Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Detrás de todo gran hombre.

Vincere: Bellocchio filma la vida oculta de Mussolini.

Marco Bellocchio, uno de los mejores directores italianos vivos, vuelve a los cines argentinos tras casi una década de ausencia, y lo hace con una película inesperada, extraña y arrolladora: la historia –hace poco revelada- del hijo oculto de Benito Mussolini y de la desconsolada historia de Ida Dalser, la mujer a la que hicieron pasar por loca con tal de esconderla.


Por Mariano Kairuz

“¡Con las tripas del último Papa estrangularemos al último Rey!” Ahí está el futuro Duce, todavía un militante socialista al que no conoce nadie, gritando enardecido por las calles de Trento consignas que más tarde habrá de borronear y reescribir con similar furia. El joven Mussolini tiene una mirada que se irá desencajando más y más hasta convertirse en esa caricatura que testimonian las imágenes de archivo. Así arranca “Vincere”, la película con la que Marco Bellocchio sorprendió a todos en la Competencia Oficial de Cannes el año pasado: con un presagio de la locura que se apoderaría de Italia las siguientes tres décadas.

Con “Vincere”, Bellocchio (1939), uno de los mejores directores italianos de la generación de Bernardo Bertolucci, vuelve a los cines argentinos por primera vez en casi una década. Su regreso se abre paso como un huracán: una puesta operística, expansiva como un himno guerrero, atravesada por poderosas imágenes de archivo y una gráfica que remite a las formas avasallantes del futurismo. Pero aunque empieza como un relato de la locura en cierne del monstruo, la historia que cuenta la película es otra: ni la biopic del Duce sino la historia real –desconocida hasta hace apenas unos años- de Ida Dalser, la mujer que fue una de las amantes de la juventud de Mussolini, que enloqueció por él, y que le dio un hijo que las versiones oficiales mantuvieron tan oculto como a ella. A la demencia en la mirada de Benito Mussolini, le sucede la de sus seguidores, y luego la que le inventaron (y en la que terminaron sumiendo) a Dalser quienes se encargaron de apartarla del entorno del Duce. Encerrada en un manicomio por más de una década, habiendo perdido todo contacto con su hijo, Dalser murió de un derrame cerebral en 1937, a los 57 años.





Bellochio conoció esta historia hace unos años a través de un par de libros: “La esposa de Mussolini”, de Marco Zeni –el periodista que reveló todo el asunto hace una década-, y “El hijo secreto del Duce”, de Alfredo Pieroni, y del documental de la RAI, “El secreto de Mussolini”, que intentó reconstruir el caso con las escasísimas evidencias disponibles (fotos, cartas, una entrevista a una sobrina de Dalser). Por lo que se sabe, Ida Dalser era la dueña de un salón de belleza de Milán cuando conoció a Mussolini en 1914, y él trabajaba en el periódico del Partido Socialista y ya era todo un agitador profesional. En las escenas iniciales de “Vincere” ella aparece hipnotizada por la personalidad intensa y la violencia apenas contenida de ese hombre que todavía parecía no importar. La investigación de Zeni indica que de la pasional relación entre ambos nació en 1915 Benito Albino, mientras su padre estaba en el frente. En un principio, el futuro Duce reconoció su paternidad, pero más tarde, cuando ya se encontraba forjando su ascenso al poder (que completó en 1922) Ida lo descubrió casado con otra mujer, su esposa oficial, Rachele Guidi. Se cree que, para no poner en peligro la estratégica alianza que el Duce estableció con la iglesia, a partir de ahí decidió sacudirse toda posible acusación de adulterio y escándalos por el estilo. Mussolini no mandó matar a Dalser (la película indica que la idea sí se le cruzó), pero en su lugar se la hizo pasar por loca, mientras el pueblo italiano se entregaba a la locura guerrera de su líder.





Bellocchio construye con fuerza su relato apoyándose principalmente en la gran Giovanna Mezzogiorno, quien interpreta a Dalser a lo largo de más de dos décadas. El recuento de su encierro da lugar a algunos momentos aterradores, como cuando, ante uno de sus insistentes pedidos de ayuda, una de las monjas que atiende el hospicio le responde: “Tienes un hijo del hombre al que todas las mujeres del país quieren como marido o como amante. Sé feliz con tu recuerdo”. Ese instante cruza la película con un escalofrió que recuerda a de esos films de usurpadores de cuerpos cuando los protagonistas descubren, con pavor, que todos a su alrededor han sido infectados (en este caso por el virus del fascismo); que ya no hay salida.

Pero más extraña es la manera en que Bellocchio retrata a Mussolini: al menos conocido Filippo Timi se caracteriza primero como el joven Benito, para después desaparecer y dar paso a su imagen de archivo, ya en el poder. A la fascinación romántica y erótica de Dalser la reemplaza la fascinación colectiva a través de la pantalla de cine, que magnifica la pose y los gestos ampulosos, cercanos al absurdo, que son los que quedaron de la imagen pública del Duce. Si hace unos años se discutió al film “La caída” por humanizar a Hitler mostrándolo como una persona verdadera y no una mera abstracción icónica del mal, el desafío asumido por Vincere consistió en darle verosimilitud al retrato de un personaje que –ahí están las fotos, las filmaciones y sus increíbles discursos para probarlos- fue en la vida real una caricatura increíble. En los tramos finales, Timi reaparece dándole otra vuelta a la representación, interpretando esta vez a Benito hijo, en su juventud, ya un poco alienado, convertido en un experto y obsesivo imitador de los gestos y el modo de hablar de su padre.





Si algo puede objetársele a Vincere es un ligero desequilibrio entre su segunda y su mucho más poderosa primera parte. Los 30 minutos iníciales se concentran en el intenso relato de los encuentros sexuales entre Ida y Benito; un torrente pasional representado en una refriega entre sabanas, ella totalmente entregada y él con la mirada en otro lado (probablemente en su futuro). Si Hitchcock confesaba que no sabía hacer films de época porque no conseguía imaginarse a personajes históricos yendo al baño, Bellocchio si pudo imaginárselos por lo menos desnudos y en plena batalla carnal. La fuerza arrolladora de esas primeras imágenes conduce sin solución de continuidad a la escena en la que asistimos al principio de la caída en desgracia de Dalser. Ella, desnuda sobre la cama, le dice a su amante que lo ha vencido todo –el salón de belleza, el departamento, todo- para financiar la edición de Il Popolo d’Italia, órgano de difusión que apuntaló el ascenso del fascismo. Con todas sus pertenencias, y poco después con su salud y su vida, Dalser empezaba a pagar uno de los capítulos más oscuros de la historia europea del siglo XX.





Una mujer rebelde

Por Diego Lerer

Entrevista a Marco Bellocchio. El realizador italiano habla de “Vincere”, la historia de la esposa oculta de Benito Mussolini.

A los 70 años, y atravesando el mejor momento de su carrera, Marco Bellocchio, director de El diablo en el cuerpo y Buongiorno Notte, entre otros films, habló con Clarín desde Italia sobre “Vincere”.

¿Por qué se interesó en la historia de la mujer oculta de Mussolini?

No lo pensé demasiado, para mí fue un descubrimiento. Conozco bastante bien la historia del fascismo, siempre me interesó por cosas que me contaron y he leído muchos libros. Pero no conocía nada sobre ella. Un personaje menor. Los libros de historia la mencionan en una línea o nada. Cuando la descubrí sentí que se parecía a una tragedia griega. Pensé en Antígona y Medea. Y de ahí nació mi interés. Porque, mas allá del cualquier cálculo, veía una película. Y entonces me puse a trabajar. Me fascinaba esa mujer rebelde, aunque esa rebelión la llevara a la autodestrucción. Esa mujer que no acepta someterse, que no acepta el compromiso. Estaba dispuesta a todo, incluso a morir, pero no a doblegarse ante el hombre violento, al dictador, al que la mayoría de los italianos adoraban. Esa actitud de rebelión sin concesiones me fascinó.





¿Es cierto entonces que muy poca gente conocía esta historia?

Sí, de Mussolini se conocía la mujer y la amante: Rachele Guidi y Clara Petacci, que después murió con él. Sus otras numerosas amantes se conocían muy poco, incluso la Scarfatti (Margarita). Pero Ida Dalser no. Se sabía que Mussolini había sido un Don Juan, que había tenido innumerables aventuras, pero no se sabía nada de esa pequeña historia de la que había nacido un hijo de una mujer cuya dimensión rebelde hizo que fuera llevada a un manicomio porque molestaba. Eso no se sabía.

¿Cuánto de documentación y cuanto de ficción hay en el guión?

Digamos así: todos los hechos contados son verdaderos en el sentido de que se pueden encontrar en la biografía y en lo que se sabe de la historia de Ida. Es evidente que, cuando se cuenta una historia, se hace una serie de condensaciones, se elaboran las escenas. Pero los puntos de partida de cada escena son ciertos. Nada es inventado y todo es inventado.





¿Siente que esa historia de engaños y traiciones sigue presente en la cultura política italiana actual?

En la actualidad sí, pero de otro modo. Antes de Mussolini los políticos eran personas grises. Nadie sabía cómo eran. Mussolini inauguró esta política de conquista de las masas a través de su imagen. Tenía a su disposición el cine, la radio, la fotografía. Pero lo que se refiere al aspecto de la privacidad, incluso después de la guerra, en la Italia democristiana, la vida privada de los políticos siempre se mantuvo escondida. Los medios tenían un compromiso de no hablar de eso. Sólo hace poco pasó a ser objeto de escándalo. Y entonces está el político al que sorprenden esnifando cocaína con un travesti y al que encuentran con una prostituta. Y está Berlusconi, criticado porque tuvo tantas relaciones. Los temas sexuales atraen la atención. Y también son usados como chantajes. Hoy la TV y los diarios tienen ese poder de informar. Naturalmente, también puede haber abusos. Pero la crónica rosa se pasa por alto. El político en privado podía hacer lo que quería, después se lo criticaba por lo público. Ahora no.

¿Por qué cree que ella, a pesar de todo, siguió amando a Mussolini y esperando su reconocimiento?

Era rebelde en el sentido de que no aceptó compromisos. Si ella hubiera aceptado quedarse tranquila en su pueblo habría conseguido ventajas económicas. Ese compromiso, la mediocridad, es lo que no aceptó. Pero, es cierto, durante muchos años pensó, de una manera loca, que Mussolini seguía amándola y que era quienes lo rodeaban los que le impedían verla. Un delirio. Pero a partir de determinado momento –y esto está confirmado por cartas de ella- es como si reconociera a la indiferencia, el cinismo de Mussolini. A nivel psicológico, podríamos decir que hace falta un psiquiatra. Pero hay una dimensión patológica: esa obsesión de una mujer que cree que ese amor es algo absoluto, indestructible, irrenunciable. Era una fijación amorosa. El era su hombre y tenía que reconquistarlo. Recién en el manicomio, sobre todo en los últimos años, se calmó un poco, se volvió más lúcida, con la intención, no tanto de reconquistar a Mussolini, sino de dejar una memoria de su drama. Eso se lo dice a ese psiquiatra: “El problema es: si no me rebelo, si no grito ¿Quién se acordará de mí?”

¿Cómo se planteó el desafío de la puesta en escena de la película?

Cuando pensé la película, esa conexión con el Futurismo, que Mussolini conocía y le gustaba mucho, era clara. A él no le gustaba el melodrama, pero sí este arte nuevo que significaba la velocidad, la destrucción de lo viejo. Y eso me interesaba, lo mismo el hecho de que en esos años el cine había estallado como gran espectáculo popular. Y poder utilizar el cine, ya sea para documentar la guerra, o como espectáculo de diversión, era una posibilidad de enriquecer, dar cierta originalidad a la forma del film, usando el cine dentro de cine, sin que se volviera una operación de tipo intelectual, abstracto, porque el pueblo llenaba las salas. Hay algunos pasajes en los que inserté fragmentos de documental. Pero en la mayoría, como cuando ellos ven “El pibe”, de Chaplin, está la representación cinematográfica. En ese sentido es una cadencia, una recurrencia frecuente de la película, que hace a su estilo.


Ficha técnica


Título: Vincere
Título original: Vincere
Dirección: Marco Bellocchio
País: Francia, Italia
Año: 2009
Duración: 128 min.
Género: Drama, Histórico

Reparto: Giovanna Mezzogiorno, Filippo Timi, Corrado Invernizzi, Fausto Russo Alesi, Michela Cescon, Pier Giorgio Bellocchio, Paolo Pierobon, Bruno Cariello, Francesca Picozza, Simona Nobili, Giovanna Mori, Silvia Ferretti, Corinne Castelli, Matteo Mussoni, Elena Presti

Guión: Marco Bellocchio, Daniela Ceselli
Web: www.vincere.es
Distribuidora: Vertigo Films
Productora: Istituto Luce, Eurimages, Rai Cinema, Offside, Celluloid Dreams, Film Commission Torino-Piemonte, Ministero per i Beni e le Attività Culturali (MiBAC), Provincia Autonoma di Trento, Film Commission Regione Piemonte
Presupuesto: 9.000.000,00 €

Casting: Stefania De Santis
Dirección: Marco Bellocchio
Dirección artística: Briseide Siciliano
Diseño de producción: Marco Dentici
Efectos especiales: Andrea Luciani, Fabio Traversari, Massimiliano Bianchi, Massimo Ciaraglia, Paolo Galiano, Pasquale Catalano
Efectos visuales: Christian Gazzi, Fabio Luongo, Massimo Cipollina, Paola Trisoglio, Stefano Marinoni
Fotografía: Daniele Ciprì
Guión: Daniela Ceselli, Marco Bellocchio
Historia original: Marco Bellocchio
Maquillaje: Alberta Giuliani, Francesco Nardi, Franco Corridoni, Patrizia Corridoni
Montaje: Francesca Calvelli
Música: Riccardo Giagni
Sonido: Antonio Tirinelli, Emanuela Di Giunta, Gaetano Carito, Gianluca Basili, Pierpaolo Merafino, Roberto Cappannelli, Sergio Basili
Vestuario: Sergio Ballo


Fuente: Pagina 12, Suplemento Radar, 1/8/10
Clarín, suplemente Espectaculos, 6/8/10

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