Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 3 de noviembre de 2015

Pequeños grandes films: Los duelistas, de Ridley Scott.

por Fernando Cuesta e Iván Suárez Martínez



Ficha Técnica:

Titulo original: The Duellists. 
Año: 1977. 
País: Inglaterra. 
Duración: 96 min. 
Director: Ridley Scott. 
Guión: Gerald Vaughan-Hughes basado en el relato de Joseph Conrad. 
Producción: David Puttnam. 
Fotografía: Frank Tidy. 
Música: Howard Blake. 
Montaje: Pamela Power. 
Diseño de producción: Peter J. Hampton. 
Reparto: Keith Carradine (D’Hubert), Harvey Keitel (Feraud), Albert Finney (Fouche), Edward Fox (Coronel),Cristina Raines (Adele), Robert Stephens (General Treillard), Tom Conti (Dr. Jacquin), Diana Quick (Laura). 

Sinopsis: 

Durante las Guerras Napoleónicas, dos oficiales de Caballería del ejército francés, dos húsares llamados Gabriel Feraud (Harvey Keitel) y Armand D´Hubert (Keith Carradine), se enzarzan en un duelo intermitente e interminable que recorre distintos lugares de Europa, siguiendo el avance y el retroceso de las tropas del Emperador. Su rivalidad llega a convertirse en una auténtica leyenda, aunque ellos ya casi no se acuerdan del motivo de sus enfrentamientos, que una vez derrotado Napoleón van a continuar, esta vez de nuevo en territorio galo

Crítica: 

Los Duelistas” es una de las grandes óperas primas de la historia del cine, uno de esos Debuts soñados, que sitúan a un cineasta en la Pole Position de la profesión, preparado para hacer un carrerón, aunque en este caso Ridley Scott haya ido de más a menos, por mucho que sus películas siempre concitan interés y expectación, y a veces incluso consiguen resultados más que notables. 


Tal vez sin el cercano precedente de “Barry Lyndon” (íd, Stanley Kubrick, 1975) no se hubiera hecho “Los Duelistas” o se hubiera hecho más tarde. Pero es evidente que la película del cineasta neoyorquino abrió el camino para este tipo de historias de época, con una reconstrucción tan fidedigna que incluye una novedosa iluminación naturalista, a la luz de las velas, aunque el film de Scott no sea tan purista en ese sentido como el de Kubrick, y en los interiores imite esa tenue luminosidad recurriendo a medios artificiales. Resulta curioso hacer notar que “Los Duelistas” supone un debut cinematográfico bastante tardío para su realizador, que contaba entonces con casi cuarenta años de edad. Pero todo tiene su explicación.


Había nacido Scott el 30 de noviembre de 1937, en South Shields, Tyne y Wear (Inglaterra), hijo de un coronel del ejército británico. Estudió en el “Royal College of Art”, de Londres, donde colaboró en la creación del “Departamento de Cine”. Y de hecho, en 1962 hizo sus pinitos detrás de la cámara, filmando un interesante cortometraje en 16 mm. titulado “Boy and Bicycle”, protagonizado por su hermano Tony (1944-2012), posteriormente también un conocido cineasta. Trabajaría más adelante para la BBC, pero donde va a forjarse una brillante carrera va a ser en el mundo de la publicidad, llegando a dirigir unos dos mil anuncios para la televisión, que se dice pronto. Forma parte, pues, de una generación de realizadores que llegaron al cine procedentes del medio publicitario, y en la que figuran gente como Alan ParkerHugh Hudson o Adrian Lyne.


Casi quince años después de aquella primera experiencia cinematográfica realizada durante su etapa formativa, Ridley Scott deseaba ardientemente dirigir un largometraje, y a tal efecto eligió una historia que era ya de dominio público, pues no deseaba pagar derechos. Se trataba de “The Duel”, una novela corta escrita por Joseph Conrad y publicada en 1907. Conrad (1857-1924), a pesar de su origen -había nacido en la actual Ucrania, entonces parte integrante del Imperio Zarista – estaba considerado como uno de los mejores escritores en lengua inglesa, y el cine ya había adaptado dos de sus mejores obras, “Lord Kim” (íd, Richard Brooks, 1965) y “El Corazón de las Tinieblas”, que Francis Ford Coppola tenía entre manos en aquellos mismos momentos, y que daría como resultado “Apocalypse Now” (íd, 1979). 


Scott le envío la novela al guionista británico Gerard Vaughan-Hughes, y a este le encantó la idea, sumándose al proyecto. Y una vez con el guión en su poder, va a contactar con la Paramount, para tratar de convencerles de que financiasen su película. Al estudio le gustó también la idea, pero puso e impuso sus condiciones. Scott había pensado en Michael York y Oliver Reed para los dos papeles protagonistas, ya que ambos eran consumados espadachines, tal como habían puesto de manifiesto en “Los Tres Mosqueteros” (The Three Musketeers, Richard Lester, 1973), pero los ejecutivos de la Paramount tenían otros planes, y le dieron a Scott los nombres de cuatro actores norteamericanos que les interesaba lanzar al estrellato. Y el británico escogió a dos de ellos, Harvey Keitel y Keith Carradine


Harvey Keitel (1939) había destacado en algunas películas a las órdenes de Martin Scorsese, tales como “Calles peligrosas” (Mean Streets, 1973) y “Taxi Driver” (íd, 1976), mientras que Carradine (1949), hijo de John (1906-1988 ) y hermanastro de David (1936-2009 ), el protagonista de la serie televisiva “Kung-Fu” (1972-75), ya había aparecido en un par de títulos del prestigioso Robert Altman: “Ladrones como Nosotros” (Thieves like Us, 1974) y “Nashville” (íd, 1975). Ambos demostrarían encajar magníficamente en sus respectivos papeles, hasta el punto de que no podríamos concebir la película con otros intérpretes encarnando a Feraud y D´Hubert. 


Los Duelistas” contó con un presupuesto de 900.000 dólares, bajo incluso para aquella época – el Staff técnico se compuso únicamente de 75 personas, y sólo hicieron falta tres camiones para transportar todo el equipo - y se rodó en el transcurso de un par de meses, a finales de 1976 y principios de 1977, en Londres, Escocia y sobre todo en preciosas localizaciones francesas, en la región de la Dordoña y la pintoresca localidad de Sarlat. Prácticamente llovió durante toda la filmación en tierras galas, pero Scott y su gente hicieron de la necesidad virtud, y lograron estupendas tomas, aprovechando las particulares condiciones de luz del lugar y de la estación. 


El cine, al igual que cualquier otra manifestación artística, es forma y fondo, y en ambos capítulos “Los Duelistas” alcanza una nota muy elevada. Siguiendo la pauta trazada un par de años antes por Kubrick, la película de Scott es de una deslumbrante belleza, de una belleza que podríamos calificar de pictórica, pues sus imágenes recrean a la perfección el espíritu de los lienzos de la época romántica, tanto las escenas costumbristas como el retrato o el paisaje, sin olvidarnos de un género tan típico de aquellos siglos como son las naturalezas muertas. Scott, como cineasta eminentemente visual, nunca defrauda, y el oficio empezó a aprenderlo con “Los Duelistas”.  Pero el valor de la película no se queda en lo meramente formal, sino que sabe trascender, y de qué modo, ese gran nivel estético. 


Asistimos a un duelo de caracteres, con espadas, sables y pistolas de por medio. A un contraste de personalidades que es también el reflejo de los enfrentamientos de clase que se produjeron durante el final del “Antiguo Régimen” y el advenimiento de las revoluciones burguesas. La película está narrada desde el punto de vista de D´Hubert, y su personaje nos resulta inevitablemente más simpático que el de su antagonista. Es un hombre sensato, tranquilo, razonable, noble, competente en su profesión militar y encantador en el trato social, alguien, en fin, predestinado a ocupar un lugar de privilegio en la sociedad, siendo recibido en los ambientes más selectos, relacionándose con los poderosos, mientras que Feraud - que es quien se hace el ofendido - es de temperamento irascible, puntilloso y pendenciero, más altanero, hosco y sombrío, inflexible y rencoroso.


Feraud es un bonapartista convicto y confeso. De hecho, su aspecto físico, su complexión y su manera de vestir en la madurez nos recuerdan enormemente a la figura del Emperador. D´Hubert, sin embargo, es en realidad un aristócrata reconvertido, alto y elegante, un hombre de modales mucho más refinados. Ha formado parte también de la Grande Armeé, pero es un personaje mucho más camaleónico y acomodaticio, que no tiene ningún problema para seguir medrando a la sombra de la restauración Borbónica que colocó en el trono de Francia a Luís XVIII, a diferencia de su rival, que se comprometió a fondo en el efímero Revival napoleónico de “Los Cien Días”, abortado en Waterloo, y purga sus pecados en forma de persecución, proscripción y miseria. D´Hubert, un hidalgo terrateniente, está hecho de la misma pasta que Talleyrand, aquel político ejemplarmente maleable que sirvió con eficiencia a todos los regímenes, mientras que Feraud es un hombre de una pieza, de extracción mucho más humilde y hecho a sí mismo, fiel hasta el fin a sus arraigadas convicciones. Por eso en sus duelos a través de una Europa asolada por la guerra no sólo se enfrentan dos formas de ser muy diferentes, dos talantes opuestos, sino también dos clases sociales antagónicas, aunque a la postre acabarán sellando una especie de pacto, porque desde mucho más abajo emergen fuerzas que tienen la vocación de cambiar drásticamente la historia. Pero en la película – con unos últimos planos impresionantes y bellísimos - parece que asistamos al triunfo de los D´Hubert, aunque luego en la realidad estos vayan a ser paulatinamente arrinconados.


Los Duelistas” es también, por lo tanto, una preciosa lección de historia, un libro abierto que sabe comunicarnos con sencilla maestría todo el aroma de una época: La atmósfera de las moradas provincianas, los salones de té burgueses y los acantonamientos militares, con sus patéticas y peripatéticas soldaderas – al igual que en la Revolución Mexicana de los años 1910 – que siguen a la tropa allá donde va, vivaqueando con ella, lavándole la ropa, haciéndole la comida y calentando su catre. 


En el reparto, siempre en roles más o menos episódicos, aparecen algunos destacados intérpretes británicos. Como por ejemplo Albert Finney, quien según declaraciones de Scott intervino en la película a cambio de una caja de champagne francés, la actriz galesa Meg Wynn Owen, vista en la clásica teleserie “Arriba y abajo” (1971-75), Edward FoxRobert Stephens o Tom Conti, así como una jovencísima Cristina Raines, entonces unida sentimentalmente a Keith Carradine. Y como curiosidad reseñar que el narrador, en la versión original, es el actor norteamericano Stacy Keach.


Entre los múltiples premios que obtuvo este film, Scott también fue galardonado en Italia con el “David di Donatello” de 1978 al Mejor Director Extranjero. Sin embargo la película tuvo una carrera comercial muy discreta. La “Paramount Pictures” no sabía muy bien qué hacer con ella, y la estrenó tan sólo en un puñado de salas estadounidenses. Hasta hace relativamente poco tiempo, y gracias a su edición en DVD, no ha conseguido recuperar la inversión inicial, a pesar de haberse convertido en un film de culto. Scott pudo hacerla en unas condiciones de casi total libertad – los de la “Paramount” prácticamente no asomaron la cabeza por el rodaje -, y su trabajo no pasó desapercibido.


De hecho, los productores de un nuevo proyecto de ciencia-ficción (Aún coleaba el enorme éxito de “Star Wars”), acabarían por ficharlo, tras fallarles varios posibles directores. Se trataba de pilotar una historia que se desarrollaba en el interior de una nave comercial interplanetaria, cuya tripulación -siete currantes que no se parecían nada a los astronautas convencionales - es atacada por una agresiva forma de vida extraterrestre que se cuela en el vehículo sin invitación. La película tenía un nombre tan simple como sonoro, “Alien” (Alien, el octavo pasajero, 1979), y su enorme éxito en todo el mundo va a catapultar al antiguo director de Spots de la televisión británica a la cima del mismísimoHollywood

¿Cómo se hizo?


Mucho antes de rodar “Los Duelistas”, Ridley Scott ya era todo un veterano ante las cámaras. Tras graduarse en “Arte” en el “Royal College of Art” de Londres, se interesó mucho por las posibilidades artísticas que ofrecían el cine y la publicidad: “La imagen móvil me atraía muchísimo porque era un abanico inmenso de posibilidades, algo interesantísimo”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.10). Así, tras realizar el cortometraje “Boy and Bycicle” en 1962 protagonizado por su hermano Tony Scott, el cual le valió una beca del “British Film Institute” para desarrollarlo, entró a trabajar durante unos años en la “BBC” como “Chico para todo” ocupándose de labores de decoración y dirección de programas varios. No tardaría en empezar a dirigir anuncios publicitarios. 


En 1968, Ridley y Tony Scott fundaron “RSA” (“Ridley Scott Associates”), su propia compañía de “Spots” publicitarios en la que trabajaron futuros realizadores como Alan Parker o Hugh Hudson. Una compañía que se convirtió en la más prestigiosa de su sector, con anuncios que fueron todo un éxito ganando premios diversos. En total, fueron alrededor de 3000 anuncios los que se rodaron, todos supervisados por Ridley Scott y la mayoría dirigidos por éste. “La publicidad es lo que más me ha marcado, por supuesto. Era el único sitio donde se podía aprender algo en técnica en los años sesenta. Fue lo que disparó el mundo de la comunicación, lo que revolucionó la historia. Ahora, cuando no hago películas, sigo rodando anuncios. Me sirven no sólo para entretenerme, sino para mantenerme siempre a punto, a la última. Estos spots han configurado mi visión del mundo”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.11) 


Pese a su comodidad en el lenguaje publicitario, lo que Scott anhelaba rodar era una película. Tenía varios proyectos para desarrollar, siendo el más importante de ellos “The Gunpowder Plot”, la historia de cómo Guy Fawkes intentó hacer volar el parlamento británico en 1606 (¿Les suena “V de Vendetta”?). Un proyecto que Scott no realizaría debido a su elevado coste. El otro proyecto que barajaba hacer Scott era el que nos ocupa: Una adaptación del relato del escritor Joseph Conrad sobre dos oficiales del ejército de Napoleón enfrentados por un pequeño incidente a lo largo de los años. El productor David Puttnam deseaba trabajar con jóvenes cineastas talentosos y, tras ver varios de los anuncios dirigidos por Ridley Scott, quiso trabajar con él. Según recordaba Puttnam, “Era evidente que tenía un inmenso talento. Mi suerte fue que nadie antes de mí había pensado en él. Esperaba que un primer productor le diera su oportunidad”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.17)


Gerald Vaughan-Hughes, que también había escrito el guión de “The Gunpowder Plot”, fue el encargado de confeccionar el libreto. “Los Duelistas” estuvo pensada como una producción televisiva para la televisión pública francesa, pero al reconvertirse en largometraje el guión se amplió y reescribió, añadiéndose la trama secundaria de los amoríos de D’Hubert. Por orden terminante de Scott, y en sus propias palabras, “Se prescindió de todo cuanto estorbara la comunicación más directa posible”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.17). Una vez confeccionado el guión, había que elegir a los dos duelistas, siendo inicialmente elegidos Oliver Reed y Michael York. Una idea inicial desestimada al no estar disponibles ambos actores. La “Paramount Pictures” acabó interesada en la producción de “Los Duelistas”, pero para que interviniese, Scott debía elegir a dos de entre cuatro actores propuestos por el estudio. 


Los elegidos fueron Keith Carradine y Harvey Keitel. Carradine era miembro de una familia ilustre del cine, con su padre John como uno de los actores de repertorio del gran John Ford y también como protagonista de innumerables subproductos de serie “Z” y con su hermanastro David triunfando en la televisión con la serie “Kung Fu”. Keith estaba en un buen momento profesional con el éxito de “Nashville” (íd, Robert Altman, 1975) y su triunfo en las listas de éxitos con el tema “I’m Easy”, que formaba parte de la película de Altman.


Por su parte, Harvey Keitel era uno de los actores más reputados de la década gracias a sus colaboraciones con Martin Scorsese, aunque acababa de ser despedido del rodaje de “Apocalypse Now” (íd, Francis Ford Coppola, 1979) debido a que, tras la primera semana de rodaje, Coppola pensaba que Keitel no era el actor más idóneo para interpretar a Willard. Irónicamente, “Apocalypse Now” (íd, Francis Ford Coppola, 1979) estaba basada en “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad. Por lo menos, gracias a “Los Duelistas”, pudo por fin hacer una película basada en una obra de Conrad. El resto del reparto se completó con actores británicos de prestigio como Edward FoxRobert StephensTom Conti o Albert Finney. Este último actor decidió interpretar al “Duque de Otrante” por sugerencia de su novia en aquella época Diana Quick, la cual aparecía en la película interpretando el personaje de Laura. Pero no fue pagado con dinero, sino en “Especie”: Una caja de champán. 


Pese a contar con el apoyo de “Paramount Pictures”, Scott y Puttnam sabía que éste era un apoyo muy relativo, puesto que el presupuesto era demasiado exiguo para hacer una película de época: 900.000 dólares. Algo que por otra parte fue beneficioso para Scott. En sus propias palabras, “‘Los Duelistas’ fue la experiencia más placentera. El presupuesto era tan ridículo que no había nadie para meter las narices en mi trabajo”. (“Ridley Scott”,Juan Miguel Perea, p.17). Debido a las limitaciones presupuestarias, no se construyó decorado alguno para la película, que se rodó en localizaciones naturales de Francia, Inglaterra y Escocia. La principal inspiración de Scott a la hora de rodar la película fue “Barry Lyndon” (íd, Stanley Kubrick, 1975), sobre todo en sus impresionantes aspectos técnicos en el campo de la fotografía y en cómo se inspiraba en pinturas de la época para recrear con absoluta convicción el período en el que se encuadraba la acción. 


Uno de los platos fuertes de la película residía en los duelos a espada, los cuales fueron rodados por el propio Ridley Scott como operador de cámara y en los que se empeñó en que fueran rodados cada uno de ellos de forma diferente. Tanto Keith Carradine como Harvey Keitel insistieron en rodar con espadas de verdad. De hecho, durante buena parte de la película se utilizaron sables del año 1798, pero para los momentos en que saltan chispas de las espadas se conectaban a baterías que provocaban los chispazos. Una idea que a Harvey Keitel no le hacía demasiada gracia, ya que más de una vez acababa electrocutado. 


Los Duelistas” fue presentada en el “Festival de Cannes” del año 1977 a competición por la prestigiosa “Palma de Oro”, llevándose de allí un premio otorgado por unaminidad a la “Mejor Primera Película”. Ridley Scott estaba convencido de que la película sería un éxito, ya que según él, “Gusté mucho a la gente de los estudios” (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.22). Pero “Paramount” tenía otros planes respecto a la película, por mucho que Scott les cayera bien: Ya que se trataba de una cinta europea y su mercado natural era el continente europeo, se distribuiría como una película de “Arte y ensayo” en Estados Unidos, lo que dificultó mucho el que recuperase su presupuesto. En España se estrenó el 1 de junio de 1978 con una recaudación de 61.937,55 euros y un total de 93.915 espectadores. 


Pese al revés en la taquilla, el paso del tiempo acabó confirmando a “Los Duelistas” como una de las cintas más respetadas de Scott, al tiempo que abrió el camino para que su productor David Puttnam se convirtiera en una de las figuras capitales del cine inglés entre finales de los años 70 y mediados de los 80, con títulos como “El Expreso de Medianoche” (Midnight Express, Alan Parker, 1978), “Carrozas de Fuego” (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981) y “La Misión” (The Mission, Roland Joffé, 1986). En cuanto a Scott, poco se puede contar que no se sepa ya, salvo que “Los Duelistas” entusiasmó mucho a la “20th Century Fox” y a los responsables de un proyecto llamado “Alien”, del cual hablaremos largo y tendido en el futuro. 


Curiosidades: 

 En la escena en la que D’Hubert pide en matrimonio a Adele, ésta comienza a reírse. Según Ridley Scott, la actriz Cristina Raines vio a un caballo en erección e introdujo unas risas que no estaban en el guión. 

• Cristina Raines era la novia en aquella época de Keith Carradine y el propio actor la recomendó a Ridley Scott

• Los Duelistas” fue el debut en el cine del director de fotografía Frank Tidy

 La película también supuso el debut en el cine del actor Pete Postlethwaite

 Tras “Los Duelistas”, Ridley Scott y David Puttnam trabajaron con Paramount en el proyecto de “Tristán e Isolda”. A Scott no le convencía el guión y tras ver “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977), reorientó el proyecto hacia la “Ciencia Ficción”. Puttnam no estaba conforme con esa perspectiva y abandonó el proyecto, sin colaborar de nuevo con Scott en otra película. Scott abandonaría finalmente “Tristán e Isolda” en beneficio de “Alien”.


Extraído de http://cineultramundo.blogspot.com.ar/

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