes producciones con la Segunda Guerra Mundial de fondo— no fue la ciencia-ficción uno de los que mejor floreció en aquella turbulenta década.

Período de transición que comenzaba como una natural extensión de los años 50, la década de los sesenta asistió en el género una continuación de lo que ya se había visto en los dos lustros anteriores, con filmes estadounidenses de bajo presupuesto y pocas pretensiones de entre los que iban despuntando de cuando en cuando esas pequeñas joyas que, como ‘El tiempo en sus manos’ (‘The Time Machine’, George Pal, 1960) demostraban la voluntad de seguir innovando sobre el infinito tejido de lo que la ciencia-ficción era capaz de ofrecer. Pero conforme fueron transcurriendo los años, los movimientos sociales, el caos que siguió al asesinato de JFK y la entrada en la Guerra de Vietnam provocó que un género que siempre ha sido fiel reflejo de la época en la que se produce comenzara a dar muestras del descontento generalizado de la sociedad, virando de forma gradual del tono juvenil de los primeros momentos al más oscuro que se apreciará hacia el final de la década.
Y mientras esto ocurría al otro lado del charco, en el viejo continente el género iba discurriendo por derroteros bien diferentes. Buena prueba de ello son, por ejemplo, ese ‘Pueblo de los malditos’ (‘Village of the Damned’, 1960) dirigido con inquietante maestría por Wolf Rilla o, cómo no, la cinta que hoy ocupa nuestro tiempo en este ciclo de ciencia-ficción, ‘El día en que la Tierra se incendió’ (‘The Day the Earth Caught Fire’, Val Guest, 1961), un clara muestra de los muy diferentes patrones por los que se regía el género en tierras anglosajonas.

Levantada por la expresa voluntad de Val Guest, que tras intentar provocar el interés de varios estudios, tuvo que acometer el mismo la producción del filme, ‘El día en que la Tierra se incendió’ es uno de esos “¿Y si?” que tan buenos resultados ha dado casi siempre en el seno del género, planteando en esta ocasión que pasaría si, debido a una coincidencia en esas recurrentes pruebas nucleares que tantos problemas acarreó a la humanidad según el cine de ciencia-ficción que siguió a la Segunda Guerra Mundial, el eje de rotación de la Tierra se viera alterado hasta tal punto que el Sol pasara de ser fuente de vida a motivo de nuestra extinción.



Haciendo gala en todo momento de una espléndida austeridad que juega a favor de lo que el espectador extrae del visionado, la magnífica puesta en escena de Val Guest —un habitual del cine de género que ya había firmado para la Hammer las dos primeras adaptaciones de Quatermass— saca un partido alucinante del formato anamórfico en 35mm en el que la cinta está rodada, aprovechando sobremanera las localizaciones naturales del Londres donde se desarrolla la acción para que el realismo sea la cualidad que mejor caracterice al filme.
Para ello, el guión de Guest y Wolf Mankowitz —que se hizo acreedor del BAFTA— nos presenta la historia a través de los ojos de un periodista, interpretado con poco acierto por Edward Judd, deteniéndose el realizador durante buena parte del metraje en la precisa descripción de la redacción del rotativo para el que éste trabaja. Vistas hoy, las escenas que transcurren en las oficinas del Daily Express nos permiten asomarnos a una forma de periodismo que dejó de existir hace décadas, constituyéndose la cinta como inesperado homenaje a la suma importancia que la profesión tenía antes de la era digital.





Tomándose su tiempo para describir con todo lujo de detalles a sus protagonistas, si bien he comentado que Judd no está a la altura de las circunstancias —y su personaje de Stennings resulta bastante cargante— no podemos decir lo mismo del gran Leo McKern —el inolvidable Imperius de ‘Lady Halcón’ (‘Ladyhawke’, Richard Donner, 1985)— y de la deliciosa Janet Munro, ambos magníficos como el único amigo de Stennings y el objeto de la atracción amoroso/sexual de éste respectivamente, con la segunda desplegando una sensualidad irresistible y el primero demostrando por qué es uno de los mejores actores británicos de la historia —aunque sea australiano de nacimiento—.

Centrándose durante dos tercios del metraje en la vida periodístico-sentimental de Stennings, en las pesquisas que éste va indagando acerca de los extraños fenómenos naturales que comienzan a azotar el clima mundial, y en la escueta representación de los mismos —muchos de los cuales son extraídos de imágenes de archivo sin que apenas se note su inserción— es en el tercio final donde la vertiente catastrofista de la cinta muestra sus mejores cartas: aunque algún episodio absurdo como los de los vándalos invadiendo el piso de Munro hubiera sido perfectamente eliminable, la descripción que hace Guest del fin del mundo con una economía de medios asombrosa es lo mejor del filme junto con su terrorífico final.



(Atención spoilers) Al respecto de éste, cabe destacar que la copia que en su momento se estrenó en las salas británicas se aparta de la que pudo verse en las estadounidenses en un detalle aparentemente nimio que guarda una relevancia incuestionable: mientras una nueva serie de explosiones nucleares en Siberia pretenden corregir la inclinación del globo terráqueo, y Stennings termina su narración —toda la cinta ha sido un enorme flashback—, Guest nos muestra cómo se han preparado dos portadas para el periódico del día siguiente, una anunciando que las bombas han hecho su trabajo y otra comunicando al público el fatal destino que les aguarda camino del astro rey.
Y mientras los últimos planos del filme van concatenándose, escuchamos unas campanas de iglesia —muy a la manera que las habíamos oído en los momentos finales de ‘La guerra de los mundos’ (‘War of the Worlds’, Byron Haskin, 1953)— que bien podrían vaticinar el fin del mundo o anunciar su salvación. Y si ya la duda con la que se cierra deja en el espectador esa desazón tan típica de los mejores episodios de ‘Dimensión desconocida’ (‘The Twilight Zone’, 1959-1964), aún mayor habría sido de poder haber visto el final original, en el que ni siquiera se llegan a escuchar las citadas campanadas. De una forma u otra, un espléndido y muy reivindicable filme de lo que el género nos dejó hace ya más de cincuenta años.

Ficha Técnica

Director: Val Guest 

Productor: Val Guest para British Lion 
Guión: Wolf Mankowitz y Val Guest 
Fotografía: Harry Waxman 
Música: Stanley Black, Monty Norman 
Montaje: Bill Lenny / Fx: Les Bowie 

Intérpretes: Edward Judd (Peter Stenning), Janet Munro (Jeannie), Leo McKern (Bill Maguire), Michael Goodlife (Editor nocturno), Bernard Braden (Editor de noticias), Reginald Beckwith (Harry), Arthur Christiansen (Editor), Renée Asherson, Gene Anderson, Michael Caine (policía).
Nacionalidad y año: RU 1961 
Duración y datos técnicos: 99 min. B/N con filtros. Scope. (V.O.S.E.)