Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Maestros del terror: Boris Karloff

BORIS KARLOFF (1887-1969)

Legendario intérprete del cine de terror, William Henry Pratt (nombre real de Boris Karloff) nació el 23 de noviembre de 1887 en Camberwell, Londres
(Inglaterra), en el seno de una familia numerosa, siendo el más joven de ocho hermanos.




Muy aficionado al teatro, Karloff abandonó la carrera diplomática para la que se estaba preparando (su padre era diplomático en la capital inglesa), y se marchó a Canadá a los 21 años para intentar buscar fortuna en el mundo de la interpretación.

En Ontario se unió a una compañía teatral, momento que aprovechó para cambiar su nombre real por el de Boris Karloff. Para sufragar los gastos más cotidianos Karloff comenzaría también a trabajar de bracero en una granja, mientras poco a poco iba afianzándose como actor teatral, generalmente interpretando papeles secundarios, girando por diversas compañías por todo el territorio norteamericano.
En 1916 logró debutar en el cine como figurante en "The dumb girl of Portici", una película protagonizada por Anna Paulova y Rupert Julian.

Durante un tiempo no tuvo suerte como intérprete y estuvo sin encontrar trabajo ni en el cine ni en el teatro.
Halló finalmente un puesto de camionero que compaginó con breves apariciones en películas de la Universal. Durante la época del cine mudo, Boris Karloff intervino en numerosos títulos, siempre como secundario, siendo una de sus películas más destacadas la versión de "El último de los mohicanos" (1920), dirigida por Clarence
Brown y Maurice Tourneur.

La llegada del cine sonoro sería un punto a favor de Karloff. Aunque ahora mismo y visto los personajes que lo caracterizan en su filmografía
más básica, puede ser contemplado como un hombre tosco y temible, Boris era todo lo contrario: afable, simpático, cordial y muy culto, refinado y profundo en la modulación de su expresión oral, lo que facilitó su asentamiento en papeles de más
cuerpo a comienzos de los años 30.


Su recordado papel de Frankenstein

Su debut en el cine hablado fue con "The Unholy Night" (1929), un film dirigido por Lionel Barrymore. Con la película de Howard Hawks, "El Código Penal" (1931),
Boris Karloff perdió el anonimato entre el público. El mismo año de "El Código Penal", un actor de origen húngaro llamado Bela Lugosi había conseguido el
superestrellato personificando al Conde Drácula en una película dirigida por Tod Browning para los estudios Universal.

El éxito del film provocó la recuperación de mitos literarios y legendarios de terror por parte del famoso estudio. James Whale quería filmar una
adaptación de la novela de Mary Shelley, "Frankenstein" (1931), y deseaba a Bela Lugosi para el papel de monstruo.
Lugosi rechazó el papel alegando que no le interesaba aparecer sin diálogos y totalmente maquillado, ya que no le reconocerían sus fans. Whale pensó en Karloff, que aceptó sin dudarlo poniéndose en manos del experto en maquillaje Jack
Pierce.

El arte de Pierce, la impresionante creación de Boris Karloff y la realización de Whale consumaron una obra maestra que hizo de Karloff uno de los rostros más populares de los años 30 dentro del género de terror y actor fetiche para la
Universal.

La década resulto memorable para Boris dentro y fuera del cine terrorífico. "Sed de escándalo" (1931) de Mervyn Leroy, "Scarface" (1932) de Howard Hawks, "La máscara de Fu-Manchú" (1932) de Charles Brabin, "La Momia" (1932) de Karl Freund, "El caserón de las sombras" (1932) de James Whale, "El gato negro" (1934) de Edward G. Ulmer, "La Patrulla Perdida" (1934) de John Ford, "La casa de los Rothschild" (1934) de Alfred Werker, "Horror en el cuarto negro" (1935) de Roy William Neill, "La novia de Frankenstein" (1935) de James Whale, "El Cuervo" (1935) de Lew Landers, "Charlie Chan At The Opera" (1936) de H. Bruce Humberstone, "El hombre que trocó su mente" (1936) de Robert Stevenson, "Los muertos andan" (1936) de Michael Curtiz, "Son of
Frankenstein" (1939) de Rowland V. Lee o las entrañables (aunque irregulares) películas de Mr. Wong son algunos de los títulos más importantes que Boris Karloff
protagonizó en los años 30.

Con Bela Lugosi hizo pareja en diversos films en este decenio: "El gato negro" (1934), "El cuervo" (1935), "El poder invisible" (1936) y "Son of Frankenstein" (1939).
Posteriormente coincidirían de nuevo en "Black Friday" (1940),"El castillo de los misterios" (1940) y "The Body Snatcher" (1945).

Respecto a su vida amorosa, por esa época las parejas sentimentales en la vida marital de Karloff ya habían sido cuatro: Olive Wilton, Montana Laurena Williams,
Helen Vivian Soule y Dorothy Stine. Con Stine tuvo a su única hija, a la que llamó Sarah. En 1946 encontró la estabilidad al lado de Evelyn Helmore.

En los años 40, 50 y 60, Boris Karloff continuó trabajando a destajo, tanto en el teatro (donde estrenó "Arsenic and old lace"), como en el cine y la televisión.
Muchas producciones de esa época eran de bajo presupuesto lo que no impidió que se convirtieran en estimables trabajos. Sus mejores títulos fueron "La zíngara y los monstruos" (1944) de Erle C. Kenton, "La isla de los muertos" (1945) de Mark Robson, "The Body Snatcher" (1945), "Bedlam" (1946) de Mark Robson, los
tres últimos producidos por el gran Val Lewton, "La vida secreta de Walter Mitty" (1947) con Danny Kaye, "Los incoquistables" (1947) de Cecil B. De Mille, "El cuervo"
(1963) de Roger Corman, "The Terror" (1964), producido de nuevo por Roger Corman y "La comedia de los horrores" (1964) del magnífico Jacques Tourneur.

Por esa época no cesó de parodiarse a sí mismo en títulos cómicos, como los protagonizados al lado de la humorística pareja Abbot y Costello y también tuvo
tiempo para emplear su espléndida voz en films de animación para televisión como "How The Grinch Stole Christmas" (1965).

Boris Karloff siguió trabajando hasta poco antes de su fallecimiento, despidiendo su impresionante trayectoria artística con la mediocre película "Invasión Siniestra".

Karloff nos dejaba, a causa de un enfisema pulmonar, el 2 de febrero de 1969. Tenía 81 años.



Fuente: Aloha Criticón.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Estrellas en el cielo: James Whitmore

Un rostro muy habitual del cine bélico

Por JAVIER MEMBA

Si la versatilidad cuenta entre los méritos de un actor de reparto, James Whitmore fue grande como pocos. El popular intérprete de Hollywood falleció el viernes a consecuencia de un cáncer de pulmón.
El espectro de personajes que encarnó entre el altivo chimpancé que presidía la asamblea de El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) y el presidente Theodore Roosevelt de Bully (Peter H. Hunt, 1975) es tan amplio, que tienen cabida en él tanto el estafador triste de La jungla de asfalto (John Huston, 1950) como el policía abrumado por los delitos cometidos por su hijo en Brigada homicida (Don Siegel, 1968).


Entre presidentes y sargentos -su creación de Truman en Give'em Hell, Harry (Steve Binder, 1975) fue merecedora de una nominación al Oscar-, Whitmore deja en sus seis décadas de actividad profesional toda una galería de tipos memorables.

Nacido en White Plains (Nueva York) en 1921, cursó estudios en la Amherst Central High School antes de ingresar en Yale. Se dice que en aquel campus perteneció a los Skull and Bones, una de las logias universitarias que han dado más prohombres a Estados Unidos. Sin embargo, habría de ejercer una mayor influencia el futuro de Whitmore su servicio en los Marines durante la Segunda Guerra Mundial. Ya acabado el conflicto, se subió por primera vez a los escenarios de Broadway. Su creación del sargento de Command Decision, un drama de William Wister Haines que fue estrenado en 1948, le valió a Whitmore un Premio Tony.

La admiración despertada en Broadway no tardó en catapultarle a Hollywood. Sus comienzos en el cine no pudieron ser más esplendorosos. Tras debutar en la gran pantalla dando vida al George Pappas de Relato criminal, una maravilla dirigida por el gran Joseph H. Lewis en 1949, Whitmore -a buen seguro recordando a los suboficiales que conoció en los Marines- dio vida a un sargento que mascaba tabaco falto de munición y, con los pies congelados, se enfrentaba a los panzers alemanes defendiendo Bélgica: el Kinnie de Fuego en la nieve (1949). Debida al talento del gran William Wellman, fue aquélla una de las mejores cintas bélicas que se recuerdan.De hecho, habría de dar un nuevo rumbo al género, además de valerle a Whitmore un Globo de Oro.

No obstante, ya en los años 50, la filmografía del actor discurrió entre algunos de los mejores títulos de la ciencia ficción -fue el sargento Ben Peterson de La humanidad en peligro (Gordon Douglas, 1954)- y el musical -cumple evocarle como el Andrew Carnes de Oklahoma (Fred Zinnemann, 1955)-. Sin olvidar sus siguientes aportaciones al bélico en Más allá de las lágrimas (Raoul Walsh, 1955) o al western en La última frontera (Anthony Mann, 1956).

Corpulento y simpático, constante en sus afanes pese a las inquietudes que agobiaban a sus personajes, James Whitmore fue un verdadero actor de carácter que llegó a colaborar incluso con Igmar Bergman, encarnando al predicador de El huevo de la serpiente (1977).

Su carrera televisiva, que se prolonga desde comienzos de los años 50 hasta un episodio de CSI emitido en 2007, fue merecedora de un Emmy en 2002 por su trabajo en The practice. Con anterioridad, participó en series tan destacadas como Bonanza, El virginiano o Los invasores.

James Whitmore, actor, nació en 1921 en White Plains (Nueva York, EEUU) y murió en California el 6 de febrero de 2009.



Su recordado papel en "El planeta de los simios"

James Whitmore nos ha dejado

10 de Febrero de 2009

En ‘Crimen en las calles’ de Don Siegel, John Cassavettes daba vida
a uno de esos chicos con futuro prometedor que echan su vida a
perder yendo por el sendero de la delincuencia, mientras un adulto
preocupado por él intenta encauzarle por el buen camino. James
Whitmore daba vida a ese personaje en una de las películas que más
me han impresionado.

Eterno secundario, comenzó su andadura en la
magistral ‘Relato criminal’ de Joseph H. Lewis, cinta de cine negro,
género en el que Whitmore hizo muchas interpretaciones, siempre en
roles secundarios (‘La jungla de asfalto’ de Huston es un ejemplo).
También protagonizó el clásico de Sci-Fi de Gordon Douglas, ‘La
humanidad en peligro’, inolvidable cinta en la que unas hormigas
gigantes amenazan la existencia del ser humano.

A mediados de los 50 compaginó sus trabajos cinematográficos con sus
incursiones (cada vez más asiduas) en el mundo televisivo. En 1994
tuvo un papel en un film muy admirado, "Sueños de libertad"(¿quién no
se acuerda de Brooks Hatlen en libertad dando de comer a unas
palomas mientras echa de menos a su pájaro?). Su peculiar rostro,
lleno de arrugas incluso en su juventud, es de los que no se
olvidan, emanando humanidad y sencillez en todo momento.
Whitmore murió el pasado 6 de Febrero en Malibú (California) debido
a un cáncer de pulmón. Tenía 78 años.
Hasta siempre James.

Fuente: Blog de Cine

lunes, 14 de septiembre de 2009

Irene Cara y su emblemàtico papel.

Nació el 18 de marzo de 1959 en Nueva York (USA).
Hija de Gaspar y Louise Escalera, tiene dos hermanas y dos hermanos. Desde su
más tierna infancia estuvo vinculada al teatro ya que a los 5 años debutó en un
musical de Broadway. Con 8 años grabó su primer LP navideño y a los 10 participó
en diversas obras del Off-Broadway.


Su debut televisivo se produjo con el culebrón "Love of Life", participando
durante toda una temporada (1970-71). Al año siguiente obtuvo un papel
secundario en la sitcom "The Electric Company", junto a Bill Cosby, Rita Moreno
y Morgan Freeman. Tan sólo participó en la primera temporada, encarnando a Iris,
componente de un grupo musical llamado Short Circus.

Su primera película fue el drama romántico "Aaron Loves Angela" (1975), luego
participó en la miniserie "Raíces: la nueva generación" (1979) y en el telefilm
"La tragedia de Guyana" (1980).



Su papel más emblemático llegó en 1980, encarnando a Coco Hernandez, la
estudiante de la "Escuela de Altos Estudios Artísticos de Nueva York" en el
exitoso musical dramático "Fama" de Alan Parker. Para la banda sonora de este
film grabó dos singles: la emblemática y discotequera "Fame" (todo un himno
generacional de principios de los 80) y la balada " Out Here On My Own", ambos
temas fueron superventas y le valieron dos candidaturas a Grammys como Mejor
nueva artista y Mejor vocalista pop, también logró una nominación a los Globos
de oro en el apartado de Actriz de comedia o musical.

Cuando en 1982 "Fama" se convirtió en una serie televisiva, rechazó intervenir
en ella y el papel de Coco lo encarnó Erica Gimpel (actriz de gran parecido
físico con Irene). Ese mismo año intervino en el telefilm "Sister, Sister",
junto a Diahann Carroll. Posteriormente grabó su primer álbum, titulado "Anyone
Can See".




En 1983 fue la compositora (junto a Giorgio Moroder y Keith Forsey) e intérprete
de la canción "What a Feeling", perteneciente a la banda sonora de la exitosa
"Flashdance". Este tema ayudó notablemente a convertir al film en un éxito, y se
convirtió en todo un hit que se mantuvo 6 semanas en el número uno de las listas
de ventas norteamericanas. Esta canción reportó un aluvión de premios a los tres
compositores: un Oscar a la mejor canción (un galardón algo discutible teniendo
en cuenta que otra de las nominadas era el estupendo tema "Over You" de "Gracias
y favores"), un Globo de oro y un Grammy.

Sus siguientes trabajos como actriz fueron más que discretos. Intervino en la
comedia de acción de Joel Schumacher "D.C. Cab" (1983) al lado de Mr T. y un año
más tarde tuvo un papel secundario en la comedia de Blake Edwards "Ciudad muy
caliente", junto a Clint Eastwood, Burt Reynolds y Richard Roundtree, encarnando
a la novia de este último. A estos films siguieron otros títulos irrelevantes de
bajo presupuesto como "Certain Fury" (1985) y "Busted Up" (1986).
Fue también en 1985 cuando retomó su carrera como cantante haciendo diversas
actuaciones en Atlantic City, así como en programas televisivos europeos,
sudamericanos y japoneses.

En 1986 se casó en segundas nupcias con el especialista de cine Conrad E.
Palmisano, de quien se divorció en 1991.

En 1987 lanzó el disco "Carismatic", por el que entró en juicio por desacuerdos
económicos con sus managers (ocho años más tarde logró una sentencia favorable y
recibió un millón de dólares).



En 1989 interpretó la canción "Love Survives" pertenciente a la banda sonora de
la película de animación "Todos los perros van al cielo" de Don Bluth.
A principios de los 90 realizó sus últimos trabajos como actriz, participando en
la película serie B "Caged in Paradiso" (1990) y realizando labores de doblaje
en las producciones animadas "Die Abenteuer von Pico und Columbus" (1992) y
"Happily Ever After" (1993).

Durante el resto de la década de los 90 se retiró del mundo del espectáculo.
Regresó en 2000 cuando se unió a DJ Bobo, para grabar una versión dance de "What
a Feeling" que funcionó muy bien a nivel europeo. Un año más tarde fundó su
propio grupo llamado "Hot Caramel". En 2003 participó en el especial televisivo
"The Disco Ball - A 30 Year Celebration", donde volvió a interpretar sus
antiguos éxitos. Últimamente ha intervenido en otros programas musicales
similares, como lo demuestra su participación en 2005 en "Hit Me Baby One More
Time".


Fama e Irene Cara, un vinculo emblemàtico



Fama (en inglés "Fame"), es una película del año 1980 dirigida por Alan Parker,
de Estados Unidos, en la que se relata la vida de un grupo de alumnos de la
escuela de Arte de Nueva York. Logró el hecho sin precedentes en la historia de
los Premios de la Academia que dos canciones de una misma cantante y una misma
película fueran nominadas en la misma edición para el Oscar a la Mejor Canción
Original. Las nominaciones fueron para Out here on my own y Fame, ambas
interpretadas por Irene Cara. Esta última, además, se llevó el galardón.

Los personajes principales

Coco (Irene Cara): Era la más ambiciosa,
siempre preocupada porque todo saliera bien. Tenía sus más y sus menos con sus
compañeros pero siempre acababan perdonándola. Era una gran bailarina y poseía
una voz muy dulce.

Leroy Johnson (Gene Anthony Ray): El más rebelde de todos los estudiantes.
Abandonado por su madre, Leroy trata de triunfar en el mundo de la danza.
Bruno Martelli (Lee Curreri: Compositor de música, tienes sus discusiones
con el profesor Shorofsky debido a su afán innovador. Piensa que los
sintetizadores algún día substituirán a la música clásica.
Lydia Grant (Debbie Allen): La exigente profesora de danza......

Premios Oscar

Oscar a la mejor
canción original - "Fame", Michael Gore y Dean Pitchford (ganadora)
Oscar a la mejor banda sonora - Michael Gore (ganadora)
Oscar a la mejor canción original - "Out Here On My Own", Michael Gore y
Lesley Gore (nominados)
Oscar al mejor sonido - Michael J. Kohut, Aaron Rochin, Jay M. Harding,
Christopher Newman (nominados)
Oscar al mejor guión original - Christopher Gore (nominados)
Oscar al mejor montaje - Gerry Hambling (nominados)

Ficha técnica

Dirección: Alan Parker
Producción: David De Silva, Alan Marshall
País: Estados Unidos
Año: 1980
Distribución: Metro-Goldwyn-Mayer,United Artists


Obtenido de: "http://es.wikipedia.org/wiki/Fame"
Obtenido de: La Coctelera, 11 de noviembre de 2005

viernes, 11 de septiembre de 2009

Entrevista a Ana Torrent

Entrevistada por Alberto Abuín
16 de junio de 2009



El viernes pasado se estrenó la última película de Elio Quiroga, ‘No-Do’, una apuesta patria por el cine de género de la que ya os hablaré en un futuro post. Con tal motivo, su principal protagonista, Ana Torrent, nos concedió una entrevista. Como bien sabéis Torrent es una de las actrices más prestigiosas de nuestro cine, que empezó siendo aquella niña que miraba fascinada ‘Frankestein’ en ‘El espíritu de la colmena’ de Víctor Erice.

Años después llegó ‘Tesis’, otro punto importante en su carrera, que nos descubría a un director que se convertiría en uno de los mejores del cine español. Luego ‘Yoyes’, probablemente su papel más polémico y por el que ha recibido excelentes críticas. Ana Torrent reparte su tiempo entre Nueva York y nuestro país. Nos hubiera gustado que se extendiera un poco más en las respuestas (prácticamente son telegráficas) pero desde aquí le agradecemos la molestia y le deseamos lo mejor.




En ‘Tesis’ destacaste por tu gran trabajo en una cinta de género, ahora con ‘No-Do’ volveremos a verte en una cinta de terror, ¿te sientes cómoda en él?

Tesis es más bien un thriller y No-Do es una película de terror. En ambas películas me he sentido cómoda, sobre todo gracias a los dos directores.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Elio Quiroga? Y viajando un poco en el tiempo, ¿y con Carlos Saura y Víctor Erice?

Trabajar con Elio ha sido un descubrimiento. Es una persona estupenda, que transmite mucha tranquilidad y con muchísimo talento que no se le ha reconocido hasta ahora.

Con Saura y Erice tengo sobre todo recuerdos personales.

¿Crees que el cine de género y en concreto el de terror está siendo uno de los mejores escaparates del cine español reciente?

Creo que sí, se está haciendo mucho cine de esté género y de mucha calidad.

Has trabajado en ‘Las hermanas Bolena’ una producción made in Hollywood, y resides habitualmente en Nueva York, ¿te gustaría trabajar más en el cine americano o seguir haciendo cine en España?

Me gusta trabajar donde se me ofrezca una buena película y un buen personaje.

¿Qué opinas de la actual situación del cine español?

Este año, como todo, la situación no está muy bien. No hay mucho movimiento

¿Crees que la televisión española es una buena cantera para el cine de este país, o que por el contrario sólo ofrece actores muy televisivos?

Creo que hay actores con bastante talento en el mundo del cine y en el mundo de la televisión. Además del talento, sobre todo se aprende trabajando y ahora mismo donde hay más trabajo es en la televisión.

¿Cuáles son las actrices de nuestro cine a las que más admiras?

Hay muchas actrices a las que admiro, pero si me pides que te diga un nombre, te podría decir Verónica Echegui, que es de las actrices jóvenes que más me gustan.

¿Y el director?

Me gustan muchos directores y me gustaría trabajar con Alex de la Iglesia.




¿Qué esperas de ‘Ágora’?

Otra buena película de Alejandro.

¿Cuál ha sido tu papel más difícil, y el que te ha salido más natural?

El más difícil seguramente Yoyes y natural, no sé, todos los papeles los tengo que preparar bastante.

¿Qué es lo más complicado de ser actriz en España?

Que a veces, nuestro trabajo no se respeta demasiado

¿Las últimas películas internacionales que más te han gustado?

La última película que he visto ha sido “The visitor” y me encantó.

¿Cuáles crees que son tus principales virtudes como actriz? ¿Y defectos?

Nunca los confesaría en alto, jajaja

¿Qué supuso para una niña de 6 años trabajar en El Espíritu de la Colmena?

Supuso mi descubrimiento del mundo del cine y como niña entrar en un mundo de magia.

¿Marcó mucho tu carrera como actriz?

Muchísimo, ya que fue una gran película.

¿Qué proyectos futuros tienes?

Ahora mismo me encuentro rodando la serie de TVE “U.C.O”

¿Qué le falta al cine español? ¿Es marketing?

Le falta marketing y buenas historias.

¿Por qué se apuesta tan poco por los jóvenes directores españoles, habiendo una cantera tan buena? ¿Y por qué muchos fracasan cuando dan el salto al largo?

Con la situación que hay ahora mismo realmente no se apuesta por nadie.

¿Cómo ves que los jóvenes directores españoles hayan decidido dar el salto y rodar películas americanas?

Me parece muy bien.




¿Qué piensas sobre que muchas películas se lleguen a conocer gracias a la mal llamada piratería, películas que de otra manera seguramente ni se conocerían?

Ahora mismo es muy difícil controlar el mundo de la piratería, habría que regularlo de alguna forma, de todas formas, si alguien tiene interés en ver una película irá al cine. También, los precios de las entradas son bastante altos.

Volviendo a ‘No-Do’, ¿crees que cierto sector religioso puede molestarse por la película al verla como algo más que una película de terror?

Creo que no, ya que parte de la película está basada en hechos reales y parte es ficción.

En el tráiler, por cierto excelente, te vemos gritar varias veces, ¿prefieres personajes más calmados o te gusta desmelenarte?

No entiendo mucho la pregunta, no es lo mismo gritar que desmelenarse, jeje.

Y por último, tras casi cuatro décadas dentro del cine español, y con la perspectiva del tiempo y la experiencia adquirida a lo largo de todo ese tiempo, ¿Cómo percibes la evolución de nuestro cine? ¿Hay algo que te moleste especialmente, o que te guste, o casi nada ha cambiado desde entonces?

Esta es una pregunta demasiada amplia para resumirla en un par de líneas.

Muchas gracias por tu tiempo, y un abrazo muy fuerte.


Fuente: Blog de cine, 16 de junio de 2006

martes, 8 de septiembre de 2009

La pelìcula olvidada: El Testaferro, de Martin Ritt

Woody Allen, cajero, impostor y héroe.

Entre las películas que estuvieron vedadas durante mucho tiempo al público argentino, figura “El testaferro”, de Martin Ritt, donde el gran Woody Allen circunscribe sus responsabilidades en el film al área meramente interpretativa. Compone el personaje de un oscuro cajero de restaurant convertido en falso y exitosísimo escritor, al firmar los libretos de un amigo suyo perseguido por el maccarthismo.





En su búsqueda constante de nuevas formas de expresión –índice no solo de un sano disconformismo sino también de la necesidad de quebrar moldes que pudieran tornarse esquemáticos- el talento de Woody Allen significa para el público una permanente caja de sorpresas. Luego de la brillante etapa cómico satírica, donde se imponía el histrionismo del actor-director (Bananas, Sueños de un seductor, La última noche de Boris Gruschenko, Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo…, Robo, huyo y lo pescaron), derivo a introspecciones valiosas como Dos extraños amantes, o deslumbrantes en su rigor: Interiores. En Manhattan, nuevamente su calidez e imaginación de realizador le ganaron encendidos elogios.

De alguna manera, quedaba atrás el intérprete. Simplemente, el intérprete, obediente en el acatamiento a un guion ajeno, a una dirección ajena. Desde Casino Royal –su revelación- Allen no había vuelto al rango de “soldado raso” en una producción cinematográfica. Sin embargo, ahora acepto serlo en “El testaferro” (The front), un film de Martin Ritt, con libro de Walter Bernstein, que se atrevió a dar un salto hacia el pasado para ubicar la acción, en la época de las famosas “listas negras” que se confeccionaron a inspiración del senador McCarthy. Precisamente, Woody Allen compone aquí el papel de Howard Prince, un oscuro cajero de restaurant en Nueva York, que “por debajo del mostrador” acepta apuestas llegadas para eventos deportivos.

De pronto, su vida se modifica en forma vertiginosa cuando su amigo Alfred Miller (Michael Murphy) –un escritor que ha sido incluido en la lista negra- le propone presentar libretos suyos para la televisión pero firmados con el nombre de Howard.

Este transa con el loable propósito de ayudar a su amigo, y los libretos son de inmediato aceptados. Prince debe presentarse en la emisora, donde conoce a la figura del programa, Hecky Brown (Zero Mostel), a la “scrip”, Florence Barrett (Andrea Marcovicci) y al productor Phil Sussman (Herschel Bernardi). La serie se convierte en un gran éxito y, desde luego, se le piden a Howard Prince más y más guiones. Llega una súbita celebridad, Florence se enamora de él, cautivada por su sensibilidad de escritor y Howard se enfunda complacido en los halagos de su falsa personalidad.




Sin embargo, el maccarthismo ha puesto sus ojos en el, como asimismo sobre el conductor del programa, Hecky Brown. Este último es colocado en la lista negra, pierde su trabajo y buscando una vía de escape, se transforma en delator, consiguiendo información que implique también a Howard. El desenlace es dramático; Hecky se suicida cuando sabe que Howard es citado a declarar ante el Comité de Actividades Anti norteamericanas y el falso escritor es abandonado por Florence. En plena crisis, Prince intenta recuperarla, le confiesa su impostura, pero es demasiado tarde. Howard comprende que solo podrá redimirse ante esa mujer con un acto de supremo valor. Y en el final de la película, el testaferro se erige en héroe.

El mismo Woody Allen explico que acepto un trabajo donde solo debía asumir responsabilidades interpretativas porque admira al director Martin Ritt, porque entendió que el guion de “El testaferro” era valioso y porque siente el tema del film como muy importante para la juventud que no conoció aquel periodo signado por la influencia de McCarthy.


Cinco años después de su rodaje, la censura argentina autorizo la exhibición de “El Testaferro”

“Reconozco que en mi infancia hubo tramos desoladores”, dice Woody Allen, tratando de explicar su ánimo y la relación de este con sus personajes, y agrega: “A veces caigo en estados melancólicos y es posible que algunos personajes dramáticos me sirva de catarsis. “Entre esos personajes dramáticos figura, en parte, el que Woody compuso para “El testaferro” (originalmente titulada The Front), un film que no dirigió el sino el veterano Martin Ritt y que tampoco cuenta una historia del propio Allen, ya que el libro pertenece a Walter Bernstein.

En realidad, no se trata de un material novedoso… para los conocedores o especialistas. Si para el público. ¿Por qué esa diferencia? No es difícil imaginar que, si una película en la que Woody Allen desempeña un rol protagónico (aunque no la haya dirigido) pasa cuatro o cinco años en lista de espera, sin estrenarse, es porque estaba objetada. Y si, The Front no se podía ver en la Argentina. Ahora se ha autorizado y –caso curioso- será la segunda película de Martin Ritt que obtiene el “nihil obstat” en una semana (la otra película de Ritt autorizada por esos días es, huelga decirlo, “Norma Rae”.





Cuando el talento debe disfrazarse

Crítica de Jorge Miguel Couselo

El director Martin Ritt se vale de la ironía para una crítica al maccarthysmo que hizo estragos en el mundo del espectáculo norteamericano. Sobre todo en diálogos filosos que revelan las tácticas intimidatorias que uso entre actores e intelectuales, “El testaferro” interpretado por Woody Allen no fue único y salvo a algunos de la desesperación.

De 1951 a 1958 el escritor Walter Bernstein, guionista de esta película, anduvo en eso de buscar testaferros que firmaran sus libretos destinados a la televisión. Estaba prohibido como consecuencia de la campaña represiva iniciada por el senador republicano Joseph McCarthy.

No fue el único en la pantalla chica o en el cine. El director Martin Ritt, y los actores Zero Mostel y Herschel Bernardi, entre otros créditos del film, integraron la lista negra confeccionada por el Comité de Actividades Anti norteamericanas y prestigiada por nombres como Charles Chaplin y Arthur Miller.

Aquella famosa caza de brujas pudo ser abordada desde la abierta protesta al reportaje de detallada fidelidad histórica. Pero Martin Ritt y Walter Bernstein prefirieron la ironía. Esta parte de un enfoque pequeño, casi ridículo. El hombrecito que muy bien interpreta Woody Allen pasa de humilde cajero y pasador de juego a personaje.

Ese rasgo exterior se lo adjudica la televisión para la cual el no cumple otro cometido que firmar y cobrar los guiones que los prohibidos no pueden suscribir. Como casi siempre suele ocurrir, los prohibidos son los mejores, de ahí el prestigio prestado de que se rodea el antihéroe.

Puestas ya en evidencia las tácticas intimidatorias que el Comité uso para presionar a artistas e intelectuales, hasta incitándolos a la delación (“es un honor ser espía de la libertad” se proclama), las cosas derivan a mayores. Debatiéndose entre el miedo, la tentación de ser confidente y la miseria, un actor se suicida. Es el único momento marcadamente patético del film, merced al extraordinario Mostel, que moriría en la vida real en seguida.

También en la mira policiaca, el testaferro no escapara a la sospecha de subversivo. De cómo reaccionara la nueva víctima depende el desenlace. No es licito aventarlo sino recalar la eficacia humorística del guion para hacerlo creíble e impactante en la figura de Allen.

Puede objetársele al conjunto una visión limitada de un ciclo intolerante cuya magnitud fue desgraciadamente extraordinaria en Estados Unidos de posguerra, con influencias y malos ejemplos hacia el exterior. A la vez no es poco que la sátira desempañe el espejo donde se han mirado los represores que en el mundo continúan. El acierto general es más de idea y libro que de realización. Los filosos diálogos, diciendo o insinuando, pesan sobre todo.

En la Argentina “El testaferro” estuvo prohibida durante cinco años.

Ficha Tecnica

Titulo original: The Front
Dirección: Martin Ritt
Ayudante de dirección:Peter R. Scoppa
Producción: Robert Greenhut, Jack Rollins, Lester Persky, Martin Ritt, Charles H. Joffe
Guión: Walter Bernstein
Música: Dave Grusin
Fotografía Michael Chapman
Montaje: Sidney Levin
Vestuario: Ruth Morley
Interpretes: Woody Allen, Zero Mostel, Michael Murphy, Andrea Marcovicci, Herschel Bernardi, Remak Ramsay
Origen: Estados Unidos
Año 1976
Género Drama, comedia
Duración 95 min.

Fuentes: Diario Clarin, Espectaculos, 30/9/79, 24/1/82 y 26/2/82

jueves, 3 de septiembre de 2009

Cineastas de hoy: Albertina Carri, todo menos la paz del campo

Situado en el interior de Buenos Aires, el nuevo film de la directora de “Los rubios” pone en pantalla “la naturalización de la violencia” rural.

Entrevista de Ida Mogones



Albertina Carri, junto a Lucrecia Martel y Celina Murga, es una de las hijas dilectas de aquel fenómeno que hace diez años recibió el mote de “nuevo cine argentino” y del que recién ahora –con la aparición de una nueva camada de realizadores- comienza a establecer cierta perspectiva crítica. Si “Pizza, birra, faso” de Stagnaro y Caetano es estudiada hoy como la punta de lanza que habilito la posibilidad de hablar de la avenida de una generación singular, “Los rubios” (2003), de Carri –aun con las polémicas que suscito- encarna tal vez el mayor ejemplo de cine político de reciente factura. Si en esa película se abordaba el tema de la identidad desde una traza documental alejada de los lugares comunes acerca de las víctimas de la represión ilegal de los setenta, la producción de Carri continuo signada por la apropiación de la violencia como temática casi central. Si “Géminis” (2005), se centraba en una familia disfuncional que arrastraba a sus vástagos al incesto, “La rabia” viaja al interior de la provincia de Buenos Aires, donde el campo (como un paisaje casi abismal) atraviesa la vida de dos familias instaladas entre el ímpetu furioso de la animalidad y una brutalidad que nada les debe a los animales, por ser genuinamente humana.




¿La idea de violencia ligada a la infinitud del campo fue seminal al hacer el guion del film?

Si, por eso se llama “La rabia”, la película. Primero que nada apareció el titulo. Siempre fue una película sobre el campo, pero sobre todo acerca de la idea de rabia como contagio, no solo como estado de furia.




¿Cree que hay una tradición en el cine argentino que utiliza el campo como símbolo y reservorio de violencia?

No creo que exista una tradición en ese sentido, más bien al contrario. Hay si una tradición que muestra un campo más costumbrista. En “Detrás de un largo muro” de Lucas Demare, 1958, por ejemplo, aparecía esa idea de la corrupción vinculada a la ciudad mientras que el campo era visto como depósito de la nacionalidad, inclusive a partir de la idealización del gaucho.

Muy diferente del campo que usted describe…

No creo que exista una dicotomía entre el hombre de campo y el de ciudad, como si unos fueran los buenos y los otros, los malos. Utilizo ese escenario donde se tiene un contacto con la muerte y con la sangre, en fin, con la naturalización de la violencia como metáfora de nosotros mismos, independientemente del lugar donde vivamos.

¿Qué cree que separa a esta película de “Géminis”? En las dos aparece el campo…

Formalmente son muy distintas. Además, cada una retrata una clase social distinta, “Géminis”, es una película más formal desde la puesta, hay un trabajo sobre la mirada dentro de la cámara y los movimientos de vestuario. “La rabia” apuesta a cierta indagación entre lo ficcional y lo documental, aunque no es una película que trabaje el realismo para nada.




No obstante, tiene escenas muy realistas…

Si. Pero más allá de las escenas documentales en sí mismas –la de la muerte del cerdo, podría ser una- hay escenas profundamente ficcionales que tienen una observación que desde la puesta están narradas desde un lugar muy documental.

La composición del protagonista, Javier Lorenzo, resulta excepcional. ¿Cómo se le ocurrió trabajar con un actor cuyo “physique du rol” se aleja tanto de lo que suele entenderse como el estereotipo del gaucho?

Yo quería para el personaje de Pichón, encontrar un actor que pudiera hacer más bien de un gaucho maula que pudiera relacionarse con Hormiga Negra (protagonista del folletín de Eduardo Gutiérrez), incluso pequeño físicamente. Cuando llegamos al rodaje el equipo se sorprendió muchísimo al encontrarse con que Javier iba a hacer de Pichón, porque él se aleja de lo que la convención entiende por “masculino”. Debía ser un actor que estuviera dispuesto a jugar con eso. A contradecir lo que a priori se espera de él.

¿Pudo hacer ya un balance de las reacciones del público frente a la película?

La gente queda como congelada, un poco en shock. Es una película destinada a incomodar, me parece. En ese sentido, esta un poco relacionada con algún cine de terror. Me parece que no genera miedo, pero si una cierta incomodidad en la visión.

¿Tiene ya desarrollado su próximo proyecto?

Tengo dos, pero no se cual vendrá primero. Uno es un infantil y el otro, una película de terror.





Director:

La rabia (2008)
Urgente (telefilm - 2007)
Géminis (2005)
De vuelta (corto - 2004)
Los rubios (2003)
Fama (corto - 2003)
Barbie también puede eStar triste (corto - 2001)
Historias de Argentina en Vivo (2001)
Aurora (corto - 2001)
No quiero volver a casa (2000)


Guionista:

La rabia (2008)
Urgente (telefilm - 2007)
Géminis (2005)
Los rubios (2003)
Fama (corto - 2003)
Barbie también puede eStar triste (corto - 2001)
No quiero volver a casa (2000)


Producción:

Los rubios (2003)
Barbie también puede eStar triste (corto - 2001)
No quiero volver a casa (2000)


Cámara:

Los rubios (2003)
No quiero volver a casa (2000)


Montaje:

Aurora (corto - 2001)


Asistente de Cámara:

Silvia Prieto (1998)
De eso no se habla (1993)


Fuente: Revista Ñ, numero 36, 10/05/2008