Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 24 de agosto de 2010

La película olvidada: La novia vestía de negro, de François Truffaut.

'La Novia Vestía de Negro', Truffaut a lo Hitchcock



Las conversaciones que François Truffaut mantuvo con Alfred Hitchcock vienen recogidas en un libro que todo cinéfilo, sea del tipo que sea, debería leer. Un estudio fascinante y entretenidísimo sobre la visión personal de un genio sobre el arte de hacer cine. El director francés tenía al director británico como uno de los más grandes realizadores de todos los tiempos, y resulta curioso que ‘La Novia Vestía de Negro’ es un film típicamente Truffaut, con los temas de siempre, pero retratados desde la perspectiva de un thriller muy cercano al cine de tito Hitch.





En ‘La Novia Vestía de Negro’ se nos narra la historia de una venganza que una mujer lleva a cabo contra los asesinos, por accidente, de su esposo. Uno a uno los irá seduciendo, y uno a uno les hará saber quién es. Una vez más en el cine de Truffaut, la mujer la gran protagonista. Si hay un director en la historia del cine que ha retratado como nadie el espíritu femenino en toda su complejidad, ése no ha sido otro que Truffaut.

Lo más llamativo de la película es la puesta en escena de Truffaut, probablemente la más virtuosa de toda su carrera, cuidada hasta el más mínimo detalle, y muy cercana al cine de su ídolo, Alfred Hitchcock, a lo que también ayuda que la historia a narrar sea un thriller. El director se lo pasa de miedo rodando enormes plano-secuencia cada dos por tres, creando una atmósfera de suspense digna del gran maestro. Y una vez más, la mujer y el amor como eje central de la película. Tal vez argumentalmente la película no esté a la altura de sus logros técnicos, y es que hay ciertos apuntes de guión que se basan demasiado en la coincidencia, como por ejemplo, cómo se produce la muerte del marido de la protagonista. Que tal vez la película pretenda comunicar que todo es producto de una fatal casualidad, pero queda poco convincente.





Otro de los elementos que acercan esta película al cine de Hithcock es que la banda sonora está compuesta por el gran Bernard Herrmann, habitual colaborador del director inglés en los años 50 y 60. De hecho hay momentos en los que se tiene la maravillosa sensación de estar visionando un film de Hitchcock. El compositor ya había colaborado con Truffaut en la obra maestra ‘Fahrenheit 451’, realizada dos años antes.

La estrella absoluta del relato es la excelente Jeanne Moreau, revelándose como una auténtica camaleona en sus distintas representaciones. Una Moreau de 40 años, totalmente entregada, resultando a la par fascinante y provocativa, peligrosa y atrayente, algo totalmente lógico ya que Truffaut nos ofrece una nueva visión de la femme fatale, a pesar de ser una mujer víctima del desamor más horripilante de todos, que tu pareja muera. Algo que nos hace estar de su lado desde el principio, pero que poco a poco se va perfilando una transformación en el personaje realmente llamativa proponiendo incluso algunas cuestiones morales de lo más diverso. ¿Está bien o mal lo que ella hace? ¿Cuántos seríamos capaces, o tendríamos ganas, de hacer lo mismo? Truffaut se dedica por completo a ella, y ella a él, notándose tan perfecta química en pantalla.





Una película muy buena, de lo mejor filmado por su autor, donde por si no queda claro en films anteriores, queda perfectamente expuesto su amor y admiración por el cine americano, al que rinde homenaje en esta película de principio a fin. Totalmente recomendable para todo amante del mejor cine negro.







Ficha técnica



"La Novia VestÍa De Negro" es una película, Drama. Suspense., dirigida por François Truffaut en 1967, estrenada el 16-09-1968 Barcelona: Diagonal.,14-10-1968 Madrid: Callao, Richmond... La Novia VestÍa De Negro es de nacionalidad extranjera con la participación de Francia., Italia.. El estreno en España fue el 16-09-1968 Barcelona: Diagonal.,14-10-1968 Madrid: Callao, Richmond..

Producida por LES FILMS DU CARROSSE (Francia), LES PRODUCTIONS ARTISTES ASSOCIÉS (Francia), DINO DE LAURENTIIS CINEMATOGRAFICA (Italia).

Con la actuación de: Charles Denner, Jeanne Moreau, Jean Claude Brialy, Michel Bouquet, Claude Rich, Alexandra Stewart, Michel Lonsdale, Paul Pavel, Van Doude, Daniel Boulanger, Serge Rousseau, Christophe Bruno, Jacques Robiolles, Luce Fabiole, Sylvie Delannoy, Jacqueline Raillard





* Argumento: de William Irish Basado en la novela "The Bride Wore Black"
* Guión: François Truffaut,Jean-Louis Richard
* Director de Fotografía: Raoul Coutard
* Música: Bernard Herrmann
* Montaje: Claudine Bouché
* Productor: Marcel Berbert,Decorados: Pierre Guffroy

Distribución

Totales
Espectadores: 867.293
Recaudación: 113.937,52
Por distribuidora
Empresa distribuidora: C.B. FILMS S.A.
Espectadores: 867.293
Recaudación: 113.937,52 €

Formato y otros datos

Formato:
35 MILIMETROS.
Color: Eastmancolor.
Panorámico.
Duración: 107
Lugares_de_rodaje: París, Versalles, Chevilly-Larue, Senlis, Cannes.

Fuentes: Blog de cine, DePeliculasGratis.com

miércoles, 18 de agosto de 2010

Pequeños grandes films: Atrapame si puedes, el niño que huía.

19 de diciembre de 2009

Es curioso lo que sucede a menudo en la carrera de los directores más reconocidos. Los bandazos, las excepciones temáticas de su carrera, terminan siendo más importantes que lo que se le supone como característico o proverbial. La tercera película dirigida por Spielberg en apenas 18 meses, después de dos sci-fi consecutivas (‘A.I.’ y ‘Minority Report’), es un extraño biopic, centrado en la misteriosa y poco conocida fuera de EEUU figura de Frank Abagnale Jr., falsificador e impostor nacido en 1948, que durante los años sesenta se hizo pasar por médico, piloto de avión y abogado, todo antes de cumplir los veinte años. Tan notable y escurridiza figura le sirvió a Spielberg para volver a asombrar en 2002.






Porque ‘Atrápame si puedes’ es la mejor película de Steven Spielberg, la más redonda, sorprendente, emocionante y conmovedora, desde ‘La última cruzada’, trece años antes, así de sencillo. En ella Spielberg toca el techo de los maestros, con sencillez y humildad absolutas, sin el menor rastro de su complaciente y habitual caída en la blandenguería sentimentaloide, y demostrando hasta qué punto gran parte de la carrera de este cineasta inigualable está francamente desaprovechada. De hecho, el abismo estético que existe entre, por ejemplo, esta y ‘La última cruzada’ respecto a otras como el díptico jurásico o ‘Amistad’ es tan inmenso, que no se necesitan más pruebas para comprender que no siempre se toma igual de en serio su trabajo.
Por supuesto todo comienza con unos títulos de crédito que desde que aparecieron en un cine gozan de una merecidísima fama. Creados por Kuntzel Deygas, resumen el tono, el estilo visual, la atmósfera y gran parte de la historia que vamos a presenciar. Una historia larga, densa e intrincada, pero que Spielberg resuelve con una luminosidad y una sencillez abrumadoras, sin aburrir en ningún momento, con un extraño sentido del ritmo que acelera y decelera la historia según le conviene, sin crear la menor sensación de arbitrariedad en el espectador. Por supuesto, gran parte de todo esto es posible gracias a un guión soberbio, seguramente el mejor que ha escrito jamás, de Jeff Nathanson, que luego repetiria para Spielberg en la muy inferior ‘La terminal’.





Dentro de esta película conviven dos niveles que en lugar de molestarse, se alimentan mutuamente. Por un lado un doloroso y a veces desesperado drama íntimo, por otro una historia de aventuras que siempre se mantiene con los pies en la tierra, lo que la convierte en algo grande. Frank es un niño eterno que huye de una familia rota, y todo lo que hace es huir e inventarse vidas alternativas, con un ingenio y un don de gentes que lo convierten, o casi, en un alter-ego de Spielberg, que también sufrió una infancia difícil (contextualizada tan conmovedoramente en ‘E.T.’), y una adolescencia errante. Ésta podría ser su película más personal y más sentida desde aquél Sci-Fi tan recordado. Y puede ser lo que muchas veces le ha faltado: ponerse el corazón en





La solapa.

Dando vida a Frank Abagnale, Leonardo DiCaprio está formidable. En mi opinión es, junto con ‘Titanic’, su interpretación más auténtica, la menos forzada (en un actor tendente a forzarse para dar la apariencia de mayor categoría), en la que es más él mismo. De poco hubiera valido que Spielberg entregara una fuerte dosis de sí mismo, si su protagonista no lo hacía. Su composición de Abagnale es compleja y profunda, digna de un actor de raza. A su lado, Tom Hanks, que repite con Spielberg después de su buen y noble trabajo para ‘Buscando al soldado Ryan’, repite también en su buen hacer. Es un actor magnífico, y aquí acepta un papel menos protagonista, pero en el que se luce igualmente a pesar de las pocas posibilidades que tiene de lucimiento. Pero esto no es un dueto, sino un trío de voces, y no sería justo olvidar al gran Christopher Walken, que está memorable en su patético personaje.





Rasgos de estilo

En más de una entrevista le leí y le oí a Spielberg aseverar rotundamente que esta era, de lejos, su película más alegre. Sentimos estar en desacuerdo con él. Ignoro si lo decía irónicamente (aunque parecía que no), o si sucedió lo que a veces ocurre, que el director conoce menos su película que el espectador. Algo natural si entendemos lo sentida que es para él. Pero de alegre tiene poco. Por el contrario, es el Spielberg más melancólico y desesperado en muchísimo tiempo. Ni rastro de la pornografía sentimental de ‘Inteligencia artificial’, ni de los altibajos de ‘Minority Report’. Spielberg coge bien el relato y no lo suelta. Y lo primero que hace es elaborar una reconstrucción histórica deslumbrante, obra de Jeannine Claudia Oppewall, que secundada por la dirección artística de Sarah Knowles y el diseño de vestuario de Mary Zophres, nos devuelven el esplendor, y también las tinieblas de una época de represión política y de esperanzas sociales frustradas.

Y Janusz Kaminski, mucho más cabal que en otros trabajos suyos para Spielberg, ilumina ese diseño de época como si de un policiaco ligero pero a veces siniestro se tratase. De igual modo, Spielberg narra con tensión y con ligereza, con una cámara muy pocas veces a otra altura que la de la mirada humana, pero con un montaje a menudo veloz. Hay mucha contención, pero un soterrado lirismo que encoge, de manera sutil pero implacable, el ánimo del espectador, hasta dejarle exhausto. Y con su escudero de siempre, John Williams, construye un contínuo secuencial en el que cabe, prácticamente, de todo: aventura, drama, romance, comedia, suspense, cine de autor. Muy pocos directores pueden hacer eso, ni siquiera el Spielberg de muchas películas, pero este Spielberg filma con una energía y una alegría muy pocas veces vista en su filmografía.





Conclusión

Obra mayor, de madurez, que culmina una extraña trilogía, junto con los dos sci-fi precedentes, acerca de personajes que huyen en busca de algo, y que no paran de correr. Un Spielberg casi desconocido, capaz de traspasar barreras genéricas y de dar un golpe de autoridad estética. Todo un triunfo.





Ficha Técnica


Título: Atrápame si puedes
Título original: Catch me if you can
Dirección: Steven Spielberg
País: Estados Unidos
Año: 2002
Duración: 141 min.
Género: Criminal, Drama, Biográfico

Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hanks, Christopher Walken, Martin Sheen, Nathalie Baye, Amy Adams, James Brolin, Brian Howe, Frank John Hughes, Steve Eastin, Chris Ellis, John Finn, Jennifer Garner, Nancy Lenehan, Ellen Pompeo, Elizabeth Banks, Guy Thauvette, Candice Azzara, Matthew Kimbrough, Joshua Boyd, Kaitlin Doubleday, Kelly McNair, Jonathan Dankner, Maggie Mellin, Thomas Kopache, Margaret Travolta, Jimmie F. Skaggs, Alex Hyde-White, Lilyan Chauvin, Eugene Fleming, Robert Ruth, Jennifer Manley, James Morrison, Robert Symonds, Jennifer Kan, Robert Curtis Brown, Kelly Hutchinson, Steve Witting, Wendy Worthington, Jane Bodle, J. Patrick McCormack, Brian Goodman, Ray Proscia, Sarah Lancaster, Jill Matson, Mike Baldridge, Joel Ewing, Ritchie Montgomery, Jim Antonio, Angela Sorensen, Jonathan Brent, Benita Krista Nall, Shane Edelman, Andrew Meeks, Morgan Rusler, Jane Edith Wilson, Dave Hager, Kyle Davis, Jaime Ray Newman, Deborah Kellner, Mercedes Cornett, Amy Acker, Robert Peters, James DuMont, Thomas Crawford, Sarah Rush, Malachi Throne, Alfred Dennis, Max Kerstein, Donna Kimball, Jan Munroe, Stephen Dunham, Brandon Keener, Jasmine Jessica Anthony, Anthony Powers, Lauren Cohn, Jeremy Howard, Jack Knight, Jamie Anderson, Kam Heskin, Ana Maria Quintana, Gerald R. Molen, Celine du Tertre, Stan Bly, Jamie Moss, Jessica Collins, Frank W. Abagnale, Roger Léger, Jean-François Blanchard, Mathieu Gaudreault, Guy-Daniel Tremblay, Alexander Bisping, Patrice Dussault, Paul Todd, Jake Wagner, Ashley Cohen, Kelly Cohen, Ellis Hall, Steven Meizler, Fred Datig, Joe Garagiola, Kitty Carlisle, Dominic Bond, Jean-François Brousseau, Francis Campeau, Raphaël Cardin, Marc-Antoine Côté, Antoine Drolet-Dumoulin, Léon Dussault-Gagné, Simon Houle-Gauthier, Vincent Généreux, Sébastien Jean, Pascal Larouche, William Lauzon, Florent Legault, Jason McNally, Julien Normandeau, David Parent-Laliberté, Alexandre Pépin, Nicolas Radeschi, Jonathan René, Samuel St. Amour

Guión: Jeff Nathanson
Distribuidora: Universal Pictures (Spain)
Productora: Amblin Entertainment, DreamWorks SKG, Splendid Pictures, Parkes/MacDonald Productions, Kemp Company
Presupuesto: 52.000.000,00 $
Agradecimientos: Bruce Paltrow
Casting: Caitlin McKenna-Wilkinson Debra Zane Erin Toner, Grant Wilfley, Jennifer Alessi, Julie Breton, Leslee Feldman, Lucie Robitaille, Sage Asteak, Sande Alessi, Terri Taylor
Coproducción: Devorah Moos-Hankin
Coproducción ejecutiva: Daniel Lupi

Departamento artístico: Abraham Vorster, Adam Tankell, Anthony D. Parrillo, April Martens, Brad Curry, Brenner Hugh Harris, Brett Hernandez, Brett Tyler, Chandler Vinar, Charles A. Cobos, Chela Fiorini, Circe Mirano, Claire Kirk, Curtis Allen, Darryl Robertshaw, Dave DeGaetano, David Falconer, David Mitchell, Doris Simard, E. Shepherd Stevenson, Erik Polczwartek, Francine Byrne, Gene Trautmann, Greg Benge, Gregory F. Poulos, Jason Vanover, Javier Carrillo, Jim Wardell, Jimmy Simeone, John Campana, John Hinkle, John K. Hill, John Root, John Warnke, Kate Yatsko, Lance Larson, Lawrence D. Lira, Martin Charles, Martine Giguère-Kazemirchuk, Max Daly, Melissa Bartley, Michael C. Paolone, Michael Casey, Michael J. Smith, Michel Brochu, Michele Laliberte, Miguel López-Castillo, Nick Miller, Paige Augustine, Paul Hotte, Paul Stanwyck, Peter Rogness, Philip Canfield, Ralph Fierro, Randall D. Wilkins, Randy Martens, Réal Baril, Renee Lee Alito, Richie Kawamoto, Rick Broderman, Rick Glenn, Rickie Gee, Ritchie Kremer, Rod Garvin, Roland Brooks, Russell C. Hurst, Russell Moore, Russell R. Anderson, Sally Thornton, Steve Pfauter, Steven B. Melton, Steven Martinez, Steven Rigamat, Suzan Wexler, Tim Bowen, Tom McDermott, Troy Alan Peters, Tyler Kettenburg, Véronique Pagnoux, Victor Espinoza

Departamento de transportes: Angel Desanti, Anthony Jamal Wade, Bill Needham, Carlo Solano, Curtis Clark, Daniel Gordon, Dash Hart, Dave Wilson, Dennis Sean Fahey, Esteban Munoz, Geno Hart, Hector Gonzales, Jim Buckman, Jimmy Mahr, Jimmy Nugent, Jody Bingenheimer, Joe Cosentino, John Pellegrino, John Sellars, John Spaccarelli, Jose Uria, Kevin Keefe, Kirk Huston, Larry Michael, Luc Poirier, Marco Lupi, Mark L. Basler, Mark Webb, Mike Belt, Pat Cosentino, Paulie DiCocco, René Brisson, Rick Fese Jr., Robert L. Young, Ronald Linxwiler, Scott Tyler, Sherri Cosentino, Stanley Holmes, Steve Larson, Steve Share, Ted Mehous, Tony Barattini, William West

Departamento editorial: Dale E. Grahn, Gary Burritt, Julie Kahn Zunder, Mark Gillard, Martin Cohen, Michael Trent, Mike Cuevas, Patrick Crane, Richard Byard, Sven E. Fahlgren

Departamento musical: Adam Michalak, Alan Estes, Dan Higgins, Jason Lloyd, John Neufeld, Kenneth Wannberg, Mark Eshelman, Pat Weber, Ramiro Belgardt, Sandy DeCrescent, Shawn Murphy, Susan McLean, Todd Homme

Dirección: Steven Spielberg
Dirección artística: Sarah Knowles
Diseño de producción: Jeannine Claudia Oppewall
Efectos especiales: Connie Brink, John C. Hartigan, Louis Craig, M.A. Thompson, Ron Rosegard

Efectos visuales: Agnès Fauve, Alex G. Ortoll, Alex Hegedus, Alexandre Scalvino, Bill Laverty, Blondel Aidoo, Brandon Criswell, Brian Cuscino, Candice Scott, Charlotte Bavasso, Emma McGuinness, Florent Porte, Ghislaine Marchand, Greg Mucino, Ian Mansel-Thomas, Jason Schugardt, Jeff Werner, Joe Ken, Joseph Grossberg, Julia Parfitt, Juliette Stern, Kristopher Kasper, Lee Robinson, Lindsay Burnett, Lucy Glyn, Marc Varisco, Mark P. Renton, Marty Taylor, Mathew Lamb, Michael Hemschoot, Mitchell S. Drain, Nathan McGuinness, Olivier Marquezy, Patrice Mugnier, Patrick Kavanaugh, Peregrine MacCafferty, Phil Brennan, Pierre Savel, Pierre Yves Joseph, Robert Stromberg, Robin Kobrynski, Tommy Hooper, Travis Baumann, Yuichiro Yamashita, Zach Justman

Escritores: Catch Me If You Can: The Amazing True Story of the Youngest and Most Daring Con Man in the History of Fun and Profit: Frank W. Abagnale, Stan Redding

Fotografía: Janusz Kaminski
Guión: Jeff Nathanson
Maquillaje: Audrey L. Anzures, Carolyn Elias, Daniel C. Striepeke, Deborah La Mia Denaver, Dorothy D. Fox, Johanne Gravel, Johanne Paiement, Kathryn Blondell, Kim Santantonio, Linda Grimes, Lois Burwell, Luisa Abel, Maggie Elliott, Milton Buras, Sian Grigg
Montaje: Michael Kahn
Música: John Williams
Producción asociada: Sergio Mimica-Gezzan
Producción ejecutiva: Anthony Romano, Barry Kemp, Laurie MacDonald, Michel Shane
Sonido: Alicia Stevenson, Andy Nelson, Anna Behlmer, Blake R. Cornett, Charleen Richards, Charles L. Campbell, Craig Heath, David Betancourt, David Lucarelli, David Wolowic, Dawn Fintor, Denis St. Amand, John A. Larsen, John Morris, John Murray, Mildred Iatrou, Norman Bernard, Peggy Names, R.J. Kizer, Robert Jackson, Robert Renga, Ron Judkins, Susan Dawes, T.J. O'Mara, Ted Caplan
Vestuario: Alix Hester, Andrew Slyder, Annie Garrity, Anthony Franco, April Krueger, Cha Blevins, Christine Wada, Cookie Lopez, Daniele Leger, Diana Edgmon, Emily Wyss, Guy Miracle, Jenny Eagan, Joseph Reid, Julie Graham, Lori DeLapp, Lynn Hoffman, Marie-Etienne Bessette, Marsha Bartlett Mary Zophres Michael Adkins, Mike Lutz, Pablo Nantas, Patricia Eiben, Robin McMullan, Suzanne Flores

Fuentes: Blog de cine
cine.estamosrodando.com

sábado, 14 de agosto de 2010

Cineastas de hoy: Ana Katz, miradas desde la orilla.

Por Ana Laura Pérez

Reconocible por su humor, Ana Katz tiene 30 años y una carrera prestigiosa como actriz y cineasta. En su última película, “La novia errante”, actúa con su pareja, el uruguayo Daniel Hendler.

“Venís a ver a Ana? Pasá. Te está esperando.” El franquea el paso con el gesto tímido de las personas que se saben conocidas por los desconocidos. Cierra la puerta y sale abrigado al paisaje invernal de Parque Centenario. Su mujer espera al pie de la escalera donde nace el pasillo encajonado de ese PH. Tiene un suéter negro sobre una pollera amplia y negra. Y botas. Y el pelo enrulado suelto, todavía húmedo.

El interior del departamento es indiferente al frío y la vorágine matinal que envuelve irremediablemente la vecindad de los hospitales. El sol entra por las antiguas puertas de vidrio y embellece ese living simple, de piso de madera y techos inalcanzables. Una tele, un sillón, una guitarra, libros… Alguna vez, ese lugar fue la sala de estar de la familia Lujine, escenografía de su opera prima, (El juego de la silla, 2003, que escribió, actuó y dirigió). Ana Katz dice que entregaría su cadáver antes de volver a sacrificar su hogar ante el altar del cine independiente. Sin embargo, esa “película de guerrilla” que peleó durante año, le prodigó reconocimiento y llevó la línea del horizonte más allá de esas paredes gruesas, típicas de las viejas construcciones.

En comparación con aquella película de ácido costumbrismo, (reconocible también en “Lucro cesante”, su obra teatral en cartel por tercer año consecutivo en el Abasto Social Club), “La novia errante” se hizo rápido: apenas año y medio. Y rápido recoge los primeros reconocimientos: fue seleccionada para la sección Cine en Construcción del Festival de San Sebastián. “Me cuesta creer que las cosas vayan saliendo con facilidad. Para mi tiene que ver con algo que me causa mucho placer y es tener un grupo con el que trabajar en confianza”.

Ese grupo incluye amigos, su hermano siete años menor, colaborador artístico y asistente de dirección, y ahora su novio, el actor uruguayo Daniel Hendler. Sin embargo, desmiente comparaciones con la forma de trabajo en familia de Pablo Trapero, de quien fue asistente de dirección en “Mundo grúa”.





“Es diferente trabajar con un tío que con un novio, Desde que nos conocimos, con Daniel siempre hubo un interés de compartir las cosas que nos gustan del otro. A veces es un proyecto concreto y otras es leer lo que el otro hace. Podemos ver películas, ir al teatro, hablar… compartir un proyecto es natural porque nos fascina esto que elegimos”.

En continuado: novio en la ficción, novio de la realidad. Es ese que sale y saluda sabiendo que esa persona que él no conoce lo conoce a él. Actor fetiche de Daniel Burman (El abrazo partido, Derecho de familia, entre otras), después de 11 películas, el uruguayo es uno más de la marquesina fílmica local.

Ella había actuado se un corto que él hizo y él participó en otro que ella filmó para Sedal. Ya habían trabajado juntos en “Whisky”, la película uruguaya, pero esta vez, ambos protagonizan un largo escrito y dirigido por ella.

Todavía circula por Mar de las Pampas la orgullosa referencia a la filmación, que eleva al balneario por sobre el cliché spa.

Resumen: “La película cuenta los seis días posteriores a una separación, camino a la Costa Atlántica. El festejo de un aniversario termina cuando él se queda en medio de la ruta y ella sigue, a la deriva. La novia está embanderada en el abandono, no se vuelve, decide quedarse para sufrir desde ahí”.





No es un desafío a la suerte. Ana Katz argumenta que se animó a filmar una ruptura con su pareja justamente porque estaban lejos de eso: “Ya con el guión muy avanzado, lo miré y le dije: ¡Es él!”.

Y él sólo esperaba que se lo propusiera. “Empezamos a trabajar sobre la escena con un coach actoral y nos reíamos mucho porque había mecanismos que nos reconocíamos a la perfección”.

RAZAS

“Una pareja que no discute pertenece a otra raza. Yo discuto. Y además soy una persona que me afecto y me fascino. Siempre estoy emocionalmente muy comprometida con las cosas. Por eso me parecen marchitas las parejas con una comunicación… poco viva.”

Trascendió que durante la filmación (¿exorcismo privado?) Daniel le propuso casamiento. No dará ella ningún detalle, atenta al alma sensible de los actores que tan bien conoce: “Nada religioso”, concede como único dato.

Con “La novia errante”, Katz empieza a explorar el terreno amoroso. Cinematografía de aventura contra los supuestos del género: “Me fascina la fragilidad del amor. Las películas hablan de la armonía, la felicidad que produce el amor, pero no de la inseguridad, la alteración y el desequilibrio que provoca”.





Si la pensó, la escribió y la dirigió, ¿por qué actuarla? “Di muchas vueltas. Pero me resultaba muy atractivo encarnar a esa mujer equivocada, su regodeo en el sufrimiento. Si hacía un pase de mando me parecía que no se iba a contar algo muy particular y genuino que tenía que aparecer”.

No hay un rol que se imponga a los otros. “Es raro porque hay una presión para que una elija ¿Qué preferís? ¿Mamá o papá? En un momento de mi vida dejé de andar cuestionándomelo. Hay proyectos en los que me gusta más una cosa y en otros, otra”.

La próxima película tiene título y fecha de filmación para el verano de 2007. Composición título “Bienestar”. “Se centra en una pareja de unos 65 años, de ésas que suelen nombrarse siempre juntas –Luis y Nena, así- que van a vivir a un barrio privado buscando sosiego”. Pero la calma es esquiva. “Pasado el período de la fascinación con las actividades y el entorno empiezan a ocurrir hechos extraños. De las casas desaparecen electrodomésticos que después aparecen enterrados”.

Entre la ciencia ficción y –otra vez- el humor, la crítica. “La película explora la desesperación tan común hoy por preservarse del desastre: todo el mundo come sano, ubica los muebles para favorecer la circulación de la energía, quiere estar saludable y vivir muchos años”.





Con varios premios ya ganados (entre ellos el Work in progress del último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires), “Bienestar” tiene ya un financiamiento acorde a una producción de mayor envergadura que las anteriores.

Teatro, cine, publicidad, ¿y televisión? “Por ahora no. Yo creo que en algún momento me puede gustar. Me divierte. Pero, a la vez, no tengo ningún apuro. Me imagino que debe ser cuestión de encontrar el proyecto indicado. Es muy difícil hacerle llegar a una persona un producto que no sea de la televisión. La gente se pierde la posibilidad de recibir materiales expresivos de los que podría estar muy cerca”.

No hace TV, pero miraba, “¡Pensar que antes una de Fellini era normal!” También programas tan normales antes como ahora: “Clave de sol de punta a punta y La familia Ingalls”. A ese drama bucólico (“la que no se acalambraba el estómago debajo del agua y se ahogaba, caía dentro de una mina”) adjudica su cercanía con el humor “que tiene que ver con la tragedia más rotunda”.

Y de lo que ahora mira, le interesan las excentricidades: “Vi un programa el otro día donde contaban de una pareja que inventó chiripás de colores para aves, que sirven para tenerlas sueltas en la casa sin que caguen…” Bizarría y humor: Le gusta Pettinato, fue fanática de Gasalla y de Chachachá y puede pasarse horas con los programas de debate religioso… “Tengo fascinación por observar y escuchar a la gente. Cuando actúo, lo que más me interesa es retratar algo que observé sobre alguna persona en particular. Yo me quedo maravillada, siempre, en frases, en razonamientos que, de golpe, son muy distintos del lugar común”.





¿Religión? Atea.

Padre de familia judía, madre de ascendencia española, ambos psicoanalistas y militantes de izquierda. “En un momento pensé en tomar la comunión y después me tentó ver a los chicos que iban a grupos judíos…”

Difícil que el chancho chifle. “Era absurdo, una cosa completamente ajena a mi educación.” Lo propio de la educación fueron los libros, las discusiones políticas (Cuentan que de chiquita me la pasaba preguntando ¿Qué era de izquierda y qué era de derecha?), las películas y varios colegios.

EDUCACION CON ESCALAS

De la primera escuela, una estatal de Almagro, el barrio donde vivió desde su nacimiento en 1975, la sacaron porque la los Katz le resultaba inaceptable la exacerbada liturgia militarista de la dictadura. “Recuerdo haber estado una hora entera de una clase con la cabeza apoyada en la mesa y la maestra caminando entre los bancos, controlando que nadie se levantara. Era la época de la Guerra de Malvinas, cuando te hacían esconder debajo del banco”.

De ahí pasó a otra estatal. Y aquí el problema fue la laxitud disciplinaria. “Como me la pasaba actuando me había comprado muy fácilmente a todos.”
Ultima escala: “Un colegio privado, completamente psicobolche, donde todos eran antipatiquísimos… había un cien por ciento de niños que se meaban en la cama y criticaban a los que teníamos muñecas.”

Así que el secundario lo decidió ella. Nacional Buenos Aires. “Me gustaba lo que todos criticaban: Vas a ser un número más. Perfecto.” Y así como en la primaria decidió su secundaria, en el Nacional tenía clarísimo que iba a inscribirse en la Universidad del Cine. Allí se graduó y enseñó durante varios años dirección cinematográfica.





Hacía mucho que estudiaba danza y teatro (con Julio Chávez, Helena Tritek y Ricardo Bartís) y escribía desde que había descifrado el alfabeto. Hay hábitos que no se cambian. Y si de chiquita se dormía con la lectura paterna de Robinson Crusoe, ahora es vehemente con la recomendación de los libros del chileno Roberto Bolaño.

Lee y escribe en su escritorio, la habitación contigua que inundan marejadas de papeles. O en Montevideo, donde los Katz-Hendler tienen una subsede. La pareja cruza el río con frecuencia desde que empezaron la relación, hace unos cinco años.

Se vieron por primera vez en una fiesta. Un amigo en común los sacó a ambos de los grupos en los que estaban: Quiero que se conozcan. Ella es, bla-bla-blá, hace tal cosa. El es bla-bla-blá, hace tal cosa. Una presentación así tenía pocas chances. Pero hubo repechaje. “Tenemos un origen gardeliano: nos volvimos a encontrar en un avión yendo a un festival en Toulouse. A partir de ahí yo fui la amiga argentina y él, el amigo uruguayo.”

La amistad terminó en noviazgo. Siguen yendo y viniendo, de una orilla a otra. Krompka, la perra, es la única que acusa la errancia.
De Montevideo le encanta el hablar de la gente. Y estar fuera del área de cobertura del celular, el mail, el teléfono…

Parece pautado en un guión: por el cuadro saturado de luz de la puerta pasa el novio. Ella le cuenta en voz alta que está hablando de lo bueno que tiene Montevideo. La contestación llega apagada.

Ana se ríe a carcajadas.

¡Nada!, dice ella, que él ha dicho.


Filmografía

Director:

Bienestar (anunciada)
Los Marziano (en postproducción)
Una novia errante (2006)
El fotógrafo (corto - 2005)
Despedida (corto - 2003)
El juego de la silla (2002)
Ojalá corriera viento (corto - 1999)
Pantera (corto - 1998)
Merengue (corto - 1995)

Guionista:

Los Marziano (en postproducción)
Una novia errante (2006)
Despedida (corto - 2003)
El juego de la silla (2002)
Ojalá corriera viento (corto - 1999)
Pantera (corto - 1998)

Intérprete:

Lengua materna (en postproducción)
Una novia errante (2006), Inés
Whisky (2003)
El juego de la silla (2002), Laura Lujine

Producción:

El juego de la silla (2002)

Asistente de Dirección:

Mundo grúa (1999)
Perrito (corto - 1999)
Astortango (no estrenada comercialmente - 1997)

Dirección de arte:

Ojalá corriera viento (corto - 1999)

Montaje:

Pantera (corto - 1998)



Fuente: Revista Viva, Diario Clarín
www.cinenacional.com

martes, 10 de agosto de 2010

El amor en los tiempos del colera, aprovechando el tirón de Garcia Márquez.

Nunca podré llegar a comprender esa manía que tienen algunos de elegir actores que hablan perfectamente el idioma que deberían pronunciar los personajes, para luego hacerles hablar otra lengua… y encima fatal. Si quieren a esos intérpretes, que lo rueden en español. Podemos aceptar sin problema la convención de que ese inglés que escuchamos en realidad es castellano, pero entonces, nadie debería tener acento, pues todos están comunicándose en su idioma nativo. A muchas personas esto no les molestará y a los angloparlantes les resultará pintoresco, pero para mí es suficiente como para sacarme de la ficción. Ante barrabasadas así, casi recomendaría el doblaje como mal menor, aunque es algo que jamás prefiero.

Me cuesta creer que alguien como Mike Newell haya llevado a cabo una película como ‘El amor en los tiempos del cólera’, que me merece poca admiración, pero entonces recuerdo la reflexión de que probablemente el mérito de ‘Cuatro bodas y un funeral’ lo tuviese Richard Curtis, pues Newell también es responsable de ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’ o ‘La sonrisa de Mona Lisa’.

Como todo el mundo sabrá, ‘El amor en los tiempos del cólera’ (‘Love in the Time of Cholera’), que se estrena mañana, es la adaptación de la novela de Gabriel García Márquez. En ella, Unax Ugalde y Javier Bardem se reparten el papel de Florentino Ariza, un hombre apocado y enamoradizo, que se prenda de una mujer sólo por verla y decide permanecerle fiel durante toda su vida… fiel en espíritu porque mientras espera que el marido de Fermina Daza fallezca, va anotando en su libreta los nombres de las cientos de mujeres con las que se acuesta.





Aparte del detalle ya referido sobre los acentos, ‘El amor en los tiempos del cólera’ no termina de convencerme por otros motivos. El enamoramiento enfermizo de Ariza hacia Daza se me antoja de una enorme falsedad. Por un lado, para que todo surgiese a primera vista, la belleza de esta joven, a quien da vida en el film la italiana Giovanna Mezzogiorno, debería ser mucho mayor, es decir: algo tan espectacular que superase a la de cualquier otra mujer a la que el protagonista vaya a conocer en el futuro y que haga empalidecer a todas las féminas que Ariza hubiese visto hasta entonces. E incluso si eso fuese así, un amor que se base sólo en la belleza más bien sería un antojo juvenil que se pasaría en seguida al alcanzar algo de sensatez. Sé que con este enamoramiento tan inverosímil precisamente se quiere mostrar el ansia exagerada de Ariza, pero los espectadores deberíamos haber visto en la historia algo que nos hiciese albergar empatía con respecto a los sentimientos del protagonista para así interesarnos por el devenir de los acontecimientos del film y emocionarnos con lo que ocurre.





No ayuda la interpretación de los actores, muy poco convincentes. Por ejemplo, John Leguízamo, que suele ser lo mejor allá donde participa, aquí está muy sobreactuado. De Bardem no haría una valoración en contra, pues más que su interpretación lo que no resulta agradable es su personaje. Quien más destaca negativamente es Mezzogiorno (‘El último beso’), que permanece con el mismo gesto de resignación toda casi la película y cuyos sentimientos nunca llegamos a conocer. Si no sabemos realmente si ella desea o no estar con Ariza, no podemos anhelar como espectadores que ese amor se cumpla. De hecho, cuando conoce al doctor Juvenal Urbino, que es más guapo y tiene más personalidad que el protagonista, te alegras por ella. Además, la actriz no puede pasar por adolescente en las primeras escenas, pero tampoco engañarnos con el maquillaje de anciana hacia el final. A pesar de eso, hay que reconocer que, según va creciendo, va pareciendo más guapa y su personaje se va reforzando y adquiriendo algo más de interés.

Quizá de nuevo lo que está ocurriendo es que la estructura novelesca no se adapta bien al cine y, mientras en un libro podemos deleitarnos con la lectura de numerosas páginas para llegar a un final, en una película, el saber que estamos esperando una resolución muy concreta hace que lo intermedio se contemple con impaciencia e interese muy poco, sobre todo si lo que esperamos son más de dos horas. Por mucho que el final sí funcione, se ha tardado tanto en llegar hasta él, que ya carece casi de importancia.





No niego que el film tenga valores positivos, como lo son muchos de los detalles secundarios y de los personajes que rodean a los protagonistas, así como algunos momentos determinados, pero son justo aquellas escenas en las que Ariza se ha olvidado por un instante de Daza o justo aquellas subtramas que no tocan directamente el argumento principal. Por lo tanto, aunque no se trate una película imperfecta en todos sus aspectos, mi sensación a la salida de la sala sí es de decepción y falta de interés. Ni me ha emocionado, ni me ha entretenido, ni me ha convencido. El nombre del Premio Nobel Gabriel García Márquez tiene tirón, así que no le faltarán espectadores a la película, pero mayor será la fama que la lana.





El amor en los tiempos del cólera

Ficha técnica

Dirección Mike Newell
Ayudante de dirección Myron Hoffert
Dirección artística Roberto Bonelli, John King, Paul Kirby
Producción Scott Steindorff
Diseño de producción Wolf Kroeger
Guión Ronald Harwood
Música Shakira, Antonio Pinto
Sonido Paul Apted
Fotografía Affonso Beato
Montaje Mick Audsley
Vestuario Marit Allen
Efectos especiales Frazer Churchill

Reparto

Javier Bardem
Giovanna Mezzogiorno
Benjamin Bratt
Liev Schreiber
Fernanda Montenegro
John Leguizamo
Laura Harring
Catalina Sandino Moreno
Angie Cepeda
Héctor Elizondo
Alicia Borrachero
Unax Ugalde
Paola Turbay
Marcela Mar
Laura García
Ana Claudia Talancón

País Estados Unidos Colombia
Año 2007
Género romántica
Duración 139 min
Productora Stone Village Pictures
Distribución New Line Cinema
Presupuesto 50 millones de dólares



Fuente: Blog de cine, 17 de junio de 2008

sábado, 7 de agosto de 2010

Perfiles del 24 Festival de Cine de Mar del Plata, entrevista a Sofía Mora.

Sofía Mora, directora de La hora de la siesta


¿Cómo fue tu aproximación al tema de tu película en Competencia?

Supongo que primero aparecieron las ganas de contar una historia sobre esa edad en que uno no es ni chico ni grande, una especie de limbo bastante incómodo donde ya uno de por sí no sabe bien cuál es su lugar en el mundo. Y también la idea de la muerte cercana como generadora de ese mismo estado de confusión, que es el duelo. Creo que la película habla de eso a partir de los personajes, dos hermanitos bastante particulares atravesando la muerte de su papá, atravesando ese limbo, lejos del mundo adulto y a la vez dejando abruptamente la infancia atrás.

¿Cuáles fueron los desafíos al momento de dirigir el largometraje?

Creo que el trabajo con los actores, primero que nada. Lograr contar la relación entre los hermanos y el recorrido de esa relación que tenía que partir de un punto y llegar a otro, donde ya todo cambió para siempre. También el hecho de que eran dos personajes a los que queríamos construir con pequeños gestos y situaciones, sabiendo que la historia necesitaba un tono seco de actuación y bastante poco realista para contar el estado de duelo. Y además de esta cuestión el desafío era tratar de generar con los planos y la puesta todos los climas que requería la historia, la tensión familiar, la espera, el encuentro casi de pesadilla con el tercer protagonista, etc.

La elección del blanco y negro, ¿se debe a un criterio estético o tiene implicancia con el universo descripto?

Las dos cosas. Por un lado nos pareció que era la mejor manera de contar el estado por el que atraviesan los personajes, algo de la irrealidad y del estar por fuera del mundo. El blanco y negro reforzaba un código no realista y atemporal que buscábamos para la historia. También nos parecía que ayudaba a “hermanar” a los protagonistas, los tonos de la piel y los rasgos se emparejaban y les daban unidad, y a la vez reforzaba algo un poco caricaturesco que queríamos resaltar de los personajes.





¿Qué elementos tuviste en consideración para retratar esta ambivalencia entre el mundo infantil y la muerte?

Los adultos en general estamos más preparados para la muerte y sus rituales, podemos despegarnos del dolor, cumplir con la ceremonia, sociabilizar y comer sándwiches. Para un chico que enfrenta la muerte de un ser querido por primera vez puede resultar hasta agresivo ese desapego. Aunque creo que el estado de duelo genera siempre ese distanciamiento entre uno y lo que lo rodea, incluso cierto extrañamiento de uno mismo. Todos los órdenes se alteran y hay que volver a acomodar las piezas. Supongo que eso es el duelo, además de la falta del que ya no está. Me interesaba contar ese estado a través de la mirada de dos chicos y de cómo la muerte podía marcar en ellos el fin de la infancia y la entrada forzosa a ese mundo adulto que ellos mismos desprecian al comienzo. Volver a la casa para enterrar a su papá es aceptar la muerte, sus ceremonias y hacerse grande.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy trabajando en la pre-producción de un documental de Néstor Frenkel que vamos a rodar a lo largo del el año que viene en Buenos Aires y Entre Ríos, y el tema del documental está relacionado con el cine familiar y amateur de los años 70s y 80s en super 8. También tengo alguna idea para desarrollar un guión de género sobre un caso policial.


Fuente: © Festival Internacional de Cine de Mar del Plata nook diseño web / Big Sur

miércoles, 28 de julio de 2010

Original Soundtrack: Lalo Schifrin, el músico ilusionista.

Por Miguel Ángel Ordóñez

Entrevista Lalo Schifrin


Lalo Schifrin vino a este mundo un 21 de Junio de 1932. Su padre le enseñó a amar la música clásica, mientras el jazz llamaba a su puerta fruto de su inconformismo. Ha procurado siempre que ambas disciplinas se dieran la mano como símbolo de la existencia de una música única, sin etiquetas, aquella que directamente nos invade el corazón. Ese mestizaje musical le ha hecho único entre los compositores del siglo XX. El cine, como medio de expresión abierto, sin limitaciones, se ha convertido en el vehículo sobre el que desplegar sus inquietudes, sus ideas de fusión. Paralelamente, ha realizado trabajos dentro de la llamada música culta de entre los que destacan su “Concierto para guitarra y orquesta” y su “Concierto para Piano nº 2”, junto a obras que revelan su faceta de hombre de jazz como la famosísima “Gillespiana”, para el gran Dizzy.

En el fondo Schifrin ha luchado denodadamente para que todo aquel que sintiera su música, acabara transportado a un mundo mágico, abierto a todo tipo de sensaciones. Un mundo donde el oyente camine bajo el manto de la fantasía que le muestra el ilusionista.


Ante todo, muchísimas gracias por concedernos esta entrevista. Es todo un honor para nosotros contar con un compositor como usted.
Muchas gracias.

Usted calificó una vez la música de cine como una forma de ilusionismo, de magia, como un elemento que juega con la psicología del espectador, ¿podría matizar eso?.

Lo que me inspiró a proponer esa idea fue cuando leí que el famoso director sueco, Ingmar Bergman, dijo que el director de cine es un ilusionista, porque nada de lo que ocurre en la pantalla es algo real, todo es una fantasía, una ilusión. A mi se me ocurrió que la música tenía que ayudar a esa ilusión. Pensé en mi niñez en Buenos Aires, cuando mi padre invitaba a mis amiguitos y contrataba a un ilusionista que se sacaba pañuelos y hacía trucos, pero que curiosamente llevaba discos y ponía una música de fondo. Por eso, combinando mi experiencia de niño y las ideas de Bergman dije aquello….

La música forma parte de la magia……

El público va a la sala, que está oscura y sea cual sea la película, comedia, acción….cualquiera, el público paga una entrada para gozar de ella. El público se desilusiona si no es buena, pero van con la predisposición de verse atraídos por la pantalla, y todo lo que ocurre en la misma es una ilusión y la música ayuda a eso. Es un caso de hipnotismo voluntario.

Nació en el seno de una familia de músicos y a pesar de estudiar Sociología y Derecho, marchó a Paris a estudiar música. Allí se interesó por el jazz. Tocaba en un club nocturno…

Sí, el Saint Germain, el club mas famoso de la época. Nací en una familia de músicos clásicos pero me interesé por el jazz en la adolescencia. Cuando lo descubrí, no pude entender porqué existía esa barrera entre jazz y música clásica. Ambas son buena música y muchos colegas míos a los que llamo “anfibios” (yo mismo lo soy), como André Previn, tocaban muy bien el piano clásico pero también el de jazz. Había un gran músico, Frederick Gulda, un vienés que era gran concertista de piano, que vino a Buenos Aires a tocar al Teatro Colón un repertorio clásico y se corrió el rumor de que tocaba jazz. Organizaron una “jazz session” en una casa privada y fui invitado. Le dijeron que yo tocaba jazz y me hicieron sentarme con él para interpretar una pieza con cuatro manos y empezamos a tocar. Yo sentía un gran respeto por él y me miró con sus profundos ojos grises y no podía creer que yo tocara así. Ese fue mi lanzamiento, obtuve la seguridad de que iba por el buen camino en el mundo del jazz. En Buenos Aires, aislados en esa época, yo no tenía ni idea si era bueno, malo, mediocre…..y fue la mirada de Gulda la que me animó.
Había otros músicos como Gunther Schuller, que tocaba el corno en la Orquesta Metropolitan de Nueva York, que también amaba el jazz y que puedo considerar como otro de esos anfibios que te comenté. Somos pocos, pero cada vez nos vamos encontrando más. Por ejemplo, Paquito D’Ribera que toca el clarinete clásico y es un formidable músico de jazz. Lo jóvenes van a romper los prejuicios, las barreras que hay entre la música clásica y el jazz.

Fue pianista y director musical de Dizzy Gillispie. ¿Cómo le conoció y que supuso para usted esa relación profesional?.

Estuve en Francia cuatro años. Regresé a Buenos Aires para visitar a mi familia, pero yo ya estaba establecido en Paris donde había terminado de estudiar en el conservatorio. Allí tenía un apartamento. En Argentina acababa de haber un cambio de Gobierno y el nuevo Vicepresidente tenía un yerno italiano, que había sido Director Artístico de la Rai y le gustaba el jazz. Me convocó a su oficina y me dijo que cuando estaba en la Rai organizó una orquesta de jazz patrocinada por el estado y estaba muy orgulloso de lo que había hecho y quería repetirlo en Buenos Aires. Acepté, firmamos el contrato, y me quedé en Buenos Aires. Me pidió realizar un repertorio que tuve que hacer en pocas semanas sin dormir y formé la orquesta con los mejores artistas argentinos, entre ellos el Gato Barbieri. Seis meses después, debutó la orquesta y Gillespie llegó con su banda a Buenos Aires y ellos eran los verdaderos embajadores del jazz. Tenía una orquesta fabulosa, donde el cuarto trompeta era Quincy Jones. Vino por una semana y tocó en el Teatro Casino. Yo fui a todos sus conciertos y una noche los dueños de un club me invitaron a tocar con la orquesta porque le hicieron una recepción después de su concierto. Vino con su mujer y con toda la orquesta, incluido Quincy, del que me hice amigo en Buenos Aires. Allí ante mi tenía a todos los integrantes, entre ellos Benny Golson, Phil Woods, Nelson Boyd, muy buenos músicos. Yo toqué lo solos de piano y cuando terminé vino Gillespie a verme y me preguntó si yo había escrito esos arreglos. Le dije que sí. Me pidió que me fuera a Estados Unidos y me quedé boquiabierto. Me tomó dos años arreglar los papeles. Llegué a Estados Unidos e hice para él la “Gillespiana”….

…….en 1958, ¿verdad?.

En realidad llegué en el 58, pero no me pude poner en contacto con él y no sabía el número de su agente. Llamaba a casa de Dizzy y nadie contestaba. Y al final en 1959, tocó en Nueva York y le fui a ver. Cuando me vio me dijo que porqué no le había llamado. Le dije que lo había hecho y nunca estaba. Me pidió que escribiera algo para él y escribí la suite “Gillespiana”. Le llevé los bocetos a su casa tres días mas tarde y le gustó mucho. Se editó en la Compañía Verve, que era una subsidiaria de MGM Records, y el disco vendió un millón de ejemplares, por lo que entré por la puerta grande en Estados Unidos.

Precisamente fue Arnold Maxim, responsable de MGM Records, el que le abrió las puertas del cine. Era admirador de su música y su agente Clarence Evans, le pidió a este que le diera alguna película, ¿estoy en lo cierto?

Sí, está usted muy bien informado……

El film en concreto era “Les felins”, del gran René Clement…….

Bueno. Antes en Estados Unidos había hecho “Rhino”. “Les felins” fue la segunda tras mi salida de Argentina. Aprendí muchísimo de René Clement.

¿Cuándo decide que quiere componer para el cine?

En mis años de formación, cuando descubrí el jazz. Seguía componiendo música clásica e iba mucho al cine. Cuando tenía cinco años, mi abuela me llevó a ver una película de terror, de esas de Bela Lugosi o Boris Karloff, y al lunes siguiente en uno de los recreos de la escuela dije a mis compañeros que había visto esa película y que sin la música no hubiera sido la misma. Prestaba atención a la música. Mas tarde cuando seguí yendo al cine vi que mucha música no era comercial. Solo se editaban canciones, pero no la música que a mi me interesaba. Música moderna, de vanguardia, la de tensión, suspense, acción. Yo no conocía los nombres de esos grandes compositores de Hollywood pero hacían un trabajo muy bueno. Me enamoré de la música de “Alexander Nevsky” de Prokofiev. En Paris también fui mucho al cine: “Las diabólicas” de Clouzot, “La strada” de Fellini. Fui un gran aficionado al cine y tuve la suerte de acabar trabajando para él.
Por lo tanto se fue desarrollando lentamente ese interés por componer para el cine. Además mi padre me llevaba a la ópera, a la que fui también en Paris y mas adelante. En el siglo XIX la gente iba a ver una obra que incluía música, historia dramática o cómica, vestuario, colorido en el escenario. En el fondo el cine es la ópera del siglo XX.


Y cuando se introdujo en el cine, ¿entendió que su estilo de fusión, jazz y clásico, tenía muchas posibilidades de expresión para describir personajes y situaciones?


En realidad yo no me planteaba eso. Pero si es cierto que me gustaba la combinación de jazz y orquesta sinfónica y la música de cine era la única que permitía esa fusión. Ello me llevó a desarrollar años mas tarde un proyecto que llamé “Jazz meets the Symphony”. Hice un concierto en Barcelona en este sentido. De música de cine también los he hecho en España, actué en San Sebastián y Valencia. Recuerdo con mucho cariño también mi participación en “Don Quijote”, un proyecto de Emiliano Piedra que grabé en los estudios CineArte de Madrid.

Centrándonos en su llegada a Hollywood, su primer gran éxito lo obtiene con “The Cincinatti Kid” (“El rey del juego”). ¿Cómo fue trabajar con un músico que admiraba como Ray Charles?


Fue idea del director Norman Jewison. Yo hice una canción y no sabíamos si Ray Charles aceptaría participar. Teníamos un cantante muy bueno llamado Bill Henderson y le hicimos grabar la canción, por si no aceptaba. Pero este aceptó y nos preguntó en que tono lo hacía y le dijimos que en el mismo que ya estaba. Lo hizo en una sola toma.

Con ese particular estilo le llegó el gran éxito con la melodía principal para la serie de televisión “Mission Imposible”. ¿Cómo surgió la misma?

Hay cosas que no se pueden expresar. Elementos que no se aprenden en un conservatorio o una escuela de música y esta es una de ellas. Llámelo inspiración.

Vamos a hablar de su relación con el director Stuart Rosenberg con el que ha realizado muy importantes trabajos. “Cool hand Luke” (“La leyenda del indomable”) supone el comienzo. ¿Cómo se conocieron?

En esa época yo estaba bastante bien establecido y la manera de proceder en aquellos años, normalmente, era que mi agente me llamaba porque estaban interesados en que realizara una película. Me dieron a leer el guión y le dije a Rosenberg que había tres posibilidades de hacer la música en este film: una era usando música folklórica de Estados Unidos, con banjos….. música country en realidad. La segunda posibilidad era hacerlo con orquesta sinfónica, a la manera Aaron Copland, muy americano. Y la tercera, por la que yo me decanté, era la combinación de ambos estilos y eso fue lo que les inclinó a contratarme…..

De hecho la música se sitúa entre un jazz cálido y una americana rural…

Exactamente.

Con “Brubaker”, en una temática similar, también se acerca a la americana rural. Esto me lleva a preguntarle si como músico de cine, ¿uno se plantea ideas abstractas, como la deshumanización en las cárceles en estas películas, a las que se les da una continuación musical o si se trabaja de una manera mas intuitiva?

Quizás no analizamos tanto. Yo me muevo por instinto, voy siguiendo lo que pasa en la película…. temas, colores orquestales, ambientes. El trabajo del músico debe ser menos intelectual y mas emocional.

Con Rosenberg, en 1976 realiza “Voyage of the damned” (“El viaje de los malditos”), uno de sus scores mas reflexivos, que huye de los estereotipos que acompañan el mundo judío, como el uso del violín. ¿Le gusta romper esquemas?

Yo siempre he roto esquemas. No me gusta la obviedad. Por ejemplo en otra de las películas de Rosenberg, “The Amityville Horror” (“Terror en Amityville”) utilizo música de horror, pero introduzco una canción para coro infantil, tres voces de niños. Me parece mas escalofriante esa combinación. Me gusta el contrapunto audiovisual. La imagen puede decir una cosa y la música otra y eso es muy efectivo. En “Rollercoaster” (“La montaña rusa”) usé mucha música de parque de atracciones, imité con instrumentos electrónicos y mecánicos ese mundo de diversión contraponiéndolo a ese extorsionista diabólico que pone bombas en el parque y el ambiente, en general, va en contra de lo que vemos. La música es indiferente a lo que pasa en escena y eso es muy efectivo a veces, no siempre. En la composición no hay reglas pero en muchas oportunidades el contrapunto audiovisual es muy eficaz.

Respecto a “The Amityville horror”, existe la idea generalizada, que no comparto, de que parte de la música rechazada que compuso para “The exorcist” (“El exorcista”) se utilizó en aquella. ¿Qué puede decir al respecto?

Que es completamente falso. La Warner Brothers lanzó mi versión de “El exorcista” y si se comparan se puede observar que eso no es cierto…..

Ha llegado el momento, Sr. Schifrin, de que nos hable de su participación en “El exorcista”. ¿Qué es lo que realmente pasó y porqué rechazaron su música?

La verdad es que esa es una de la experiencias mas desagradables que he tenido en mi vida, pero hace poco leí que para poder triunfar hay que tener unos cuantos fracasos. Lo que ocurrió fue que el director, William Friedkin, me encargó escribir el trailer de la película, seis minutos que están grabados en la edición de Warner. La gente que vio el trailer reaccionó de manera muy negativa porque las escenas eran tan fuertes y terroríficas que el público iba al baño a vomitar. La verdad es que estaba muy bien hecho, pero la combinación de sus imágenes, que eran muy fuertes, y de mi música que del mismo modo también lo era, asustó al público. Entonces los responsables de la Warner Brothers le dijeron a Friedkin que cuando yo hiciera la música para la película tenía que ser menos dramático, que no se me fuera la mano.
Yo perfectamente podría haberlo hecho, es fácil, pero Friedkin no me dio el mensaje. Y además creo que lo hizo a propósito. Tuvimos un incidente con anterioridad que no tenía que ver con la película y creo que quiso vengarse, esa es mi teoría. Esto lo digo por primera vez, porque mi abogado me recomendó durante muchos años no decirlo, pero ha llegado el momento de que se sepa…..

…se lo agradezco, porque muchos aficionados comprenderán ahora la dimensión de lo que ocurrió….

Lo que ocurrió fue que entonces yo hice la música para la película en la misma dirección que el trailer. Además cuando hice el trailer, Friedkin estaba en el estudio de grabación y me felicitó por ello. Así que yo creí que ese era el camino. Al no darme el mensaje, yo hice mi trabajo y cuando la entregué él no la utilizó, aprovechando lo que habían dicho los responsables de Warner.

Una lástima porque su trabajo era muy vanguardista y arriesgado. Se notó su interés en esa película

Sí, estaba muy ilusionado con ese proyecto, pero la vida no empieza ni termina en “El exorcista”.

¿Va a editarlo completo alguna vez en su sello, Aleph Records?


No es posible, yo no tengo los derechos.

Sus ideas experimentales con “El exorcista” me llevan a preguntarle por otro trabajo muy vanguardista para su época, en el empleo de coros, flautas o percusiones: “THX 1138”. ¿Cómo fue trabajar con George Lucas y qué recuerdos tiene de esa experiencia?

Muy buenos recuerdos. Hace poco en Nueva York, con motivo del aniversario de esa película, se pasó la película en el Museo Guggenheim y vinieron Francis Ford Coppola y George Lucas. Un reencuentro.
Fue muy agradable trabajar con Lucas, justamente lo opuesto a Friedkin, por que me apoyó mucho. En esa época Lucas no sabía técnicamente de música, pero eso no es lo importante en un director, lo que si supo fue expresar lo que quería y yo supe traducírselo. Lucas sabe lo que quiere y es muy generoso y firme a la vez en sus propuestas, pero sin duda es muy fácil trabajar con él.

Otro director con el que tuvo una química especial fue Don Siegel. Ha colaborado con él en cinco ocasiones…..

Efectivamente.


¿Cuál es su trabajo favorito para él?


Bueno, el que mas éxito tuvo fue “Dirty Harry” (“Harry el sucio”). Pero guardo especial cariño por “Charley Varrick” (“La gran estafa”). En Argentina la llamaron “El hombre que desafió a la mafia” y tuvo mucho éxito debido al título. En eso fueron muy astutos los exhibidores. Fue un trabajo difícil para mí, porque era como una “Misión imposible” en donde los miembros de la misión al principio de la película dicen lo que van a hacer, pero en “Charley Varrick” era una misión imposible individual donde nadie dice nada, solo lo piensa y mi labor fue escribir una música del pensamiento. A mi, particularmente, me parece una de las mejores películas de Don Siegel, junto a “The beguiled” (“El seductor”), una película muy buena y de cuya partitura estoy muy satisfecho. Don Siegel sabía como estimularme. Nos hicimos muy amigos.

La mas famosa de sus colaboraciones con Siegel fue, como ha apuntado usted mismo, “Harry el sucio”. Es un score moderno, rompedor. ¿Se planteó que con él, estaba revolucionando la música para films policíacos?

No lo pensé. No me gusta ir mas allá. La película misma me inspiró. Le dije a Don Siegel que iba a utilizar voces femeninas…histéricas y para Scorpio, el villano, guitarras eléctricas distorsionadas, porque era la época del “acid rock” y traté de combinarlo con música de cine. Me preguntó que porqué usar voces. La película se realizó durante la guerra de Vietnam y el propio Siegel le puso a Scorpio, un asesino en masa terrible, sanguinario y cruel, un cinturón pacifista que llevaban los que estaban en contra de la guerra. Aquello era una contradicción. Por eso le dije a Siegel: “este tipo lo que está es loco y lo que hace es escuchar voces”. Entonces Siegel dijo: “ahhhh, eso esta bien” (…risas).
Por eso le digo que yo no intenté llevar las cosas mas allá. Todo lo contrario eran cosas actuales, el símbolo de la paz, el loco, el rock…..Lo que hice fue coger cosas que eran cercanas y combinarlas.

En estos films de Siegel aparecía Clint Eastwood, con el que ya había trabajado en “Kelly’s heroes” (“Los violentos de Kelly”). Como director trabajó con él en “Sudden impact” (“Impacto súbito”), una secuela de “Harry, el sucio”. ¿Cómo es trabajar con un director que conoce de música?

Increíble. Eastwood es un gran aficionado a mi música. Hace poco siendo él miembro del directorio de un festival de jazz muy importante en California, di un concierto de la “Gillespiana” en el Carnegie Hall, que fue un éxito increíble y Clint me abrazaba…..nos une una gran amistad.
Coincidimos en el Festival de Cannes, cuando se alzó con la Palma de Oro “Pulp Fiction” de Tarantino, yo era miembro del jurado y Clint era el presidente del jurado. En el mismo también estaba el director italiano Pupi Avati que también tocaba el piano y le gustaba el jazz. En un momento dado no sabía si estábamos en un festival de cine o de jazz. Hacíamos “jazz sessions” todas las noches. Sabe que los miembros del jurado no pueden mezclarse con nadie, nos tenían acorralados y yo tenía el piano en mi suite y Clint tenía el suyo en una villa. Fue muy linda la experiencia.

Dentro del cine policiaco, usted en 1968 ya había revolucionado el género con el empleo de los metales. Hablamos de “Bullit”. Especialmente ese tema memorable que es “Shifting gears”. ¿Intentaba reflejar la violencia de esos films?

La música va en función de la película. Me dejo guiar por ella. Es curioso pero mucha gente me dice que les encanta la música que hice para la persecución de coches. Pero yo les digo que ahí no hay música. “Shifting gears” es la atención que se prestan los personajes al mirarse por los espejos del vehículo mientras se siguen. El tráfico es lento y aumento la tensión cada vez mas y de golpe McQueen gira por otra calle y deja de sonar la música. El director, Peter Yates, me pidió música para esa escena pero fui yo el que le dije que no, porque la escena lo que requería es que la música fueran los sonidos, los efectos sonoros. Los sonidos también son música, forman parte de la banda sonora. De hecho la “Musique Concrete”, la música concreta, está basada en sonidos y eso es lo que sugerí a Yates y salió bien.

En 1973, fue el primer compositor en afrontar una película americana de artes marciales, “Enter the dragon” (“Operación Dragón”). Ha asegurado en alguna ocasión que se sintió como Morricone al enfrentarse ante el spaghetti western…..

Sí, lo que quise decir es que Morricone hacía películas del Oeste donde la música era “bigger than life”, mas grande que la vida, porque buscaba la exageración, a propósito, y lo hizo muy bien. Pensé que en “Enter the dragon” tenía que utilizar esa misma idea, exagerar, huir de la música oriental al uso.

“The fox” (“La zorra”) es uno de sus trabajos que mas admiro por su elegancia y aparente desnudez. ¿Esta satisfecho del resultado final?

Mucho. Yo estaba en muy buena sintonía con el director Mark Rydell, que también toca jazz al piano. El productor me dijo que al tener solo dos personajes femeninos y uno masculino, podría ayudar a la película hacer un score muy comercial con gran orquesta sinfónica. Yo le dije que ese no podía ser el camino de la película, porque todo en ella era muy íntimo, pocos personajes en mitad de algún sitio de Canadá, rodeados de nieve y con preciosas panorámicas. Sería una exageración de mal gusto poner una orquesta sinfónica ahí. Decidí atacarla con música de cámara, mas íntima y Rydell estuvo de acuerdo conmigo. Lo hice con una pequeña formación orquestal con flauta, cuarteto de cuerda, oboe, fagot, corno, clarinete, piano, clavecín y algo de percusión.

“Le pelle” (“La piel”) de Liliana Cavani, contiene uno de sus mejores temas de amor. ¿Cómo recuerda esa participación?

Muy bien. Yo ya había leído el libro de Curzio Malaparte, que había ganado el premio Nobel. Conocía la historia y me parece que Liliana Cavani hizo un trabajo maravilloso, muy influida por Fellini. Fue una muy bonita experiencia porque la grabé en Roma con la Orquesta de la Academia de Santa Cecilia y esta es una de las mejores orquestas de la capital italiana.

Con “Anno domini”, que contiene uno de sus temas centrales mas admirados por el aficionado, entra en la temática religiosa. ¿Era la primera vez que se acercaba a este género?

No. Con anterioridad, el Papa Juan XXIII me comisionó la “Misa en Jazz” con la que gané un Grammy. Yo he tenido muchas relaciones con el Vaticano. Conocí al nuevo Papa, el señor Ratzinger, hace tres años en Hannover (Alemania). Toqué allí la “Misa en jazz”. Fueron el Ministro del Interior alemán y el arzobispo de Hannover, que fue el que trajo a Ratzinger y el Papa tenía curiosidad por ver el resultado final. Y le gustó.
Además Olivier Messiaen, mi maestro en Paris, era un místico católico y tocaba el órgano en la Iglesia de la Trinidad todos los domingos por la mañana y yo iba a escucharle y era impresionante. Hay tanta emoción en la vocación religiosa, que aunque yo crea en Dios pero no sea muy practicante, respeto y me impresiona la devoción de los verdaderos fieles. Eso me atrae muchísimo, por lo que trabajar en “Anno Domini” me pareció una gran oportunidad de reflejar todo eso en música.

¿Conoció a Ava Gardner en el rodaje de la miniserie de televisión?


Yo a Ava la conocía de antes, cuando yo estaba con Dizzy. Ella venía a escucharnos con Gillespie. Le gustaba mucho el jazz y entendía. El hecho de haber estado casada con Artie Shaw la había aficionado. Además el productor de “Charley Varrick” y “The beguiled”, Jennings Lang, organizaba reuniones en su casa donde coincidíamos ambos.

Trabajó en proyectos españoles como “Don Quijote”, “Berlín Blues” y “Tango” de Carlos Saura. Usted admiraba el trabajo de Saura como director…

Sí. Tuvimos la primera reunión en Madrid. El productor argentino Juan Codazzi le había ofrecido la película y la reunión fue muy bien. Luego me llevó el guión a Londres donde yo me encontraba grabando. Ha sido la única película donde he tenido que componer la música antes de que se rodara, ya que Saura cuenta esta historia, como la de “Carmen” u otras, a través del baile. La hicimos en Argentina y había tres coreógrafos. Allí en Buenos Aires hablé con Vittorio Storaro, el director de fotografía. Los tres estábamos interesados si en Argentina se podían encontrar todos los avances técnicos de nuestras disciplinas. A mí me interesaba que se pudiese grabar en digital, y como todo era posible decidimos quedarnos en mi país. Especialmente porque los mejores coreógrafos y músicos para el tango son los de Buenos Aires.

¿Le supuso un reto el desarrollar nuevos caminos en un estilo tan cercano como el tango?

Bueno, en realidad yo solo había practicado el tango en París, cuando Astor Piazzola me llamó para tocar en un disco que iba a grabar. Le pregunté “¿porqué yo?” y me dijo “porque tu sabes tocar el jazz y mi tango tiene swing” (….risas). Además Piazzola me llamó para dirigir una de sus últimas obras. La ironía trágica es que me llamó para hacer uno de sus primeros discos y estuve en una de sus últimas apariciones.
Hay muchos grandes del tango que tienen ese “swing”. Uno de los mas grandes pianistas de tango, Horacio Salgán, lo tiene. Yo iba a escucharle como si fuera un músico de jazz.

Con Plácido Domingo, el tenor español, colaboró en “Something to believe in”. No era la primera vez….

Plácido colaboró conmigo en “Los cantos aztecas” (editado por Aleph). Además me llamó para hacer “Los tres tenores”. Con respecto a “Something to believe in”, me puse en contacto con él y le dije que quería que cantara ese tema. A él le gustó la idea y la grabamos en New York. Estaba actuando en la Metropolitan Opera por entonces.

El año pasado compuso la música de “Abominable”, una película dirigida por su hijo Ryan. ¿Cómo fue trabajar con su hijo?

Fue muy bonito. La película aún no ha salido, pero estoy muy satisfecho del trabajo que le hice a mi hijo. Además estoy muy orgulloso del trabajo de Ryan en esta su primera película. Un film de terror. También hice hace poco “The bridge of San Luis Rey”…..

…que se filmó en España….

Sí, se filmó allá pero se grabó en Londres, porque la directora era inglesa.

Hace unos días se ha estrenado en España uno de sus últimos trabajos “Alter the sunset” (“El gran golpe”). Las escenas que giran sobre el elemento del robo recuerdan mucho a sus trabajos para “Bullit” o “Harry el sucio”, el bajo punteando la cuerda, ¿fue una idea suya?

Sí fue por completo idea mía. No es exactamente igual que lo que hice para esos films, ni música de los 60, pero hay cierto parecido.

¿Cuáles son sus proyectos en un futuro cercano?

Si hablo de los proyectos que tengo para el futuro no podríamos acabar esta conversación hoy. No me gusta además hablar del futuro. Plácido Domingo dijo una cosa muy cierta, “yo no soy supersticioso porque puede traer mala suerte”.

Pero si podría adelantarnos que se va a editar próximamente en su sello Aleph

Está a punto de salir “Caveman” (“Cavernícola”), una comedia de 1981 que hice con Ringo Starr. Después la partitura completa de “Magnum force” (“Harry el fuerte”), donde se podrá escuchar toda la música, ya que hay escenas en las que no la usaron. Estoy grabando también algunas obras clásicas. La semana pasada estuve en el Lincoln Center haciendo una obra de música de cámara que se llama “Cartas de Argentina” y la vamos a grabar y sacar a la venta este año.

¿Como ve el panorama actual, qué músicos le interesan?

Bueno, Bernard Herrmann decía que los compositores de cine no existen, solo hay compositores. Así que los compositores que sigo son Luciano Berio, Pierre Boulez, autores de vanguardia. También Penderecki, por supuesto.

Acabamos, ¿Cuál es la partitura de la que se siente mas orgulloso?

Eso es como preguntarle a un padre a cual de sus hijos quiere mas. Digamos que me gustan todas, me siento adherido a todas ellas.

Sr. Schifrin ha sido un auténtico placer hablar con usted
Muchas gracias y muy buena suerte a ustedes con su página.



Agradecimientos: Brooke Casey (Asistente de Lalo Schifrin) y Liane Mori (Rogers & Cowan).


Fuente: www.scoremagacine.com

viernes, 16 de julio de 2010

Si la cosa funciona, la última de Woody.

'Si la cosa funciona', de la amargura al optimismo

Por Beatriz Maldivia



Comenzar a ver un film de Woody Allen es como un ritual. El mismo tipo de letra en los títulos de crédito y el mismo estilo musical de siempre nos sitúan, antes de mostrarnos ninguna imagen, en lo que vamos a presenciar a continuación. Las películas del neoyorquino, incluso las que más se despegan en argumento o género de su tónica habitual, suelen coincidir en elementos. Y en lo que siempre coinciden es en satisfacer, en mayor o menor medida. No he sido infiel ni una sola vez a la cita anual del cine de Allen y me extraña que alguien lo sea, pues el judío es un director y guionista que siempre puede aportarnos algo, que nunca se va a hacer duro de ver, que no pude decepcionarnos hasta el punto de perder el interés en lo siguiente que vaya a rodar… Es algo a lo que nos hemos acostumbrado, algo que, para una generación, ha estado ahí desde el principio. De momento, no nos podemos imaginar un año de cine sin un film de Woody Allen.

‘Si la cosa funciona’ —traducción más que libre de ‘Whatever Works’—nos habla de Boris Yellnikoff, un hombre maduro que siente que es demasiado inteligente para soportar la vida. Tras un intento fallido de suicidio, abandona a su mujer y se instala en un cuartucho, donde sobrevive dando clases de ajedrez a niños. Lo que no puede imaginarse es que una visita inesperada le cambiará la vida.

Tras lo resumido en la sinopsis, el argumento continúa avanzando, mostrando cambios, que se suceden tras esos acontecimientos, y continúa variando y modificándose, sin que, por ello, nos sorprenda lo más mínimo. Todos los sucesos serán lugares comunes en el cine de Allen o incluso similares a los de su vida personal. Los más estrambóticos serán, por el contrario, demasiado absurdos o casuales como para que nos los creamos. Así que nos los tomaremos simplemente como un chiste o como una crítica social, más que como el paso adelante en la evolución de los personajes que los sufren. En resumen: argumentalmente, ‘Si la cosa funciona’ no aporta nada, sino que todo lo bueno está alrededor de la historia narrada.



Podríamos dividir el cine de Allen en comedias y dramas, diferencia que él mismo estudió en ‘Melinda y Melinda’. Y sería difícil colocar de un lado o de otro ‘Si la cosa funciona’. Tiene bastante humor, pero menos, por ejemplo, que ‘Scoop’, por compararla con una reciente. Los comentarios sarcásticos que reparte por el metraje son de un nivel altísimo y están bien traídos. Allen vuelve a sus bromas sobre el judaísmo, la sociedad y sobre sus personajes. Además, recupera la diferencia social que había presentado en otras ocasiones, como por ejemplo en ‘Disparos sobre Broadway’ o ‘Un final made in Hollywood’, y se ríe de la incultura de los demás, sin llegar a ser ofensivo. He aquí ese aliciente que mencionaba en el párrafo anterior: aunque haya pocos, los chistes de esta película son lo que la convierte en buena.

Larry David es muy adecuado para encarnar al alter ego de Allen y hasta parecido en ciertos aspectos. Nos creemos muy bien en él la paranoia, la hipocondría, el sentimiento de superioridad… y los diálogos los transporta con perfecta soltura. Pero me parece alguien muy hierático en su forma de moverse y muy contenido en expresividad corporal. No sé si será en este papel o si será su manera de actuar en general —no lo he visto nunca en ‘Curb Your Enthusiasm‘—, pero el caso es que me faltó algo de dinamismo en su presencia. Y me dio la sensación de que estaba disfrazado, de que era alguien haciendo un personaje… no encontré una total naturalidad.



Evan Rachel Wood tiene una papeleta más difícil, pues su personaje cambia mucho en pocos minutos de metraje y no sólo tiene que comportarse de manera diferente, sino que, además, debe lograr que la veamos más guapa, según avanza el film. Lo consigue, transmite encanto y le sirve de maravilla como réplica a David, quien necesita lanzar sus ironías contra alguien y a quien no le vienen nada mal algunas contestaciones. Patricia Clarkson no tiene ningún problema en su transformación, similar a la de la hija, pero más extrema. Y lo mismo pasa con Ed Begley Jr. Para mí supone un descubrimiento Henry Cavill, aunque algunos a lo mejor ya lo han visto en ‘Los Tudor’, pues resulta tan irresistible como su personaje exige.

A pesar de que lo narrado es lo de siempre en Woody Allen, el tono trata de vendernos ‘Si la cosa funciona’ como una película profunda y reflexiva. Se podría entender así, ya que la voz del protagonista nos lanza pensamientos constantemente y cierra la película con un discurso a modo de conclusión. Hay a quien le han funcionado estas ideas y la ha percibido como emotiva. Sin embargo, para mí todo esto se ha quedado en el intento: la cosa no funciona. Supongo que dependerá de nosotros, más que de la cinta. Por ello, quizá muchos obtengáis más del film de lo que yo obtuve.



Por Juan Luis Caviaro


Todos los años acudo al cine, con gran ilusión, a ver lo nuevo de Woody Allen. Como ya sabéis, es uno de mis cineastas favoritos. Una de las ventajas de ser un fan del neoyorquino es que trabaja con una regularidad impresionante, así que no hay que esperar demasiado para ver su último trabajo. Claro que esto, paradójicamente, dota de una cierta irregularidad a su cine, pudiéndose uno encontrar con que un año entrega una película maravillosa, y al siguiente un entretenimiento pasajero. En todo caso, salvo alguna mala cosecha, el cineasta no suele caer bajo.



Precisamente, sentía especial interés por ver ‘Whatever Works’ para quitarme el mal sabor de boca que me dejó la que considero que es su peor obra, ‘Vicky Cristina Barcelona’, cuya mediocridad me dejó perplejo hace un año, planchado en la butaca. La primera vez que Woody Allen rodaba en España, sí, pero miremos lo que hizo cuando rodó en Londres… El cineasta debió revisar muy poco uno de sus peores guiones, y a los productores españoles les traería sin cuidado, pensando en lo que iba a recaudar una comedia donde Scarlett Johansson y Penélope Cruz se metían mano. En fin, un mal año. Desde hace una semana está en nuestros cines la siguiente, que afortunadamente es mucho mejor.

Decía Allen recientemente, mientras rodaba su nueva película (de nuevo en Londres), que nunca piensa en el título hasta que el trabajo ya está terminado, y ve el resultado completo. Entonces lo decide, según crea que es buena o mala, dando una pista al público, para que no se lleve un chasco. Si esto es así, y no otra broma de un hombre íntimamente vinculado al humor, parece que el director no apostaba demasiado por ‘Whatever Works’, traducida feamente en nuestro país como ‘Si la cosa funciona’.



En realidad, dejando a un lado las suposiciones, el título le viene estupendamente a la película. Primero, porque es una frase que el protagonista usa en varias ocasiones, para destacar la escasa relevancia (verdadera) de nuestros actos; segundo, porque la película, aun con sus errores y la modesta potencia de su motor, funciona, consigue su propósito, divierte y hace reflexionar. De hecho, el principal problema de ‘Whatever Works’ es que Woody Allen ya ha filmado otras como ésta, y le han salido mejores, más completas. Si por el contrario, esta película nos hubiera llegado un par de décadas atrás, el impacto sería mayor, y también su valoración.

Así podía haber sido, si Allen no llega a guardar el guión en ese famoso cajón a donde van todas sus ideas, hasta que llega el momento apropiado para rodarlas. Al parecer, escribió la historia de ‘Whatever Works’ pensando en que Zero Mostel interpretaría al protagonista; la muerte del cómico, en 1977, hizo que Allen se olvidara del guión. Treinta años después, ante la amenaza de huelga de los actores, el director de ‘Annie Hall’ se acuerda de la vieja historia de Boris Yellnikoff. La reescribe, actualizando las referencias políticas, y se lo entrega a su equipo de casting, con la esperanza de encontrar al protagonista adecuado.

A diferencia de lo que se ha aventurado en muchos textos sobre la película, Allen nunca se planteó dar vida a Boris, porque no se parece a él. Según sus propias palabras, el personaje es demasiado antipático para que él lo pudiese encarnar adecuadamente, el público no se pondría en su lugar, lo rechazaría; necesitaba a alguien que pudiera insultar y menospreciar a los demás, pero que al mismo tiempo cayera bien, resultara simpático. Cuando se le dio a Allen el nombre de Larry David, todo cobró sentido. David ya había trabajado para él en un par de ocasiones (en ‘Días de radio’ e ‘Historias de Nueva York’), pero ésta sería la primera vez que tendría un papel importante. Y lo cierto es que está perfecto, es justo lo que necesitaba este guión.




La película se beneficia del gran trabajo de Larry David, pero para que el conjunto funcionara era necesario igualmente encontrar a una actriz que encajara en el molde de Melodie St. Ann Celestine, una de las chicas clásicas del cine de Allen. Es la chica tonta, ingenua, muy viva y alegre (posiblemente por ser tonta), el contrapunto perfecto para el protagonista, pesimista y amargado, con la idea del fin del universo siempre en mente. Uno ve a David en el personaje y cree firmemente que el hombre no haya necesitado mucho esfuerzo para interpretarlo (recomiendo desde aquí su desternillante serie ‘Curb Your Enthusiasm’). No sé hasta qué punto Evan Rachel Wood es como Melody, pero lo cierto es que la chica está impecable. Al parecer, el acento sureño lo incorporó después de que Allen le diera el papel, lo cual viene a confirmar que Wood se tomó muy en serio el trabajo.

La película brilla cuando gira en torno a estos dos personajes, Boris y Melody, pero pierde fuerza cuando se desvía para contarnos otros encuentros, otros romances (Henry Cavill es muy guapo, pero tiene el talento de un muñeco de cera) y otras vivencias paralelas. Cuando el destino, siempre presente en el cine de Allen, trae a escena a los padres de Melody (Patricia Clarkson y Ed Begley Jr.), baja bastante el interés, pues aunque haya momentos simpáticos a costa de estos dos personajes, con los que el neoyorquino puede jugar ampliamente, se interrumpe lo que verdaderamente importa, la relación entre el tipo trágico y la chica cómica, dando la impresión de que se han unido, torpemente, dos historias en un mismo guión.

Pasando por alto la escasa fortuna de Allen en este aspecto, y que se llegue a un desenlace que me parece muy forzado, creo que ‘Whatever Works’ es una de sus mejores películas. A mi compañera Beatriz no le parece que funcione, y estoy seguro que no es la única que lo piensa. Es una película muy irregular, llena de imperfecciones, pero también, sobre todo, con grandes aciertos. Logró hacerme reír a carcajadas (creedme, no soy de los que se ríen fácilmente en una sala de cine) y las reflexiones del protagonista sobre la vida y la sociedad son viejas, pero no dejan de ser acertadas y necesarias. La vida puede ser triste y monótona, corta y fugaz, pero siempre podemos recurrir al cine de Woody Allen, profundo y divertido.


Ficha técnica ampliada


Título: Si la cosa funciona
Título original: Whatever Works
Dirección: Woody Allen
País: Francia, Estados Unidos
Año: 2009
Duración: 92 min.
Género: Romance, Comedia

Reparto: Larry David, Adam Brooks, Lyle Kanouse, Michael McKean, Clifford Lee Dickson, Yolonda Ross, Carolyn McCormick, Samantha Bee, Conleth Hill, Marcia DeBonis, Evan Rachel Wood, John Gallagher Jr., Willa Cuthrell-Tuttleman, Nicole Patrick, Patricia Clarkson, Henry Cavill, Olek Krupa, Ed Begley Jr., Christopher Evan Welch, Jessica Hecht, Lindsay Michelle Nader, Armand Schultz

Web: www.sonyclassics.com/whateverworks
Distribuidora: TriPictures
Productora: Gravier Productions, Perdido Productions, Wild Bunch
Presupuesto: 15.000.000,00 $
Casting: Ali Farrell David H. Kramer Juliet Taylor, Laura Rosenthal
Coproducción: Helen Robin
Coproducción ejecutiva: Charles H. Joffe, Jack Rollins
Departamento artístico: Andrew Spagnoli, Anne Miller, Beth Kuhn, Glenn Lloyd, James Granger, Manny Sanchez, Mark Pollard, Richard Tenewitz, Rodney Sterbenz
Departamento editorial: Kate Rose Itzkowitz, Morgan Neville, Tim Stipan

Dirección: Woody Allen

Diseño de producción: Santo Loquasto
Efectos visuales: Charles Lapage, Dana Bloder, David Piombino
Fotografía: Harris Savides
Guión: Woody Allen
Montaje: Alisa Lepselter
Producción ejecutiva: Brahim Chioua, Vincent Maraval
Sonido: David Wahnon, Gary Alper, Jason Stasium, Jay Peck, Lee Dichter
Vestuario: Patrick Wiley Suzy Benzinger

Fuente: Blog de cine