Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

sábado, 5 de marzo de 2016

Los ojos de America.

DOCUMENTAL DE DAIANA ROSENFELD Y ANIBAL GARISTO
 

 

“Vivieron según sus ideales”


Partiendo de las investigaciones de Osvaldo Bayer, los realizadores de este documental que mañana tendrá su estreno local hicieron foco en la relación de Severino di Giovanni con América Scarfó, una jovencísima militante anarquista.

 Por Oscar Ranzani
 
 
 
Hay una historia que se conoce. Es la del italiano Severino di Giovanni, quien emigró a la Argentina en los años ’20 para desempeñarse como obrero tipógrafo y fue el anarquista expropiador más buscado en el Río de la Plata durante los comienzos del siglo pasado. Osvaldo Bayer lo estudió con detalle y precisión en el libro Severino di Giovanni, el idealista de la violencia, que es un referente del estudio histórico de este hombre que fue fusilado por la dictadura de José Félix Uriburu, a los 29 años, cuando corría 1931. Pero hay otra historia que no es tan conocida: la historia de amor que entabló este joven de convicciones muy fuertes con una adolescente argentina y también anarquista: América Scarfó. Cuando se conocieron, ella tenía tan solo catorce años y Di Giovanni, veintisiete. No sólo se amaban, sino que se enamoraron de las ideas que cada uno defendía. Y eso consolidó la relación, a pesar de que se trató de un amor clandestino en más de un sentido. Esta es la historia que narra Los ojos de América, documental realizado por Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto que, tras ganar el Programa de Fomento a la Producción y Teledifusión del Documental Latinoamericano (DocTV), se estrenará mañana en el Espacio Incaa Gaumont.
La dupla comenzó investigando la historia de las mujeres anarquistas de fines del siglo XIX y principios del XX en la Argentina porque sabían, desde un principio, que había un movimiento pequeño pero bastante fuerte en el país. La idea primitiva era estudiar el rol de la mujer dentro del anarquismo y, a través de esta búsqueda, los realizadores llegaron a la figura de América Scarfó. “Era diferente de las otras mujeres porque si bien ella había sido conocida como compañera de Severino y como la hermana de Paulino Scarfó, la verdad es que nos encontramos con que era una chica de catorce años con ideas muy avanzadas para esa época”, cuenta Rosenfeld en la entrevista con Página/12, en la que también participa Garisto.
La estructura narrativa del documental se sostiene con muy pocas entrevistas (lógicamente opina Bayer) y el acierto radica en no dejar de mencionar el espíritu político de la época pero centrándose en esa historia amorosa. Esto lo cuentan a través de las lecturas de las cartas que se enviaban Severino y América, así como también de escritos personales de esta mujer, guía del relato representada a través de la voz en off de una actriz. “Es una historia de amor y también refleja una historia política y social del momento”, sostiene Garisto, quien entiende que los dos “eran militantes que luchaban y veían que se podía llegar al cambio: pensemos que el movimimento anarquista era el movimiento obrero más importante del país y ellos dos militaban de una manera muy fuerte dentro del mismo”.
 
 
–¿Por qué decidieron focalizar en el aspecto más íntimo del personaje político?

Daiana Rosenfeld: –Nosotros creemos que contar una historia de la intimidad es mucho más interesante porque juega la humanidad de una persona en relación al espíritu de época en el que está viviendo. Creíamos que quedarse solamente en el personaje público implicaba profundizar poco. Y ésta es una historia de amor en el término más amplio: no sólo amor en la relación, sino amor por la libertad, por la igualdad, amor fraternal entre los camaradas, como se decían los anarquistas entre sí. Nos pareció más interesante enfocarlos desde un punto de vista más personal e íntimo como reflejo de lo que también puede sentir una persona a los catorce, quince años, cuando comenzó con la relación y la lucha anarquista. Creo que es más universal.
Aníbal Garisto: –Y también, de Severino se sabía toda una parte: que él tenía una forma de hacer actos políticos sobre ciertas cosas que estaban pasando en ese momento, pero no se conocía su lado amoroso, su escritura, que era profesor, que hablaba tres idiomas, que editaba, que traducía...
–¿Eso lo descubrieron haciendo la investigación?

A. G.: –Sí, lo descubrimos en la investigación y, en gran parte, por el libro de Osvaldo Bayer, por ir a bibliotecas, a archivos personales, por hablar con militantes anarquistas. A veces, para la prensa es mejor decir que alguien puso una bomba y no explican por qué, ni todo lo que hace esa persona a nivel social. Y la intimidad es también para mostrar que hay otra persona de la que no se contó la historia desde ese lado.
D. R.: –Volviendo a la intimidad, también hay una cuestión que tiene que ver con que ellos eran consecuentes con sus ideas a nivel público y a nivel privado. Entonces, la intimidad es interesante por eso.
–¿Por qué decidieron que la estructura narrativa sea básicamente la lectura de las cartas de amor y escritos personales de ellos?

D. R.: –Era una relación complicada: él estaba la mayor parte en la clandestinidad. Entonces, la relación se basó en cartas de amor, citas fugaces. Y son los documentos más fieles, más interesantes y más íntimos para reflejar también todo ese momento: no sólo la relación entre ellos. Es un punto de vista muy personal de los propios personajes. Creo que por eso decidimos contar la historia a través de este tipo de documentos y contrarrestarlos también con los documentos de la época, con los diarios que criminalizaban no sólo a Severino, sino a todo el anarquismo expropiador.
 
 

–¿Cómo accedieron al material histórico de las cartas?
D. R.: –En la primera versión del libro, Bayer publicó casi todas las cartas. En su investigación, Bayer encontró las cartas en el Museo de la Policía. Y ahí fue cuando América se enteró de que las cartas seguían existiendo porque, en realidad, ella las tendría que haber destruido y nunca lo hizo. Cuando los agarraron a Severino, Paulino y América en la quinta de Burzaco, la policía confiscó esas cartas y las dejó en el Museo de la Policía, donde Bayer las encontró. En realidad, los familiares donaron al ateneo anarquista de Constitución todos los documentos y archivos personales de América y las cartas están en posesión de una de sus amigas.

–Luego de haber investigado, ¿cómo creen que era vivir un amor a contramano de una sociedad prejuiciosa?

A. G.: –Fue difícil. También en las cartas hay tanta expresión de amor porque era un deseo: no se podían ver. Se veían poco. Era peligroso para ambos verse porque se jugaban la vida los dos. Son cartas que tienen un condimento muy especial y cargado de nostalgia, de amor, de pasión. Hay muchas cartas que tienen mucha pasión, muchos relatos de encuentros fugaces entre ellos...
D. R.: –Y también se contrarrestaban con la violencia, con la acción directa, que es también el juego de la película: el lado romántico de esta relación y, por otro lado, la acción directa de los personajes.
A. G.: –Y tampoco hay que olvidar que ellos, durante un gran tiempo, llevaron a cabo amor e ideal porque estuvieron viviendo en una quinta de Burzaco, donde cultivaban lo que comían, hablaban de no matar animales. Tenían una imprenta para imprimir las propagandas que ellos querían. O sea, no fue algo que lo dejaron sólo en papel, sino que estuvieron viviendo en Burzaco de la forma que pensaban y lo lograron: fueron pequeños modos de vivencia autosuficiente.
 

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