Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 24 de julio de 2011

Animacine, Tron: Legacy, El futuro llegó hace rato.

La frase de Patricio Rey y sus redonditos de ricota es válida para explicar cómo una misteriosa película de un estudio en crisis puede pasar de ser un “fracaso” a dar pie a uno de los eventos cinematográficos más esperados dos décadas más tarde. Tron: Legacy es una secuela directa del original, que sin embargo se entiende perfectamente sin haber visto esa primera entrega.



Por Ariel Kuschevatzky, por gentileza Disney

A fines de los ’70 Disney era una compañía en crisis. Tras la muerte de su fundador, Walt, la empresa pasó a ser manejada por un grupo de familiares que evidentemente no terminaban de captar el potencial del universo generado por el creador del ratón Mickey. Ese vacío de liderazgo se notaba en los proyectos que trataban de llevar adelante. Sus largometrajes ya no eran parte de la mejor animación del mundo y la crítica se ensañaba con la baja calidad técnica de títulos como “Robín Hood” o Bernardo y Bianca. Y si bien la marca gozaba de buena salud, sostenida por la presencia en la TV y la popularidad de sus parques de diversiones, algo estaba funcionando muy mal.

En ese periodo se llegó a considerar el cierre de los departamentos de producción de dibujos animados, algo que al propio Disney –que era esencialmente un creador serial-le hubiera parecido una herejía. Hoy nos puede resultar impensable esta situación, cuando la compañía es un gigante del entretenimiento, pero en esa oscura época el futuro del estudio era una sombra, un interrogante sin respuesta aparente. Y entonces llegó “La guerra de las galaxias”.



En 1977 el megasuceso de la película de ciencia ficción dirigida por George Lucas tomó por sorpresa a Hollywood, convirtiéndose en un negocio ilimitado que incluía muñecos, remeras y pósters. Un género que era visto como menor pasó a estar en el centro de la escena y no hubo empresa que no quisiera sacar provecho de él. Disney no fue la excepción y pronto comenzó la producción de un par de largometrajes que se subían a la moda. Era una señal: la compañía históricamente asociada al entretenimiento familiar iba por los jóvenes y adolescentes. Pero claro, no estaban acostumbrados a ocuparse del otro público que no fuera el infantil, y su primer proyecto era un Frankenstein que combinaba temas adultos con un par de robots simpaticones. Su titulo fue “El abismo negro” (The black hole, 1979) y su relativo éxito le dio a la Disney la fuerza suficiente para avanzar con un film que sería revolucionario para el cine y los efectos: “Tron”.



La película narra las aventuras de un programador de computadoras, Kevin Flynn (Jeff Bridges), que es introducido por un rayo láser a un mundo virtual y digital creado por él mismo, pero controlado por un rival en el mundo corporativo. Dentro de esa realidad paralela Flynn deberá sobrevivir una serie de desafíos deportivos y destructivos antes de poder acercarse al gran cerebro que maneja la red y que planea usar su poder para controlar hasta las computadoras del Pentágono. Como notarán, “Tron” estaba bastante adelantada a su época, usando algunos de los ejes temáticos que después veríamos en otras películas como “Matrix” y sus secuelas. Pero el aspecto donde el largometraje estaba a muchísimos años luz del resto de la industria es en el uso de las imágenes creadas por computadora. No sólo es impresionante y evolucionado, sino que se tardó años en lograr un avance tan grande en la pantalla. Parte del impacto era ver a Bridges interactuando con motos cibernéticas y escenas de acción diseñadas por el dibujante de historietas francés Moebius. Pero al mismo tiempo era un film un poco distante y su director, el debutante Steven Lisberger, recién estaba aprendiendo a manejar el lenguaje. Si bien “Tron” tuvo una gran promoción, su asociación con la Disney tampoco ayudaba a un público de niños que buscaban un tipo de película más infantil. Cuando se estrenó en Estados Unidos (en julio de 1982) la recaudación fue de 33 millones de dólares, relativamente buena para un proyecto que costó más de 17 millones, pero para nada el suceso que todos profetizaban. Así se instaló su inmerecida reputación como fracaso.

El tiempo fue muy beneficioso para “Tron”. Una generación entera la empezó a amar viéndola en video y la TV. Sus intrincados conceptos (sobre todo la idea de un humano como virus tecnológico) se hicieron más entendibles en la medida que todos empezaron a tener computadoras en sus casas. La cultura masiva comenzó a referenciar la película desde lugares tan extraños como los recitales de Black Eyed Peas, que usan una escenografía similar a la del film, y con una Disney reinventada y convertida en un gigante, el regreso de Kevin Flynn empezó a volverse un sueño posible.



“Tron: Legacy” es una secuela directa del original, que sin embargo se entiende perfectamente sin haber visto esa primera entrega. El protagonista esta vez es Sam Flynn (Garrett Hedlund), el joven hijo de Flynn, Kevin, quien supo ser el programador de videogames más importante del mundo, lleva dos décadas desaparecido. Sam recibe una extraña señal que lo lleva a un local que alguna vez fue de su padre y un rayo lo transporta al universo paralelo del juego donde encontrará un destructivo ser con un rostro igual al de su padre hace 20 años. Pero en algún lugar de esa realidad repleta de desafíos mortales también está su papá, y la búsqueda lo pondrá frente a un interrogante capaz de aniquilar varios mundos a la vez.

Con un presupuesto de 170 millones de dólares, estrenándose en 3D y en IMAX, el retorno y renacimiento de esta saga parece mostrar la evolución constante de los espectadores y de la industria, y la necesidad de elaborar ideas a través del tiempo. Pero aún sin planteárselo, “Tron, el legado” es una reflexión sobre la relación entre la creatividad y el control. Algo que cualquier director y productor de cine conocen tan íntimamente como para transformarlo en una sorprendente película de ciencia ficción…


Jeff Brigdes, ayer y hoy

Para los adultos que vieron “Tron”, uno de los grandes placeres de la secuela es descubrir una versión evolucionada y más extrema de esa realidad. No sólo eso: Jeff Bridges tiene un espectacular doble papel, como Flynn y como su ciber-clon CLU 2, cuya cara fue retocada digitalmente para ser igual a la de Bridges en 1982. Las imágenes son sencillamente deslumbrantes y el elenco suma talento por todos lados, incluyendo a la hermosa Olivia Wilde (de la serie Dr. House) como Corra, una criatura del cosmos creada por Flynn.


Ficha técnica ampliada

Título: Tron, el legado
Título original: Tron Legacy

Dirección: Joseph Kosinski

País: Estados Unidos
Año: 2010
Duración: 125 min.
Género: Thriller, Aventuras, Acción, Ciencia ficción
Calificación: Apta para todos los públicos

Reparto: Olivia Wilde, John Hurt, Jeff Bridges, Garrett Hedlund, Bruce Boxleitner, Serinda Swan, Beau Garrett, Brandon Jay McLaren, Amy Esterle

Guión: Richard Jefferies, Adam Horowitz, Edward Kitsis
Web: disney.go.com/tron
Distribuidora: Walt Disney Studios Motion Pictures
Productora: Walt Disney Productions, LivePlanet
Presupuesto: 300.000.000,00 $
Animación: Bernd Angerer
Casting: Coreen Mayrs, Heike Brandstatter Leslie-Ann Reale Sarah Finn Tamara Hunter
Coproducción: Julien Lemaitre

Departamento artístico: Andrew Li, Andrew Reeder, Andrew Semple, Andrew Smith, Audra Neil, Barontieri Thierry Doizon, Benjamin Edelberg, Brent Boates, Bryan Sutton, Ceri Glowacki, Daniel Simon, Daren Dochterman, David Clarke, David Scott, David Vyle Levy, Ed Natividad, Gideon Hay, Jack Gauvreau, James H. Chow, Jan Kobylka, John Dale, Joseph Hiura, Kevin Loo, Lisa Fiorito, Margot Ready, Michael A. Billings, Mike Piccirillo, Nathan Schroeder, Phil Saunders, Phillip Norwood, Rainart Sebastien Larroude, Ray Lai, Richard Bennett, Robert Andrew Johnson, Rohan Lyal, Scott Holburn, Sean Will, Steve Jung, Sylvain Despretz

Departamento de transportes: Clint Wilcox, Dave Miller, David Holm, Scott Irvine
Departamento editorial: Dylan Firshein, Jason Brown, Keto Shimizu, Wyatt Jones
Dirección artística: Grant Van Der Slagt, Kevin Ishioka, Sean Haworth, William Ladd Skinner
Diseño de producción: Darren Gilford

Efectos especiales: Adam Tayler, Alan McFarland, Alex Burdett, Alistair Bell, Angela Bright, Christopher Nash, Damian Fisher, Dylan Boeddeker, Joe Giles, Kevin Kirkpatrick, Megan Flagg, Michael B. Williams, Mike Rotella, Naomi Gathmann, Sally Ray, Terence J. Cox, Travis Gale Lewis

Efectos visuales: Andrew Loschin, Chad Roen, Eric Barba, Jesse James Chisholm, Patrick Perez, Paul Alexiou, Paul Kolsanoff, Paul Lambert, Rowsby, Ryan Delk, Slavik Anishchenko, Viki Chan, Zachary Cole

Fotografía: Claudio Miranda
Guión: Adam Horowitz, Edward Kitsis, Richard Jefferies Steven Lisberger
Maquillaje: Anji Bemben, Bill Terezakis, Rosalina Da Silva, Thomas Nellen
Montaje: James Haygood
Producción asociada: Bruce Franklin, Steve Gaub
Producción ejecutiva: Brigham Taylor
Sonido: Donald D. Brown, Michael McGee

Vestuario: Carlos Rosario, Carolyn Bentley, Christine Bieselin Clark, Dawn Climie, Eddie Yang, Fabian Lacey, Jason Barnett, Jeffrey Fayle, Jennifer Grossman, Karen L. Matthews, Koreen Heaver, Laura Baker, Lauren M. Walker, Lucas Comstock Michael Wilkinson Mila Hermanovski, Paula Plachy, Rachel Parkin, Robert McKinnon, Sandra Watson, Stephanie Portnoy Porter, Steve Jung, Tex Kadonaga


Fuente: Revista Miradas, diciembre de 2010

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