Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 19 de marzo de 2013

El escritor, de Roman Polanski, 2009

The Ghost Writer, Roman Polanski, Alemania/Francia/Reino Unido, 2009

Por Arantxa Acosta


Si algo hay que atribuirle a Polanski es que, aun siendo (¿demasiado?) académico en la puesta en escena de sus films -no hay lugar para la improvisación, en eso se parece al estilo de Kubrick, pero tampoco para la innovación-, es un verdadero maestro a la hora de emplazar a sus personajes en entornos que no les son afines, haciéndonos sentir la incomodidad, el desconcierto, la claustrofobia y por supuesto el miedo que se deposita en ellos. Si en La semilla del diablo (Rosemary's baby, 1968) la opresión venía dada por el entorno de Rosemary en su nuevo apartamento, y en El pianista (2002) por los desolados y grises paisajes derruidos por las bombas, en el caso de El Escritor, Polanski consigue entremezclar los dos entornos, interior y exterior, confundiéndolos, de forma que el emplazamiento de nuestro protagonista muestra claramente los sentimientos que en cada momento éste está atravesando. Así, igual que el escritor de la película dice claramente que no le interesa la política y por ello no lee biografías de políticos, parece que a Polanski le ha servido de excusa la conspiración del argumento para mostrarnos, en esta ocasión, cómo se siente una persona al darse cuenta de que está siendo utilizada, que es un simple fantasma al que nadie ve ni escucha entre tanta hipocresía y secretismo.



Con un intrigante inicio que recuerda mucho al de la actual Shutter Island de Martin Scorsese (no será lo único: los paisajes en los que se emplazan las historias -islas-, el mal tiempo que acompaña a los personajes, la presión que sienten por parte de las personas que les rodean), El Escritor se centra en tres días de la vida de un escritor al que le encargan finalizar las memorias de Adam Lang, un ex primer ministro inglés. Aislado en la mansión de su cliente, poco a poco irá descubriendo que su predecesor, muerto en extrañas circunstancias, había descubierto pruebas sobre las atrocidades -con la excusa de luchar contra el terrorismo- realizadas para favorecer la relación e intereses entre los Estados Unidos y el Reino Unido, y que involucran no tanto al primer ministro (verdadero "pelele" de una conspiración mayor, que nos hace ver las similitudes que comparte con el escritor), sino a su entorno inmediato.

El título en inglés es mucho más revelador acerca de lo que vamos a encontrar en el film. Si un ghost writer es el escritor de "segunda categoría", que sobrevive ayudando a los famosos a redactar, en el film (adaptación del libro de Robert Harris, que co-firma el guión, tras haberse cancelado su previa colaboración para la adaptación de Pompeya -y que sí hubiese supuesto una innovación en el cine de este director) se lleva este concepto a la situación del personaje (interpretado por Ewan McGregor) que, curiosamente, ni tan siquiera se dota con un nombre... ¿Para qué? No hace falta: el escritor es, aunque protagonista de sus descubrimientos, secundario de todo lo que pasa a su alrededor. Como decíamos antes, veremos lo mismo con el ex primer ministro, un Pierce Bronan que, también curiosamente, nos recuerda demasiado a Tony Blair...





Desde el primer momento en que aparece nuestro protagonista, Polanski se sirve de intimidantes planos para mostrar el acecho al que le someten. Así, por ejemplo, cuando le encargan el libro, y tras presionarle para que se vaya esa misma noche a Estados Unidos y finalice el trabajo en escasas cuatro semanas, vemos a su representante, al editor y al abogado del Adam Lang en primer plano, mientras uno de ellos le dice impetuosamente que recuerde que tiene que sacar "el corazón" del primer ministro. O el segundo más impactante, con un primer plano de Lang, detrás su mujer y al fondo su ayudante del gabinete. Este es el único momento en el que parece que tanto el primer ministro como su equipo tienen en cuenta al pobre fantasma, básicamente porque le piden que escriba un sutil comunicado contra las acusaciones del Tribunal de La Haya. Entonces... le tienen en cuenta porque les sirve para algo. Le convierten en cómplice.

La impecable puesta en escena ayuda a que la historia fluya de forma pausada pero continuada, llevándonos finalmente a un desesperanzado desenlace. Destacable una fotografía que nos adentra en el frío contexto en el que se desarrolla la trama, acompañada de una inquietante banda sonora (que también recuerda al estilo de Shutter Island, pero que en este caso se acopla mucho mejor a las escenas que en la de Scorsese) que mantiene en tensión al espectador. Las secuencias en las que "el fantasma" está solo en la casa, en una habitación en la que se confunde el espacioso y moderno (frío) interior con la también espaciosa playa, pero siempre vacía a causa del amenazante tiempo, nos hacen ver que McGregor es un prisionero, da igual que esté fuera o dentro de la casa, en el hotel o incluso en las instalaciones del editor.

El entorno nos ayuda a comprender también su creciente soledad: mientras lee un texto que no le convence, mientras espera a que le atienda su cliente, mientras bebe en el bar... poco a poco vemos cómo su sentimiento, que pasa de la soledad al miedo, se transforma en curiosidad autoprotectora, saliendo de la casa y adentrándose en amplios, frondosos y confusos bosques, en remotos parajes de la isla, en busca de respuestas que no acaba de encontrar... Para bien o para mal, pasa de ser escritor secundario a investigador periodístico, y vemos su evolución gracias a la interacción que tiene con el cambiante paisaje que le rodea: de la casa a la playa, al hotel del continente, al ferry... y persecuciones varias (que nos recuerdan demasiado a las de La novena puerta, 1999) por el muelle, por el bosque, acabando finalmente rodeado de personas en la presentación del libro, pero, aún así, sigue estando solo. La soledad del que conoce la verdad. Una verdad que, por contra, a nadie interesa. Y si no, sólo hace falta analizar el último plano secuencia... de lo mejor para rematar la historia de este fantasma.





Tras tanta supremacía demostrada por parte del director, a la que por otro lado ya nos tiene acostumbrados (no hay que olvidar que, además, obtuvo el Oso de Plata al mejor director en la última edición del Festival de Berlín), hay que destacar también el trabajo de Pierce Brosnan, que de todas todas ha conseguido librarse de la etiqueta "007" demostrando que no es sólo el típico actor guaperas al que ya se le ha pasado su momento. De McGregor podemos decir que está correcto y nos adentra bien en su particular via crucis. En global, las interpretaciones consiguen realzar un guión que, aunque previsible, sorprende, básicamente y de nuevo, a través de su puesta en escena.

En definitiva, nos encontramos ante un film que, aunque entretenido e interesante, al estilo de La tapadera (Sydney Pollack, 1993), va un poco más allá, quizá exclusivamente por el saber hacer de un Roman Polanski que sigue haciendo su cine de siempre, que se le da bien. El escritor no pasará a la historia como lo mejor de este director, pero es recomendable tanto para amantes o no de los films de suspense con trama política, por la impecable escenografía y lo que ésta representa.




The Ghost Writer (The Ghost en Gran Bretaña, El escritor en España, El escritor oculto en Argentina y El escritor fantasma en México), basada en la novela The Ghost de Robert Harris. Está dirigida por Roman Polanski y protagonizada por Pierce Brosnan y Ewan McGregor. Trata sobre un escritor fantasma que realiza las memorias del ex Primer Ministro británico, lo mismo que sobre sus descubrimientos a lo largo de la trama. Se ha señalado que Lang estuvo inspirado en Tony Blair, tratándose asimismo en la trama temas como la guerra de Irak, la guerra contra el terrorismo y la estrecha relación del Reino Unido con los Estados Unidos

Tras la muerte en extrañas circunstancias del escritor fantasma del ex Primer Ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan), se contrata a un remplazo (Ewan McGregor) para ordenar y completar el manuscrito de las memorias en curso. La compensación y la relativa facilidad del trabajo ayudan a convencerlo de obviar la sospechosa muerte de su predecesor. Se dirige entonces a la residencia de Lang en la isla de Martha's Vineyard, frente a la costa de Massachusetts. El día de la partida, sin embargo, un ministro acusa públicamente a Lang de haber autorizado el secuestro de sospechosos de terrorismo, así como de someterlos a las torturas de la CIA. Como se trata de un crimen de guerra, Lang es acusado formalmente por la Corte Penal Internacional de La Haya. Temiendo ser detenido, decide permanecer en Estados Unidos, un país que no reconoce la autoridad del tribunal.

Tras la incriminación se presenta una oleada de periodistas y manifestantes, entre ellos un veterano del ejército y padre de un soldado muerto en Irak, para sitiar Lang en su propiedad en la isla, donde vive con su esposa Ruth (Olivia Williams) y Amelia (Kim Cattrall), su asistente personal y amante. Mientras trabaja sobre el período cuando Lang entró a la política, el escritor fantasma descubre pistas que sugieren que su predecesor fue asesinado después de descubrir un vínculo entre Lang y el profesor Paul Emmett (Tom Wilkinson), un académico que lo acompaña en una foto de sus tiempos universitarios. De él, sin embargo, sólo recibe respuestas evasivas o negativas, e insiste en una relación con el ex primer ministro que no va más allá de ser casual.

A su regreso, descubre que lo están siguiendo. Para dejar a sus perseguidores, se baja del ferry que ha abordado con el BMW que lo llevó hasta Emmet. Se refugia en un hotel, desde donde contacta al ex ministro que había acusado públicamente a Lang. Éste le revela que estuvo en contacto con McAra, el escritor fantasma anterior, y que fue él quien le sugirió la existencia de vínculos entre la CIA y Lang. A modo de prueba, le recuerdan que, sin excepción, todas las decisiones políticas de Lang como jefe de gobierno favorecieron a los Estados Unidos. Según McAra, esa información se encontraba oculta "al principio del manuscrito", lo que el escritor interpreta correctamente como "los años en Cambridge", donde Lang conoció a Emmett.

Para no despertar sospechas, el escritor fantasma acepta que Lang lo pase a buscar a Nueva York en su jet privado, y durante el vuelo le confiesa todo lo que sabe de sus vínculos con la CIA. Lang rechaza la acusación, pero inmediatamente después del aterrizaje es asesinado por el padre de un soldado que murió en la guerra de Irak.

Sin embargo, al escritor fantasma se le pedirá terminar el libro, pues las expectativas de venta han aumentado tras la muerte de Lang. Durante la fiesta de lanzamiento del libro, da con las claves que conducen a la solución del misterio. Paul Emmett es un agente de la CIA, y fue contratado para convencer a Ruth Lang de entrar a la política para luego influir en las decisiones de su esposo.

Después de pasar una nota a Ruth acerca de su descubrimiento, quien se encuentra dando una rueda de prensa, el escritor se aleja con el manuscrito en la mano. Al cruzar la calle para llamar un taxi desaparece por la derecha de la imagen, desde donde luego entra un coche a toda velocidad. Los efectos sonoros y los papeles volando indican que ha sufrido un accidente.

Tony Blair y la guerra de Irak

Al igual que en la novela, Adam Lang es el vivo retrato de Tony Blair. La BBC señala que el personaje «estuvo inspirado en Tony Blair [...] Además, el fantasma de Blair persigue al ficticio Lang, tanto en las referencias a la guerra de Irak, la guerra contra el terrorismo y la estrecha relación con Estados Unidos».

En el film se acusa a Lang de crímenes contra la humanidad por entregar a ciudadanos británicos a la CIA y ser luego torturados. Sobre este tema, la BBC cree que es poco probable que fuera considerado como tal por la Corte Penal Internacional Tribunal de Justicia, ya que los actos no fueron «cometidos como parte de una política de gran escala».

Por otro lado, resulta curioso que los actores que interpretan a Richard Rycart -secretario de Relaciones Exteriores- y a la secretaria de Estado de EE. UU. se parecen físicamente a sus homólogos en la vida real: Robin Cook y Condoleezza Rice, respectivamente. Al igual que en la película, Cook tenía fuertes diferencias con la gestión de Blair en materia de política exterior.



Ficha tecnica

Dirección Roman Polanski

Producción Roman Polanski, Robert Benmussa y Alain Sarde
Guion Roman Polanski y Robert Harris
Basada en The Ghost de Robert Harris
Música Alexandre Desplat
Fotografía Pawel Edelman
Montaje Hervé de Luze

Reparto

Ewan McGregor: el escritor fantasma.
Pierce Brosnan: Adam Lang, el Primer Ministro.
Kim Cattrall: Amelia Bly, colaboradora y amante de Lang.
Olivia Williams: Ruth Lang, esposa de Lang.
James Belushi: John Maddox.
Tom Wilkinson: el profesor Paul Emmett.
Timothy Hutton: Sidney Kroll, abogado de Lang.
Eli Wallach: anciano en Martha's Vineyard.
Robert Pugh: Richard Rycart, ex ministro del exterior de GB.

Fuentes: Portal Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/The_Ghost_Writer, Portal El espectador imaginario.

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