Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.
Fallece el director de culto de terror Stuart Gordon a los 72 años
Fue el encargado de llevar a la gran pantalla películas como ‘Re-animator’ o ‘From beyond’, ambas basadas en relatos de H.P. Lovecraft
Stuart Gordon, junto al actor William H. Macy en una imagen tomada en 2005
Director de películas de culto de terror de los 80 como Re-animator o From beyond, ambas basadas en relatos de H.P. Lovecraft, el también guionista y productor estadounidense Stuart Gordon falleció este martes en su Chicago natal a los 72 años de edad, según informa hoy la revista Variety.
Procedía del teatro, fundó su primera compañía en 1968, Screw Theater, con la que hizo una adaptación antibelicista de Peter Pan que le llevó a ser detenido por obscenidad, junto a su esposa Carolyn Purdy. Después formaron Organic Theater que mantuvieron en activo durante 16 años y con la que, entre otras cosas, impulsaron la carrera de David Mamet al estrenar en Chicago en 1974 sus “Perversiones sexuales”.
Carrera
Re-animator (1986) fue su debut como director de cine. Al principio iba a ser una obra de teatro, después una serie de televisión y finalmente una película. Su combinación de ‘gore’, con sangre a espuertas, y humor salvaje la convirtieron en obra de culto.
Le siguieron, con menos éxito,“From beyond y Dolls, pero fue un golpe de timón lo que le hizo triunfar de nuevo, la comedia Honey, I Shrunk the Kids (Cariño, he encogido a los niños). Fue uno de sus guionistas y después produjo la secuela y dirigió un spin-off para la televisión.
No obstante, no abandonó su pasión por el género y siguió estrenando títulos como Robot Jox (1990), Fortress (Fortaleza infernal) (1992), con Christopher Lambert, o la comedia Space Truckers (1996) que presentó en el Festival de Sitges y que protagonizaba Dennis Hopper. En 2011 convirtió Re-animator en un musical de éxito.
¿Puede una película con Diane Keaton, Harrison Ford y Rachel McAdams (una actriz joven, bella y talentosa con hambre de gloria) salir mal? No subestimemos a Hollywood. El cine industrial contemporáneo no conoce límites: siempre puede hacerlo peor.
Becky Fuller (McAdams) es una productora televisiva con la obligación de levantar el rating de un programa de noticias tempranero que está último en la lista. Entre otros problemas, deberá lidiar con que sus conductores (Keaton y Ford) se odian. Un inicio promisorio que se queda en eso. Un despertar glorioso padece del peor mal que puede sufrir una comedia: es insulsa, anodina.
A su favor tiene (literalmente) un par de chistes buenos y sus estrellas. Diane Keaton, no hay quien lo niegue, puede hacer divertida hasta la lectura de un catálogo de clavos, remaches y grampas. Como en otras malas comedias en que le tocó estar, nos arranca una sonrisa con líneas y situaciones áridas como un desierto. Harrison Ford, lo ha probado, es una estrella carismática por excelencia. Haría llevadero hasta un trámite en IOMA. Y Rachel McAdams no pasará a la historia con este trabajo, pero se hace querer porque se carga la comedia sobre los hombros y rema contra viento y marea. No llega a buen puerto, pero ni los navegantes del Kon-Tiki lo harían. Patrick Wilson ratifica su talento hallándole matices a un galán que en el guión es sólo estólido y monocorde. Jeff Goldblum y John Pankow (el primo de Paul Reiser en Mad about you/Loco por ti) celebran con dignidad su oficio.
Debo confesar, eso sí, que me conmovió el giro final del personaje de Harrison Ford, por más que fuera convencional y esperable. No porque esté siempre dispuesto a comprar lo que me venda (lo cual es cierto, después de todo el hombre es la cara de lo mejor del cine industrial de la última parte del siglo pasado: Han Solo, Indiana Jones, Blade Runner), sino porque se prueba los zapatos que dejó vacante Walter Matthau, los de los personajes cínicos y gruñones, pero con una bondad inmanente e indestructible. Todavía le grandes, aunque no por mucho.
Tiene apuntes laterales de algo que se discute en estos días (la traición a la noticia por intereses o rating, la conversión de noticieros en shows ficcionados efectistas y grotescos, la compulsión televisiva de propalar bosta constante y el consumo irrestricto de los telespectadores de cuanta basura se lo pone en frente), pero que no profundiza ni ironiza.
En resumen, si como a mí, sin importar lo desperdiciados que estén, les emociona ver en un mismo cuadro a Diane Keaton y Harrison Ford, véanla. Pero si esto los tiene sin cuidado, óbvienla sin culpa.
Dirigió Roger Michell (Notting Hill, Fuera de control, Venus).
El cineasta estrena un film que funciona como un drama con tono de thriller. “Quería hacer una película sobre las últimas veinticuatro horas de una pareja, pero luego eso fue mutando a algo mucho más extraño”, señala.
Por Oscar Ranzani
Con 35 años, Juan Schnitman debuta como director solista con El incendio, tras formar parte del cuarteto creador de El amor (primera parte), que se completaba con Alejandro Fadel, Martín Mauregui y Santiago Mitre. El film, que se estrena mañana, tuvo su première mundial nada menos que en la Sección Panorama del Festival de Berlín de febrero de este año. El guión, correspondiente a Agustina Liendo, plantea la historia que Schnitman tenía en su cabeza y que pudo plasmar con gran solvencia en el rodaje. Se trata de una historia cortita en el tiempo (todo transcurre prácticamente en 24 horas), pero intensa. La pareja de treintañeros la componen con notables interpretaciones Pilar Gamboa (en la ficción Lucía) y Juan Barberini (Marcelo). Lucía y Marcelo lograron juntar 100 mil dólares para poder mudarse y tener un departamento soñado, con ayuda monetaria de la familia de ella. Al principio, todo parece marchar sobre ruedas. Pero un llamado termina por desmoronar la operación. Falta alguien que tiene que firmar la escritura y todo se cae hasta el día siguiente. Pero lo que entra en crisis o más bien eclosiona es la pareja. Desde ese momento, la historia muestra un clima opresivo de dos novios con conflictos amorosos y de convivencia, en los que intervienen el dinero, las drogas, el sexo, pero sobre todo las problemáticas de seres urbanos de clase media. ¿Podrán solucionarse esos conflictos? Eso se responderá con el correr del tiempo. O no. “Quería hacer una película sobre las últimas veinticuatro horas de una pareja, pero luego construyendo la historia eso fue mutando a algo mucho más extraño”, comenta Schnitman en diálogo con Página/12.
–¿Coincide en que se trata de un drama con tono de thriller?
–Sí, nosotros bromeábamos un poco con la idea de policial de pareja. Y era algo que nos ordenaba a la hora de escribir. La película tiene mucho dinero, sexo, violencia y un arma. Y, sin embargo, es una película de una pareja.
–De conflictos de una pareja...
–Sí, pero es una pareja con todos sus problemas. Había algo de eso que funcionaba como una idea rectora para escribir la película.
–También la definió como una película de “terror interno”. ¿Por qué?
–Hay algunos momentos de la película que yo trataba de pensarlos en clave de cine de terror. El comienzo con ellos dos en la cama, con ese plano cenital... yo pensaba cómo se filmaría si fuera una película de terror. Y me parecía que ésa era la manera. Y hay otras cosas que suceden con el fuera de campo y el sonido. En una parte de cierta violencia que se desata en el departamento, la cámara está sobre la protagonista y el terror es ella escuchando cómo el otro destruye algunas cosas. Esas pequeñas ideas también nos ayudaban a pensar la película a la hora de hacerla.
–¿En qué medida considera que estos conflictos de parejas jóvenes se dan con mayor asiduidad en la clase media urbana, que es la clase a la que pertenecen estos jóvenes?
–Me parece que es una película de gran ciudad. En este caso, es en Buenos Aires, con una serie de particularidades que tienen que ver con esta metrópolis, pero es una película que podría ser, en algún grado, universal. En toda gran ciudad, el acceso a la vivienda es un tema importante, también hay cierto grado de inseguridad, que es algo que está como trasfondo en la película.
–Y en toda gran ciudad hay conflictos de pareja...
—(Risas.) En todos lados hay conflictos de pareja. Ojalá fuera en las grandes ciudades solamente.
–¿Es común la combinación entre amor y violencia en las parejas jóvenes o éste es un caso extraordinario?
–Espero que no. En ese sentido, tratamos de construir personajes muy particulares y muy especiales. No están tratando de representar un espectro amplio de gente. Tienen particularidades. Tratamos de trabajar también estas pequeñas diferencias sociales que hay entre ellos dos. Ella es de una clase media un poco más alta y él de una más baja. Y por esa pequeña diferencia perciben el dinero de manera diferente. La gran ciudad y las tensiones que se viven allí llevan a un estado que puede hacer que salten cuestiones violentas con los condimentos adecuados.
–Un poco la pregunta que surge es si la idea de comprar un departamento es un proyecto genuino de la pareja o una válvula de escape.
–Yo creo que las dos cosas son imposibles de discernir. En muchas ocasiones, las parejas huyen hacia adelante, por decirlo de alguna manera. Ejemplo: estás en un momento de crisis y te casás; estás en un momento de crisis y te mudás con tu pareja.
–Toda crisis implica, a la vez, una posibilidad de cambio, ¿no?
–Sí, y también como manera de sortear esa crisis con un proyecto en común que redobla la apuesta de esa manera. Ese redoblar la apuesta, a veces, funciona y, a veces, no.
–¿Cómo trabajó la violencia física del personaje? ¿Buscó un tono lo más realista posible en ese aspecto?
–Tratamos de que la exploración de la violencia fuera muy repartida entre los dos personajes; no trabajamos la violencia de género. Trabaja la violencia como un elemento más de poder que están teniendo los personajes en ese día horrible. Pero después sí buscamos que toda la película tuviera una impronta lo más realista posible y lo más cercana posible, que fuera una historia donde la identificación resultara sencilla. Si bien los personajes están pasando por momentos muy extremos, hay algo de eso que uno puede reconocer en lo propio. Sin haber llegado a esos extremos hay algo de uno que está ahí.
–¿Tangencialmente la película refleja las dificultades de la clase media argentina como, por ejemplo, la de acceder a una vivienda?
–Sí, me interesan los temas sociales y políticos. Soy un gran lector de diarios y me interesaba mucho que en esta película la impronta de realidad fuera muy directa y tratara de los problemas que uno tiene. Y el acceso a la vivienda, al menos que haya una ayuda extrafamiliar, es una especie de quimera en este momento. Es complicado. Conozco pocos amigos de mi edad que han podido comprar su propia casa con sus propios medios. En ese sentido, es un tema actual, donde se juegan esas diferencias sociales de las que hablábamos antes. De repente, unos padres que pueden colaborar con la compra de una casa generan un conflicto de una pareja porque el joven no quiere aceptar ese dinero. Y ahí se juegan un poco las diferentes percepciones sobre el dinero. Esas cosas también separan y generan ruido en la pareja.
La lista de Schindler. Es una película biográfica de
1993 dirigida por Steven Spielberg basada en hechos reales, ambientada en plena
Segunda Guerra Mundial, en medio del gran poder de los nazis, relata la
historia de Oskar Schindler (Liam Neeson), un hombre de enorme astucia y
talento para las relaciones públicas, organiza un ambicioso plan para ganarse
la simpatía de los nazis.
Después de la invasión de Polonia por los alemanes, consigue, gracias a sus
relaciones con los nazis, la propiedad de una fábrica de Cracovia. Allí emplea
a cientos de operarios judíos, a los cuales les salvó la vida durante el
Holocausto. Está basada en la novela El arca de Schindler (Schindler's Ark),
escrita por Thomas Keneally. La película ganó siete premios Oscar, entre los
que se encuentra mejor Película, director, guión y montaje.
Sinopsis
En la
época de Hitler, un hombre, el empresario Oskar Schindler, se opone al régimen
que gobierna en su país y lucha a su manera contra el holocausto que esta
viviendo. Utiliza su fortuna para contratar a judíos que están en campos de
concentración con el fin de que trabajen para el y así salvarle la vida. Poco
después hará una lista con los nombres de los agraciados que vivirán a salvo
hasta el fin de la guerra.
Trama
Una
mañana desde lo alto de una colina, a donde lo había llevado un paseo a caballo
el 30 de junio de 1934, su mirada recae en una niña judía de abrigo rojo que
logra escapar de la vigilancia de los alemanes y esconderse en su casa. Poco
después Schindler presencia el crematorio de los cuerpos en los barracones, que
reconoce el cadáver de la niña del abrigo rojo, transportado en una carretilla.
Este es
el inicio de la reflexión de Oskar Schindler que empieza a ver el mundo judío
mas de cerca. Sin embargo lo más impactante es cuando Schindler reflexiona y
lamenta de no poder haber conseguido contratar a más judíos para salvarles la
vida. Una historia basada en hechos reales, ambientada en plena Segunda Guerra
Mundial, en medio del gran poder de los Nazis, que hicieron de este suceso el
más atroz y sangriento de toda la historia.
Una
ideología mezquina, que creía que la raza Aria era superior al resto, y que en
Alemania no podía haber otra que no sea esta. Los Nazis en el poder, con la
clara idea expansionista, ocasionaron la cruel masacre no solo en las batallas
propias de la guerra, sino también en los lugares en donde existían otras razas
especialmente la judía, que un día había entrado en Alemania gracias al acilo
del rey de esta época en protección contra sus perseguidores.
Estos
judíos se instalaron, trabajaron y crecieron, llegando muchos de estos ser
influyentes y poderosos entre los alemanes, como es el caso de Schindler, hijo
de varias generaciones judías en Alemania, que continuó con la laboriosidad de
su padre, creando su propia empresa, que contó en un inicio con más de 350
empleados, subiendo esta cantidad posteriormente. Había logrado superar a su
padre que había empezado con 50 empleados aproximadamente. Su fábrica ya en
plena Segunda Guerra Mundial, manufacturando ollas y parecidos, logró un gran
crecimiento. Los Nazis en su afán de limpiar su país de otras razas, se apoderó
totalmente de Alemania, esto en el caso interno, y creó las trampas mortales
que fueron usados contra los judíos principalmente, una acción sin
contemplación de nada. Judío por judío era sacado de su propiedad y trasladado
unos a unos a pequeños edificios llamados Gettos, otros a lugares desconocidos,
a donde eran llevados con engaños, prometiéndoles trabajo y una vida normal. De
hecho, trabajo había, pero la forma en que se presentaba era deshumanizante.
Personas
sin oficio, ancianos, rebeldes, mujeres eran cruelmente asesinadas por montón,
ejecutando a más de siete mil judíos diarios en los diferentes campos de
concentración. Estos actos eran conocidos por los alemanes, ya que eso era su
intención, también por algunos judíos importantes como Schindler que a pesar de
todo sentía mucho lo que estaba sucediendo, pero también sabía que existía algo
que podía hacer por sus hermanos judíos, ya que estaba muy ligado al grupo del
poder.
Es
interesante la personalidad e historia de Schindler, un personaje que trata de
ocultar su gran amor por sus semejantes judíos. Un judío adinerado que cambió
sus costumbres normales, en donde malgastaba su dinero, por una acción humana
por sus hermanos, creando con posterioridad empresas ficticias, donde tenía a
muchos judíos supuestamente trabajando para él. Pero que a pesar de todo,
sentía que aún no hacía lo que él esperaba: tener muchas más personas bajo su
mando, ya que este le significaba vida para muchos judíos.
La
denominada “Lista de Schindler” nace justamente en el afán de este adinerado,
que había logrado juntar más dinero de lo que un hombre puede gastar en toda su
vida, para sobornar a un corrupto funcionario y así ir comprando judío a
judío hasta donde su economía lo resista. Logró albergar en su nueva fábrica a
más de mil cien judíos, aunque por poco tiempo; tiempo suficiente para que
estos queden libres a consecuencia de la rendición de Alemania y fin de la
Segunda Guerra Mundial.
En
síntesis, es una historia donde se entremezclan la masacre, la corrupción, la
deshumanidad del gobierno de la SS representando la denominada “discriminación
racial”. Por otro lado, está el judío Schindler que a pesar de todo ama tanto
Alemania como a sus hermanos judíos y que representa la salvación para muchos.
Se muestra aunque al final, culpable, con mucho remordimiento, ya que sabía que
pudo hacer mucho más.
Escenas impactantes
·La niña del abrigo rojo, que
llama la atención en la película, después la matan y la llevan a un crematorio.
·El sufrimiento de los judíos ante
la atenta mirada de los Nazis. ·La forma de llevarlos a la
muerte, lentamente, para que sufrieran mas. ·El dolor de separar a una
familia, y después no volverse a ver. ·La crueldad de los Nazis, al
matar a los judíos en las cámaras de gas y ellos creyéndose que solo los iban a
duchar.
Curiosidades
·El actor Ralph Fiennes,
catapultado a la fama con este film, engordó 15 kilos para encarnar al
sanguinario Amon Goeth, jefe del Arbeitslager (campo de concentración) de
Plaszow. ·El director Steven Spielberg fue
incapaz de conseguir el permiso para filmar dentro de Auschwitz, así que las
escenas del campo de exterminio fueron realmente rodadas fuera de las puertas
en un escenario construido como una copia exacta del emplazamiento real al otro
lado de las puertas. ·La persona que pone las flores
sobre las piedras en los créditos finales es Liam Neeson y no Spielberg, como
la gente cree. ·Martin Scorsese rechazó la
oportunidad de dirigir esta película en los 80, ya que pensaba que no podría
hacer un buen trabajo no siendo un director judío. ·El cartel de la película es una
mano grande agarrando una mano pequeña con una manga de color rojo,
presumiblemente se refiere al deseo de Schindler de haber salvado a la niña de
la chaqueta roja. ·En medio del desalojo del gueto
de Cracovia, un soldado alemán se sienta al piano e interpreta el preludio de
la "Suite Inglesa No 2" del músico alemán Johann Sebastian Bach.
Valoración
Es una
película que muestra lo peor y lo mejor que un ser humano puede dar de si
mismo... Dicen que el dinero no puede comprar la felicidad, pero en este caso,
no solo compra la felicidad sino también la libertad y la vida.
En esta
película, que esta basada en hechos reales, que nos transporta a la Segunda
Guerra Mundial, nos muestra desde el corazón de los que mas sufrieron: los
judíos. Oskar Schindler nunca pretendió ser un héroe, pero si fue capaz de
resolver a su manera la cuestión judía construyendo en Cracovia un campo de
concentración que a la vez era una fábrica, que tras los muros de estos se
albergaron miles de judíos.
En fin
una película realmente cruda por su realismo y en definitiva una película
excepcional. En Jerusalén, en la avenida de los Hombres Justos, hay un árbol
que recuerda la emoción histórica y la maestría de una gran persona: Oskar
Schindler.
Fue hallada en Sidney, la lista de Schindler auténtica.
"Salvó
a 801 personas de las cámaras de gas"
Localizada
en una biblioteca, la lista del industrial alemán que salvó a cientos de
judíos del Holocausto. La lista fue mecanografiada a toda prisa el 18 de abril
de 1945, durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, y compilada
por Oskar Schindler, poderoso industrial alemán con carnet del partido nazi.
Schindler dirigía una fábrica en Cracovia (Polonia) durante la guerra, y
empleaba a trabajadores judíos. Horrorizado por la conducta del régimen nazi,
intentó persuadir a las autoridades alemanas de que sus trabajadores eran
vitales para el esfuerzo de guerra, por lo que no debían ser destinados a los
campos de exterminio. La lista hallada ha sido localizada traspapelada entre
notas de trabajo y recortes de periódicos alemanes recopilador por el Keneally.
Ni la biblioteca ni el comerciante de libros que les vendió seis cajas de
material en 1996 se dieron cuenta de que la lista está oculta entre varios
documentos.
Keneally
consiguió la lista hace casi 30 años en una tienda en Los Ángeles, cedida por
una de las personas a las que ayudó Schindler: Leopold Pfefferberg, el obrero
judío número 173 de la lista. Pfefferberg quería que el novelista escribiese la
historia de Schindler.
Premios
·1993: 7 Oscar: Película,
director, guión, montaje, música, dirección artística, fotografía ·1993: 3 Globos de Oro: Película:
drama, guión, director. 6 nominaciones ·1993: 7 premios BAFTA, incluyendo
película, fotografía, montaje, bso. 13 nominaciones ·1993: Nominada al Cesar: Mejor
película extranjera ·1993: National Board of
Review: Mejor película ·1993: 3 premios Círculo de
críticos de Nueva York, incluyendo Actor secundario (Fiennes)
La lista de Schindler',
Spielberg recupera su gran talento
Por Adrián Massanet
Eso es
muy cruel, Oskar. Les estás dando esperanza. No deberías hacerlo. Eso es muy
cruel.
- Among Goeth
Después
de ese tríptico terrible conformado por ‘Always’, ‘Hook’ y ‘Parque
Jurásico’ (la primera muy cuestionable, la segunda lamentable, y la tercera
flojísima), que tanto ha contribuido, en mi opinión, a rebajar la altura
artística de la carrera de Steven Spielberg, llega un título clave en su
filmografía, que él no tiene reparo en afirmar que es la más importante de
todas las que ha hecho, mientras que por ejemplo considera ‘E.T.’ como
la más personal.
Yo no
estoy por la labor de llevarle la contraria. Quizá sea la más importante que ha
hecho, aunque puede que también por razones que a lo mejor él no considera, como
redimirle de varios años muy poco interesantes. No creo que ‘La lista de
Schindler’ sea, ni mucho menos, esa obra grandiosa que muchos han proclamado,
aunque está claro que es una película formidable a la que algunos defectos
absurdos (y que además, convierten la práctica de la crítica cinematográfica en
un ejercicio arduo de llevar a cabo) impiden una perfección absoluta que se
insinúa en muchos momentos.
Un proyecto complicado
Y lo
cierto es que es un proyecto que pasó por bastantes manos antes de llegar
definitivamente a las suyas. Cineastas del calibre de Roman Polanski, Martin
Scorsese o Billy Wilder, nada menos, pudieron haberla dirigido antes que
él. El primero lo rechazó por motivos personales, el segundo intercambió
proyecto con Spielberg (que iba a dirigir el remake de ‘El cabo del miedo’...),
y el tercero intentó hacerse con los derechos, pero en el último momento los
perdió en favor de Spielberg, cuando podría haberse convertido en el testamento
del maestro austríaco, cuya madre fue asesinada en Auschwitz.
En
cualquier caso, resulta apasionante la identificación que Spielberg experimenta
por su protagonista, Schindler, y por el interpretado por Ben Kingsley,
el contable Itzhak Stern. La notoria y en cierto modo célebre (aunque no fue la
única de estas características, por supuesto, y hubo otros casos en los que se
salvaron a un mayor número de judíos) historia del controvertido hombre de
negocios Oskar Schindler, fue descrita de manera admirable en la novela
homónima de Thomas Keneally, que Steven Zaillian, un consumado guionista,
convirtió en un libreto también admirable, quizá el mejor que ha tenido
Spielberg en muchos años.
El
cineasta tomó la decisión, incontrovertible, de filmar en blanco y negro (exceptuando
su prólogo y su epílogo), decisión que como se puede apreciar por su imagen, es
acertadísima, aunque muchos temían que se pudiera acusar al director de
pretencioso por ello. Pero es inimaginable esta película filmada en color,
aunque se le hubiese aplicado algún tipo de decolorado, o hubieran decidido
emplear una luz fría y siniestra. El blanco y negro era obligado, y en su
primera colaboración con su ahora operador habitual Janusz Kaminsky (que
aquí firma, de lejos, el mejor trabajo de su vida), consigue una fusión
creativa total, para una imagen en verdad sublime.
Para el
papel de Schindler, Spielberg contrató a Liam Neeson, y podemos afirmar
que la decisión fue acertadísima. Neeson encarna al moralmente equívoco
Schindler con una fuerza y una verosimilitud en verdad impresionantes y
conmovedoras. Pero todo el reparto está a la misma altura. Fiennes
interpreta al despiadado Amon Goeth con similar perfección. Kingsley, uno
de los actores más completos de su generación, borda a su contable judío sin
apenas mover una ceja. Y así todos y cada uno de los muchos intérpretes,
protagonistas o episódicos. Cuando se supo que Spielberg había comenzado a
filmar la película, muchas fueron las voces que demostraron su escepticismo.
Supongo que muchas de ellas se acallaron cuando, al ver finalmente la película,
observaron solamente el esfuerzo de Spielberg en la dirección de actores. Pero
claro, hay muchos detalles más que señalar.
Complejo y contradictorio antihéroe
El tema
de este relato, con el trasfondo del genocidio nazi, es por supuesto el viaje
de Schindler desde el cinismo ilimitado de un hombre de negocios implacable y
astuto, hasta la compasión absoluta experimentada como catarsis y
transformación final. Y este largo viaje es entendido por Spielberg como una
peripecia de redención a través de un dolor brutal, sin apenas esperanza. El
horror visto muchas veces de frente, con la mirada limpia de un niño
asombrado por la capacidad de destrucción y crueldad del ser humano. ¿Y
como presenta a este anti-héroe? Es interesante observar que primero vemos sus
manos, como hiciera con Indiana Jones, para después armar una magnífica
secuencia en la que nos percatamos del poder de persuasión de este arribista
sin escrúpulos.
En esta
larga secuencia, filmada con maestría, se describe con qué habilidad Oskar se
hace amigo de los principales mandos nazis para conseguir lo que se propone:
salir de la ruina y forrarse con la guerra. Los azules ojos de Neeson son la
viva imagen de la ambición, y en su relación con los hombres de negocios judíos
(comiunidad a la que Spielberg no se resiste a criticar por su ánimo de lucro y
la cobardía de algunos de ellos) comienza a gestarse su futuro destino.
Pero lo
que va a vertebrar este relato son dos relaciones apasionantes, las que unen a
Oskar con Itzhak Stern y Amon Goeth, respectivamente la luz y la oscuridad, que
curiosamente van a extraer de Oskar lo opuesto a lo que representan. Oskar
actúa como un espejo invertido ante ellos: la natural bondad del contable
provoca mezquindad y displicencia en Schindler, mientras que la suprema
abyección de Goeth (posiblemente uno de los personajes más repulsivos y
repugnantes de la entera historia del cine) termina por sacar el lado más
compasivo de este hombre tan fascinante y dual.
Schindler,
poco a poco, va comprendiendo el momento histórico en el que vive, y la
capacidad de ayudar de los judíos de la que goza por su privilegiada posición.
Será capaz, por tanto, de pactar con el diablo (porque Goeth es el Mal
Supremo), infinidad de veces, sacando partido de él, aprovechándose de su
amistad, y aprendiendo a la vez a respetar el estoicismo y la serenidad de
Stern.
Rasgos estilísticos
Después
de tres películas de las que extraer rasgos estilísticos supone un dolor de
cabeza, quizá porque no existían, ‘La lista de Schindler’ ofrece material
abundante sobre el que escribir. Sin extendernos demasiado, para no hacer este
capítulo demasiado largo, primero: decir que es evidente la gran autoexigencia
que Spielberg demuestra durante toda la película. Y segundo: que esta
historia es, incontestablemente, un verdadero “jardín”. Es decir, que el
director se la juega, y de qué forma, llevando a cabo este proyecto.
Ahora
bien, y después de dejar claro lo que opino de estos puntos, ‘La lista de
Schindler’ queda, bajo mi punto de vista, por debajo de maravillas como ‘Shoah’
o ‘El pianista’. Por la sencilla razón de que el camino que se traza a
sí mismo, Spielberg no es capaz de seguirlo durante toda la película. Me
explico. Influenciado o inspirado de manera directa por las imágenes de la
época y por películas como ‘Alemania, año cero’ (Roberto Rossellini,
1948), muy superior también a ésta, el director navega tanto por las aguas del
melodrama histórico como por las del drama realista, y en ocasiones su barco
zozobra, aunque nunca llegue a naufragar.
Visualmente
alterna de manera brillante una narración cercana al documental de época
(reforzado por un
empleo soberbio de la cámara en mano), con una puesta en escena más clásica,
aunque igualmente fluida, con un gran sentido de la atmósfera y un ritmo que no
decae jamás. Y no le tiembla el pulso, narrando con una convicción inusitada
esta progresión de atrocidades. Sin embargo, a medida que avanza el relato, estilísticamente
sufre incoherencias y su mirada se resiente de ello. Para entendernos: esta
historia nos acerca a las vidas de Schindler y sus empleados judíos, salpicada
por momentos de horror, pero no siempre Spielberg está a la altura moral y
estética de lo que narra.
Un
ejemplo: un judío manco de avanzada edad es ejecutado por los nazis, y poco
después de ello, Spielberg regresa al cadáver, aún con los ojos abiertos, y su
cámara se aleja junto con la sangre. Es innecesario, tendencioso, y manipulador
en extremo, tomando esa decisión. Sin embargo, muy poco después, Goeth manda
ejecutar a la capataz judía que avisa de los malos cimientos de un futuro
edificio. Ahí Spielberg es frío y despiadado, no hay un plano contemplativo
o especulativo, sino la pura verdad, un balazo despiadado que nos pone la
carne de gallina.
Más
ejemplos: en la larga y escalofriante matanza del gueto, Spielberg alterna lo
sublime (el plano de la anciana caminando por calle, adelantada por un grupo de
furiosos nazis; el rosselliniano momento de la ingesta de objetos de valor) con
lo vulgar y facilón (el nazi pianista tocando, mientras suenan los disparos y
se ilumina el edificio con intermitencia). Y en cuanto al famoso y polémico
momento de la niña vestida de rojo, creo que es una figura burda con la que
Spielberg quería construir una metáfora entrañable del genocidio (el rojo
quizá simbolizando la sangre derramada, como si fuera necesario simbolizar
nada, el rostro espantado de una niña por cierto preciosa simbolizando la
pérdida total de humanidad de los nazis) pero que resulta ñoño y tosco, y que
rebaja la altura de esta escena.
Dos
secuencias, eso sí, en las que Spielberg enseña el horror sin falsas
componendas: la cremación de los cadáveres exhumados, y el paseo de las
mujeres por el infierno en la tierra que fue Auschwitz. Ambos pueden ser
los dos mejores y más escalofriantes momentos filmados jamás por Spielberg. Es
conmocionador observar al nazi disparando a la pira de cadáveres (uno de los
planos más desoladores que recuerdo haber visto en un cine), y es terrorífica
la recreación del más famoso y siniestro lugar del siglo XX. Pero no siempre
Spielberg mira al horror con semejante aplomo. Y el epílogo me parece, de nuevo
innecesario, así como la caída en el sentimentalismo de ver llorar a Schindler
en su despedida a sus empleados.
Conclusión
Una gran
película, que roza con los dedos muchas veces la maestría, pero que no la
atrapa a manos llenas. Spielberg recupera el talento perdido, o aguado, de sus
realizaciones previas, y filma, junto con ‘Tiburón’, ‘E.T.’, y ‘La última
cruzada’, una de sus películas más completas y conmovedoras. Se echa en falta,
eso sí, una mayor cohesión estilística. Spielberg no es Rossellini, Polanski o
Lanzmann, pero vuelve a ser Spielberg. La colección de barbaridades nazis en
ocasiones es manipuladora, pero también en otras respira una verdad
incontrovertible.
por Emilio
Calvo
La experiencia de una generación no es transmisible a ninguna otra: se
transmiten los detalles, los símbolos, pero no la Historia no se regenera,
íntegra, corregida, para que el futuro aprenda de sus errores y consienta una
esperanza. Pudiera estar reflexión servir como punto de partida para comprender
una película como ésta.
El cine no es testigo mudo de la Historia: es Historia, inventario de modas y
de culturas, de etnias y de religiones. La Lista de Schindler es una película
formidable y es una página de un libro de Historia.
El espectador es arrebatado de su ambiguedad: se le conmina a que tome una postura
y las imágenes son de una sobriedad tan brutal que no existe escapatoria.
Oskar Schindler ( Liam Neeson ) se opone a los nazis contratando a judíos que
salvan así su vida. Este viene a ser, muy sucintamente, el argumento de la
película, pero hay más. Está el horror de la guerra retratado como pocas veces:
con fría objetividad, con grises demoledores, con absoluta asepsia. Quiere
Spielberg no involucrar su ojo en lo que filma: se limita a encuadrar, a mover
la cámara por donde la acción lo requiere, pero no se deja contaminar por lo
que ojo ve, que es ( insisto ) la estulticia del hombre, el miedo del hombre,
la guerra que el hombre interpone entre su felicidad y su destino.
Estos tiempos de reconversión de los idearios políticos precisan que una película
como La lista de Schindler exista para que la vida triunfe, y esto que
acabo de escribir no es una frase de libro de frases rimbonbantes: es la forma
más eficiente de expresar el sentimiento que queda en el alma después de que
hayamos visto su apasionante trama.
La Lista de Schindler es un canto a la vida desde la ausencia de vida.
Un poema de tres y pico con rima canalla en los pares y dolor en los impares.
Cuenta Oskar Schindler en una escena de ampuloso tenebrismo al oficio nazi al
mando del Campo cómo el poder se reconoce por la benevolencia y la flexibilidad
de quien lo ejerce. Le dice que el reo se sabe muerto antes de la ejecución y
que reconoce al amo por la posibilidad que éste tiene de resucitarlo o de
aplazar su muerte. Sobre esta concepción de la autoridad, en tiempos de guerra,
Spielberg levanta un monumento de ternura y de llanto con un blanco y negro (
soslayado únicamente en la llama del principio y del final del film )
exquisito, preciso, hermoso hasta la ausencia de palabras que puedan
expresarlo.
El muy genuino sistema de vida americano, tan amigo de virar a un lado o a otro
de la prudencia y de la justicia, comete de cuando en cuando el pecadillo de
consentir películas como ésta: faro de luz que debe alumbrar la ceguera del
hombre, rezaba en una publicidad de la época de su estreno.
Ben Kingsley y Liam Neeson, aun protagonistas, no llevan el peso del film, a
pesar también de que su capacidad dramática esté a la altura de las muy graves
circunstancias que representan.
Aquí no hay actores: el personaje borra al actor. Spielberg aparcó sus mitos de
infancia ( el extraterrestre, el héroe con látigo, Peter Pan, los dinosaurios )
y saldó una cuenta con la Historia.
Su reciente Munich no puede contemplarse desde todas esta perspectiva, si bien
guarda innegables similitudes con La Lista de Schindler.
Curiosidades al hilo de la película:
1.- Una costumbre judía es ir depositar una piedra en la tumba de un ser
querido en señal de agradecimiento eterno. Al final de la película, se ve como
una comitiva de judíos va dejando piedras en la tumba de Schindler. Son los
judíos que en la vida real fueron salvados por el propio Schindler.
2.- Steven Spielberg no pudo conseguir el permiso para firmar dentro de
Auschwitz, así que las escenas del campo de exterminio fueron realmente rodadas
en un escenario que pretendía ser una copia exacta de aquél.
3.- El guión de la película pasó por manos de Martin Scorsese, que se echó
atrás por mor de su ascendencia judía y por no saber si acometería la empresa
con la suficiente objetividad.
4.- Tom Hanks y Kevin Costner también aspiraban a ser Oskar Schindler, pero
Spielberg permitió al más novato y menos conocido Liam Neeson hacer el papel de
su vida.
No tenemos aquí la mejor película de nazis o la mejor película sobre el
Holocausto: es una de las mejores películas de los últimos años y, sin duda, la
mejor ( en mi opinión ) de Steven Spielberg. Y la banda sonora más adaptada (
junto con la de El piano de Michael Nyman ) al objeto que orquesta. John
Williams es, no hay duda, un maestro.
Mariano González salta de la actuación a la dualidad actor/director, con su ópera prima Los globos. Una historia sencilla que se ensancha como los globos que fabrica su protagonista, al contar los lazos que se van construyendo entre un padre y su hijo. Lejos de los golpes bajos, Los globos es una mirada sincera a las dificultades, limitaciones y contradicciones de un hombre que se encuentra en la encrucijada de hacerse cargo, o no, de su propio destino.
¿Cómo surge la idea de Los globos?
Surge de las ganas y necesidad de filmar. Había escrito dos guiones anteriormente, pero por diferentes motivos quedaron en un cajón. Decido escribir un tercer guion y comienzo a pensar qué tenía como para escribir una nueva historia. En una servilleta en un bar, con una amiga comencé a dibujar y a anotar: había sido padre, una nueva experiencia fuerte que me presentaba la vida, entonces anoté, tengo un hijo, y así continué, tengo un auto, hay rutas, consigo un campo, y como para finalizar, está la pequeña fábrica de globos -lugar que siempre me fascinó- de mi amigo Martin Viale -actor en la película-. Así comenzó Los globos. Luego me encontraría ganando el premio Opera prima INCAA 2012, y el libro pasaría a ser película.
¿Cómo fue la experiencia de tu pasaje de delante de cámara como actor a la actuación y dirección?
La experiencia fue muy buena. Fui consciente de que era mi opera prima y que tenía que protagonizar y dirigir, entonces lo primero que hice fue formar un equipo con "̈trayectoria”, y ante todo, con gente con la que me sintiera cómodo, contenido, y protegido. El equipo siempre estuvo atento, aportando y disfrutando del rodaje. Eso ya era un logro muy grande, ver a todos muy comprometidos y alegres con lo que estábamos haciendo. En cuanto a lo de actor y director, si bien mi herramienta más fuerte en ese entonces era la actuación, tenía cierta duda sobre si cuando estaba actuando podía abstraerme de la dirección con los otros actores, pero por suerte eso no paso, los actores y no actores -como mi padre y mi hijo- me sorprendieron en todas sus escenas
.
¿Por qué decidiste trabajar con tus propios familiares, con tu papá y tu hijo, en los mismos roles en la película?
Con mi padre fue porque en principio no se me ocurría un actor con las características que tenía en mente para el personaje; un tipo grandote, que prácticamente no habla, pero su presencia es muy fuerte, su mirada, su cuerpo, un peso pesado. Mi padre tenía todo eso. A su vez él estaba algo aburrido de su trabajo, casi que ya ni iba, entonces le propuse si quería actuar, que yo sabía que lo podía hacer perfectamente. Estuvo todo el rodaje muy contento con su nueva aventura, y lo disfrutó mucho. Luego se operó y lamentablemente falleció, así que me dejó un hermoso y único regalo. ¡Lo tengo conmigo en Los globos! Con mi hijo, estaba en duda si era mejor trabajar con él o con un niño ajeno. Sabía que trabajar con un niño ajeno quizás me resultaba mejor, en cuanto a no tener que estar fuera y dentro del rodaje con él. Pero con mi hijo sabía que en cuanto a construcción de historia tenía mucho más potencial. Lo que el personaje -César- tenía pensado hacer con su hijo, ya había algo que movía las tripas, y que luchaba internamente con esa decisión, o indecisión mejor dicho. Así que decidí trabajar con él y cansarme más, creo que fue una buena elección. Alfonso está muy bien en la película.
¿De qué manera trabajaste desde el guion el crescendo en las relaciones interpersonales, que son el corazón de tu película?
Cesar sale de una rehabilitación y se entera de la existencia de un hijo. Concentra su tiempo en el trabajo, en los globos, hasta sentir mucha presión de parte del abuelo del niño, para que vaya por él. Cesar decide buscarlo, pero piensa dejarlo en adopción -algo que ya tiene hablado con una amiga del pueblo-. La relación se va construyendo en los espacios y momentos que van compartiendo -auto, restaurante, bar, casa de amiga- pero hay un lugar en el que Cesar acepta su paternidad y a su hijo. Eso sucede en el bosque, es ahí en donde saca su angustia y miedo acumulado y puede preguntarle al hijo, ¿Te gusta el bosque? Luego, ya en el galpón de los globos y en un almuerzo que tienen, nos demuestra su total aceptación del vínculo con el hijo.
¿Cuáles son tus expectativas acerca de la presentación de tu película y de la recepción del público en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata?
Es mi primera película y primer festival como director. Tengo muchas ganas de descubrirlo. Claro, ojalá a la gente le guste y pueda disfrutarla, pensarla, que les quede algo de lo que quise contar.
Fuente: Festival de Internacional de Cine de Mar del Plata.