Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 20 de abril de 2010

¿Quien le teme a Mike Nichols?

Mike Nichols nació en Berlín, Alemania, en 1931 de padre ruso y madre alemana. Su familia emigró a los Estados Unidos cuando tenía siete años y creció en la ciudad de Nueva York.


En la Universidad, fundó un grupo de comedia junto a Elaine May y Paul Sills. En 1957, el equipo Nichols-May actuaba en clubes nocturnos de todo el país. La dupla creó numerosos especiales de televisión. En 1960, llevaron "An Evening with Mike Nichols and Elaine May" a Broadway, donde actuaron durante un año. El espectáculo todavía agotaba las localidades cuando decidieron finalizar la temporada y seguir sus carreras por separado.

Nichols pasó de la actuación a la dirección teatral y ganó el primero de siete premios Tony por "Descalzos en el parque", de Neil Simon. Continuó dirigiendo una lista de éxitos sin precedentes en Broadway como "The Knack", "Luv", "The Odd Couple", "The Apple Tree", "Plaza Suite", "Prisioner of Second Avenue", "The Gin Game" y "Streamers".




Como productor teatral, presentó "Whoopi Goldberg en Broadway", y ganó el Tony por su espectáculo "Annie". En 1987, Nichols recibió el George Abbott Award y, en 1990, fue galardonado por el American Museum of the Moving Image por su contribución a la industria del cine.

Nichols dirigió su primera película, "¿Quién le teme a Virginia Wolf?" en 1966, por la que fue nominado a un Oscar de la Academia como Mejor director, y por la que Elizabeth Taylor ganó como Mejor Actriz. En 1967, dirigió "El graduado", por la que también ganó varios premios. Sus posteriores películas incluyen "Trampa-22", "Conocimiento carnal", "Silkwood", "Armas de mujer", "Desventuras de una recluta inocente", "A Propósito de Henry" y "Lobo".




Nichols también dirigió a Emma Thompson en la película de HBO, "Wit". Pero su éxito más reciente es la serie "Angels in America", también para HBO, con Al Pacino y Meryl Streep. Esta producción recibió cinco Globos de Oro.



Filmografia

* La guerra de Charlie Wilson, Charlie Wilson´s war (2007) de Mike Nichols. Con Ned Beatty, Philip Seymour Hoffman, Julia Roberts, Tom Hanks, Brian Markinson, Amy Adams, Jud Tylor.

* Closer (2004) de Mike Nichols. Con Natalie Portman, Jude Law, Julia Roberts, Clive Owen.

* Amar la vida, Wit (2001) de Mike Nichols. Con Emma Thompson, Eileen Atkins, Benedict Wong.




* ¿De qué planeta vienes?, What Planet Are You From? (2000) de Garry Shandling, Mike Nichols. Con Linda Fiorentino, Caroline Aaron, John Goodman, Sarah Silverman, Richard Jenkins, Annette Bening, Judy Greer, Ben Kingsley, Camryn Manheim, Garry Shandling, Greg Kinnear.

* Colores primarios, Primary colors (1998) de Mike Nichols. Con Allison Janney, Paul Guilfoyle, Rob Reiner, Billy Bob Thornton, John Travolta, Tony Shalhoub, Emma Thompson, Kathy Bates, Maura Tierney, Adrian Lester, Robert Klein.

* Conocimiento carnal Carnal Knowledge (1997) de Mike Nichols. Con Jack Nicholson, Carol Kane, Ann-Margret, Rita Moreno, Candice Bergen, Art Garfunkel.




* La jaula de las locas, The Birdcage (1996) de Mike Nichols. Con Gene Hackman, Dianne Wiest, Hank Azaria, Robin Williams, Christine Baranski, Calista Flockhart, Nathan Lane.

* Lobo Wolf (1994) de Mike Nichols. Con Richard Jenkins, Prunella Scales, David Hyde Pierce, Jack Nicholson, Christopher Plummer, Michelle Pfeiffer, James Spader, Ron Rifkin, Kate Nelligan, Eileen Atkins, Om Puri.

* Silkwood (1993) de Mike Nichols. Con Meryl Streep, Anthony Heald, Kurt Russell, James Rebhorn, Fred Ward, Cher, Craig T. Nelson.

* A propósito de Henry, Regarding Henry (1991) de Mike Nichols. Con Bill Nunn, Annette Bening, John Leguizamo, Harsh Nayyar, James Rebhorn, Bruce Altman, Harrison Ford, Michael Haley, Stanley Swerdlow, Julie Follansbhee.

* Postales desde el filo, Postcards from the edge (1990) de Mike Nichols. Con Gene Hackman, Meryl Streep, Annette Bening, Simon Callow, Rob Reiner, Anthony Heald, Oliver Platt, Steven Brill, Dennis Quaid, Shirley Maclaine, Richard Dreyfuss, Jane Galloway.

* Desventuras de un recluta inocente, Biloxi Blues (1988) de Mike Nichols, Joseph M. Caracciolo. Con Christopher Walken, Penelope Ann Miller, Matthew Broderick, Corey Parker, Matt Mulhern.

* Secretaria ejecutiva, Working girl (1988) de Mike Nichols. Con Caroline Aaron, Melanie Griffith, Joan Cusack, Kevin Spacey, Oliver Platt, Philip Bosco, Alec Baldwin, David Duchovny, Sigourney Weaver, Harrison Ford, Olympia Dukakis, Jeffrey Nordling.




* Se acabó el pastel, Heartburn (1986) de Mike Nichols. Con Meryl Streep, Stockard Channing, Kevin Spacey, Milos Forman, Catherine O´Hara, Jack Nicholson, John Wood, Jeff Daniels, Kenneth Welsh, Mercedes Ruehl.

* El día del delfín, The Day of the Dolphin (1973) de Mike Nichols. Con Paul Sorvino, George C. Scott, Victoria Racimo, Trish Van Devere.

* El graduado, The Graduate (1967) de Mike Nichols. Con Dustin Hoffman, Anne Bancroft, Murray Hamilton, Katharine Ross.

* ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Who's afraid of Virginia Woolf? (1966) de Mike Nichols. Con George Segal, Elizabeth Taylor, Richard Burton, Sandy Dennis.


Fuentes: www.itematika.com y www.20minutos.es

sábado, 17 de abril de 2010

Realizadores de hoy: Lisandro Alonso, noticias de un silencio helado.

La nueva película de Lisandro Alonso es una reflexión sobre la distancia y el tiempo en un mundo sin sonidos, que ha perdido la capacidad de movimiento.

Por Juan Pablo Cinelli

El 30 de noviembre de 2008, fue el último día, que en la Sala Lugones se proyectó “Liverpool”, cuarto film del director argentino Lisandro Alonso. La película fue presentada mundialmente en mayo, de ese año, durante la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes, evento al que Alonso ya había concurrido con sus tres películas anteriores: “La libertad”, “Los muertos” y “Fantasma”. Sumando elementos más tradicionales al estilo narrativo del director y filmada por completo durante el invierno en Tierra del Fuego, “Liverpool” cuenta la historia del Farrel, marino solitario y silencioso que, después de veinte años de ausencia, decide visitar a su madre en su pueblito natal, en las afueras de Ushuaia. Sin embargo su carácter hosco irá distanciando el encuentro en una demora en la que se intuyen el miedo y la culpa que han ido cavando la distancia y el tiempo. “Me parece que hay más elementos, más experiencia y aprendizaje puestos en “Liverpool”, afirma Alonso. “A lo mejor parece una película más clásica a nivel formal porque hay un poco más de información. Aunque no sabría definirla, “Liverpool” se me hace un avance en mi deseo de querer contar de una manera más sólida.”


Lisandro Alonso


-Si “Fantasma” actúa como una suerte de clausura formal a la primera etapa de su filmografía, “Liverpool” consigue no ser ajena a ese conjunto, entrelazándose con el círculo en apariencia cerrado que forman las tres primeras.

Siempre pensé a “Liverpool” como una especie de “La libertad” y “Los muertos” con los ingredientes de “Fantasma” puestos encima. Creo que el resultado natural de esa ecuación es “Liverpool”, en base a la manera del uso del sonido, a la manera de encuadrar, de hacer planos más estáticos, de tratar de generar una experiencia de extrañamiento en el espectador, pero sin jugar con la naturaleza o con determinados recursos que tenían las dos primeras, que ocurren en lugares como el monte pampeano o la selva del Paraná, que de por si generan extrañamiento.


Fotograma de Liverpool


-Pero, sin duda, hay elementos que hacen de “Liverpool” una experiencia novedosa dentro de su obra…

“Liverpool” se hizo más fácil después de haber hecho “Fantasma” donde filmamos en pasillos, oficinas, baños, ascensores, lugares donde no se puede mover mucho la cámara. Entonces se trata de extrañar desde otro lugar: desde el sonido, con el tiempo de plano. Eso fue lo que pasó en “Liverpool”, en especial cuando filmamos en un barco, donde todo es muy chico, calculado para que el ser humano apenas pueda moverse. En esta película sentí que era perfecto aprovechar el témpano de esa naturaleza, diferente de la otra donde se escuchaban pájaros, el ruido del agua; donde había animales y pasaban barcos. Esta versión de la naturaleza era todo lo contrario: ni autos, ni animales, ni gente. No hay vida. Es un set congelado. Salvo cuando cae la nieve no hay movimiento. Filmamos en un aserradero que queda en medio de un páramo, a sesenta kilómetros del pueblo más cercano, por calles de hielo. De hecho, el sonidista salía a tomar sonidos del ambiente y cuando en “Los muertos” escuchaba monos, acá no oía absolutamente nada.





-¿Ha podido mostrar su película en Tierra del Fuego, donde fue filmada?

La quise estrenar en Ushuaia, justamente porque quiero mostrar la película a la gente que vive allá, quiero mostrarle los lugares que filmé, mostrarle su puerto, los actores que son de ahí, mostrar el frio que hace y como vive determinada gente. Hay dos salas: una en Ushuaia y otra en Rio Grande. En las dos me dijeron que hablara con el programador, que es un chico de Buenos Aires que programa para 43 salas. Hablé con él y me dijo: “No Lisandro, la tuya no la vamos a poner porque yo tengo que hacer dinero con las películas”. Le respondí que había hablado con uno de los dueños de la sala y que había manifestado sus ganas de poner “Liverpool” en su cine. “No, el dueño del cine soy yo”, me contestó… Ese es el tipo de diálogo que hay. Le pedí si no tenía la amabilidad de permitirme mostrar la película a la misma gente que filmé en Tierra del Fuego. Allá son 140.000 habitantes, ¿sabes cuántos van al cine por mes? Setenta. Me dijo que no porque tenía que poner la película de Suar.


Fotograma de Fantasma


-¿Por qué piensa que es tan difícil hacer otro cine en Argentina?

No es solo acá, es así en todo el mundo. Lo que no me parece lógico es que en el país no haya lugares para acceder a otras propuestas, a esas otras formas de pensar el cine. Abrir caminos, opciones. Eso hace a que el lenguaje cinematográfico sea, en definitiva, mucho más rico.





Alonso Básico

Buenos Aires, 1975, cineasta

Egresado de la Universidad del Cine, codirigió el corto “Dos en la vereda”, 1995. Fue asistente de sonido en varias producciones del nuevo cine argentino. Su primer film “La libertad”, 2001, presentado en Cannes, descubrió una narrativa original, que se destacaba sobre el resto de su generación. “Los muertos”, 2004, fue éxito de público en la Sala Lugones. Le siguieron “Fantasma”, 2006 y “Liverpool”, 2008.

Fuente: Revista Ñ, numero 270, 29 de noviembre de 2008

jueves, 15 de abril de 2010

La parte del león.

EL CINE DE ADOLFO ARISTARAIN


Reseña escrita por G. Ordel


LA PARTE DEL LEÓN

Título Original: (Aka; The Lion's Share)
Director: Adolfo Aristarain
Año: 1978
Pais: Argentina
Musica: Aníbal Gruart y Jorge Navarro
Actores: Julio De Grazia, Luisina Brando, Ulises Dumont, Julio Chávez, Arturo Maly, Fernanda Mistral
Duracion: 85 min.



Sinopsis:

Bruno es un hombre de mediana edad que vive solo, fracasado como marido, como padre y como hombre de negocios, a la espera del divorcio sobrevive en una pensión con su rutinario trabajo, una vida gris con un futuro poco esperanzador.

Un día encuentra una bolsa con una inmensa cantidad de dinero que pertenece a unos atracadores que en su huida tras asaltar un banco lo dejaron escondido en la terraza del edificio donde duerme Bruno que ve en el dinero un rayo de luz y esperanza.



Pero hay un problema, deberá buscar la forma de cambiar los billetes que están controlados por el numero de serie. Para ello recurrirá a un antiguo amigo que tiene algún contacto importante que podría solucionarle el problema, eso si de los cuarenta mil millones se quedaría reducidos a menos de la mitad, así funciona el asunto. Mientras los atracadores le siguen los pasos, están dispuestos a todo consiguiendo localizar a la mujer y la hija de Bruno.



Comentario:

Adolfo Aristarain debutó en la dirección de largometrajes con este thiller, género en el que demostró su maestría con una serie de títulos memorables ya comentados por aquí como ÚLTIMOS DIAS DE LA VICTIMA y TIEMPO DE REVANCHA, películas todas ellas cargadas de dobles lecturas y grandes dosis de denuncia social. Aristaran toma con toda la intención del mundo el título de una fábula griega LA PARTE DEL LEÓN que habla sobre el egoísmo y la ley del mas fuerte, y que se usa para referirse a la tiranía y la indefensión del ciudadano de a pie ante el poderoso.



LA PARTE DEL LEON es una original y mordaz obra, de un cineasta debutante que demostró su talento y estilo de forma impactante, con ecos del cine negro clásico americano. Para ello el director contaría en los papeles protagonistas con estupendos actores que se convertirian posteriormente en habituales de su filmografía como JULIO DE GRAZIA, ARTURO MALY ó ULISES DUMONT grandioso actor fallecido muy recientemente.

Esta película no fue comprendida en su momento resultando un fracaso, afortunadamente parece que hoy en día se reivindica con justicia en diferentes medios, formando para el aficionado una especie de trilogía junto a los títulos antes mencionados, que se encuadra dentro del mejor cine noir latinoamericano de todos los tiempos.

Tambien existe un polar frances que se títula igual La Part des Lions de 1971 con Charles Aznavour y Robert Hossein.


Fuente: Cine de medianoche, el blog de Ordel

sábado, 10 de abril de 2010

¡Vamos! Tócala de nuevo, Woody.

Por Thomas A. Sancton

El Michael’s Pub está atestado. Los manteles a cuadros verdes y blancos tan encimados que los mozos, a duras penas, pueden escurrirse entre ellos, y los clientes chocan las rodillas con sus compañeros de mesa. No importa. Vinieron de todos los rumos –Japón, Italia, Francia, Escandinavia, Sudamérica- para saborear este momento. La azarosa Babel de cien conversaciones se convierte, repentinamente, en excitado murmullo cuando un hombre de cabellos color arena, vestido con pantalones de corderoy y camisa blanca de cuello abierto, aparece en el lugar y se dirige a una mesa desocupada. Negligentemente abre un castigado estuche del que extrae las secciones de un antiguo clarinete que comienza a ensamblar. Mirando a través de sus familiares anteojos de marco negro salta al palco de la banda y ocupa el lugar habitual, junto al piano. El trompetista castañetea dos veces los dedos y repentinamente todo el salón reverbera con la melodía de un éxito del año 1905, A la sombra del viejo manzano.

Durante los últimos 18 años, con pocas excepciones, Woody Allen pasó todas las noches de los lunes en este palco. Inclusive dejó de acudir a la entrega de los premios de la Academia, en 1978, oportunidad en que ganó un Oscar por Annie Hall “Dos extraños amantes”, para cumplir con su actuación regular en Manhattan. ¿Por qué un hombre con una carrera tan exitosa como escritor, actor, comediante y cineasta siente la compulsión de tocar el clarinete una vez a la semana? Ciertamente no es por dinero: rehúsa aceptar un solo centavo por hacerlo. Tampoco es por autopromoción, ya que insiste en que sus apariciones no sean publicitadas y, reiteradamente, rechaza ofertas muy ventajosas para grabar.

El hecho es que Woody, según propia confesión, está “obsesionado” por el jazz. No por el dixieland, el swing y definidamente no por el bebop. Es un devoto del puro estilo New Orleans, desarrollado a principios de siglo y grabado por su panteón de héroes del clarinete: Sidney Bechet, Johnny Dodds, Jimmie Noone y George Lewis: a los que se refiere con la reverencia que acuerda solamente al puñado de los héroes de su formación cultural, que comprende a Willie Mays, Groucho Marx e Ingmar Bergman.

Lewis, que falleció en 1968, pasó la mayor parte de su vida tocando en oscuros antros y festividades de Nueva Orleans, hasta su “descubrimiento”, a mediados de la década del ’40. Pero siempre tuvo algo que emocionaba a la gente de todo el mundo. Allí donde se conseguían sus discos los músicos jóvenes trataban de imitar su sonido. Woody se encontró por primera vez con este fenómeno en 1971, al acudir al New Orleans Jazz and Heritage Festival y participar de jazz sessions en el barrio Francés. Había un George Lewis japonés y un George Lewis británico, y un George Lewis judío. La cosa era realmente desopilante.



Woody recuerda ese viaje, junto con dos excursiones previas al Crescent City, como puntos altos de su vida. Acompañado por Diane Keaton, merodeó por el barrio Francés con el clarinete bajo el brazo, mirando, oyendo y alternando con jazzmen locales. “Era como haber admirado toda la vida a Willie Mays y, de repente, encontrarse con él”, recuerda Woody. El productor del Festival, George Wein, le habló para que actuara en uno de los conciertos oficiales.

Esa aparición fuera de programa impulsó al crítico musical del Times. John S. Wilson, a calificar la ejecución de Woody como “una de la evidencias más estimulantes y reconfortantes de la continuidad de la tradición del jazz de Nueva Orleans”.

Aunque considera al jazz su hobby lo aborda con absoluta seriedad. Practica religiosamente dos horas diarias, generalmente en el dormitorio de su penthouse de dos pisos de la Quinta Avenida. Pero aun cuando trabaja lejos de su casa destina tiempo al instrumento. “A veces filmaba el día entero y no volvía al hotel hasta las 10.30 de la noche. Me metía en la cama, con el clarinete, y practicaba con la frazada sobre la cabeza, para no molestar a los vecinos.” Perder un solo día de práctica, dice Woody, hace que se sienta “absolutamente" consumido por la culpa. Saben, es como cuando alguien viola su dieta o algo parecido."

Woody, que no sabe leer ni escribir música, es el primero en admitir sus limitaciones técnicas. “No creo tener talento musical. Tengo amor, entusiasmo y obsesión por la música. Pero no nací con lo que hay que tener para ser un artista. Quiero decir que soy totalmente ecléctico y derivativo de los tipos que oí y admiro.” La ventaja que tiene para tocar las obras al viejo estilo New Orleans radica en que “soy genuinamente tosco”. Otra de sus ventajas es la capacidad de reproducir el tono potente y plañidero de los primeros jazzmen. El mayor cumplido que recibió, según Woody, le fue prodigado en Nueva Orleans, tocando con músicos de esa ciudad que le dijeron cuan “indígena” era su estilo. Sin embargo, Kenny Davern, clarinetista de jazz, opina que: “Woody trató de captar ese sonido llorón de Nueva Orleans, y realmente lo logró”. Procura este sonido mediante dos recursos. Primeramente, emplea una boquilla abierta y una caña muy dura “Rico Royale Nº 5”,que produce mucho sonido, pero requiere labios de acero. (Benny Goodman tomó una vez el clarinete de Woody y tuvo que afeitar la caña con un cuchillo de cocina, antes de poder extraerle un mínimo sonido.)

En segundo término toca un clarinete Sistema Albert anticuado y con digitación virtualmente obsoleta. ¿Por qué Sistema Albert? “Porque todos los tipos que me gustan tocaban el Albert”, dice Woody.



El instrumento utilizado por Woody es un “Rampone” “rejuntado”, de doce llaves, fabricado en 1890. Al igual que muchos de los clarinetes de su colección, le fue provisto por el músico Kenny Davern, quien lo encontró en una casa de empeños de Nueva York. El mismo Davern ofreció una vez prestarle el instrumento que tocaba Albert Burbank, gran músico de Nueva Orleans y uno de los ídolos de Woody. Este vaciló: “¿Qué pasa si me lo roban?” “No te hagas problemas”, replicó Davern. “Es que
probablemente me lo roben mientras esté tocando”,murmuró Woody.

Esta salida es inusual en un hombre que separa escrupulosamente al clarinetista del comediante y jamás hace un chiste en el palco de la orquesta, pese a que le ocurrieron cosas divertidas en relación con la música. Cuando él y su “New Orleans Funeral & Ragtime Orchestra” se reunieron por primera vez, a comienzos del decenio de 1970, fueron sumariamente expulsados de los primeros clubes en que actuaron, porque su música era claramente no comercial. En uno de los establecimientos los despidieron en medio de la ejecución de un spiritual particularmente lúgubre, después que el hijito del dueño tironeó de la manga al trompetista, John Bucher, y le rogó “por favor, míster, no toque más”.

Michael’s Pub donde la banda aterrizó para actuaciones regulares en 1971, fue escenario de muchos buenos momentos. Cuando los Mets (beisbol) estaban en la Serie Mundial de 1986, el “hincha” Woody apareció con un pequeño televisor a transistores y lo colocó en el atril para ver el juego mientras tocaba. El trombonista Dick Dreiwitz y su esposa Bárbara, ejecutante de tuba, refieren una sorpresiva visita de Groucho Marx. “Después de uno de los solos de Woody”, dice Bárbara, “Groucho se puso de pie y le dio algunas monedas como propina”. El psiquiatra Ron Brady, amigo de Woody, recuerda la ocasión en que un hombre, que pretendía ser biólogo, llegó a lo de Michael’s y pidió a Woody una muestra de piel, afirmando que estaba trabajando en un clon.



La mayoría de los fanáticos, sin embargo, no llegan a aproximarse a su héroe. Gil Wiest, dueño de Michael’s Pub, lo custodia agresivamente, y esto agrada a Woody que no hace un misterio del hecho de estar allí por su propio gusto y no para comunicarse con el público. “No soy alguien que sonríe y hace reverencias. Estoy aquí para tocar, estrictamente y nada más.” Claro que muchos esperan algo distinto. “Se molestan porque no habla o hace chistes, dice el banjoísta Eddie Davis. Pero después de algunas melodías quedan atrapados por la música.”

La reservada actitud de Allen hacia el público se refleja en sus relaciones con los demás miembros de la banda. Aunque muchos de ellos tocan con él desde hace ya veinte años, Woody no hace vida social con ellos ni se queda a hablar después de las actuaciones.

En un esfuerzo por aproximarse aún más a la música que ama, Woody ensaya, con otro grupo de músicos, más orientados al estilo New Orleans. No es preciso en cuanto a los planes que tiene con este grupo, pero el banjoísta Davis afirma que hay conversaciones para actuar una vez a la semana en un club de jazz, y hubo tanteos para actuar en varios festivales europeos. Los carretes de grabación giran durante los ensayos y esto hace pensar en la probabilidad de que, finalmente, aparezca algo que Woody siempre resistió: una grabación con él al clarinete.


Ocurra o no esto, la música ya dejó un surco profundo en los logros artísticos de Woody. Nadie que haya visto sus films puede dejar de apreciar cuán efectivamente se vale de partituras para reforzar el transcurrir visual –desde los temas de Gershwin en Manhattan hasta las baladas de Django Reinhardt y Louis Armstrong en Recuerdos… y los temas de Schubert de Crímenes y pecados-. Para la banda sonora de El dormilón Woody llegó a ir a Nueva Orleans, en 1973, y grabó personalmente con la Preserva tión Hall Jazz Band. (Los viejos músicos de allí no habían oído hablar de las películas de Woody.) Entre sus proyectos figura el de dedicar una película al nacimiento del jazz.

Sería un error considerar la obsesión de Woody Allen por el clarinete como un hobby excéntrico o una rareza psicológica. De manera directa o indirecta, concreta o espiritual, su oído e instinto de músico lo ayudaron a convertirse en un artista destacado en otros terrenos. “El jazz es la música perfecta para él”, dice Eric Lax, quien escribió un libro sobre Allen “Odia la autoridad, es un individuo quisquilloso que requiere gran disciplina para funcionar correctamente. La música es lo que necesita, de modo que ¡tócala de nuevo, Woody!”.

Fuente: Revista Noticias, 12 de noviembre de 1989

viernes, 2 de abril de 2010

Perfiles del 24 Festival de cine de Mar del Plata, entrevista a Bob Byington.

"El cine es como el amor: lo reconocés cuando lo ves"

Entrevista a Bob Byington - Director de Harmony and me



¿Podés presentarte?

Soy Bob Byington, escribí y dirigí Harmony and Me…

¿Cuáles son las características particulares de tu filmografía?

Estoy interesado mayormente en el humor. Hice una comedia sobre un abusador sexual que salía de prisión, se trataba de cómo él tenía que cumplir con varias obligaciones comunitarias en las que no estaba interesado.

¿Cómo fue tu acercamiento al cine?

Me gusta aprender en el camino. Esto es a veces desafortunado para mis colaboradores.



¿Qué significa el cine para vos?

El cine significa mucho para mí. Usualmente cuando miro una película, la pregunta sobre qué es el cine surge en mi cabeza. Creo que es como el amor, lo reconocés cuando lo ves. Y es, como el amor, igual de escurridizo.

¿Cómo fue tu acercamiento al tema de tu película?

Tuve que mantenerme relajado y abierto, y el actor que elegimos para el personaje principal, Justin Rice, ayudó mucho con eso. Él es muy responsable con su trabajo, pero eso genera, raramente, una especie de franqueza. El me guió hacia un nivel mayor de comunicación.



¿Cuáles fueron los desafíos a la hora de filmar tu película?

Tuvimos desafíos al editar la película, al buscar la estructura ideal para la historia, y para dejar que la audiencia disfrute de la película, sin por eso armarla
pensando en complacerla.

Tus películas tienen una diferente, entretenida manera de ver el humor. ¿Qué películas o directores te influenciaron?

La escritura de Luis Buñuel me influenció, quizás más que sus películas, y también fui influenciado por las películas de Preston Sturges y Wong Kar-wai




¿Qué tan importante es la inclusión de la música en tus películas?

La música es muy importante. Creo que si es utilizada apropiadamente, puede ayudar a la audiencia a disfrutar de la película. Y, otra vez, si es mal usada, suele ir en detrimento de la película.

¿Cuáles son tus futuros proyectos?

Estoy haciendo una película llamada Seven Chinese Brothers con Tunde Adebimpe, quien es el lider de la banda TV on the Radio, y quien interpreta al novio en la película Rachel Getting Married.


Fuente: © Festival Internacional de Cine de Mar del Plata nook diseño web / Big Sur