Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 4 de octubre de 2017

La rigurosidad artística de Bruno Ganz.

Bruno Ganz: "Tuve miedo y sentí pudor antes de aceptar interpretar a Hitler" 


Bruno Ganz durante la charla con el público en Mar del Plata

Casi todos lo conocen hoy como el actor que interpretó al temible Adolf Hitler, que mostró con rigurosidad artística e intelectual al líder nazi en sus últimos días de desesperación, locura y muerte en su claustrofóbico búnker. Pero varios años antes había desplegado una faceta muy diferente: un ángel existencialista, Damiel, que volaba sobre el cielo de una Berlín que ya no existe y decidía, en un gesto indisolublemente humano, entregar su inmortalidad por amor.

Con igual brillo pero menos glamour que sus colegas hollywoodenses, el suizo Bruno Ganz construyó durante cinco décadas una trayectoria notable en cine y teatro que hoy lo coloca como uno de los actores más relevantes del mundo. Trabajó con varios de los grandes directores del último medio siglo, como Eric Rohmer, Wim Wenders, Werner Herzog, Volker Schlöndorff, Francis Ford Coppola, Theo Angelopoulos y Peter Handke. Su interpretación en La caída (2004) lo otorgó reconocimiento masivo a un talento presente desde mucho antes.

Nacido en Zürich hace 69 años, Ganz es uno de los invitados especiales de la 25° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Hombre más bien bajo, de apariencia amable y reflexiva, vino a presentar su última película, The Day of the Cat, del alemán Wolfgang Panzer, donde interpreta a un presidente suizo jaqueado por traiciones y un intento de golpe de estado. Y además brindó en la noche del martes una charla abierta al público en el Teatro Provincial.





"Ya vi cinco veces esta película", elogió de entrada el infatigable José Martínez Suárez, director del Festival, a quien a sus 85 años se lo puede ver tanto pidiendo disculpas por la demora en una proyección como preguntando de quién es la billetera perdida que apareció en una sala. Se refería al gran film de Oliver Hirschbiegel, que se exhibió en DVD antes de la charla. "Interpretar a Hitler fue una tarea que demandó mucho esfuerzo", contó el actor, escueto, antes de la película.

Dos horas y media después, con el nazismo ya derrotado y los rusos en control de Berlín, Ganz y Martínez Suárez volvieron al escenario y recibieron el aplauso de un auditorio casi completo. El concejal Héctor Rosso, de Acción Marplatense, le entregó al actor un diploma que lo distinguió como Visitante Notable de Mar del Plata y entonces, sí, comenzaron las preguntas. La primera fue brutal y generó en el público el típico "Uh..." de dolor futbolero. "¿En algún momento se sintió identificado con el personaje?", disparó alguien desde el fondo de la sala. "Es un poco difícil", respondió Ganz en alemán, con la serenidad que le da la experiencia en este tipo de encuentros, siempre imprevisibles. "Una persona que sabe qué hizo Hitler no se puede identificar con él. Políticamente fue un monstruo. Pero soy un actor que trata de entender a sus personajes. Quise entender quién fue Hitler y eso es mucho trabajo. El creía que era el salvador de Europa, como si fuera una ópera de Wagner", agregó. "La película no pudo ser utilizada por los neonazis, lo que me genera orgullo", remarcó.

La tarea no fue sencilla. Ni antes, ni durante, ni después. "Tuve miedo y sentí escrúpulos; sufrí muchas contradicciones internas y pasé varias semanas dialogando conmigo mismo para decidir si debía tomar el rol", contó. Demoró cuatro meses en investigar a Hitler hasta en sus más nimios detalles. Durante la filmación, lo más agotador física y emocionalmente fue reiterar una y otra vez los frecuentes ataques de furia del Führer. Y luego tuvo que deshacerse de todo: "Tengo la fatal tendencia de repensar los personajes que represento, de reprocesarlos luego de filmar la película. Debo reconocer que ninguno me demandó tanto tiempo para digerirlo como Hitler".

Aunque su mimética interpretación en La caída copó casi toda la charla, hubo algo de tiempo para transitar otros temas. Las alas del deseo (1987), por ejemplo, su segunda colaboración con Wenders. "Es una película muy poética. Y me causa alegría además que hoy se haya convertido en un documental, porque muestra una Berlín que ya no existe. Con la reunificación ya no está el Muro, y la ciudad cambió muchísimo", sostuvo.

Un rotundo aplauso marcó el final del encuentro, que se extendió poco menos de una hora. Decenas de personas (estudiantes de cine, periodistas, curiosos, cholulos) se acercaron entonces al escenario en búsqueda de un autógrafo. El hombre más bien bajo, de apariencia amable y reflexiva se tomó su tiempo y firmó todos los papelitos.

[*] Versión ligeramente extendida de un artículo publicado en el diario La Razón de Buenos Aires el jueves 18 de noviembre.

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