Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

En la luna, el debut del hijo de David Bowie.


Su padre compuso una de sus mejores canciones inspirada en 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Ahora él debuta como director con una película que rinde tributo por igual a la “Space Oddity” paterna y a la película de Kubrick. Pero Duncan Jones, el hijo de David Bowie, también crea con “Moon” una obra propia que retrata y reflexiona sobre la soledad en el universo de un hombre aislado en la luna de un modo tremendamente propio.




Por Alfredo García

En 1969, David Bowie lanzó uno de los mejores temas de toda su carrera: el inolvidable “Space Oddity” se escuchaba simultáneamente con la llegada del hombre a la luna, y ya desde el título era clara la referencia a 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick, aunque de todos modos la canción era una metáfora de un adicto perdido en su cosmos cerebral (pero si quedaba alguna duda, Bowie la explica bien en un tema muy posterior, “Ashes to Ashes”).

Pasaron 40 años. Y Duncan Jones (también conocido como Zowie Bowie, hijo de Bowie y la famosa Angie de la canción de los Stones) debuta como director con un largo llamado “Moon”, estrenado el mismo día del aniversario de la llegada del hombre a nuestro satélite, y con un guión –basado en un argumento propio- que cuenta la odisea de un astronauta aislado en una base ubicada en el lado oscuro de la luna.
Las referencias –u homenajes, como se lo quiera llamar- a 2001 de Kubrick también son claras, y quizás a esta altura inevitables, dada la naturaleza del tema.




“Moon”, que acaba de ser editada en DVD, sin pasar por los cines, con el título “En la luna”, transcurre en un futuro próximo donde todos los problemas energéticos de nuestro planeta han sido solucionados gracias a una empresa que descubrió la capacidad de aprovechar un combustible sumamente poderoso, el Helium 3, extraído mediante una serie de dispositivos ubicados en el lado oscuro de la luna.
Si bien esos dispositivos están altamente robotizados, la presencia humana siempre es indispensable, por lo que único astronauta debe permanecer in situ largos periodos totalmente aislado para controlar las cosas.

Al principio del film, el director nos muestra al protagonista casi absoluto del film, el astronauta Sam Bell (interpretado por Sam Rockwell), barbudo y desaliñado luego de permanecer en la base casi tres años. El mismo reconoce que el aislamiento lo está empezando a perturbar un poco, lo que se percibe en detalles como darse cuenta de que ya hace meses que habla consigo mismo en forma permanente. El hecho de que un problema satelital haya interrumpido las comunicaciones en vivo con la tierra tampoco lo ayuda mucho en este sentido, pero el hombre está satisfecho de casi haber terminado su contrato, y sobre todo de estar seguro de que pronto volverá a la tierra con su esposa y su hija.

Pero el oficio de astronauta es duro, y un tipo aislado en la luna nunca puede estar seguro de nada. Pronto empezará a tener pequeñas alucinaciones, y pequeños descuidos y accidentes que no dejan de ser percibidos por su único compañero en la base, el supercomputador Gerty, un apropiado derivado del HAL 9000 de 2001, que incluye novedades como movimientos y brazos robóticos y un monitor con una “carita sonriente” como la de nuestras actuales conversaciones por chat, y que por supuesto, según el tono de la conversación, puede no ser sonriente en absoluto (la voz de Gerty es un gran aporte de Kevin Spacey).




Duncan Jones toma caminos extraños que, sin embargo, llevan al sonido común: su película es menos metafísica de lo que se podría pensar en un principio, cuando las alucinaciones del protagonista parecen anunciar algún delirio profundo estilo Solaris de Andrei Tarkovski o 2001, cuya influencia termina mostrándose sobre todo en el increíble diseño de producción, con muy creíbles efectos especiales (se utilizaron modelos en escala para los vehículos lunares y la escenografía de la base) y la cuidada estética general, elementos que bastan por sí solos para recomendar la visión de esta película. La trama se centra en las trampas que la empresa de energía le pone a su explotadísimo empleado, cuya misión termina menos vinculada con los accidentes y problemas lunares, que con un desesperado y casi imposible regreso a la tierra.
Volviendo a las influencias, la principal es 2001 –incluyendo una breve secuencia de música clásica y ballet espacial, digamos- pero Duncan Jones no abusa del homenaje obvio, y en cambio el film tampoco lanza guiños de otros films menos conocidos, como la película de culto de Douglas Trumbull, Silent Running (naves misteriosas, con Bruce Dern desolado y perturbado en el espacio). Justamente Trumbull fue el hombre que trabajaba para la NASA cuando Kubrick lo llamó para hacer los FX de 2001. Convertido en un magnate de los efectos visuales y emprendimientos como el IMAX, Trumbull dirigió sólo dos películas, la ya mencionada Silent Running y la extraña fantasía de realidad virtual adelantadísima a su tiempo, Proyecto Brainstorm. Quizá para sentirse a la altura de este maestro, Duncan Jones se ocupó de organizar una exhibición especial para la NASA de su ópera prima. Aparentemente los experto de la agencia espacial estadounidense se tomaron muy en serio los conceptos futuristas y diseños del film de Jones, ya que en algunos artículos sobre el raro encuentro entre ciencia y arte discutieron minuciosamente cada gadget y enunciado tecnológico del film.

Moon también fue una sensación en la última edición del festival de cine fantástico de Sitges, donde se exhibió precedido de otro film preparado como homenaje al legendario paseo de Neil Armstrong: el film en cuestión fue el cortometraje argentino 50 años en la luna, de Mariano Santilli, que ganó el premio al mejor corto nacional de 2009, y también ofrecía una visión extraña y futurista de la conquista del espacio.




'Moon', la odisea de un fantástico Sam Rockwell


No estamos programados, Gerty. Somos personas.

La gran triunfadora de Sitges 09, ‘Moon’, se estrenó en los cines españoles el pasado viernes 9 de octubre, un par de días antes de recibir los premios a la mejor película, actor, guión y diseño de producción en el Festival catalán. Duncan Jones, que hasta ahora sólo era el hijo de David Bowie, debuta en el cine con una inteligente, reflexiva y claustrofóbica historia, llena de homenajes, sobre un astronauta que debe trabajar durante tres años en la Luna, hasta que llegue su relevo y pueda por fin volver a la Tierra, a casa, con su mujer y su hija.

Al igual que otras populares películas recientes, como ‘Náufrago’ o ‘Soy leyenda’, ‘Moon’ se basa prácticamente en la labor de un único actor, Sam Rockwell, que debe soportar el peso de la película, atraer al público y mantenerlo interesado, entretenido, durante una hora y media. Una película, una historia, un actor. Para que funcione es imprescindible contar con un excelente intérprete. Y Rockwell lo es. Lo vuelve a demostrar aquí, por si alguien todavía tenía dudas. Contar con este actor es uno de los grandes aciertos de Jones, y lo más sobresaliente de la película, una de las mejores del año.

No recomiendo seguir leyendo este texto si no se ha visto la película. Es algo que no suelo hacer, revelar aspectos importantes de la trama en mis críticas, pero en este caso me parece necesario romper la norma. En realidad, no creo que puedan considerarse “spoilers“, puesto que el propio Duncan Jones no quiso sorprender a nadie con el giro más relevante de la trama (lo dijo en la rueda de prensa en Sitges, que prefería desarrollar la “sorpresa” a dejarla para el final), de hecho, está en el tráiler de la película y me consta que se ha revelado en la prensa, pero bueno, no es menos cierto que yo lo desconocía cuando vi la película y creo que así la disfruté aún más, sabiendo lo menos posible. Repito, no leáis más si no habéis visto el film.
Como dije, la película se centra en la vida de Sam Bell en la Luna. La primera escena es muy interesante, bastante reveladora de su existencia y su trabajo allí. Vemos al hombre en una de esas cintas mecánicas para correr. ¿Qué otra imagen os viene a la cabeza? Yo pensé automáticamente en una rata de laboratorio, que se mete en una de esas ruedas para hacer ejercicio, frenéticamente, pareciendo desde fuera que intenta escapar de la jaula, sin posibilidad alguna, repitiendo siempre el mismo recorrido, siempre entre rejas. Sam Bell está viviendo algo parecido, sólo que aún no lo sabe.




He leído por ahí que, con ‘Moon’, gira en torno a la clonación. En realidad esto no es cierto, aunque como el propio director llegó a decir, la película está abierta a todo tipo de interpretaciones; una fórmula muy facilona y al mismo tiempo muy inteligente, porque así no sólo no te ves forzado a explicar tus intenciones, sino que permites que cualquier espectador se quede satisfecho con su propia visión de la historia. En cualquier caso, Sam Bell es un clon. Y esto plantea interesantes reflexiones. Pero lo más importante, y lo esencial de la película, es que Sam debe enfrentarse a dos dilemas: por un lado, todo lo que creía, todo lo que le habían dicho, es una gran mentira; y por otro lado, es un ser artificial que va a ser eliminado, una vez que acabe su misión.

Por eso, más que una película sobre la clonación, ‘Moon’ es una película sobre un ser humano que se plantea el sentido de su existencia, el sentido de la vida, la diferencia de lo orgánico y lo artificial. Hay claros homenajes a ‘2001’ o ‘Naves misteriosas’ (‘Silent Running’), pero en este sentido hay que acordarse de ‘Blade Runner’, esa mágica obra de Ridley Scott. Sam Bell (cualquiera de los Sam Bell a los que da vida un impresionante Sam Rockwell) tiene tres años de vida y en caso de sufrir un accidente o estar en peligro el trabajo que realizan en la Luna, será sustituido por otro clon, que hará exactamente lo mismo que él. En realidad, la idea de la clonación permite a Jones experimentar con otra posibilidad, que era la que más le fascinaba, y era que un hombre “viejo” pudiera interactuar con una versión “joven” de sí mismo.

De este modo, en ‘Moon’ tenemos a un Sam Bell desgastado y cansado, pero experimentado, que conoce a un Sam Bell fresco y enérgico, pero torpe. Y entre los dos intentan saber qué demonios pasa en la Luna, por qué están allí y cuál debe ser el camino que deben recorrer juntos, pero al mismo tiempo, y esto es sumamente interesante, son dos personas diferentes, dos egos distintos con sus propias ideas y sentimientos, y les cuesta llevarse bien al principio, enfrentándose sin remedio, porque su forma de ser es así, tienen ese carácter difícil; en el fondo, están mejor solos que en compañía. Si un Sam Bell ya tiene problemas para relacionarse, dos puede resultar un completo desastre. ¿Qué pasaría si tuvieras que interactuar contigo mismo, podrías soportarte?

He mencionado ‘2001’. La referencia a la mítica película de Stanley Kubrick es obligada, no sólo por momentos que parecen calcados (el viaje estelar, con el rostro de Rockwell iluminado por múltiples colores) sino por la presencia de un robot, una inteligencia artificial, que es, durante mucho tiempo, la única compañía del protagonista. Al igual que HAL, GERTY tiene información confidencial que no puede revelar y una voz extraña, amigable, que hace sospechar de sus verdaderas intenciones, al relacionarse con Sam Bell. Kevin Spacey da voz a este robot y lo hace estupendamente, porque da ese toque inquietante que necesita el personaje.
Si a lo largo de este texto he hablado sólo de las virtudes y los aspectos más fascinantes de la película, es porque Duncan Jones consigue su propósito de entretener, inquietar y hacer pensar. Es ciencia ficción de la de antes, con una estética muy poderosa y una historia que mantiene el interés todo el tiempo, incluso aunque ya sepamos cómo va a acabar. Se te queda en la cabeza y conforme la vas pensando, más te gusta, más te quedas con los aciertos y menos importancia le das a
los errores o los elementos menos logrados.

El principal error que le veo a ‘Moon’, además de que no me convence del todo la reacción de Sam Bell al ver a su clon, es que Jones bebe demasiado de otras películas, y no aporta gran cosa, no te da nada que no hayas visto antes, exceptuando claro, a Sam Rockwell multiplicado. Con eso nos quedaremos probablemente, en el futuro, con la soberbia interpretación de Rockwell. Pero lo mejor es que siempre podremos volver a ‘Moon’ para encontrar una historia entretenida, muy bien realizada (ojo, costó unos miserables 5 millones), hecha con cariño y buen gusto, a lo que hay que añadir que cuenta con una banda sonora de Clint Mansell, por lo que ya sobran razones para defenderla.



Fuente: Diario Pagina 12, suplemento Radar, 21 de febrero de 2010.

jueves, 30 de agosto de 2012

Estrellas en el cielo: Maria Schneider.



Por Juan Luis Caviaro

Maria Schneider


María Schneider falleció el 3 de febrero de 2011, en París a los 58 años, tras una infructuosa batalla contra el cáncer. Como queda de manifiesto al echar un vistazo a los titulares de los medios que han publicado la noticia, la actriz francesa es y será siempre recordada por haber protagonizado ‘El último tango en París’ (‘Ultimo tango a Parigi’, 1972). A su pesar, ya que es sabido que el rodaje resultó traumático para Schneider, que por aquel entonces solo tenia 19 años. La actriz se mostraría arrepentida de haber accedido a rodar la polémica escena de la mantequilla (que fue improvisada), llegando a manifestar que se sintió violada; nunca más volvió a aparecer desnuda en una película.

Cosas del cine, la mujer lo pasó fatal y ‘El último tango en París’ es una obra de culto, por esa escena, por el momento en que se estrenó, porque la dirigió Bernardo Bertolucci y porque el otro protagonista era ni más ni menos que Marlon Brando. Aun así, como ella no dejó de reivindicar (en vano), no fue ni mucho menos la única película en la que intervino. La actriz, nacida el 27 de marzo de 1952 (en la misma ciudad donde murió) con el nombre de Marie Christine Gélin, debutó en el teatro siendo apenas una adolescente y su primer papel en el cine le llegó pronto, a las órdenes de Terence Young en ‘Vidas truncadas’ (‘L´arbre de Noël’, 1969). Pese a abandonar la profesión por depresiones y problemas con las drogas, pudo trabajar a las órdenes de (además de Bertolucci) Michelangelo Antonioni en ‘El pasajero’ (‘Professione: reporter’, 1975), René Clément en ‘La baby sitter’ (1975) o Franco Zeffirelli en ‘Jane Eyre’ (1996). Recibió un César en 1980 por su trabajo en ‘Toda una mujer’ (‘La dérobade’) de Daniel Duval, y su última aparición en la gran pantalla fue en ‘La clienta’ (‘Cliente’, 2008) de Josiane Balasko.

Hasta siempre, Maria.

Fuente: Portal Blog de cine, http://www.blogdecine.com/noticias/maria-schneider-nos-ha-dejado

martes, 21 de agosto de 2012

Alex Cox, un director comprometido.

Alex Cox, un artista con mucho para decir - 26º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata



Alex Cox es una rara avis del universo cinematográfico. Un cineasta personal, apasionado, comprometido con una fuerte construcción ideológica que lo vuelve irresistiblemente atractivo.

Nacido “cerca de Liverpool”, al norte de Inglaterra, Cox comenzó estudiando cine en Bristol y terminó en la UCLA, en Los Angeles. Allí concretó su debut con Edge City (1980) un mediometraje con la surrealista influencia de Luis Buñuel.Relacionado a la corriente punk de los primeros ochenta por sus dos obras más populares, Repo Man (1984) y Sid & Nancy (1986), Cox supo acompañar un movimiento de profundas raíces combativas desde una anarquía con esperanzas de cambio. La urgencia de ambos films, habla de una impronta cuanto menos inusual para ese momento en particular de la escena cinematográfica, en especial por su fuerte sello personal: si una de las premisas del punk es que la actitud debe primar por sobre la aptitud, Cox demostraba en ambos films que iba aún más allá, dejando que ambas instancias queden equiparadas: allí había –y seguirá habiendo- actitud y aptitud en exceso.


Tras registrar la trágica historia de amor de Sid Vicious, comenzaría un período particularmente nómada en su carrera, que a la vez serviría para reforzar sus ideales, primero con Directo al infierno / Straight to Hell, 1987 -su propia relectura del western spaghetti, un género que lo apasiona hasta el extremo del enciclopedismo-, rodada en España y después con Walker (1987), quiebre definitivo de su relación con los grandes estudios hollywoodenses. Esta película, filmada en Nicaragua en 1987 con la colaboración del gobierno Sandinista, sería un verdadero punto de inflexión. "Con Walker yo crecí", dice Cox "y logré completar un film político del cual me sentí orgulloso. Pero también me familiaricé con la tragedia innecesaria que suele involucrar el filmar películas a escala masiva. Hasta este punto, yo venía siendo indebidamente optimista con el proceso de factura de las películas y egocéntrico en mi acercamiento al mismo. Después me volvería más pesimista. Mi película más acabada, El Patrullero, fue el resultado de esas experiencias”. Un excelente resultado, habría que aclarar: El Patrullero (1991) -la primera película de Alex Cox que no se estrenaría en nuestro país ni se editaría en video-, es una muestra de su ductilidad como director, de su espíritu indomable al enfrentar un proyecto hablado completamente en un idioma que no es el propio.

Le seguirían otra película filmada en México, La muerte y la brújula (1992), una adaptación del cuento homónimo de Jorge Luis Borges, oportunamente proyectada en este Festival y The Winner (1996), una película por encargo.
A partir de allí, el mercado argentino le perdió el rastro a un Alex Cox cada vez más prolífico, intercalando documentales y episodios para televisión (como Emmanuelle: A Hard Look (2000) ó I´m a Juvenile Delinquent, Jail Me! (2004), respectivamente) con una interesante seguidilla de largometrajes en los que mantiene su lejanía con los grandes estudios. Así es como nacen Three Businessmen (1998), una corrosiva comedia en la que también actúa, Revengers Tragedy (2002), furiosa distopía con la venganza como columna vertebral y Searchers 2.0, una road movie actoral. El humor, la política y la cinefilia, elementos que distinguen a cada una y, a la vez, a todas por igual.
Sus últimos trabajos hasta el momento fueron Repo Chick (2009), una divertida farsa y Straight to Hell Returns (2010), relanzamiento y ampliación de su opus anterior.

Sin embargo, como buen personaje inquieto, Alex Cox tiene varios proyectos en su haber que no lo cuentan como director. Por un lado están sus breves apariciones como actor en películas dirigidas por amigos, como Camino de retorno (Backtrack / Catchfire, Dennis Hopper / Alan Smithee, 1990), La reina de la noche (Arturo Ripstein, 1994), La ley de Herodes (1999) y Un mundo maravilloso (2006), ambas de Luis Estrada y Perdita Durango (1997) y Los crímenes de Oxford (2008) de Alex de la Iglesia.

Y por otro lado, sus trabajos como guionista compartidos con Rudy Wurlitzer (Body Parts, Zero Tolerance), Tod Davies, con quien escribió guiones como Camino sin retorno, Keith Moon Was in Here! y Pánico y locura en Las Vegas, (Fear and Loathing in Las Vegas, 1998) y Stan “The Man” Lee, con quien pergeñó un guión aún no filmado sobre Doctor Strange, una de las creaciones del prolífico genio de los cómics.

Su costado menos conocido en nuestro país es el de conductor televisivo: con la cinefilia como motor llevó adelante durante nueve temporadas Moviedrome, un programa dedicado a rescatar rarezas cinematográficas, films de culto y demases, para el cual Cox se vestía de manera estrafalaria, desmenuzando cuidadosamente cada película logrando tenaces análisis, algunos de los cuales se pueden disfrutar en la web.

Finalmente, está el Alex Cox autor, otra de sus múltiples aristas. Además de X Films, un repaso en primera persona de sus experiencias como director, existe 10.000 formas de morir /10.000 Ways to Die, un apasionante paseo por los recovecos del western spaghetti, libro editado por esta 26º edición del Festival de Mar del Plata.

Alex Cox estará aquí para presentarlo. Tendremos, entonces, la oportunidad de conocer a un gran cineasta, un autor con un fuerte compromiso ideológico, que desde su página web sigue con su intenso activismo político y cultural, mientras da clases de cinematografía y sigue escribiendo guiones, planeando, agazapado, su próximo gran proyecto como realizador. Como dicen por ahí, la revolución no será televisada; sin dudas será llevada a la pantalla grande por él.


Filmografía

Como director

Straight To Hell Returns (2010)
Repo Chick (2009)
The Searchers 2.0 (2007)
Revengers Tragedy (2002)
Three Businessmen (1998)
Death and the Compass (1996)
El ganador .(The Winner) (1996)
El Patrullero (1992)
Walker (1987)
Straight to Hell (1987) Ambientada en el Oeste americano, en realidad fue rodada en Almería (España) e inspiró el famoso tema Fiesta de The Pogues. Entre otros interpretes estaban: Courtney Love, Dennis Hopper, Grace Jones y el ahora director de cine, Jim Jarmusch. Los Pogues aparecían de mexicanos.
Sid and Nancy Sid & Nancy - Love Kills (1986) Sid y Nancy - el amor mata. La vida de Sid Vicious y su relación con Nancy Spungen.
Repo Man: el recuperador (1984) filme de culto con la filosofía y la ¨estética punk¨.
Sleep Is for Sissies (1980)

Documentalista

Emmanuelle: A Hard Look (2000)
Kurosawa: The Last Emperor (1999)

Como actor

Los crímenes de Oxford (2007)
Un mundo maravilloso (2006)
Rosario Tijeras (2005)
La ley de Herodes (2000)
Todo el Poder (1999)
Perdita Durango (1997)
Catchfire (1990)
Sid and Nancy (Sid & Nancy - Love Kills ) (1986)

Como guionista

Miedo y asco en Las Vegas (España) ó Pánico y locura en Las Vegas (Lat. América) (título original (Fear and Loathing in Las Vegas) (1998).
Straight to Hell (1987)
Sid and Nancy Sid & Nancy - Love Kills (1986)
Repo Man: el recuperador (Repo Man) (1984)


Fuente: info@mardelplatafilmfest.com Diseño de Marca: Comunicación INCAA Diseño y
desarrollo web: tribytes.com

viernes, 17 de agosto de 2012

Conversaciones con Pino Solanas.



Fernando "Pino" Solanas
Figura fundamental de la cultura latinoamericana





A lo largo de 50 años, su militancia y compromiso político están íntimamente ligados a su actividad artística. Se formó políticamente junto a hombres como Raúl Scalabrini Ortíz, Arturo Jauretche, Carlos Astrada, Juan José Hernández Arregui, César Marcos, Fermín Chávez, John William Cooke, Rodolfo Ortega Peña, y fue secretario privado de Julio Canessa.

En 1962 realiza su primer cortometraje de ficción Seguir andando y forma su casa de producción. En 1968 realiza en forma clandestina su primer largometraje La Hora de los Hornos, trilogía documental sobre el neocolonialismo y la violencia en el país y América Latina. En 1969 funda el grupo Cine Liberación junto con Octavio Getino, e impulsa con el film el desarrollo de un circuito alternativo de difusión a través de organizaciones sociales y políticas que forman parte de la resistencia a la dictadura. El film obtiene múltiples premios internacionales y se difunde en más de 70 países.

En 1971, el Grupo Cine Liberación fue convocado por Juan Domingo Perón a filmar en Madrid sus dos testimonios cinematográficos: La Revolución Justicialista y Actualización Doctrinaria para la toma del poder.

En 1975 termina Los Hijos de Fierro, primer largometraje de ficción. Meses antes, había sido amenazado de muerte por la Triple A y en 1976 un comando de la Marina intenta secuestrarlo. Parte al exilio hacia España y se establece finalmente en Francia, donde realiza, en 1980, el documental La mirada de los otros.

Durante su exilio participa en varias organizaciones de solidaridad con las Madres de Plaza de Mayo y los demás organismos de defensa de los derechos humanos, denunciando internacionalmente la situación argentina. En París, con Envar El Kadri, Arianne Mouskhine, Miguel Ángel Estrella y otros artistas e intelectuales, participa en la creación de la Asociación Internacional en Defensa de los Artistas.

Caída de la dictadura, en 1983, regresa a Buenos Aires y, en 1985, filma Tangos... El Exilio de Gardel, que obtiene máximos premios en el Festival de Venecia y de La Habana. En 1988 termina Sur y es premiada en Cannes y en numerosos festivales.

En junio de 1989 promueve la gran asamblea de sindicatos audiovisuales que se realiza los días 22 y 23 de junio en el Centro Cultural San Martín, exigiendo la convocatoria a un gran debate y una ley marco de Radiodifusión que reemplace a la de la dictadura.

Fue una de las primeras voces denunciantes de la traición de Menem a los contenidos del voto, la privatización de los canales y la Ley de Reforma del Estado.

En marzo de 1991, en un reportaje, acusa a Carlos Menem de estar al frente de una " banda de delincuentes que está saqueando el patrimonio público ". El ex presidente le responde con una denuncia por "calumnias e injurias". Solanas reafirma su acusación ante el Juez Federal Martín Iruzun. Al día siguiente Solanas es víctima de un atentado de grupos comando ligados a la seguridad del Estado, por el que recibió seis disparos de arma de fuego en las piernas. Debe postergar la terminación del film El Viaje, que logrará concluir en 1992.

Continúa denunciando el saqueo menemista y, tras haber recibido centenares de saludos de solidaridad convoca a la unión de los sectores opositores al modelo, confluyendo en una gran marcha "sin otra bandera que la argentina". El 21 de noviembre de 1991 –día de la Soberanía Nacional- una bandera de 400 metros de largo recorre la ciudad de Buenos Aires hasta abrazar al Congreso de la Nación.

Recibe el premio Human Rights Watch, en New York, donde se realiza una retrospectiva de su obra.

Durante su gestión como Diputado Nacional, entre 1993 y 1997, integra las comisiones de Cultura, Energía, Comunicaciones, y Medio Ambiente desde las que elabora más de 160 proyectos, entre resoluciones y leyes. Desde la Comisión de Energía encabeza el movimiento por la defensa de Yacyretá y Salto Grande e interpela en dos oportunidades al ex Ministro de Economía Domingo Cavallo y al ex Secretario de Energía Carlos Bastos, frente al intento de privatizar estas empresas, las centrales nucleares de Embalse y Atucha, y la Fábrica de Aguas Pesadas en Arroyito (Neuquén).

Desde el Parlamento, trabaja en la reforma de la Ley de Cine, la Ley de Teatro y la Ley de Música. Introduce los jurados renovables e interdisciplinarios para la adjudicación de créditos o premios. Impulsa y trabaja en la creación de la Cinemateca Nacional (CINAIN) que, aprobada por unanimidad en las dos cámaras, es vetada por Carlos Menem. Sin embargo, un mes después, Solanas consigue que ambas cámaras ratifiquen por unanimidad la ley. Han transcurrido varios gobiernos y, en diez años, la ley aún no está reglamentada.

En el Anexo de la Cámara de Diputados realiza dos encuentros sobre Democracia, Medio Audiovisual y Cultura y presenta el proyecto del Canal de Televisión del MERCOSUR con participación de parlamentarios de América Latina y la Presidenta de la Comisión de Comunicaciones del Parlamento Europeo, Luchiana Castellina.

Es el primero en denunciar la corrupción en IBM en la Municipalidad de Avellaneda, demostrando que es el mismo mecanismo investigado en el Banco Nación y que se estaba aplicado en todas las provincias y municipios.

Es invitado por Federico Mayor –Secretario General de la UNESCO- a integrar el Comité Mundial por la Defensa del Patrimonio Cinematográfico en representación de América Latina. Ha presidido la asociación Directores Argentinos Cinematográficos (DAC). Ha promovido en el país y en América Latina la democratización del espacio audiovisual y las leyes marco que garantizan en radios y televisoras el derecho a la pluralidad y a la información objetiva. Trabajó en el proyecto del Canal Parlamentario y del Canal del Mercosur, que obtuvo la primera votación afirmativa de la Cámara.

Durante las últimas décadas promueve diversas asociaciones e iniciativas culturales. Entre las más importantes se encuentra El Imaginario de América Latina (1989) que debió ser el mayor centro cultural del país y que Menem terminó por convertir en un shopping.

En 1998 termina La Nube premiada en el Festival de Venecia. En el Festival de La Habana recibe el Gran Coral a su trayectoria.

En 2004 presenta el documental Memoria del Saqueo en el 54º Festival Internacional de Cine de Berlín, donde le entregan el Oso de Oro a su trayectoria. La película obtiene importantes premios internacionales.

En septiembre de 2005 estrena La Dignidad de los Nadies, premiada en Venecia, Montreal, Valladolid y La Habana.

El 5 de diciembre de 2005 es distinguido por el Fondo Nacional de las Artes con el Gran Premio a la Trayectoria.

En mayo de 2007 estrena Argentina Latente, su documental sobre las potencialidades científicas del país.

Ha sido jurado en los principales festivales cinematográficos y realiza una importante tarea en la docencia, dictando seminarios en las principales escuelas de cine de América Latina, Europa y EEUU. Desde 2006 es Profesor Emérito en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) y en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Ha recibido condecoraciones de los gobiernos de Italia y Francia y la máxima distinción cultural cubana, la orden Félix Varela .

Ha escrito numerosos artículos sobre cine, cultura y el acontecer político en publicaciones de Argentina, América Latina y Europa. Escribe el ensayo La Mirada (1989); Cine Cultura y Descolonización, en colaboración con Octavio Getino (1971); y el ensayo de investigación "Yacyretá: Crónica de un despojo" (1996). En la actualidad prepara la edición de una recopilación de sus trabajos.

Filmografía

Tierra sublevada: Oro negro 2010
Tierra sublevada: Oro impuro 2009
La próxima estación 2008
Argentina latente 2007
La dignidad de los nadies 2005
Memoria del saqueo 2004
Afrodita, el sabor del amor 2001 (Filme inconcluso)
La nube 1998
El viaje 1992
Sur 1988
El exilio de Gardel (Tangos) 1985
Los hijos de Fierro 1975
Perón: actualización política y doctrinaria para la toma del poder 1971
Perón, la revolución justicialista 1971
Argentina, Mayo de 1969: los caminos de la liberación 1969
La hora de los hornos 1968
Reflexión ciudadana 1963 (cortometraje)
Seguir andando 1962 (cortometraje)


Fuente: La Máquina de Escribir lamaquinaliteraria@gmail.com
Sitio oficial de Pino Solanas: www.pinosolanas.com.ar




miércoles, 15 de agosto de 2012

La película olvidada: Flor de cactus, de Gene Saks.


'Flor de cactus', un triángulo espinoso




Por Beatriz Maldivia



Como indicaba ayer en la crítica sobre ella, ‘Sígueme el rollo’ se inspira en ‘Flor de cactus’ (‘Cactus Flower’, 1969), una comedia romántica de Gene Saks, escrita por I.A.L. Diamond, colaborador habitual de Billy Wilder, con quien trabajó los guiones de ‘Con faldas y a lo loco’, ‘El apartamento’ o ‘Primera plana‘… por citar solo las más notorias. Diamond se basaba en la obra de teatro homónima de Abe Burrows, quien a su vez había trasladado el texto teatral francés de Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy ‘Fleur de cactus’.

El cactus del título es una metáfora de una mujer arisca y entrada en años que esconde sus encantos, pero muy de vez en cuando florece. El personaje en la versión fílmica lo interpreta Ingrid Bergman a los 54, como la enfermera del doctor Winston, un vividor encarnado por Walter Matthau cuando tenía 49. El dentista tiene un affaire con una jovencita, Goldie Hawn en uno de sus primeros papeles, a la que le ha contado que está casado y que tiene tres hijos para que ella no aspire a que le pida la mano. Cuando la joven demuestra que se suicidaría por amor, el doctor decide que es hora de proponerle matrimonio y se inventa que su mujer le ha pedido el divorcio. Sin embargo, ella no quiere aceptar hasta estar segura de que la esposa está de acuerdo, por lo que se empeña en conocerla. El dentista le pedirá a su enfermera que se haga pasar por su mujer lo que, en lugar de resolver su problema, le acarreará más complicaciones.


Como el moderno, el film se basa en las artimañas y en el enredo. La diferencia es que estos malentendidos se llevan a cabo de una manera más inteligente e intrincada, manteniendo la capacidad de sorprender cuando unas mentiras traban a otras y todo se le escapa de las manos al gran farsante. La adaptación no se despoja del aire teatral, ya que reparte en extensas escenas, muy dialogadas y con poca acción. La labor de realización de Saks da un resultado plano y que no pasa de lo solvente. A cambio, contiene diálogos astutos con suculentas réplicas y golpes cargados de ingenio. El subtexto está presente en multitud de ocasiones, lo que en la actualidad es cada vez más difícil de encontrar, pues debe de ser que no se confía en que el público lea entre líneas ni una indirecta. El humor visual o básico no está entre las intenciones, ya que el tono, aunque sea cómico, no es estridente.

Decía que el humor visual no está entre las intenciones porque la estética, vista cuarenta y tres años después, puede resultarnos muy simpática. Así que encontramos un aliciente en ‘Flor de cactus’ añadido por el paso del tiempo, que es ese retrato de los años sesenta, en el que hipsters, vestidos casi como los de ahora, solicitan la versión mono de los discos en la tienda de música. Los modelos de colores que luce Hawn, los temas orquestales como el ‘I’m a believer’ de los Monkees, la forma de bailar y moverse de los asistentes a la discoteca y el atuendo de todos ellos no se habrían podido imitar en una emulación actual. El año en el que se rueda, además, hace que sea muy moderna en el sentido moral, pues parece que las mentes estaban más abiertas entonces que ahora.

Ni que decir tiene que la mayor disimilitud entre las dos visiones estriba en el reparto. Matthau era un monstruo de la interpretación, capaz de dotar a sus personajes, nunca positivos ni edificantes, de un magnetismo innegable. Aquí encontramos buenas dosis de sus demostraciones de irritación o sus gestos maquiavélicos, que conseguía gracias a una expresividad que no se convirtió nunca en sobreactuación. Bergman despliega todas sus facetas según su personaje evoluciona y conserva su atractivo, al que le añade una capacidad para el sarcasmo que no le conocíamos. Hawn, que obtuvo el Oscar a la mejor actriz de reparto y otros galardones por su papel, derrocha encanto y candidez sin por ello parecer tontita o irritante, hazaña nada desdeñable. Rick Lenz, como Igor, y Vito Scotti, como el señor Sánchez, añaden buenos toques, el primero como cuarto vértice del triángulo y el segundo como alivio cómico.



Por mucho que el final pueda preverse tanto como en la versión actual, no lo estamos presenciando mentalmente desde el arranque, ya que el personaje de Bergman se disfraza con suficientes espinas como para que, en el inicio, entendamos que no despierta ninguna atracción. Así, a lo largo del desarrollo (posible spoiler) veremos una transformación en la que los pétalos van naciendo. La resolución, lejos de ser una componenda moralista que distribuye a las personas según sus edades, es una reivindicación de las opciones de las mujeres que ya han dejado atrás la juventud y una equiparación de sus expectativas a las de los hombres –que nunca ha estado mal visto que salgan con personas de menor edad–, a la vez que una forma de valorar las virtudes interiores por encima de las físicas.

En definitiva, recomendaría ‘Flor de cactus’ porque no presenta ni por asomo el primer inconveniente que cualquiera sospecharía: estar antigua, ni mucho menos desprende la caspa que yo le había presupuesto. La encuentro una película más colorista, vistosa y moderna que muchas de las actuales, no solo en cuanto al vestuario y la peluquería, sino en cuanto a los valores morales y sociales. El ingenio de los diálogos y la interpretación de tres enormes actores hacen que valga la pena desempolvar este título que tan injustamente permanece casi ignorado.


Ficha Técnica

Dirección Gene Saks
Producción M.J. Frankovich
Diseño de producción Robert Clatworthy
Guion Pierre Barillet, Jean-Pierre Grédy y Abe Burrows
Música Quincy Jones
Maquillaje John O'Gorman
Fotografía Charles Lang
Montaje Maury Winetrobe
Vestuario Moss Mabry

Protagonistas

Walter Matthau
Ingrid Bergman
Goldie Hawn
Jack Weston
Rick Lenz
Vito Scotti



Fuente: Portal Blog de Cine, http://www.blogdecine.com/criticas/flor-de-cactus-un-triangulo-espinoso

lunes, 6 de agosto de 2012

Oración a Marilyn Monroe.


Por Ernesto Cardenal





Señor:
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor:
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: Wrong Number
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!


martes, 31 de julio de 2012

Roger Corman: El poder de la decisión.

Por Enrique Posada

Roger Corman

El cine apenas tiene algo más de cien años pero sus cielos están repletos de estrellas, como bien se trata de reconocer en el famoso Boulevard de Hollywood. Como en el universo, las estrellas tienen muchos tamaños y un amplio espectro de brillos y colores. Algunas son distantes y frías, otras expansivas, capaces de explotar con energía y de brillar, aunque sea en un instante, como supernovas que se recordarán por siempre. Otras son estrellas madres, que originan nuevos universos. Espacios dentro de espacios, solamente limitados por la creatividad de los cineastas. Uno de estos es Roger Corman, una persona que ha vivido enteramente para el cine, sin miedos, sin vergüenzas.



Una estrella particular que deja estela propia

Roger Corman nació en los Estados Unidos, en 1926. Comenzó a estudiar Ingeniería Aeronáutica pero terminó Literatura Inglesa Contemporánea. Estos dos extremos marcan de alguna manera su carrera como cineasta que va desde lector de guiones, diseñador de montajes, director a productor y empresario: de la palabra atractiva y convincente del que sabe de literatura a la acción efectiva del que gusta de la ingeniería.

Corman se destacó por su capacidad para dirigir y realizar películas de bajo presupuesto, de cierta forma siguiendo el formato del denominado cine de Clase B que apareció en los tiempos del sistema de estudios de Hollywood, entre los años 30 y 60, que correspondía a filmes de bajo presupuesto y actores principiantes o poco costosos, que se exhibían en formato de doble presentación, al lado de películas de estreno, para atraer al espectador. Sin embargo, Corman se destacó por mantener niveles de buena calidad, creatividad y novedad en sus filmes, a pesar de sus bajos costos, de tal manera que se lo considera un clásico de la Clase B, incluso como clásico de culto.

Corman empezó a dirigir desde 1955, en sociedad con la productora independiente American Internacional Pictures, de James H. Nicholson y Samuel Z. Arkoff, con quienes trabajó hasta 1971. Estuvo con ellos dirigiendo y produciendo diversos géneros comerciales, entre los que destacan la ciencia ficción y el terror. En esa época labró su fama de realizar sus producciones a muy bajo costo y en tiempos muy cortos.

En 1971 deja la American International Pictures y crea su empresa, la New World Pictures (hasta 1982) y luego la Concorde. Todos esos años se dedicó a la producción, con más de doscientas películas. En 1990 volvió a su viejo oficio de director con La resurrección de Frankenstein (Frankenstein unbound), pero esta vez sin mayor éxito comercial.

La influencia de Roger Corman en el cine es muy significativa. Personajes como Martin Scorsese, Francis F. Coppola, James Cameron, Jack Nicholson, Robert Englund, Jonathan Demme y Joe Dante, y aún más, han dado sus primeros pasos en sus producciones. Ya convertido en un cineasta de fama, con frecuencia ha apoyado el trabajo de personas nuevas en el cine. Sin duda, es un maestro con escuela propia y carisma, desarrollada a base de trabajo constante y comprometido.

Corman y el género fantástico: una visión desde lo caótico

Es evidente que Corman se ha destacado tanto como director y productor en el género fantástico, específicamente el de películas de terror, de magia y de ciencia ficción. Tuvo mucho que ver en esto su capacidad para apreciar que lo fantástico es un género rentable. Pero, seguramente, también en su capacidad para apreciar profundas raíces humanas, que hacen que las personas se vean atraídas hacia los denominados atractores especiales, de los cuales la magia, el deseo de explorar el futuro y el terror hacen parte. Nos atrevemos a pensar que estos son potentes arquetipos presentes en el subconsciente colectivo, de los cuales la ciencia moderna ha empezado a develar sus secretos, a través de la denominada teoría del caos.

Esta teoría tiene que ver con el comportamiento de muchos sistemas dinámicos (es decir, activos, móviles) que se ven afectados por la forma en que ocurren sus inicios. En los arranques de estos sistemas, se da el caso de que pequeñas variaciones implican grandes diferencias en los comportamientos que van a ocurrir en el futuro. Por ello, se llaman caóticos, pues queda muy difícil de predecir lo que va a ocurrir una vez que comienzan a funcionar.

Empieza una película fantástica debidamente presentada y el espectador sabe que está transitando por terrenos misteriosos que van a conducir a consecuencias impredecibles. Roger Corman es bien consciente de ello. Por eso, en sus filmes, crea inicialmente unos espacios de tranquilidad, en los cuales los eventos se aprecian lógicos y coherentes. Lo hace por medio de los diseños de sus textos de presentación, de dibujos o de imágenes coloridas. Luego incluye diálogos introductorios, en general lentos, bien vocalizados, con planos cercanos y tomas de los gestos y de los ojos de los personajes, para que los podamos conocer con cierta confianza, creando nuestros propios esquemas sobre los mismos. Ello nos da cierta sensación de dominio, la misma que será destruida sistemáticamente por la historia fantástica que vamos a presenciar. El espectador siente un gusto especial a medida que se derrumban sus consideraciones y surge lo inesperado.

Transcurrido este comienzo tranquilizador, comienza la historia real, que se desprende de algún evento aparentemente pequeño e insignificante, pero desafortunado, dando origen a historias absolutamente absurdas, pero totalmente creíbles para la mente atrapada, que sabe que algo caótico va a desatarse, lejos del control de los personajes, pero que podría evitarse con un buen comienzo que no conduzca a liberar las fuerzas del desorden. En las películas de Corman, con frecuencia, una protagonista femenina actúa como elemento de referencia y de orden en medio del caos, pero muchas veces también se trata de un engaño más: ella puede ser, al final, realmente, la fuerza caótica escondida.

El caos puede tener dos aspectos: terrorífico, cada vez más peligroso y enloquecedor, y fantástico o mágico, cada vez más atractivo y novedoso. En un sistema verdaderamente caótico, se generan espirales de comportamiento, especies de círculos inevitables que arrastran a los personajes. Pero también pueden ocurrir bucles (círculos de eventos que vuelven a sus orígenes) o estabilidades, zonas planas, en las cuales se crean sensaciones de dominio y alivio. El director juega con estos movimientos y Corman lo hace de forma magistral, a través de diversos recursos. Para crear las sensaciones de las espirales: La música que las acompaña y las avisa, la aparición súbita de relámpagos y de truenos que alertan sobre lo inesperado, la entrada en pasadizos secretos que se cierran detrás de las personas, puertas que se abren con sonidos tenebrosos, juegos de luces, las miradas de los actores. Para navegar por los bucles: Historias con tonos dramáticos por parte de algún personaje, que nos lleva al pasado y al origen de los eventos, apariciones espectrales que perturban al protagonista y parecen dominarlo en sus afanes, haciendo que cambie de planes; sótanos y salas ocultas, que traen recuerdos y dan mayor sentido al relato; objetos variados y llenos de significado, por ejemplo cuadros, que aparecen recurrentemente; expresiones poéticas y filosóficas, adecuadamente combinadas con la trama, para darle sentido misterioso y profundo. Para dar impresión de estabilidad: Los personajes femeninos, en general de aspecto bello y mirada inocente (a pesar de sus escotes atrevidos), con frecuencia aparecen despertando de un sueño o en actitud de servicio o de humilde inquietud; los personajes del servicio, muy bien representados, atestiguan los eventos, dando tranquilidad, aunque intuyen que algo inesperado va a suceder; las cenas y momentos de reposo, que ocurren en espacios grandes y de aspecto generoso, no importa que los personajes sean tacaños o estén a punto de la quiebra, generalmente, acompañados de ofrecimientos y disfrute de bebidas.

La trama se va desarrollando mediante combinaciones de espirales, bucles y estabilidades, y va conduciendo, inevitablemente, hacia algún tipo de atracción, situada en la dimensión normal o en alguna otra inesperada, que se escapa a la órbita de los personajes. Lo caótico manifiesta estos dos comportamientos: cercanos (bajo el dominio de los protagonistas) y externo, basado en fuerzas de tipo mágico, del subconsciente, del pasado, espirituales o inclusive morales, que alejan de sus dominios los comportamientos. El espectador siente el impulso de predecir lo que va a suceder, pero el director maneja recursos ocultos sorprendentes y así queda sujeto al caos mismo y ello constituye una gran atracción. Corman sabe cómo pulsar estos hilos. Pienso que buena parte de su habilidad reside en haber trabajado con profundidad las obras de Edgar Allan Poe, el gran maestro del suspenso mental.

Como hemos señalado, lo caótico depende de una siembra inicial. Hay una historia que lo explica todo, pero que pudo haber sido distinta. ¿Dónde se perdió el hilo de lo normal, de lo estable? Es importante que el espectador intuya, razone, caiga en la cuenta, así, la historia adquiere sentido personal y de reflexión, no importa que se trate de una fábula medieval, de algún cuento imposible o de un torneo de magia irreal. Los filmes de Corman son excelsos en los diálogos y en las reflexiones, que se van sucediendo adecuadamente combinados con las tramas para que nos demos cuenta de las opciones que existen, de las elecciones que conducen a lo caótico o a lo normal.

En nuestras propias vidas, probablemente bastante normales, no nos vemos sujetos a situaciones caóticas extremas, sean estas positivas o negativas. Pienso que eso lo logramos manteniendo una línea del punto medio, evitando situaciones extremas o que intuimos riesgosas. Pero, en realidad, estamos con frecuencia al borde del precipicio y si nos atreviéramos, podríamos caer bajo la atracción de atractores extraños ¿fantásticos y mágicos, horrendos? El cine nos permite vivir atrevimientos y pisar los terrenos de lo extraordinario. Corman, aún con cintas de bajo presupuesto, nos ofrece una gran riqueza de opciones.

Un recorrido por cinco filmes de Corman

Comencemos por uno de sus trabajos más famosos, quizás porque fue la película que menos tiempo tardó en realizar. Dicen que en menos de tres días, Corman rodó La tiendita del horror. ¿Será esto leyenda o realidad? Porque este filme cuenta con una gran riqueza de elementos para ser filmada en tan corto tiempo, incluyendo unos evocativos dibujos en el comienzo.

Claro, al profundizar un poco más, es claro que fue un trabajo rápido, basado en un guion escrito de una vez por Corman y Charles B. Griffith, con actores contratados en películas anteriores del director, quienes ensayaron durante tres días previos al rodaje, que se realizó en menos de los famosos tres días. Pero hubo trabajo con el resto de material durante las dos semanas siguientes. Corman aseguró sus objetivos rodando las escenas con tres cámaras simultáneas.

Se destaca en esta producción el recurso claramente caótico que se genera con una planta carnívora, que va siendo alimentada de forma inicialmente inocente con gotas de la propia sangre del protagonista, hasta terminar consumiéndolo. Es un atractor extraño que simboliza la lógica torcida de los humanos, cuando nos dejamos arrastrar por ideas fijas y por el aparente apoyo de las circunstancias, sin caer en cuenta en el aspecto esencial real que nos previene contra la tontería.

Ahora hablemos de un par de películas que se basan en obras del escritor Edgar Allan Poe. El péndulo y el pozo fue la segunda de esta serie, alcanzando amplia fama dentro de la categoría de filmes de horror.

Según narra Corman, rodarla fue una experiencia muy placentera, en la cual pudo experimentar con los movimientos de la cámara y diseñar un montaje singular para la escena culminante, donde uno de los protagonistas se ve sujeto a la tortura de una cuchilla que oscila pendularmente sobre su pecho, a punto de partirle en dos.

Cabe resaltar que Corman siempre atribuyó la alta eficiencia en el rodaje de sus películas al trabajo de pre-producción y a la planificación previa. Además ha señalado que discutía las escenas con sus actores sobre la marcha, creando sensación de seguridad y de libertad en ellos. El más famoso escritor moderno de libros de terror, Stephen King, señala que la escena en la cual se va derrumbando laboriosamente el muro de una cripta medieval para descubrir el cadáver de Elizabeth ha tenido un gran impacto en el género. Que lo diga, precisamente, este maestro de dicho género, es todo un homenaje a Corman.

En El péndulo y el pozo cabe resaltar dos aspectos adicionales. Uno de ellos es la actuación de Vincent Price, quien fue actor principal en varias de las películas de Corman, de quien el director habla en forma muy elogiosa. Sin duda, el mantener este tipo de lazos continuos daba fortaleza al trabajo del director y productor. Price maneja los gestos, las miradas y el movimiento de sus cejas de una manera muy característica, mientras que su voz clara, pausada, a veces tenebrosa, a veces tranquila y, finalmente, amenazante y terrible, nos deja ver atisbos del inconsciente de su personaje. Algo que Corman trataba conscientemente de lograr, mediante el uso de flashbacks en dos tonalidades, tratando de recrear el mundo de los sueños. El otro aspecto a resaltar es el de las escenas que se llevan a cabo en sótanos y salones oscuros, adornados con telarañas, a los cuales se accede por escaleras de piedra, luego de atravesar pesadas puertas o pasadizos secretos. En estos parajes conviven la tortura y la muerte, como bien se va dejando ver en la trama; no obstante, actúan como atractores extraños para los personajes de la historia, que no pueden evitar descender hacia ellos y dejarse arrastrar por sus misterios, a pesar de que los esperan grados incrementales de terror, a modo de pozo inescrutable.

En El Cuervo se hace un cruce entre los mundos de la magia y del terror. Es un juego libre, basado en Poe, en el cual se cuenta la historia de tres magos, personificados por tres actores clásicos de películas de terror: Vincent Price, Peter Lorre y Boris Karloff. En ella (como en La tiendita del horror) hace también sus primeros pinos el famoso Jack Nicholson, quien de alguna manera quedó marcado por esas experiencias con Corman y se convirtió luego en artista excepcional para películas de terror de factura moderna, como las de la escuela de Stephen King (El Resplandor).

En El Cuervo se pueden ver escenas de duelos de magos en las que combaten con trucos creativos e inesperados, no exentos de humor y con rayos coloridos, de tipo láser, al estilo de lo que se ha hecho famoso en las sagas de Harry Potter y de La Guerra de las Galaxias. Es que Corman no se limitaba a aprovechar el guion y la historia de Poe, en la que este basa (de por sí, suficientes para crear impacto), sino que se atrevía con montajes novedosos, a pesar de los bajos presupuestos de sus películas.

Siguiendo con nuestra visión desde lo caótico, acá se plantea la idea de que las personas pueden perder su identidad y viajar a mundos paralelos (como los de los cuervos, seres míticos, oscuros, que hablan, que son maliciosos, casi humanos). Existe el alto riesgo de no saberlos manejar cuando se enfrentan a fuerzas superiores sin estar preparados para ello. Esto puede suceder en un parpadeo, por lo cual la magia y el poder dependen enteramente del manejo concentrado de la atención. Esto se simboliza por los ojos de los protagonistas, especialmente los de Boris Karloff, cuyo personaje pierde la magia en un veloz cambio de atención.

En otro de sus filmes, El palacio encantado, Corman desarrolla, desde el punto de vista del terror, el tema de los seres humanos mutantes, herederos que nacen deformados, bajo el peso de una maldición. Es un tema muy a tono con las amenazas caóticas de la era nuclear y de los productos químicos que pueden generar daños genéticos y maldecir a las futuras generaciones como producto de la imprudencia de la ciencia y de los hombres poderosos.

Otro de los temas desarrollados es el de la posesión por espíritus, a partir del contacto con objetos, en este caso un cuadro que representa a un antecesor del protagonista. El espíritu vuelto a la vida era el de un hechicero experto en magias diabólicas, capaz de resucitar a su antigua amante para revivir sus malignas artes. Acá, el objeto atractor es el pasado, los ancestros y sus antiguas posesiones, representadas por un palacio, que resulta estar embrujado y poseído por espíritus. El protagonista cae bajo su embrujo y se deja enredar cada vez más, hasta perder el juicio y asumir identidades oscuras, permanentes, eternas. Su esposa actúa como elemento de equilibrio y de disuasión, pero sujeta al machismo, es incapaz finalmente de deshacer el hechizo y la maldición.

En este filme, como en otros de sus series de terror, Corman hace un abundante empleo de la niebla. Ella se pasea por las calles de la aldea de los seres mutantes y campea en los cementerios, en medio de lápidas y de arbustos retorcidos y deshojados, en tonos claroscuros, iluminados por luces fantasmales, en escenas ya clásicas.

Terminamos este fugaz recorrido por el cine de Corman con una mirada a La Torre de Londres. Se trata de una película que combina la historia y el horror y, para ello, nada mejor que basarse libremente en la obra de Shakespeare, Richard III. Es la historia de Ricardo, el duque de Gloucester, hermano del rey Eduardo, quien, moribundo, designa como regente a un tercer hermano, Clarence, mientras crecen sus hijos. Pero Ricardo, es muy ambicioso, extremadamente cruel y a base de torturas y asesinatos llega a ser rey. La Torre de Londres sirve como terrible prisión y su ambiente es realmente el protagonista de esta cinta.

En esta película se combinan dos terribles atractores que arrastran hacia desenlaces fatales para todos: el ansia de poder y la locura. Ricardo es inteligente y un pérfido manipulador y no alcanza a ser detenido en sus locos designios por los espíritus de los muertos que va dejando en su camino. Todos regresan espectrales, pero sonrientes y benévolos, advirtiendo la catástrofe inevitable que le aguarda. Pero ni la belleza, ni la sonrisa, ni el amor de familia, ni la inocencia pueden nada ante su maldad, solo el destino lo detendrá.

Fuente: Portal El espectador imaginario, http://elespectadorimaginario.com/pages/febrero-2012/investigamos/roger-corman-el-poder-de-la-decision.php

lunes, 23 de julio de 2012

Las razones del corazón, Bovary mexicana.



Por Jesús Domínguez López


El corazón tienen razones que la razón desconoce
Blaise Pascal


Arturo Ripstein vuelve a la esencia de sus mejores trabajos con sus personajes habituales, en este particular caso, Emilia, un intenso perfil femenino, el retrato de una mujer que se desgarra las entrañas en aras de una pasión, una mujer obsesa que sufre intensamente el abandono y el desamor, y que refiere irremisiblemente a las mujeres ripstenianas que le preceden, la Coral de Profundo Carmesí (1996), la Lucha Reyes de La reina de la noche (1994), y con enormes paralelismos a la Julia de Así es la vida (2000), en una versión libre, inspirada en Madame Bovary, de Gustave Flaubert.


Se trata de un melodrama, en el mejor sentido del melodrama clásico mexicano, en torno a una hembra desquiciada a causa de una pasión sexual que se extingue en el macho que tiene por amante, una mujer cautiva de sus propias pulsiones sexuales, obsesionada por un deseo con un hombre que no es su marido, a quien finalmente ella no le importa.

Si la Emma Bovary de Flaubert era una mujer infiel, en una época en que la infidelidad era el principal motivo de escándalo y pecado, en el siglo XXI, cuando de tan cotidiano, el engaño y la infidelidad pierden sus dimensiones y ya no constituyen en modo alguno motivos de lapidación social para las mujeres, la Bovary mexicana no está enferma de culpa ni de pecado, sino de frustración. Y no sólo eso, la historia va más allá del deseo sexual insatisfecho y apunta sobre la vaciedad, sobre la carga que constituye una vida que no se desea, un descenso a los infiernos de la protagonista, consumida por una voraz atracción sexual hacia un hombre al que ahoga, a quien asfixia, en una espiral de degradación interminable, al grado de lamer con fruición las sabanas de la cama en donde yacieron como amantes, en un intento febril de atraparlo, de sentirlo, de tenerlo, aun cuando sólo sea a través de los objetos que el amante ha tocado. Se trata de un ama de casa sin vocación, una mujer para quien la maternidad no significa la realización, para quien la hija constituye un lastre que hay que aguantar, con un marido fracasado, conformista, la sombra de un hombre. Una mujer que no se identifica con lo socialmente atribuible a las mujeres.

Con su inconfundible estilo, Ripstein utiliza los planos secuencia habituales en su cine, combinándolos con planos largos y cortos que se engarzan sin cortes a través de fundidos a negro que funcionan independientemente como si de viñetas se tratara, con una puesta en escena minimalista, compacta, y en muchos momentos teatral, con contrapicados que incrementan la atmósfera de miseria humana que permea toda la película.


El manejo de un espacio único, un vetusto edificio, que sólo en algunos instantes permite ver al exterior, cuya presencia matizada con una lóbrega fotografía en blanco y negro, excelente iluminación de Alejandro Cantú, convierte los espacios en atmósferas opresivas y sofocantes. Un encierro, un universo contenido, un entorno que abrasa, devora, y que finalmente consume, coadyuvan a resaltar la condición anímica de los personajes, cuyos secretos se exponen visceral y austeramente. La ausencia de color incrementa los niveles de claustrofobia del escenario, que se circunscribe al departamento en el edificio, los corredores, las escaleras y las azoteas.

Con la participación de pocos actores, casi una película de cámara, Ripstein, implacable, testimonia cómo la angustia femenina se vuelve locura, pasión obsesiva, y ello gracias al excelente guión de Paz Alicia Garciadiego, que ha saturado la historia con diálogos complejos, barrocos, cargados, que remiten al alma de los personajes. El guión se hace sentir, dando lugar al protagonismo de los textos.

La sordidez, simbólicamente representada por espacios húmedos, paredes manchadas, encharcamientos en la azotea, pisos desgastados que la portera friega con inusual insistencia, la silueta de Emilia llorando en la ducha, elementos todos que apuntan al derrumbamiento, a la caída en desgracia de la protagonista; dos días en que una vida se desmorona por medio de la desilusión, el hartazgo y el desplome financiero.

Mención aparte merece la impecable interpretación de Arcelia Ramírez, quien lleva todo el peso de la historia, actuación que contrasta inversamente con la del resto del reparto, que suaviza el impacto de los textos de la enloquecida mujer. Llama la atención la coherencia que alcanza el tono de las relaciones que cada uno de los otros personajes, la hija, la vecina, el marido, el vecino, el amante, la portera, tiene con la protagonista, cada dueto, cada enfrentamiento, da la impresión de una absoluta unidad con aquella.

Sin banda sonora, la realidad no la necesita, no hay score musical como recurso, las lánguidas notas de un saxofón y el lejano sonido de un bolero obligan a recurrir a la fuerza de la interpretación, característica de la imagen sin música. La ayuda de espejos como un recurso para omitir el uso de plano-contraplanos y de metáfora y símbolo para el enfrentamiento de la mujer que se interroga a sí misma sobre el acto de morir en el mismo nivel que el acto de amar, resultan un acierto.

La hija, la amiga, la portera, el marido, el vecino constituirán los distintos espejos ante quienes Emilia enfrentará su propia locura, su soledad, su falta de pertenencia. La relación entre Emilia y su marido Javier dimensiona vidas fuera de toda proporción, mientras para ella significa “haberse jodido” al elegirlo como pareja, para él representa una realidad de la que no tiene sentido escapar, pues, ¿a donde ir? La pasiva y tibia relación, aparentemente vacua hasta entonces, se reconstruye en el encuentro del marido con el amante, una extraña ilusión-realidad que difiere abismalmente de la tradicional relación que pudiera haber entre un marido engañado y el amante de su mujer, sus propias razones tienen para reconocerse.

Las actitudes negadoras, que van desde los estribillos infantiles que la enloquecida mujer recita y grita hasta la patológica incontinencia urinaria, son preludios de lo que se avecina, un desenlace previsible, porque no existe otra salida. Como el personaje de la novela original, la Emma Bovary de este drama mexicano se suicida, en un acto similar a su vida, semejante a su adulterio, a su fracaso, absolutamente carente de sentido, ni siquiera en la muerte encuentra la tan anhelada grandeza.

Al igual que en La reina de la noche, con la ausencia propiciada por la inminente muerte, el espacio se aclara, se ordena, en una suerte de redención, y la cámara permanece en la estancia vacía como único testigo, inclinándose sobre la sabana-mortaja, muda evidencia de la desgracia humana. Sin duda, uno de los mejores trabajos de Ripstein.




Ficha tecnica

Las razones del corazón , México - España, 2011.

Dirección: Arturo Ripstein
Guión: Paz Alicia Garciadiego sobre Madame Bovary de Gustave Flaubert
Fotografía: Alejandro Cantú
Reparto: Arcelia Ramírez, Vladimir Cruz, Plutarco Haza, Patricia Reyes Spindola


Fuente: Portal El espectador imaginario, http://www.elespectadorimaginario.com/las-razones-del-corazan/

viernes, 6 de julio de 2012

El adios a Nora Ephron.

Nora Ephron ha fallecido



Por Beatriz Maldivia


Es posible que no tuvieseis muy ubicada la figura de Nora Ephron, pero estoy segura de que títulos como ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (1989), ‘Algo para recordar’ (1993) o ‘Tienes un e-mail’ (1998) os suenan muchísimo. Ella era su creadora, una guionista y directora dedicada casi en exclusiva a la comedia romántica que, durante varias décadas fue quien conformó la línea de este género en Hollywood.



El martes 26 de junio de 2012, falleció Nora Ephron en el hospital Presbyterian / Weill Cornell de Nueva York a los 71 años de edad a causa de una leucemia que venía padeciendo desde hacía años, según confirmó su agente al canal de TV ABC. La realizadora estaba casada en terceras nupcias con el escritor Nicholas Pillegi.

De padres también guionistas, comenzó su carrera en la Casa Blanca, pero pronto pasó al periodismo y se hizo popular gracias a ensayos humorísticos sobre feminismo y otros temas.

La neoyorquina escribió una versión de ‘Todos los hombres del presidente’ que se basa en la historia real –el destape del Watergate– en la que su marido, el periodista Carl Bernstein, era uno de los protagonistas. Durante este matrimonio, una infidelidad autobiográfica inspiró a Ephron la novela ‘Heartburn’ (1986), que posteriormente se adaptó al cine para la película ‘Se acabó el pastel’, que dirigió Mike Nichols con Jack Nicholson y Meryl Streep. A partir de ahí dio comienzo su dedicación cinematográfica.

Ephron fue tres veces candidata al Oscar por los guiones originales de ‘Silkwood’(1983), ‘Cuando Harry encontró a Sally’ (1989) y ‘Algo para recordar’ (1993). Además, recibió una nominación a los Globos de Oro (por el guion de ‘When Harry met Sally’) y el premio honorífico del Sindicato de Directores de Estados Unidos en 2003.

La última película que escribió y dirigió fue ‘Julie y Julia’ (‘Julie and Julia’, 2009), que le deparó una candidatura al Oscar a Meryl Streep como mejor actriz. En 2005 firmó como guionista y directora ‘Embrujada’ (‘Bewitched’, 2005), con Nicole Kidman. Entre sus proyectos futuros figuraban una película biográfica sobre la cantante Peggy Lee y otra cinta llamada ‘Lost in Austen’.

Su carrera en cine no es muy prolífica, cuenta con ocho películas como directora y casi el doble de títulos en su faceta de guionista, ya que Ephron compaginó siempre la labor de escritora y periodista con la fílmica. En los últimos años consiguió un gran éxito con su novela sobre la vejez ‘I feel bad about my neck’ (2006).


Filmografía

(1983) Silkwood (guionista)
(1986) Se acabó el pastel (guionista) (novelista)
(1989) Cuando Harry encontró a Sally (guionista) (productora asociada)
(1989) Cookie (guionista) (productora ejecutiva)
(1990) Mi querido mafioso (guionista) (productora ejecutiva)
(1992) This Is My Life (Esta es mi vida) (directora) (guionista)
(1993) Algo para recordar (directora) (guionista)
(1994) Un día de locos (directora) (guionista)
(1996) Michael (director) (guionista) (productora)
(1998) All I Wanna Do (productora ejecutiva)
(1998) Tienes un e-mail (directora) (guionista) (productora)
(2000) Colgadas (guionista) (productora)
(2005) Embrujada (directora) (guionista) (productora)
(2009) Julie & Julia (directora) (guionista) (productora)



Fuentes: Portal Blog de cine,http://www.blogdecine.com/noticias/nora-ephron-ha-fallecido
http://es.wikipedia.org/wiki/Nora_Ephron

martes, 3 de julio de 2012

David Fincher, el cirujano plástico.


Por Pablo Castriota


Vista en perspectiva, la filmografía de David Fincher pareciera haber dado un vuelco significativo en estos últimos años, virando hacia curvas a veces sinuosas y bordeando casi siempre el precipicio, aunque no por eso privándonos de disfrutar un poco más del paisaje. Al menos si uno se detiene a analizar atentamente su primera etapa como realizador, que comenzó, allá, a principios de los noventa, cuando el director se hizo cargo de la tercera entrega de la saga de Alien, pareciera que el realizador norteamericano empieza a expandir un poco más los alcances de su cine, ganando en expresividad y riqueza cinematográfica.

Proveniente del mundo publicitario y de los videos musicales, universos a los cuales su modo de filmar les terminó debiendo demasiado, Fincher fue depurando de a poco su estilo para ir dando lugar a una estética que no ha perdido en estilización, pero que, definitivamente, dejó de ocupar ese espacio molestamente privilegiado que tuvo durante su primera etapa. Claro que no por completo. Detenerse, si no, en la secuencia de créditos iniciales de Los hombres que no amaban a las mujeres, (The Girl With The Dragon Tattoo/La chica del dragón tatuado, 2011) o en la de la competencia de remo de La Red Social (The Social Network, 2010), claras muestras de que el realizador aún podría dirigir algún spot publicitario de Volkswagen o los separadores para la próxima edición de los juegos olímpicos de Londres.

David Fincher había logrado solidificar un extraño estatuto de respetabilidad y una cierta reputación como director trash altamente estilizado entre un amplio sector de la cinefilia-cool (usuarios de IMDB, estudiantes de cine) caracterizado por su frivolidad estética de esencia dark, devoción que explotaría cuando el director realizó la que es su peor película hasta la fecha, El Club de la Pelea (Fight Club, 1999), exponente total de la filosofía barata (aunque no de zapatos de goma) y de la verborragia autosuficiente con aires de tratado existencialista posmoderno, donde el realizador desató todos sus fetiches visuales de cuño publicitario que no demoraron en conquistar la sensibilidad emo-fascistoide de sus seguidores. El revés de la crítica le vino de maravillas a la película, la cual acrecentó su reputación de film oscuro, incomprendido y maldito, para beneplácito de sus admiradores.

Lo que siguió a aquel adefesio hi-fi fue un relato de género bastante sólido como La habitación del pánico (Panic Room, 2002), donde Fincher, sin desprenderse de su glamour escénico y fotográfico, empezó a involucrarse en una dimensión mucho más humana con sus personajes, demostrando una impensada calidez en el tratamiento de la relación madre-hija entre Jodie Foster y la, hasta ese entonces, desconocida Kristen Stewart (de la saga de vampiros teenagers de Twilight), aunque tampoco desaprovechaba la oportunidad para perpetrar sus travellings digitales alla Play 3 por cada uno de los conductos de aire acondicionado de la casa.

Pero es recién a partir de Zodiac (2007), donde Fincher comienza a desprenderse de sus peores defectos y a depurar su estilo en favor de una mayor austeridad formal, sin renunciar por ello a su precisión de relojero en la composición de cuadro ni a la velocidad rítmica en su narrativa, e implicándose aun más profundamente en la construcción de sus personajes. Zodiac funciona como el reverso exacto de la filmografía previa del cineasta: un serial killer de modus operandi aleatorio que se desplaza por medio de una puesta en escena simbólica para entregar a sus perseguidores a un laberíntico e indescifrable juego de interpretaciones. La obsesión incomprensible del caricaturista Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal) se revelaba enfermiza e ineficaz, y el paso fallido por la investigación de los demás involucrados (el periodista alcohólico Paul Avery de Robert Downey, Jr. y el inspector David Toschi de Mark Ruffalo) traían como resultado un sentimiento de frustración y una desazón enorme, que se transfería de manera potente al espectador, sensaciones que se incrementaban con la infructuosa búsqueda que conducía a la nada misma y que se extendía a lo largo de varias décadas. Casi como si estuviera dispuesto a dejar atrás todo lo hecho previamente, Fincher confirmaba con esta película su definitiva inserción en el mundo del cine y se revelaba como un auténtico director dispuesto a mirar con más profundidad en la psicología de sus personajes.

Antes de todo esto tuvimos Pecados capitales (Se7en, 1995), su celebrado thriller de iconografía religiosa, referencias literarias al paso para delicia de los estudiantes de Filosofía y Letras, crímenes de mise-en-scene altamente estilizada y serial killer con discurso social. En Pecados capitales se establecen las coordenadas de un subgénero que no prosperaría con demasiada inspiración, y que tuvo una serie de hijos putativos en películas donde Morgan Freeman se convirtió en una presencia actoral casi ineludible, portando un rostro amargado, sombrero y gabardina, siempre detrás de algún metódico y virtuoso asesino serial empecinado en castigar a los ciudadanos de una sociedad irresponsable y corrupta. Algunas lecturas interesantes que se ejercieron sobre el film aludían a una película de estilo preciosista en su retrato de las miserias del mundo, donde parecía que el realizador otorgaba al villano John Doe (Kevin Spacey) un rol incómodo de justiciero mesiánico que, después de todo, no parecía estar del todo equivocado en sentir tanta repugnancia hacia la especie humana, la cual se reducía a una mera jauría de dealers, prostitutas adictas a la cirugía plástica, gordos grotescos y abogados corruptos. Es probable que el mayor mérito de Pecados capitales recaiga en su virtuosismo narrativo, pero indudablemente el peso moral de su ideología es algo que no se puede pasar por alto tan fácilmente. En la reseña publicada sobre Los hombres que no amaban a las mujeres diagnostiqué que a Fincher ya no parecía excitarle demasiado la sofisticación a la hora de escenificar brutalidades, tal como se vislumbraba en algunas escenas de violación de la película, algo que en cambio sí ocurría en Se7en, donde este morbo fotográfico alcanzaba su máximo esplendor plástico en el deliberado preciosismo trash que tenía cada una de las escenas de los crímenes cometidos por su asesino, lujosos tableaux mortuorios plagados de fetiches simbólicos (los relojes de agujas clavados a las siete).

Dos años después de Se7en, seguiría una de los picos cinematográficos de la patología de guión, The Game (1997), película de suspenso que atrapaba durante casi todo su desarrollo para desembocar en uno de los finales más absurdos, pretendidamente ingeniosos, moralizantes y edificantes que se hayan filmado jamás, un desenlace que necesitaba de mucho más sentido del humor (algo ausente en la totalidad de la filmografía de Fincher) para sostenerse con un mínimo de credibilidad. En aquella película, Michael Douglas personificaba a Nicholas Van Orton, un frío y solitario inversionista de Los Ángeles que recibía de manos de su hermano Conrad (Sean Penn) una extraña invitación a participar de un juego que convertía su monótono estilo de vida en una suerte de parque de diversiones del terror, lleno de situaciones imprevistas que rozaban lo mortal e incluso también el surrealismo. Partiendo de un guión enfermizamente rígido, que no dejaba el más mínimo detalle librado al azar (todo ocurría en el aniversario de la muerte del padre de Nicholas, quien cumplía la misma edad que su progenitor cuando éste se suicidó), The Game configuraba un relato de redención que se tomaba extremadamente en serio a sí mismo y nos brindaba una ramplona moraleja final, un llamado a abandonar el cretinismo con resumen de cuenta final y todo.

No puedo decir que El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button, 2008) represente un paso hacia adelante en la nueva etapa del realizador. De hecho, me parece una película extremadamente aburrida y anémica, con un Brad Pitt en clave inexpresiva y en donde también asoman algunos de los viejos vicios estéticos de Fincher (particularmente en el plano final), pero sí debo reconocer que en ella se perciben, al menos, ciertos rastros de interés humano por parte del realizador en el devenir de su personaje, un sujeto que revertía el proceso natural del paso del tiempo y que rejuvenecía con el correr de los años. La película posibilitó legitimar académicamente a Fincher, dándole la bienvenida al panteón de los cineastas “respetables”, a través de sus numerosas nominaciones a los premios Oscar –de las cuales la película no obtuvo ninguno de los principales.

Sería con La Red Social donde Fincher terminaría por convencer a varios de sus antiguos detractores de que Zodiac no se había tratado de un feliz accidente. Basada en un astuto guión de Aaron Sorkin, el nuevo gurú del screenplay inteligente con apuntes de actualidad, La Red Social contribuía a ratificar el gran pulso narrativo de Fincher, esta vez al servicio de un hecho de interés general y fuerte incidencia actual como lo es el del uso masivo de las redes sociales, aunque centrando su mirada en la cabeza del atribulado creador de Facebook, tratando de desentrañar la lógica sectaria hacia la que responden las mentes brillantes cuando deciden expandir sus creaciones a escala universal. La película adolecía, a mi criterio, de una visión algo ingenua en cuanto a las motivaciones del crápula de Mark Zuckerberg, menos ancladas a las lógicas del capitalismo y más orientadas a la máxima seudo tanguera de que, siempre hay una chica detrás del asunto. A eso podemos sumarle catarsis y diagnósticos innecesarios en boca de algunos personajes secundarios que intentaban sentenciar lo que pasaba por la cabeza de un sujeto que se venía revelando impenetrable para nuestra mirada.

Sin terminar de convencerme con la reciente Los hombres que no amaban a las mujeres, me resulta innegable admitir que Fincher sigue siendo un cineasta a seguir y que sus posibles desaciertos mantienen un misterioso atractivo que lo diferencian significativamente del promedio abrumador de realizadores impersonales que asolan a Hollywood en nuestros días. De a poco, David Fincher se asemeja cada vez menos al cirujano plástico de otros tiempos y parece sostener con más fuerza la cámara en lugar del bisturí.


Fuente: Portal El espectador imaginario, http://elespectadorimaginario.com/pages/marzo-2012/dossier-david-fincher.php