Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 31 de julio de 2012

Roger Corman: El poder de la decisión.

Por Enrique Posada

Roger Corman

El cine apenas tiene algo más de cien años pero sus cielos están repletos de estrellas, como bien se trata de reconocer en el famoso Boulevard de Hollywood. Como en el universo, las estrellas tienen muchos tamaños y un amplio espectro de brillos y colores. Algunas son distantes y frías, otras expansivas, capaces de explotar con energía y de brillar, aunque sea en un instante, como supernovas que se recordarán por siempre. Otras son estrellas madres, que originan nuevos universos. Espacios dentro de espacios, solamente limitados por la creatividad de los cineastas. Uno de estos es Roger Corman, una persona que ha vivido enteramente para el cine, sin miedos, sin vergüenzas.



Una estrella particular que deja estela propia

Roger Corman nació en los Estados Unidos, en 1926. Comenzó a estudiar Ingeniería Aeronáutica pero terminó Literatura Inglesa Contemporánea. Estos dos extremos marcan de alguna manera su carrera como cineasta que va desde lector de guiones, diseñador de montajes, director a productor y empresario: de la palabra atractiva y convincente del que sabe de literatura a la acción efectiva del que gusta de la ingeniería.

Corman se destacó por su capacidad para dirigir y realizar películas de bajo presupuesto, de cierta forma siguiendo el formato del denominado cine de Clase B que apareció en los tiempos del sistema de estudios de Hollywood, entre los años 30 y 60, que correspondía a filmes de bajo presupuesto y actores principiantes o poco costosos, que se exhibían en formato de doble presentación, al lado de películas de estreno, para atraer al espectador. Sin embargo, Corman se destacó por mantener niveles de buena calidad, creatividad y novedad en sus filmes, a pesar de sus bajos costos, de tal manera que se lo considera un clásico de la Clase B, incluso como clásico de culto.

Corman empezó a dirigir desde 1955, en sociedad con la productora independiente American Internacional Pictures, de James H. Nicholson y Samuel Z. Arkoff, con quienes trabajó hasta 1971. Estuvo con ellos dirigiendo y produciendo diversos géneros comerciales, entre los que destacan la ciencia ficción y el terror. En esa época labró su fama de realizar sus producciones a muy bajo costo y en tiempos muy cortos.

En 1971 deja la American International Pictures y crea su empresa, la New World Pictures (hasta 1982) y luego la Concorde. Todos esos años se dedicó a la producción, con más de doscientas películas. En 1990 volvió a su viejo oficio de director con La resurrección de Frankenstein (Frankenstein unbound), pero esta vez sin mayor éxito comercial.

La influencia de Roger Corman en el cine es muy significativa. Personajes como Martin Scorsese, Francis F. Coppola, James Cameron, Jack Nicholson, Robert Englund, Jonathan Demme y Joe Dante, y aún más, han dado sus primeros pasos en sus producciones. Ya convertido en un cineasta de fama, con frecuencia ha apoyado el trabajo de personas nuevas en el cine. Sin duda, es un maestro con escuela propia y carisma, desarrollada a base de trabajo constante y comprometido.

Corman y el género fantástico: una visión desde lo caótico

Es evidente que Corman se ha destacado tanto como director y productor en el género fantástico, específicamente el de películas de terror, de magia y de ciencia ficción. Tuvo mucho que ver en esto su capacidad para apreciar que lo fantástico es un género rentable. Pero, seguramente, también en su capacidad para apreciar profundas raíces humanas, que hacen que las personas se vean atraídas hacia los denominados atractores especiales, de los cuales la magia, el deseo de explorar el futuro y el terror hacen parte. Nos atrevemos a pensar que estos son potentes arquetipos presentes en el subconsciente colectivo, de los cuales la ciencia moderna ha empezado a develar sus secretos, a través de la denominada teoría del caos.

Esta teoría tiene que ver con el comportamiento de muchos sistemas dinámicos (es decir, activos, móviles) que se ven afectados por la forma en que ocurren sus inicios. En los arranques de estos sistemas, se da el caso de que pequeñas variaciones implican grandes diferencias en los comportamientos que van a ocurrir en el futuro. Por ello, se llaman caóticos, pues queda muy difícil de predecir lo que va a ocurrir una vez que comienzan a funcionar.

Empieza una película fantástica debidamente presentada y el espectador sabe que está transitando por terrenos misteriosos que van a conducir a consecuencias impredecibles. Roger Corman es bien consciente de ello. Por eso, en sus filmes, crea inicialmente unos espacios de tranquilidad, en los cuales los eventos se aprecian lógicos y coherentes. Lo hace por medio de los diseños de sus textos de presentación, de dibujos o de imágenes coloridas. Luego incluye diálogos introductorios, en general lentos, bien vocalizados, con planos cercanos y tomas de los gestos y de los ojos de los personajes, para que los podamos conocer con cierta confianza, creando nuestros propios esquemas sobre los mismos. Ello nos da cierta sensación de dominio, la misma que será destruida sistemáticamente por la historia fantástica que vamos a presenciar. El espectador siente un gusto especial a medida que se derrumban sus consideraciones y surge lo inesperado.

Transcurrido este comienzo tranquilizador, comienza la historia real, que se desprende de algún evento aparentemente pequeño e insignificante, pero desafortunado, dando origen a historias absolutamente absurdas, pero totalmente creíbles para la mente atrapada, que sabe que algo caótico va a desatarse, lejos del control de los personajes, pero que podría evitarse con un buen comienzo que no conduzca a liberar las fuerzas del desorden. En las películas de Corman, con frecuencia, una protagonista femenina actúa como elemento de referencia y de orden en medio del caos, pero muchas veces también se trata de un engaño más: ella puede ser, al final, realmente, la fuerza caótica escondida.

El caos puede tener dos aspectos: terrorífico, cada vez más peligroso y enloquecedor, y fantástico o mágico, cada vez más atractivo y novedoso. En un sistema verdaderamente caótico, se generan espirales de comportamiento, especies de círculos inevitables que arrastran a los personajes. Pero también pueden ocurrir bucles (círculos de eventos que vuelven a sus orígenes) o estabilidades, zonas planas, en las cuales se crean sensaciones de dominio y alivio. El director juega con estos movimientos y Corman lo hace de forma magistral, a través de diversos recursos. Para crear las sensaciones de las espirales: La música que las acompaña y las avisa, la aparición súbita de relámpagos y de truenos que alertan sobre lo inesperado, la entrada en pasadizos secretos que se cierran detrás de las personas, puertas que se abren con sonidos tenebrosos, juegos de luces, las miradas de los actores. Para navegar por los bucles: Historias con tonos dramáticos por parte de algún personaje, que nos lleva al pasado y al origen de los eventos, apariciones espectrales que perturban al protagonista y parecen dominarlo en sus afanes, haciendo que cambie de planes; sótanos y salas ocultas, que traen recuerdos y dan mayor sentido al relato; objetos variados y llenos de significado, por ejemplo cuadros, que aparecen recurrentemente; expresiones poéticas y filosóficas, adecuadamente combinadas con la trama, para darle sentido misterioso y profundo. Para dar impresión de estabilidad: Los personajes femeninos, en general de aspecto bello y mirada inocente (a pesar de sus escotes atrevidos), con frecuencia aparecen despertando de un sueño o en actitud de servicio o de humilde inquietud; los personajes del servicio, muy bien representados, atestiguan los eventos, dando tranquilidad, aunque intuyen que algo inesperado va a suceder; las cenas y momentos de reposo, que ocurren en espacios grandes y de aspecto generoso, no importa que los personajes sean tacaños o estén a punto de la quiebra, generalmente, acompañados de ofrecimientos y disfrute de bebidas.

La trama se va desarrollando mediante combinaciones de espirales, bucles y estabilidades, y va conduciendo, inevitablemente, hacia algún tipo de atracción, situada en la dimensión normal o en alguna otra inesperada, que se escapa a la órbita de los personajes. Lo caótico manifiesta estos dos comportamientos: cercanos (bajo el dominio de los protagonistas) y externo, basado en fuerzas de tipo mágico, del subconsciente, del pasado, espirituales o inclusive morales, que alejan de sus dominios los comportamientos. El espectador siente el impulso de predecir lo que va a suceder, pero el director maneja recursos ocultos sorprendentes y así queda sujeto al caos mismo y ello constituye una gran atracción. Corman sabe cómo pulsar estos hilos. Pienso que buena parte de su habilidad reside en haber trabajado con profundidad las obras de Edgar Allan Poe, el gran maestro del suspenso mental.

Como hemos señalado, lo caótico depende de una siembra inicial. Hay una historia que lo explica todo, pero que pudo haber sido distinta. ¿Dónde se perdió el hilo de lo normal, de lo estable? Es importante que el espectador intuya, razone, caiga en la cuenta, así, la historia adquiere sentido personal y de reflexión, no importa que se trate de una fábula medieval, de algún cuento imposible o de un torneo de magia irreal. Los filmes de Corman son excelsos en los diálogos y en las reflexiones, que se van sucediendo adecuadamente combinados con las tramas para que nos demos cuenta de las opciones que existen, de las elecciones que conducen a lo caótico o a lo normal.

En nuestras propias vidas, probablemente bastante normales, no nos vemos sujetos a situaciones caóticas extremas, sean estas positivas o negativas. Pienso que eso lo logramos manteniendo una línea del punto medio, evitando situaciones extremas o que intuimos riesgosas. Pero, en realidad, estamos con frecuencia al borde del precipicio y si nos atreviéramos, podríamos caer bajo la atracción de atractores extraños ¿fantásticos y mágicos, horrendos? El cine nos permite vivir atrevimientos y pisar los terrenos de lo extraordinario. Corman, aún con cintas de bajo presupuesto, nos ofrece una gran riqueza de opciones.

Un recorrido por cinco filmes de Corman

Comencemos por uno de sus trabajos más famosos, quizás porque fue la película que menos tiempo tardó en realizar. Dicen que en menos de tres días, Corman rodó La tiendita del horror. ¿Será esto leyenda o realidad? Porque este filme cuenta con una gran riqueza de elementos para ser filmada en tan corto tiempo, incluyendo unos evocativos dibujos en el comienzo.

Claro, al profundizar un poco más, es claro que fue un trabajo rápido, basado en un guion escrito de una vez por Corman y Charles B. Griffith, con actores contratados en películas anteriores del director, quienes ensayaron durante tres días previos al rodaje, que se realizó en menos de los famosos tres días. Pero hubo trabajo con el resto de material durante las dos semanas siguientes. Corman aseguró sus objetivos rodando las escenas con tres cámaras simultáneas.

Se destaca en esta producción el recurso claramente caótico que se genera con una planta carnívora, que va siendo alimentada de forma inicialmente inocente con gotas de la propia sangre del protagonista, hasta terminar consumiéndolo. Es un atractor extraño que simboliza la lógica torcida de los humanos, cuando nos dejamos arrastrar por ideas fijas y por el aparente apoyo de las circunstancias, sin caer en cuenta en el aspecto esencial real que nos previene contra la tontería.

Ahora hablemos de un par de películas que se basan en obras del escritor Edgar Allan Poe. El péndulo y el pozo fue la segunda de esta serie, alcanzando amplia fama dentro de la categoría de filmes de horror.

Según narra Corman, rodarla fue una experiencia muy placentera, en la cual pudo experimentar con los movimientos de la cámara y diseñar un montaje singular para la escena culminante, donde uno de los protagonistas se ve sujeto a la tortura de una cuchilla que oscila pendularmente sobre su pecho, a punto de partirle en dos.

Cabe resaltar que Corman siempre atribuyó la alta eficiencia en el rodaje de sus películas al trabajo de pre-producción y a la planificación previa. Además ha señalado que discutía las escenas con sus actores sobre la marcha, creando sensación de seguridad y de libertad en ellos. El más famoso escritor moderno de libros de terror, Stephen King, señala que la escena en la cual se va derrumbando laboriosamente el muro de una cripta medieval para descubrir el cadáver de Elizabeth ha tenido un gran impacto en el género. Que lo diga, precisamente, este maestro de dicho género, es todo un homenaje a Corman.

En El péndulo y el pozo cabe resaltar dos aspectos adicionales. Uno de ellos es la actuación de Vincent Price, quien fue actor principal en varias de las películas de Corman, de quien el director habla en forma muy elogiosa. Sin duda, el mantener este tipo de lazos continuos daba fortaleza al trabajo del director y productor. Price maneja los gestos, las miradas y el movimiento de sus cejas de una manera muy característica, mientras que su voz clara, pausada, a veces tenebrosa, a veces tranquila y, finalmente, amenazante y terrible, nos deja ver atisbos del inconsciente de su personaje. Algo que Corman trataba conscientemente de lograr, mediante el uso de flashbacks en dos tonalidades, tratando de recrear el mundo de los sueños. El otro aspecto a resaltar es el de las escenas que se llevan a cabo en sótanos y salones oscuros, adornados con telarañas, a los cuales se accede por escaleras de piedra, luego de atravesar pesadas puertas o pasadizos secretos. En estos parajes conviven la tortura y la muerte, como bien se va dejando ver en la trama; no obstante, actúan como atractores extraños para los personajes de la historia, que no pueden evitar descender hacia ellos y dejarse arrastrar por sus misterios, a pesar de que los esperan grados incrementales de terror, a modo de pozo inescrutable.

En El Cuervo se hace un cruce entre los mundos de la magia y del terror. Es un juego libre, basado en Poe, en el cual se cuenta la historia de tres magos, personificados por tres actores clásicos de películas de terror: Vincent Price, Peter Lorre y Boris Karloff. En ella (como en La tiendita del horror) hace también sus primeros pinos el famoso Jack Nicholson, quien de alguna manera quedó marcado por esas experiencias con Corman y se convirtió luego en artista excepcional para películas de terror de factura moderna, como las de la escuela de Stephen King (El Resplandor).

En El Cuervo se pueden ver escenas de duelos de magos en las que combaten con trucos creativos e inesperados, no exentos de humor y con rayos coloridos, de tipo láser, al estilo de lo que se ha hecho famoso en las sagas de Harry Potter y de La Guerra de las Galaxias. Es que Corman no se limitaba a aprovechar el guion y la historia de Poe, en la que este basa (de por sí, suficientes para crear impacto), sino que se atrevía con montajes novedosos, a pesar de los bajos presupuestos de sus películas.

Siguiendo con nuestra visión desde lo caótico, acá se plantea la idea de que las personas pueden perder su identidad y viajar a mundos paralelos (como los de los cuervos, seres míticos, oscuros, que hablan, que son maliciosos, casi humanos). Existe el alto riesgo de no saberlos manejar cuando se enfrentan a fuerzas superiores sin estar preparados para ello. Esto puede suceder en un parpadeo, por lo cual la magia y el poder dependen enteramente del manejo concentrado de la atención. Esto se simboliza por los ojos de los protagonistas, especialmente los de Boris Karloff, cuyo personaje pierde la magia en un veloz cambio de atención.

En otro de sus filmes, El palacio encantado, Corman desarrolla, desde el punto de vista del terror, el tema de los seres humanos mutantes, herederos que nacen deformados, bajo el peso de una maldición. Es un tema muy a tono con las amenazas caóticas de la era nuclear y de los productos químicos que pueden generar daños genéticos y maldecir a las futuras generaciones como producto de la imprudencia de la ciencia y de los hombres poderosos.

Otro de los temas desarrollados es el de la posesión por espíritus, a partir del contacto con objetos, en este caso un cuadro que representa a un antecesor del protagonista. El espíritu vuelto a la vida era el de un hechicero experto en magias diabólicas, capaz de resucitar a su antigua amante para revivir sus malignas artes. Acá, el objeto atractor es el pasado, los ancestros y sus antiguas posesiones, representadas por un palacio, que resulta estar embrujado y poseído por espíritus. El protagonista cae bajo su embrujo y se deja enredar cada vez más, hasta perder el juicio y asumir identidades oscuras, permanentes, eternas. Su esposa actúa como elemento de equilibrio y de disuasión, pero sujeta al machismo, es incapaz finalmente de deshacer el hechizo y la maldición.

En este filme, como en otros de sus series de terror, Corman hace un abundante empleo de la niebla. Ella se pasea por las calles de la aldea de los seres mutantes y campea en los cementerios, en medio de lápidas y de arbustos retorcidos y deshojados, en tonos claroscuros, iluminados por luces fantasmales, en escenas ya clásicas.

Terminamos este fugaz recorrido por el cine de Corman con una mirada a La Torre de Londres. Se trata de una película que combina la historia y el horror y, para ello, nada mejor que basarse libremente en la obra de Shakespeare, Richard III. Es la historia de Ricardo, el duque de Gloucester, hermano del rey Eduardo, quien, moribundo, designa como regente a un tercer hermano, Clarence, mientras crecen sus hijos. Pero Ricardo, es muy ambicioso, extremadamente cruel y a base de torturas y asesinatos llega a ser rey. La Torre de Londres sirve como terrible prisión y su ambiente es realmente el protagonista de esta cinta.

En esta película se combinan dos terribles atractores que arrastran hacia desenlaces fatales para todos: el ansia de poder y la locura. Ricardo es inteligente y un pérfido manipulador y no alcanza a ser detenido en sus locos designios por los espíritus de los muertos que va dejando en su camino. Todos regresan espectrales, pero sonrientes y benévolos, advirtiendo la catástrofe inevitable que le aguarda. Pero ni la belleza, ni la sonrisa, ni el amor de familia, ni la inocencia pueden nada ante su maldad, solo el destino lo detendrá.

Fuente: Portal El espectador imaginario, http://elespectadorimaginario.com/pages/febrero-2012/investigamos/roger-corman-el-poder-de-la-decision.php

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