Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 11 de abril de 2013

Haneke, de la crueldad al retrato del amor.



"Amour", la historia de una pareja parisina de ochenta y tantos años que encarnan Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, cuyo largo y feliz matrimonio entra en crisis cuando la salud de la mujer empieza a declinar.

POR LARRY ROHTER - The New York Times



Michael Haneke con Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant en el set de "Amour", un filme sobre una pareja mayor.

En el Festival de Cine de Cannes de este año, donde una película del director austríaco Michael Haneke ganó la Palma de Oro por segunda vez en cuatro años, algunos críticos, y hasta unos pocos de sus colegas cineastas, aseguraron que percibían la emergencia de un Haneke más amable.

El comentario fue notable, dado que durante veinticinco años Haneke ha practicado lo que el autor de un libro sobre el realizador califica de "cine de la crueldad".

En octubre, Haneke, que tiene setenta años, llegó al Festival de Cine de Nueva York para la proyección de su nueva película, Amour, la historia de una pareja parisina de ochenta y tantos años que encarnan Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, cuyo largo y feliz matrimonio entra en crisis cuando la salud de la mujer empieza a declinar.

Cuando se le preguntó a Haneke si Amour anunciaba un nuevo estilo, el director lo desmintió. "Siempre trato de abordar cada tema que toco con la mayor seriedad y eficiencia posibles", dijo. "Eso significa, por ejemplo, que si hago una película sobre el amor, necesariamente va a ser más tierna que si hago un filme en el que se representa la violencia en los medios, como Juegos sádicos", uno de sus trabajos más polémicos, que dirigió en alemán en 1997 y luego en inglés en 2008.

"Me voy a sentir muy feliz si en algún momento la gente dice: `Michael se ha vuelto más inteligente y suave con la vejez’", afirmó. "Pero tendremos que esperar a ver cómo es mi próximo proyecto".

Antes de Amour (que este otoño ¬boreal¬ tuvo un estreno global y que se estrena el 19 de diciembre en los Estados Unidos), Haneke había abordado una serie de temas difíciles y hasta desagradables. Su debut en 1989 con El séptimo continente versa sobre una familia que se suicida, mientras que La cinta blanca presenta el patriarcado opresivo en un pueblo alemán en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

"Es el maestro de la representación de la crueldad pero adopta una posición ética" contra la impiedad, la violencia y las traiciones que le gusta representar, a veces con un detalle escalofriante, dijo Oliver C. Speck, autor de "Cuadros sádicos: Los conceptos fílmicos de Michael Haneke" y profesor de estudios cinematográficos de la Virginia Commonwealth University de Richmond, Virginia.

Trintignant, que tiene ochenta y un años e hizo Y Dios creó a la mujer con Brigitte Bardot en 1956, señaló: "He trabajado en más de 135 películas, y para mí Michael Haneke es en la actualidad el mejor director del mundo". En sus películas, Haneke parece disfrutar de jugar con las expectativas del público y las convenciones cinematográficas.

En Juegos sádicos, cuando la protagonista dispara contra uno de los intrusos que torturan a su familia y parece que está a punto de escapar, el otro atacante toma un control remoto y rebobina la película para evitar que eso pase. "Como público, queremos un cierre; queremos que todo se represente de forma fluida, sin que queden preguntas abiertas", dijo Speck.

"Pero él se asegura de que entendamos que no puede representarse la totalidad y de que, si alguien dice que se puede, se trata de un mentiroso o de un fascista". Otro elemento habitual es su tendencia a usar los mismos nombres para sus personajes: George, Anne y Eva.

Atribuyó la repetición en parte al hecho de que "observo el mismo entorno y la misma clase social" ¬la alta burguesía europea¬, "que es la clase de donde procedo".

A la pregunta sobre la unificación de temas en su trabajo, contestó: "En mi trabajo trato de crear un diálogo en el cual quiero provocar a los destinatarios, estimularlos a usar su propia imaginación. No digo las cosas que éstos quieren escuchar, no halago su ego ni los reconforto coincidiendo con ellos. Tengo que provocarlos, tomarlos tan en serio como me tomo a mí mismo".

"Cuando veo una película o leo un libro, lo que espero es eso, que se me tome en serio. Quiero que se me lleve a cuestionarme, a poner en duda cosas que pienso que sé".


Fuente: Revista Ñ, 28 de noviembre de 2012.

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