Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 27 de julio de 2008

La pelicula olvidada: El rapto de Bunny Lake








Creo que la palabra que mejor define ‘El Rapto de Bunny Lake’ es
inquietante. Desde que comienza, con esos magníficos títulos de
crédito de Saúl Bass, la película de Otto Preminger atrapa
nuestra atención y casi nos mantiene sin respiración, como sí
estuviéramos sentados realmente frente a lo que ocurre y al
movernos fuésemos a interrumpir la acción. No estamos ante un film
de terror pero lo que se cuenta en ella y, sobre todo, como esta
contado, tiene un aire de pesadilla ciertamente perturbador.
Resulta extraordinaria la forma en que se va agobiando a la
protagonista, con esa atmósfera irreal, más propia de otro mundo,
o quizá de otra forma de ver/vivir en este mundo. En lugar de
atemorizar con el cansino recurso de un asesino psicópata que
acuchilla jovencitas o el no menos absurdo de un ser maligno que
destroza seres humanos, Preminger nos deja paralizados con un terror
cotidiano, el que se deriva de perder a un ser querido en un mundo
egoísta, que solo mira por lo suyo. Pero también el que nos
envuelve al cuestionarnos la realidad de las cosas y, por ultimo,
nuestro propio juicio.

‘El Rapto de Bunny Lake’, titulo original (Bunny Lake is Missing), 1965,
es una historia, basada en la novela de Evelyn Piper, que gira
en torno a Ann Lake, que acaba de mudarse a Londres con su hija Bunny.
Cuando va a recoger a la niña al colegio después de su primer
día, descubre que no hay rastro de ella por ninguna parte. Nadie
sabe nada de Bunny, nadie la ha visto. Denunciada la desaparición,
la policía se encuentra sin pruebas de la existencia de la
pequeña, sospechando que realmente todo es una invención…

Apoyado en una impresionante fotografía en blanco y negro,
Preminger nos sumerge en una historia que pretende empezar de forma
relajada, a pesar de que pronto notamos que “algo” no va bien; un
escenario donde el espectador se encuentra totalmente perdido y va
comprendiendo poco a poco, tanto lo que ocurre como a quien le
ocurre, atando cabos, o creyendo atarlos. El tratamiento del
suspense es magistral, así como la puesta en escena. Ojo a como
esta rodada la inspección del colegio, por ejemplo, dando en todo
momento la sensación como decía antes, de que estamos realmente
allí, siguiendo a escondidas el transcurso de los acontecimientos.

El reparto protagonista de ‘El Rapto de Bunny Lake’ lo encabezan
Carol Lynley, Keir Dullea y Laurence Olivier. Lynley interpreta a
Ann, el personaje central de la historia, logrando una magnifica
composición, haciendo creíble en todo momento un rol muy
complicado que oscila entre la inocencia, la locura, el miedo y la
desesperación. En cuanto a Dullea, recordado por protagonizar la
mítica ‘2001’, encarna al extraño hermano de Ann, un hombre que
incomoda con esa actitud tan tranquila, tan fría, logrando también
un excelente trabajo; no quiero añadir mas, pues es quien tiene la
clave de todo el oscuro misterio que rodea a Ann y Bunny, como
cualquier espectador entiende muy pronto. Por supuesto, Laurence
Olivier también brilla, interpretando al veterano, cerebral y
eficaz investigador que debe resolver el caso (sus razonamientos y
sospechas son las del espectador). Tiene un papel similar, a mí
parecer, al de Henry Fonda en ‘El Estrangulador de Boston’, de
Richard Fleischer.

Destacar también la breve pero importante presencia de Noel Coward,
con un particular personaje, el de “casero artista”, que alimenta él
miedo y la inseguridad de Lynley. En este sentido, es crucial que en
la película nadie parece querer ayudar a Ann, sino todo lo
contrario, engañarla, acosarla, maltratarla o simplemente obviarla.
Como muestra, la secuencia en el bar, cuando cambian de canal para
poner música alegre, en lugar de atender a las noticias sobre la
desaparición de Bunny. De nuevo esa sensación de estar en un
inquietante mundo irreal, donde todo parece dispuesto para que lo
pases mal hasta que, por fin, consigas liberarte y abrir los ojos.
En alguna ocasión me vino a la mente otra (muy destacable) obra de
Preminger, ‘Voragine’.

Sobre esto mismo gira la secuencia en la que la dueña del colegio
(otro personaje “de otro mundo”) comienza a referirse a la
imaginación que tienen los nietos cuando sueñan; fundamental para
comprender el desenlace pero también para crear la atmósfera. Y
sobre los niños, su imaginación, su mente, su fragilidad, y esa
irrealidad que se respira en toda la película, mencionar la
memorable secuencia, bañada en oscuridad, de la tienda de muñecas,
lugar donde comienza a fracturarse la primera capa de las
apariencias y desvelarse el núcleo de todo.

En conclusión, ‘El Rapto de Bunny Lake’ es un incomodo, oscuro y
fascinante thriller psicológico con el que Otto Preminger consigue
que nos planteemos, sin efectos especiales, recursos fantásticos o
parafernalias digitales, si estamos viviendo la terrible realidad o
una pesadilla terriblemente real. De obligado visionado. Y por
cierto, esperemos que se abandone la idea del remake que planea
realizar Joe Carnahan, director que, por otra parte, hasta él
momento, me gusta. Pero es que, sencillamente, este film no puede
ser mejorado, y el director no es precisamente él mas indicado. Ficha Tecnica:


Ficha Tecnica:

Título Original: Bunny Lake is missing
Año: 1965, EE.UU.. Drama. 107 min.
Director: Otto Preminger
Guión: John Mortimer y Penelope Mortimer.
Basado en una novela de Marryam Modell.
Música: Paul Glass.
Temas musicales: Just Out of Reach, Nothing's Changed y Remember You.

Intérpretes:

Laurence Olivier,
Carol Lynley,
Keir Dullea,
Martita Hunt,
Anna Massey,
Clive Revill,
Lucie Mannheim,
Finlay Currie,
Rod Argent,
Paul Atkinson,
Colin Blunstone,
Hugh Grundy,
Chris White,
Noel Coward,
Adrienne Corri,
Megs Jenkins,
Delphi Lawrence,
Jill Melford,
Suzanne Neve,
Damaris Hayman,
Jane Evers,
Lisa Peake,
Kika Markham
y Ann Lancaster.

Fuente: Blog de cine.

sábado, 26 de julio de 2008

Whoopi Goldberg: un icono de los '90




Caryn Elaine Johnson (nacida en Nueva York el 13 de noviembre de 1955), mejor
conocida como Whoopi Goldberg, es una actriz de comedia estadounidense.

Casada con Alvin Martin (1973-1979), con David Claessen (1986-1988) y con Lyle Trachtenberg (1994-1995).

Biografía

Aunque su padre era un pastor protestante, Goldberg afirma
que en su familia existe una amplia mezcla de religiones - desde católicos a
budistas o judíos. Su nombre artístico lo tomó de los "whoopie cushion"
(literalmente, "cojín pedorreta"), aunque optó por cambiar el apodo por el de
Goldberg cuando su madre le comentó que con el nombre inicial nadie la iba a
tomar en serio.

A los ocho años ya actuaba en una pequeña compañía a la que su madre le apuntó
porque sabía que tenia dotes de actriz, aunque siempre le ponían de árboles y
cosas similares. Siendo una adolescente se enganchó a la heroína, adicción que
superó al quedarse embarazada de su única hija, Alexandra Martín. Fue
encofradora de la construcción, cajera y maquilladora de cadáveres, antes de
llegar al estrellato.

A partir de entonces todo le empezó a salir bien. Después de saborear el éxito
como cómica en San Francisco, Goldberg creó un espectáculo propio en 1983
llamado "The Spook Show", con el que llamó la atención de Mike Nichols quien
produjo para ella una obra en Broadway llamada "Whoopi Goldberg" que estuvo en
cartel desde el 24 de octubre de 1984 hasta el 10 de marzo de 1985, con un total
de 156 representaciones. La actuación de Goldberg atrajo la atención de Steven
Spielberg, quien la contrató para protagonizar la película "El color púrpura"
(1985), una adaptación de la novela de la Premio Nobel Alice Walker. Por esta
película, Golberg consiguió su primera candidatura a un Oscar de la Academia en
la categoría de Mejor actriz. Sin embargo, en la mayoría de las películas que
hizo en los años 80 interpretó papeles cómicos ("La ratera", "Belleza mortal",
"Jumpin' Jack Flash"), aunque también realizó películas orientadas a la familia
("El corazón de Clara").

Pero no fue hasta 1990 cuando protagoniza uno de los papeles más conocido de su
carrera, el de una falsa espiritista que se las arregla para entrar en contacto
con un fantasma en la película "Ghost"(La sombra del amor); por este papel, consiguió el Oscar de la academia a la Mejor actriz de reparto. Cimentó su estatus de actriz cómica en 1992 en el papel de una cantante de cabaret que se esconde en un convento para
escapar de la mafia y que crea un coro. La película se llamó "Sister Act", de
cuya secuela se convirtió en la actriz mejor pagada de la historia. También
interpretó un papel en algunas películas de la serie Star Trek, de la cual es
una admiradora desde niña. Ha actuado en películas de mucho éxito y premiadas
como Fantasmas del pasado de Rob Reiner, nominada a dos Oscar, Inocencia
Interrumpida, ganadora de un Oscar.

Hasta octubre de 2002 Goldberg había aparecido en 149 películas. Ha recibido dos
nominaciones a los Premios Oscar de las que ha ganado una, convirtiéndose en la
segunda actriz negra en recibir un Oscar de la academia, la primera fue Hattie
McDaniels, con una diferencia de unos 50 años entre. Cinco nominaciones a los
Premios Emmy. También ha recibido tres nominaciones a los Globos de Oro, ganando
dos de ellos. Premios Tonny, por sus obras de teatro en Broadway, un Grammy y
muchos premios por su trabajo o por la labor social. Incluso fue la maestra de
ceremonia de los Oscars en las ediciones que se celebraron en los años 1994,
1996, 1999 y 2002.

Whoopi GoldbergHa escrito varios libros, "Book" best seller en Estados Unidos,
"Alice" un cuento para niños, y algún que otro libro más.
Conocida por sus obras de caridad, es embajadora de manos unidas y es
propietaria de varias ong, en las que cuenta con el apoyo de Robin Williams y
Billy Cristal en una de ellas, Comic Relief.
Ha doblado muchas películas de dibujos animados, El Rey León, Pinocho 3000, El
guardián de las palabras, Doogal, Racing Stripes, o puesto su voz a series como
El capitán planeta.
Productora de series como Doctoras de Philadelphia o su propia serie Whoopi, en
la que es dueña de un hotel.

Whoopi Goldberg también ha trabajado en televisión. Estuvo emparejada con Jean
Stapleton en la comedia de situación de la CBS "Bagdad Café" durante dos
temporadas (1990 - 1991), o dos años con el conocido Ted Danson, al que conoció
en el rodaje de Made in America. También tuvo un talk show (The Whoopi Goldberg
Show) entre 1992 y 1993. Entre el otoño de 2003 y mayo de 2004, protagonizó otra
comedia de situación llamada "Whoopi" en la cadena NBC.
En la Actualidad [editar]Presenta un programa de humor en una emisora de radio
estadounidense, el programa se llama Wake Up with Whoopi. También aparece en una
serie llamada Todo el mundo odia a Cris y continúa con Comic Relief.
A pesar de lo difícil que es encontrar trabajo para las mujeres mayores de 50
años en Hollywood, Whoopi puede presumir de que, aunque no protagonice películas
para la gran pantalla, sí lo haga para la televisión de allí y continúe haciendo
programas televisivos, espectáculos en Broadway, escribiendo libros, produciendo
series y películas...

Es además una mujer que ha logrado estar en lo más alto y ser una de las mujeres
más influyentes de Estados Unidos, siendo odiada y censurada varias veces por
estar en contra de la política del presidente George W. Bush. Asiste también a
manifestaciones a favor del aborto y colabora en la ayuda a enfermos contra el
sida.


Filmografía Cine

Citizen (1982)
El color púrpura (1985)
Jumpin' Jack Flash (1986)
La ratera (1987)
Belleza mortal (1987)
The Telephone (1988)
El corazón de Clara (1988)
Comicitis (1989) (cortometraje)
Beverly Hills Brats (1989) (Cameo)
Homer & Eddie (1989)
Ghost,la sombra del amor (1990)
El largo camino a casa (1990)
Wisecracks (1991) (documental)
Blackbird Fly (1991) (cortometraje)
Cambio de habito (1991)
El Juego de Hollywood (1992)
Escándalo en el plató (1992)
Sarafina! (1992)
The Magical World of Chuck Jones (1992) (documental)
Desnudo en Nueva York (1993)
Con el arma a punto (1993) (Cameo)
Made in America (1993)
Cambio de habito, de vuelta al convento (1993)
Liberation (1994) (documental) (narradora)
El rey león (1994) (voz)
Una pandilla de pillos (1994)
Corina, Corina (1994)
Star Trek: la próxima generación (1994)
El guardián de las palabras (1994) (voz)
Sólo ellas... los chicos a un lado (1995)
El celuloide oculto (1995) (documental)
Moonlight and Valentino: mujeres bajo la luna (1995)
Dino Rex (1995) Eddie (1996)
El club de los vampiros (1996) (Cameo)
Bogus (1996)
Cómo triunfar en Wall Street (en un par de horas) (1996)
Fantasmas del pasado (1996)
Pitch (1997) (documental)
Mary Pickford: A Life on Film (1997) (documental) (narradora)
Destination Anywhere (1997)
In & Out (1997) (Cameo)
An Alan Smithee Film: Burn Hollywood Burn (1997) (Cameo)
Titey (1998) (cortometraje) (voz)
Alegría (1998)
Cómo Estela recuperó la marcha (1998)
Junket Whore (1998) (documental)
Rudolph the Red-Nosed Reindeer: The Movie (1998) (voz)
Rugrats: La película - Aventuras en pañales (1998) (voz)
Alicia en el país de las maravillas (1999)
Get Bruce (1999) (documental)
En lo profundo del océano (1999)
Inocencia interrumpida (1999)
Las aventuras de Rocky y Bullwinkle (2000) (Cameo)
A Second Chance at Life (2000) (documental) (narradora)
Más perros que huesos (2000)
Golden Dreams (2001) (cortometraje)
Kingdom Come (2001)
Monkeybone (2001)
Ratas a la carrera (2001)
The Hollywood Sign (2001) (Cameo)
Searching for Debra Winger (2002) (documental)
Showboy (2002) (Cameo)
Star Trek: Nemesis (2002)
Unchained Memories: Readings from the Slave Narratives (2003) (documental)
(narradora)
Pauly Shore Is Dead (2003)
Bitter Jester (2003) (documental)
Beyond the Skyline (2003) (cortometraje)
Blizzard: el reno mágico (2003) (voz)
PK3: Pinocho 3000 (2004) (voz)
The N-Word (2004) (documental)
SuperBabies: Baby Geniuses 2 (2004) (Cameo)
Jiminy Glick in Lalawood (2004) (Cameo)
The Aristocrats (2005) (documental)
Racing Stripes (2005) (voz)
Un Argentino en New York (película argentina)
It's Under My Skin (2006)
The Last Guy on Earth (2006)
Yankee Irving (2006) (voz)
Doogal (2006) (voz)

Televisión

Whoopi Goldberg: Direct from Broadway (1985)
Carol, Carl, Whoopi, and Robin (1987)
Whoopi Goldberg: Fontaine... Why Am I Straight (1988) (también guionista)
Star Trek: The Next Generation (miembro del equipo entre 1988 y 1993)
My Past Is My Own (1989)
Kiss Shot (1989)
Tales from the Whoop: Hot Rod Brown Class Clown (1990)
Bagdad Cafe (1990 - 1991)
Captain Planet and the Planeteers (1990 - 1993) (voz)
Defenders of Dynatron City (1992) (voz)
The Whoopi Goldberg Show (1992 - 1993)
Yuletide in the 'hood (1993) (voz)
A Cool Like That Christmas (1994) (voz)
The Sunshine Boys (1995) (Cameo)
Happily Ever After: Fairy Tales for Every Child (1995 - 1999) (voz)
Mother Goose: A Rappin' and Rhymin' Special (1997) (voz)
Cenicienta (1997)
A Knight in Camelot (1998)
The Hollywood Squares (cuadrado central entre 1998 y 2002) (también
productora)
Alicia en el país de las maravillas (1999)
Jackie's Back! (1999)
Foxbusters (1999 - 2000) (voz)
The Magical Legend of the Leprechauns (1999)
What Makes a Family (2001) (también productora ejecutiva)
Call Me Claus (2001) (también productora ejecutiva)
Madeline: My Fair Madeline (2002) (voz)
It's a Very Merry Muppet Christmas Movie (2002)
Good Fences (2003) (también productora)
Whoopi (2003 - 2004) (también productora ejecutiva)
Littleburg (2004) (cancelada después de cinco capítulos)
Whoopi: Back to Broadway - the 20th Anniversary (2005) (también productora
ejecutiva y guionista)
También ha participado en multitud de episodios de Plaza Sésamo.


Premios Oscar

1990 Oscar a la mejor actriz de reparto ganadora por Ghost, la sombra del amor.
1985 Oscar a la mejor actriz nominada por El color purpura.

Fuente: "http://es.wikipedia.org/wiki/Whoopi_Goldberg"

lunes, 21 de julio de 2008

La memoria del Metro



RECUERDOS DE AQUEL CINE COQUETO Y DISTINGUIDO

Por Demian Verduga
dverduga@miradasalsur.com


Miles de porteños, presos del vértigo diario pasan el umbral del cine Metro. Abierto en 1956, fue el más espectacular durante décadas. Portafolio en mano y celulares de última generación corren caminando sin detenerse. Quizás, en poco tiempo, ni la nostalgia se acuerde de lo que hubo antes de la tanguería que hoy ocupa el edificio.
Pero, parado a la puerta reformada, la memoria trae imágenes: aquellas marquesinas iluminadas por los pequeños focos y títulos de películas en letras de molde color negro. "Cupido motorizado" es el nombre que viene del recuerdo. Escrito en el cartel central, la película se pasó en la sala más grande, con capàcidad para 1200 personas. La imponencia del cine y sus luces eran un boleto a las grandes capitales del mundo. Las entradas se compraban en una boletería semicircular que daba a la calle Cerrito con pequeñas aberturas en la base de la ventana. Dentro de esa pecera, dos señores vestidos de traje gris con moño negro y gesto enjuto cambiaban dinero por emoción. En el hall, antes de entrar a la sala, los pisos eran de mármol gris y la tentación de subir y bajar por la escalera mecánica que se erguía y llevaba a las otras dos salas de la segunda planta era inevitable.
En la imponente sala, las filas parecían llegar al infinito y, el escenario, al igual que el telón de terciopelo bordó, eran dignos de los teatros más selectos. El ritual empezaba cuando el caramelero, vestido con su chaleco bordó, comenzaba a circular a los costados de las butacas y ofrecía: "Maní con chocolate. Caramelos". Y los nenes tironeaban del abrigo de sus madres para que llamaran al hombre que llevaba las golosinas en una caja de madera colgada del hombro. El caramelero se acercaba pidiendo permiso y ofrecía sus manjares.
Al apagarse las luces, el suspenso invadía a los espectadores pero, cuando se abría el telón y comenzaba la película en aquella enorme pantalla, el viaje hacia el mundo de la magia del cine era inmediato. La sala era tan grande que había lugar para los enamorados que aprovechaban la salida: en algunas de las filas del fondo había parejas envolviéndose en sus brazos, besándose, acariciándose, iluminados por la luz que emitía la pantalla.
Cuando terminaba la función y se salía de la sala todavía había tiempo para que los chicos jugaran en el hall o pidieran una última golosina en el kiosco. Después se podía salir y caminar hasta Avenida Corrientes, dejarse atrapar por sus luces y terminar la noche sentado en alguna de sus pizzerías.
Ahora los transeúntes siguen pasando con la locura de cualquier día de semana: algunos andan solos, otros acompañados charlan, sonríen, y siguen caminando.
El mozo del bar lindante se asoma a la vereda, mira a un lado y otro de la cuadra y vuelve a guardarse en el local. Pero, a pesar de la vorágine, es posible detenerse en esta cuadra de Cerrito al 500, frente al edificio donde estuvo el grandioso cine y recordar , como si se tratara de una película que, en este momento, acaba de terminar.
Pero todavía hay unos minutos para dejar a la imaginación viajar en el tiempo, a aquellas películas que atesoramos en las retinas, a mirar los créditos que continúan pasando, uno tras otro, en la pantalla gigante de un cine que hoy ya no es pero que sigue intacto en la memoria colectiva.

Fuente: Miradas al Sur, Domingo 13 de julio de 2008, Buenos Aires, Argentina.

lunes, 7 de julio de 2008

Un tesoro que no se esperaba


Cuando el mundo daba por perdida la versión auténtica de la obra maestra de Fritz Lang, ésta fue encontrada por la directora del Museo del Cine en los archivos de esa institución, donde permanecía en las sombras desde 1992.


La versión original de Metrópolis, la obra maestra del cine mudo alemán que se daba por perdida, reapareció en Buenos Aires, más precisamente en el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken. “Sí, es material del auténtico Metrópolis; conozco el film y no hay duda”, aseguró ayer Martin Koerber, restaurador de la versión que se conocía hasta ahora de esa joya de la historia del cine y uno de los tres expertos que han inspeccionado el material. Se trata de un conjunto de escenas dadas por desaparecidas desde hace décadas, que ofrecen una perspectiva “distinta” de la parábola futurista de Fritz Lang.

Esta copia de Metrópolis, tal como Fritz Lang la presentó en 1927, tiene múltiples rayaduras, dado que no ha pasado por las manos de un restaurador, lo que no implica, según el experto, que no sea un tesoro del cine. “Cómo fue a parar a Buenos Aires es algo que no puedo decirle. Es exclusiva de Die Zeit: es una historia misteriosa por la que habrán pagado lo suyo. Lo sabrán usted y todos los lectores en su versión completa en el quiosco”, bromeó Koerber. Se sabe hasta el momento que esta historia llena de suspenso de la reaparición de Metrópolis empieza cuando la actual directora del Museo del Cine de Buenos Aires, Paula Félix-Didier llegó a la redacción de Die Zeit con la versión íntegra del film desaparecido hace 80 años. La estaban esperando expertos restauradores de la obra de Lang invitados por la publicación y dispuestos a cotejar el material. Los tres especialistas le dieron rango de hallazgo sensacional.

Se trata, al parecer, de la versión que Lang presentó en enero de 1927 en Berlín. La trama de la película es conocida: Metrópolis es la ciudad futurista donde los trabajadores viven bajo tierra y donde el hijo del explotador se enamora de una muchacha operaria. Así se presentó y así se vio en Berlín hasta mayo de ese mismo año. Luego se perdió, hasta que reapareció hace una semana en el equipaje de la directora del museo, que hoy a las 17, en la sede de la Dirección de Museos porteña, dará más precisiones sobre su travesía alemana con el original de Metrópolis en sus manos.

Según la reconstrucción de los hechos que se publicará en Die Zeit, el rescate del material se debe, en primer lugar, a Adolfo Z. Wilson, de la distribuidora Terra, que se llevó a Buenos Aires una copia para mostrarla en los cines argentinos. De sus manos pasó a las de Manuel Peña Rodríguez, un coleccionista privado, que en los ’60 se la vendió al Fondo Nacional de las Artes, al parecer desconociendo su valor. La copia fue a parar en 1992 al Museo del Cine, cuya dirección asumió en enero Paula Félix-Didier.

La directora del museo empezó a sospechar que se podía tratar del original de Metrópolis cuando notó la extraordinaria duración del film, mucho mayor de la que consta en la versión hasta ahora conocida. Así descubrieron, junto a otros expertos locales, las preciadas escenas perdidas. Félix-Didier quería, según Die Zeit, que el hallazgo saltara a la luz en Alemania, el lugar donde trabajó Lang. Un contacto con una redactora de la prestigiosa publicación alemana hizo el resto: la cadena del descubrimiento se puso en marcha. Las escenas ahora recuperadas –pudo adelantarse– son “esenciales” para la comprensión cabal del film.

No sólo se entiende por fin el papel de algunos de los protagonistas, sino que además gana en dramatismo la secuencia de la salvación de los niños desde la ciudad de los trabajadores. “Hay que ver la película de nuevo”, recomendó Rainer Rother, director de la Filmoteca de Berlín y de la sección Retrospectiva de la Berlinale. Entretanto, el director de la Fundación Friedrich Wilhelm Murnau, que tiene los derechos sobre Metrópolis, pidió un tratamiento “responsable” de la copia recuperada, para que llegue al público de la forma adecuada.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10526-2008-07-03.html

Despedidas, Sidney Pollack (1934-2008)












El amo del infierno

El 27 de mayo pasado, el cine perdió al director de algunas películas buenas (Tootsie, Los tres días del cóndor), otras no tanto (Havana, La intérprete) y algunas que no muchos recordarán dentro de unos años (Sabrina). Pero, sobre todo, perdió a un actor de pocos minutos por película que se las había ingeniado para convertirse en la persona imprescindible a la hora de filmar esa escena fundamental alrededor de la que una trama cobra su verdadero sentido. Por eso, este triste adiós a Sydney Pollack en su faceta menos espectacular.


Por Mariano Kairuz
La escena era más o menos así: Victor Ziegler, un hombre afable pero inquietante, llamaba a Bill en medio de la noche. Se mostraba amistoso, le ofrecía cognac. Y serio pero tranquilo, procedía a hablarle a Bill sobre algunas de esas cosas que ha visto pero que no debió haber visto, sobre alguna confianza traicionada, y sobre una muerte. Con la misma tranquilidad, le hacía saber a Bill que todo aquel asunto ya había sido arreglado, e incluso que lo había hecho seguir por uno de sus hombres, y que ya no debía hablarse más de ello. La escena, un momento difícil de olvidar de Ojos bien cerrados, era tan misteriosa pero tan sencilla en el fondo como lo era toda la última película de Stanley Kubrick. Bill era Tom Cruise y Victor Ziegler, el oscuro amo de las fiestas orgiásticas, un tipo de apariencia perfectamente común y transparente como esos a los que de alguna forma siempre consigue parecerse Sydney Pollack.

Ocho años más tarde, Pollack volvía a ocupar un lugar equivalente en Michael Clayton, el film de Tony Gilroy con George Clooney que él mismo coprodujo el año pasado. Con Marty Bach, uno de los hombres más importantes de un enorme estudio de abogados –un personaje secundario sólo en términos de tiempo en pantalla– encarnó la verdadera conciencia de la película. Detrás de un guión excesivamente bienpensante, saturado de grandes intenciones y con un final demasiado indulgente con su público (el abogado que lleva años trabajando para una corporación legal multimillonaria sufre un repentino golpe de conciencia y se decide a “hacer lo correcto”), parecía estar Bach/Pollack, y cada una de sus líneas de diálogo parecen ser el llamado del sentido común, aquello que uno querría decirle al protagonista en el momento mismo en que está a punto de quemar las naves. Bach/Pollack es el hombre que lo ve venir e intenta frenarlo a tiempo; el hombre fuerte de la firma que se anticipa y que le explica que esto que está pasando no es una grieta en el sistema, sino que es el sistema mismo. “¿Me vas a decir que esto es nuevo para vos?”, lo increpa Bach/Pollack a Clayton/Clooney. “Este caso está podrido desde el principio. Pero ¿después de quince años todavía tengo que explicarte qué es lo que hacemos para pagar las cuentas?”

Ziegler y Bach como dos personajes poderosos, los hombres capaces de ponerse por atrás de todo, que saben no cómo solucionar las cosas, sino que ya entendieron que hay cosas que no se solucionan, que conocen, aceptan y manejan las reglas del juego, y que les ofrecen a los demás sumarse (o salirse bajo su propio riesgo). No es sólo la manera en que esos diálogos y esas escenas están escritas; hay algo en Pollack, una seguridad, la convicción con la que se mete en esos personajes, que lo convierten en el actor perfecto para esas escenas. Se sabe que el personaje de Ziegler iba a hacerlo originalmente Harvey Keitel, pero es imposible imaginarlo en Ojos bien cerrados después de haberlo visto a Pollack: Keitel nunca hubiera brindado esa extraña sensación de confianza que ofrece Pollack aun en su faceta más siniestra. Hay (había) una fuerza en Pollack que vinculaba a personajes como Bach y Ziegler. Tipos enormes que no revelan demasiado sobre sí mismos pero que se muestran confidentes, diabólicamente relajados en ambientes y situaciones que para el resto del mundo podrían ser el mismísimo infierno.

Lo que está claro es que con la muerte de Sydney Pollack, el lunes pasado, de cáncer, a los 73 años, se fue un director desparejo, pero lo que el cine perdió fue por encima de todo a un gran actor. Y lo notable es que, mientras Pollack se empeñó en seguir dirigiendo –una tarea que, decía, lo desbordaba; un proceso que lo volvía loco–, consiguiendo algunas películas buenas, otras muy flojas (la remake de Sabrina, o Destinos cruzados), y alguna que tenía lo suyo pero que hacía extrañar sus mejores épocas (como La intérprete, 2005, con Sean Penn y Nicole Kidman, evocó Los tres días del cóndor, 1975), se consolidó como ese gran actor celebrado por muchos, pero sólo ocasional y hasta un poco renuente. Nacido en Lafayette, Indiana, en 1934, su primera formación había sido como intérprete, estudiando con Sanford Meisner (el legendario creador de un método interpretativo) y trabajando luego como su asistente en los ’50. Serían John Frankenheimer y Burt Lancaster los que, sorprendidos por su capacidad para guiar a otros actores, lo convencieron de dedicarse a la realización. Y eso hizo de manera casi exclusiva, entonces, hasta 1982, cuando Dustin Hoffman, con quien estuvo en guerra desde el inicio de rodaje de Tootsie, lo conminó a interpretar él mismo el papel del representante del protagonista. Esa perfecta, sensible e inesperada actuación de Pollack como George Fields reencendió una mecha que el director creía haber apagado para siempre, valiéndole los llamados de Robert Altman (The Player: las reglas del juego) y Woody Allen (Maridos y esposas).

De los muchos críticos de cine que valoraron al Pollack actor, Michael Sragow es uno de quienes mejor lograron definirlo. En un artículo publicado poco después del estreno de Ojos bien cerrados, escribió: “Era evidente que Kubrick se había encontrado con que delante de cámara, Pollack proyectaba una presencia muy firme, de fortaleza, que regocija. Ningún actor podía proveer lo que Kubrick le pidió a Pollack que hiciera en Ojos: dos secuencias en las que debía darle una espina realista a una narrativa pesadillesca, una columna a una película que se sacude como una hamaca. Pero Pollack está magistral en su primera escena, cuando les da la bienvenida a Cruise y a Kidman a su lujosa fiesta. En el medio de la fiesta, llamaba al médico interpretado por Cruise a sus cuarteles privados, donde una voluptuosa drogona se había dado una sobredosis. Cuando Cruise le aconsejaba mantenerla allí durante una hora, la bonhomía de Pollack se disolvía para revelar no angustia ni pánico, sino la concentración precisa de un hombre que tiene demasiadas cosas en su cabeza. Soplaba su labio inferior, hacía un suave sonido de frustración y asentía –y era instantáneamente creíble como un astuto broker de Manhattan–. Era un papel que Fredric Raphael, el coguionista de Kubrick, consideraba esencial: el del padre protector y castrador del personaje de Tom Cruise. Y era como si Pollack, con Tootsie, Maridos y esposas y esta película, se hubiera convertido en un especialista en humanizar a hombres cuyo proceso de trabajo los consume y los vuelve solipsistas”.

En su sentida despedida publicada esta semana, Stephanie Zacharek, la crítica de cine de Salon.com, escribe: “En los últimos años, aun en un pequeño rol e incluso en una mala película, Pollack a menudo podía ser el espíritu que guiaba el film. A veces con una sola línea de diálogo iluminaba todo aquello que nos hace humanos: tenía esa manera de hacernos reconocer pequeñas partes de nosotros en un personaje que podía –creemos– no ser para nada como nosotros. No es una contribución menor, representa aquello por lo que seguimos yendo al cine”.

La última película de Pollack como director es un documental de bajo presupuesto, una larga entrevista al arquitecto Frank Gehry, todavía inédito por acá. Su última participación del otro lado de la cámara fue en Quiero robarme a la novia, una comedia que llega esta semana precedida de críticas muy duras en su país. Se dice que tiene muy pocas escenas, con diálogos y chistes muy bobos, pero que, una vez más, ahí está la humanidad que Pollack es capaz de inyectarle a cada personaje, no importa qué tan fugaz sea (o mal escrito esté). Y que eso lo ha convertido en lo único que quedará de la película mucho después de que haya sido enteramente olvidada.



Lo que sé

Por Sydney Pollack

Cuando salí del secundario quería ser actor. Pero no creía que fuera a tener suficiente suerte como para vivir de eso. Y de hecho, nunca lo hice hasta que abandoné la actuación: ésa es la ironía de mi vida. De todos modos, fui a Nueva York y entré a una muy buena escuela de actuación, de pura suerte, no porque fuera inteligente o supiera algo al respecto.

He actuado en mis propias películas un par de veces y debo decir que en rigor de verdad, fue para ahorrar dinero.

Cuando hice Tres días del cóndor le cortamos al libro toda la trama del tráfico de heroína. Estaba mucho más interesado en tipos de la CIA que están tratando de ayudarnos y hacen algo considerado inmoral, que en unos tipos que son simplemente inmorales porque quieren ganar dinero vendiendo drogas. Eso me aburre.

Con Meryl Streep el peligro es que tiende a sonar aburrida, porque es demasiado perfecta.

Cuando hicimos Havana no conseguí el permiso del Departamento de Estado para filmar en Cuba. Redford fue a ver al vicepresidente Dan Quayle y yo al secretario de Comercio, pero nos seguían diciendo: “Es hacer negocios con el enemigo y no se los podemos permitir. No pueden gastar dinero allí”. Así que yo les dije: ¿qué tal si llevo a mi equipo en un crucero de Miami a la costa de La Habana, y vivimos en el crucero? El Estado cubano me deja filmar gratis, y no gastaría un centavo”. Me dijeron que no. Nuestro embargo a Cuba es estúpido. Castro ya se hubiera ido hace tiempo si no hubiera embargo. ¿Por qué? Porque si no es una amenaza, si la gente pudiera comerciar e ir y venir libremente, los cubanos ya se hubieran hartado de él, y terminaría pasando sin que hiciéramos nada.

Vengo del Midwest, así que siento una incomodidad biológica con todo lo que es demasiado sofisticado. Vengo de un ambiente simple y aunque amo París, Londres y Venecia, nunca me siento orgánicamente parte de ellas. Tengo esa parte de hombre del interior, que quiere poder observar a estos tipos de Hollywood pero no convertirse en uno de ellos. Aunque ya he sido parte del establishment por tanto tiempo que tal vez me haya convertido por ósmosis. Pero no lo creo.

No soy un educador. Sé que mi primer trabajo como director es no aburrirlos. Hay que hacer pensar a la gente haciéndola sentir. La emoción es una parte esencial del pensamiento; es lo que permite pensar. Si uno puede hacer que las personas sientan, no pueden sino pensar. Pero si uno empieza por la parte de pensar, se vuelve pretencioso.

Robert Redford fue desde los ’60 un alter ego perfecto para mí. Es la metáfora perfecta para Norteamérica, porque no es para nada lo que aparenta: brilla por fuera pero es complicado y oscuro por dentro. El protagonista perdido perfecto. Puede interpretar a un hombre conflictuado, que intenta mantener cierta individualidad a un altísimo costo personal, ya sea cuando abandona la civilización en Jeremiah Johnson o en su relación en Africa mía, o terminando en una isla sin nada, como en Havana: todos personajes similares en distintas etapas de sus vidas.

No hago muchas películas. Es tan duro dirigir. Significa al menos un año y medio de tu vida, y es cada vez más difícil encontrar algo con lo que uno quiera vivir tanto tiempo. Hay que encontrar personajes con los que a uno le gustaría salir todos los días, todo el día, cenar con ellos, irse a dormir con ellos en la cabeza.

Creo que la comedia es lo más difícil que hay, porque la tolerancia para el error es mucho menor que en el drama. Un momento dramático puede hacerse de 15 maneras distintas, pero no las hay para un momento de comedia. Si no das justo en el blanco, es terrible.

Recién cuando veo la película que acabo de hacer entiendo verdaderamente la película que debería haber hecho. Entonces puedo decir: Ahora sé qué hacer.

Con Kubrick teníamos conversaciones sobre películas que duraban horas. Tenía una enorme curiosidad por la vida; me hacía sentir bien hablar con él. Cuando me llamó y me pidió que hiciera este personaje me preocupé, porque había escuchado estos rumores acerca de cómo convierte en prisioneros a la gente que trabaja en sus películas. Después de doce o trece tomas de una escena, yo le decía: “Stanley, no soy un actor profesional, esto es todo lo que hay”. Con Tom hacíamos como sesenta tomas; yo no podía creerlo, ni tolerarlo. Pero tenía un método por el cual uno queda tan fatigado que entonces, después de un tiempo, empieza a pasar algo más, algo distinto. A mí me prometió que serían dos semanas. Por supuesto que no fueron dos semanas, sino dos meses. Pero lo disfruté.

No puedo valorar una película que disfruté hacer. Si es buena, es que ha sido un trabajo infernal.

El interprete
4 grandes papeles de Sydney Pollack



Tootsie
(Pollack, 1982)
Su retrato de George Fields, el agente del actor que se convierte en una actriz exitosísima, no es grotesco como se suele mostrar a los representantes en Hollywood, sino un hombre animado, inteligente y enérgico que trata de igual a igual a su cliente. Los encendidos cruces verbales entre ambos terminaron convirtiéndose en las escenas más disfrutables de la película.

Maridos y esposas
(Husbands and Wives, Woody Allen, 1992)
Jack (Pollack) deja a su muy intelectual esposa (Judy Davis) por una instructora de aerobic joven y descerebrada (Lysette Anthony). Pero Pollack no convierte a Jack en un cretino, sino que lo enviste de una humanidad y una vitalidad que lo convierten en el personaje más real de la película. Un tipo, escribió un crítico, que ama y aprecia “la vida cultural que tiene con su mujer y sus amigos neoyorquinos, pero que se encuentra en un momento de su vida en que lo que más quiere es relajarse”.

Ojos bien cerrados
(Eyes Wide Shut, Stanley Kubrick, 1999)
El amo de las orgías, el hombre que lo controla, todo. Sus escenas en la película son pocas pero cada una de ellas es una clave de entrada.

Michael Clayton
(Tony Gilroy, 2007)
Su personaje es uno de los hombres fuertes de la compañía, que, en medio de la crisis personal, profesional y de conciencia de Michael Clayton, le hace la pregunta más sensata de todas: Vamos, ¿recién ahora te das cuenta de que estabas trabajando para el Diablo?


Fuente: Suplemento "Radar", Diario "PáginaI12", 01.06.2008
http://www.pagina12.com.ar/

domingo, 6 de julio de 2008

Roy Scheider, un icono de los '70





Roy Richard Scheider, nacio el 10 de noviembre, 1932; Orange, Nueva Jersey y fallecio el 10 de
febrero, 2008; Little Rock, Arkansas, fue un actor de cine estadounidense.

Biografía y carrera cinematográfica

Fue un atleta infantil, participando en competiciones organizadas de béisbol y boxeo.
Realizó sus estudios en el Columbia High School, y posteriormente estudió Arte Dramático en
la Universidad de Rutgers y en el Franklin and Marshall College. Después de
servir tres años en la Fuerza Aérea de Estados Unidos, participó en el New York
Shakespeare Festival, ganando un Premio OBIE (Off-Broadway Theater Award).
Su primer papel cinematográfico fue en 1963, en la película de terror “Curse
of the Living Corpse”, seguido de papeles secundarios en series de televisión
hasta 1968, cuando obtuvo un papel en el film musical Star!. Luego de participar
en otras películas, en 1971 trabajó en dos populares filmes, "Klute" del director
Alan J. Pakula y “Contacto en Francia” del director William Friedkin -en este
último logró una nominación al Oscar al mejor actor de reparto-, los cuales lo
consagraron como actor cinematográfico.

En 1975 protagonizó el clásico de Steven Spielberg “Tiburón” (Jaws), en el que
encarnaba a Martin Brody, jefe de policía de la imaginaria localidad costera de
Amity. Ésta película se convirtió en la más taquillera de todos los tiempos
hasta esa fecha; su frase "Vas a necesitar un barco más grande" (You're gonna
need a bigger boat) fue elegida la 35ª mejor en la historia del cine por el
American Film Institute. Repitió su rol en la mediocre secuela de 1978,
“Tiburón 2” (Jaws 2), para liberarse de su contrato con Universal Studios.
En 1979, rompió con el estereotipo de "tipo duro" que había adquirido,
interpretando el papel del director de teatro musical Joe Gideon en la película
autobiográfica de Bob Fosse, “All That Jazz”, por la que fue nominado al Oscar al
mejor actor. Entre sus películas más recientes está “The Punisher” (2004) donde
interpreta al malhumorado padre del héroe Frank Castle.
Continuó haciendo películas a lo largo de los años, y protagonizó también la
serie de televisión producida por Steven Spielberg “Seaquest”.

Roy Scheider falleció el 10 de febrero de 2008 en en el Instituto de
Investigación de la Universidad de Arkansas, en Little Rock, Estados Unidos.
Aunque la causa de la muerte no se hizo pública de inmediato, el actor había
recibido tratamiento para combatir mieloma múltiple durante los dos últimos años
de su vida, y su mujer, Brenda Siemer atribuyó el fallecimiento a una
complicación causada por una infección por estafilococos.

Filmografía

Paper Lion (1968)
Stiletto (1969)
Puzzle of a Downfall Child (1969)
Klute (1971)
Contacto en Francia (1971)
The Seven-Ups (1973)
Tiburón (1975)
Maratón de la muerte (1976)
Wages of Fear (1977)
Tiburón 2 (1978)
All That Jazz (1979)
Al filo de la noche (1983)
Blue Thunder (1983)
Tiger Town (1983)
2010, Odisea dos(1984)
The Men's Club (1986)
52 Pick-Up (1986)
Cohen and Tate (1988)
Listen to Me (1989)
Night Game (1989)
The Fourth War (1989)
The Russia House (1990)
Somebody has to Shoot the Picture (1990)
Naked Lunch (1991)
Wild Justice (1993)
Romeo is Bleeding (1994)
The Peacekeeper (1996)
Excecutive Target (1997)
The Myth of Fingerprints (1997)
The Rainmaker (1997)
The Rage (1997)
Evasive Action (1998)
Falling Through (1999)
Daybreak (2000)
The Doorway (2000)
The good war (2002)
Dracula II: Ascension (2003)
The Punisher (2004)
Iron Cross (2008) En producción

Premios Oscar

1979 Oscar al mejor actor por “All that jazz”
1971 Oscar al mejor actor de reparto por “Contacto en Francia”


Fuente: "http://es.wikipedia.org/wiki/Roy_Scheider"