Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 3 de abril de 2012

CinemaRock: The Wall, la película de Pink Floyd.

Por Karla Isabel Olivares Ramos


Cuenta la historia de Pink, un cantante de rock que arrastra desde la infancia una serie de traumas debido a la estricta educación que recibió.


Pink es el personaje principal. Está harto del mundo en el que gira su profesión. Termina refugiándose en la droga como única alternativa para romper con el muro que él ha creado a su alrededor. Se trata del recorrido de un niño que pierde a su padre en la guerra y a partir de ahí crece sin afecto. Poco a poco va siendo modelado por una sociedad con la que no comparte nada y que le roba su libertad.

¿Cómo se comunica Pink?

Existe la incomunicación. Pink habita en un mundo donde su único refugio son las drogas. Vive atormentado por los problemas que carga desde su infancia: la muerte de su padre, la sobreprotección de su madre y el sistema educativo que recibió en el colegio. Es un personaje sensible y hasta cierto punto depresivo. Se siente confundido porque fue rechazado dentro de una sociedad que lo pisoteaba y maltrataba; pero después todo cambió.

Su vida giró sorprendentemente cuando se convierte en una estrella de rock. La gente que antes lo odiaba ahora lo adora. Esta sensación confunde y deprime más a Pink, porque no es posible que la gente lo quiera por lo que representa y no por lo que realmente es. Como se puede apreciar, la incomunicación existe, y sólo habrá comunicación del personaje en su entorno cuando haya agresión o violencia. El mundo de Pink es así, no tiene otra manera de reaccionar cuando está bajo la opresión de la sociedad.

¿Qué necesita para cambiar?


Pink es una estrella de rock inglés. Se encuentra encerrado en la habitación de un hotel de Los Ángeles preparándose para un recital. En ese momento comienza a revisar toda su vida: los recuerdos traumáticos de la infancia, las crisis del amor, el sexo, el éxito y la droga como único medio para romper el muro que él mismo ha creado. Está dentro de un torbellino imaginativo y lleno de terror.



De alguna manera, Pink creó esa gran pared para protegerse de los ataques de la sociedad. Ha hecho todo lo posible para mantenerse oculto, de tal forma que las personas no lo puedan ver tal y como es; en realidad nadie puede conocerle. Pink construye esta estructura porque no tiene otro remedio para alejarse, él se encierra en su soledad, en su propio mundo con sus traumas. Todas y cada una de sus acciones las hace implementando un mecanismo de defensa hacia sí mismo y en especial hacia todo lo malo que tiene el mundo.

Romper con el muro y trabajar con la comunicación intrapersonal

Ya lo han rechazado en el pasado, así que prefiere evitar que le vuelva a suceder. Quizás lo que Pink debe hacer es terminar con su sufrimiento y romper por completo el muro. Necesita dejar las drogas y valorarse a sí mismo. Los traumas que tiene de su infancia se deben porque sólo se ha dedicado a escuchar lo que las personas dicen sobre él. Aun siendo una estrella de rock la gente lo conoce por su música, pero desconocen su parte humana.



Pink debe escucharse a sí mismo, trabajar con la comunicación intrapersonal para que él descubra lo que quiere ser, y así es probable que se percate de que se volvió una estrella sólo para agradarle a las personas y tener su aprobación.



"THE WALL": EL MURO LEVANTADO POR LA FEBRIL MENTE DE ROGER WATERS


Por Javier Gómez Espinosa
Ilustración por Annette Elisabeth Rudolph



La obra de Pink Floyd va más allá de su trascendencia musical, dando lugar a una inquietante película en la que se materializan los fantasmas de la soledad.

El descenso a su propio infierno interior de una estrella de rock, atormentada por todo lo que le rodea desde su infancia, es una forma de acercarnos a nosotros mismos, a la soledad y a la incomprensión dentro de la multitud que a todos nos acecha a veces, amenazando nuestra razón. Un viaje alucinado pero tremendamente lúcido sobre el aislamiento y sus consecuencias.

La película y el disco

“Pink Floyd The Wall” (1982) es aparentemente una película basada en un disco, pero en realidad ya había tomado forma en la cabeza de Roger Waters antes de empezar a escribir la música; que se publicase primero el álbum con lo que sería la banda sonora de la historia no deja de ser lógica consecuencia de que Pink Floyd –a pesar de su conocido gusto por la teatralidad y los efectos visuales en escena– eran, en definitiva, un grupo de música.

Además, por un lado, las dificultades de interesar a la industria cinematográfica en un proyecto semejante (la idea era combinar tomas del grupo tocando en directo con las animaciones proyectadas en los conciertos), y la necesidad de grabar y editar material nuevo para poder recuperarse de los desmanes financieros a que se habían visto arrastrados, por otro, les hicieron ponerse a trabajar cuanto antes en las canciones sugeridas por la historia de Waters.



El interés de Alan Parker

Realmente es el director Alan Parker el que da impulso definitivo al proyecto: a raíz de su interés por producir la adaptación de la historia, contacta con Waters para llevarla a cabo. El músico se encarga de elaborar un guión y, junto con Gerald Scarfe –autor de las animaciones y de la portada del disco, que ya había trabajado con la banda anteriormente– elaboran un proyecto visual para captar el interés de los estudios.

Al final, ni el músico protagonizaría el film (lo haría otro músico más joven, Bob Geldof) ni se usarían las imágenes grabadas del grupo en vivo, siendo finalmente Parker quien se hizo cargo de la realización. La situación llegaría a hacerse difícil de sostener, pasando de ser bastante delicada entre ellos hasta acabar siendo desagradable, en palabras de los propios involucrados, que acabaron chocando en bastantes ocasiones, especialmente Parker y Waters.

Con todos estos problemas de fondo, quedaría una historia que funciona con flashbacks y saltos a lo largo de la vida del protagonista, Pink, en la que se intercalan los fragmentos de animación, llegando a superponerse y confundirse en el momento que su cabeza toca fondo. La música sirve de base durante la totalidad del metraje (siguiendo con fidelidad casi absoluta la estructura del disco), ya que apenas hay diálogos.


Más allá del alegato antibelicista

Una serie de circunstancias personales y cercanas le habían llevado a Roger Waters a una situación de rechazo, hastío y deseos de aislarse, imaginando la construcción de un muro para separarse del público. La vorágine de su última gira con el grupo, la progresiva desintegración de su compañero Syd Barrett (miembro fundador de Pink Floyd que había sucumbido al éxito y las drogas), los fantasmas de su propio pasado se agolpaban en su cabeza, y debía darles salida.

Todo ello se ve reflejado de forma insistente en Pink, el protagonista: la pérdida del padre siendo un niño – cosa que realmente le sucedió a Waters, en una Segunda Guerra Mundial que marcó a varias generaciones en Gran Bretaña; la sobreprotección de la madre; la imposición opresiva de crueles profesores en la escuela; la insatisfacción personal, pese a su éxito artístico; y, finalmente, su fracaso sentimental, que desencadena su estrepitosa caída al vacío.

Desde el comienzo, con una canción de fondo sobre un niño del que Santa Claus se olvidó, la cámara nos va conduciendo a rastras por un pasillo gris hasta una habitación de hotel para encontrarnos frente al protagonista, totalmente ausente, delante de un televisor. A partir de ahí van desfilando todos esos recuerdos que se han ido convirtiendo en los ladrillos del muro que le bloquea.

Ladrillos en el muro

Estallidos en el frente, revueltas juveniles y una explosión final seguida del llanto de un recién nacido. “In the flesh?” es el inicio del viaje; muestra los antecedentes y nos introduce junto a Pink en su pesadilla vital; junto a él vamos a ir recorriendo corte por corte esta desasosegante opera rock, viendo la indefensión que le lleva a acorazarse frente al mundo. Ese sentimiento de ser una simple pieza en el engranaje del sistema, un ladrillo más en el muro, ya seas un soldado en la guerra o un colegial atormentado – remarcado una y otra vez por el motivo central musical de la obra, “Another brick in the wall”.

Un primer fragmento animado cargado de simbolismos resume los espantos de aquella guerra, para dar paso a las asfixiantes y crueles escenas escolares. El refugio que la madre le ofrece, lejos de ser una salida, le va aprisionando aún más; tampoco se ve satisfecho al tratar de sustituirla con otra mujer, ni siquiera el alcanzar la fama como artista le aporta nada más que nuevas presiones que aumentan su rechazo y su aislamiento.

Finalmente, su frustración se ve desbordada por la infidelidad de su pareja mientras se encuentra de gira y Pink estalla: destroza la suite del hotel y, asomándose al vacío en un grito desesperado, toca fondo. Vuelven las animaciones para materializar esa obsesión, mezclándose con la imagen real en una habitación de hotel enorme y vacía. Reaparecen los flashbacks del comienzo y el muro aparece ante sus ojos, tangible e infranqueable.



Realidad, delirio y simbolismos

Totalmente rapadas su cabeza y su cara (algo que hizo en la realidad Syd Barrett), en armonía con su vacío interior, Pink pasa del abandono mientras tratan de reanimarle (“Comfortably numb”) al delirio en que confunde la multitud que le aclama sobre el escenario con masas enfervorecidas por el dictador neonazi en que se ve transformado (“Run like Hell”), arengándoles mientras vuelven las imágenes de disturbios y caos, en parte animadas, con los celebres ejércitos de martillos desfilando.



Encerrado en el baño, afronta la escena decisiva: el juicio (“The Trial”) en que grotescos personajes animados desfilan ante el acusado, un minúsculo pelele de trapo contra una enorme pared de ladrillo que se ve acusado de tener sentimientos por un repugnante juez, mientras un maestro, la madre y la mujer concurren como testigos. El muñeco, al fin, reconoce que debió haber dejado una puerta abierta. La orden del juez de derribar el muro hace que se produzca una explosión liberatoria que culmina con un nuevo flashback vital hasta quedarnos en una infancia en tiempo de guerra, quizá una puerta abierta a un nuevo renacer.

Son muchas las obsesiones y esperanzas recogidas en “Pink Floyd The Wall”, y es sin duda singular la manera en que se desarrolló la obra final, conjuntando la expresión musical y visual para lograr el mayor impacto posible en la audiencia. Desde luego, el efecto de una se ve poderosamente reforzado por la otra. En cualquier caso, independientemente de poder atraer más o menos al espectador, es indudable que esta película produce una fuerte impresión en quien la ve, no dejando nunca indiferente.

Todos nos hemos encontrado ante dificultades y desilusiones, y hemos tratado de superarlas; pero hay situaciones que te marcan, dejan una huella que nada logra borrar. Unas con otras, pueden llegar a ser una carga demasiado pesada que la mente no llega a soportar, recurriendo inconscientemente a encerrarse en sí misma para evitarla... pero no sirve de nada. No podemos aislarnos de nosotros mismos.


Ficha técnica ampliada


Título: Pink Floyd: El muro
Título original: Pink Floyd The wall

Dirección: Alan Parker

País: El Reino Unido
Año: 1982
Duración: 95 min.
Género: Drama, Música

Reparto: Bob Geldof, Christine Hargreaves, James Laurenson, Eleanor David, Kevin McKeon, Bob Hoskins, David Bingham, Jenny Wright, Alex McAvoy, Ellis Dale, James Hazeldine, Ray Mort, Margery Mason, Robert Bridges, Michael Ensign, Marie Passarelli, Winston Rose, Joanne Whalley, Nell Campbell, Emma Longfellow, Lorna Barton, Rod Bedall, Peter Jonfield, Philip Davis, Gary Olsen, Eddie Tagoe, Dennis Fletcher, Jonathan Scott, Joanna Dickens, John Scott Martin, Marilyn Thomas, Brenda Cowling, Michael Burrell, Malcolm Rogers, John Broughton, Jon Paul Morgan, Albert Moses, Vincent Wong, Mark Newman, Lucita Lijertwood, Betty Whelan, David Fleeshman, Joanna Andrews, Diana King, Roger Kemp, David Smythe, Keith Wray

Guión: Roger Waters
Distribuidora: United International Pictures (UIP)
Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Goldcrest Films International, Tin Blue
Animación: Alastair McIlwain, Bill Hajee, Carol Slade, Chris Caunter, Gerald Scarfe, Greg Miller, Judy Howieson, Les Matjas, Michael Gabriel, Mike Stuart, Roland Carter, Steve Colwell
Casting: Celestia Fox Margery Simkin
Departamento artístico: Andrew Ackland-Snow, Andy Warne, Arnold Oke, Bernie Hearn, Bob Sherwood, Dave Jordan, David Appleby, Jill Brooks, Jim Morahan, John King, John Wells, John Wilson, Katie Kilroy, Martin Kingsley, Michael Spivey, Terry Apsey, Terry Perks, Tony Rimmington
Departamento editorial: Clive Barrett, Jeremy Gibbs, Leonard Green, Robert Hambling
Departamento musical: Andrew Jackson, Andy Brown, Brian Lintern, David Gilmour, Freddie Mandell, James Guthrie, Jeff Porcaro, Joe Chemay, Joe Porcaro, John McClure, Jon Joyce, Lee Ritenour, Michael A. Carter, Michael Kamen, Nick Mason, Nigel Taylor, Noel Davis, Pink Floyd, Richard Wright, Robert Ezrin, Roger Waters, Stan Farber, Toni Tennille

Dirección artística: Chris Burke, Clinton Cavers
Diseño de producción: Brian Morris
Efectos especiales: Graham Longhurst, Martin Gutteridge
Efectos visuales: Philip Sharpe
Fotografía: Peter Biziou
Maquillaje: Barry Richardson, Martin Samuel, Paul Engelen, Peter Frampton
Montaje: Gerry Hambling
Música: David Gilmour, Robert Ezrin, Roger Waters
Producción asociada: Garth Thomas
Sonido: Alan Paley, Alan Pattillo, Clive Winter, Eddy Joseph, Gordon K. McCallum, Graham V. Hartstone, James Guthrie, Ken Weston, Nicolas Le Messurier, Rowland Fowles
Vestuario: John Hilling, Ken Crouch, Pat Griffiths Penny Rose Penny Rose, Pip Newbery


Fuentes: http://karla-isabel-olivares-ramos.suite101.net/the-wall-la-pelicula-de-pink-floyd-a18699
http://javiergomezespinosa.suite101.net/the-wall-el-muro-levantado-por-la-febril-mente-de-roger-waters-a61910

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