Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Fanny & Alexander: Elenco frente a elenco




Fanny & Alexander (Fanny Och Alexander, Ingmar Bergman, 1982) y Dokument Fanny och Alexander (Bergman, 1986)


Por Luis Cano
Este año vi el documental donde Bergman muestra la filmación de Fanny & Alexander. No tardó en sacudirme. Bergman era un hombre sonriente, con los ojos entrecerrados. Estaba ensayando la escena posterior a la muerte del padre. Quería que un actor hiciera un movimiento apenas, como si la emoción quedara interrumpida a mitad de camino. El actor asentía, eso era todo. E inmediatamente sucedía. Era un momento muy enigmático. Vuelvo a mirarlo para escribir este comentario. Bergman atraviesa la escenografía. En el marco de una puerta hay dos niños. El varón vestido con traje marinero me mira.
Este año puse en escena Pelícano de Strindberg en el Portón de Sánchez. Los ensayos empezaron en el Camarín de las Musas y en otras salas feas y apretadas donde la única ventaja era poder reunirnos cada semana. Había obtenido un premio en el Concurso del Instituto Nacional del Teatro que me permitía realizar el espectáculo. Pero muy pronto la falta de eficacia, problemas organizativos y mi propia pereza saltaron a la vista. Me había metido con un clásico enorme, y yo era el elefante que entraba en el bazar. Las sonrisas del elenco se habían diluido.
Me escuché decir que las cosas iban bien y seguimos adelante. Era un momento difícil. Me sentía sin capacidades. Acababa de posponer la fecha de estreno una vez más. Fue entonces cuando invité al elenco a comer empanadas y a mirar el Documento: Fanny & Alexander en casa. Algo pude entender. Que no se hace una obra sin el corazón, ni tampoco se respira tranquilo.
Sigo pispeando el documental. A principios de este año Bergman estaba vivo. Lo veo tomar contacto con los actores que preparan la escena. Hay un lenguaje hecho de sentimientos. Todo depende de sensibilidad y de una extraña comprensión. Están muy cerca unos de otros. Uno se mueve y el otro le contesta físicamente. No hay muchas palabras para describir esto. Las emociones no son menos lúcidas que la inteligencia.
Agradezco volver a verlo. La extraordinaria Fanny & Alexander se termina. El documental muestra la fiesta de despedida. El elenco brinda con vasitos de plástico.
Hecha para la televisión pero estrenada internacionalmente en cines en una versión recortada (de tres horas, contra las más de cinco originales), F & A está considerada como una suerte de summa fílmica del director sueco. En un cruce permanente entre la comedia y la tragedia, lo fantasmal, lo gótico y lo grotesco, la película teje enorme un tapiz de recuerdos, sentimientos y sensaciones de la infancia. La historia transcurre a principios del siglo XX en la Upsala natal del director. Sus protagonistas son los hermanos del título, y su centro son las vicisitudes que sufre la familia Ekdahl; con la muerte del padre de los chicos y el matrimonio de la madre con un hombre conservador y tiránico. La película ganó los Oscar correspondientes a mejor film extranjero; mejor fotografía (del colaborador habitual de Bergman, Sven Nykvist, con quien se peleó seriamente durante el rodaje); mejor dirección de arte, y vestuario, y obtuvo las respectivas nominaciones a dirección y guión original. En un texto que acompaña el DVD de la película, el escritor norteamericano Rick Moody sostiene que veinte años después del estreno, ya en el siglo XXI, Fanny and Alexander “sigue viéndose como un gran, omnívoro relato de iniciación acerca de la imaginación juvenil en pleno ingreso al modernismo”. Por su parte, y a propósito del making off Documento Fanny & Alexander (dirigido también por Bergman), el crítico e historiador Paul Arthur escribió que “mientras que los suplementos fílmicos más convencionales están motivados solo por propósitos comerciales, Bergman ha concebido una reflexión sobre sus principios estéticos”, y agrega: “Aparentemente casual en tono y ejecución visual, el documento lleva claramente la marca del maestro. Autorretrato íntimo y riguroso legado sobre el arte de la realización, Documento reformula y expande los temas de Fanny...: la relación indisoluble entre teatro y vida (y cine); los misterios de la vida doméstica reencarnados en las dinámicas de familia de la producción de una película; la reflexión personal sobre la mortalidad; la perseverancia de cara a la angustia mental y física; y la inexplicable erupción de lo sobrenatural en la existencia diaria”.

Fuente: Suplemento "Radar" / Diario "Página/12", 28/10/07
http://www.pagina12.com.ar/

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