Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 24 de junio de 2007

Directed by: Sam Fuller


Escribe: Martin Scorsese
La primera vez que vi un film de Sam Fuller fue en 1949. Yo tenía siete años. Se trataba de "Yo maté a Jesse James", 1948. Recuerdo haber sentido un poderoso deseo de ver el film, simplemente a causa de su título. Ese título me produjo un impacto inmediato.
Claro, en aquel entonces yo estaba loco por el cine, y aún lo sigo estando. Estaba tan excitado con la idea de ver la película, que en el autobús en que me dirigía al cine del barrio, acompañado por mi padre, miraba a la gente y no comprendía cómo podían dedicarse a sus ocupaciones habituales sin percatarse de que se exhibía "Yo maté a Jesse James". Para mí era lo más importante del mundo. El impacto que me produjo fue tan profundo, que duró años. Las imágenes fotográficas quedaron grabadas en mi memoria: los primeros planos de la traición, el momento en el que Jesse James toma un baño y Bob Ford, interpretado por John Ireland, apunta el revólver sobre su espalda: ¿va a tirar o no? La fuerza de esta escena viene de aquello que había dibujado en ella. Las imágenes creadas por Fuller, desde mis siete años, no las he olvidado jamás.
Algo más tarde. La segunda vez que ví un film de Sam Fuller fue en 1953. Yo tenía once años. Fue "El rata", 1952. Al igual que en la anterior, hay un plano que recuerdo en forma intensa debido a sus imágenes. También por la intensidad dramática de los personajes y la violencia del film. Es una de las primeras películas que me ha sacudido. Nunca había visto semejante violencia en el cine. Pienso en la pelea final, en la estación de subte. Asimismo, hay otra escena en la que Richard Kiley golpea a Jean Peters. Más tarde, muchos años después, volví a ver el film y me dediqué a estudiar justamente esta fuerza en la manera de filmar la violencia. La escena en la que Richard Kiley golpea a Jean Peters me fascinó realmente: una única posición de cámara toma toda la escena en un plano de conjunto, y esto es lo que le da ese poder.
El tercer latigazo importante ligado al cine de Sam Fuller fue "Park row", 1952, por la televisión. Yo tenía doce años. Creo que fue en el marco de una emisión que ya existía aquí, en Nueva York, que se llamaba Million Dollar Movie, programa que todavía existe, aunque de forma diferente. En aquel entonces, el film se pasaba dos veces durante la noche, a las siete y a las nueve. Si a alguien le gustaba, tenía la posibilidad de volver a verlo. "Park Row" se exhibió en este programa, al igual que "El ciudadano", de Orson Welles, 1941. Así fue como tuve oportunidad de ver el film de Welles, y también "Los cuentos de Hoffman" de Michael Powell, 1951. Estos tres films los he visto y vuelto a ver gracias a este programa de televisión. ¡Park row me encantó!. Ahora puedo explicar esta fascinación con frases como "el impacto visual de las imágenes" o "la composición", cuando tiene por objetivo la creación de un mundo único. Y este mundo no podría existir con palabras, ni con la música, sino sólo con imágenes. Es el mundo único del viejo periodismo. El largo travelling, cuando al salir de la boutique ellos ven más allá... Con ese largo movimiento, me sentí invadido por emociones como la cólera, el furor, la rabia, algo que nunca antes había experimentado. Jamás había visto tal intensidad en el cine. Por aquel entonces, el único film que me marcó del mismo modo, por su poder de composición del movimiento -aunque no se trataba de las mismas emociones-, fue "El ciudadano". Esta rabia, esta furia, se fundía en otra imagen, la de la pelea con los villanos bajo la estatua de Benjamin Franklin.
Para mí, la clave del cine de Sam Fuller está ligada a algo que he conocido en mi propia vida, algo que he podido experimentar y con lo cual me identifico: la violencia emocional. Lo que provoca mayor temor en la violencia es su proceso: desde la amenaza hasta su expresión. Poco importa que en el film de Sam Fuller cada uno de los cuadros se ubique sobre el punto de explosión de esta violencia. Por ejemplo, en la apertura de "Dragones de violencia", 1957, durante la caminata en la calle, los primeros planos de los ojos, cada encuádre -en términos de composición, de diseño, y en particular la utilización del blanco y negro y los primeros planos- llevan esta marcha a un punto casi absurdo. Fuller coloca a la realidad en los límites del absurdo, haciéndola así más realista... Eso se parece más a la vida. Para mí es algo fascinante.
He visto "Proa al infierno", 1953, cuando se estrenó. Yo tenía doce años. Recuerdo cuando la mano congelada del sabio debía ser cortada. Hoy, por supuesto, se la mostraría. Fuller no. Sin embargo, el recuerdo vivo de sus films proviene de pequeñas escenas como esta: el entorno de la acción. Recuerdo los rostros de los hombres que debían llevar a cabo tal acto. Es imposible conseguir una buena copia color del film, pero recuerdo la expresión de esos rostros. Resulta mucho más eficaz esta imagen que lo que se muestra en las películas de hoy: cuerpos que explotan, dedos cortados en trozos, etc.
La fuerza de los films de Sam Fuller no tiene nada que ver, según creo, con la literatura, por ejemplo. Quizás me equivoco, pero está ligada especificamente al cine. Las ídeas y los sentimientos que maneja sólo pueden darse en el cine. Sin duda, esa es la razón por la que sigo viendo sus films una y otra vez.
La influencia de los films de Fuller en mi propia obra es evidente, en particular en "Calles peligrosas". Por ejemplo, hay un largo travelling que acompaña una pelea. Un tipo intenta protegerse de tres hombres que quieren golpearlo, y mi cámara lo sigue, lo sigue. Esta escena está inspirada en Fuller. Yo quería llegar hasta el absurdo, e incluso superarlo, porque es así como sucede en la vida. Una pelea como aquella, una situación parecida, se sigue desde adentro, desde el principio al fin. Del principio al fin del plano.
Luego, me sentí lo suficientemente libre para colocar la violencia emocional lo más lejos posible en mis películas porque, en cierto sentido, forma parte de la vida.
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Sam Fuller nació en 1912, en Worcester, Massachussets, Estados Unidos. Desde los 13 años trabajó en distintos periodicos como el "New York Journal" y el "New York Graphic". El 30 de octubre de 1997 falleció a los 85 años. En 1948 debutó como realizador, esta es su filmografía:
1948, Yo maté a Jesse James
1949, The baron of Arizona
1950, Casco de acero
1951, Fixed bayonets
1952, Park row
1952, El rata
1953, Proa al infierno
1955, La casa de bambu
1956, Yuma
1957, China gate
1957, Dragones de violencia
1958, Verboten!
1959, The crinsom kimono
1960, Underworld USA
1962, Invasión a Birmania
1963, Corredor sin retorno
1964, Una luz en el hampa
1967, Arma de dos filos
1973, Muerte de un pichon
1980, Uno rojo, división de choque
1982, Perro blanco
1984, Ladrones en la noche
1989, Calle sin retorno
Seleccionado de la Revista Film
Diciembre/Enero 1993

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