Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Javier Bardem, esencia ibérica

Por Mariel Diez

Si bien hace unos años viene pisando fuerte en Hollywood, Javier Bardem se siente más español que nunca. Considera que el ambiente norteamericano es ruidoso e interesado, y que Madrid es su única casa.


Con 40 años recién cumplidos, Javier Ángel Encinas Bardem se destaca por ser un pionero en casi todos lo que se propone. Nació el 1 de marzo de 1969 en Gran Canaria, y su costado artístico se desarrolló en el seno de su familia, ya que sus abuelos, su madre y sus hermanos son actores. De hecho, su madre fue quien lo llevó en 1980 a participar por primera vez, con un pequeño papel, en una película que ella misma protagonizaba: “El poderoso influjo de la luna”. Sin embargo, Javier es el único de la familia reconocido internacionalmente.

Quizás un motivo por el que es famoso en todo el mundo sea su belleza tosca, que enamora mujeres en los cinco continentes. Tiene la nariz rota debido a un ataque inesperado de un extraño en una discoteca, quien tras preguntarle su nombre lo golpeó y le rompió el tabique. Pero ese infortunio del pasado lo ayudó a tener un perfil más rústico que, junto con el físico privilegiado que ganó tras haber sido jugador de rugby en las inferiores del seleccionado español, lo ayudó a obtener papeles agresivos, como el que tuvo en “Las edades de Lulú”, en la que con solo 19 años interpretó escenas de alto contenido sexual. A partir de ese momento se transformó en el actor fetiche del director Bigas Luna, quien luego lo convocó para “Jamón jamón”, junto a Penélope Cruz, “Huevos de oro” y “La teta y la luna”. Al mismo tiempo otro controversial director puso los ojos en él, Pedro Almodóvar, quien lo dirigió en “Tacones lejanos”, y más adelante en “Carne trémula”, Ganó así un poco más de fama en su tierra natal, y trabajó con otra camada de cineastas españoles; Alex de la Iglesia, en “Perdita Durango”, y Santiago Segura en “Torrente, el brazo tonto de la ley”.


Javier Bardem junto a Penélope Cruz y Salma Hayek

Cruzando el océano

En el año 2000 dio el puntapié inicial para su carrera internacional con “Antes que anochezca”, el film de Julian Schnabel que lo llevó a trabajar junto a Johnny Deep y que le mereció un Oscar como mejor actor. Así se convirtió en el primer español en estar nominado a los premios de la Academia y con ello puso su nombre en el mapa cinematográfico mundial.

Sin embargo, esta primera experiencia Hollywoodense no fue de mucho agrado para él. Previo a los Oscar, pasó por los Globos de oro y en una entrevista confesó: “No me sentí parte de aquel circo. A los europeos nos sentaron en una mesa apartada de las estrellas, que estaban en primera fila. Era la mesa de los perdedores, pero yo me sentía muy orgulloso. Teníamos platos y cubiertos delante, pero eran parte del decorado, todo mentira. Me costó horrores corromper al camarero para que me trajera algo de comer”. Además, despotricó contra el proceso de premiación porque considera que “los galardones sacan lo peor de uno, la envidia y la ambición del éxito por el éxito. Convierten a compañeros en competidores”. Quizás esa primera experiencia en las grandes ligas norteamericanas no fue tan grata porque él ya se consideraba perdedor: “Tengo muy pocas posibilidades de ganar: soy español y no tengo 18 agentes de prensa trabajando para mí, como Tom Hanks”. Más adelante cambiaría de opinión, al reconocer que gracias a las nominaciones los grandes directores se fijaron en él, incluso uno de sus favoritos, Steven Spielberg. “Tuve el privilegio de entrevistarme con él en su casa durante tres horas. Me temblaban las piernas, porque es una de las personas que más admiro en la profesión. El había visto “Perdita Durango” y me ofreció un papel pequeño que, tal como temía, apenas tenía entidad. Más tarde, me propuso ser el coprotagonista, con Tom Cruise. Era el malo de la película, que se limitaba a perseguir a Cruise por los tejados. Pero le dije que no, y ha sido la decisión más importante que he tomado en mi vida profesional. Lo llamé por teléfono y le dije que no podía hacer ese papel. El me entendió y me contestó que no me preocupase, que ya hablaríamos en el futuro”. Todavía ese futuro no llegó, pero si le llegaron varias ofertas en ese momento, aunque ninguna que despertara su atención: “Los guiones que me ofrecieron no me gustaron nada, como el de “Bajos instintos 2”, por ejemplo. Me ofrecían mucho dinero. Ese es el problema de los Estados Unidos: las cantidades que te pagan son muy difíciles de rechazar. Ver las películas que hacen otros y resulta muy fácil decir que tu nunca las harías. Luego, descubres lo que pagan y, hostias, piensas en cómo podrías ayudar a tu familia y a tus amigos con ese dinero”.





Hacerse un lugar en Hollywood

Así fu como en 2002 trabajo bajo la dirección de John Malkovich en “Pasos de baile”, una película española, y dos años más tarde junto a Michael Mann en “Colateral”. También en 2004 realizó una de las actuaciones más jugadas de su carrera en “Mar adentro”, interpretación por la que le otorgaron la Copa Volpi en el Festival de Cine de Venecia y su cuarto premio Goya como Mejor Actor.

En 2006 trabajo con el director inglés Mike Newell en “El amor en los tiempos del cólera”, basada en la novela homónima de Gabriel García Márquez. Al año siguiente se puso bajo las órdenes de Joel y Ethan Coen en “Sin lugar para los débiles”. Por su papel del asesino Antón Chigurh ganó el BAFTA al Mejor Actor de Reparto y finalmente el Oscar en la misma categoría, siendo, una vez más, el primer actor español que conseguía tal premio. Cuando subió a recibir el galardón su reacción inmediata fue “¡Guau! ¡Esto es para España y para todos nosotros!”, dijo Bardem en castellano, un guiño a los millones de televidentes de habla hispana orgullosos por tener a uno de ellos arriba del escenario del teatro Kodak.




Nuevamente las cabezas voltearon a verlo, pero él continuó sosteniendo su actitud de actor superado al que Hollywood no lo afecta. “No va a haber Oscar en el mundo que pueda cambiar mi trayectoria”, anunció incluso antes de ganarlo, “Pienso seguir como hasta ahora, haciendo películas que tengan algo interesante que decir”. En ese momento de su carrera los medios del mundo lo entrevistaron, y los españoles se pusieron un poquito celosos de que su niño mimado hubiera sido manchado por Hollywood. En una entrevista que dio a la revista de The New York Times publicaron que Javier reclamaba que sus compatriotas estaban en su contra. “Los españoles son duros. Ellos critican mi trabajo y piensan que soy un vendido. Y ante eso lo que quieres decir es: “Parad, sois una pandilla de estúpidos”. A pesar de que en la misma entrevista confiesa que Madrid es su hogar y el lugar donde más cómodo se siente, los ibéricos estaban que trinaban. Tan sólo 24 horas después, Bardem, aclaró que fue un error de traducción y que eso no fue lo que quiso decir. “Debido a la mala interpretación de mis palabras en una entrevista y su eco en los medios de comunicación, quiero aclarar que nunca insulté a la población española. Entre otros asuntos tratados en la entrevista di mi opinión sobre un pequeño grupo de personas indiscriminada e independientemente de lo que haga o diga. Muy al contrario de lo que se ha dicho, yo siento un profundo respeto y agradecimiento hacia la inmensa mayoría de la gente de mi país. Su apoyo y cariño me han ayudado a crecer en mi profesión”.

Coherente con esta posición, se enorgullece de su papel en el último film de Woody Allen, “Vicky Cristina Barcelona”, en el que puede combinar sus dos actualidades: es un film americano, rodado en España. Allí, interpreta a un artista español que vive un romance con una turista norteamericana (Scarlett Johansson) y con su reaparecida ex mujer, interpretada por su compatriota, novia actual y también actriz adoptada por Hollywood, Penélope Cruz. El director confesó que Javier es “el único actor en el mundo que podría haber hecho este papel para mí. Necesitaba un español que fuera sexy sin tener una belleza convencional, pero más allá de eso lo he visto en películas y me pareció excelente. Me encantó trabajar con él, y no sabía que eso podía pasar alguna vez en mi vida”.

Bardem reconoció estar orgulloso de trabajar con el afamado director de “Manhattan” y lo considera una persona excelente: “Cada vez que lo necesité, me dio la respuesta adecuada, una respuesta que me ayudaba a entender que era lo que tenía que hacer. Trabajar con él es como tener joyas en la boca. El diálogo es brillante y sus palabras te ayudan a encontrar la razón de la escena”.

Actualmente el actor terminó de roda “Biutiful”, del mexicano Alejandro González Iñárritu, y está trabajando desde hace varios años en “The Last Face”, en la que interpreta a un médico que trabaja en un campamento en Sudáfrica. Para ello, Javier estuvo hace unos años en Etiopía junto a la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras observando cómo trabajan estos grupos. “Quería comprender como se comportaría un médico en esa situación. Los actores estamos obligados a informarnos sobre el contexto y la esencia de nuestros personajes, sobre todo por el respeto a las personas que interpretamos. Para mí este viaje ha sido un privilegio”. Esperemos ver más de Bardem en el futuro, y que continúe haciendo papeles aquí y allá, para conformar tanto a los americanos, como a los españoles y a todos los hispanoparlantes que siempre esbozamos una sonrisa cuando en el cine entendemos lo que dicen y no necesitamos prestarles atención a las letritas de abajo.

Fuente: Revista Miradas.

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