Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 6 de junio de 2012

Sofía Coppola: el enfoque cuidadoso sobre el alma humana.

Por Enrique Posada.

Naturalmente que existe infinidad de maneras de aproximarse al cine, y cada director es un cosmos lleno de constelaciones y de zodíacos, del cual puede ser más o menos consciente. Al viajar por ese universo como espectador atento se encuentran personajes que transitan deliberadamente por los caminos del cine, con la clara intención de dejar una huella, de marcar los senderos con su sello personal. Son directores que tienen estilo, que trabajan con sentido artístico, aun filmando películas que igualmente impliquen beneficios económicos y posibilidades comerciales.

Sofia Coppola, nacida en Nueva York en 1971, es uno de estos personajes. Se caracteriza por actuar tanto como directora y como guionista. Desde muy joven ha estado íntimamente asociada con el mundo del cine. Un factor innegable en su vida como cineasta es el ser hija del famoso director y productor Francis Ford Coppola, quien la ha acompañado como productor en varias de sus películas. Ha estado casada por varios años con el también director Spike Jonze; es sobrina de la actriz Talia Shire y prima del actor Nicolas Cage. Pero esto no quiere decir que se trate de una niña consentida y privilegiada que ha transitado por el cine sin méritos propios. Por el contrario, su trabajo se caracteriza por su creatividad, por las arriesgadas propuestas temáticas y por el elegante diseño que está patente en cada una de las escenas de sus películas. Es una directora con un agudo sentido musical, que se manifiesta en innovaciones importantes y en sorprendentes rompimientos de esquemas con propuestas diferentes, para las cuales se apoya en grupos musicales de muy buen nivel. Su primera obra de importancia es Las vírgenes suicidas (The Virgin Suicides, 1999). En ella se narra la trágica experiencia que se vive en un hogar y en un pueblo norteamericano de los años setenta. Cinco enigmáticas y jóvenes mujeres transitan por sus vidas adolescentes en medio de las tensiones de un hogar rígido y el ambiente más bien superficial e intrascendente que las rodea, en el cual un grupo de muchachos las aprecian y las admiran, con una mezcla de deseos sexuales, de curiosidad y de enamoramiento. El desenlace de esta historia es inesperado y trágico, a modo de irreversible drama griego. En ella, Sofia Coppola muestra su estilo y su tema central: detenerse silenciosamente, sin explicaciones explícitas, en las insondables profundidades del alma humana, a través del planteamiento de situaciones, de manera que el espectador pueda acompañar las escenas sin interrupciones, sin que lo lleven de la mano.

Lo que hace Sofia es acercarse a los protagonistas lentamente, enfocando la cámara en sus caras, en sus ojos, en sus miradas. Sin que se pierda la atención, la cámara puede alejarse o desviarse cuidadosamente del primer plano, hacia los detalles del ambiente (los árboles, la carretera, el cielo, una ventana), aspectos que acompañan sutilmente la aproximación hacia los personajes. Luego la cámara retorna al plano cercano y la secuencia se puede repetir. Es como si de esta forma se estuvieran filmando los pensamientos de los personajes, en interacción con las inquietudes del espectador. Tres aspectos adicionales completan el estilo de Coppola, lo cual se evidencia desde este primer trabajo: el empleo de una fotografía soberbia, extremadamente cuidadosa y poética; los diálogos, delicados, sugestivos, en sintonía total con esos viajes mentales, admirablemente complementados con miradas y gestos, y, finalmente, unas bandas sonoras de gran calidad. No hay que dejar de mencionar como parte del estilo que se va definiendo en esta directora el trabajo con actores capaces de centrar la atención de los espectadores con su carisma especial, como es el caso de Kirsten Dunst, quien luego va a aparecer en otra de sus películas. Es evidente que Coppola diseña las escenas y logra empatía entre sus ideas y los actores, quienes se comprometen y se centran de verdad en su estilo particular y en esos viajes mentales enigmáticos, pero a la vez abiertos, de sus personajes. Dado que Coppola pone su atención en los aspectos mentales (ensoñaciones, recuerdos, pensamientos, frustraciones, ilusiones), y dado que emplea para ello tomas detalladas y lentas, es menor el énfasis en la historia como tal, y ello puede dar lugar a críticas sobre lo indefinido de los temas y el desarrollo inacabado de los personajes. Desde otro punto de vista, esto es interesante para un espectador comprometido, que se deje atraer por las bellezas visuales, musicales y por las preguntas abiertas que se plantean. En 2003, Sofia Coppola dirigió Perdidos en Tokio, la cual tuvo una acogida favorable por la crítica, llegando a ganar varios premios importantes. En ella ha trabajado con Bill Murray, un actor ya prestigioso, y con Scarlett Johansson, una nueva actriz en la época, quien alcanza fama con este filme. Es bien interesante la forma en que Coppola se enfrenta al desarrollo de la amistad entre estos dos personajes, teniendo como marco el ambiente y los lugares de la ciudad de Tokio. Entre los aportes significativos, se tiene el ser capaz de describir la aproximación a las diferencias culturales, como un asunto de observación, más que de choque o de cambios forzados. Contribuye a esta situación el modo japonés de ver las cosas, en el cual la admiración y el respeto por lo distinto son destacables. Puede que se pierda el sentido de las traducciones entre lenguas (lost in translation), pero no por ello se deben perder el ingenio, la paciencia, las comunicaciones. Eso es lo que transmiten los personajes, tanto para los idiomas como para el lenguaje de las almas.

En esta cinta, Coppola refina aún más su enfoque en las visiones mentales de los personajes, en este caso, admirablemente apoyada en las capacidades de Murray y de Johansson para comunicarse a través de los silencios, de las poses, de los símbolos. Se logra así describir las tensiones emocionales y afectivas sin el uso deliberado de escenas explícitas de contacto corporal. Otra consideración novedosa de la película es la profundización, el viaje interior que hacen los personajes, a medida que se atreven a dejar que el otro se acerque. El otro llega con su mirada y su presencia y ello transforma. Lo interesante es plasmar esto en forma de imágenes y diálogos sutiles, con ligero surrealismo, permitiendo que el humor y la actuación lleven a la exploración de las situaciones (como en una especie de teatro, pero con apertura, sin intentos de manipulación). El personaje principal es un actor que vende un producto. Su capacidad para actuar y para ensayar situaciones con humor y honestidad es el eje central de la cinta. En 2006 Coppola presenta María Antonieta, una aproximación a la historia de la famosa reina de Francia que sufrió los rigores de la Revolución Francesa. Se basó para ello en textos de la historiadora británica Antonia Fraser y en la interpretación de la actriz Kirsten Dunst, como la reina, y del actor Jason Schwartzman, como su esposo, Luis XVI. Se trata de una película fastuosa por sus ambientes y sus vestuarios, que fue premiada con el Oscar al mejor vestuario. Todas las escenas revelan el extremo cuidado que Coppola pone en los detalles, de manera que un espectador atento puede sentir que está en verdad en la corte de Versalles o en el palacio de la reina. Hasta el más humilde de los extras está deliberadamente enmarcado en los cuadros. Pero, al modo ya descrito en que trabaja Coppola, ello no interfiere con las exploraciones que se adentran en las almas de los personajes, que en este caso incluyen acercamientos a un ambiente muy especial: el de una corte ya decadente y amenazada por eventos que es incapaz de controlar.

Se va perfilando en María Antonieta otra faceta de su estilo, ya delineada en las dos películas anteriores: la exploración del sentir de los personajes femeninos. Demasiadas veces la mujer en el cine está muy limitada por su belleza, por sus atractivos sexuales, por su papel de pareja unida a los protagonismos y a los destinos de los hombres. Ya en Las vírgenes suicidas, Coppola había sugerido que el alma de la mujer es casi inalcanzable para la superficialidad y la simplicidad del hombre, y, en Perdidos en Tokio, señala que para llegar a acercarse a lo femenino, el hombre requiere sentido del humor, de la actuación y una humilde declaración de soledad y de abandono. En María Antonieta se perfila el talante infinitamente paciente de la mujer, con aspectos equilibrados de rebeldía y de tolerancia, capaz de soportar los rigores de la moda, las incertidumbres de la maternidad y la convivencia forzada en ambientes extraños y superficiales, sin perder su esencia profundamente humana y su individualidad. La actuación de Kirsten Dunst es bastante buena en este sentido, y su belleza y la de los ambientes en que se mueve es espectacular y ambos quedarán en el recuerdo. En este sentido, Coppola comenta en una entrevista que no pretendió elaborar un documento histórico ni tampoco una metáfora con connotaciones políticas respecto de los tiempos actuales, sino más bien intentó aportar una mirada personal, imaginaria, pero documentada, sobre los sentimientos que despierta en las mentes del espectador tanto un personaje como María Antonieta como lo que se vivía en aquellos tiempos. De nuevo Coppola se luce con su trabajo musical. Además de la música clásica tan natural en las ambientaciones de los palacios reales, se presenta una banda sonora con música de ritmos y acentos contemporáneos, que en nada desentonan con el filme. Es de resaltar un baile de disfraces al ritmo de un rock clásico y una bella escena en la cual la reina escucha una bella pieza interpretada por dos guitarristas. En su último trabajo como directora guionista, Somewhere (2010), Sofia Coppola, siguiendo con su profundización sobre personajes femeninos, se acerca esta vez a los sentimientos de una joven adolescente, protagonizada por Elle Fanning, quien, bajo circunstancias inesperadas, disfruta de unos raros días de intimidad con su negligente padre, generando transformaciones y cuestionamientos a base de inocencia, de presencia y de confianza. No deja de ser este un llamado a explorar las muchas oportunidades que surgen en la amistad entre padres e hijos cuando se atreven a compartir instantes y actividades, trascendiendo los miedos, las rutinas, el agotamiento, la rebeldía y los silencios que, en general, se asocian con estas relaciones.

Somewhere es, de nuevo, un conjunto de exploraciones al alma humana, en este caso sin que se haga necesario contar con una trama específica. La directora refina todavía más su estilo detallado, lento e intimista, con el cual nos acerca a los sentimientos, pensamientos y dudas existenciales de los personajes, tal como ella los ve, pero sin atropellar al espectador, con base en una fotografía muy cuidada, diálogos excelentes y música de calidad. En su corta filmografía, Sofia Coppola ha hecho un trabajo de gran calidad, con estilo propio e independiente. Sus películas, estéticas y bien logradas, merecen ser vistas en detalle, con atención, no como éxitos de cartelera, sino como obras de arte, como enfoques cuidadosos sobre el alma humana.


Fuente: Portal El espectador imaginario, http://www.elespectadorimaginario.com/sofia-coppola-el-enfoque-cuidadoso-sobre-el-alma-humana/

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