Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 4 de enero de 2012

50 Películas que deberías ver: "Hasta el fin del mundo" de Wim Wenders.

Wenders y su desafío más grande.

Por Pablo O. Scholz


Fue –siempre- el gran desafío para Wim Wenders. Primero, cuando imaginó su historia catorce años atrás, estando de paso por Australia, y luego al estrenarla en septiembre de 1991 en Bonn, en la Alemania unificada. “Hasta el fin del mundo” era un eslabón más en su ajustada cadena de personajes trashumantes, viajantes sin rumbo fijo, por 1978, pero después de los éxitos de “París Texas”, 1984 y “Las alas del deseo”, 1987 se convirtió en un dilema. Con su película soñada, ¿Wenders mostraría preocupación por el público “mass media” o seguiría su trayectoria de veinte años en el cine de autor, y que venía desmenuzando desde siempre? A saber: un antihéroe en búsqueda de su identidad.

En enero de 1978, entonces, Wenders tenía 36 años y escribía la historia de un científico que mostraba a su esposa ciega imágenes de una catástrofe nuclear. En eso estaba cuando recibió un telegrama que luego maldijo haberlo contestado. Francis Ford Coppola quería conversar acerca de “Hammett”, proyecto que entre rodajes y peleas al alemán le insumió energías alternadas por cuatro años. Cuando retomaba la idea, surgían bosquejos de otras, sobre películas de más fácil realización. Por lo menos no pedían traslados por cuatro continentes. Tampoco un costo de 23 millones de dólares.

“Hasta el fin del mundo” tuvo 120 días de rodaje, cuyo registro filmó con un equipo total de 600 técnicos diseminados en Alemania, Francia, Portugal, Italia, los Estados Unidos, China, la Unión Soviética, Japón y Australia, y que le insumió catorce meses en una sala de montaje para alcanzar su versión óptima, la que lo satisfizo por entero. De nueve horas la bajó a seis. La definitiva, la que se conoció en Bonn, en Europa y los Estados Unidos, apenas duraba la mitad.

“Yo me veía como un narrador, era ante todo un realizador de imágenes. Y narrar, para mí, era alinear una situación detrás de la otra. Mi intensión en “Hasta el fin del mundo” fue contar un viaje de fin de siglo, una extrapolación de como se lo conoce en la actualidad. Así, los lugares y los personajes se cruzan nada más que
por incidencia.”



La francesa Claire (Solveig Dommartin) y el americano Sam (William Hurt) se persiguen mutualmente por quince ciudades.

El escritor irlandés Eugene (Sam Neill) parte en busca de su amada Claire, ayudado por un detective alemán (Rudiger Vogler), quienes a su vez son perseguidos por gente misteriosa y de otras nacionalidades. La razón por la que buscan a Sam es que posee una cámara que “hace ver” a los ciegos. Con la creación de su padre Henry (Max Von Sydow), escondido en algún lugar, Sam continua viajando y grabando las imágenes para que su madre ciega (Jeanne Moreau) pueda comprenderlas. Es el año 1999 y se avecina a la tierra un satélite nuclear, que está a punto de chochar con nuestro planeta.



“Es un film de ciencia ficción, trama policial y de amor”, resumió no muy convencido el director, que recurrió a su habitual modo de trabajo mientras duró el rodaje, esto es preescribir el guión por la noche, reprogramando escenas, diálogos y situaciones, para filma a la mañana siguiente.

No contó esta vez con el escritor Peter Handke (Las alas del deseo) en el guión. Sino con Peter Carey, luego de construir el esqueleto definitivo de la historia con Solveig Dommartin, la trapecista de “Las alas… y también su mujer. En el aspecto visual adquieren preponderancia los adelantos técnicos de que se valió el realizador de “El amigo americano” para la creación de las secuencias oníricas, utilizando video de alta definición.

Para la banda sonora de “Hasta el fin del mundo”, Wenders se dejó entusiasmar por lo que él definió “una buena colección de rock and roll futurista”. La banda incluye 17 temas, y entre ellos están los Talking Heads, Lou Reed, R.E.M., Elvis Costello, los Depeche Mode, el infaltable amigo de Wenders, Nick Cave, y los irlandeses U2 con Until the End of the World.



Angustias en la carretera

Por Claudio D. Minghetti


La idea de la que partió Wim Wenders para hacer “Hasta el fin del mundo” no aparece demasiado clara en el resultado. Pero nada tiene que ver que la copia que se estrenó en la Argentina difiera en su duración con la presentada en otros países (136 minutos frente a los 158 que se vieron en Estados Unidos y 179 en Francia). El film está claramente dividido en dos partes: empieza como una “road movie” ambientada en 1999, en un mundo invadido por la tecnología de las imágenes y al borde del apocalipsis. Después de una hora y media, para sorpresa de los que ya se había acostumbrado a las idas y vueltas de la supuesta protagonista, el film se convierte al “home movie”.

Claire Tourneur (Solveig Dommartin) es una mujer que quiere escapar de Eugene (Sam Neill), el intelectual aburrido con el que vivía, de la rutina y de sí misma. En su camino se tropieza con un dúo de ridículos ladrones de banco y termina siguiendo los pasos de Sam (William Hurt), un hombre enigmático, que también huye, empeñado en devolver a su padre el instrumento capaz de reconstruir las imágenes que registra –como una cámara- en el cerebro de los ciegos.



En la segunda parte, Wenders reniega de la estética del camino para sumergirse en un viaje crepuscular por el desierto australiano donde Sam se reencuentra con su padre (Max Von Sydow), un hombre de ciencia que quiere poner luz en los ojos ciegos de su esposa (Jeanne Moreau). Ellos forman parte de un “fin del mundo” que sólo tiene como manifestación externa la desactivación de los sistemas que responden a computadoras.

Wenders sigue atado a su obsesión por escapar de su país, incluso hasta el fin del mundo, para reconstruir su herencia y, en ese sentido, su propuesta es deliberadamente autobiográfica. A diferencia de otras obras de su cosecha –como “Alicia en las ciudades” y “París, Texas”, donde las historias eran transparentes-, en “Hasta el fin del mundo” la fractura en “road” y “home movie” complica la lectura. Sin embargo, todo el relato está signado por la mirada subjetiva que, por lo visto, responde a experiencias poco comprensibles para el espectador desprevenido. En buena medida, Claire Tourneur (su apellido es el de Jacques Tourneur, un director de films clase B amado por Wenders) es la misma Solveig Dommartin, trapecista en “Las alas del deseo”. Ella comparte su amor con dos hombres que, en realidad son uno mismo. El nómade Sam y el intelectual Eugene son, en realidad, las dos facetas del mismo Wenders.

La ruptura entre una y otra parte es contraproducente. Al ritmo sostenido de la aventura de Solveig se opone la parsimonia de ese otro viaje por el universo interior de Sam que, como el de Wenders, merece un análisis que supera los límites del cine. “Hasta el fin del mundo” es un espejo por el que se escapa Wenders en busca de respuestas, con una paisaje que resulta tan desequilibrado y heterogéneo como el modelo terminado, poco entretenido para los que piensan que el cine tiene que ajustarse a la realidad tal como la ve. Wenders, sin embargo, sigue convencido de que hacer cine es como soñar y llevar de la mano a otros soñadores por sus laberintos, aun a riesgo de caer en la monotonía.


Anomalía de Wim Wenders

Por Marcos Méndez

Hasta el fin del mundo (Wim Wenders, 1991) articula elementos de diferentes géneros introduciéndolos en un relato magmático en plena ebullición, invocando desde el cine de espías hasta la aventura más cosmopolita; desde el cine negro hasta la ciencia-ficción más desatada. Es este un filme más sensorial que intelectual, cambiante, ingenuo, de apariencia ridícula (por paródica), subordinado en buena medida al grado de complicidad que decida aportar cada espectador en el transcurso del viaje.



No importa tanto la línea argumental (o, mejor, la convergencia o divergencia de las diferentes aristas del relato) como la modalidad narrativa y los recursos de estilo que Wenders ha escogido para dar coherencia (y cordura) al guión multitentacular que escribió con Peter Carey. La homogeneidad estructural nace de la vivacidad de los colores, fríos o cálidos, la preponderancia de los objetos sobre las reacciones emocionales de los personajes y la cualidad cósmica de un espacio que gira entre lo teatral y lo paródico sin perder un ápice de personalidad.

Este último rasgo certifica el carácter desmitificador de la película en tanto coopera, junto a la radicalidad de la interpretación de Solveig Dommartin (compañera sentimental de Wenders por entonces), a poner de manifiesto la trampa de la ficción y desvelar el efecto de representación. Decía el propio Wenders tras El amigo americano (1977) que ya no existen ficciones inocentes, ficciones que no hagan referencia al cine, a sueños que ya han sido soñados. Si en el filme protagonizado por Bruno Ganz y Dennis Hopper trabajaba su parentesco con el cine clásico americano, en Hasta el fin del mundo Wenders asume esa influencia hasta ponerla en evidencia. La muerte del cine que presagiaba la magistral En el transcurso del tiempo (1976) se ha reconvertido en una desconcertante amalgama de ficciones impuras que van mucho más allá del orgulloso juego intertextual.



En este sentido, la depuración formal de las road movies wenderianas (Alicia en las ciudades -1974-, Falso movimiento -1975- y En el transcurso del tiempo) alcanza en Hasta el fin del mundo un punto de no retorno: podríamos decir que las interpretaciones de los actores en la película (fundamentales para entender el sentido integral del filme) son continuadoras de la anterior El cielo sobre Berlín (1987), mientras los recursos de montaje enlazan ya con la etapa wenderiana de los años noventa. El parentesco evidente con Ozu presente en sus primeros filmes se ha transformado en una despreocupación absoluta por cuestiones de ritmo que lastra este trabajo y los siguientes, muy lejos de las irresistibles sugerencias en la planificación presentes en sus mejores logros, En el transcurso del tiempo y París, Texas (1984).

"La depuración formal presente en las primeras road movies de Wim Wenders (Alicia en las ciudades -1974-, Falso movimiento -1975- y En el transcurso del tiempo -1976-) alcanza en Hasta el fin del mundo un punto de no retorno, cuando los recursos de montaje enlazan con la posterior y menos sugerente etapa del realizador, ya en los años noventa"

La última parte de la película, al margen ya de la historia de espionaje y ambientada toda ella en algún lugar de Australia, nos deja algunos de los mejores momentos, como aquel en que el satélite nuclear indio parece haber explotado provocando la quiebra tecnológica total: una avioneta cuya hélice deja de girar, relojes que no funcionan y una frase que los personajes repiten en diferentes idiomas: "es el fin del mundo". De fondo, el Blood of Eden de Peter Gabriel provoca un encantamiento total en el espectador a la vez que contagia a la película de una energía que las imágenes son incapaces de producir por sí mismas.



El espacio rural se une al ambiente retrofuturista del laboratorio que Henry Farber (Max von Sydow) utiliza para proyectar los sueños de las personas en una pantalla, para dejar clara la fuga de los protagonistas en el desenlace a partir de las historias escritas y los ritos atávicos de los aborígenes. Después de tanta parafernalia cientifista lo más memorable de Hasta el fin del mundo es la imagen de Eugene (Sam Neill) mientras pulsa las teclas de una vieja máquina de escribir en medio de la locura generalizada ante la necesidad (creada) de la memoria como imagen.

A veces parece que a los personajes de Hasta el fin del mundo les pasa un poco lo que a los de La letra escarlata (1973), cuya extrañeza ante los sucesos que puntúan el drama puede llegar a provocar una sonrisa paternalista en más de un espectador. Es la parte buena de los filmes frustrados: siempre puedes fingir que estás viendo una comedia.



Fuentes: Diarios Clarín y Pagina 12, noviembre de 1992,Kane 3, de España,http://www.kane3.es/dvd/hasta-el-fin-del-mundo.php

domingo, 25 de diciembre de 2011

El adios a Ken Russell, el gran provocador.

El gran provocador


El cineasta británico Ken Russell fue uno de los grandes provocadores del cine en los años 70. El director de Mujeres enamoradas ha muerto a los 84 años en su residencia de Hampshire (Reino Unido).

28/11/2011

Por Juan Luis Sánchez



Henry Kenneth Alfred Russell nació en Southampton, el 3 de julio de 1927. Tras servir en la Royal Air Force y trabajar en el campo del transporte marítimo, despuntó con sus fotografías, y dirigió documentales como aficionado. Gracias a todos estos trabajos consigue un trabajo para BBC, donde en un primer momento rueda varios documentales sobre arte.

Durante su época en la televisión despuntó con sus extravagantes telefilms sobre famosos compositores, como The Debussy Film, cercano al surrealismo, y Danza de los siete velos, en torno a Richard Strauss, que causó un gran escándalo sobre todo porque la familia Strauss se opuso a su exhibición. Tuvo una gran repercusión su cinta Pop Goes the Easel, sobre el Pop Art, que influyó a Stanley Kubrick, pues rodó La naranja mecánica con una estética muy similar.

En la gran pantalla debutó con French Dressing, un fracaso rotundo, por lo que Russell tuvo que volver a BBC durante tres años. Finalmente estrenó en la gran pantalla El cerebro de un millón de dólares, su cinta más convencional, que forma parte de la serie del agente Harry Palmer, interpretado por Michael Caine.


En 1969 obtuvo un enorme éxito con Mujeres enamoradas, adaptación de la novela de D.H. Lawrence con la que Glenda Jackson ganó el Oscar a la mejor actriz, y que mostraba por primera vez en una película comercial un desnudo frontal masculino. La pasión de vivir es una atípica biografía de Tchaikovsky.

En los 70, Ken Russell se desató, dando rienda suelta a su pasión por el escándalo y la provocación. En ese sentido se lleva la palma Los demonios, con Oliver Reed interpretando a un sacerdote, y que no pasa de ser una acumulación de desnudos y proclamas anticlericales. Las distribuidoras de Estados Unidos y Gran Bretaña decidieron estrenarla recortando numerosos fragmentos. También sufrió recortes el vistoso musical El novio.

Otro musical, Tommy, basado en la ópera rock de The Who, supuso uno de sus mayores éxitos, aunque otras de sus cintas tuvieron un recibimiento más discreto, como la psicodélica Estados alterados, con William Hurt como científico que experimenta en sí mismo los efectos de las drogas alucinógenas. En Lisztomania, la cumbre del delirio, el cantante de The Who, Roger Daltrey, interpreta al compositor Franz Lizst, que llega a pelearse con Adolf Hitler.

En La pasión de China Blue, Kathleen Turner encarnaba a una diseñadora de moda que por la noche ejercía como prostituta, mientras que Anthony Perkins encarnaba a un predicador televisivo. Durante el rodaje, Russell se sintió tan presionado por la productora, que decidió no volver a rodar en Hollywood. Volvió al Reino Unido para rodar la visualmente excesiva Gothic, en torno a la creación de la novela "Frankenstein", de Mary Shelley, tema tratado de forma muy distinta, pero con mejor fortuna posteriormente por Gonzalo Suárez en Remando al viento. Curiosamente, el mismo año que Hugh Grant rodó la cinta del español también fue uno de los protagonistas de la cinta de Russell La guarida del gusano blanco, adaptación de una novela de otro legendario escritor del género de terror, Bram Stoker, el creador de Drácula.


Se divorció en 1978 de Shirley Russell, diseñadora de vestuario de numerosas cintas, entre ellas algunas suyas, con la que había tenido cinco hijos, que también se dedican al cine, en diferentes modalidades. Desde entonces, Ken Russell estuvo ligado a otras tres mujeres.

En los 90, Ken Russell fue abandonado por completo por el gran público. Tuvo cierta repercusión Puta, con Theresa Russell (que a pesar del apellido no está ligada familiarmente con el realizador) interpretando a una prostituta, que cuenta a la cámara los peligros de su profesión. Él mismo interpretaba a un personaje secundario, así como en la cinta de Fred Schepisi La casa Rusia, donde encarnaba a un homosexual. Durante la última etapa de su carrera volvió al terror con La caída de la casa Usher (2002), fallida adaptación del relato de Edgar Allan Poe, y el segmento "The Girl With Golden Breasts", de la cinta de terror Trapped Ashes.

Filmografía

Elgar (1962)
French Dressing (1964)
Billion-Dollar Brain (1967)
Mujeres enamoradas (1969)
The Music Lovers (1970)
The Boy Friend (1971)
The Devils (1971)
El mesias salvaje (1972)
Mahler (1974)
Tommy (1975)
Lisztomania (1977)
Valentino (1977)
Estados alterados (1980)
La pasión de China Blue (Crimes of Passion) (1984)
Gothic (1986)
Aria (corto) (1987)
The Lair of the White Worm (1988)
Salome's Last Dance (1988)
The Rainbow (1989)
Whore (a.k.a. If you Can't Say It, Just See It) (1991)
Prisoner of Honor (1991)
Mindbender (1996)
Tracked (a.k.a. Dogboys) (1998)
The Lion's Mouth (2000)
The Fall of the Louse of Usher (2002)
Invasion of the Not Quite Dead (2008)



Fuente: http://www.decine21.com/especial/Ken-Russell-3253

lunes, 19 de diciembre de 2011

Marfici 2011, cuarta parte.



Retrospectiva Iván Noel.


Por Diego Menegazzi.




Iván Noel tenía 11 años cuando rodó su primer cortometraje en 8mm, el cual incluía escenas que necesitaron de más de 200 extras. Iván también compuso la banda sonora, tocando un piano al mismo tiempo que la bobina se proyectaba para todos los niños de su colegio. Como durante su adolescencia no podía cursar estudios cinematográficos, Iván comenzó a estudiar música a los 13 años en Inglaterra, consiguiendo excelentes notas en el Royal College of Music de Londres, lo que le permitió realizar giras por Europa como solista de guitarra clásica.




Más tarde, tras recibir el Bachelor of Arts por la Universidad de York y estudiar composición musical para cine, ingresó en la prestigiosa escuela cinematográfica "FEMIS" de París. Sin embargo, la muerte de su padre le llevó a abandonar los estudios y se desempeñó como profesor de música y teatro en diferentes colegios internacionales, sin dejar de participar en conciertos y dirigir espectáculos teatrales. Durante este tiempo también realizó exposiciones de fotografía y escribió composiciones de música pop, por las que fue galardonado en 2004.




Unos años después retoma su carrera cinematográfica en Andalucía, realizando dos sorprendentes films, En tu Ausencia (2008) y Brecha (2009), que han tenido una importante repercusión en festivales internacionales, pero sin embargo no han conseguido acceder a los circuitos de distribución europeos. Recientemente presentó ¡Primaria! (2010), que fue la única película española seleccionada para el Festival de Cine de Tokio. Más allá de la buena acogida que tuvo allí, no parece sencillo su estreno en salas comerciales. Mientras esperamos que esta situación cambie, el MARFICI le dedica una retrospectiva a la obra de Iván Noel, para que los espectadores puedan conocer sus films, todos ellos inéditos en la Argentina.

El cine de Iván Noel se aleja de ciertas tendencias estereotipadas del cine independiente español, con una sabia mezcla de realismo, humor y poesía visual. Sus historias abordan el mundo de la infancia, siempre observado desde un ángulo distinto. Al describir fielmente situaciones y sentimientos que son problemáticos, también devela la profunda complejidad de las relaciones humanas. Actualmente se encuentra en Argentina trabajando en su nuevo opus, Vuelve, un thriller en el cual el director busca acercarse al género de terror desde una nueva perspectiva.


En tu ausencia
España/Canadá, 2008. 99 min.
Elenco: Gonzalo Sánchez Salas, Francisco Alfonsín, Ana Tutor
Producción: Noel Films


Brecha
España, 2009. 93 min.
Elenco: Francisco Alfonsín, José Ramón Lafita, Lola Mendoza
Producción: Noel Films


¡Primaria!
España, 2010. 90 min.
Elenco: Francisco Alfonsín, Maica Sánchez, Eva Rubio
Producción: Noel Films


Fuente: www.marfici.com

jueves, 8 de diciembre de 2011

Animacine: Gaturro, la película.



Maullidos de amor

El popular personaje creado por Nik llegó a los cines. Con animación en 3D, llevó cuatro años de preparación y costó tres millones y medio de dólares. La historia cuenta cómo Gaturro quiere conquistar a Agatha convirtiéndose en un actor famoso de la televisión.

GATURRO, LA PELÍCULA

Aventuras de un gato enamorado.

La película fue realizada en la India, su director, Gustavo Cova, y Nik cuentan los entretelones de un proyecto a gran escala.

Por Laura Gentile



Después de cuatro años de arduo trabajo y de una inversión de más de tres millones y medio de dólares, idas y venidas entre México, Argentina y la India, Gaturro el popular personaje creado por el dibujante Nik, llegó a las salas de cine y en 3D. Dirigida por Gustavo Cova (el mismo realizador de Boogie, el aceitoso), Gaturro, la película, es una coproducción entre la Argentina Illusion Studios, Anima Estudios, de México, y Toonz Entertainment, de la India.

Sentados en los estudios de Illusion, el director y el propio Nik explican que, de todo el largo proceso, la construcción del guión fue un punto clave. Llevó un año y medio, sufrió diferentes modificaciones y participaron en su realización nada menos que seis guionistas: Nik; su mujer y colaboradora, Laura Losoviz; Adriana Lorenzón; Esteban Garrido; Mariano Podestá (de Mosca & Smith) y Belén Wedeltoft. Además de un script doctor de Canadá (que trabaja de corregir guiones), quien aportó una mirada más internacional.

“Es que lo fundamental es tener una buena historia para contar –explica Cova-. Esa es la herramienta más importante que tiene el director, para que el espectador se emocione, se entretenga, salga modificado de alguna manera de la sala: que en esa hora y media entre en el sueño ajeno”.

La historia (con mucho humor y aventura y con claras intenciones de eludir la típica infantil) encuentra a Gaturro tratando, como siempre, de conquistar el corazón de su amada (y algo histérica) Agatha. Para lograrlo no se le ocurre mejor idea que convertirse en estrella de la televisión. Un camino largo que lo llevará a entender que no necesita ser popular para ser querido. Hasta hay un millonario (¿cualquier referencia a Ricardo Fort es pura coincidencia?) que le disputa el amor de su gatita. “Nos parecía importante en este momento tan mediático, y a veces vacío de contenidos, decir que no es lo más importante en la vida ser exitoso, sino tener éxito a través de lo que hayas hecho”, explica Cova.

“A partir de la Tinellización es muy común escuchar que los jóvenes quieren ser famosos como un objetivo en sí –describe Nik-, porque eso presupone algo para acceder a otra cosa”. Y agrega: “Yo creo que en realidad no importa tanto el grado de trascendencia que tenga lo que uno hace, puede ser muy trascendente para uno, para su entorno, para su familia y está bien. Pareciera que la gente no le da trascendencia a sus logros si no son trascendentes para todo el mundo”. Es así que Gaturro, después de distintas aventuras, termina comprendiendo que lo único que tiene que hacer para acercarse a Agatha es ser él mismo. “Algo que parece una obviedad pero de lo que nos olvidamos todo el tiempo”, afirma el director.





El traspaso de la gráfica al mundo audiovisual se dio, según el papá de la criatura, de una manera bastante fluida. “Ya hace un tiempo empezamos a imaginar cómo sería la etapa audiovisual del personaje –explica Nik-. Creo que la tira tiene mucho de dibujito animado: Gaturro va, rebota, pone caras todo el tiempo, mira a cámara, le habla al espectador, su historieta está llena de onomatopeyas”.

Primero pensaron en la televisión, hasta llegar a escribir guiones y hacer pruebas en 2D, incluso hicieron muñecos. “No le encontrábamos el formato ideal –explica Nik-, el 2D suena antiguo, el muñeco suena a Muppets. Hasta que apareció la productora Illusion y nos llamó y hubo una confluencia de visiones y opiniones. Hace cinco años nunca me hubiera imaginado que íbamos a tener una película íntegramente hecha en computadora y además en estereoscopia, que es el efecto tridimensional”.





¿Tenías reparos para que siguiera siendo Gaturro?

Cuando vi toda la película lo que me asombró es que conserva muchísimo del original en la gráfica –responde Nik-, la estética, el espíritu de los personajes. Creo que lo más logrado de la película, y ése es uno de los grandes méritos de Gustavo, es que la historia es muy sólida. Cuando la vi salí medio lloriqueando, y mirá que hay que emocionar a los autores, porque uno participa de todo el proceso. Creo que la estereoscopia ayuda.

Para Nik el asunto de las 3D no es fortuito. “Gaturro, ya desde la historieta, era una especie de dibujito animado plano, los chicos ya lo veían con volumen y lo querían ver con volumen. Una de las cosas que nos animó a hacerlo y hacerlo en 3D fue que no era una cuestión forzada de decir “quiero tener mi película”, sino que lo pedían del otro lado”.

Ese deseo de corporización de lo leído lo vivió Nik en carne propia. “Cuando era chico y leía los comics siempre tenía la ilusión de que cobraran vida –recuerda-. Leía Snoopy, Tintín, Mafalda, miraba los dibujos y decía “no me puedo imaginar que esto es sólo un señor que se sentó con un lápiz a dibujar”. Para mí existían efectivamente. Pensaba que si salía a la calle me iba a encontrar con un perrito como Snoopy o con una nena como Mafalda, esa ilusión de vida creo que también estaba en los chicos con Gaturro”.

Pero si bien es una continuidad, el director destaca que la película de Gaturro funciona como una entidad autónoma del mundo Gaturro. “No se necesita ser fan de él para disfrutar el film. De hecho, por ejemplo, se va a estrenar en India y allá aún no lo conocen a Gaturro. Pero a la vez los fanáticos se van a encontrar con un montón de personajes de ese mundo que respeta su idiosincrasia y un montón de guiños del mundo de Nik”.

Y si por un lado el film tiene una clara proyección internacional, la estética de Gaturro mantiene cierta idiosincrasia local. “Cuando vos ves a Gaturro y Agatha caminando por el barrio –describe Nik- es un barrio como puede ser el barrio de casas bajas de San Isidro, está lleno de códigos nuestros, las veredas con árboles, las casas con un mini frente y pastito que es muy de acá”. Y Cova agrega: “De todos modos no deja de ser internacional por tener mucho nuestro”.





La elección de las voces gatunas.

Para elegir las voces de Gaturro, Agatha y el resto de los personajes se realizó un casting entre más de 200 personas y tanto Nik como Laura Losoviz, su mujer y colaboradora, fueron participes de la elección. “Fuimos cerrando el abanico hasta quedarnos con cinco o seis personas para cada personaje –explica el director de la película, Gustavo Cova-. Finalmente se los presentamos a ellos con las imágenes, sin que supieran quién era quién, porque a esa altura ya estábamos todos muy influenciados”.

Cova y Nik están felices con el equipo elegido. Gaturro es Mariano Chiesa “un genio y excelente persona”. Mientras que Agatha es Agustina González Cirulnik. “Realmente son todos fabulosos –afirma Cova-, hay una camada nueva de doblajistas y locutores sumamente talentosos. En la Argentina se está haciendo mucho doblaje, incluso Disney está doblando muchas películas para televisión acá y no en México, que tiene una experiencia impresionante en el tema”.

Justamente, como el sonido se trabajó en los Anima Studios de México, los mexicanos querían hacer las voces allá. “Nosotros nos negamos, porque Nik quería tener el dominio pleno de la elección de las voces. Y la verdad que los mexicanos quedaron sorprendidísimos con la calidad de las voces. Y eso que ellos son supuestamente los reyes del doblaje de las películas de animación”.

Gaturro se movió en la India

Toonz Entertainment es una productora de la India (país que posee una de las industrias cinematográficas más grandes del mundo) que se ocupa de la “externalización” de servicios de animación, bastante utilizada por productores de los Estados Unidos y Europa. Su atractivo: la relación costo-calidad. Toonz fue la encargada de parte de la animación de Gaturro. Tarea compartida que implicó numerosos viajes hacia allá y el “animatic” (esos dibujos animados en tiempo sobre las voces) grabado con voces de referencia en inglés para encontrar un idioma en común. La diferencia de idioma no fue barrera para que los expertos de allá “se enamoraran” de Gaturro. “Ni Nik ni Gaturro son populares en la India –explica Gustavo Cova-, y sin embargo los indios se engancharon con Gaturro y se maravillaron con el personaje. También se enamoraron de las historietas y cada uno de los chicos que viajaban debían llevarles historietas nuevas”.

Punto de vista: Nadie en Bogart.

Por Miguel Frías

En “Sueños de seductor”, el personaje de Woody Allen (Allan), recién abandonado y humillado por su esposa, intentaba conseguir pareja fingiendo ser el que no era: hasta se compraba trofeos de natación e impostaba rudeza. Su ejemplo era Bogart en “Casablanca”. Pero, después de varias salidas con pésimos resultados, sedujo –sin buscarlo- a su mejor amigo (casada): la que le presentaba candidatas, la única que lo veía tal cual era. Gaturro aprendió la misma lección con Agatha. Todos deberíamos aprenderla. Después de todo, tal vez no sea tan grave resignarse a ser uno mismo.

Fuente: Diario Clarín, Suplemente espectáculos, viernes 10 de septiembre de 2010.





miércoles, 30 de noviembre de 2011

La rosa, sexo, drogas y rock and roll.

Escrito por Julio Diz.
Ilustrado por Anabel Iannone.



"Las drogas, el sexo y el rock and roll", grita Bette Midler como la rosa, una superestrella del rock de los años 60. La Rosa claramente basada en la vida de Janis Joplin, aunque los creadores de la película sostienen que ella es en realidad una amalgama de varias de las deidades de la autodestrucción de la revolución cultural, como Jimi Hendrix y Jim Morrison. Pero el manifiesto que Rose lanza hacia el público histérico, en uno de sus conciertos tiene especial relevancia para una mujer, y Janis Joplin fue la única mujer que alcanzó el poder mítico de las estrellas de rock. Es casi seguro que los amigos de Joplin, asociados y muchos de sus antiguos fans acusan a "The Rose" de la distorsión, el sentimentalismo, la vulgarización y otros delitos. Que no está del todo mal, sin embargo, la película de Mark Rydell tiene una notable actuación de Bette Midler, en su primera película.



Hay una vibrante alegría, muy temprana en La rosa. Bette Midler recrea una superestrella compuesta en los años 60, inspirada en Janis Joplin. La mujer, llamada Rosa, se encuentra en una juerga fuera del alcanze de un gerente tiránico, por supuesto, está la adulación salvaje de los 60 conciertos de rock, en esta experiencia que fluye en el escenario, Rose se abre para una relación orgásmica con el micrófono.

El papel está muy cerca de Janis Joplin, el estilo Texas blues-rock de la cantante que murió de sobredosis de heroína en 1971 a los 27 años. Joplin era la blusera que impresionó a los jóvenes blancos, con su buena voluntad para pegarse al campo dominado por el blues negro. Ella sí que podía gritar, Midler interpreta a un personaje apodado "Rose". Proviene de un barrio pobre de Miami. Tiene la energía cautivadora. Al empezar la película, tropieza con un jet privado que la lleva de gira. Un gran momento en la película ocurre cuando vemos a Midler en el backstage por primera vez. Justo antes de subir al escenario hace algunos ejercicios de respiración profunda que suena como una hiperventilación a larga distancia. En realidad, es un momento de miedo. Por primera vez en la historia, detrás del escenario nos damos una idea de cuán difícil, físicamente es el negocio del entretenimiento en realidad.



Los productores no han vacilado en recoger las heridas de la década de 1960 y el rock and roll. Si bien hay sin duda similitudes con la trágica historia de Janis Joplin, The Rose aparece describiendo su propio contenido.

Cuál desconcertante es que los guionistas han optado por vivir exclusivamente la espiral descendente del personaje de Bette Midler, conocido dentro y fuera del escenario como la rosa.

El resultado es un aspecto ultra-realista de la infusión de dinero, sexo, drogas y el alcohol en el proceso simple de cantar una canción, una tarea que Midler realiza impecablemente, en secuencias de conciertos excelentes.

Ficha técnica

Dirección: Mark Rydell
Producción: Anthony Ray, Aaron Russo, Marvin Worth
Guion: Michael Cimino. Bo Goldman
Música: Paul A. Rothchild
Fotografía: Vilmos Zsigmond

Reparto:
Bette Midler como Mary Rose Foster (The Rose)
Alan Bates como Rudge Campbell
Frederic Forrest como Houston Dyer
Harry Dean Stanton como Billy Ray
Barry Primus como Dennis
David Keith como Pfc. Mal
Sandra McCabe como Sarah Willingham
Will Hare como Mr. Leonard
James Keane como Sam
Doris Roberts como Mrs. Foster
Danny Weis como Danny, Guitarrista de "The Rose Band"


Escrito por Julio Diz, trelcovsky@yahoo.com.ar
Ilustrado por Anabel Iannone, anna88mdq@hotmail.com, www.anabeliannone.blogspot.com

sábado, 12 de noviembre de 2011

Marfici 2011, tercera parte.

Retrospectiva Pablo Romano


Por Guillermo Colantonio





Pablo Romano nació y reside en Rosario, Argentina, en 1968. Sus trabajos “El tenedor de R”, “El porvenir de una ilusión” y “Una mancha en el agua” recibieron numerosos premios a nivel nacional e internacional entre ellos el Tatú de oro en el Festival Internacional de Bahía, Brasil 1997; el tercer premio de videocreación Casa de América Madrid - MUSAC 2004 y el premio al mejor filme del festival en Belo Horizonte, Brasil. 2005.



A su vez “Una mancha en el agua” fue uno de los diez filmes elegidos por el Festival de Nantes, Francia, como uno de los diez filmes del año en el 2006 junto a películas como la de Tsai Ming Liang. Ha sido becado por instituciones como la Fundación Antorchas, The Rockefeller foundation, The John D. and Catherine T. MacArthur Foudation y el Fondo Nacional de las Artes. En el 2002 fue becario en la Helene Wurlitzer Foundation, Taos, New Mexico, USA; a la que asistió para desarrollo de un proyecto de guión cinematográfico. En el 2003/4 becario de la Kunsthochschule für Medien, Colonia, Alemania.



Trabajó como periodista de edición para Canal 3 de Rosario. Ejerció la docencia en la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Diseño de Imagen y Sonido. Coordinó seminarios con la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Integró el consejo de redacción de la revista de cine “EL Eclipse”. Hace 20 años que programa ciclos de cine en la ciudad de Rosario. Publicó la obra teatral “Tocado de novia” junto a Patricia Suárez. Actualmente se encuentra rodando 4 documentales para televisión sobre los primeros juicios de lesa humanidad en la ciudad de Rosario y además un documental sobre una rebelión mocoví de principios del siglo XX en el norte de Santa Fe, ganador del proyecto Bicentenario “El camino de los heroes” del INCAA.


El tenedor de R
Producción: Pablo Romano, Hugo Mario Melo, , Mónica Camillo, Fernando Milani, Miguel Catalá, Juan Casano, Oscar Miglia, Claudio Serbali y Arturo Marinho.
Argentina. 1997. 38 minutos.


El porvenir de una ilusión.
Producción. Pablo Romano.
Argentina. 2004. 25 minutos.


Apuntes del natural.
Producción: Pablo Romano, Nemesio Juárez.
Argentina. 2005. 52 minutos.


Una mancha en el agua.
Producción: Pabo Romano.
Narrado por Fernando Birri.
Argentina. 2005. 20 minutos.


Los nueve puntos de mi padre.
Producción: Pablo Romano y Digitalburó.
Argentina. 2010. 70 minutos.


Los días del juicio.
Producción: Pablo Romano y Señal Santa Fe.
Argentina. 2010. 54 minutos.


Fuente: www.marfici.com

jueves, 10 de noviembre de 2011

Sabias que...

LOS MÁS... MÁS...





El personaje más interpretado: Sherlock Holmes, con más de 204 películas, miniseries y series de TV.

El vaquero más interpretado: William "Buffalo Bill" Cody, con más de 50 apariciones.

La película muda más cara: Ben Hur, (1925), costó 3.9 millones de dólares.

El póster más caro: El afiche de La Momia, (The Mummy, 1933), protagonizada por Boris Karloff, se subastó en 1997 por 435.500 dólares.

El escritor norteameriano más adaptado: Edgar Allan Poe, con 114.

El mayor vestuario: 32.000 trajes fueron fabricados para Quo Vadis, (1951).

El país con más cantidad de cines: Estados Unidos tiene 32.992 salas, seguido por la India con 12.867.


Fuente: Revista La Cosa, libro de oro 2008.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Nuestras estrellas: Bárbara Mujica, 1944-1990.


En 1926 Ricardo Luis Brignolo escribió la letra de un tango que tituló “Íntimas”, la música de la pieza fue compuesta por Alfonso Lacueva; un pasaje del estribillo dice: “¡Tus encantos, tus sonrisas tan amables!... / ¡EI perfume que exhalaban tus violetas!... ! / Y tus bucles y tus ojos, que princesas / anhelantes te quisieran imitar!”. Respetuosamente –y a juzgar por el aspecto de algunas altezas reales que aparecen en “revistas del corazón”, luciendo palanganas, woks y otros artefactos en la cabeza– lo de Brignolo parece un profético retrato, al dos por cuatro, de Bárbara Mujica. Porque, si hay alguien, por estos plebeyos pagos, a quien las princesas podrían (y quizá, hasta deberían) envidiarle el porte y la belleza es a Bárbara Mujica.


Hija de la actriz Alba Mujica, y sobrina del director René Mugica, participó a los tres años de edad de un cortometraje titulado “El Muro”. A los catorce protagonizó “Edad difícil” y “Demasiado jóvenes” ambas dirigidas por Leopoldo Torres Ríos. La segunda de ellas obtuvo el premio en el Festival de San Sebastián a la mejor película de habla hispana en su edición de 1958. El actor Oscar Rovito, con quien compartía el cartel principal de ambas realizaciones, se convirtió en su esposo y padre de Pablo y Gabriel, los dos hijos de la pareja.


En 1965, separada de Rovito, se casó con David Stivel. Interpretó a Ofelia, en televisión, en una personalísima versión de Stivel. El rol del príncipe de Dinamarca fue confiado a Alfredo Alcón. A partir de ese entonces, Mujica se integró al grupo Gente de Teatro, que integraban Norma Aleandro, Marilina Ross, Carlos Carella, Federico Luppi, Emilio Alfaro y Juan Carlos Gené. En teatro presentaron obras de gran éxito como “El Rehén” de Brendan Behan y “Todo en el Jardín” de Edward Albee. Este grupo también se lució con uno de los programas más prestigiosos de la televisión: “Cosa juzgada”; en él participaron autores de la talla de Griselda Gambaro, Marta Mercader, Roberto Cossa y Carlos Gorostiza. En cine presentaron “Los herederos”. Sufrió, como todos sus compañeros de aquel grupo, la inclusión de su nombre en las listas de prohibidos por la última dictadura militar, lo que impidió que, durante aquella larga noche, su imagen apareciera en televisión.

La filmografía de Bárbara Mujica se cuenta en diecisiete títulos, incluyendo el corto de 1947 y el doblaje de Liv Ullmann en el film de Jeanine Meerapfel, de 1989, titulado “La amiga”.


Bárbara murió muy joven, tenía –tan sólo– cuarenta y seis años. Su belleza seguía impactando desde los escenarios y su voz, grave y siempre al borde la disfonía, le agregaba poder de seducción. Probablemente esa voz era producto del cigarrillo, porque era una fumadora empedernida. Cualquiera, con este dato, podrá conjeturar las causas de su temprana partida, pero Bárbara, con su andar principesco, tenía desde siempre la impronta de la tragedia en su mirada.

Había una rémora de tristeza en su mirada que también recuerda otro pasaje de la letra de Brignolo: “¿Qué te pasa?“/ ¿Desengaños que has sufrido? / ¿Las espinas de una rosa te han herido? / ¿O el amor de un ingrato que ha fingido / ¿O un vacío imposible de llenar?

Con el signo de esa Ofelia –frágil y digna de un príncipe– que parecía habitarla desde siempre, se fue demasiado joven, en curiosa coincidencia con aquel título de su primer gran éxito internacional.




Filmografía

Loraldia (El tiempo de las flores) (1991)
La amiga (1989), Doblaje de Liv Ullmann
A dos aguas (1987)
Debajo del mundo (1987)
Malayunta (1986)
Gracias por el fuego (1983)
Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976), Laura Otamendi
Los herederos (1970)
Los guerrilleros (1965), Patricia
El octavo infierno, cárcel de mujeres (1964), Zulema Puentes
Las ratas (1962)
Los que verán a Dios (1961)
Quinto año nacional (1961)
Demasiado jóvenes (1958)
La casa del ángel (1957), Vicenta
Edad difícil (1956), Alicia Núñez
El muro (cortometraje - 1947)

Televisión


Atreverse (1990)
Ficciones (1987)
Duro como la roca, frágil como el cristal (1985), Marta Ramos
Los Gringos (1984), miniserie
Ruggero (1983), Libertad
Cosa juzgada (1969)
Hamlet (1964/II), Ophelia
El amor tiene cara de mujer (1964), Marcela

Premios

Premio Cóndor de Plata, mejor actriz, 1991
Festival de San Sebastián (1958): Demasiado jóvenes, mejor película (mención)
Bárbara Mujica retratada por Annemarie Heinrich


http://www.actores.org.ar/noticias/barbara-mujica-1944-%E2%80%931990
http://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%A1rbara_Mujica

domingo, 30 de octubre de 2011

Newsletter, ¡Vivan las antípodas!

26º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

¡Vivan las Antípodas! abre el Festival

Una impresionante mirada al mundo que nos rodea


¡Vivan las Antípodas!, de Victor Kossakovsky, puntapié inicial del 26º Festival





Puede ser que ¡Vivan las Antípodas! comience desde la distancia. De un punto a otro, un mundo. Literalmente. Puede ser que la nueva película de Victor Kossakovsky nazca desde la idea central de los contrarios. Sólo puede ser. Porque desde allí, desde la comprensión de las divergencias, crece un relato que remarca, con una gran potencia visual, el factor único que enlaza a todos esos puntos geográficos: la humanidad.







Y en ese relato poético que se despliega en la pantalla, cincelado hasta el detalle, se descubre al hombre como un gran y pequeño protagonista, en esa relación eterna con la naturaleza, con su majestuosidad, con su implacable fuerza. Desde cuatro pares de puntos equidistantes, Kossakovsky se zambulle en los pequeños sucesos del mundo, los de todos los días, jugando continuamente con los opuestos para acercarlos: la frenética velocidad de la ciudad con la contemplación del campo, el derrotero de la luna y el sol, marcando la noche cuando despunta el día en el otro lado del planeta, y la incesante conexión entre la vida y la muerte.

¡Vivan las Antípodas! juega con la Tierra, con la potencia poética de sus escenarios, con su belleza y sus misterios. Con cada plano, con sus manejos de cámara, travellings y fundidos logra mostrar un mundo que presumíamos, pero que finalmente descubrimos incógnito. Y nos hace mirarlo, como si fuese la primera vez, con inocencia y con sorpresa.

Con una banda sonora que orquesta magistralmente cada toma y cada clima, ¡Vivan las Antípodas! es una invitación a los sentidos, a redescubrir el lirismo latente del otro lado de nuestra realidad, en nuestro propio lugar, en la naturaleza y en el hombre.



Fuente: FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA 2011
Diseño y desarrollo web: tribytes.com

jueves, 27 de octubre de 2011

En diálogo con María Augusta Ramos.

Entrevistada por Luis Ormaechea, en el marco del 23 Festival Internacional de cine de Mar del Plata, acaecido en noviembre de 2008.

“No puedo pensar sin la forma”

María Augusta Ramos es una cineasta brasileña que pasa buena parte del año en Holanda. A muy temprana edad comenzó una destacada carrera: primero fue pianista, luego cursó la carrera de Musicología en la Universidad de Brasilia, y más tarde se doctoró en música electroacústica en París y Londres. Además, se especializó en Psicología de la Música (paradójicamente, sus films se caracterizan por el uso exclusivo de sonido directo). Estudió en la Academia de Cine y Televisión de los Países Bajos, donde fue alumna de Johan van der Keuken. La forma de encarar la realización de sus documentales, que podrían catalogarse dentro de una modalidad de observación, la emparenta a sus colegas europeos. Sin embargo, la temática de sus dos últimos films (Justiça y Juizo) es profundamente carioca. En una extensa charla, marcada por un tono calmo y el bajo volumen de su voz, nos habló de estos y otros temas.


Tu poética es muy diferente a la de otros realizadores brasileños. ¿A qué lo atribuís?

En primer lugar, porque viví mucho tiempo en Holanda. Todo mi bagaje, mi formación en cine, la adquirí allí. Comencé a descubrir cineastas que, de alguna manera, influenciaron mi posterior trabajo. No sólo conocí realizadores de documentales, sino también de ficción. Entre ellos podría nombrar a Yazujiro Ozu, Robert Bresson, Chantal Ackerman, entre otros. Ellos hacen un cine reflexivo, algo que me agrada mucho. También fue muy importante lo que aprendí de Johan van der Keuken; aunque nuestras propuestas sean diferentes, comparten una preocupación por la parte formal del documental.

¿Conocés el trabajo de Nicolas Philibert (el director de Ser y tener)?

Sí, lo conozco y me gusta mucho. Hay una marcada tendencia en el documental europeo hacia una modalidad caracterizada por la observación, como en Philibert p en Raymond Depardon. En Brasil es diferente: recién ahora se está descubriendo esta forma de hacer documentales.

¿Te influenciaron de alguna manera los realizadores brasileños del Cinema Novo?

Conozco algunas cosas, no muchas, de la obra de Glauber Rocha, de Joaquim Pedro de Andrade… Pero no siento que me hayan influenciado de alguna manera. Como te dije, todo mi bagaje proviene del cine europeo.





Como documentalista, ¿Qué elementos tomas de cineastas que se dedicaron exclusivamente a la ficción, como Ozu o Bresson?

Básicamente, ellos hacen un cine reflexivo que me conmueve. Llevan al espectador a hacer una interpretación crítica de lo que está viendo. Tanto el documental como la ficción no son la realidad, sino una reconstrucción, una representación de la realidad. Yo propongo mi visión de algo, no la realidad de eso. En ese sentido, mis films son construcciones formales. Es a través de la forma que el film comunica emociones, sentimientos, una realidad. Un film expresa de manera compleja una faceta de la realidad. No tengo la menor intensión de explicar nada. Sólo quiero mostrar momentos de esa realidad y que sea el espectador quien saque las conclusiones y quien pueda proyectarse en esa imagen. Otros realizadores prefieren presentar todo listo, todo explicado.

Teniendo una fuerte formación en esa disciplina, ¿por qué no utilizas música en tus films?

Porque para mí el sonido ambiente es el 50% de la realidad; por lo tanto, también el 50% de la verdad. El sonido es algo intrínseco a la imagen; el cine no es sólo imagen, es imagen y sonido. Si saco el sonido vinculado a una imagen y lo sustituyo por música o algún otro ruido creado electrónicamente, la realidad se pierde. Aumenta la sensación de que hubo una manipulación. Por cierto que yo manipulo cuando filmo, soy consciente de ello, pero si saco el sonido siento que estoy manipulando de más. Hay documentalistas que usan una banda de sonido como ayudante, algo que hace de contrapunto con la imagen, como un elemento estructural en el film. No es mi caso, a mí me suena falso.

Sin embargo, imagino que la música aparecerá de otras formas. Por ejemplo, en los ritmos narrativos, en el montaje…

Es imposible que pueda desprenderme de mi formación musical a la hora de hacer un film. Probablemente, aparece en mi gusto por un tipo de cine formal. Hay personas que realizan un documental pensando primordialmente en el contenido. En la escuela de cine, los profesores me decían: “El documental es primero contenido, luego forma”. También me enseñaron que había que buscar aquella forma que exprese mejor el contenido. No estoy de acuerdo con ello. No puedo pensar sin la forma. La forma define el contenido- Podríamos pensar el film como una partitura. Tiene un prólogo, un epílogo, una coda, y básicamente, tiene un ritmo. Ahí es donde entra la música en mi cine. También los directores que me gustan pueden pensarse desde una estructura musical. Ozu, por ejemplo. En sus films, nada se acentúa, todo transmite tranquilidad. A lo largo de su obra, propone una introversión. A medida que pasó el tiempo, se puso más introvertido, más cerrado. Fue buscando ser más proporcionado, lograr un equilibrio.

Los niños y los adolescentes son una presencia constante en los films de María Augusta. Para la televisión holandesa hizo, entre otros trabajos, una serie de seis capítulos de 15 minutos cada uno, titulada “Butterflies in Your Stomach”, que trabaja sobre niños enamorados. En esa etapa conoció a Desi, una nena de once años con una historia singular, que se transformó en el tema de su segundo largometraje (que lleva, precisamente, el nombre de su protagonista como título).

¿Cómo fue tu trabajo para la televisión holandesa?

Es muy difícil, casi imposible, hacer documentales en Europa sin el apoyo de la
televisión pública. Yo trabajé de manera free lance, es decir, presenté un proyecto y, como gustó, obtuve financiación. No tuve ninguna limitación, sólo tenía que hacer algo cuya estética les interesara para los espacios que tienen para las realizaciones independientes. Por supuesto, ellos también emplean a directores para las producciones propias, pero ahí hay que atenerse a las características del proyecto. No fue mi caso.




Los siguientes proyectos la llevaron de regreso a Brasil. Ambos abordan una temática delicada, que tiene que ver con la particular relación del individuo con una institución, en este caso el sistema judicial brasileño. En “Justiça”, retrató el funcionamiento de los juzgados criminales, mostrando la rutina de jueces, abogados y procesados. En “Juizo”, se focalizó en un tribunal de infancia y juventud de Rio de Janeiro, donde se deciden los destinos de los menores detenidos por la policía en las calles de la ciudad.

¿Por qué este cambio en las temáticas elegidas en tus films?

No me interesaba representar al sistema judicial. Quería volver a Brasil después de un largo tiempo. Mi intención era hablar de la vida urbana, retratar la realidad de mi país. Investigando llegué a este tema. Yo nunca había entrado en un tribunal de justicia brasileño, no sabía cómo eran ni cómo funcionaban. Es un sistema totalmente diferente a los que conocía. Cuando fui, quedé encantada, fascinada: ahí había un retrato de la sociedad brasileña. Entonces pensé, a partir de ese cuarto y de esa audiencia, en representar la realidad de mi país.

¿Tuviste muchas dificultades para conseguir los permisos para filmar en esos lugares?

No, ninguna. Obviamente tuve que tramitar permisos en todos los niveles, desde los más altos a los más bajos. Había que tener en cuenta muchas cuestiones, algunas tenían que ver con nuestra seguridad: el equipo tenía que entrar a las prisiones a filmar. Presenté un plan de trabajo, basado en un caso judicial de actualidad, para que vieran el modo en que iba a hacerlo, como si fuera una especie de modelo, y fue aprobado.

¿Cómo encaras tus proyectos? ¿Estás abierta a lo que suceda en la escena?

No trabajé con un guión previo: no trato de demostrar una tesis con mis documentales. Por el contrario, lo que hago es un descubrimiento. No sé con lo que me voy a encontrar.

¿Cómo fue la relación con la gente involucrada (jueces, abogados, fiscales) en estos dos films? ¿Colaboraron desde el principio con vos?

Si, no pusieron ninguna traba. De acuerdo a mi modo de trabajar, les mostré el film a ellos antes que a nadie, y estaban muy contentos de verse representados en él. No me objetaron nada.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Una ficción. De todos modos, no se va a diferenciar mucho de mis trabajos anteriores; va a estar muy anclada en la realidad: voy a trabajar con no actores, voy a utilizar locaciones reales. Un nuevo camino.

Filmografía exhibida en este festival

Brasilia, um día em fevereiro
Juizo
Justiça

Fuente: Bitácora 05, Diario del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.