Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 21 de julio de 2016

El adiós a Héctor Babenco, el argentino renegado.



Está radicado en Brasil desde 1969. A los 56 años, afirma que es el director de cine "más brasileño de todos", que a la Argentina no quiere volver y que tiene contacto directo con Francis Ford Coppola, Jack Nicholson y Meryl Streep. Habitualmente reacio a dar entrevistas, aquí habla, sin embargo, de su contradictoria argentinidad, de cómo logró recuperarse de un cáncer linfático y de Carandirú, su último film, que en el país vecino fue el estreno más visto de todos los tiempos.

Domingo 04 de abril de 2004


San Pablo.- "Soy el director de cine más brasileño de todos", le dice a quien quiera escucharlo. Héctor Babenco nació hace 56 años en la Argentina y vivió más tiempo en Brasil que en nuestro país. Y no es necesario un psicoanalista para descubrir la simbología de lo siguiente: cuando descubrió que tenía cáncer linfático y que se iba a morir, decidió hacer el último film en su país de origen. Corazón iluminado (1998), sin embargo, no fue el último. Babenco se salvó. "Un día, después de hacer Corazón iluminado, me di cuenta de que no me había muerto." Al percibirse vivo decidió volver a dirigir en Brasil.

Carandirú, su octava y última película, estrenada recientemente en Buenos Aires, se convirtió en un éxito impresionante. Desde el día del debut resultó todo un acontecimiento de público. Fue la película brasileña más vista de todos los tiempos en un estreno: 468.000 pagaron entrada en apenas un fin de semana, y ya la vieron más de cinco millones de personas. Carandirú costó 4 millones de dólares, lo que es también un récord para la industria brasileña.




Babenco es conocido como un personaje difícil. Contradictorio, ególatra e imprevisible en sus reacciones. Detesta a los periodistas y dice que no entiende por qué quieren entrevistarlo si todo está en sus films. Pero, al minuto siguiente, admite que su productora llama a los medios para agendar entrevistas porque necesita "que hablen de la película". Dice que el arte no necesita ser explicado y que no le interesa si la gente va a ver sus films, pero frente a este periodista atiende una llamada desde Nueva York y grita, eufórico: "¡Estamos vendiendo más entradas que James Bond!"

Durante esta entrevista, un Babenco en ropa de gimnasia y zapatillas recibe a la Revista en su productora en San Pablo. Allí, a pesar de molestarse con cualquier pregunta que se alejara de la difusión de su film, acepta hablar sobre su argentinidad.


-Yo comencé a ejercer mi profesión de director en Brasil. Fue Brasil el país que me dió la oportunidad de trabajar y aquí he crecido. Aquí desarrollé mi trabajo y, con excepción de Corazón iluminado (una película que filmé en la Argentina), todo mi cine está muy vinculado con quien yo soy y donde estoy. Hoy me siento un brazilian player.

-Para vivir en Brasil no es necesario naturalizarse. Usted lo hizo, y eso da la impresión de que quería cortar vínculos con su pasado argentino.

-No, es un equívoco. Yo me naturalicé porque me parecía que, para poder abordar determinados temas en mis películas, iba a estar más integrado si era un ciudadano brasileño que si era un argentino con permiso de trabajo. Pero no renuncié a mi ciudadanía argentina. En ningún momento pensé cerrar mi etapa argentina. La mantengo abierta porque es un poco la que me mantiene vivo.

-¿Y qué quedó de su argentinidad después de 30 años en Brasil?

-Conseguí extirpar todo lo que había de horroroso en el argentino y quedarme con lo mejor. Lo mismo que trato de hacer con lo brasileño.

-¿Y qué es lo bueno de cada lado?

-Está en mis películas (se irrita). Si las películas no lo dicen, no puedo hablar de quién soy yo. Lo que sale en los diarios hoy, mañana va a envolver pescado en la feria. Soy muy radical, muy severo con la prensa. La prensa nunca me dio tregua. Siempre me pegan en los tobillos, nadie viene a la pelota. Cuando hacés algo que funciona, te reverencian. Cuando hacés algo que no corresponde a lo que ellos (los periodistas) quieren ver, no te reverencian. ¡Déjennos trabajar tranquilos! Soy modestamente un director de cine, que de vez en cuando junta cuatro palitos, un poco de luces, tres o cuatro locos, un crédito y hace una película.


-¿Le molesta que Corazón iluminado, su único film argentino, no haya sido un éxito de público?

-Yo hice Corazón iluminado después de un proceso de ocho años de convalecencia de una enfermedad muy seria, y me pareció que no habría más espacio en esta encarnación para hacer otra película. Y obviamente no quería olvidarme de algunas personas y situaciones que fueron muy importantes para mi formación como persona. Las dramaticé con la ayuda del escritor Ricardo Piglia, con quien trabajé durante un año y medio. Cuando salí de esa película, que estuvo en competición en Cannes, con una sensación de estar empatado con la vida, me llevé una gran sorpresa: vi que todavía estaba vivo, que no me había muerto, y que había posibilidad de continuar. Tenía energía para levantarme a la mañana y soñar, mi libido estaba despierta y quería ser un hombre activo de nuevo. Decidí entonces hacer este trabajo (Carandirú), que había sido escrito por mi médico, Drauzio Varella.

-¿Por qué eligió el género presidio para filmar?

-Porque quería romper con el género presidio. En ese género tenés siempre al preso como alguien que ansía la libertad. Y en Carandirú el personaje presidiario no quiere la libertad, sino permanecer vivo. La libertad será una consecuencia que vendrá en algún momento. Me interesó ver esa idea de que dentro de un presidio, donde hay leyes organizadas por los propios presos, el respeto personal es mucho mayor que afuera, en la sociedad. Que a pesar de ser un ambiente de gente violenta, la violencia no ocurre dentro del presidio. Sólo ocurre cuando el presidio es invadido.

-En la cárcel también se mata y se muere, y el libro y su propia película muestran eso.

-Bueno, yo no defiendo a los presos. Estoy simplemente retratando ese universo.




-¿Hay algún discurso político en sus películas?

-Ninguno. ¿Hace falta? No le debo nada a nadie. Cuando Marcel Duchamp expone un inodoro en 1920 y cuando Picasso rompe una imagen realista y la despedaza, ¿es poco ese gesto? Más político que eso, imposible. Lo político está en el gesto del artista. La política hay que dejársela a los políticos. Yo no estoy a favor ni de la izquierda ni de la derecha. Estoy a favor de que todos tengamos los mismos derechos y podamos vivir en un mundo que incluya la tolerancia y el respeto.

-¿Cuál es el eje común en todas sus películas?

-Yo soy un fascinado por contar historias. Es una cosa old fashion (anticuada) hoy en día. Soy una persona que cree profundamente en el contenido y no en el formato. Y creo que el contenido está perdiendo la batalla frente a las tecnologías, la rapidez de la imagen y la banalización. Las cosas están tan disecadas que se perdió el poder de reflexión y de sorpresa. Me interesan las personas que están al límite.




-No es muy común que un director de cine latinoamericano tenga acceso directo a actores como Jack Nicholson o Meryl Streep (actuaron en Ironweed), directores como Coppola, escritores como Paul Auster. Y usted tiene relación con ellos. ¿Cómo es esa relación?

-¿Por qué no es común? ¿Lo intentaste? Si no lo intentaste no podés saber si es difícil. Cuando lo llamé a Jack Nicholson, por ejemplo, él había visto mi película, El beso de la mujer araña. Es el respeto por mi trabajo. Jack Nicholson es un actor como cualquier otro.

-¿Qué películas argentinas recientes vio? ¿El hijo de la novia?

-Sí, la detesto. No tengo ningún tipo de interés por ese cine, que utiliza modelos narrativos extranjeros, importados, utilizando situaciones locales. Es un cine eficiente, muy bien hecho, muy bien actuado, muy bien confeccionado, pero no me interesa. Para el mercado es importante, porque genera empleo, vende ingresos, es una demostración cabal de la competencia técnica del director, pero es un cine previsible.

-¿Modelo extranjero por qué?

-¡El modelo es de comedia italiana! Y de la década del 60, encima.

-Pero la Argentina es un país de idiosincrasia bastante italiana, ¿no?

-Tengo el derecho de decir que ese cine no me interesa. Prefiero ver una película hecha por un chico que tiene dos centavos y encontrarla más interesante.

-¿Algo de la Argentina o de América latina que le haya gustado?

-Mundo grúa, El Bonaerense. En Brasil me gustó El invasor. Amores perros e Y tu mamá también, de México, me parecen muy interesantes. Hay una gran diferencia entre Amores perros y El hijo de la novia. Hay un cine que me interesa y otro que para mí es viejo. Es un cine hecho con una mentalidad vieja, utilizando recursos narrativos viejos, chistes viejos. Me interesa muchísimo más, por ejemplo por su capacidad de subversión, Nueve reinas. Es mucho más interesante Nueve reinas.




Una cosa seria

Babenco realizó toda su carrera como director en Brasil. Llegó en 1969, a los 21 años, sin haber terminado el secundario. Fue fotógrafo hasta que, después de juntar aportes económicos de amigos y de su esposa de aquel momento, filmó su primera película, O rei da noite. Con la segunda, Lucio Flavio, o passageiro da agonia, su nombre quedó grabado para siempre en la lista de los directores de cine más importantes de la segunda mitad del siglo en Brasil .

-¿Cómo fue su infancia?

-Viví en Quilmes hasta los 6. Nos exiliamos por dos años con mi padre en Brasil, porque él tenía problemas sindicales por no ser peronista. Volví a los 9, después de la caída de Perón. Por ser judíos viviendo en Quilmes recibíamos muchas amenazas. Yo provengo de familia judía, pero no sigo los preceptos judíos. Estoy totalmente contra el Estado de Israel. No soy sionista.

-En una entrevista dijo que la Argentina es un país xenófobo y racista.

-Esas son palabras elegantes. La Argentina es un país histéricamente antisemita. Tenés manifestaciones a lo largo de la historia, diariamente. No necesito decir cuáles son.

-¿Y Brasil? ¿Cómo lo ve hoy, con Lula?

-Brasil es un país privilegiado, que tuvo durante ocho años un presidente de la calidad de Fernando Henrique Cardoso, profesor universitario, y que ahora elige a un metalúrgico; es un país que tiene futuro.  

-¿Volvería a vivir en la Argentina?

-No. No vivo más en la Argentina. No tengo amigos en la Argentina. No conozco a nadie.

-¿Su enfermedad y su recuperación cambiaron su visión de la vida?

-Confirmé que vivir es una cosa seria, y que el arte es la manifestación más depurada que el ser humano puede generar.

Por Luis Esnal Fotos: AFP y Gentileza Columbia Pictures

Sus films


1975  O fabuloso Fittipaldi
1975  O rei da noite
1977  Lucio Flavio, o passageiro da agonia
1981  Pixote, a lei do mais fraco
1984  El beso de la mujer araña
1987  Ironweed
1991  Jugando en los campos del Señor
1998  Corazón Iluminado
2003  Carandirú
2015  Mi amigo Hindú



Murió el director de cine Héctor Babenco


El cineasta nacido en mar del plata y residente en Brasil desde los años 60 sufrió un ataque cardíaco en san pablo. tenía 70 años.
 
 
 
 
El cineasta argentino-brasileño Héctor Babenco, uno de los realizadores más famosos en ambos países, murió a los 70 años.

Babenco sufrió un ataque cardíaco en la noche del miércoles, señaló el diario Folha de Sao Paulo, citando a fuentes cercanas al cineasta.

Según el portal Globo, el director de películas como "El beso de la mujer araña" (1985) y "Carandiru" (2003) estaba internado en el Hospital Sirio-Libanés de Sao Paulo desde el martes.

Babenco era considerado una institución tanto en Brasil como en su país natal, Argentina. El cineasta, conocido en su patria adoptiva de forma cariñosa como "gitano" por sus distintas raíces e influencias, tenía también la nacionalidad brasileña desde 1977.

Nacido el 7 de febrero de 1946 en Mar del Plata como descendiente de judíos ucranianos y polacos, Babenco emigró a finales de los años 60 a Brasil, donde decidió dedicarse al séptimo arte tras conocer el movimiento del Cinema Novo brasileño. Sus orígenes diversos le servían también para explicar su propia obra y actitud artística.

"Tal vez mi inadaptación dentro de la sociedad -y no puedo culpar a la sociedad por esto-, es por el hecho de no ser ni una cosa ni otra, no ser argentino ni brasileño (...). Y tampoco judío", dijo el artista el año pasado en una de sus últimas intervenciones públicas, poco antes del festival de cine de Sao Paulo.

"El beso de la mujer araña", basado en la novela homónima del escritor argentino Manuel Puig, es uno de sus filmes más famosos internacionalmente.

La película que narra la amistad en la cárcel entre un activista político de izquierda y un homosexual fue nominada a cuatro premios Oscar, entre ellos al mejor director para Babenco y como mejor película. El estadounidense William Hurt ganó el Oscar al mejor actor principal por su papel en el filme.
  
LOS COMIENZOS. Babenco se dio a conocer al público internacional en 1981 con la película "Pixote: A Lei do mais fraco" ("Pixote, la ley del más débil"), que narra la dura vida de un niño sin recursos en las calles de Sao Paulo. El filme le abrió las puertas para trabajar con la industria cinematográfica de Hollywood.

En 1987 rodó "Ironweed" ("Tallo de Hierro"), protagonizada por los célebres actores estadounindenses Meryl Streep y Jack Nicholson.

En Brasil Babenco es recordado especialmente por otra de sus obras memorables: "Carandiru", de 2003. La producción basada en un hecho real, reconstruye un motín ocurrido en 1992 en el extinto penal de Carandiru, en Sao Paulo, en el que 111 presos fueron masacrados por la policía brasileña.

La última película de Babenco, "Mi amigo hindú", se estrenó en 2015. En ella, el cineasta relata el calvario de más de una década que vivió después enfermar a los 38 años. Al cineasta le diagnosticaron un linfoma poco después y tuvo que hacerse un trasplante de médula ósea a los 49 años.

La enfermedad marcó su vida y obra, e influyó posiblemente también en su relación con la muerte. "No veo la muerte como una ausencia definitiva de alguien", aseguró Babenco una vez. "Las cosas buenas que uno dejó, quedan. La muerte no hace girar la rueda del mundo", añadió.

Un cine que refleja el dolor físico propio

Héctor Babenco hizo del arte de contar bellas historias un arma para sobrevivir. Fue así a sus 38 años, cuando se le diagnosticó un linfoma, y a los 40, cuando fue sometido a un trasplante de médula ósea. Y seguirá siendo así a través de su obra incluso después de su muerte hoy a los 70 años, víctima de un paro cardíaco.

Todas las películas del cineasta reflejan el dolor físico que marcó su vida y su sensibilidad ante el sufrimiento de los más pobres y segregados de la sociedad, en especial la de Brasil.

"Mi amigo hindú", su último largometraje, retrata su propio calvario de más de una década tras el transplante de médula. En la ficción, su alter ego, encarnado por Willem Dafoe, conoce a un niño hindú que también se debate entre la vida y la muerte y ambos recurren a historias fantásticas para sobrellevar la situación.

Fue en medio de su "guerra contra la enfermedad" que filmó dos de sus largometrajes: "Jugando en los Campos del Señor", (1991), antes del trasplante, y "Corazón iluminado" (1996), un año después.

También de sus intentos por sobrevivir nació otra de sus obras más memorables, la primera que rodó cuando estuvo seguro de que podría eludir la muerte: "Carandiru" (2003). Fue su médico de cabecera quien hizo el puente entre el director y el horror de uno de los penales más violentos de Brasil.


Extraído de http://www.lanacion.com.ar/588213-hector-babenco-el-argentino-renegado
http://www.lacapital.com.ar/murio-el-director-cine-hector-babenco-n1191332

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