Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

sábado, 15 de octubre de 2011

Buenas lecturas, Narciso Ibáñez Menta.

"El artesano del miedo", memorias de una voz macabra.

Un libro recorre la trayectoria del actor Narciso Ibáñez Menta, una leyenda que aún cultiva fanáticos entre los espectadores del cine y la televisión.


Por Lucia Turco

Difícil imaginar al artesano de un fenómeno de masas. Pero el espectáculo argentino tuvo su exponente. Actor multifacético, director y guionista, “mago” del maquillaje, con su voz, Narciso Ibáñez Menta (1912-2004) envolvió la radio, el teatro, el cine y la televisión durante décadas. De esta última fue pionero, cuando contar una historia en la pantalla chica significaba calcularlo todo para lograr un plano secuencia, aunque ello implicara contener la respiración detrás de una máscara de látex, asustar en la vida real para testear una caracterización, repetir un día entero de filmación para asegurar el efecto.

De todo este personaje habla “El artesano del miedo”, primera biografía artística del “señor truculento”, como lo llamó la prensa. Cautivados por sus legendarios ciclos televisivos en la infancia, el música Gillespi y el periodista Leandro D’Ambrosio convirtieron el fanatismo en obsesión por una figura que “nos empezó a sorprender cada día más por cómo estaba conformada su personalidad, podría haber sido tranquilamente un personaje de una de sus obras”, cuenta Gillespi, que ansiaba la llegada del jueves para seguir, desde la cama de sus padres, a aquel robot humano en busca de su alma en “El hombre que volvió de la muerte”.

El relato comienza con Narcisín, el niño prodigio nacido en Asturias que deslumbraba sobre las tablas, y llega hasta su última aparición en televisión, pasando por sus interpretaciones de Poe, Sartre, Miller hasta las ideas propias que encontraron su expresión en rostros monstruosos y provocaron picos de rating históricos. Para ello, fue importante el desarrollo de una técnica propia y artesanal del maquillaje, que Ibáñez Menta entendía como un “arte ligado al de la interpretación”, y sobre el cual escribió un manifiesto.





Ante la falta de archivos televisivos (gran parte de los rollos de sus ciclos se quemaron en los incendios de Canal 9 y Canal 11), los autores se encontraron trabajando en el límite de la memoria, reuniendo voces dispersas que rodearon al protagonista –como su actor y amigo Juan Carlos Galván, la directora Diana Álvarez y la actriz Beatriz Día Quiroga, entre otros-, quienes conocieron de cerca su exigencia a la hora de crear dentro y fuera del terror, pero fundamentalmente sobre el misterio. Todos coincidieron en algo: trabajar con él era un desafío. Las limitaciones que encontraba en la práctica no lo frenaban en su ambición por recrear las escenas que ya había imaginado en detalle. “Soñaba que estábamos trabajando en la Metro Goldwin Mayer”, lo recordaba Eduardo Bergara Leumann.

La idea de un artesano refiere a algo casi desconocido u olvidado en la televisión actual: el oficio de un artista que trabajaba el terror como una delicada pieza que había que cuidar hasta el final para que fuera cautivante y personalísima. “Si bien él ha tomado técnicas de otros, su forma de ver la cosas fue única e intransferible de alguna manera –piensa Gillespi-. Uno, en retrospectiva, se encuentra con cuatro o cinco que han hecho cosas trascendentes en la tele. Él fue uno de ellos y en un estilo realmente muy difícil”. Además de su amor por el teatro, el libro –que reúne un interesante registro fotográfico- recuerda sus trabajos en cine y su labor en España, donde trabajó especialmente junto a su hijo, Narciso Ibáñez Serrador, que, al seguir sus pasos, se transformó en un exitoso productor de la televisión española.

A través de un relato cronológico –en el que los autores quisieron resguardar la historia de su obsesión por el personaje no involucrándose mucho en la interpretación de los hechos- las anécdotas de los entrevistados y la propia voz de Ibáñez Menta, tomada de entrevistas de distintas épocas, permiten reconstruir el camino del éxito de una voz envolvente y macabra, la de un tipo bajito que le gustaba trabajar de noche y que era absolutamente reservado en su vida privada. Si bien se trata de una biografía artística, puede percibirse lo difícil de llegar al hombre detrás del artesano que tenía todo bajo control, lo que funciona casi como un truco que lo trasciende en el gusto por alimentar la fantasía.

“Narciso tenía los pasillos largos, las puertas cerradas, la música que iba in crescendo aunque no pasara nada, porque en muchas de sus obras solamente en la última escena se develaba el secreto de la monstruosidad”, recuerda Gillespi, quizás para entender por qué nadie transitó este género con la grandeza de “el maestro”, como le dicen aún hoy quienes trabajaron junto a él en la composición –no eximida de misterio- del misterio.

Fuente: Revista Ñ, número 362, 4 de septiembre de 2010.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Marfici 2011, segunda parte.

Retrospectiva Sergio Bellotti


Por Diego Menegazzi.





Sergio Bellotti es uno de los directores más apasionantes del cine argentino contemporáneo, pero su obra permanece todavía desconocida para una gran parte del público. Es autor de tres films de ficción, escritos en colaboración con el escritor Daniel Guebel, y otros tres documentales. Además, ha trabajado intensamente para la televisión y fue productor ejecutivo de los largometrajes La vida según Muriel, de Eduardo Milewicz, Sotto Vocce, de Mario Levin, y Mil boomerangs, de Mariano Galperin.

Su debut en el largometraje fue en 1999 con Tesoro mío, una historia basada en el conocido caso Fendrich, que conmovió a la sociedad argentina en 1994. Un empleado bancario cansado de su existencia vacía y sin horizontes, decide tirar todo por la borda, luego de su fiesta de cumpleaños. Es un film incómodo y sin concesiones, que acierta en retratar fielmente el ambiente decadente por donde se mueven los personajes de la mediocre burguesía provinciana de ese entonces.


Su siguiente film fue Sudeste (2002), basado en la conocida novela de Haroldo Conti. El protagonista es El Boga, un joven isleño al que se le muere el padre y emprende un viaje sin rumbo fijo por la zona del Delta. En su deriva experimenta por primera vez el sentimiento de libertad, pero esto lo conducirá a un destino trágico. Bellotti respeta el punto de vista del escritor, convirtiendo al río en el verdadero centro de la historia. Como dice el propio director “se trata de una experiencia filosófica que tiene al río como protagonista y en donde el hombre es sólo una excusa”.

Luego del fascinante documental Las memorias del Sr. Alzheimer (2004), que tiene al escritor Jorge Di Paola como protagonista exclusivo, Bellotti realiza su film más polémico, La vida por Perón (2004), basado en la novela homónima de Daniel Guebel. Se trata de una ficción delirante que transcurre el día que muere el general Perón. Un joven conscripto se entera de que ese mismo día ha fallecido su padre. Durante el velorio, él y su familia son tomados de rehenes por un grupo de izquierda armada peronista que quiere sustituir el cadáver del general y así ganarle de mano a un grupo del Ejército que pretende secuestrar el cuerpo con el objetivo de tomar el poder. Más allá de las discusiones y malentendidos que hubo en el momento de su estreno, es una excelente comedia negra que aborda con inteligencia un tema tabú de nuestra historia, las contradicciones del movimiento peronista en la primera mitad de los años ‘70.



Después de varios años trabajando para televisión, el director reapareció con dos interesantes documentales, 100 pájaros (2009), sobre el grupo de rock Los Rodríguez durante la gira de 1994, y Buenos Aires, la línea invisible (2010), que aborda el tema de la inmigración de los negros en la Argentina. La retrospectiva que presentamos en esta séptima edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata es un intento de dar cuenta de la trayectoria de un director inquieto y audaz. Su obra merece revisarse y discutirse, ya que está más viva que la de muchos de sus contemporáneos.




Retrospectiva


Tesoro mío

Argentina, 1999. 93 min.
Elenco: Gabriel Goity, Edda Bustamante, Virginia Onetto, Martín Adjemián
Producción: Fuerte Apache Producciones
Contacto: Sergio Bellotti

Sudeste

Argentina, 2002. 98 min.
Elenco: Javier Locatelli, Luis Ziembrowsky, Mario Paolucci, Claudio Escobar.
Producción: Aleph Producciones S.A.
Contacto: Sergio Bellotti

Las memorias del sr. Alzheimer

Argentina, 2004. 75 min.
Producción: Eduardo Montes-Bradley
Contacto: Sergio Bellotti

La vida por Perón

Argentina, 2004. 90 min.
Elenco: Belén Blanco, Luis Ziembrowski, Cristina Banegas, Oscar Alegre
Producción: Fuerte Apache, Hasta la Victoria Siempre S.A., INCAA
Contacto: Sergio Bellotti

Dos hermanos

Argentina, 2007. 72 min.
Elenco: Lito Cruz, China Zorrilla, Mónica Scaparone, Roberto Mejía
Producción: Canal 7
Contacto: Sergio Bellotti

100 pájaros

Argentina, 2009. 61 min.
Producción: Sergio Bellotti
Contacto: Sergio Bellotti

Buenos aires, la línea invisible

Argentina, 2010. 60 min.
Producción: Nicolás Bellotti
Contacto: Sergio Bellotti


Fuente: www.marfici.com

martes, 4 de octubre de 2011

Estrellas en el cielo, Steve McQueen.

El estilo de Steve McQueen


Por Adrián Massanet, 27 de abril de 2011




“Hay algo en mis ojos de perro apaleado que le hace pensar a la gente que soy buena persona”

Algunos artistas no tienen que esforzarse por hacer cine, al menos en apariencia. Ellos son cine. Los dos hechos más importantes de la vida de Steve McQueen fueron que su padre les abandonara a él y a su madre cuando apenas contaba seis meses de vida, y que su madre, por esa razón o por otras, que tanto da, fuese alcohólica toda su vida. Aún en el caso en que Terrence Steve McQueen no hubiera decidido hacerse actor, su furia interior, su arrolladora energía vital, habrían hecho de su vida una película. Y mucho se tuvo que cansar de sus años en la granja de unos familiares que cuidaron de él, porque, aburrido de sus familiares y de una vida sin futuro, llegó a formar parte de bandas callejeras, y a ser arrestado varias veces por pequeños hurtos y vandalismo. Uno de los sucesivos maridos de su tía llegó a apalizarle severamente, lo que no provocó otra cosa que ahondar en su íntimo desprecio, y a la vez anhelo, por la figura paterna. De su tumultuosa juventud le rescató la disciplina del ejército, que, aunque volvió a sacar lo peor de él, también sacó lo mejor.

De impresionante físico desde su juventud, sólo sus capacidades atléticas pueden explicar que un muchacho disléxico, y con una sordera parcial, pudiera entrar en el Cuerpo de Marines a los 17 años. Cuerpo en el que, debido a su rebeldía congénita, sufrió las consecuencias (en forma de marginación y muchos días en el calabozo) de sus continuadas insubordinaciones, de su violencia a menudo descontrolada, hasta que salvó a algunos compañeros en un ejercicio de prácticas. De su paso por la granja y por el ejército, dice que aprendió muchas cosas, tanto de sí mismo como de la gente que le rodeaba. Pero nosotros podemos deducir la bulliciosa personalidad de un hombre que se pagó sus estudios de actor en carreras de coches y motocicletas los fines de semana. Porque para él, en el fondo, lo primero era la velocidad y el motor. Y todo lo demás, incluso su cada vez más mítica carrera cinematográfica, era completamente secundario. ¿De qué huía McQueen o hacia donde se dirigía a toda velocidad? Sólo el lo sabía. Pero huyera o corriera buscando algo, siempre lo hacía con mucho estilo.

Siempre recuerdo la sonrisa con la que termina su explicación, a Richard Attemborough, de las posibilidades de escaparse en ‘La gran evasión’ (‘The Great Escape’, John Sturges, 1963), una vez descubren que el túnel se ha quedado corto. Yo creo que la naturalidad de McQueen, esa que le hizo ganar el corazón y el recuerdo de tantos aficionados al cine, provenía de que, en realidad, McQueen hablaba siempre de sí mismo, con una fuerza expresiva y una sinceridad que le convertían en verdadero autor de sus personajes y casi de las historias que protagonizaban. Quizás esa sonrisa la había practicado consigo mismo muchas veces. Cuando peor iban las cosas, cuando más solo se sentía, más meritorio era componer esa sonrisa. Detalles como esos son los que forjaron una carrera que apenas se extiende en veintipocos años, después de debutar en el cine, no acreditado, en ‘Marcado por el odio’ (‘Somebody Up There Likes Me’, Robert Wise, 1956), y de por fin ser acreditado en la película de otro Robert, esta vez Stevens, en ‘Never Love a Stranger’ (1958).


¿Quién podía imaginar que, en los cercanos años sesenta, McQueen se convertiría en la mayor estrella del mundo del cine, con apenas una olvidable experiencia en series televisivas y papeles sin interés? Si Sturges confió en él en el remake de ‘Los siete samuráis’ (‘Sichinin no Samurai’, Akira Kurosawa, 1954), titulado ‘Los siete magníficos’ (‘The Magnificent Seven’, 1960), fue porque vio algo en aquel chaval delgado y de penetrantes ojos azules, aunque no le concediera muchas líneas de diálogo. Muchos se quedaron más con su cara que con la de Brynner. Fue la sutil llegada de un duradero icono justo en el principio de esa década ruidosa. Hay algunos que estaban predestinados a ser lo que fueron, y que estuvieron en el momento justo en el lugar apropiado. Más allá de que McQueen fuera un actor bueno, malo, regular, interesante, desfasado, histriónico, egoísta para sus compañeros de reparto, déspota en su éxito y generoso en sus miserias, se establecía su feroz sinceridad con total primacía sobre sus, no pocas, virtudes como actor. Un actor muy físico que cuando hablaba era poderoso, pero cuando callaba más.

La fugacidad de una presencia irresistible

Los años sesenta, con todo lo que signicaron en el nacimiento de la contracultura en Estados Unidos, con la pérdida de la inocencia de aquel país, tomaron a McQueen como referente del antihéroe que, antes que nada, mantiene el tipo cuando todo se derrumba (a pesar de que defendió públicamente la necesidad de la Guerra de Vietnam). Cuando en 1963 protagoniza ‘La gran evasión’, película en la que, por momentos, él parece ir a su aire, ya es una estrella gigantesca, con el nombre antes del título, y eso que sólo ha protagonizado, después del ya mencionado remake de Sturges, un bélico no demasiado notable a las órdenes de Don Siegel en 1962, ‘Comando’ (‘Hell is for Heroes’), otro bélico aún menos destacado a las órdenes de Philip Leacock, ‘El amante de la muerte’ (‘The War Lover’, 1962), y una comedia ya olvidada en 1961, ‘Zafarrancho en el casino’ (‘The Honeymoon Machine’, Richard Thorpe). Pero poco importa, pues desde aquella memorable evasión su carrera es como una estrella fugaz destinada a brillar más que ninguna otra, a dejar huella y a durar muy pocos años, pues un cáncer salvaje le derrotó en pocos meses cuando ya rondaba los cincuenta años.

Dos películas dirigidas por Robert Mulligan, un tanto anticuadas tantos años después, una floja adaptación de Faulkner, o algunas otras películas alimenticias, no impidieron que McQueen se convirtiera en el rey de lo cool, con varios papeles que parecían confeccionados a medida, hasta el punto de que se podían llamar películas “de” Steve McQueen, aunque las dirigieran siempre otros. La vibrante (quizá una de las películas más redondas de la apática filmografía de Norman Jewison) ‘El rey del juego’ (‘The Cincinnati Kid’, 1965), el hermoso western ‘Nevada Smith’ (id, Henry Hathaway, 1966), el apasionante drama ‘El cañonero del Yang-Tsé’ (‘The Sand Pebbles’, Robert Wise, 1966), la ingeniosa ‘El affair de Thomas Crown’ (‘The Thomas Crown Affair’, Norman Jewison, 1968) y la trepidante ‘Bullit’ (id, Peter Yates, 1968) conforman los peldaños de su imparable ascensión al Parnaso de Hollywood. Era el actor mejor pagado, el más famoso, el más admirado e imitado, y posiblemente el que con más fortuna se interpretó a sí mismo a lo largo de su carrera.





Salvo en la olvidable ‘Las 24 horas de Le Mans’ (‘Le Mans’, Lee H. Katzin, 1971), en la que por fin cumplió su sueño de interpretar a un piloto de carreras, creo que sus papeles de los setenta son los más complejos y los más arriesgados de su carrera. Continuó fiel a sí mismo: interpretándose a sí mismo, o al menos llevando a los papeles a los territorios íntimos que le impulsaban a interpretarlos. Si esa fuera la vara de medir de un actor, pocos fueron iguales o mejores que él. Encontró en el gran Sam Peckinpah una personalidad artística y un ego comparables a los suyos, y le regaló dos de sus trabajos más completos: el de especialista en rodeos, perdedor nato y nostálgico y anacrónico, de ‘Junior Bonner’ (id, 1972), y el de ladrón profesional en la magnífica ‘La fuga’ (‘The Getaway’, 1972). La pasión de Bonner por los rodeos es comparable a la de McQueen por las carreras, verdadero centro de su vida, y en el pasado del Doc McCoy de ‘La fuga’ no es difícil imaginar el registro delictivo de McQueen. Pero sería en ‘Papillon’ (id, Franklin J. Schaffner, 1973) y en ‘Un enemigo del pueblo’ (‘An Enemy of the People’, 1978), en la que daría, a mi juicio, lo mejor de sí mismo.

En ambas, muy alejadas (sobre todo la segunda), de esa imagen cool e impertérrita que tanto se afanó en mantener ante el mundo, McQueen desnuda su alma, literalmente, ante la cámara. Es más actor, creo, que nunca. En la soberbia película de Schaffner ofrece una interpretación descarnada, otoñal, de una melancolía y una dignidad arrasadoras. McQueen, un viejo de cuarenta y tres años sin el menor tic, sin la menor concesión ni al espectador ni a sí mismo. Y en la segunda, ya caracterizado como un anciano (aunque aún le quedaban dos películas antes de morir, en las cuales “algo” quedaba del enérgico McQueen de pocos años antes…), empezaba a mirar a la muerte. Dicen que una exposición prolongada al amianto (durante su época de marine, quizá, o en algún rodaje) es la única explicación a un cáncer tan fuliminante, que se extendió por todo su cuerpo con voracidad y le dejó hecho la sombra de lo que había sido, en pocos meses. Un formidable atleta vencido por una enfermedad que a tantos otros artistas ha fulminado. Cuentan que McQueen aún pudo componer su icónica sonrisa (¿sería parecida a aquella que le dedicaba a Attemborough?) cuando le anunció a su esposa que se rendía.


Filmografía


Cazador a sueldo (1980)
Tom Horn (1980)
Un enemigo del pueblo (1978)
Infierno en la torre (1974)
Papillon (1973)
La fuga (1972)
El rey del rodeo (1972)
Las 24 horas de Le Mans (1971)
The Reivers (1969)
Bullitt (1968)
El affair de Thomas Crown (1968)
El cañonero del Yang-Tse (1966)
Nevada Smith (1966)
El rey del juego (1965)
Baby the Rain Must Fall (1965)
Amores con un extraño (1963)
Soldier in the Rain (1963)
La gran evasión (1963)
The War Lover (1962)
Hell Is for Heroes (1962)
The Honeymoon Machine (1961)
Los siete magníficos (1960)
The Great St. Louis Bank Robbery (1960)
Cuando hierve la sangre (1959)
The Blob (1958)
Never Love a Stranger (1958)
Somebody Up There Likes Me (1956)


Fuentes
www.blogdecine.com/actores/el-estilo-de-steve-mcqueen,
es.wikipedia.org/wiki/Steve_McQueen

lunes, 19 de septiembre de 2011

Corre Forrest! corre!

Una semblanza del film Forrest Gump, de Robert Zemeckis, 1994.


Escrito por Julio Diz.
Ilustrado por Anabel Iannone.

Robert Zemeckis ha cosechado otro éxito con la dirección de esta película, protagonizada por Tom Hanks como este idiota infantilmente ingenuo.





Gump, dotado con un bajo coeficiente intelectual que le permite ser adorablemente infantil, incluso a medida que crece, lleva una vida encantada: una madre que lo ama inmensamente y que se acuesta con el director de la escuela, con el fin de asegurarse la mejor educación. Un incidente milagroso, elimina la necesidad de prepararse para correr, una amiga de la infancia se mantiene fiel a él hasta el final, sobreviviendo a Vietnam con una medalla, y, en general, una tendencia a convertir todo lo que le sucede en buena .

Desde un punto de vista, implica que la inteligencia (medida por el coeficiente intelectual) es un rasgo muy innecesario. Pero creo que uno puede mirar más allá y decir que la inocencia infantil, tiene sus recompensas. A lo largo de la película, Gump encuentra situaciones en las que es acosado, pero nunca se ofende (excepto, por supuesto, cuando su novia Jenny es víctima de abuso). Él no es de hecho completamente estúpido, a pesar de que se presenta como tal, ya que puede correr como loco, jugar al ping-pong espectacularmente, y así sucesivamente.

El hecho de que Gump no se ofenda, es lo que lo mantiene contenido. Se convierte en un millonario, pero da la mayor parte de el dinero. Él es honesto y abierto, con su acento de Alabama, se gana la simpatía de la audiencia.





Gump se codea con muchas personalidades famosas durante la última mitad del siglo, como Elvis Presley y Richard Nixon, gracias a la tecnología informática. El relato de cómo Gump es responsable de los giros característicos de Presley, es muy revelador de los motivos de esta película. Gump se contrapone a los hombres famosos, que son ídolos en la sociedad actual, pero como comparación: Gump no alberga malos sentimientos o rencores, y no es avaro con la fama o el dinero. Esto contrasta con las decisiones de su joven amiga Jenny, ella quiere ser famosa y rica, pero termina siendo una drogadicta. La gente que rodea a Gump, son de naturaleza dudosa: un padre sexual abusivo, y una abusiva novia hippie.

Los héroes masculinos tradicionales que hemos tenido son disfuncionales en algún aspecto u otro, y estamos perdidos, sin héroes. Gump es un nuevo tipo de modelo a seguir, él es un buen chico y todo el mundo sabe que son difíciles de encontrar. Como un crítico dijo: "Hoy, el último héroe americano es el personaje de Tom Hanks, con un coeficiente intelectual pequeño".

Forrest Gump es una película de enorme éxito. Muchas personas afirman que les pone en contacto con su "niño interior". Algunos críticos lo atacan opinando que nunca llega a ser un hombre, sigue siendo un niño en todo momento. Se da a entender, al menos, que su "estupidez" es lo que le permite andar en la vida. ¿esto significa que debe ser un niño para siempre? No es cierto, y creo que Zemeckis hizo un buen trabajo en mostrar que cualquier persona puede conservar su niño interior siempre.



Ficha Técnica

Título: Forrest Gump
Título original: Forrest Gump

Dirección: Robert Zemeckis

País: Estados Unidos
Año: 1994
Duración: 142 min.
Género: Drama, Romance, Comedia

Reparto: Tom Hanks, Robin Wright Penn, Gary Sinise, Mykelti Williamson, Sally Field, Rebecca Williams, Michael Conner Humphreys, Harold G. Herthum, George Kelly, Bob Penny, John Randall, Sam Anderson, Margo Moorer, Ione M. Telech, Christine Seabrook, Peter Dobson, Siobhan Fallon, Alexander Zemeckis, Logan Livingston Gomez, Ben Waddel, Elizabeth Hanks, Hanna Hall, Tyler Long, Christopher Jones, Grady Bowman, Kevin Mangan, Fay Genens, Frank Geyer, Rob Landry, Jason McGuire, Pete Auster, Sonny Shroyer, Brett Rice, Ed Davis, Daniel C. Striepeke, Bruce Lucvia, David Brisbin, Kirk Ward, Angela Lomas, Timothy Record, Deborah McTeer, Mark Matheisen, Al Harrington, Jed Gillin, Bob Harks, Don Fischer, Kenneth Bevington, Michael Flannery, Gary Robinson, Marlena Smalls, Kitty K. Green, John Worsham, Afemo Omilami, Matt Wallace, Danté McCarthy, Paulie DiCocco, Mike Jolly, Michael Kemmerling, John Voldstad, Jeffrey Winner, Russ Wilson, Daniel J. Gillooly, Calvin Gadsden, Aaron Izbicki, Michael Burgess, Steven Griffith, Bill Roberson, Michael McFall, Eric Underwood, Byron Minns, Stephen Bridgewater, Bonnie Ann Burgess, Scott Oliver, John William Galt, Hilary Chaplain, Isabel Rose, Jay Ross, Richard D'Alessandro, Dick Stilwell, Kevin Davis, Michael Jace, Geoffrey Blake, Tim Perry, Vanessa Roth, Emily Carey, Paul Raczkowski, Valentino, Dick Cavett, Joe Stefanelli, Tiffany Salerno, Marla Sucharetza, Aloysius Gigl, Jack Bowden, Joe Alaskey, Lazarus Jackson, W. Benson Terry, Matt Rebenkoff, Peter Bannon, Joe Washington, Nora Dunfee, Nathalie Hendrix, Chiffonye Cobb, Juan Singleton, Bobby Richardson, Michael Mattison, Lenny Herb, Charles Boswell, Timothy McNeil, Haley Joel Osment, Lonnie Hamilton, Teresa Denton

Guión: Eric Roth
Distribuidora: United International Pictures (UIP)
Productora: Paramount Pictures
Presupuesto: 55.000.000,00 $

Departamento artístico: Anna E. Hayward, Barry Spencer, Chris L. Spellman, Claire Gaul, Clifton T. Cooper, Dan Ondrejko, Daniel J. Gillooly, Edward J. McCarthy, Elizabeth Lapp, Eric Rosenberg, Erin Kemp, Erkki Lamppu, Frank M. Fleming, Hugo Herrera, James C. Feng, James Hegedus, James M. Davis, James P. Meehan, James Passanante, Jeff Passanante, Jim C. Johnson, Jim Stubblefield, John Ceniceros, Kacy Magedman, Kevin Mangan, Lauren E. Polizzi, Linda Berger, Mark Weissenfluh, Martin A. Kline, Michael Gastaldo, Michael J. Hall, Paige Augustine, Paul M. Rohrbaugh III, Peter Lamppu, Robert E. Denne, Robert Greenfield, Robin L. Miller, Rufus Best, Samuel Ray Jablonski, Stefan Dechant, Stephen I. Erdberg, Steve Arnold, Thomas E. Brown, Tony Fanning, Victoria A. Zamora, Wendy Richardson, William Alford
Departamento de transportes: Al J. Hersh, Eddie Lee Voelker, Joel Marrow, Joseph Sullivan, Randy Cantor, Tammy High, Tyler C. Daum, Wayne Roberts
Departamento editorial: Bob Kaiser, Carin-Anne Strohmaier, Jeremiah O'Driscoll, Mark Herman, Theresa Repola Mohammed
Departamento musical: Alan Silvestri, Christiane Steffen, David Bifano, Dennis S. Sands, Jacqueline Tager, Jill Meyers, Joel Sill, Kenneth Karman, Sally Stevens, Sandy DeCrescent, William Ross

Dirección artística: Leslie McDonald, William James Teegarden
Diseño de producción: Rick Carter
Efectos especiales: Allen Hall, Bruce E. Merlin, Christopher Lee Foster, James L. Roberts, Joe Montenegro, Matthew Hall Ozmandias, Ray O. Hardesty, Steven C. Foster
Efectos visuales: Alex Seiden, Andrea Bronzo, Andy Hendrickson, Anne Calanchini, Bart Giovanetti, Bill Mather, Bob Finley III, Bob Patterson, Brad Jerrell, Bruce Vecchitto, Carl N. Frederick, Chad Taylor, Craig Mullins, Craig Ring, Dan McNamara, David Heron, David Horsley, David Tanaka, Debbie Denise, Doug Chiang, Douglas S. Kay, Duncan Sutherland, Eddie Pasquarello, Eric Chauvin, Erik Tiemens, Gail Currey, George Gambetta, George Murphy, Greg Butler, Greg Hyman, Greg Maloney, Heather Smith, Howard Gersh, James Lim, Jeff Mann, Jennifer Lee, Jim Morris, Joe Fulmer, John Horn, John Lewis, John Schlag, John Torrijos, John Whisnant, Jon Alexander, Josh Pines, Julie Adrianson-Neary, Kathleen Beeler, Ken Beyer, Ken Ralston, Kerry Nordquist, Kristen D. Trattner, Leah Anton, Lincoln Hu, Linda Siegel, Lisa Drostova, Lisa Vaughn, Louis Rivera, Mark Holmes, Mary McCulloch, Megan L. Jones, Michael Conte, Michael Min, Mickey McGovern, Mike Ellis, Mike MacKenzie, Nancy Luckoff, Patricia Blau, Patrick Neary, Patrick T. Myers, Penny Runge, Peter Daulton, Randall K. Bean, Rebecca Heskes, Robert Marinic, Sandy Houston, Scott Frankel, Stephen Rosenbaum, Steve Molin, Terry Molatore, Thomas Lassen, Thomas Rosseter, Tim Geideman, Tim Irvin, Timothy Eaton, Timothy Greenwood, Tom Williams, Yusei Uesugi

Fotografía: Don Burgess
Guión: Eric Roth
Maquillaje: Daniel C. Striepeke, Fríða Aradóttir, Hazel Catmull, Jay Cannistraci, Judith A. Cory, Rick Sharp, Sharon Kalb, Susan Schuler-Page, William A. Kohout
Montaje: Arthur Schmidt
Música: Alan Silvestri
Novela original: Winston Groom
Sonido: Claire Sanfilippo, Clare C. Freeman, D.G. Fisher, David Franklin Bergad, Dennie Thorpe, Dennis S. Sands, Dianna Stirpe, Earl Sampson, Ewa Sztompke, Gloria S. Borders, Jonathan Gaynor, Karen Harding, Larry Oatfield, Marian Wilde, Pat Jackson, Patti Tauscher, Phil Benson, Randy Thom, Robert Shoup, Samuel H. Hinckley, Scott Guitteau, Sue Fox, Tom Barwick, Tom Johnson, Tony Eckert, William B. Kaplan
Vestuario: Alleene C. Keith, Armand Coutu, Betty Birkowski, Diana Wilson, Jean M. Soderlind, Jessica Fasman Joanna Johnston John D. Bronson, Karen Naser, Lance Robinson, Marjorie McCown, Michelle Kurpaska, Natalie Nye, Pamela Wise, Patricia Bercsi, Robert W. Numbers, Rudolph Garcia, Steve Shubin, Thomas E. Mastrolia, Wendy Moynihan


Fuentes: trelcovsky@yahoo.com.ar,www.annabeliannone.blogspot.com

viernes, 16 de septiembre de 2011

Vivencias del 25 Festival de Mar del Plata.

HOMENAJES: NICOLÁS SARQUÍS


Un homenaje a un hombre que fue muy importante para la construcción del espíritu de este Festival. Un homenaje a un realizador con un inmenso y eterno compromiso con el cine.


Entrevista a Nicolás Sarquís, publicada el 19 de octubre de 1977.

La muerte de Sebastián Arache, una ceremonia ritual


La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro, de Nicolás Sarquis, realizador argentino, fue una de las películas de mayor interés proyectada en el último Festival de Cannes, en la sección de la Quincena de Realizadores. Previamente se había proyectado en el Festival Internacional de Cine de Valladolid y clausuró la semana de cine latinoamericano que se exhibió, en colaboración con la Filmoteca Nacional, en el Centro Cultural Villa de Madrid.

Nicolás Sarquis pasó por Madrid y EL PAIS realizó la siguiente entrevista:


EL PAÍS: ¿Cómo realizó su película?

Nicolás Sarquis: Sebastián Arache... es, en cierto sentido, un filme muy libre. Es una película anárquica por excelencia. Sin embargo, ahora lo veo más claramente, sus innumerables problemas de producción lo condicionaron en extremo. Tal vez en muy pocos casos como en éste el resultado final sea el resultado posible. Filmé durante siete meses en total, con un año de interrupción cuando ya llevábamos cuatro meses de rodaje. Debí interrumpirlo porque murió uno de los actores principales durante el rodaje. Fue Raúl del Valle. No podía deshechar lo filmado y modifiqué el libro, que tenía una estructura abierta. Los problemas eran interminables. Todo el mundo sabe que una producción independiente tiene sus complicaciones y sus riesgos, pero el caso de Arache... fue bastante excepcional como experiencia. El filme maduraba con el desarrollo de la producción. Al mismo tiempo la falta de una producción orgánica, posibilitaba una experiencia múltiple. Fue un proceso simbiótico y hasta cierto punto buscado porque no podía ni quería sujetarme a una producción muy marcada.





EL PAÍS: ¿Cómo definiría su filme?

N. S.: Mi película tiene el carácter de una ceremonia ritual. Era necesario -al menos para mí- el crear un ámbito, un contexto donde fuese posible contar la historia que yo quería. Una historia que arranca de lo personal y se convierte, para bien o para mal, no lo se, en un filme neurótico y desesperado. Al principio era una historia dramáticamente precisa, pero gradualmente se convierte en una alegoría cargada de fatalidad. Debo reconocer que si mi filme tiene alguna influencia, ésta proviene más de la literatura que del cine. Soy un obsesivo lector de literatura latinoamericana, también de su historia y sus leyendas. Creo que la mejor literatura de esa corriente está dando una nueva dimensión de nuestra realidad. En el cine todavía no se ha podido, salvo raras excepciones. Creo que no tenemos una tradición cinematográfica que nos identifique y nos señale un camino.





EL PAÍS: ¿Cómo definiría sus experimentaciones del lenguaje cinematográfico?

N. S.: En mi película me planteo dos cosas concretas: encontrar una forma expresiva y una temática que me permita alcanzar una realidad más vasta y trascendente. En cierto modo quisiera acercarme a esa concepción que tan bien definiera el escritor paraguayo Roa Bastos, refiriéndose a la literatura: «lo real mítico», lo mítico en oposición a lo maravilloso porque esto último está ligado casi siempre a la noción de lo insólito, a ese aspecto de extrañamiento que se instala momentáneamente en lo cotidiano latinoamericano. En cambio, la calificación mítica parece más adecuada porque implica una noción de existencia real. En América Latina, señala Roa Bastos, estamos dominados por una imagen y, una vivencia colectiva profunda del mito. Entiendo sobradamente que el cine dispone de otros códigos de lectura y comunicación, pero estoy convencido de que debemos experimentar el lenguaje que mejor nos exprese, aún a costa de los riesgos que esto supone.
Mi película está construida en base a trasgresiones, a alteraciones respecto del lenguaje cinematográfico codificado como norma. No quería narrar la historia de mi película en un tiempo presente y realista. Lo que hice entonces fue hacer una transposición de circunstancias, de hechos reales y verdaderos, pero en un contexto alusivo.



Murió el cineasta argentino Nicolás Sarquis


El cineasta argentino Nicolás Sarquis, director de filmes como "Facundo, la sombra del tigre", "La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro" y "El hombre del subsuelo", murió ayer por la tarde a los 65 años, víctima de un edema agudo de pulmón, según informaron sus familiares.

El realizador, que sufría de asma, murió en su casa, en Boulogne Sur Mer y Córboba, del barrio porteño de Balvanera, y no padecía de ninguna dolencia grave.

Sarquis nació en la localidad bonaerense de Banfield el 6 de marzo de 1938 y estudió cine en la escuela de Cinematografía de Santa Fe. Tenía dos hijos. De regreso a la Capital Federal, desde 1964 fue ayudante de dirección en varias películas.





En 1967 realizó su primer cortometraje, "Después de hora", y dirigió también en 1971 "Talampaya", y en 1972 "Navidad". Debutó en filmes de larga duración en 1967 con "Palo y hueso", una adaptación del texto de Juan José Saer, y más tarde entre 1972 y 1977 con muchas dificultades económicas hizo "La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro".

En 1981 realizó "El hombre del subsuelo", basado en un texto de Fiodor Dostoievski, y tres años después, en 1984, dejó inconcluso el rodaje de "Zama", un filme basado en una novela de Antonio Di Benedetto.

Luego, en 1988 rodó un largometraje de 200 minutos de duración titulado "Facundo, la sombra del tigre", del que también hizo una versión en formato de miniserie para la tevé.

En su extensa trayectoria de más de tres décadas, Sarquis rodó para televisión "Retrato de un hombre", un documental sobre el ex presidente y actual candidato Carlos Menem. Su último trabajo en cine fue "Sobre la tierra", que filmó en 1998, y que fue protagonizado por Graciela Borges, Germán Palacios, Lito Cruz y el actor europeo Peter Gavajda.

A partir de 1996 con el regreso del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, fue el encargado de organizar el ciclo "Contracampo", en el que se presentaban filmes de los países llamados "periféricos", y desde esa posición puede ser considerado como uno de los máximos impulsores del auge del cine iraní en la Argentina.


En el 2002, impulsado por los acontecimientos del 19 y 20 diciembre del 2001, él y otros cineastas argentinos planearon el aún trunco largometraje llamado "Un minuto de silencio", donde cada uno de esos realizadores iba a disponer de tres minutos al estilo de la película "11-09-01" (realizada a partir de los atentados en Estados Unidos) para expresar su postura sobre la crisis social, política y económica que se había agudizado en la Argentina.

Los restos de Nicolás Sarquis serán velados esta noche desde las 21 en Carlos Calvo 1974, Capital Federal, y el sepelio se realizará mañana en el cementerio de la Chacarita.




Fuentes: Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2010
http://old.clarin.com/diario/2003/04/20/um/m-548163.htm

jueves, 8 de septiembre de 2011

Barton Fink, el infierno del escritor.

Por Adrián Massanet, 30 de enero de 2011



“Puedo contarte…la vida de la mente. No hay mapa de carreteras en ese territorio…y explorarlo puede ser muy doloroso.”

- Barton (John Turturro)

A pocos días de estrenarse la película número quince de los hermanos Coen, la esperada ‘Valor de ley’ (‘True Grit’, 2010), que ojalá nos devuelva la mejor versión (la más fresca, la más emocionante) de estos cineastas, merece la pena revisar un poco su mejor etapa, que para mí sin duda fue la primera, hasta finales de los años noventa. Después de esa década los Coen iniciaron un declive en mi opinión incontestable. Un declive que nada tiene que ver con su pericia técnica, pues poco tienen que aprender ya estos directores, o con su capacidad de trabajo, pues han mantenido una fluidez de títulos envidiable para otros realizadores. Tampoco tiene que ver con su libertad creativa, pues siempre han hecho las películas que les han venido en gana. Pero la originalidad, la insolencia, la belleza de sus primeros filmes parece haberse extinguido, en favor de una puesta en escena brillante pero mecánica, ingeniosa pero hueca, sin alma.



Durante la redacción del guión de ‘Muerte entre las flores’ (‘Miller’s Crossing’, 1990) los Coen sufrieron lo que se conoce como “bloqueo del escritor”. Durante ese bloqueo, abandonaron ese guión, y comenzaron con otra historia, precisamente la de un escritor incapaz de escribir. Una historia que finalizaron rápidamente y que les ayudó a superar su propio bloqueo. Terminada aquella película, se pusieron manos a la obra con el nuevo proyecto, sin imaginar, quizá, que se convertiría en una de sus películas más crípticas y más notables, y que les consagraría definitivamente en Cannes. Se trata de una obra mayor, de madurez total. Una propuesta radical, sin la menor concesión al espectador, que profundiza en cuestiones tales como la creación artística y los sinuosos tormentos de la mente, y lo hace con singular lucidez, a través de algunas de las imágenes más hipnóticas y fascinantes de toda la carrera de los famosos hermanos.

La peripecia profundamente psicológica y anímica de Barton, un dramaturgo que acaba de conocer el éxito de público y crítica con su última pieza teatral, roza en muchos momentos lo absurdo e incluso lo surrealista. Cuando se estrenó en Estados Unidos, además de recibir terribles críticas, fue acusada de antisemita, algo totalmente absurdo si consideramos la ascendencia cultural de los Coen, y de “venganza” personal de los Coen contra Hollywood, algo todavía más absurdo porque los Coen jamás habían trabajado en Hollywood, ni habían levantado proyectos caros, ni habían tenido el más mínimo problema en ese sentido. Este era un relato sobre el proceso creativo de escritura, y más al fondo, sobre la relación del artista y su público, con ramificaciones apasionantes acerca de la fragilidad de la mente cuando se enfrenta a una serie de deseos y fantasías no consumadas. Ver en esto una venganza o un antisemitismo es bastante sorprendente. La extraña comedia negra que es a veces ‘Barton Fink’, no disimula, ni quiere, su condición de espeluznante radiografía de la mente humana, y hasta de la condición monstruosa del hombre.




Vomitar literatura

Poco importa que hablemos de un guionista en Hollywood, o de un dramaturgo. En el largo e irregular proceso de escritura de un guión de encargo sentiremos, como pocas veces en una pantalla de cine, que un escritor lo de todo en un texto, vomitando su alma en cada palabra. No deja de tener una coña salvaje que el productor de cine, un sosias cruel y grotesco de Louis B. Mayer, encargue el guión de una película de lucha libre de Wallace Beery a un escritor que ha triunfado con una obra sobre el proletariado. Pero la película está trufada de una ironía y de un sentido del humor feroces, que sólo dan un poco de respiro a los dos personajes protagonistas: Barton Fink y su vecino de hotel, el inconcebible Charlie Meadows, que es algo así como su opuesto vital, pero con el que sentirá una turbada conexión, con ecos de homosexualidad reprimida, de relación paternal y hasta de artista ególatra con su público ignorante. Y en esa dinámica entre los dos grandes actores que siempre han sido John Turturro y John Goodman está lo más hermoso y lo más turbador de la película.

Tiene todo el sentido que ‘Barton Fink’ ganase la Palma de Oro en 1991 en Cannes (así como el premio a la puesta en escena y al mejor actor, siendo la primera película en la historia que se alza con los tres), pues el presidente del jurado era Roman Polanski, y le agradaría sobremanera una historia que tiene mucho de polanskiana, sobre todo en el concepto del hotel como puerta a la locura y al infierno, y que está moteada de detalles casi robados a David Lynch, entre los que el peinado afro de Fink tan parecido al protagonista de ‘Cabeza borradora’ (‘Eraserhead’, 1976) no es más que un guiño referencial. Y si el hotel es un personaje e incluso un estado anímico, también lo es la propia California y más concretamente Hollywood. Una especie de pesadilla a la luz del día, de un calor agobiante y una atmósfera enrarecida, en la que el sensible y retraído Fink no consigue encontrarse a gusto. No es de extrañar tampoco que fuera nominada al Oscar a mejor dirección artística, además del vestuario y del actor secundario Michael Lerner, que borda al histérico productor Jack (Louis B. Mayer) Lipnick.

En ese ambiente (decía Tarkovski que un creador nunca crea en un ambiente ideal) Fink se encontrará de bruces con el pánico a la hoja en blanco, un bloqueo del que sólo saldrá tras un acontecimiento espeluznante que no desvelaremos, y que le hará tocar fondo de una maldita vez. Ahí, en el pozo anímico más absoluto, Fink por fin se pondrá a escribir como un loco, sin parar, durante muchos días, recuperando la fe y haciendo crecer un ego que, según él, no debería figurar en la personalidad de ningún escritor. Antes, claro, ha conocido a W. P. Mayhew (el gran John Mahoney), que es otro sosias cruel de otra figura real, en este caso el legendario novelista William Faulkner, al que los Coen, con una mala leche desconocida en sus películas más recientes, dejan de borracho y de farsante para arriba, en una de las mejores secuencias de la película. De la envidia inicial de Fink hacia Mayhew/Faulkner, de su atracción hacia su ayudante (una estupenda Judy Davis), de su culpabilidad homosexual, de su frustración como escritor, de su posterior desprecio hacia Mayhew, los Coen deducen una aventura psicológica de gran calado poético.




Conclusión y escena preferida

Rara y extrema película, también valiente e impredecible. Unos Coen que poco o nada tienen que ver con los de ahora, mucho más mecánicos y que parecen haber dejado el piloto automático puesto. Barroca y violentísima, ‘Barton Fink’ posee una escena que a mí siempre me ha hipnotizado y que, de alguna manera, atrapa la retina del espectador y le explica muchas cosas del mundo interior de Fink. Más que una secuencia, es una serie de imágenes, con la chica de la playa, la enorme roca contra la que golpean las olas, la caja de misterioso contenido (cada cual pondrá dentro lo que le apetezca), la figura encogida y torturada del escritor, que por unos momentos puede saborear cierta paz, en el caso de que sea una imagen real. Porque algo nos hace sospechar que es producto de su imaginación.


Ficha técnica

Título: Barton Fink
Título original: Barton Fink

Dirección: Joel Coen, Ethan Coen

País: El Reino Unido, Estados Unidos
Año: 1991
Duración: 116 min.
Género: Criminal, Drama, Thriller, Comedia
Calificación: No recomendada para menores de 18 años

Reparto: John Turturro, John Goodman, Judy Davis, Michael Lerner, John Mahoney, Tony Shalhoub, Jon Polito, Steve Buscemi, David Warrilow, Richard Portnow, Christopher Murney, I.M. Hobson, Meagen Fay, Lance Davis, Harry Bugin, Anthony Gordon, Jack Denbo, Max Grodénchik, Robert Beecher, Darwyn Swalve, Gayle Vance, Johnny Judkins, Jana Marie Hupp, Isabelle Townsend, William Preston Robertson

Distribuidora: Laurenfilm
Productora: Working Title Films, Circle Films
Presupuesto: 9.000.000,00 $
Agradecimientos: Hilary Nye, Jan Kelly, Rob Taub, Senor Greazer
Casting: Christine Sheaks Donna Isaacson, John S. Lyons Michael Heit
Coproducción: Graham Place
Departamento artístico: Alice Baker, Allan F. Johnson, Andy Wedemeyer, Anthony Simonaitis, Barbara Benz, Beth Bronson, Bobby Bednar, Bryan Corbett, Charles Faithorn, Chris L. Spellman, Chris Snyder, Claire Gaul, Elizabeth Prejean, Ella St. John Blakey, Frank Darlington, Gerard Forrest, Gilbert Johnquest, J. Todd Anderson, Jim Landis, Jodi Fuchs, John Hirtle, Joseph Torres, Karla Bergstrom, Keith Hill, Kim McDonald, Kristen Gassner, Linda Cathey, Louis Medrano, Michael D'Imperio, Michael T. Daigle, Paige Augustine, Randall Baughman, Richard Fernandez, Robert Brown, Robert Greenfield, Scott Plauche, Wallace W. Wright

Departamento de transportes: Dan Marrow, Kenny Searle, Robert K. Johnson, Stephen A. Latina
Departamento editorial: Michael Berenbaum, Tom Salvatore, Tricia Cooke
Departamento musical: Edmund Choi, Emile Charlap, Gary Chester, Michael Farrow, Scott Ansell, Sonny Kompanek, Todd Kasow
Dirección artística: Leslie McDonald, Robert C. Goldstein
Diseño de producción: Dennis Gassner
Efectos especiales: Donald Krause, Donn Markel, Joe Viskocil, Laurel Schneider, Richard Stutsman, Robert L. Olmstead, Robert Spurlock, Roy Goode, Tom Griep
Fotografía: Roger Deakins
Guión: Ethan Coen, Joel Coen
Maquillaje: Denise Van Arsdale-West, Fríða Aradóttir, Jean Ann Black, Julie A. Welsh, Keith Edmier, Peggy Hannaman, Rick Lazzarini, Sarah Gaye Deal, Scott Frelick, Tom Hinds
Montaje: Ethan Coen, Joel Coen
Música: Carter Burwell
Producción ejecutiva: Ben Barenholtz, Bill Durkin, Jim Pedas, Ted Pedas
Sonido: Allan Byer, Anne Sawyer, Blake Leyh, Bradford L. Hohle, Bruce Pross, Dominick Tavella, Frank Kern, Gail Showalter, Harry Higgins, Jean Marie Carroll, Kerry Kelley, Lee Dichter, Marissa Littlefield, Marko A. Costanzo, Missy Cohen, Peter F. Kurland, Philip Stockton, Randall Coleman, Skip Lievsay, Steven Visscher, William Docker
Vestuario: Alexandria Forster, Bo Boreanaz, Eden Clark Coblenz, Jan Finnell, Kimberly Adams-Galligan, Lahly Poore, Mark Bridges, Marsha Bozeman Richard Hornung Steven McDermott




Fuente: http://www.blogdecine.com/criticas/barton-fink-el-infierno-del-escritor

martes, 6 de septiembre de 2011

A través de la cámara, Laszlo Kovacs.


Trabajó en 'Easy rider'(Busco mi destino), símbolo de una generación


Por MIGUEL ÁNGEL PALOMO, 30/07/2007


El director de fotografía Laszlo Kovacs (Budapest, 1933), uno de profesionales más prolíficos del cine estadounidense, murió mientras dormía, en su casa de Beverly Hills, el pasado sábado 22 de julio. Tenía 74 años.

Kovacs, afincado en Estados Unidos desde 1957, saltó a la fama por su trabajo en la legendaria Easy rider (1969), película que se convirtió en símbolo de toda una generación al retratar a dos personajes que recorren EE UU en sus motos, respirando el espíritu beat y los aromas hippies del momento. La carrera de Kovacs reúne más de 60 películas en cuatro décadas.





Nació el 14 de mayo de 1933 en Budapest (Hungría) y estudió cine en la década de 1950 en su ciudad natal. En 1956, junto con su compañero de la universidad, el también fotógrafo Vilmos Zsigmond, estuvo presente con una cámara de 35 milímetros en la rebelión popular contra el régimen comunista durante octubre y noviembre. Ambos huirían del país llevando consigo buena parte del material grabado, con el que más tarde editarían un documental. Tras pasar por Austria, recalarían finalmente en EE UU como refugiados políticos.

Kovacs comenzó a trabajar en el cine estadounidense en películas de serie B y producciones muy modestas, hasta obtener su gran oportunidad en 1968, de la mano de Peter Bogdanovich. El debut cinematográfico del director, El héroe anda suelto, cosechó excelentes críticas y buena parte de ellas repararon en el trabajo de Kovacs como director de fotografía.





Pero su reconocimiento sería aún mayor un año después: el fulminante éxito de Easy rider, dirigida por Dennis Hopper (con quien más tarde trabajaría de nuevo en la psicotrópica La última película), lo lanzó al estrellato hollywoodiense. Todos los directores del momento se empeñaban en contratarlo. Desde ese momento, la carrera de Kovacs se dispara y su nombre y su talento aparecen asociados a títulos emblemáticos durante tres décadas más. Dos años antes de la filmación de Easy rider, Kovacs había entablado una firme amistad (que se prolongaría con el paso de los años) con el actor Jack Nicholson, con quien ya había coincidido en el drama motorizado Hells Angels on wheels y en la comedia terrorífica de serie B Psych-out, ambas dirigidas por Richard Rush.

Tras el éxito de Easy rider, que aportó notoriedad a todo el equipo de la película, Nicholson y Kovacs afianzaron su amistad; además, sus caminos profesionales volverían a cruzarse en un nuevo filme que también incluía motocicletas, The rebel rousers (1970), y en dos estupendas películas de otro amigo común, Bob Rafelson, Mi vida es mi vida (1970) y The king of Marvin Gardens (1972).


"Kovacs estuvo en la vanguardia de la cinematografía y ayudó a cambiar la mirada del cine estadounidense", dijo de él James Chressanthis, autor del documental Laszlo y Vilmos, y miembro de la Sociedad Estadounidense de Directores de Fotografía, colectivo que premió a Kovacs por su carrera en 2002. Lastimosamente, Kovacs no sólo no obtuvo nunca un Oscar, sino que nunca fue candidato.

El director Peter Bodanovich lo calificó como "uno de los grandes cámaras de la nueva era de Hollywood". El artista húngaro trabajaría con Bogdanovich en un total de seis películas, entre las que destaca poderosamente Luna de papel (1973): la asombrosa fotografía de Kovacs, en un glorioso blanco y negro, rebosante de matices, explosiva y dúctil, aún es recordada por los buenos aficionados. La lista de sus grandes obras sería interminable: Shampoo (1975), de Hal Ashby, New York, New York (1977), de Martin Scorsese, Los cazafantasmas (1984), de Ivan Reitman, La noche de los cristales rotos (1992), de Wolfgang Petersen, La boda de mi mejor amigo (1997), de P. J. Hogan... son algunas de las películas, más o menos populares, que disfrutaron de su talento.

Siempre activo, queda como su último filme acreditado la comedia Amor con preaviso, filmada en el año 2002, el mismo año en que recibió con el mayor agrado el hecho de formar parte del Jurado del Festival de Venecia.

Filmografía

Kiss Me Quick!, dirigida por Peter Perry Jr. (1964)
La hija de Ana de Fanny Hill , dirigida por Peter Perry Jr. ( 1966 )bajo el nombre de Arte Radford
Un olor a miel, un trago de salmuera, dirigida por Byron Mabe (1966)bajo el nombre de Art Radford
Mod Mundial , dirigida por Peter Perry Jr. ( 1967 )
Hells Angels sobre Ruedas (Hells Angels on Wheels), dirigida por Richard Rush (1967)
La mantis religiosa (Lila), dirigida por William Rotsler ( 1968 )
Psych-Out , dirigida por Richard Rush (1968)
Un hombre llamado Daga (Un hombre llamado Dagger), dirigida por Richard Rush (1968)


Historia de Violencia (The Savage Seven), dirigida por Richard Rush (1968)
Objetivos (metas), dirigida por Peter Bogdanovich (1968)
Habitación individual amueblada , dirigida por Matt Cimber (1968)
Un día con los chicos, dirigido por el Clu Gulager ( 1969 ) - Cortometraje
Los Angeles: en donde está , dirigida por Jerome Jacobs y Gary Schlosser (1969) (TV)
Busco mi destino, dirigida por Dennis Hopper (1969)
Sangre de Castillo de Drácula , dirigida por Al Adamson (1969)
Que Cold Day in the Park (que Cold Day in the Park), dirigida por Robert Altman (1969)
Hacer del Presidente 1968 , dirigida por Mel Stuart , Robert Abel y Fritz Roland (1969) (TV)
Smashing la raqueta del delito (los diablos del infierno sangriento),dirigido por Al Adamson(1970)
Los agitadores Rebelde , dirigida por Martin B. Cohen (1970)
La imposibilidad de ser normal (Camino recto), dirigida por Richard Rush (1970)
Mi vida es mi vida (Five Easy Pieces), dirigida por Bob Rafelson (1970)
El mundo de Alex (Alex in Wonderland), dirigida por Paul Mazursky (1970)
El divorcio es hecho para el amor (el matrimonio de un joven corredor de bolsa), dirigida por Lawrence Turman (1971)


Escape from Hollywood (La última película), dirigida por Dennis Hopper (1971)
Dirigida por John Ford (dirigida por John Ford), dirigida por Peter Bogdanovich (1971) Documental
Por un puñado de dinero (dinero de bolsillo), dirigida por Stuart Rosenberg ( 1972 )
¿Qué me pasa, doctor? (¿Qué hay de nuevo viejo?), dirigida por Peter Bogdanovich (1972)
El rey de Marvin Gardens (Jardines del Rey de Marvin), dirigida por Bob Rafelson (1972)
Un anillo para cuatro locos (Blues Steelyard), dirigida por Alan Myerson ( 1973 )
Un sonajero en la oscuridad (un reflejo del miedo), dirigida por William A. Fraker (1973)
La caza (Slither), dirigida por Howard Zieff (1973)
Luna de papel (Paper Moon), dirigida por Peter Bogdanovich (1973)
Huckleberry Finn , dirigida por J. Lee Thompson ( 1974 )
Pero, ¿quién te hizo hacer? (Por el amor de Dios), dirigida por Peter Yates (1974)
Freebie and the Bean (Freebie y Bean), dirigida por Richard Rush (1974)
At Long Last Love (At Long Last Love), dirigida por Peter Bogdanovich ( 1975 )
Shampoo , dirigida por Hal Ashby (1975)
Bebé Blue Marine , dirigida por John D. Hancock ( 1976 )
Harry and Co. - (Harry y Walter van a Nueva York), dirigida por Mark Rydell (1976)
Nickelodeon (Nickelodeon), dirigida por Peter Bogdanovich (1976)
Nueva York, Nueva York , dirigida por Martin Scorsese ( 1977 )
FIST , dirigida por Norman Jewison ( 1978 )
La taberna del infierno, dirigida por Sylvester Stallone (1978)
El regreso de Butch Cassidy y Kid (Butch y Sundance: The Early Days)dirigida por Richard Lester (1979)
Un extraño caso de asesinato (Más allá del amor), dirigida por Stanley Kramer (1979)
Latido del corazón , dirigida por John Byrum ( 1980 )
Los niños de Bar Max (interior se mueve), dirigida por Richard Donner (1980)
La leyenda del Llanero Solitario , dirigida por William A. Fraker ( 1981 )
Frances , dirigida por Graeme Clifford ( 1982 )
Hora de juguete (juguete), dirigida por Richard Donner (1982)
Galletas , dirigida por Louis Malle ( 1984 )
Los Cazafantasmas (Ghostbusters), dirigida por Ivan Reitman (1984)
Detrás de la máscara (máscara), dirigida por Peter Bogdanovich ( 1985 )
Peligrosamente juntos (Legal Eagles), dirigida por Ivan Reitman ( 1.986 )
Grizzly II: El Concierto , dirigida por André Szöts ( 1987 )
Nikita, espías sin rostro (Little Nikita), dirigida por Richard Benjamin ( 1988 )
Say Anything ... sino por amor (Di ...), cualquier cosa dirigida por Cameron Crowe ( 1989 )
Destrozada (la mariposa), dirigida por Wolfgang Petersen ( 1991 )
Radio Flyer (Radio Flyer), dirigida por Richard Donner ( 1992 )
Ruby Cairo , dirigida por Graeme Clifford ( 1993 )
Karate Kid IV (The Next Karate Kid), dirigida por Christopher Cain ( 1994 ) El Scout (el Explorador), dirigida por Michael Ritchie (1994)
Liberen a Willy 2 , dirigida por Dwight H. Poco ( 1995 )
Copycat - Asesinatos en serie (Copycat), dirigida por Jon Amiel (1995)I 4 multiplicidad (multiplicidad), dirigida por Harold Ramis ( 1,996 )
La boda de mi mejor amigo, dirigida por PJ Hogan ( 1997 )
Jack Frost , dirigida por Troy Miller ( 1998
Ljuset haller mig sällskap , dirigida por Carl-Gustav Nykvist ( 2000 )
Return to Me , dirigida por Bonnie Hunt (2000)
Miss Simpatía, dirigida por Donald Petrie (2000)
Dos semanas para enamorarse (Two Weeks Notice), dirigida por Marc Lawrence ( 2002 )
Arrancado de la Bandera: Una película de Klaudia Kovacs , director Endre Hules y Klaudia Kovacs ( 2007) - Documental


Fuente: http://www.elpais.com/articulo/agenda/Laszlo/Kovacs/director/fotografia/elpepigen/20070730elpepiage_1/Tes

jueves, 25 de agosto de 2011

Estrellas en el cielo: Elizabeth Taylor, (1932-2011).



Muere la leyenda del cine Elizabeth Taylor.


Elizabeth Rosemond Taylor falleció a los 79 años, debido a una insuficiencia cardíaca; llevaba dos meses en el hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles; la podrían enterrar en el cementerio WestWood Village Memorial Park.


Elizabeth "Liz" Taylor, un mito de la historia de Hollywood, falleció a los 79 años de edad en Los Ángeles, debido a una insuficiencia cardíaca, tras un vida intensa entregada al cine, su pasión a los hombres y las joyas.

Ganadora de dos Oscar por su papel en Butterfield 8 (1960) y ¿Quien le teme a Virginia Wolf? (1966), así como de una estatuilla honorífica por su labores humanitarias (1993), protagonizó más de 50 películas, algunas tan conocidas como Mujercitas (1949), La gata sobre el tejado de zinc caliente (1958) o Cleopatra(1963).

Temperamental, carismática y rebelde, esta actriz que debutó en plena edad dorada de Hollywood se casó en ocho ocasiones, dos de ellas con el actor Richard Burton, su gran amor junto con su tercer marido, el productor Michael Todd, según admitió ella misma.

Elizabeth Rosemond Taylor nació el 27 de febrero de 1932 en Hampstead (Londres), donde vivió hasta que a los siete años sus padres, de origen estadounidense, decidieron instalarse en California (Estados Unidos), ante el inminente inicio de la II Guerra Mundial.


Su vocación artística le vino por parte materna. Su madre había sido actriz teatral, mientras que de su padre heredó su amor por el arte.

Taylor atesoró durante su vida una gran colección de suntuosas joyas entre las que destacan un diamante de 33.19 quilates que perteneció a la mujer de un colaborador de los nazis y otro que fue propiedad de la esposa favorita del emperador indio Shah-Jahan, en cuya memoria mandó erigir el célebre Taj Mahal.

Dio sus primeros pasos en el cine con 10 años, en el filme There's One Born Every Minute (1942), que fue seguido por Lassie Come Home (1943) y dos películas más antes de saltar al estrellato con National Velvet (1944), un pedestal del que ya no se bajaría.

Después llegaría Mujercitas (1949) y ya en los 50, títulos como Gigante (1956), en el que compartió cartel con Rock Hudson y el mítico James Dean, Raintree County (1957) con su amigo Montgomery Clift o La gata sobre el tejado de zinc caliente (1958) junto a Paul Newman.


La tercera llegó con Suddenly, Last Summer (1959), un año antes de que diese inicio su década de gloria en la que se coronó como la reina de Hollywood, gracias en parte a películas como Cleopatra en la que llegó a cobrar un millón de dólares, el mayor sueldo de la historia por entonces.

En los 60 recibió dos estatuillas, se casó con Richard Burton por primera vez -fue su matrimonio más duradero (12 años)- y estrenó 14 películas como The Taming of the Shrew (1967), antes de que su luz comenzase a apagarse en el firmamento del cine.

Conocida por su diminutivo, "Liz" fue considerada una de las mujeres más bellas de su tiempo y de sus famosos ojos "violeta" su marido Burton llegó a decir que eran "tan sexy que equivalían a pornografía".

A partir de los 70 comenzó poco a poco su declive, forzado en gran medida por sus serios problemas de salud, una cruz que arrastró durante toda su carrera, si bien su última película fue en 1994, Los picapiedras.

Elizabeth Taylor, que fue nombrada Dama del Imperio Británico por la Reina de Inglaterra en 2000, pasó por el quirófano al menos en treinta ocasiones y no por razones estéticas.

Dolencias en la espalda, cuello, piernas, diversas fracturas, dos sustituciones de cadera, un tumor cerebral benigno o un tratamiento contra el cáncer de piel fueron algunos de sus padecimientos.


La actriz, que también se sometió a una cura de desintoxicación de alcohol y pastillas, reconoció que se vio al borde de la muerte en varias ocasiones, especialmente por neumonía o por una arritmia cardiaca.

Sus últimos años redujo mucho sus apariciones en público, que siempre hacía en su silla de ruedas debido a una osteoporosis, pero mantuvo su actividad como líder de campañas contra el sida, una enfermedad que se llevó a algunas de sus amistades.


La vida azarosa de una leyenda de Hollywood.

Elizabeth Taylor era una estrella a los 12 años, una divorciada a los 18, diosa del cine a los 19 y viuda a los 26.

Su mejor papel, el papel que la definió, más allá de la pantalla, fue el de la propia ''Elizabeth Taylor'', siempre casándose o divorciándose, entrando o saliendo de hospitales, luchando sus batallas contra distintas adicciones, dolencias físicas y la gordura.

La legendaria actriz de ojos violeta cuya tumultuosa vida personal y perenne fama la convirtieron en una de las últimas estrellas del cine de antaño y antecesora de las celebridades de hoy.

Taylor fue, a la vez, la más solitaria y desafortunada de las actrices, la más fuerte y la más vulnerable. Contaba con extraordinaria gracia, fortuna y una voluptuosa belleza, y ganó tres premios Oscar, incluyendo uno por su trabajo humanitario.

Era la más fiel de las amigas y una defensora de los gays en Hollywood, cuando el sida era todavía un estigma en la industria y más allá. Pero también padeció múltiples problemas de salud, romances fallecidos (con ocho matrimonios, dos con el actor Richard Burton) y tragedias personales.

''Creo que me estoy volviendo fatalista'', dijo en 1989. ''Demasiado ha pasado en mi vida para no volverme fatalista''.

Fue una niña estrella que creció y envejeció ante un público que la adoró y al cual fascinó e impresionó. Llegó a Hollywood cuando los estudios controlaban de cerca la vida de los actores y su imagen. Fue la gran sobreviviente de la industria, y una de las primeras en llegar a la categoría de celebridad -famosa por ser famosa, su trabajo en la gran pantalla fue con frecuencia inseparable de los rumores que la rodearon.


Taylor reveló en noviembre del 2004 que padecía de un edema pulmonar. Pero aun así desestimó periódicamente reportes de que la muerte estuviera llamando a su puerta diciendo que usaba una silla de ruedas sólo por problemas crónicos de la espalda, que comenzaron cuando a los 12 años de edad se cayó de un caballo.

"Anda, vamos, ¿luzco como que me estoy muriendo?", dijo en mayo de 2006 en una entrevista televisiva para el programa "Larry King Live" de CNN. "¿Luzco o sueno como si tuviera Alzheimer?", señaló. Los tabloides reportan esas cosas "porque no tienen más basura que escribir".

Cuando al año siguiente cumplió 75 años, dijo que el secreto de su longevidad era "no entregarse".

En los últimos años, fue vocera de varias causas, principalmente de la investigación del sida. Su labor le mereció un Oscar especial, el Premio Jean Hersholt Humanitario, en 1993.

Al aceptar el reconocimiento dijo: "Apelo a ustedes para que busquen en la profundidad de su ser, para demostrar que somos una raza humana, para demostrar que nuestro amor supera nuestra necesidad de odiar, que nuestra compasión es más convincente que nuestra necesidad de culpar".

Asumió sus problemas de salud con una actitud estoica.

"Mi cuerpo es un verdadero desastre", dijo Taylor a la revista W en el 2004. "Si lo ves en el espejo, está completamente convexo y cóncavo".

En sus últimos años fue rara vez vista en pantalla, pero en 1994 tuvo una pequeña participación en la adaptación cinematográfica de "Los Picapiedras". En el 2001 apareció en la película para televisión "These Old Broads" junto a su otrora rival romántica Debbie Reynolds, cuyo esposo, Eddie Fisher, la dejó por Taylor en los años 50. La película la escribieron Carrie Fisher, Fisher y la hija de Reynolds.


Taylor causó sensación en Hollywood con "National Velvet" ("Fuego de Juventud"), el filme de 1945 en que la hermosa niña de 12 años lleva a un caballo a la victoria en la prestigiosa carrera Grand National.

El crítico James Agee escribió de Taylor: "Desde la primera vez que vi a la niña ... quedé asfixiado con el tipo de adoración que habría sentido de haber estado en su mismo salón de la escuela primaria".

"National Velvet", su quinta cinta, también marcó el comienzo de la larga lista de problemas de salud de Taylor. Durante la producción cayó de un caballo y el resultado fue una lesión en la columna que no dejó de acecharla.

Taylor pasó de ser una niña estrella a una belleza deslumbrante en "El padre de la novia" en 1950. Dijo que la primera vez que le pidieron que actuara fue en 1951 en "Un lugar en el sol", basada en la novela de Theodore Dreiser "Una tragedia americana". La película fue dirigida por George Stevens y coprotagonizada por su gran amigo Montgomery Clift.

En 1957 fue postulada a un Oscar por su papel de belleza sureña frustrada en "El árbol de la vida".

En 1958 fue elogiada por la crítica con la versión cinematográfica de "La gata sobre el tejado de zinc" de Tennessee Wllliams, en el papel de Maggie la Gata, con Paul Newman. Nuevamente fue nominada a un Oscar.


Un año después obtuvo otra postulación por su actuación en "De repente, el último verano", otra adaptación de Williams, que protagonizó con Clift.

Ganó su primer Oscar a la mejor actriz por "Butterfield 8", en la que dio vida a una muchacha medio casquivana, sin futuro, junto a Eddie Fisher, con quien se casó antes del estreno del filme.

Durante un ataque casi fatal de neumonía en 1961, Taylor se sometió a una traqueotomía. Asistió a la ceremonia de los Oscar con una venda en la cicatriz para aceptar su estatuilla por "Una venus en visón".

En medio de la ovación del público, subió con dificultad al escenario.

"Realmente no sé cómo expresarles mi gratitud", dijo en un emotivo discurso. "Supongo que simplemente tendré que agradecerles con todo el corazón". Fue uno de los momentos más dramáticos en la historia de los Oscar.

Pero Taylor dijo después que "Una venus en visón" no representó nada importante para ella.

Taylor conoció a Burton mientras interpretaba el papel principal en la épica de 1963 "Cleopatra", en la que el distinguido actor galés hizo de Marco Antonio. Su romance causó tal sensación que hasta el Vaticano se involucró, denunciándolo como un "capricho de niños adultos".

Aunque su matrimonio de 1964 no floreció, juntó a una de las parejas más famosas del cine moderno.

El par protagonizó ''Hotel Internacional'' (1963), ''Castillos en la arena'' (1965), ''¿Quién le teme a Virginia Woolf?'' (1966), ''La mujer indomable'' (1967), ''Los comediantes'' (1967), ''Dr. Faustus'' (1967), ''La mujer maldita'' (1968), ''Bajo el bosque lácteo'' (1971) y ''Hammersmith is Out'' (1972).

El arte habría imitado la vida en ''¿Quién le teme a Virginia Woolf?'', en la que Taylor y Burton hicieron de marido y mujer que peleaban ferozmente y bebían mucho. Taylor se llevó el Oscar por su actuación como la maliciosa Martha.


La pareja se divorció en 1974, se volvió a casar en 1975 y se divorció nuevamente en 1976, generando en el trayecto una avalancha publicitaria.

''Peleamos muchísimo'', dijo Burton una vez, ''y vemos a la gente a nuestro alrededor que no sabe qué hacer durante estas tempestades. No peleamos cuando estamos solos''.

En 1982, Taylor y Burton trabajaron en una producción rodante de la obra de Noel Coward ''Vidas privadas''. Burton murió dos años después.

Elizabeth Rosemond Taylor nació en Londres el 27 de febrero de 1932, hija de Francis Taylor, un comerciante de arte, y Sara Sothern, una actriz de teatro estadounidense.

Desde muy niña estudió ballet y a los tres años bailó para las princesas Isabel (la futura reina) y Margaret Rose en el Hipódromo de Londres. A los cuatro años recibió un caballo que aprendió a montar con maestría.

A principios de la Segunda Guerra Mundial los Taylor se mudaron a Estados Unidos.

Francis Taylor abrió una galería en Beverly Hills y, en 1942, su hija debutó en la gran pantalla con un pequeño papel en la comedia ''There's One Born Every Minute''.

Su salto a la fama llegó poco después. Mientras trabajaba para el productor de MGM Sam Marx, el padre de Taylor se enteró de que el estudio buscaba a una niña inglesa que actuara junto a Roddy McDowall en ''Lassie, la cadena invisible''.

Taylor hizo la prueba para el filme y no sólo obtuvo el papel, sino también un contrato a largo plazo.

Aún en la escuela a los 16 años, salía corriendo del salón de clases al estudio donde haría escenas de amor apasionadas con Robert Taylor en ''El conspirador''.

''Tengo las emociones de una niña en el cuerpo de una mujer'', dijo una vez. ''Me apresuré a ser mujer por las películas. Eso me ocasionó grandes momentos de infelicidad y dudas''.


Pronto inició una serie de romances muy públicos. Sus primeros amores incluyeron al hombre de sociedad Bill Pawley, al beisbolista Ralph Kiner y al astro del fútbol estadounidense Glenn Davis. Se casó con Conrad Hilton Jr., hijo de un magnate de hoteles, en mayo de 1950 a los 18 años. El matrimonio duró hasta diciembre.

Cuando se casó con el actor británico Michael Wilding en febrero de 1952, él tenía 39 años y ella 19. Con él pasó cuatro años y medio casada y tuvo dos hijos, Michael Jr. y Christopher Edward.

Entonces se casó con el productor de cine Michael Todd, también 20 años mayor que ella, en 1957. La pareja tuvo una hija, Elizabeth Francis, y Todd murió en un accidente aéreo en 1958.

El padrino de su boda con Todd fue Fisher. éste dejó a su esposa, Debbie Reynolds, para casarse con Taylor en 1959. La actriz se convirtió al judaísmo antes de la boda.

Taylor y Fisher se mudaron a Londres, donde ella filmaba ''Cleopatra''. Fue allí donde conoció a Burton, quien también estaba casado. Se unieron en matrimonio en 1964, poco después de su divorcio de Fisher. Dicha unión produjo su cuarta hija, María.

Cuando su segundo matrimonio con Burton terminó, se casó con John Warner, un ex secretario de la Armada, en diciembre de 1976. Warner fue elegido senador de Virginia en 1978. Se divorciaron en 1982.

En octubre de 1991 se casó con Larry Fortensky, un camionero y trabajador de la construcción al que conoció mientras ambos recibían tratamiento en el Centro Betty Ford en 1988. Esta vez era ella quien le llevaba 20 años al marido.

La boda se realizó en la hacienda del cantante Michael Jackson y fue un circo mediático que incluyó la bulla de helicópteros, un periodista que aterrizó en paracaídas cerca de la pareja y un columnista de chismes como escriba oficial.

Pero en agosto de 1995, Taylor y Fortensky anunciaron su separación. Seis meses después ella presentó su solicitud de divorcio numero seis y éste se hizo oficial en 1997.


''Mis padres me enseñaron que si uno se enamora, si uno quiere tener un romance, uno se casa'', declaró alguna vez. ''Supongo que soy muy anticuada''.

Sus intereses filantrópicos incluyeron ayuda al Fondo Israelí para Víctimas de Guerra, el Variety Clubs International y la Fundación Estadounidense de Investigación para el Sida.

Recibió la Legión de Honor, el más prestigioso reconocimiento de Francia, en 1987 por sus esfuerzos contra el sida. En mayo del 2000 la reina Isabel II hizo de Taylor una dama por sus aportes a la industria del espectáculo y labor caritativa.

En 1993, el Instituto Estadounidense de Cine (AFI según sus siglas en inglés) le dio el premio a los logros de una vida y en 1999 un estudio sobre las leyendas del cine la ubicó en la casilla No. 7 entre las actrices.

Durante los últimos años de su carrera, el sobrepeso de Taylor, sus múltiples dietas y tumultuosos romances fueron tema de chismes y chistes.

''Es asombroso que no haya explotado'', escribió sobre su aumento de casi 30 kilos (60 libras), tras haberlas perdido exitosamente, en su libro de 1988 ''Elizabeth Takes Off''. ''Comer pasó a ser una de las actividades más placenteras que pude encontrar para llenar las horas de soledad y comí y bebí desenfrenadamente''.

Sus múltiples problemas de salud la llevaron a someterse a más de una veintena de operaciones. Una vez casi muere al atragantarse con un hueso de pollo. En 1990 estuvo al borde de la muerte por una neumonía. En 1994 y 1995 le reemplazaron las dos caderas y en febrero de 1997 le extirparon un tumor cerebral benigno.

En 1983 reconoció una adicción de 35 años a las pastillas para dormir y los analgésicos. Taylor recibió tratamiento por problemas de abuso de drogas y alcohol en la Clínica Betty Ford en Rancho Mirage, California.

Volvió a la clínica a finales de 1988 tras recibir tratamiento por una lesión en la columna. Se negó a decir si era por una adicción a medicinas con receta.


Cuando cumplió 50 años, Taylor reflexionó en una entrevista:

''No apruebo completamente algunas cosas que he hecho o que hago. Pero yo soy yo. Dios sabe, yo soy yo''.

Le sobreviven sus hijas María Burton-Carson y Liza Todd-Tivey, sus hijos Christopher y Michael Wilding, 10 nietos y cuatro biznietos.


Cleopatra y Virginia Woolf marcaron su carrera.

Elizabeth Taylor es recordada por su interpretación de la reina de Egipto y de la escritora, sin olvidar sus comienzos en la cinta National Velvet, donde su inocencia conquistó al público

Con su interpretación de la reina de Egipto, Taylor lució su belleza y junto a la escritora fueron los papeles principales que colocaron a la actriz Elizabeth Taylor como una de las favoritas de la pantalla grande, sin olvidar sus comienzos en la cinta National Velvet, donde su inocencia e imagen enternecedora dominaron al público desde los inicios de su carrera.

Pero ninguno de estos papeles avasallo con la vida privada de la actriz, quien se caso en ocho ocasiones, dos con su compañero, el actor Richard Burton.

La carrera de la inglesa despuntó a los 12 años, cuando protagonizó la cinta basada en un caballo de carreras, National Velvet, en 1944, para después ganarse al público con su participación en El coraje de Lassie y la adaptación cinematográfica de la novela Mujercitas.

Una Mujer Marcada le brindó su primer Óscar a la mejor actriz.

Con el drama romántico "La gata sobre el tejado de zinc caliente" recibió su segunda nominación al premio Óscar por Mejor actriz.

Después causo sensación al encarnar a la legendaria emperatriz de Egipto, Cleopatra, en 1963, así Taylor se coronó como la primera actriz que cobró un millón de dólares por una cinta.


El filme no solo le trajo una buena suma de dinero y conquistó a sus seguidores con sus pupilas violetas. Elizabeth encontró el amor durante la filmación y comenzó un romance con su colega Richard Burton, la relación llegó al matrimonio en dos ocasiones.

Con su actuación en ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, considerada su mejor interpretación, al lado de su esposo Richard Burton. El encarnar a la escritora le valió su segundo premio Oscar a la mejor actriz. La intensa actuación de la pareja dejaba entrever la crisis que vivían en la vida real.

Después de la gloria, la decadencia comenzó a entrar en su vida y en su carrera, pues siempre se vio envuelta en escandalosos y tormentosos matrimonios, además de ser víctima de varias enfermedades.

Sin mucho éxito y con fuertes criticas participó en El pájaro azul, en la década de los setenta, después hizo A Little Night Music y El espejo roto.

Sus últimas participaciones en el cine se dieron en la comedia Los Picapiedra, en 1994, donde interpretó a la molesta e incomoda suegra de Pedro Picapiedra; en The Nanny, en 1996, y en la película para televisión These Old Broads, de 2001.


Un amor de película marcó la vida de Liz Taylor

El actor Richard Burton conquistó el corazón de la actriz durante el rodaje de la cinta Cleopatra, su relación fue tan apasionada como destructiva.

"¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres una chica muy bonita?". Así, de una forma tan manida como cursi comenzó la historia de amor más turbulenta del cine, la que protagonizaron Cleopatra y Marco Antonio, Elizabeth Taylor y Richard Burton.

Fue en el rodaje de la mastodóntica película sobre la reina de Egipto, en 1961, cuando se produjo el encuentro que marcaría la historia de ambos actores pero también la del cine, que vio cómo, una vez más, la realidad superaba la ficción más retorcida.

Se habían conocido unos años antes pero el flechazo se produjo en una pausa del rodaje del filme de Joseph Mankiewicz, un proyecto en el que Taylor era la gran estrella, con un sueldo faraónico para la época, de un millón de dólares.

La dueña de los ojos violetas más impresionantes del cine traía consigo, con tan sólo 29 años, tres matrimonios fallidos -con Conrad Hilton, Michael Wilding y Michael Todd- y un cuarto a punto de terminar, con Eddie Fisher, tras el escándalo que supuso el comienzo de su relación con él cuando aún estaba casado.

Pero sería un galés rudo a la vez que cultivado, con una fuerza natural innegable y un inmenso talento para actuar, amar y beber el que conquistaría el corazón de la que estaba considerada como la mujer más bella del mundo.

"¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres una chica muy bonita?. Yo pensé: el gran amante, el gran ingenioso, el gran intelectual galés y sale con esa frase cursi. Pero entonces me di cuenta de que sus manos estaban temblando como si tuviera la parálisis del sábado noche. Tenía la peor resaca que había visto en mi vida. Y estaba claramente aterrorizado por mí. Simplemente me dio pena y me di cuenta de que era humano. Ese fue el comienzo de nuestra relación" .

De esta forma tan sencilla Taylor contaría el inicio de su complicada historia de amor con Burton, una historia que no acabó ni con la muerte del actor galés.

La protagonista de La gata sobre el tejado de zinc caliente, confesaría años después de la muerte de Burton que aún conservaba sus fotos, sus cartas y sus recuerdos. Y que Burton le había escrito una carta unos días antes de su muerte en Suiza en 1984 en la que hablaba de la posibilidad de una reconciliación.


No hubiera sido impensable una nueva unión en la trayectoria de una relación que pasó por todas las etapas posibles, que incluyó dos matrimonios y una hija, y que acaparó portadas y cotilleos tanto por sus escenas idílicas como por las sonoras disputas que protagonizaron.

Tras el encuentro en el rodaje de Cleopatra llegó una primera etapa de amor y pasión dentro y fuera de la pantalla, que acabó en 1964 en el primer matrimonio de la pareja -segundo para él, quinto para ella.

Su relación era en todo momento extrema y excesiva, pasaba del amor al odio, del rechazo a la dependencia absoluta de una manera tan brutal como pública.

Con pocas y precisas palabras, Burton definió su relación: "Podría escapar de ella durante miles de años y seguiría siendo mi bebé. Nuestro amor es tan violento que nos abrasamos mutuamente" .

Un fuego que vivieron frente al público, que fue testigo de sus broncas, sus borracheras, sus adicciones, sus debilidades. Se convirtieron en la pareja de moda sin pretenderlo y sin fingir lo que no eran.

¿Quien le teme a Virginia Woolf?, por la que la actriz ganó uno de sus dos Óscar, fue un claro y descarnado reflejo de lo que pasaba en la vida real. La historia agresiva de una pareja alcoholizada y amargada plasmó con un realismo doloroso lo que Taylor y Burton vivían más allá de las pantallas.

Una relación autodestructiva que les impedía vivir juntos o separados. El primer divorcio llegó en junio de 1974 y el segundo matrimonio en octubre de 1975.


Apenas unos meses -hasta agosto de 1976- duró la segunda tentativa para un amor que sin embargo no se apagó.

Pese a los matrimonios posteriores de ambos, siguieron manteniendo un estrecho contacto y sus conversaciones telefónicas duraban horas.

Después de la muerte de Burton, su imagen siguió presente en múltiples fotos en la casa de Liz y las cartas de amor que le escribió durante años, en el cajón de su mesilla de noche.


Datos curiosos sobre la vida de Elizabeth Taylor.


Celebró su último cumpleaños el 27 de febrero, el mismo día que la entrega de los premios Oscar de este año.

Murió rodeada de sus dos hijos y dos hijas.

Sus ojos eran color violeta.


Se dice que nació con un doble juego de pestañas, lo que realzaba su mirada.

Sus padres eran estadounidenses, pero nació en Gran Bretaña.

Su familia se mudó en la década de 1930 a Los Angeles, cuando era inminente el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Su primera prueba de pantalla fue a los 10 años para los estudios Universal, que la despidió poco después de hacer su primera película There´s One Born Every Minute.

Fue contratada por la MGM poco después.

Su segunda cinta fue Lassie vuelve a casa en 1943.

Su primer matrimonio fue con Conrad Hilton en 1950 y duró poco menos de un año.

Su primera nominación al Oscar fue en 1957 por Raintree County.

Su tercer esposo, Michael Todd, murió en 1958 en un accidente aéreo.

En 1960 ganó su primer Oscar por Butterfield 8.

Cobró un millón de dólares en 1963 por hacer Cleopatra, la primera ve que se pagaba tal cantidad a una actriz.

En el set de Cleopatra, conoció a sus dos veces esposo, Richard Burton.

Durante los años setenta, estuvo recluida en centros de desintoxicación por su alcoholismo y bajo tratamiento por depresión.

Su última aparición en cine fue en Los Picapiedras, en 1994, como la madre de Vilma.

Filmografía


1942 There's One Born Every Minute
1943 Lassie vuelve a casa
1944 Jane Eyre
1944 The White Cliffs of Dover
1944 National Velvet
1946 Courage of Lassie
1947 Life with Father
1947 Cynthia
1948 A Date with Judy
1948 Julia Misbehaves
1949 Mujercitas
1949 Conspirator
1950 The Big Hangover
1950 Father of the Bride
1951 Father's Little Dividend
1951 A Place in the Sun
1951 Quo Vadis
1952 Love Is Better Than Ever
1952 Ivanhoe
1953 The Girl Who Had Everything
1954 Rhapsody
1954 Elephant Walk
1954 Beau Brummell
1954 The Last Time I Saw Paris
1956 Gigante
1957 Raintree County
1958 La gata sobre el tejado de zinc caliente
1959 Suddenly, Last Summer
1960 Scent of Mystery
1960 Butterfield 8
1963 Cleopatra
1963 The V.I.P.s
1965 The Sandpiper
1966 ¿Quien le teme a Virginia Woolf?
1967 The Taming of the Shrew
1967 Doctor Faustus
1967 Reflejos en un ojo dorado
1967 The Comedians
1967 The comedians en Africa
1968 Boom!
1968 Ceremonia secreta
1969 Anne of the Thousand days
1970 The Only Game in Town
1970 Here's Lucy
1972 X,Y, and Zee
1972 Under Milk Wood
1972 Hammersmith is Out
1973 Divorce His, Divorce Hers
1973 Night Watch
1973 Ash Wednesday
1974 Identikit
1974 That's Entertainment!
1976 The Blue Bird
1976 Victoria en Entebbe
1977 A Little Night Music'
1978 Return Engagement
1979 Winter Kills
1980 The Mirror Crack'
1981 General Hospital
1983 Between Friends
1984 Hotel
1984 All My Children
1985 Malice in Wonderland
1985 North and South
1986 There Must Be a Pony
1987 Poke Alice
1988 Young Toscanini
1989 Sweet Bird of Youth
1992 The Simpsons
1992 Captain Planet
1993 The Simpsons
1994 Los picapiedras
1996 The Nanny
2000 God, the Devil and Bob
2001 These Old Broads



Fuente: www.ads.eluniversal.com.mx