Julio Diz

Mi foto
Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 24 de abril de 2014

CinemaRock: Un fantasma en el paraiso.




Criticas a la carta; El fantasma en el paraíso

Por José Luis Caviaro

Ingredientes de ‘El fantasma de la ópera’, ‘Fausto’, ‘Frankenstein’ y ‘El retrato de Dorian Gray’, agitados y mezclados con estética glam y una sátira de la industria musical. Eso y más es lo que se encuentra el espectador que se adentra en el siniestro, romántico, desatado, hortera y cómico viaje que propone ‘El fantasma del paraíso’ (‘The Phantom of the Paradise’, 1974), una atrevida “opera rock” dirigida por un Brian de Palma pletórico en imaginación y energía, solo un año después de estrenar con éxito ‘Hermanas’ (‘Sisters’, 1973). La banda sonora se vendió con facilidad pero la película no tuvo suerte en taquilla, produciéndose uno de esos casos en los que poco a poco, tras el desconcierto o la indiferenciainicial, fue conquistando espectadores, y resistiendo los cambios en las modas y los gustos del público, se convirtió en un título de culto, al igual que otra propuesta de estética similar que se estrenó solo un año más tarde (‘The Rocky Horror Picture Show’), siendo calificado como uno de los mejores musicales jamás filmados. La etiqueta sigue vigente hoy día.

Escrita por De Palma en colaboración con el músico, compositor y actor Paul Williams (que además de autor de las cancioneses quien interpreta al villano de la historia), ‘El fantasma del paraíso’ se centra en dos personajes de comportamiento obsesivo vinculados por su deseo de fascinar al mundo con su obra, Winslow Leach (William Finley), un apasionado cantautor que ansía crear una pieza magistral, y Swan (Williams), un ambicioso productor que busca crear el espectáculo musical definitivo. Es interesante cómo en un principio se nos hace creer que el protagonista del relato va a ser este “Cisne” que parece haber nacido para asombrar al mundo, y que todo va a girar en torno a una desesperada búsqueda artística, pero enseguida se nos revela como un ser mezquino y diabólico, manipulador y sin escrúpulos, que ha encontrado una nueva presa a la que robará su talento: el ingenuo y poco agraciado Winslow, el antihéroe de una grotesca peripecia que se va enturbiando y desenfrenando con el paso de los minutos.



Parece que fue ayer cuando conocí a Annette en ese coro de iglesia. La metí en canto, la enseñé a vestirse, conseguí su primera actuación. Le pagué a un crítico. Hizo un reportaje precioso. Le dije con quién tenía que ser amable… Le di drogas para que fuera de gira, hice que su disco fuera un éxito. Y te la vendí. Tú hiciste que fuera la mejor del rock. ¿Y qué hace ella? Nos traiciona, cancela lo de Las Vegas… y quiere dar entradas gratis a los huérfanos hambrientos. Para mí era más que un objeto, era la luz de mi vida. Y ahora se ha ido. La demandamos. No podíamos perder. Teníamos un riguroso contrato, era como una cerradura bajo llave. Soborné al juez. Pero dijo que no se puede firmar un contrato de por vida. Dijo que éramos una desgracia para la profesión. Yo hice de ella una puta avara, ¿y yo soy una desgracia?

La película cautiva desde el principio, desde los créditos iniciales. Arranca con la carismática voz en off de Rod Serling (el creador de la serie ‘La dimensión desconocida’) presentando a Swan como esa brillante figura que busca lo inalcanzable, y acto seguido vemos una actuación de The Juicy Fruits, una exitosa banda de pop-rock que lleva el sello del magnate (“Death Records”, “Discos Muerte”). Visualmente resultaría un segmento aburrido, de no ser por la letra de la canción (que uno sospecha que será premonitoria), el comportamiento de los miembros del grupo y una escena que sucede en un despacho situado en las alturas (Swan siempre observa desde arriba, como un dios) cuyos ventanales dan al escenario, donde la mano derecha de Swan habla (directamente a la cámara, uno de los muchos recursos que emplea De Palma para atrapar nuestra atención) sobre una cantante a la que deben castigar, lo que nos mantiene alerta, expectantes. Asimismo, se intercala otra escena en la que vemos cómo alguien pega un pequeño anuncio encima del enorme letrero de los Juicy Fruits, lo que nos indica que se trata de un don nadie y que, posiblemente por envidia, no soporta al popular grupo.

Pronto descubrimos que se trata de otro músico, uno que escribe y compone sus propios temas; mientras la cámara da vueltasa su alrededor de Winslow (y nos preguntamos de qué circo habrá salido semejante “freak”), Swan interrumpe a su interlocutor, emocionado, pues acaba de encontrar el sonido que buscaba para su espectáculo definitivo, bautizado como “El paraíso”. El esbirro del dueño de Death Records ofrece entonces a Winslow un jugoso contrato, éste pica el anzuelo y entrega su trabajo para una cantata, con una serie de condiciones que son falsamente aceptadas. Pasados unos meses sin que nadie le llame, Winslow busca a Swan y descubre que está usando sus temas sin permiso; así conoce y se queda prendado de Phoenix (Jessica Harper, en su primera aparición en la gran pantalla), una de las muchas chicas que acuden a las pruebas de “El paraíso” (esclavas de ese ídolo que aparece entre rojas humaredas). El compositor es expulsado de la casa de Swan y encarcelado con pruebas falsas (en “Sing Sing”, para mayor cachondeo); tras una milagrosa fuga, y un desafortunado accidente en la fábrica del sello Death Records mientras huía de la policía,Winslow desaparece y es dado por muerto.

Evidentemente no lo está. A través de una portentosa secuencia de suspense marca de la casa, que juega con el plano subjetivo y la pantalla dividida, De Palma nos presenta al fantasma del paraíso con un homenaje a ‘Sed de mal’ (‘Touch of  Evil’, 1958); más adelante, el mismo personaje protagonizará una desternillante escena que parodia el famoso asesinato de la ducha en ‘Psicosis’ (‘Psycho’, 1969), y es que no podía faltar el recuerdo del director al maestro Hitchcock. Winslow, transformado ahora en una especie de enorme cuervo sobrenatural ultrajado, con rasgos que recuerdan inevitablemente a Darth Vader (el traje oscuro, la capa, la fuerte respiración, la voz electrónica, la máscara que esconde el rostro desfigurado), pretende sabotear “El paraíso” pero Swan vuelve a engañarle; promete que reformará el espectáculo para ajustarlo a todas sus exigencias, incluyendo situar a Phoenix como estrella principal. El fantasma vende su alma (como todos en la película) y sella el acuerdo con su propia sangre, en una escena que parece sacada de ‘Una noche en la ópera’ (‘A Night at the Opera’, 1935). De ahí en adelante, más música, diversión, crítica (los medios como vergonzosa herramientade la sociedad de consumo, en la presentación del disparatado personaje que encarna Gerrit Graham), melodrama barato (por supuesto, buscado), cutrez (ídem), misterio, odio, asesinato, depravación, obsesión, desamor (tremenda la escena de Swan castigando al fantasma) e inevitable tragedia.



Es una película exagerada, frenética y apasionada, que se disfruta plenamente a pesar de algunas decisiones estéticas de la época, un presupuesto escaso que no permitía derroches y problemas extracinematográficos que afectaron al montaje (la discográfica de Swan debía ser “Swan Song”, justo el nombre que eligió Led Zeppelin para su sello, obligando a retocar y eliminar numerosos planos para evitar un litigio judicial que retrasaría el estreno). ‘El fantasma del paraíso’ es indudablemente una de las joyas de la irregular filmografía de Brian de Palma, una gozada que no acusa el paso del tiempo gracias a su espíritu gamberro, su audacia, su humor y su poderío visual. Deja imágenes en la retina que no pueden olvidarse.





The phantom of the paradise


A finales de los años sesenta una nueva generación de directores americanos llamaba con fuerza al relevo generacional. Encabezados por Peter Bogdanovich eran conocidos como los “locos por el cine”, por su afición al cine de géneros, y su reverencia y referencia por los directores clásicos. Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg, John Milius, y algún otro de menor recorrido se encuadrarían en este grupo. De entre todos ellos, Brian de Palma fue recibido como un prometedor director cinematográfico, innovador e inventivo. Su primera película comercial, Greetings (1968) fue saludada como la obra del Godard americano. Poco a poco, a lo largo de la década de los setenta, el desarrollo de su filmografía desmintió esa primera apreciación, convirtiéndole en un analizador de géneros hasta llevarle a ser un “imitador” de Hitchcock en Vestida para matar. Ese desarrollo le llevo a ir saltando de género a género, buscando nuevos temas, o nuevos tratamientos a temas clásicos, o propuestas con las que transgredir (o mejor, copiar u homenajear) los cánones del cine clásico.

Por otro lado, la visión que Busco mi destino (Easy Rider, Denis Hooper, 1969) había dado de la juventud y de su comunión con la música rock, abierto un nuevo camino al cine y las bandas sonoras, con la inclusión de temas conocidos de Rock ‘n’ Roll. La iniciativa facilitó la salida de películas como American Graffiti, de George Lucas, en 1973. Esta película mostraba uno de los extremos en los que se movía la música rock en el arranque de la década: fue un periodo de indefinición entre la recuperación nostálgica del pasado y la aceptación de las nuevas tendencias psicodélicas o el glam.



Es este estado de cosas, Brian De Palma rebusca en el pasado, y encuentra en un mito moderno un estupendo punto de partidapara satirizar los entresijos del mundo de la producción discográfica, y casi, por extensión, de la producción cinematográfica de los grandes estudios. Partiendo de El fantasma de la Ópera, y subvirtiendo otros mitos clásicos o largamente arraigados en el inconsciente colectivo, De Palma decide afrontar la realización de un musical rock no con temas de éxito, sino con canciones compuestas expresamente para su película, y así poder describir además las dos tendencias (nostalgia o modernidad) en las que se hallaba sumergida entonces la música rock. Y decide hacerlo muy a su modo, es decir, copiando abiertamente, si bien en esta ocasión el sistema de copia será la parodia.

La consecuencia de toda esa mezcla es esta El fantasma del Paraíso, una película excesiva y excéntrica, y no para todos los gustos. Aunque Brian De Palma parece saber lo que quiere contar y la película resulta coherente en la parodia de ese exceso y esa excentricidad. Ese exceso, el aire de película de bajo presupuesto y una cierta tendencia en el final al terror cutre, facilitó que casi desde el momento de su estreno se convirtiera en una película de culto, en un sentido amplio, no excluyente.


De hecho, aunque fue distribuida por grandes estudios, El fantasma del Paraíso es una producción completamente independiente de Brian De Palma, obsesionado por el control creativo de sus películas. Fue buscando colaboradores de calidad contrastada, pero dispuestos a arriesgar en una visión transgresora: en la fotografía contactó con Larry Pizer, proveniente del “free cinema” inglés de los sesenta, y en el diseño de producción (decorados, vestuarios y escenografía en general) empleó a Jack Fisk, que había trabajado con Terrence Malick en Malas tierras (Badlands, 1973). De hecho fue el primer trabajo de Fisk como diseñador de producción, y estaba tan ilusionado con el proyecto que su mujer le ayudo a confeccionar el vestuario. A ella la había conocido en el rodaje de Malas tierras, y los dos congeniaron muy bien con De Palma. Tanto, que volvió a contar con él para su siguiente película, de la que ella fue la protagonista. La película fue Carrie, y la dama en cuestión era Sissy Spacek.

El encontrar compositor fue un asunto más delicado. De Palma quería reflejar las dudas entre los diversos caminos que se abrían al rock, pero usando canciones originales. Tendría que ser alguien capaz de entender eso, y capaz de componer música en varios estilos, añadiendo un toque paródico. Cuando le contó el proyecto a Paul Williams, conocido entonces sobre todo por ser compositor de algunos éxitos de The Carpenters, se sintió tan interesado que hasta quiso participar como actor. En principio le apetecía el protagonista, pero finalmente se hizo cargo de Swan, el malvado productor discográfico, un trasunto del diablo, dueño del Paraíso. Como personaje, además, es presentado físicamente tarde, creando misterio y expectación al percibir su presencia casi desde el principio, pero sin verlo. Tras el número musical de arranque, de tono nostálgico, la película se abre con un paródico homenaje de De Palma a su amigo Coppola, copiando y subvirtiendo la escena de arranque de El Padrino (The Godfather, 1972), asumiendo ese rol el personaje de Williams, pero quedando fuera de cámara. Le vemos por primera vez ya avanzado el metraje, surgiendo entre el humo y el fondo rojo, como si viniera del infierno.


Si, como citan algunas fuentes, Williams fue también el encargado de seleccionar a los músicos que interpretarían sus temas, habría que reconocer que hizo un gran trabajo. Especialmente en la selección de la protagonista femenina, la compositora y actriz Jessica Harper, prometedor talento que luego participaría en dos proyectos con Woody Allen y los musicales de Herbert Ross Dinero caído del cielo (Pennies From Heaven, 1981) y de Jim Sharman Tratamiento de shock (Shock Treatment, 1981). El papel protagonista sería para William Finley, amigo de De Palma de los tiempos de la universidad, y actor en sus anteriores cortos y películas. En esta ocasión es posible que realice su interpretación más completa y matizada.

Con el equipo de rodaje perfilado, Brian De Palma termina de pulir su guión, para el que recurre fundamentalmente al mito del fantasma de la ópera, pero también a Fausto, Dorian Gray y, lejanamente, a Frankestein. Pero la cultura de De Palma es más cinematográfica que literaria, y su película bebe más de las adaptaciones que del original. De todas las adaptaciones cinematográficas que ha tenido El fantasma de la Ópera, la novela por entregas de Gaston Lerroux (1868 – 1927), la más recordada y la que ha impuesto la iconografía del mito a las adaptaciones posteriores, es la interpretada por Lon Chaney en 1925. El director, Rupert Julian, estaba interesado más en el lado terrorífico de la historia, pero fue sustituido por Edward Sedgwick, que fue quien redujo la historia, centrándola en la relación obsesiva de amor de Eric con la cantante, y que suele ser la idea central de todas las adaptaciones posteriores. El caso de De Palma no es una excepción y mantiene toda la iconografía del mito: la chica del coro que merece un papel protagonista, El Fantasma que deambula escondido por los pasillos del Paraíso con el rostro desfigurado y el alma destrozada, la máscara con que cubre su fealdad, el enamoramiento de la voz de la cantante, el fantasma parapetado tras la decoración de la embocadura para cometer sus fechorías, u observando escondido en la azotea la escena de amor entre su rival y su amada.


Donde el director introduce su variante, el tema de Fausto (y a la larga el de Dorian Gray) es en el contrato que por amor a Phoenix (el personaje interpretado por Jessica Harper) El Fantasma (Winslow) está dispuesto a asumir. Un pacto con el diablo que lo mantiene unido a Swan de por vida como creador y productor, aunque luego se descubra que Phoenix no es la dulce chica que era en la obra de Lerroux, sino una trepa aprovechada, y fácilmente dispuesta a ser tentada por Swan y su poder. Y esa es, en realidad, la parte más “terrorífica” de la película: la presencia del pacto con el diablo que Swan va contrayendo para mantener la eterna juventud, conteniendo la decadencia no en un retrato, sino en una cinta de video. La referencia a Fausto además se produce también de forma directa, ya que la “cantata” que compone El Fantasma y que Swan le roba se titula precisamente así, Fausto, y los temas que se cantan hacen referencia a la inmortalidad del alma, al diablo, la persistencia del amor para siempre.

Aunque no es puramente un musical (no todos los números sirven para avanzar en la trama), la música está muy presente y las canciones sí funcionan como una descripción explicativa de lo que está sucediendo. A ello se une la temática en torno a la creatividad musical, que sirve para proponer musicalmente una pequeña exploración por el mundo de la música popular, un interesante recorrido por diversos estilos musicales, a menudo versionando el mismo tema, con lo que se puede apreciar mejor la diferencia entre ellos. Cuando Swan busca alguna tendencia para versionar la cantata de El Fantasma, se visita el pop americano, el country, el soul, el duduá, para terminar con una especie de mezcla de glam con tintes psicodélicos, que es finalmente la propuesta elegida, la modernidad imperante en el momento del rodaje de la película. Hay también a lo largo del metraje canciones de estilo rockabilly, y baladas al más puro estilo de The Carpenters.


El tono general de la película, como ya se ha comentado es excesivo y paródico, lo que no es óbice para que se puedan identificar rasgos de estilo propio del director. Esos rasgos los encontramos en la ya mencionada pantalla partida en dos,mostrando dos puntos de vista en la explosión de la bomba en el escenario, en el consabido homenaje a Hitchcock, esta vez parodiando la escena del apuñalamiento en la ducha de Psicosis (Psycho, 1960), y en la actitud vouyerista de Swan en las audiciones, o del propio fantasma en el Paraíso. Además el tono paródico lleva al director a mostrar esa pretendida imagen de cine independiente de bajo presupuesto, y a una exacerbada celeridad en la narración, llevada a cabo en algunas ocasiones con saltos en la continuidad narrativa.

El rodaje y la confección final de El fantasma del Paraíso estuvieron cargados de inconvenientes. Durante el rodaje del número musical de la presentación de la cantata, con mucha presencia de artefacto eléctrico, un cortocircuito provocó una explosión que produjo varios heridos y la suspensión del rodaje por unos días. Una vez concluida la película, la Universal se dio cuenta y trató de sacar tajada de sus películas de terror, especialmente por las referencias evidentes a Frankenstein en ese número musical, pero también por las referencias a Fausto y El Fantasma. Brian De Palma, no se sabe si por ego propio o viéndose venir estas complicaciones, firma en solitario el guión, sin reconocer adaptaciones o influencias. Al no aparecer en los créditos e interpretarse que son referencias al conocimiento público, la demanda no prosperó. Lo que sí se vio obligado De Palma a cambiar fue el nombre original (Swan Song) de la productora discográfica de Swan. Mientras se rodaba la película, Led Zeppelin había escogido ese nombre para su propia productora al escindirse de Atlantic Records. El nombre provenía de una canción inédita de Jimmy Page, y parecía contar con todas las prerrogativa legales, y ser anterior en el tiempo. Así pues, De palma sustituyó el nombre por el que figura en la película: Death Records, añadió el inserto del principio, y retocó o suprimió planos en donde aparecía Swan Record, y añadió otros nuevos rodados a posteriori. Aun así, en algunos planos se puede ver el antiguo nombre y sobre todo, el antiguo anagrama (un cisne negro y azul) de la productora: el Fantasma se asoma para contemplar la bomba a través del cisne, y el mismo cisne preside el número final en el Paraíso.


Como conclusión se puede afirmar que toda la presencia musical, la partitura y la experimentación, unida al par de números que se representan en el Paraíso, hacen que de por sí resulte interesante la revisión. Para estar llamada a ser extraña, no mayoritaria, estar muy centrada en la época en que se rodó, y tener esas muestras manieristas, la película no ha envejecido mal. Si se asume como la historia excesiva y punto burlesca que es, se puede contemplar sin demasiada dificultad. Además habrá que reconocerle a De Palma que fue el primero en pensar que El Fantasma de la Ópera podía tener una adaptación musical, y que situó la deformación del Fantasma en un solo lado de la cara, permitiendo la posterior estilización de la máscara, hasta llegar a la propuesta de The Phantom of the Opera de Andrew Lloyd Webber en su adaptación

Ficha Técnica.

Título: El fantasma del paraíso
Título original: Phantom of the Paradise

Dirección: Brian De Palma

País: Estados Unidos
Año: 1974
Duración: 92 min.
Género: Thriller, Comedia, Musical, Terror, Música, Fantástico
Calificación: No recomendada para menores de 13 años

Reparto: William Finley, Paul Williams, Jessica Harper, Gerrit Graham, George Memmoli, Archie Hahn, Jeffrey Comanor, Peter Elbling, Colin Cameron, David Garland, Gary Mallaber, Art Munson, Mary Margaret Amato, Rand Bridges, James Bohan, Herb Pacheco, Jennifer Ashley, Janit Baldwin, Janus Blythe, Katherine Mastellos, Robin Mattson, Patrice Rohmer, Ruthy Ross, Cheryl Smith, April Troy, Walter Foster, Peter Harrell, Troy Haskins, Gene Gross, Henry Calvert, Ken Carpenter, Sam Forney, Leslie Brewer, Celia Derr, Linda Larimer, Roseanne Romine, Nydia Amagas, Sara Ballantine, Kristi Bird, Cathy Buttner, Linda Cox, Jane DeFord, Bibi Hansen, Robin Jeep, Deen Summers, Judy Washington, Susan Weiser, Janet Savarino, Jean Savarino, Keith Allison, Bobby Birkenfeld, Sandy Catton, William Donovan, Scott Edmund Lane, Dennis Olivieri, Adam Wade, Nancy Moses, Diana Walden, Sherri Adeline, Marty Bongfeldt, Coleen Crudden, Bridgett Dunn, William Shephard

Distribuidora: 20th Century Fox
Productora: Harbor Productions
Presupuesto: 1.300.000,00 $

Asistente de producción: Lynn Pressman-Raymond
Casting: Gino Havens, Peggy Taylor, Sylvia Fay
Departamento artístico: Brian Swain, Erik L. Nelson, Michel Levesque, Sissy Spacek
Departamento editorial: Paul Hirsch
Departamento musical: Ed Norton, George Aliceson Tipton, John Fox, Jules Chaikin, Michael Arciaga, Paul Williams
Diseño de producción: Jack Fisk
Efectos especiales: Greg Auer
Fotografía: Larry Pizer
Guión: Brian De Palma
Maquillaje: Anna Sugano, John Chambers, Rolf Miller
Montaje: Paul Hirsch
Música: Paul Williams
Producción: Edward R. Pressman
Producción asociada: Bill Scott, Jeffrey L. Hayes, Michael Arciaga, Paul Lewis
Producción ejecutiva: Gustave M. Berne
Sonido: Al Gramaglia, Dan Sable, David Schneiderman, Harriet Fidlow, James M. Tanenbaum
Vestuario: Peter Jamison Rosanna Norton


Fuentes: http://www.love4musicals.com/2011/12/23/phantom-of-paradise/

http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-el-fantasma-del-paraiso

No hay comentarios:

Publicar un comentario