Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 20 de abril de 2010

¿Quien le teme a Mike Nichols?

Mike Nichols nació en Berlín, Alemania, en 1931 de padre ruso y madre alemana. Su familia emigró a los Estados Unidos cuando tenía siete años y creció en la ciudad de Nueva York.


En la Universidad, fundó un grupo de comedia junto a Elaine May y Paul Sills. En 1957, el equipo Nichols-May actuaba en clubes nocturnos de todo el país. La dupla creó numerosos especiales de televisión. En 1960, llevaron "An Evening with Mike Nichols and Elaine May" a Broadway, donde actuaron durante un año. El espectáculo todavía agotaba las localidades cuando decidieron finalizar la temporada y seguir sus carreras por separado.

Nichols pasó de la actuación a la dirección teatral y ganó el primero de siete premios Tony por "Descalzos en el parque", de Neil Simon. Continuó dirigiendo una lista de éxitos sin precedentes en Broadway como "The Knack", "Luv", "The Odd Couple", "The Apple Tree", "Plaza Suite", "Prisioner of Second Avenue", "The Gin Game" y "Streamers".




Como productor teatral, presentó "Whoopi Goldberg en Broadway", y ganó el Tony por su espectáculo "Annie". En 1987, Nichols recibió el George Abbott Award y, en 1990, fue galardonado por el American Museum of the Moving Image por su contribución a la industria del cine.

Nichols dirigió su primera película, "¿Quién le teme a Virginia Wolf?" en 1966, por la que fue nominado a un Oscar de la Academia como Mejor director, y por la que Elizabeth Taylor ganó como Mejor Actriz. En 1967, dirigió "El graduado", por la que también ganó varios premios. Sus posteriores películas incluyen "Trampa-22", "Conocimiento carnal", "Silkwood", "Armas de mujer", "Desventuras de una recluta inocente", "A Propósito de Henry" y "Lobo".




Nichols también dirigió a Emma Thompson en la película de HBO, "Wit". Pero su éxito más reciente es la serie "Angels in America", también para HBO, con Al Pacino y Meryl Streep. Esta producción recibió cinco Globos de Oro.



Filmografia

* La guerra de Charlie Wilson, Charlie Wilson´s war (2007) de Mike Nichols. Con Ned Beatty, Philip Seymour Hoffman, Julia Roberts, Tom Hanks, Brian Markinson, Amy Adams, Jud Tylor.

* Closer (2004) de Mike Nichols. Con Natalie Portman, Jude Law, Julia Roberts, Clive Owen.

* Amar la vida, Wit (2001) de Mike Nichols. Con Emma Thompson, Eileen Atkins, Benedict Wong.




* ¿De qué planeta vienes?, What Planet Are You From? (2000) de Garry Shandling, Mike Nichols. Con Linda Fiorentino, Caroline Aaron, John Goodman, Sarah Silverman, Richard Jenkins, Annette Bening, Judy Greer, Ben Kingsley, Camryn Manheim, Garry Shandling, Greg Kinnear.

* Colores primarios, Primary colors (1998) de Mike Nichols. Con Allison Janney, Paul Guilfoyle, Rob Reiner, Billy Bob Thornton, John Travolta, Tony Shalhoub, Emma Thompson, Kathy Bates, Maura Tierney, Adrian Lester, Robert Klein.

* Conocimiento carnal Carnal Knowledge (1997) de Mike Nichols. Con Jack Nicholson, Carol Kane, Ann-Margret, Rita Moreno, Candice Bergen, Art Garfunkel.




* La jaula de las locas, The Birdcage (1996) de Mike Nichols. Con Gene Hackman, Dianne Wiest, Hank Azaria, Robin Williams, Christine Baranski, Calista Flockhart, Nathan Lane.

* Lobo Wolf (1994) de Mike Nichols. Con Richard Jenkins, Prunella Scales, David Hyde Pierce, Jack Nicholson, Christopher Plummer, Michelle Pfeiffer, James Spader, Ron Rifkin, Kate Nelligan, Eileen Atkins, Om Puri.

* Silkwood (1993) de Mike Nichols. Con Meryl Streep, Anthony Heald, Kurt Russell, James Rebhorn, Fred Ward, Cher, Craig T. Nelson.

* A propósito de Henry, Regarding Henry (1991) de Mike Nichols. Con Bill Nunn, Annette Bening, John Leguizamo, Harsh Nayyar, James Rebhorn, Bruce Altman, Harrison Ford, Michael Haley, Stanley Swerdlow, Julie Follansbhee.

* Postales desde el filo, Postcards from the edge (1990) de Mike Nichols. Con Gene Hackman, Meryl Streep, Annette Bening, Simon Callow, Rob Reiner, Anthony Heald, Oliver Platt, Steven Brill, Dennis Quaid, Shirley Maclaine, Richard Dreyfuss, Jane Galloway.

* Desventuras de un recluta inocente, Biloxi Blues (1988) de Mike Nichols, Joseph M. Caracciolo. Con Christopher Walken, Penelope Ann Miller, Matthew Broderick, Corey Parker, Matt Mulhern.

* Secretaria ejecutiva, Working girl (1988) de Mike Nichols. Con Caroline Aaron, Melanie Griffith, Joan Cusack, Kevin Spacey, Oliver Platt, Philip Bosco, Alec Baldwin, David Duchovny, Sigourney Weaver, Harrison Ford, Olympia Dukakis, Jeffrey Nordling.




* Se acabó el pastel, Heartburn (1986) de Mike Nichols. Con Meryl Streep, Stockard Channing, Kevin Spacey, Milos Forman, Catherine O´Hara, Jack Nicholson, John Wood, Jeff Daniels, Kenneth Welsh, Mercedes Ruehl.

* El día del delfín, The Day of the Dolphin (1973) de Mike Nichols. Con Paul Sorvino, George C. Scott, Victoria Racimo, Trish Van Devere.

* El graduado, The Graduate (1967) de Mike Nichols. Con Dustin Hoffman, Anne Bancroft, Murray Hamilton, Katharine Ross.

* ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Who's afraid of Virginia Woolf? (1966) de Mike Nichols. Con George Segal, Elizabeth Taylor, Richard Burton, Sandy Dennis.


Fuentes: www.itematika.com y www.20minutos.es

sábado, 17 de abril de 2010

Realizadores de hoy: Lisandro Alonso, noticias de un silencio helado.

La nueva película de Lisandro Alonso es una reflexión sobre la distancia y el tiempo en un mundo sin sonidos, que ha perdido la capacidad de movimiento.

Por Juan Pablo Cinelli

El 30 de noviembre de 2008, fue el último día, que en la Sala Lugones se proyectó “Liverpool”, cuarto film del director argentino Lisandro Alonso. La película fue presentada mundialmente en mayo, de ese año, durante la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes, evento al que Alonso ya había concurrido con sus tres películas anteriores: “La libertad”, “Los muertos” y “Fantasma”. Sumando elementos más tradicionales al estilo narrativo del director y filmada por completo durante el invierno en Tierra del Fuego, “Liverpool” cuenta la historia del Farrel, marino solitario y silencioso que, después de veinte años de ausencia, decide visitar a su madre en su pueblito natal, en las afueras de Ushuaia. Sin embargo su carácter hosco irá distanciando el encuentro en una demora en la que se intuyen el miedo y la culpa que han ido cavando la distancia y el tiempo. “Me parece que hay más elementos, más experiencia y aprendizaje puestos en “Liverpool”, afirma Alonso. “A lo mejor parece una película más clásica a nivel formal porque hay un poco más de información. Aunque no sabría definirla, “Liverpool” se me hace un avance en mi deseo de querer contar de una manera más sólida.”


Lisandro Alonso


-Si “Fantasma” actúa como una suerte de clausura formal a la primera etapa de su filmografía, “Liverpool” consigue no ser ajena a ese conjunto, entrelazándose con el círculo en apariencia cerrado que forman las tres primeras.

Siempre pensé a “Liverpool” como una especie de “La libertad” y “Los muertos” con los ingredientes de “Fantasma” puestos encima. Creo que el resultado natural de esa ecuación es “Liverpool”, en base a la manera del uso del sonido, a la manera de encuadrar, de hacer planos más estáticos, de tratar de generar una experiencia de extrañamiento en el espectador, pero sin jugar con la naturaleza o con determinados recursos que tenían las dos primeras, que ocurren en lugares como el monte pampeano o la selva del Paraná, que de por si generan extrañamiento.


Fotograma de Liverpool


-Pero, sin duda, hay elementos que hacen de “Liverpool” una experiencia novedosa dentro de su obra…

“Liverpool” se hizo más fácil después de haber hecho “Fantasma” donde filmamos en pasillos, oficinas, baños, ascensores, lugares donde no se puede mover mucho la cámara. Entonces se trata de extrañar desde otro lugar: desde el sonido, con el tiempo de plano. Eso fue lo que pasó en “Liverpool”, en especial cuando filmamos en un barco, donde todo es muy chico, calculado para que el ser humano apenas pueda moverse. En esta película sentí que era perfecto aprovechar el témpano de esa naturaleza, diferente de la otra donde se escuchaban pájaros, el ruido del agua; donde había animales y pasaban barcos. Esta versión de la naturaleza era todo lo contrario: ni autos, ni animales, ni gente. No hay vida. Es un set congelado. Salvo cuando cae la nieve no hay movimiento. Filmamos en un aserradero que queda en medio de un páramo, a sesenta kilómetros del pueblo más cercano, por calles de hielo. De hecho, el sonidista salía a tomar sonidos del ambiente y cuando en “Los muertos” escuchaba monos, acá no oía absolutamente nada.





-¿Ha podido mostrar su película en Tierra del Fuego, donde fue filmada?

La quise estrenar en Ushuaia, justamente porque quiero mostrar la película a la gente que vive allá, quiero mostrarle los lugares que filmé, mostrarle su puerto, los actores que son de ahí, mostrar el frio que hace y como vive determinada gente. Hay dos salas: una en Ushuaia y otra en Rio Grande. En las dos me dijeron que hablara con el programador, que es un chico de Buenos Aires que programa para 43 salas. Hablé con él y me dijo: “No Lisandro, la tuya no la vamos a poner porque yo tengo que hacer dinero con las películas”. Le respondí que había hablado con uno de los dueños de la sala y que había manifestado sus ganas de poner “Liverpool” en su cine. “No, el dueño del cine soy yo”, me contestó… Ese es el tipo de diálogo que hay. Le pedí si no tenía la amabilidad de permitirme mostrar la película a la misma gente que filmé en Tierra del Fuego. Allá son 140.000 habitantes, ¿sabes cuántos van al cine por mes? Setenta. Me dijo que no porque tenía que poner la película de Suar.


Fotograma de Fantasma


-¿Por qué piensa que es tan difícil hacer otro cine en Argentina?

No es solo acá, es así en todo el mundo. Lo que no me parece lógico es que en el país no haya lugares para acceder a otras propuestas, a esas otras formas de pensar el cine. Abrir caminos, opciones. Eso hace a que el lenguaje cinematográfico sea, en definitiva, mucho más rico.





Alonso Básico

Buenos Aires, 1975, cineasta

Egresado de la Universidad del Cine, codirigió el corto “Dos en la vereda”, 1995. Fue asistente de sonido en varias producciones del nuevo cine argentino. Su primer film “La libertad”, 2001, presentado en Cannes, descubrió una narrativa original, que se destacaba sobre el resto de su generación. “Los muertos”, 2004, fue éxito de público en la Sala Lugones. Le siguieron “Fantasma”, 2006 y “Liverpool”, 2008.

Fuente: Revista Ñ, numero 270, 29 de noviembre de 2008

jueves, 15 de abril de 2010

La parte del león.

EL CINE DE ADOLFO ARISTARAIN


Reseña escrita por G. Ordel


LA PARTE DEL LEÓN

Título Original: (Aka; The Lion's Share)
Director: Adolfo Aristarain
Año: 1978
Pais: Argentina
Musica: Aníbal Gruart y Jorge Navarro
Actores: Julio De Grazia, Luisina Brando, Ulises Dumont, Julio Chávez, Arturo Maly, Fernanda Mistral
Duracion: 85 min.



Sinopsis:

Bruno es un hombre de mediana edad que vive solo, fracasado como marido, como padre y como hombre de negocios, a la espera del divorcio sobrevive en una pensión con su rutinario trabajo, una vida gris con un futuro poco esperanzador.

Un día encuentra una bolsa con una inmensa cantidad de dinero que pertenece a unos atracadores que en su huida tras asaltar un banco lo dejaron escondido en la terraza del edificio donde duerme Bruno que ve en el dinero un rayo de luz y esperanza.



Pero hay un problema, deberá buscar la forma de cambiar los billetes que están controlados por el numero de serie. Para ello recurrirá a un antiguo amigo que tiene algún contacto importante que podría solucionarle el problema, eso si de los cuarenta mil millones se quedaría reducidos a menos de la mitad, así funciona el asunto. Mientras los atracadores le siguen los pasos, están dispuestos a todo consiguiendo localizar a la mujer y la hija de Bruno.



Comentario:

Adolfo Aristarain debutó en la dirección de largometrajes con este thiller, género en el que demostró su maestría con una serie de títulos memorables ya comentados por aquí como ÚLTIMOS DIAS DE LA VICTIMA y TIEMPO DE REVANCHA, películas todas ellas cargadas de dobles lecturas y grandes dosis de denuncia social. Aristaran toma con toda la intención del mundo el título de una fábula griega LA PARTE DEL LEÓN que habla sobre el egoísmo y la ley del mas fuerte, y que se usa para referirse a la tiranía y la indefensión del ciudadano de a pie ante el poderoso.



LA PARTE DEL LEON es una original y mordaz obra, de un cineasta debutante que demostró su talento y estilo de forma impactante, con ecos del cine negro clásico americano. Para ello el director contaría en los papeles protagonistas con estupendos actores que se convertirian posteriormente en habituales de su filmografía como JULIO DE GRAZIA, ARTURO MALY ó ULISES DUMONT grandioso actor fallecido muy recientemente.

Esta película no fue comprendida en su momento resultando un fracaso, afortunadamente parece que hoy en día se reivindica con justicia en diferentes medios, formando para el aficionado una especie de trilogía junto a los títulos antes mencionados, que se encuadra dentro del mejor cine noir latinoamericano de todos los tiempos.

Tambien existe un polar frances que se títula igual La Part des Lions de 1971 con Charles Aznavour y Robert Hossein.


Fuente: Cine de medianoche, el blog de Ordel

sábado, 10 de abril de 2010

¡Vamos! Tócala de nuevo, Woody.

Por Thomas A. Sancton

El Michael’s Pub está atestado. Los manteles a cuadros verdes y blancos tan encimados que los mozos, a duras penas, pueden escurrirse entre ellos, y los clientes chocan las rodillas con sus compañeros de mesa. No importa. Vinieron de todos los rumos –Japón, Italia, Francia, Escandinavia, Sudamérica- para saborear este momento. La azarosa Babel de cien conversaciones se convierte, repentinamente, en excitado murmullo cuando un hombre de cabellos color arena, vestido con pantalones de corderoy y camisa blanca de cuello abierto, aparece en el lugar y se dirige a una mesa desocupada. Negligentemente abre un castigado estuche del que extrae las secciones de un antiguo clarinete que comienza a ensamblar. Mirando a través de sus familiares anteojos de marco negro salta al palco de la banda y ocupa el lugar habitual, junto al piano. El trompetista castañetea dos veces los dedos y repentinamente todo el salón reverbera con la melodía de un éxito del año 1905, A la sombra del viejo manzano.

Durante los últimos 18 años, con pocas excepciones, Woody Allen pasó todas las noches de los lunes en este palco. Inclusive dejó de acudir a la entrega de los premios de la Academia, en 1978, oportunidad en que ganó un Oscar por Annie Hall “Dos extraños amantes”, para cumplir con su actuación regular en Manhattan. ¿Por qué un hombre con una carrera tan exitosa como escritor, actor, comediante y cineasta siente la compulsión de tocar el clarinete una vez a la semana? Ciertamente no es por dinero: rehúsa aceptar un solo centavo por hacerlo. Tampoco es por autopromoción, ya que insiste en que sus apariciones no sean publicitadas y, reiteradamente, rechaza ofertas muy ventajosas para grabar.

El hecho es que Woody, según propia confesión, está “obsesionado” por el jazz. No por el dixieland, el swing y definidamente no por el bebop. Es un devoto del puro estilo New Orleans, desarrollado a principios de siglo y grabado por su panteón de héroes del clarinete: Sidney Bechet, Johnny Dodds, Jimmie Noone y George Lewis: a los que se refiere con la reverencia que acuerda solamente al puñado de los héroes de su formación cultural, que comprende a Willie Mays, Groucho Marx e Ingmar Bergman.

Lewis, que falleció en 1968, pasó la mayor parte de su vida tocando en oscuros antros y festividades de Nueva Orleans, hasta su “descubrimiento”, a mediados de la década del ’40. Pero siempre tuvo algo que emocionaba a la gente de todo el mundo. Allí donde se conseguían sus discos los músicos jóvenes trataban de imitar su sonido. Woody se encontró por primera vez con este fenómeno en 1971, al acudir al New Orleans Jazz and Heritage Festival y participar de jazz sessions en el barrio Francés. Había un George Lewis japonés y un George Lewis británico, y un George Lewis judío. La cosa era realmente desopilante.



Woody recuerda ese viaje, junto con dos excursiones previas al Crescent City, como puntos altos de su vida. Acompañado por Diane Keaton, merodeó por el barrio Francés con el clarinete bajo el brazo, mirando, oyendo y alternando con jazzmen locales. “Era como haber admirado toda la vida a Willie Mays y, de repente, encontrarse con él”, recuerda Woody. El productor del Festival, George Wein, le habló para que actuara en uno de los conciertos oficiales.

Esa aparición fuera de programa impulsó al crítico musical del Times. John S. Wilson, a calificar la ejecución de Woody como “una de la evidencias más estimulantes y reconfortantes de la continuidad de la tradición del jazz de Nueva Orleans”.

Aunque considera al jazz su hobby lo aborda con absoluta seriedad. Practica religiosamente dos horas diarias, generalmente en el dormitorio de su penthouse de dos pisos de la Quinta Avenida. Pero aun cuando trabaja lejos de su casa destina tiempo al instrumento. “A veces filmaba el día entero y no volvía al hotel hasta las 10.30 de la noche. Me metía en la cama, con el clarinete, y practicaba con la frazada sobre la cabeza, para no molestar a los vecinos.” Perder un solo día de práctica, dice Woody, hace que se sienta “absolutamente" consumido por la culpa. Saben, es como cuando alguien viola su dieta o algo parecido."

Woody, que no sabe leer ni escribir música, es el primero en admitir sus limitaciones técnicas. “No creo tener talento musical. Tengo amor, entusiasmo y obsesión por la música. Pero no nací con lo que hay que tener para ser un artista. Quiero decir que soy totalmente ecléctico y derivativo de los tipos que oí y admiro.” La ventaja que tiene para tocar las obras al viejo estilo New Orleans radica en que “soy genuinamente tosco”. Otra de sus ventajas es la capacidad de reproducir el tono potente y plañidero de los primeros jazzmen. El mayor cumplido que recibió, según Woody, le fue prodigado en Nueva Orleans, tocando con músicos de esa ciudad que le dijeron cuan “indígena” era su estilo. Sin embargo, Kenny Davern, clarinetista de jazz, opina que: “Woody trató de captar ese sonido llorón de Nueva Orleans, y realmente lo logró”. Procura este sonido mediante dos recursos. Primeramente, emplea una boquilla abierta y una caña muy dura “Rico Royale Nº 5”,que produce mucho sonido, pero requiere labios de acero. (Benny Goodman tomó una vez el clarinete de Woody y tuvo que afeitar la caña con un cuchillo de cocina, antes de poder extraerle un mínimo sonido.)

En segundo término toca un clarinete Sistema Albert anticuado y con digitación virtualmente obsoleta. ¿Por qué Sistema Albert? “Porque todos los tipos que me gustan tocaban el Albert”, dice Woody.



El instrumento utilizado por Woody es un “Rampone” “rejuntado”, de doce llaves, fabricado en 1890. Al igual que muchos de los clarinetes de su colección, le fue provisto por el músico Kenny Davern, quien lo encontró en una casa de empeños de Nueva York. El mismo Davern ofreció una vez prestarle el instrumento que tocaba Albert Burbank, gran músico de Nueva Orleans y uno de los ídolos de Woody. Este vaciló: “¿Qué pasa si me lo roban?” “No te hagas problemas”, replicó Davern. “Es que
probablemente me lo roben mientras esté tocando”,murmuró Woody.

Esta salida es inusual en un hombre que separa escrupulosamente al clarinetista del comediante y jamás hace un chiste en el palco de la orquesta, pese a que le ocurrieron cosas divertidas en relación con la música. Cuando él y su “New Orleans Funeral & Ragtime Orchestra” se reunieron por primera vez, a comienzos del decenio de 1970, fueron sumariamente expulsados de los primeros clubes en que actuaron, porque su música era claramente no comercial. En uno de los establecimientos los despidieron en medio de la ejecución de un spiritual particularmente lúgubre, después que el hijito del dueño tironeó de la manga al trompetista, John Bucher, y le rogó “por favor, míster, no toque más”.

Michael’s Pub donde la banda aterrizó para actuaciones regulares en 1971, fue escenario de muchos buenos momentos. Cuando los Mets (beisbol) estaban en la Serie Mundial de 1986, el “hincha” Woody apareció con un pequeño televisor a transistores y lo colocó en el atril para ver el juego mientras tocaba. El trombonista Dick Dreiwitz y su esposa Bárbara, ejecutante de tuba, refieren una sorpresiva visita de Groucho Marx. “Después de uno de los solos de Woody”, dice Bárbara, “Groucho se puso de pie y le dio algunas monedas como propina”. El psiquiatra Ron Brady, amigo de Woody, recuerda la ocasión en que un hombre, que pretendía ser biólogo, llegó a lo de Michael’s y pidió a Woody una muestra de piel, afirmando que estaba trabajando en un clon.



La mayoría de los fanáticos, sin embargo, no llegan a aproximarse a su héroe. Gil Wiest, dueño de Michael’s Pub, lo custodia agresivamente, y esto agrada a Woody que no hace un misterio del hecho de estar allí por su propio gusto y no para comunicarse con el público. “No soy alguien que sonríe y hace reverencias. Estoy aquí para tocar, estrictamente y nada más.” Claro que muchos esperan algo distinto. “Se molestan porque no habla o hace chistes, dice el banjoísta Eddie Davis. Pero después de algunas melodías quedan atrapados por la música.”

La reservada actitud de Allen hacia el público se refleja en sus relaciones con los demás miembros de la banda. Aunque muchos de ellos tocan con él desde hace ya veinte años, Woody no hace vida social con ellos ni se queda a hablar después de las actuaciones.

En un esfuerzo por aproximarse aún más a la música que ama, Woody ensaya, con otro grupo de músicos, más orientados al estilo New Orleans. No es preciso en cuanto a los planes que tiene con este grupo, pero el banjoísta Davis afirma que hay conversaciones para actuar una vez a la semana en un club de jazz, y hubo tanteos para actuar en varios festivales europeos. Los carretes de grabación giran durante los ensayos y esto hace pensar en la probabilidad de que, finalmente, aparezca algo que Woody siempre resistió: una grabación con él al clarinete.


Ocurra o no esto, la música ya dejó un surco profundo en los logros artísticos de Woody. Nadie que haya visto sus films puede dejar de apreciar cuán efectivamente se vale de partituras para reforzar el transcurrir visual –desde los temas de Gershwin en Manhattan hasta las baladas de Django Reinhardt y Louis Armstrong en Recuerdos… y los temas de Schubert de Crímenes y pecados-. Para la banda sonora de El dormilón Woody llegó a ir a Nueva Orleans, en 1973, y grabó personalmente con la Preserva tión Hall Jazz Band. (Los viejos músicos de allí no habían oído hablar de las películas de Woody.) Entre sus proyectos figura el de dedicar una película al nacimiento del jazz.

Sería un error considerar la obsesión de Woody Allen por el clarinete como un hobby excéntrico o una rareza psicológica. De manera directa o indirecta, concreta o espiritual, su oído e instinto de músico lo ayudaron a convertirse en un artista destacado en otros terrenos. “El jazz es la música perfecta para él”, dice Eric Lax, quien escribió un libro sobre Allen “Odia la autoridad, es un individuo quisquilloso que requiere gran disciplina para funcionar correctamente. La música es lo que necesita, de modo que ¡tócala de nuevo, Woody!”.

Fuente: Revista Noticias, 12 de noviembre de 1989

viernes, 2 de abril de 2010

Perfiles del 24 Festival de cine de Mar del Plata, entrevista a Bob Byington.

"El cine es como el amor: lo reconocés cuando lo ves"

Entrevista a Bob Byington - Director de Harmony and me



¿Podés presentarte?

Soy Bob Byington, escribí y dirigí Harmony and Me…

¿Cuáles son las características particulares de tu filmografía?

Estoy interesado mayormente en el humor. Hice una comedia sobre un abusador sexual que salía de prisión, se trataba de cómo él tenía que cumplir con varias obligaciones comunitarias en las que no estaba interesado.

¿Cómo fue tu acercamiento al cine?

Me gusta aprender en el camino. Esto es a veces desafortunado para mis colaboradores.



¿Qué significa el cine para vos?

El cine significa mucho para mí. Usualmente cuando miro una película, la pregunta sobre qué es el cine surge en mi cabeza. Creo que es como el amor, lo reconocés cuando lo ves. Y es, como el amor, igual de escurridizo.

¿Cómo fue tu acercamiento al tema de tu película?

Tuve que mantenerme relajado y abierto, y el actor que elegimos para el personaje principal, Justin Rice, ayudó mucho con eso. Él es muy responsable con su trabajo, pero eso genera, raramente, una especie de franqueza. El me guió hacia un nivel mayor de comunicación.



¿Cuáles fueron los desafíos a la hora de filmar tu película?

Tuvimos desafíos al editar la película, al buscar la estructura ideal para la historia, y para dejar que la audiencia disfrute de la película, sin por eso armarla
pensando en complacerla.

Tus películas tienen una diferente, entretenida manera de ver el humor. ¿Qué películas o directores te influenciaron?

La escritura de Luis Buñuel me influenció, quizás más que sus películas, y también fui influenciado por las películas de Preston Sturges y Wong Kar-wai




¿Qué tan importante es la inclusión de la música en tus películas?

La música es muy importante. Creo que si es utilizada apropiadamente, puede ayudar a la audiencia a disfrutar de la película. Y, otra vez, si es mal usada, suele ir en detrimento de la película.

¿Cuáles son tus futuros proyectos?

Estoy haciendo una película llamada Seven Chinese Brothers con Tunde Adebimpe, quien es el lider de la banda TV on the Radio, y quien interpreta al novio en la película Rachel Getting Married.


Fuente: © Festival Internacional de Cine de Mar del Plata nook diseño web / Big Sur

sábado, 20 de marzo de 2010

Héctor Olivera en rodaje

El mural

Es uno de los directores más premiados del cine argentino y se encuentra rodando una película donde reconstruye la realización de “Ejercicio plástico”, la obra que Siqueiros pintó en la quinta de Natalio Botana.

Ambientada en los años 30, El mural, coproducción argentino – mexicana. El mural está protagonizada por Luís Machín, Carla Peterson, Ana Celentano, el actor mexicano Bruno Bichir, Sergio Boris, Rodrigo Noya, Juan Palomino y Mónica Galán. El estreno de la película está previsto para mayo de 2010, cuando se inaugure al público el mural realizado por Siqueiros, que fue restaurado por el Estado argentino.


Nos cuenta Héctor Olivera...

Comenzamos el rodaje la primera semana de noviembre y hasta el momento estamos muy contentos. Hace muchos años que había comenzado a pensar en la posibilidad de hacer una película con esta historia, aunque no concretamente sobre el mural de Siqueiros sino sobre la familia Botana.

Cuando tenía 18 años, comencé a trabajar en los estudios Baires como asistente del productor Eduardo Bedoya, quien me contó historias sobre Natalio Botana. Bedoya había sido administrador del diario Crítica y habían sido socios en la construcción del estudio. Así que desde ese momento siempre me fascinó la idea de hacer una película sobre la familia Botana, que no quedaba sólo en las vidas de Natalio y su esposa Salvadora Medina Onrubia, sino que atravesaba distintas generaciones.





Incluso cuando fundamos Aries con Fernando Ayala en varias oportunidades pensamos en esta posibilidad, pero se trataba de un proyecto muy grande, porque había que reconstruir cuatro épocas distintas, cuarenta años de la vida del Uruguay y de la Argentina. Era una película sumamente cara, muy argentina, y eso la hacía muy difícil de financiar.

Así que el proyecto quedó trunco. Hasta que hace unos años atrás, leyendo Confieso que he vivido, las memorias de Pablo Neruda, me di cuenta que había mucho más en Los Granados, esa quinta que yo había conocido porque era cercana a los estudios Baires y que en su sótano alojaba al mural.

Me puse a investigar las vidas de David Alfaro Siqueiros y su esposa Blanca Luz Brum. Y me di cuenta que tenía un material fascinante, porque cada uno de los personajes daba para un largometraje. Además la historia real me proponía algo muy bueno para mi manera de concebir un relato: tenía un principio y un final, marcado por la llegada y la partida de Siqueiros de Buenos Aires.





Mientras él pintaba en el sótano el mural, en la parte superior de Los Granados ocurrían historias muy fascinantes, llenas de pasión, romance, tragedia. Estaba la relación de Botana con Blanca Luz, que finalmente se concreta la noche de inauguración del mural. Y estaba también la presencia de Neruda, que pasaba a ser un personaje secundario importante.

La historia real de cada uno de los personajes, previa y posterior al momento que trata la película, los transforma en personajes muy atractivos. Además, era una época de mucha agitación cultural y política, con mucha presencia del nacionalismo, del comunismo, del anarquismo, lo que ocurría en Villa Ocampo... Son todos escenarios de la película.

Siqueiros llegó a Buenos Aires con la intención de pintar un gran mural en los silos del puerto, pero se encontró con que había un nacionalismo muy fuerte que no le iba a permitir concretar su trabajo. Y ni el Estado ni los particulares se lo iban a financiar, porque una obra de esa naturaleza exigía un trabajo enorme.





Así que cuando Botana le ofreció este conchabo lo aceptó porque era la única oferta que le hacían y, de alguna manera, tenía que sobrevivir. Ya había sufrido dos exilios en México y en Estados Unidos, no se sentía muy a gusto en Montevideo y no andaba bien con Blanca Luz. Aceptó la propuesta de Botana y la invitó a Blanca luz a Buenos Aires. Y ella posó para él. Para realizar el mural se rodeó de cuatro excelentes profesionales, como Antonio Berni, Lino Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y Enrique Lázaro

La película muestra tres facetas de las ideas políticas y artísticas de Siqueiros. Por un lado, la prédica de la técnica pictórica y el concepto del muralismo social. Por otro, su prédica comunista estalinista que continuó hasta su muerte. Y por último su convencimiento de la necesidad del sindicalismo incluso entre los artistas.

La directora de casting Eugenia Levín realmente hizo un trabajo muy bueno y estoy muy contento con el reparto. Se trata de un elenco de actores que están muy al servicio de sus roles y que tienen un nivel profesional muy alto. Y al único actor que no conocía, Bruno Bichir, quien personifica a Siqueiros, fue una agradabilísima sorpresa. Se trata de un excelente actor, con mucho carisma.





Como decía al comienzo, conocí la quinta de Los Granados y el mural cuando trabajé en los estudios Baires, que estaban a pocas cuadras. Y muchos años después en esa quinta filmé Cocaine Wars, una película que hice para el productor Roger Corman, con Federico Luppi haciendo de narcotraficante latinoamericano.

Cuando lo vi por primera vez, el mural me pareció algo muy insólito, no comprendía como en un sótano de una quinta de Don Torcuato se hiciera esa obra. Pero a los 20 años yo tampoco tenía mucho criterio artístico. No tenía un conocimiento muy sólido, como el que después tuve sobre el muralismo mexicano, un movimiento tan importante en la historia del arte.

Con ese mural, Siqueiros no quería hacer una revolución pictórica en cuanto a la utilización de ciertos materiales y a la forma de plasmarlos en la obra. Y lo más interesante es que si Siqueiros hubiera pintado su mural con las pinturas y los sistemas que el muralismo usaba hasta ese momento, se hubiera perdido todo luego de los distintos problemas al que fue sometida la obra. Ejercicio plástico se salvó porque Siqueiros lo pintó con la técnica de la pintura al duco, como un automóvil o una heladera. Y eso ha sido milagroso, porque gracias a esa técnica, ahora el mural se ha recuperado perfectamente bien.





Sobre Héctor Olivera

Ganó el Oso de Plata en Berlín en 1974 al mejor director por La Patagonia rebelde. Dirigió clásicos del cine argentino como: La nona, No habrá más penas ni olvido (también ganadora en Berlín), La noche de los lápices (1986); El caso María Soledad (1993) y Una sombra ya pronto serás (1994).


Fuente: Cine.ar - Portal Oficial de Promoción de la República Argentina

jueves, 18 de marzo de 2010

Maestros del terror, Nathán Pinzón

NATHÁN PINZÓN ( 1917 - 1993 ) :

" Con una cara de malvado, además de su voz y actitud, este actor se ha transformado en el mayor exponente de el terror y el misterio en Argentina ( por ser argentino - detras de Ibáñez Menta que fue español ). Fuera del género también es conocido, pero en el cine negro es reconocido .


Nathán Pinzón cuyo verdadero nombre era Natalio Garfinkel fue actor y libretista de cine, además de conductor, que nació en Buenos Aires, el 27 de enero de 1917. Participó en muchas películas, en la mayoría de las cuales encarnó personajes malvados, ayudado por las características de su rostro.




Fue uno de los actores de trayectoria más prolongada en el cine argentino pues debutó en 1936 en el filme Santos Vega dirigido por Luis Moglia Barth y su última película fue El viaje, en 1992 o sea 56 años después. Se recuerda su actuación en filmes de terror, misterio y hasta cómicos, como El hombre invisible ataca de 1967,dirigido por Martín Mentasti en que estuvo "muy bien en una estrafalaria caracterización". En el género de terror y misterio hizo El vampiro negro de 1953 dirigido por Román Viñoly Barreto, en lo que un crítico calificara "el papel de su vida ... en la composición de un personaje de nada fácil expresión, La bestia debe morir de 1952 con el mismo director encarnando "uno de los malos más malvados del cine argentino", también actuó en Maleficio, Tres citas con el destino en 1954, esta y la otra anterior actuó junto a prócer del terror, Narciso Ibáñez Menta . Pinzón actuó también en El conde de Montecristo en 1953 . También trabajó en Historias que el diablo me contó, en 1985 en María de nadie y en 1979 en Viaje a lo inesperado ( junto a Ibáñez Menta ).




Nathán Pinzón colaboró en 1940 en el programa Bar Gente de Cine que conducía por Radio Prieto el crítico Roland y que en 1942 dio origen a uno de los primeros cineclubs del país, el "Cine Club Gente de Cine" y escribió libretos para cine y televisión tales como Historias que el diablo me contó, para televisión en 1989 y Libertad bajo palabra que en 1961 llevó al cine Alfredo Bettanín

Uno de sus últimos filmes fue el de comedia y terror, llamado, Los matamonstruos en la mansión del terror de 1987.

Falleció de un ataque cardíaco en Buenos Aires el 15 de agosto de 1993.






Opinión de Pabloff :


Un villano de clase, excelente actor, desde terror, misterio o comedia. Pinzón fue un destacado libretista y libretista. El clásico seguidor de Ibáñez Menta dentro del terror, con películas como El Vampiro Negro, La Bestia debe Morir, Maleficio Tres citas con el destino, así como comedias con terror y programas de Tv. Un actor que estuvo casi sesenta años en el cine y la televisión, que logró hacerce famoso especialmente con ese gusto de villano, malvado y hasta como digamos terrorífico. Tal vez sea una de los latinos más destacados representa el género negro.


Fuente; Oficialmente a elpabloff@hotmail.es
PABLOFF, el blog del terror

jueves, 11 de marzo de 2010

CinemaRock: La canción es la misma.

Film de Led Zeppelin: "La Canción es la Misma"


A mediados de los '70 el mundo rock comenzó a tener la rara oportunidad que se daba por entonces de apreciar ciertos gigantes del género a través de la pantalla grande. En pleno apogeo de su carrera, Led Zeppelin salió al frente con su película "The Song Remains the Same" ("La Canción es la Misma") que recoge un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York.

Tiempo después la película llegó a los cines argentinos. Y si bien Zeppelin nunca integró mi lista de predilectos (aunque hay que reconocer que tienen unos temazos fatales) allá fui. Lo que sigue transcribe mi experiencia con el gran Zepp frente a la pantalla panorámica. Otra que YouTube...



La Espectacularidad es la Misma

No es difícil imaginar lo que puede ser Led Zeppelin arriba de un escenario, aún cuando no se lo haya vista nunca.

Son ya conocidas las actuaciones estudiadas del cantante Robert Plant, que pone caritas sensuales y mira inquisitoriamente a la audiencia, sacudiendo al compás de la música su frondosa cabellera enrulada, bailoteando agitadamente, luciendo ajustados jeans ceñidos al cuerpo y su cami-saco con los botones desprendidos... Siempre es lo mismo: aún cuando canta, gesticulando con la cara y las manos, besando y/o acariciando el micrófono... Indudablemente es el punto de atracción y meta obligada de cualquier cámara cinematográfica que se entretenga en captar "la magia Zepp".



Pero no hay que descuidarse: muy cerca de allí hay todo un hombre orquesta: es el guitarrista Jimmy Page, empuñando una Gibson Les Paul o la SG de doble diapasón; no importa: Jimmy sigue siendo virtuoso en cualquiera de ellas. Impecablemente vestido, luce generalmente en el centro del escenario, aunque casi siempre está en continuo movimiento, paseándose aquí y allá con su Gibson a cuestas y arrancándole los sonidos que se le ocurren... hasta con un arco de violín! Categóricamente puede afirmarse que es un fenómeno de la guitarra, y dueño y señor de cualquier mango de seis o doce cuerdas.

Un poco más allá se encuentra una usina percusiva alimentada con la energía que emana del batero John Bonham, otro privilegiado. Una Ludwig transparente, un gong de tamaño mediano, un par de palillos y también una maestría de excepción es lo que "Bonzo" utiliza para hacer derrumbar el Madison Square Garden cuando realiza uno de sus tantos solos... Y el Madison estalla cuando a "Bonzo" se le ocurre seguir tocando sin los palillos: ataca los tambores con las manos! Cosa de locos.



Notoriamente alejado de tal despliegue alucinante de vigor y potencia está el bajista y tecladista John Paul Jones, sólo limitado a su condición de instrumentista serio, sobrio y tenaz, características que pintan al músico probablemente más talentoso de Zeppelin. El lucimiento escénico queda exclusivamente en manos del trío Page-Plant-Bonham; para Jones, lo único que prima es la música.

Todo esto se ve al detalle en "La Canción es la Misma", película de 1976 que permite apreciar la magnificencia de un grupo archifamoso como lo es Led Zeppelin arriba de un escenario. La duración del film se ve prolongada -casi excesivamente, quizás- por una secuencia de imágenes que muestran lo que es y hace cada miembro del grupo cuando no actúa ni ensaya ni graba. Y es así como puede descubrirse que la debilidad de Page son las ciencias ocultas y la brujería, la de Bonham la velocidad... Es una idea vendible aunque no demasiado bien materializada, a pesar de escenas y pasajes excelentemente concebidos y tomados.

En suma: "La Canción es la Misma" es una película común, pero al menos conforma y brinda un espectáculo totalmente alejado de pretendidos engendros que se hicieron sobre este tipo de films. Los que deseen asistir a un show protagonizado por Led Zeppelin encontrarán en "La Canción es la Misma" un resultado satisfactorio y placentero.



Fuente: bitacorock.blogspot.com

miércoles, 10 de marzo de 2010

Martin Landau, para coleccionar.

Martin Landau (Brooklyn, Nueva York, 20 de junio de 1931), es un actor estadounidense de cine y televisión. Aunque ha protagonizado bastantes películas es más conocido por su aparición en series de televisión como Misión Imposible y Cosmos 1999 (1975-1977).

En 1969 recibió el Globo de Oro al Mejor Actor de Televisión por su papel en Misión Imposible, que también le supuso dos nominaciones a los Premios Emmy en 1968 y 1969. En 1994 ganó el Óscar al mejor actor de reparto tras interpretar a Béla Lugosi en el film de Tim Burton Ed Wood. Con anterioridad había recibido otras dos nominaciones.


Biografía y carrera

Landau nació en Brooklyn, Nueva York. Con 17 años comenzó a trabajar como dibujante y caricaturista para el New York Daily News, pero influido por Charlie Chaplin se propuso convertirse en actor. Recibió clases en el Actors Studio donde coincidió en la misma clase que Steve McQueen, y en 1955 hizo su debut en Broadway en la obra Middle of the Night. También impartió clases de actuación en el Actor´s Studio a actores de la talla de Jack Nicholson y Anjelica Huston.

En 1959, con 28 años, hizo su debut en el cine con un papel en la película North by Northwest (Intriga internacional) dirigida por Alfred Hitchcock. Luego tuvo un papel secundario en la superproducción Cleopatra (1963).

Unos años después y tras rechazar el papel de Spock en Star Trek, Landau aceptó interpretar el papel de Rollin Hand, el maestro del disfraz, en la serie de televisión Misión Imposible convirtiéndose en uno de los actores estrella del reparto. Según el autor Patrick J. White en su libro The Complete Mission: Impossible Dossier, inicialmente Landau rechazó firmar un contrato con los productores de la serie porque no quería que el show interfiriera con su carrera en el cine, y por ello durante la primera temporada apareció en los créditos como Estrella Invitada, pasando en la segunda temporada a convertirse en miembro del reparto a tiempo completo. El papel de Rollin Hand obligó a Landau a actuar con diversos acentos y en muchos de los capítulos debió interpretar dos papeles.


Landau trabajó en la serie con su futura esposa, Barbara Bain, y ambos abandonaron la misma antes de la tercera temporada alegando motivos salariales, aunque las razones exactas nunca han sido confirmadas.

A mediados de los 70, Landau y Bárbara Bain regresaron a la televisión en la producción británica Cosmos 1999. Esta serie, a pesar de haberse convertido con el tiempo en una serie de culto, fue duramente criticada durante los años de emisión y fue retirada tras dos temporadas de emisión. El propio Landau fue muy crítico con los guiones de la serie sobre todo durante la segunda temporada.

Tras Cosmos 1999, Landau actuó en papeles secundarios en películas y series de televisión de diferente calidad, incluyendo The Harlem Globetrotters on Gilligan's Island donde actuó por última vez con Bain.

A finales de los años 80 la carrera profesional de Landau volvió a despegar con su nominación a los Óscar como actor secundario por la película Tucker: The Man and His Dream (Tucker: un hombre y su sueño) de Francis Ford Coppola.


Posteriormente lograría una segunda nominación como secundario por la película Crimes and Misdemeanors y finalmente en 1994 ganaría el Óscar en la misma categoría por el papel de Béla Lugosi en la película de Tim Burton Ed Wood. En la entrega del premio Landau se vio visiblemente enfadado cuando la orquesta intentó cortar su discurso, en ese momento golpeó el atril y gritó «¡No!». Posteriormente explicó que se había sentido frustrado por no disponer del tiempo suficiente como para dedicar el premio a Bela Lugosi. Por el mismo papel Landau recibió también el Globo de Oro, el premio del Sindicato de actores, el Premio Saturn y numerosos premios más.

Landau tiene dos hijas, Susan y Juliet, de su matrimonio con Barbara Bain. La pareja se casó el 31 de enero de 1957 y se divorció en 1993.

Por su contribución al mundo del cine Landau tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood en el 6841 de Hollywood Boulevard.

En 2006, apareció como personaje secundario, a modo de homenaje, en la película Expediente X: la película. Por este papel recibió una nominación a los Premios Emmy en 2007.



Premios

Óscar
Año
1994 Mejor actor de reparto Ed Wood, Ganador
1989 Mejor actor de reparto Crimenes y pecados, Candidato
1988 Mejor actor de reparto Tucker, el hombre y su sueño, Candidato

Globo de Oro
Año
1994 Mejor actor de reparto Ed Wood, Ganador
1988 Mejor actor de reparto Tucker, el hombre y su sueño, Ganador
1968 Mejor actor de serie de TV - Drama Misión: Imposible, Ganador

Premios del Sindicato de Actores
Año
1994 Mejor actor de reparto Ed Wood, Ganador



Filmografía en Televisión

* The Twilight Zone:"Mr. Denton on Doomsday" (1959), The Jeopardy Room (1964)
* The Outer Limits: "The Man Who Was Never Born" (1963)
* The Outer Limits: "The Bellero Shield" (1964)
* Mission: Impossible (1966-69) TV Serie
* Columbo (1973) En el episodio: Double Shock
* Space: 1999 (1975-77) TV Serie
* The Harlem Globetrotters on Gilligan's Island (1981)
* By Dawn's Early Light (1990)
* 12:01 (1993)
* Bonanno: A Godfather's Story (1999)
* In the Beginning (2000)
* Without a Trace (2005)
* The Evidence (2006)
* Entourage (2006)

Filmografía en Cine

* Pork Chop Hill (1959)
* North by Northwest (1959)
* Cleopatra (1963)
* The Hallelujah Trail (1965)
* The Greatest Story Ever Told (1965)
* Nevada Smith (1966)
* They Call Me Mister Tibbs! (1970)
* Meteor (1979)
* The Fall of the House of Usher (1982)
* Tucker: The Man and His Dream (1988)
* Crimes and Misdemeanors (1989)
* Empire State (1992)
* Sliver (1993)
* Eye of the Stranger (1993)
* Intersection (1994)
* Ed Wood (1994) (Óscar de la Academia al Mejor actor Secundario)
* Joseph (1995)
* B*A*P*S (1997)
* The X-Files: Fight the Future (1998)
* Rounders (1998)
* EDtv (1999)
* Ready to Rumble (1999)
* The Joyriders (1999)
* Sleepy Hollow (1999) (uncredited)
* The Majestic (2001)
* Hollywood Homicide (2003)
* Love Made Easy (2006)
* Harrison Montgomery (2007)
* City of Ember (2008)
* Lovely, still (2008)
* 9 (2009)



Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Landau"
El texto está disponible bajo la Licencia Creative Commons

sábado, 6 de marzo de 2010

El recontra espionaje

El desinformante, la nueva comedia surrealista de Steven Soderberg

Tras sumergirse en su saga épica en dos partes sobre el Che Guevara, Steven Soderberg hizo casi inmediatamente dos películas seguidas. Una pequeña e intimista que se editó directo en DVD con el titulo Confesiones de una prostituta de lujo. La otra, basada en un caso real de fraude corporativo que tuvo lugar en los ’90, plagada de mentiras y video (como su recordado debut, aunque sin el sexo) y con una única estrella: Matt Damon, con sobrepeso y calvicie. Una apuesta arriesgada que afortunadamente podrá verse en los cines argentinos.





Por Alfredo García

A primera vista “The informant!” (El desinformante) parece una película simple sobre un fraude corporativo basada en una historia real ocurrida durante la década del ’90. Pronto la música burlona le va explicando al espectador que no es una película sencilla, sino una rara mezcla de géneros a cargo de Steven Soderberg. “The informant!”, que se estrena este jueves en los cines argentinos, tiene algo de varias películas del director, empezando por las grabaciones y filmaciones que lo hicieron famoso allá por los ’80 con la casi perfecta “Sexo, mentiras y video” –ya desde los títulos, cuando el protagonista arma con todo cuidado un grabador para escuchas en su maletín de trabajo-. La música podría ser perfecta para algún programa cómico de Benny Hill, y de hecho el compositor al que Soderberg le encarga el score musical, Marvin Hamslich, es el mismo que compuso la partitura de uno de los primeros éxitos de Woody Allen, “Bananas” (además de componer musicales como “A chorus line” y “The goodbye girl”).





Las letras de los títulos, sumadas a esta música chistosa, ubican a Matt Damon muy lejos de su papel de superespía de la trilogía de Bourne. Más bien, lo colocan en un nivel inferior al de Austin Powers, aunque el personaje se refiere a sí mismo como el agente 014, por ser “dos veces más inteligente que 007”.

Si bien falta el sexo, las mentiras y videos abundan en “The informant!”, y el tono puede parecer por momentos propio de los satíricos policiales de la saga de “Ocean’s eleven” (La gran estafa) que tanto han redituado en los últimos años al director, que en ese caso tampoco deja de lado su veta más intelectual de la olvidada –quizá por pretenciosa- “Kafka”, ni tampoco el fresco de crimen social de “Erin Brokovich”. “The informant!” es una película extraña basada en un personaje aún más extraño, el bioquímico y ejecutivo de la firma alimentaria ADM Mark Whitacre, que es presentado en la película explicándole a uno de sus hijos los mil usos de maíz, y como los productos de ADM suelen aparecer entre los aditivos de la letra pequeña de las etiquetas de cualquier alimento que forme parte de un desayuno.






Mark es un ejecutivo exitoso y podría llegar a la cima corporativa en cuestión de meses, pero hay un problema –en realidad hay varios, pero el guión comienza con mucha calma-. Un virus, producto de un sabotaje japonés, está mermando la producción de la firma, y el protagonista les explica a sus superiores que hay un tipo misterioso pidiendo diez millones de dólares para que el sabotaje termine. Para su sorpresa, deciden llamar al FBI y pronto Mark está convertido en el mejor amigo de los hombres del gobierno, a quienes advierte sobre las prácticas ilegales de la empresa en materia de acuerdos globales de control de precios de productos alimenticios.

Olvidando el tema del saboteador nipón, Mark está transformado en un paladín de la justicia, ayudando al FBI a terminar con los controles de precios grabando cientos de cintas, a veces de manera tan obvia que anda por la oficina saludando a cada compañero de trabajo no sólo por su nombre, sino también por su puesto (tipo “Mary Jones, secretaria del presidente”) de tal manera que todo quede perfectamente claro en las cintas que graba con tanta diligencia.

El género del espionaje industrial, tratado en obras maestras como “La conversación” , de Coppola, o “El informante”, de Michael Mann, en ambos casos con un tono terriblemente dramático, aquí es parte de un mundo jocosamente ridículo, con los agentes del FBI más bonachones que se hayan visto desde el agente Cooper de “Twin Peaks” de David Lynch (Scott Bakula es el agente federal que termina envuelto en las pesadillescas tramas de Mark) y donde la mente enferma y ambiciosa de un mitómano compulsivo puede enloquecer por completo a santos y pecadores. Los extraños pensamientos en off del protagonista paulatinamente van dando la pauta de que algo no le funciona del todo bien, y ya promediando el film entra en juego un presunto trastorno bipolar que puede ser cierto o no, como todo lo que surge de la vida de este increíble Mark Whitacre.






La historia de este fraude económico cobra así distintas perspectivas y lleva al film al plano de la comedia surrealista, con momentos increíbles como cuando los agentes del FBI explican al fiscal que llevan siempre consigo la foto de su amistoso “soplón” con su mujer e hijos para nunca olvidar que detrás de ese informante que los suministra con cientos de tapes de escuchas hay ¡un hombre de verdad con una familia real! Evidentemente después de enfrentar un desafío de dimensiones épicas como la saga en dos partes sobre la vida del Che Guevara, Steven Soderbergh decidió abocarse a asuntos más intimistas como su siguiente película –anterior a ésta- “The Girlfriend Experience” sobre las vivencias de una prostituta, película que entre nosotros sólo se conocerá en DVD sin pasar por cines (con el título “Confesiones de una prostituta de lujo”), más esta “The informant!”, que sin ser exactamente una película de cámara, incluye un solo astro hollywoodense caracterizado como si no lo fuera (de hecho Damon se parece aquí un poco a ese gran actor que es William Macy) bajo un sobrepeso importante y, en los tramos finales, una prominente calvicie. Esto, sumado al tema de los fraudes económicos que, digamos, no es de lo más popular del mundo, podría haber hecho que el film corra la misma suerte que “The Girlfriend Experience”. Por suerte no es así, y ya que llega a los cines argentinos, recomendamos disfrutarla en pantalla grande.

Fuente: Suplemento Radar, del diario Página 12, del día 14/2/2010