Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

lunes, 24 de febrero de 2014

28 Festival de Cine de Mar del Plata.

«Sin Dios, ni patrón, ni marido»

«Sin Dios, ni patrón, ni marido»

“Me llamaron Alfonsina, que quiere decir: dispuesta a todo”

El documental Alfonsina, del suizo Christoph Khün propone una mirada profunda en la vida y obra de la escritora suizo-argentina Alfonsina Storni. A través de una narración poéticamente desgarradora, consecuente con el estilo de escritura y de vida de la poetisa, lleva adelante un relato que se hila con una voz en off exquisita que declama sus poemas y  extractos de su diario íntimo. Visualmente cuidada, con fotos inéditas, imágenes de la época, pequeños fragmentos de ficción, declaraciones interesantísimas de la bisnieta, el nieto y ex alumnos, se cuentan detalles de su vida, de su forma de ser y su manera de mirar el mundo.

La fotografía y el guión asumen un rol primordial a la hora de describir una vida que fue signada por la pulsión de muerte, por el desamor, por la soledad y por la necesidad imperiosa de una mujer de abrirse camino en una sociedad que claramente no estaba preparada para ella.  Dicen que una vez le preguntaron a Alfonsina si le temía a la muerte. Ella contestó: “No es necesario, camina con nosotros desde que nacemos”.

Esta producción logra desarmar el mito y resaltar las bondades de su peculiar voz poética, de su obra que logró marcar una generación en la que la mayoría de los intelectuales eran hombres. Alfonsina descristaliza la leyenda, y cuando eso ocurre, aparece la verdadera Alfonsina Storni.


“Alfonsina es, de entre toda la literatura realizada por mujeres, el basamento de una
folclorización. Entró en las calles y en el cancionero popular [...] Alfonsina, en fin, constituye
otro mito de los argentinos. Tanto que basta con su nombre de pila, con menor alcance, como
‘Carlitos’ Gardel o ‘Eva’ Perón”.
Gabriela Mizraje




Alfonsina nunca quiso ser mito. Sino voz. Y fue, en una época peculiarmente difícil para las mujeres, la vocera del pensamiento que se intentaba acallar. Sus poemas, su obra completa, puede resumirse en pocas palabras; anarquía, feminismo, y la crítica cruda de la realidad que tanta pena le trajo. Más allá de su yo literario, porque Alfonsina además fue la construcción poética de un personaje, su lucha constante contra las reglas prefijadas -que a ella le resultaban, no menos que injustas-  signó su literatura, su vida y sus decisiones. Que una mujer pudiera ser dueña de su propio destino, era, para la moral de comienzos del siglo XX, simplemente revolucionario.

A través de toda su obra, se percibe una pulsión de muerte, que se relaciona directamente con la impotencia de no poder cambiar el orden imperante. No poder ser madre soltera, no poder entrar a los círculos literarios de la época, no poder ser libre. Alfonsina no aceptó jamás ninguna de esas prohibiciones y se abrió camino en un camino de hombres, con su femineidad a cuestas, y sus ideas, ideas que serían reflejadas en su obra y que se harían eco en la popularidad de sus primeros poemas, y luego en el sector femenino de su época.

“Alfonsina es una abeja inédita entre las cantadas por los poetas griegos; la avispa que en el
vuelo se persigue a sí misma, antes de caer en el matorral de mirtos; la abeja-avispa que danza
un baile desgarrante, buscando su propia carne, para sangrarla en una pirueta de juego que yo
le entiendo, que suele hacerme llorar”.
Gabriela Mistral

Su segunda etapa como escritora es quizás más sombría. Alejada del modernismo que tiñó sus poemas adolescentes, proliferaron los poemas vanguardistas y adultos de la poetisa. En ellos, la sonoridad continúa, la belleza también, pero el panorama que describía era el de una mirada absolutamente desgarradora. No hay paz en aquellos poemas, sino lucha. No hay esperanza, sino conciencia. Y en esa conciencia mortecina fue acumulándose, como en un puñado de arena, la imagen de esta mujer sola, que le canta al hombre ausente, a la muerte, a los deseos incumplidos. Todo, sin miedo. Aún en su poema final, aquel que escribió tres días antes de su suicidio, no hay tristeza. Hay convicción y coraje, hay decisión, hay libertad. “Voy a dormir” es considerado el testamento poético de la escritora, y de alguna manera, su epitafio. Un día antes de morir, Alfonsina envía el poema al diario La Nación.  El diario anuncia su muerte junto con la publicación de su poema. Este hecho es el que impregnó al poema de una solemne popularidad, en la raíz de un mito que se resignificaría con las múltiples lecturas posteriores a su desaparición física. No hay angustia de despedida en él, más bien, la tranquilidad del libre albedrío, que concuerda y es consecuente con su ideología poética. A partir de ahí surge el mito, la leyenda.

Alfonsina nunca quiso ser mito. Alfonsina siempre quiso ser voz.

A.S.

“Voy a dormir”

Dientes de flores, cofia de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sábanas terrosas

y el edredón de musgos encardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

Ponme una lámpara a la cabecera,

una constelación, la que te guste;

todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…

te acuna un pie celeste desde arriba

y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido…



Fuente: http://www.mardelplatafilmfest.com

 

sábado, 22 de febrero de 2014

Humor cinematográfico 2.

 
 
Continuamos riéndonos con otra historieta de Gustavo Sala
 
 
 
 
 
 
 
Fuente: 28 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Cine Monumental de Buenos Aires, ayer y hoy.





El antiguo Cine Monumental, hoy parte del Complejo Monumental Lavalle, es un clásico cine de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.Se encuentra en la calle peatonal Lavalle, eje tradicional de las salas cinematográficas gracias al asentamiento masivo de estos espacios en su sector céntrico (desde Florida a Carlos Pellegrini).

El Cine-Teatro Monumental fue inaugurado el 23 de octubre de 1931 por iniciativa de los empresarios Coll y Di Fiore, y rápidamente recibiría el apodo "la Catedral del Cine Argentino", gracias a la importancia que le dio esta sala a la incipiente producción nacional.

Durante la Segunda Guerra Mundial y ante la imposibilidad de importar films de otros continentes, se dio lugar a espectáculos de radioteatro y teatro. Llegaron a actuar las compañías de Florencio Parravicini, Olinda Bozán, Enrique Santos Discépolo y Luisa Vehil.

La sala única original, que contaba con platea y una bandeja superior sumando 1800 localidades, fue modernizada en primera instancia en 1972. En 1994 —en tiempos de desventaja del cine frente a la difusión del VHS y la televisión, y de la adopción del concepto del multicine para aumentar las ganancias frente a la situación adversa— la sala fue dividida separando sus niveles superior (1000 butacas) e inferior, y partiendo a su vez el piso superior en dos salas de menor tamaño (200 butacas cada una). En 1996 se sumó una sala con 480 butacas en el subsuelo, con función de cine y teatro.

A pesar de todas las medidas adoptadas para enfrentar la decadencia natural del sector, el Cine Monumental se vio obligadoa cerrar en el año 2000. Fue gracias al empresario Norberto Feldman, propietario del Cine Electric, que el Monumental fue remodelado y reabrió el 11 de junio de 2001.
En 2006, fue nuevamente remodelado perdiendo su espectacular sala original, una de las pocas de grandes dimensiones que quedaban intactas en Buenos Aires.  Su locatario, Norberto Feldman, decidió la división de la sala en tres nuevas de menores dimensiones, agregando además una en el subsuelo del edificio.



Una apuesta difícil: tratan de devolverle el brillo a una calle que antes era comparada con Broadway

El cine vuelve a Lavalle

La reapertura a todo lujo del Monumental parece revertir una larga tendencia declinante


Por Adolfo C. Martínez


Cuando el 23 de octubre de 1931 la empresa Coll y Fiore abrió las puertas del Monumental, llegaba a la calle Lavalle una lujosa sala cinematográfica de mil ochocientas localidades, dotada de los elementos técnicos más novedosos para la época. Era una etapa en que esa peatonal -bautizada por algunos como la Broadway argentina y, por otros, simplemente como la calle de los cines- reunía a multitudes, a la entrada o a la salida de esas salas que ofrecían, desde Suipacha hasta San Martín, los estrenos fílmicos más resonantes del momento.

El paso del tiempo -sumado a la desidia de las autoridades gubernamentales de turno, a los bolsillos cada vez más flacos de la clase media y a la inseguridad constante- convirtió esos tradicionales cines en templos evangélicos, farmacias, megadisquerías o mercados persas de ropas, dejando a los amantes de la pantalla grande sin sus clásicos lugares de esparcimiento y alejando a los cinéfilos de toda índole de esa peatonal que albergaba en la oscuridad de la sala los sueños de empleados y trabajadores que hacían un alto en sus tareas para reencontrarse con tantos personajes y nombres
famosos.

Pero ningún mal es eterno, y Norberto Feldman, un hombre que desde siempre dedicó su vida a la cinematografía, arrendó el Monumental, esa sala de Lavalle 780 que en marzo del año último había cerrado sus puertas.


"Hago una apuesta muy difícil -explica Feldman a La Nación -, ya que en estos tiempos de economía forzosa y de angustias cotidianas la gente parece alejarse de ese entretenimiento-cultura que sólo da el cine... Pero, como moderno Quijote, deseo que la calle Lavalle recupere el esplendor de un tiempo nostálgico, y para ello estoy a punto de reabrir el Monumental, esa catedral del cine argentino que durante setenta años no detuvo nunca sus proyectores."

El Monumental conservará su estructura original."Sin embargo -explica Feldman-, se amoldará a los tiempos. Tendrá cuatro salas. Una con capacidad para mil espectadores; otra, para cuatrocientos ochenta, y dos para doscientos cada una. Estarán dotadas de sonido digital Dolby, aire acondicionado y de la tecnología y comodidad más moderna y confortable... Habrá, además, un bar, y las salas serán atendidas por personal femenino."


"NO DEJARSE VENCER"


Feldman sabe que el proyecto no es fácil. "No obstante -sostiene-, creo firmemente que el cine nunca morirá. Actualmente poseo el Electric, que siempre me ha dado muchas satisfacciones, pero el emprendimiento del Monumental es, sin duda, mi más apasionante riesgo. Hay intención por parte de las autoridades porteñas de que Lavalle resurja nuevamente. Por lo pronto, ya se puede apreciar a la policía patrullando la calle con sus modernos "ecomóviles" y se habla de una campaña para recuperar el movimiento y el prestigio de la famosa peatonal. Por mi parte, no me dejo vencer, y aquí está el nuevo Monumental para atestiguarlo."

-¿Cuál será la programación de las salas?

-La programación estará a cargo de la cadena Village, y se integrará con películas de primer nivel... Mi deseo es que una de esas cuatro salas sea dedicada exclusivamente a material de arte, es decir, a esas películas dirigidas a un público cinéfilo o casi cinéfilo.

-¿Existe, también, la posibilidad de que se ofrezcan obras teatrales?

-Dos de las salas están equipadas para representaciones teatrales, y espero que en un futuro próximo puedan ofrecerse piezas escénicas... Pero en estos momentos mis esfuerzos están puestos en el cine.
El Monumental reabrirá sus puertas el 11 de este mes, a las 20. "Ese día -apunta Feldman- pensamos tirar la casa por la ventana... Como en los tiempos mejores, tendremos una banda de jazz que ofrecerá al público varios temas musicales, y a continuación se proyectará "Mosaico criollo", un film nacional realizado a fines del siglo XIX que fue localizado en 1990 y rescatado y restaurado este año por la Asociación para el Apoyo del Patrimonio Audiovisual y la Cinemateca Nacional, con el aporte del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales."

Feldman recorre con inocultable amor las flamantes instalaciones del Monumental. "Es un sueño hecho realidad -apunta-, unsueño que deseo compartir con todos los que, como yo, siempre creyeron en el cine como un arte de multitudes."



RICA HISTORIA


El Monumental posee una historia de melancolía y de memoria. Fue inaugurado con el film norteamericano "Cuatro legionarios" y con los conjuntos musicales Las Aguilas Rusas y la jazz de Paul Wyer. Si bien durante años las películas extranjeras ocuparon su pantalla, los empresarios tuvieron fe en el cine nacional y sus proyecciones se hicieronmás frecuentes, por lo que el Monumental fue calificado como "la catedral del cine argentino".

Problemas de importación de films y la escasez de títulos durante la guerra mundial de 1939-45 obligaron al Monumental a presentar espectáculos de radioteatro y, luego, por su escenario transitaron compañías teatrales encabezadas por Florencio Parravicini, Olinda Bozán, Enrique Santos Discépolo, Tania y Luisa Vehil, entre otros prestigiosos intérpretes.

En 1972 la sala fue totalmente renovada, en 1996 se construyó en su subsuelo un cine teatro de quinientas localidades y en 1994 nacieron en su edificio dos salas más.

Pero la crisis ya estaba llevándose muchos cines. Así desaparecieron el Iguazú, el Concord, el Select Lavalle, el Biarritz,el Suipacha, el Sarmiento, el Alfa, el Paramount, el Ambassador, el París, el Cineplex, el Luxor y algún otro que se pierde en la memoria. A ellos se sumó, el año pasado, el Monumental.

Pero este último resurge, renovado. "Y resurge -enfatiza Feldman- como viva constancia de que no todo es negativo cuando hay voluntad y audacia empresarial."


SALA CON GRAN CAPACIDAD


Una sala con lugar para mil personas, como tendrá la principal de las cuatro del nuevo Monumental, constituye toda una rareza para los tiempos que corren en materia de exhibición cinematográfica.
Hace muchos años, era normal que los cines fueran verdaderos estadios masivos. En el primigenio Monumental, de la década del 30, entraban 1800 espectadores. Pero con los años la tendencia comenzó a inclinarse hacia el lado de las salas más pequeñas, con la idea de que en el mismo edificio se ofrecieran al público distintas propuestas, satisfaciendo expectativas disímiles y asegurando que todos los minicines pudieran estar razonablemente llenos.

Por ejemplo, la sala más grande de un complejo como el que el Village tiene en el barrio de Recoleta cuenta con 470 butacas, y las restantes disminuyen el número hasta llegar a poco más de cien localidades. Lo mismo sucede con el resto de los cines de los shoppings, que son los que en estos momentos atrae -por su confort, su diseño y la posibilidad de llevarse el pochoclo y la gaseosa al asiento- a la mayoría de la gente.

Con sus cuatro salas (una de 1000, otra de 480 y dos de 200 localidades), el Monumental quedará de este modo entre las más grandes, superada sólo por unas pocas, como el América.




El cine Monumental reabrió sus puertas

La sala de Lavalle 780 fue fundada en 1931 y dejó de tener actividad el año último

Por Adolfo C. Martínez

Como resucitando de sus cenizas y de la nostalgia, el Monumental reabrió sus puertas. La entrañable sala de Lavalle 780, aquella fundada en 1931 y convertida en la catedral del cine argentino, había cerrado sus puertas el año último, luego de que esa calle peatonal arrinconase en la desidia y el desinterés a numerosos cines que, poco a poco, se fueron transformando en locales más rentables.

El entusiasmo y el empuje de Norberto Feldman, un enamorado del séptimo arte, logró lo que parecía un milagro. Y así, anteanoche, el Monumental, remozado aunque conservando sus primigenias molduras, sus bronces y sus paredes de mármol, encendió nuevamente las luces de su coqueta marquesina y de sus cuatro salas.

La reunión tuvo el sabor de la melancolía y una renovada felicidad para quienes llegaron a ese enorme vestíbulo en el que, como el día de su inauguración, hace ya setenta años, eran recibidos por una orquesta de jazz -la Power Jazz Trío- que puso el musical telón de fondo a un cóctel y a interminables charlas.

Allí se reunieron el director del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, José Miguel Onaíndia; el subsecretario
de Industrias Culturales de la Municipalidad, Ricardo Manetti; el director de la Escuela de Experimentación y Realización Cinematográfica, Salvador Sammaritano; el responsable del Museo del Cine Pablo C. Duckrós Hicken, David Blaustein; la directora general de Museos, Mónica Guariglio, y otras autoridades. No faltaron, tampoco, varias figuras del ámbito cinematográfico -Jorge Luz, Marta Bianchi, Pablo Alarcón, Cristina Alberó y el director Aníbal Di Salvo- y numerosos distribuidores y exhibidores.


EL AYER Y EL HOY


Fernando Peña, integrante de la Asociación para el Apoyo del Patrimonio Audiovisual, se encargó de presentar la primera parte del programa integrada por un fragmento mudo de la noche inaugural del Monumental, cuando en 1937 se estrenó allí "La ley que olvidaron", de José Ferreira, con Libertad Lamarque y José Gola, en el que aparecen rostros entrañables para los amantes del cine argentino. Seguidamente, se proyectó "Mosaico criollo", un cortometraje de 1931, que se había considerado perdido. Las emotivas palabras de Norberto Feldman pusieron fin a esta primera parte de la presentación.
"Porque creo en el cine -dijo-, y porque sé que la calle Lavalle recobrará su antiguo brillo, me decidí a reabrir el Monumental. Espero que nuestro esfuerzo no sea vano y que el público vuelva a esta peatonal que es, en definitiva, el sello distintivo de lo auténticamente porteño."

La programación del Monumental estará a cargo de la empresa Village, y anteanoche, y como fin de fiesta, se ofreció en carácter de preestreno "Dulce noviembre", una producción norteamericana dirigida por Pat O´Conor y protagonizada por Keanu Reeves y Charlize Theron.

Así, entre aplausos, evocaciones y alegría, el Monumental vuelve a tener su sitio de honor en la calle Lavalle. "Por sus salas -puntualizó Feldman- pasarán los más importantes estrenos internacionales. Pero los films nacionales tendrán, sin duda, un lugar de privilegio."


PRIMER FILM SONORO DE LA ARGENTINA


"Mosaico criollo", que se presentó al público que concurrió a la reapertura del Monumental, era citado en varios libros como el primer ejercicio sonoro realizado con éxito en la Argentina. Ya Domingo Di Núbila, en el primer tomo de "Historia del cine argentino", la menciona como "la primera película sonora que se hizo en nuestro país". Sin embargo, la primigenia existencia de una copia de la película la dio el periodista e historiador Jorge Miguel Couselo en un artículo
publicado en 1978, luego de entrevistar al productor y sonidista Alfredo Murúa. Pero el tiempo pasaba y esa copia de "Mosaico criollo", un cortometraje de 16 minutos de duración, no aparecía. Sin
embargo, los integrantes de la Asociación para el Apoyo del Patrimonio Nacional no cejaron en su intento y hallaron esa copia perdida de "Mosaico criollo".

Dentro de una larga historia de paciencia y tesón, ese film realizado en 1929 pudo ser restaurado. Y hoy desfilan por sus imágenes cantantes y músicos cuyos nombres se perdieron en el tiempo, y queda como inapreciable perla una escena de la época de Rosas, titulada "El adiós del unitario", protagonizada por Nedda Francy y Miguel Faust Rocha, que se considera el primer intento de la cinematografía hablada en la Argentina.

Presentar "Mosaico criollo" en la reapertura del Monumental fue todo un acierto. Un acierto que apunta al rescate de nuestra historia y de nuestra nostalgia. .



Cine Monumental

Otros nombres: Complejo Monumental Lavalle
Tipo: Privado
Ubicación: Lavalle 780, Buenos Aires
Arquitecto: Claudio Caveri
Apertura: 1931
Características: Estilo arquitectónico Art Decó


Fuentes: http://www.lanacion.com.ar/309508-el-cine-vuelve-a-lavalle
http://www.lanacion.com.ar/312219-el-cine-monumental-reabrio-sus-puertas
http://es.wikipedia.org/wiki/Cine_Monumental_(Buenos_Aires)


viernes, 7 de febrero de 2014

CinemaFiction: Viaje al fondo del mar, 1961, de Irwin Allen.


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Por Sergio Benitez
 

A la que uno escucha el nombre de Irwin Allen, lo más seguro es que apunte sin dilación al responsable más directo de la moda de las películas de catástrofes que “azotó” el Hollywood de los años setenta. Con títulos “legendarios” de este curioso género como ‘La aventura del Poseidón’ (‘The Poseidon Adventure’, Ronald Neame & Irwin Allen, 1972) o ‘Infierno en la torre" (‘The Towering Inferno’, John Guillermin, 1974) apadrinados de forma directa por el productor y cineasta, lo que muchas veces se deja de lado —o directamente se desconoce— al hablar de forma coloquial sobre él es el papel que jugó en la configuración de la ciencia-ficción de los años sesenta a través de un puñado de series de televisión que forman parte ineludible del imaginario del género de hace cinco décadas.
Cuatro de hecho fueron las cabeceras que Allen logró poner en pie para la ABC y la CBS a través de la 20th Century Fox, a saber: ‘Viaje al fondo del mar’ (‘Voyage to the Bottom of the Sea’, 1964-1968), ‘Perdidos en el espacio’ (‘Lost in Space’, 1965-1968), ‘El túnel del tiempo’ (‘The Time Tunnel’, 1966-1967) y ‘Tierra de gigantes’ (‘Land of Giants’, 1968-1970), títulos todos de sobra conocidos por los amantes del género —y de las series de televisión, claro está— que, vistos hoy, pecan de ser hijos incuestionables de su época, algo que no es óbice para desdeñarlos o cuestionar la impronta que dejaron en la iconografía estadounidense.

Imaginada primero como producción para la gran pantalla, ‘Viaje al fondo del mar’ suponía la tercera ocasión en la que Irwin Allen se ponía detrás de la cámara para firmar una producción cinematográfica —las dos primeras habían sido las irregulares ‘Historia de la humanidad’ (‘The Story of Mankind’, 1957) y ‘El mundo perdido’ (‘The Lost World’, 1960)— incidiendo de nuevo el cineasta en aproximarse al género de ciencia-ficción y fantasía que ya había explorado con anterioridad con una historia que sigue las aventuras de un submarino experimental que debe hacer frente a una implausible catástrofe natural que amenaza con aniquilar a la vida sobre el planeta, el incendio del cinturón de Van Allen.
Prefigurando pues en cierto sentido el tipo de cine por el que Allen terminaría siendo reconocido —por ejemplo, el reunir a un reparto más o menos estelar—, ‘Viaje al fondo del mar’ se aparta por completo de lo que veíamos en ‘El día que la Tierra se incendió’ (‘The Day the Earth Caught Fire’, Val Guest, 1961): si el filme británico intentaba alejarse de forma consciente de los patrones que habían marcado el género al otro lado del charco durante la década de los cincuenta, la episódica producción que hoy nos ocupa abraza con fuerza muchas de las características que, como seguimos explorando en este ciclo, determinaron el devenir de la ciencia-ficción durante tan prolíficos años.

Encabezado por Walter Pidgeon en la piel del comandante Nelson, y con nombres como Joan Fontaine, Peter Lorre, Robert Sterling o el ubicuo Frankie Avalon —que, como no, pone voz a la cancioncilla de turno de los créditos— el reparto dirigido por Allen hace frente a una historia que, como decía, se antoja en exceso episódica, con pequeñas subtramas que deberían conducir a un evento de mayor envergadura que no llega, yendo el guión de aquí para allá con la esperanza de sustentar sus 105 minutos de metraje en una tensión que nunca se siente como tal y en unas secuencias de acción que carecen de la suficiente entidad, llegando a recurrir al “monstruo subacuático gigante” para desespero de los que busquen algo diferente.
Su excesiva duración, falla esta última que quedaría expuesta a la perfección cuando el filme se remontó, ya sin la presencia de Pidgeon, como uno de los episodios de la segunda temporada de la serie de televisión, juega también en contra de la percepción final del filme, una percepción a la que se añaden inexplicables mimbres del argumento —¿qué pintan Peter Lorre y ese acuario con un tiburón?—, los acartonados personajes, y ciertas actitudes incomprensibles por parte de la gran mayoría de ellos. En este sentido hubiera sido de agradecer, por ejemplo, un atisbo de duda en la categórica determinación del personaje de Nelson, con un talante de “esto se hará caiga quién caiga”, que hace muy antipático al que, en esencia, es el “héroe” de la acción.
Contrarrestados en parte por un diseño de producción que derrocha imaginación —el diseño del submarino es de una elegancia espléndida— en parte por la ligereza y el humor subyacente con los que se trata la acción en términos generales, ‘Viaje al fondo del mar’ es una de esas películas sobre las que el mejor juicio de valor que se puede emitir es algo así como “no está mal, es entretenida”. Como tal, es obvio que la cinta no soporta segundas lecturas, aunque dudo mucho que formara parte de las intenciones de Allen el poder llegar a exigírselas.
Título original Voyage to the Bottom of the Sea
Año 1961
Duración 105 min.
País Estados Unidos
 
Director Irwin Allen
Guión Irwin Allen, Charles Bennett (Historia: Irwin Allen)
Música Paul Sawtell, Bert Shefter
Fotografía Winton C. Hoch, John Lamb

Reparto

Walter Pidgeon, Joan Fontaine, Barbara Eden, Peter Lorre, Robert Sterling, Michael Ansara, Frankie Avalon, Regis Toomey, John Litel, Howard McNear, Henry Daniell, Skip Ward, Mark Slade, Charles Tannen, Del Monroe
 
Productora 20th Century-Fox
Género Aventuras. Ciencia ficción 


 

lunes, 3 de febrero de 2014

Sabias que...






El rodaje de "La playa" en la isla tailandesa Ko Phi Phi Lee fue polémico : la producción destrozó dunas naturales y arrancó palmeras, y tuvo que recuperar la zona después de la protesta que realizó un grupo de ambientalistas.






En "Cuenta conmigo", film basado en una novela de Stephen King, la escena de las sanguijuelas en el estanque está inspirada en una vivencia del escritor cuando era adolescente.







Cuando Steven Spielberg notó que el agua salada averiaba el mecanismo de los cuatro tiburones construidos para rodar "Tiburón", optó por sugerir su presencia ante la cámara en lugar de mostrarlo y así logro que el film tuviera mucho suspenso (y éxito).


Fuente: Revista Miradas, Enero 2014.