Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 22 de junio de 2008

Perlas cultivadas: David Lynch




Director de cine norteamericano (1946)

Preferiría suicidarme a hacer una película en la que yo no tenga la ultima palabra sobre el resultado final.

Empece como pintor, en la escuela de Bellas Artes, pero un día estaba delante de un cuadro y me pareció ver que algo se movía en él. Desde entonces intento combinar sonido e imágenes de la mejor manera posible.

Hay quien dice que él publico no quiere pensar, sino que prefiere que le den las cosas ya masticadas. Eso son chorradas. A la gente le encanta pensar.

Todos somos detectives, tenemos capacidad para prestar atención y sacar nuestras propias conclusiones. Y eso es francamente lo que hay que aspirar cuando hablamos de una obra de arte.

Los sueños verdaderamente importantes son los que tienes cuando estas despierto, ya que cuando duermes no los controlas. A mí me gusta sumergirme en un mundo onírico que yo he construido o descubierto; un mundo que yo elijo.

A veces me enamoro de una idea e intento convertirla en película, de la misma manera que a un pintor se le ocurren ideas que quiere plasmar en el lienzo. Es una experiencia personal muy grata, y siempre esperas que los demás sientan lo mismo que tu. Esa esperanza es lo que justifica mi trabajo.

La amnesia se parece de alguna manera a la interpretación: un buen actor renuncia a su propia identidad y se convierte en otra persona.

Todo el mundo, e incluso yo, tiene ganas de perderse y entrar en un mundo nuevo. El cine te da esa oportunidad.

El espectador jamas ha de permanecer inmóvil ante lo que esta viendo: o participa y se involucra o queda excluido, relegado a la superficie real, incapaz de entender y sentir la experiencia a la que esta expuesto.

Nos mejoramos a nosotros mismos en nuestros recuerdos. Nos vemos actuando mejor en el pasado y tomando mejores decisiones; y somos más encantadores y nos fiamos mas de nosotros de lo que probablemente merecemos. Lo endulzamos como locos para poder seguir viviendo. Probablemente, un recuerdo exacto del pasado seria deprimente...



Fuente: Revista Ñ, 10/05/2008

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