Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 15 de noviembre de 2018

33 Festival de cine de Mar del Plata.

ADELANTADA A SU TIEMPO

Otro de los platos fuertes del cine restaurado argentino en el Festival será el de la proyección de Señora de nadie, segundo largometraje de María Luisa Bemberg, que pone en escena a una mujer independiente, a contramano de las convenciones del cine de la época. 




A sus sesenta años de edad, cinco años antes de la sanción de la Ley de Divorcio y el día previo al desembarco argentino en Malvinas, María Luisa Bemberg estrenaba Señora de nadie. Si el contexto era al menos desfavorable, todo aquello que hizo que la película mantuviera su valor en el tiempo hoy está a la vista: a cada paso de su filmografía, detrás de cámara Bemberg replicaba con mayor fuerza las rupturas de los argumentos que filmaba. Si en Momentos (1980) la mujer recuperaba el mando sobre su deseo amoroso, y en Camila (1984) la misma Bemberg tomaba por asalto a la Historia con una mirada renovadora, Señora de nadie fue un alegato a favor de la independencia de su protagonista, que incluía el plano romántico pero iba mucho más allá en su alcance: después de descubrir la infidelidad de su marido, Leonor no solo decide rearmar su vida afectiva, sino que además decidirá reinsertarse en el mercado laboral, rompiendo con las imposiciones de las tareas hogareñas y la maternidad. En definitiva, recuperando la felicidad en sus propios términos.



Si el mensaje era una herejía para los valores que impuestos durante aquella época, Bemberg tuvo el oficio y talento suficientes para que fuera coherente con los aspectos formales: la película se enfoca en su protagonista, lleva la historia desde su punto de vista y hasta llega a presentar de manera deliberadamente difusa a su marido, interpretado por Rodolfo Ranni. De hecho, el personaje masculino principal en la película es el de Julio Chávez, interpretando a un amigo gay de Leonor, en una de las primeras visiones empáticas y alegres que el cine argentino dedicó a un personaje homosexual. Lita Stantic, productora de la película, contaría mucho tiempo después que esa representación le valió a Bemberg una reunión con el coronel a cargo del Instituto Nacional de Cine, para que lo quitara del guion. En una entrevista de 1984 para la revista SuperHumor, la directora explicaría la razón detrás de la evidente desobediencia al pedido: “En Señora de nadie yo quise mostrar la doble marginalidad del homosexual y de la mujer separada. Una mujer así, sin dinero ni preparación profesional, es una paria que va de casa en casa”.




Bemberg atravesó en carne propia muchas de las sensaciones que registró en sus personajes femeninos. Su enorme talento le permitió plasmarlas en historias de cualquier época y estilo, pero su decisión y perseverancia para lanzarlas en los contextos más reaccionarios hicieron que se puedan seguir disfrutando en un nuevo contexto.

El público en Mar del Plata podrá disfrutar de Señora de nadie en una versión restaurada de manera digital por el Plan Recuperar, que llevan adelante DAC-Directores Argentinos Cinematográficos y Laboratorios GOTIKA.

Extraído de http://www.mardelplatafilmfest.com

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