Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Biografias: Bruce Willis




Walter Bruce Willis nació el 19 de marzo de 1955 en Idar-Oberstein (Alemania), debido a que su padre, David Willis, era militar y estaba destinado en una base estadounidense ubicada en tierras germanas. Su madre, llamada Marlena, es de nacionalidad alemana.

Tiene dos hermanos, David y Robert, y una hermana llamada Flo. A los dos años de edad Bruce se trasladó a los Estados Unidos, concretamente a la localidad de PennsGrove, ubicada en el estado de Nueva Jersey.

Tras acabar sus estudios en el instituto y matricularse en la escuela de arte dramático Montclair Stage College de Nueva Jersey, se marchó a Nueva York para intentar dar inicio a su carrera interpretativa.

En la gran manzana Willis tuvo que trabajar de camarero en varios establecimientos hosteleros, en donde también pudo desarrollar su pasión por la música, en especial el blues y el soul.

Tras aparecer en varias obras teatrales, Bruce alcanzaría el estrellato televisivo a mediados de los años 80 gracias a la serie "Luz de luna", 1985, co-protagonizada junto a la rubia Cybill Shepherd. Por su trabajo consiguió ganar un premio Emmy.

Con anterioridad a su protagonismo en esta serie, Bruce había aparecido en un episodio de "División Miami"

En el cine había debutado sin acreditar en "Pecado mortal" 1980, película dirigida por Brian Hutton. Más tarde pudo ser visto en "El Veredicto" 1982, film protagonizado por Paul Newman.

El éxito de "Luz de luna" propulsó su triunfo cinematográfico con la comedia "Cita a ciegas", 1987, película de Blake Edwards en la que compartía protagonismo con Kim Basinger, y sobre todo, su intervención en la película "La jungla de cristal" 1988, un film dirigido por John McTiernan.

Un año antes de estrenarse esta película Bruce se casó con la actriz Demi Moore, de quien terminaría divorciándose en el año 2000. La pareja tendría tres hijas, llamadas Rumer, Scout Larue y Tallulah Belle.

Después de separarse de Demi, Bruce mantuvo relaciones amorosas con las actrices Lara Flynn Boyle y Brooke Burns, y las modelos Emily Sandberg y Maria Bravo. En el año 2000 recibió su segundo Emmy por su aparición como estrella invitada en la serie "Friends".

Filmografía

El primer pecado mortal, 1980 de Brian G.Hutton

El veredicto,1982 de Sidney Lumet

Cita a ciegas, 1987 de Blake Edwards

La jungla de cristal, 1988 de John McTiernan

Asesinato en Beverly Hills, 1988 de Blake Edwards

Recuerdos de guerra, 1989 de Norman Jewison

Mira quien habla, 1989 -vos- de Amy Heckerling

La hoguera de las vanidades, 1990 de Brian de Palma

Alerta roja, 1990 de Renny Harlin

Mira quien habla también, 1990 -voz- de Amy Hecherling

Pensamientos mortales, 1991 de Alan Rudolph

El gran halcón, 1991 de Michael Lehmann

El último boy scout, 1991 de Tony Scott

Billy Bathgate, 1991 de Robert Benton

La muerte le sienta bien, 1992 de Robert Zemeckis

Persecución mortal, 1993 de Rowdy Herrington

El color de la noche, 1994 de Richard Rush

Pulp fiction, 1994 de Quentin Tarantino

Ni un pelo de tonto, 1994 de Robert Benton

Un muchacho llamado norte, 1994 de Rob Reiner

La jungla de cristal, 1995 de John McTiernan

Four rooms, 1995 de Quentin Tarantino, Allison Anders, Alexandre Rockwell y Robert Rodriguez

12 monos, 1995 de Terry Gilliam

El último hombre, 1996 de Walter Hill

El quinto elemento, 1997 de Luc Besson

Chacal,1997 de Michael Caton Jones

Al rojo vivo, 1998 de Harold Becker

Armaggedon, 1998 de Michael Bay

Estado de sitio, 1998 de Edward Zwick

El desayuno de los campeones 1999 de Alan Rudolph

Sexto sentido, 1999 de M.Night Shyamalan

Historia de lo nuestro, 2000 de Rob Reiner

Falsas apariencias, 1000 de Jonathan Lynn

The kid, 2000 de Jon Turteltaub

El protegido, 2000 de M.Night Shyamalan

Bandidos, 2002 de Barry Levinson

La guerra de Hart, 2002 de Gregory Hoblit

Lágrimas del sol, 2003 de Antoine Fuqua

Más falsas apariencias, 2004 de Howard Deutch

Sin city, 2005 de Robert Rodriguez y Frank Miller

Hostage, 2005 de Florent Emilio Siri

El caso Slevin, 2006 de Paul McGuigan

16 calles,2006 de Richard Donner

Vecinos invasores, 2006 de Tim Johnson y Karey Kirkpatrick

Alpha dog, 2006 de Nick Cassavetes

Fast food nation, 2006 de Richard Linklater

Seduciendo a un extraño, 2007 de James Foley

Planet terror, 2007 de Robert Rodriguez

(fotografia Bruce Willis junto a Halle Berry en el estreno de Seduciendo a un extraño)

Fuente: Aloha - El criticón


miércoles, 26 de septiembre de 2007

Estrellas en el cielo: Olivia De Havilland


Actriz inglesa, nacida en Tokio el 1 de julio de 1916, y nacionalizada americana, hija de la actriz Lillian Fontaine, a los dos años de edad viajó a Estados Unidos junto a sus padres y a su hermana la también actriz Joan Fontaine. Siendo aún adolescente ingresa en una compañía teatral de repertorio, Community Players de Saratoga, con la que trabajará en diversos espectáculos, entre ellos "El sueño de una noche de verano", donde interpretaba a Herminia. Volvió a representar la obra en el Hollywood Bowl bajo la dirección de Max Reinhardt y este mismo año, se alzó como su descubridor al retenerla para ercarnar el mismo papel en la versión cinematográfica de la obra.
En 1935 la Warner la contrató para trabajar junto a Errol Flynn en "El capitan Blood", nacería así una de las parejas más famosas y queridas de los años treinta. Ocho títulos unieron a Flynn y De Havilland desde 1936 hasta 1941: siete bajo la dirección de Michael Curtiz, director que los haría cobrar fama, y una bajo la de Raoul Walsh.
En 1939 consiguió su éxito definitivo por su papel de Melanie en "Lo que el viento se llevó", trabajo que le valió una nominación al Oscar como mejor actriz secundaria. Volvería a ser nominada en dos ocasiones más aunque ya en la categoría de mejor actriz en "Si no amaneciera" y "Nido de víboras" consiguiéndolo en este apartado también en dos ocasiones por "Vida intima de Julia Norris" 1946, y "La heredera" 1949.
Cansada de interpretar siempre el mismo tipo de papeles, de jovencita aristocrática e ingenua, interpuso un proceso judicial contra la Warner que repercutió en la legislación de Hollywood.
Sus legendarias disputas con la compañía por no querer someterse a la tiranía de sus contratos, la hizo convertirse en una figura clave en la lucha por los derechos laborales de los actores.
A pesar de haber demostrado su valía fue testigo de cómo todos los papeles "fuertes" se le otorgaban a Bette Davis hasta que consiguió protagonizar "A través del espejo" 1946, su primer rol dramático de una larga serie.
Desde 1956 y tras haberse casado con un periodista francés se instala en París, donde pasaba la mayor parte del tiempo y de este modo en 1961 decide escribir un libro sobre sus experiencias parisinas, "Every frenchman has one". A partir de 1970 se dedicó casi por completo al mundo de la televisión.
Filmografía seleccionada
El capitan Blood 1935
La carga de la brigada ligera 1936
Robin de los bosques 1938
Dodge, ciudad sin ley 1939
Lo que el viento se llevó 1939
Camino de Santa Fe 1940
Pelirroja 1941
Al servicio del gobierno 1943
A través del espejo 1946
Vida intima de Julia Norris 1946
Nido de víboras 1948
La heredera 1949
Mi prima Raquel 1952
No serás un extraño 1955
La hija del embajador 1956
El rebelde orgulloso 1958
Canción de cuna para un cadáver 1965
Aeropuerto 77 1977
El quinto mosquetero 1979
Fuente Yahoo cine España

domingo, 23 de septiembre de 2007

Vida y obra del Lorraine



Charla a fondo con Alberto Kipnis

Este reportaje de Máximo Eseverri (publicado por www.cineismo.com ) va por la historia y la memoria de la sala de "cine-arte" más famosa de la Argentina: el Lorraine. El que responde es su creador, Alberto Kipnis.



Vino de Parera, Entre Ríos, a los 17 años. Hizo el secundario en el Colegio Mariano Moreno, turno noche, compartiendo la cursada con jornadas de trabajo tan agotadoras que el único horario en el que podía comer era a las nueve de la mañana. "Trabajaba de cadete en Gath & Chaves. Fui uno de los primeros en egresar como bachiller especializado en Letras y seguí Derecho en la Universidad de Buenos Aires", recuerda. En la tienda para ricos duró un año: no soportaba ser empleado. Leía El hombre mediocre de José Ingenieros y criticaba a sus compañeros de trabajo, "que a lo único que aspiraban era a ser jefes". Su carta de renuncia mencionaba que "no aguantaba más ser una oveja". Pasó por una oficina, por el servicio militar, por un banco y un hotel. Luego se convirtió en el boletero suplente de un pequeño cine llamado Lorraine. La sala sólo proyectaba peleas de box y películas de Isabel Sarli, pero allí Alberto Kipnis descubrió su vocación.

Recuperando de los archivos de las distribuidoras las películas que habían bajado de cartel sin pena ni gloria, Kipnis creó un estilo, un público y con el tiempo llegó a fundar seis salas de cine-arte en Buenos Aires. Varias generaciones de porteños conocieron a Bergman, Fellini, la Nouvelle Vague francesa y los directores de la Escuela de Lodz gracias a sus ciclos, sus programas y sus volantes. Kipnis no sólo inauguró la exhibición sistemática de un cine prácticamente desconocido, sino también una forma de verlo, apoyada en ambiciosos ciclos filmográficos y temáticos. Hoy cuenta con uno de los archivos de crítica cinematográfica más importantes de Argentina... al que aspira a vender al mejor postor para sobrevivir al ajuste.

Alberto Kipnis es la memoria viva de esos años en los que un público entusiasta saturaba las salas –sus salas– para ver Cine con mayúsculas. "Fue una maravilla", rememora. "Entonces, como hoy, trabajar en lo que a uno le gusta era muy difícil y yo viví apasionadamente todo ese trabajo... que para mi no era tal". Al cabo de esta larga charla con Primer Plano también confesó tener una asignatura pendiente: el canto.

–¿Qué edad tiene?
–Sesenta y ocho años.

–¿Y a qué edad comenzó a exhibir cine?
–A los 23 hice mi primer ciclo, cuando era boletero suplente. Antes trabajaba como recepcionista en el Hotel Monumental, cuyo dueño (de apellido Aschendorf, que falleció hace muchos años) lo era también del cine Lorraine. Como no quería afiliarme al Partido Justicialista comencé a tener problemas: por un lado, el delegado me explicó que no podía seguir trabajando en el hotel sin estar afiliado, pero al mismo tiempo me aseguraban que no podía afiliarme porque ellos ya tenían su bolsa de trabajo. Así que el dueño del hotel me ofreció trabajar en la boletería de su cine. En esa época, el Lorraine programaba películas de boxeo (se llegaban a pasar campeonatos enteros) o de Isabel Sarli, como El trueno entre las hojas.

–¿Cuál era su vocación?
–Yo había dejado la abogacía por la música. Estudiaba canto muy seriamente: si mi padre no hubiera fallecido, yo me habría ido a cantar a París. Esa era mi meta. Estudiaba música de cámara (como la de Scarlatti) y melodías modernas (como las de Frank Sinatra) u otras tropicales, a las que les cambiaba el ritmo. En el fondo, mi objetivo siempre fue cambiar las cosas comunes, modificar lo usual: si todos cantaban una canción de una manera, yo buscaba otra. Mi idea era vivir del cine para poder dedicarme al canto. En los intervalos de las películas acostumbraba pasar música afín a lo que se estaba proyectando: si se estaban viendo películas de la Nouvelle Vague, se escuchaba a Jacques Brel, si se veía realismo ruso, era música de ese país, y así.

–Era esto habitual en los cines de esa época?
–Para nada, era una novedad del Lorraine. También creo que fui el primero que puso acomodadoras y no hombres para ese trabajo. Las hice vestir por un diseñador que trabajaba haciendo vestuarios para películas nacionales y que estaba muy de moda en esa época, y hasta fueron a desfilar a Canal 9. Tenían un sombrero con el logo del cine y una luz como la que usan los mineros para guiar y ubicar a la gente.

–¿Cómo se pasa de boletero suplente a dueño de un cine?
–Me molestaban mucho tanto las películas que se exhibían en el Lorraine como el público que iba a verlas. Por entonces yo comencé a preocuparme por el cine, a averiguar qué era lo que pasaba en el "gremio", comencé a leer... y empecé a fascinarme. Así que le pregunté al dueño si no me dejaba programar algunas funciones. Comencé proyectando películas soviéticas en doble función, como Alejandro Nevsky con Iván el terrible, en las que coincidiera el país y el director. No eran ciclos todavía. El éxito fue rotundo, así que el dueño olfateó el costado comercial del asunto y me permitió manejar la programación de la sala. Así pasé a ser boletero titular y a trabajar todos los días en el cine. No sólo cambié por completo la programación, también trabajé fuerte sobre la publicidad del Lorraine y modifiqué las puertas que daban a la calle para que tuvieran otra atracción para el público. Uno de los mayores cambios fueron los programas, que los hacía una boletera que no sabía nada de cine. Comencé agregando frases de las películas y luego slogans que pudieran convocar a nuevos públicos. Poco después decidí salir con una sola película diaria, con un ciclo de Ingmar Bergman. Fue la apoteosis. La sala se llenaba desde la primera hasta la última función (eran cinco o seis, dependiendo de la duración de la película). Desde la primera función –a eso de las 13– había gente haciendo cola en la calle, y la cosa seguía hasta el comienzo de la última, hacia las 23.

–¿Cómo fue que un boletero suplente de un cine en el que se pasaban películas de box se puso en contacto con el cine de Eisenstein o Bergman?
–Lo primero que hice fue contactarme con las distribuidoras. Fui a ver a Argentino Vainikoff –el dueño del cine Cosmos, que hoy tiene noventa años– y le ofrecí exhibir sus películas. Iba a las compañías y pedía los listados de las películas que tenían en stock, y las seleccionaba en base a las cosas que leía y escuchaba de ellas. Andaba para todos lados con un "libro gordo" con centenares de títulos abandonados en los archivos de las distribuidoras. De golpe se dieron cuenta de que esas películas tenían un valor muy especial... redescubierto por el empleado de un cine en el que se pasaban películas de box.

–¿Cómo es que se acumulaban las películas?
–Muchos de los films independientes que se estrenaban estaban una semana en cartel y luego se amontonaban en las distribuidoras durante cinco años. Después de ese tiempo vencían los derechos de exhibición. Era posible renovar los derechos, pero nadie imaginaba que la reposición de largometrajes de ese tipo fuera económicamente viable. Para los comerciantes, mi hallazgo fue haber hecho rentable algo que hasta ese momento no lo era. Por mi parte, perseguía más el éxito de la idea, que también se plasmaba en el crecimiento del público en la sala. Nunca le di mucha importancia a la parte económica.

–Antes de programar en el Lorraine ¿tenía costumbre de ver estas películas?
–Para nada. Me gustaba el cine americano: a la hora de elegir siempre buscaba las películas de Doris Day. Transformé mis gustos y mis exigencias a través de la lectura de libros de cine, como los de (Georges) Sadoul. Entre los autores cinematográficos, los que más encendieron mi cinefilia en un comienzo fueron Eisenstein y Bergman. Luego llegó la Nouvelle Vague (Godard, Truffaut), Antonioni...

–¿Cómo llegaban al país películas de esos directores?
–Eran grandes maestros que en Europa eran éxito de crítica y no paraban de ganar premios en festivales. Y aquí había gente del ámbito de la cultura que sabía mucho de cine y se dedicaba a la distribución. Era gente muy capaz y muy selectiva, gente que lamentablemente se fue perdiendo. Ellos fueron los verdaderos pioneros, y pasaron sin pena ni gloria. Cualquiera de las películas que traían, con una sola pasada en un ciclo de reposición en el Lorraine, juntaba más gente que durante una semana en cartel en cines como el Libertador o el Paramount: el Lorraine se había convertido en ese lugar al que la gente acude porque sabe que el cine que allí se proyecta es valioso. Cerca de la sala estaban los bares La Comedia y La Paz. Allí se juntaban grupos de espectadores a discutir sobre lo que acababan de ver. Se cansaban de hablar sobre películas como La Dolce Vita o Noche de circo.

–¿Cuánto tardó el público en responder a la propuesta?
–El éxito fue inmediato. Y tan contundente como la energía que le puse al proyecto. Esto puede sonar pedante, pero fue así. Creía en el cine, me volví adicto a él y confié en que hubiera mucha gente compartiendo mi pasión. El Lorraine llenaba un vacío en las formas en que se podía ver cine en Buenos Aires. Organizar las películas en ciclos permitía apreciar la evolución artística de un director: todos los films estaban programados en forma cronológica –cosa que en ese momento era rara– desde la primera obra hasta la última estrenada. Así pudo verse de otra manera a Godard, a Truffaut, a Antonioni... De este último La aventura, La noche y El eclipse (la trilogía sobre la soledad y la incomunicación) pudieron verse una después de la otra, y por lo tanto compararse.

–¿Cómo era el público del Lorraine?
–Era un público joven. Uno de los grandes problemas con los que me encontré fue que la mayoría de las películas que seleccionaba eran prohibidas para menores de 18 años, y el control sobre la edad era muy riguroso. Parte de una generación de chicos menores de esa edad pudieron ver este cine gracias a las veces que pasé por alto la norma. Contra lo que ocurre hoy con el cine de estas características, había mucho público adolescente dispuesto a verlo. Ahora resultaría raro ver gente menor de 18 llenando una sala para ver una película de Eisenstein o de Bergman. Con muchos de ellos me encontré años después y nos reímos de la travesura. Como se ve, la diferencia entre los adolescentes de esa época y los de hoy es notable. Pero, de todas maneras, ellos eran sólo una parte del público: la edad de los asistentes llegaba hasta los 30 años, más o menos. La mayoría eran universitarios.

–Suena como si los jóvenes de esa época hubieran sido más inquietos...
–Eran más inquietos y más maduros, tenían una verdadera pasión por el cine. Era otro cine y también otro público. Además, ahora ya no contamos con los grandes maestros de esa época. ¿Dónde hay un Fellini, un De Sica, un Rossellini? Es como los grandes maestros de la literatura: no tienen reemplazantes. ¿Qué películas del cine-arte tiene hoy un joven para regocijarse? Otra cosa notable de esa época es que, en el caso de espacios como el Lorraine, el público tampoco estaba segmentado por ingreso. A la sala acudían personas de ambos sexos y de todas las clases sociales.

–¿Cuánto costaba la entrada al Lorraine?
–La entrada valía tres o cuatro veces menos que una entrada común. Hoy una entrada al Lorraine costaría menos de dos pesos. Eso ayudaba. Lo interesante es que aún con ese precio, teníamos una ganancia apreciable. Cuando vi lo que pasaba con el público arreglé con el dueño del cine para que me diera un pequeño porcentaje por cada entrada vendida, así me beneficié mucho económicamente. Estábamos a principios de los '60.

–¿Qué distinguía al público del Lorraine?
–Digamos que eran más de izquierda que de derecha.

–¿Qué quería decir "izquierda" en ese momento?
–Izquierda quería decir "pecado" (risas). Cada vez que hacía un ciclo de cine checoslovaco o soviético, venía alguien a preguntarme quién era el responsable de la programación y me decían que no me preocupara, que no iba a pasar nada, pero que estábamos "cuidados" y que si pasaba algo, que avisáramos... En general, el público no estaba particularmente interesado en el cine de un solo país o tendencia. La única etiqueta posible para el Lorraine era la de "cine europeo". Tal vez había predilección por cierto cine francés: no hay que olvidar que estos años son los de la Nouvelle Vague, de Hiroshima Mon Amour de Resnais... para esta y para muchas otras películas que considero fundamentales, yo confeccionaba libritos con material del film. En el caso de Hiroshima..., por ejemplo, el ejemplar contenía todos los diálogos de la película. Recuerdo la tapa, con el título del film en japonés. Los textos los tradujo el crítico Agustín Mahieu, que hoy vive en España. El también escribió un texto sobre Bergman que se vendía en el cine. Teníamos una pequeña vitrina llena de publicaciones propias. Nunca gané plata con ellas, pero eran muy preciadas por la gente que venía y, junto con los programas que se repartían, hacían a otra forma de ver una película.

–Cómo se difundían los ciclos?
–Una de las principales herramientas eran los programas de mano. La gente venía a retirarlos de la boletería y, dependiendo de la cantidad de actividades, los volantes tenían la información de la semana, la quincena o el mes siguiente. Era un trabajo artesanal, pero que no tenía sólo los horarios, sino también completas fichas técnicas, análisis críticos de las películas, entrevistas... La información también salía en los diarios, pero la principal herramienta era siempre el volante.

–¿Dónde obtenía la información para volcar en los volantes?
–Paralelamente a mi labor, y un poco como consecuencia de ella, se fue armando un archivo con todo tipo de documentos relacionados con el cine. Como en la mayoría de los casos se trataba de películas estrenadas, se podía ubicar las críticas, reunirlas y darles unidad en los volantes. Aunque no usaba todo para ellos, lo que se fue constituyendo es un archivo completo de críticas y notas de todos los films estrenados en el país. Cuando no tenía ninguna crítica, la escribía yo mismo.

–¿Cómo era su relación con el mundo de la distribución y la exhibición?
–Fui un poco un "marginado" del gremio cinematográfico. Pero en el buen sentido: a los grandes grupos y los distribuidores del cine masivo no les interesaba tener contacto conmigo. Las distribuidoras sabían todas cuáles eran mis lineamientos, así que se fue decantando solo el grupo de gente con el que podía trabajar. Nadie me llamaba para ofrecerme material: era yo el que buceaba en los archivos para conseguirlo. A la vez, también era sabido que no iba a aceptar películas que no me interesaran artísticamente, así que perdían el tiempo ofreciéndome otro tipo de material. Estas reglas tácitas pero claras hacían que siempre hubiera buena relación.

–¿Dónde se visionaban las películas?
–Prácticamente no participaba de las funciones privadas, porque me manejaba con un stock de películas ya estrenadas. A veces sucedía que una cinta salía de cartel, a la semana ya la teníamos en el Lorraine y recién entonces comenzaba a ser rentable. Era todo muy irregular, hecho a pulmón.

–Había muchas películas dando vueltas...
–¡Claro! Imagínense que si yo cambiaba la película todos los días, entonces tenía 360 programaciones por año... y eso sólo en el Lorraine. Es cierto que varios ciclos se repetían, pero había que armar esas 360 carteleras de las que hablo... Toda la tarea era muy personal... no había nadie que pudiera ayudarme: los programas estaban compuestos de las líneas de los artículos que salían en el diario y frases que elaboraba o sacaba de mis libros de cine. Era la época en que había espacio en las carteleras de los diarios, así que con la publicación del ciclo también incluían estas frases de los programas.

–Entonces no hubiera trabajado con otra persona...
–Posiblemente sí, pero esa persona no apareció. Recuerdo dos excepciones: un muchacho de apellido Polverini (que acabó dirigiendo películas), que era capitán de Marina (una cosa insólita). Era habitué de la sala y siempre me decía "un día voy a trabajar con vos, aunque sea gratis". Trabajó un tiempo como secretario en el Lorraine luego de retirarse de la Marina. Armaba el achivo, las carteleras... hacía muy bien su trabajo porque amaba el cine. Era por demás raro que alguien del ámbito castrense se acercara al cine: él era una oveja negra. Tras la partida de Polverini, comenzó a trabajar conmigo Miguel Grinberg, el especialista en rock y ecología. Al tiempo, del Lorraine-Losuar pasó a ser jefe de publicidad de una distribuidora internacional, así que volví al trabajo solitario.

–¿Cómo era su relación con el público?
–A diferencia de lo que pasaba con la mayoría de los que se acercaban, yo no había completado ninguna carrera universitaria. Eso no impedía que hablara mucho con ellos y participara de los debates que se armaban. Antes y después de la película se hablaba mucho, no era como ahora que la gente llega y se va muda de la sala, o hablando en voz baja con la persona con la que vino. Y después de la charla posterior, muchos la seguían en los bares cercanos. Pero a estos encuentros yo iba poco: tenía tanto trabajo con los volantes y la coordinación de las proyecciones que me la pasaba de la mañana hasta la noche metido en el cine. A las charlas con el público las recuerdo con mucho agrado: eran jóvenes que siempre estaban buscando símbolos y análisis distintos a los que aparecían en los medios. Todo tenía un por qué para encontrar y discutir.

–¿Hubo otro lugar como el Lorraine?
–Sí: después de muchos años apareció el cine Arte, que estaba en la Diagonal Norte. También llegó el Cosmos, pero éste estaba más especializado en el cine del Este europeo (checo, soviético, etc.). Eran las películas de Artkino Pictures. Más tarde, ellos compraron seis o siete Bergmans que se habían proyectado en el Lorraine. El cine Arte se volcó más hacia la comedia americana y otras cosas, su perfil estaba claramente diferenciado del que tenía el Lorraine. La apertura de estos nuevos cines no afectó el caudal de público que tenía mi sala, pero yo también defendí lo mío: puse un lema en los programas que decía "El Lorraine crea, no imita". Era obviamente en relación al cine Arte, pese a que los que lo llevaban adelante eran conocidos míos. Ambos fallecieron. Ellos me decían "no te preocupes, no vamos a competir con vos". Yo les contestaba que nos juntáramos, que hiciéramos algo en equipo en esa sala. Al poco tiempo vi que estaban haciendo ellos solos las ideas que habíamos discutido, así que pensé "si quieren guerra van a tener guerra"... ¡pero fue una guerra amistosa! (risas).

Reportaje: Máximo Eseverri
Fuente: http://www.cineismo.com/temas/lorraine-central.htm

(Ver más temas relacionados en: www.cineismo.com )

Museo del Cine de Buenos Aires en peligro

Imágen Xavier Martín

Tras una historia de más de 30 años de peregrinaje por distintas sedes y años de burocracias y desidia, hoy el Museo del Cine se encuentra en un edificio muy precario de Barracas. Está allí bajo la promesa de que para octubre de este año iba a existir la sede definitiva, parte del ambicioso proyecto Polo Sur Cultural. Pero se cumple el plazo, las obras están detenidas y la suerte del Museo es incierta.

Por Mariano Kairuz
La suerte del patrimonio fílmico nacional ha estado históricamente atada a la absoluta desidia oficial. Ahora, sobre un panorama tradicionalmente crítico, surge un nuevo grito de alerta: días atrás, los trabajadores del Museo del Cine de la ciudad de Buenos Aires pusieron en circulación un urgente e-mail destinado a llamar la atención sobre “el futuro incierto (de la institución)”, la “extrema precariedad del edificio transitorio” al que fueron destinados y, consecuentemente, el peligro de “deterioro irreversible del patrimonio”. “No se garantizan” señala el e-mail, “las condiciones de seguridad más elementales y las filtraciones e inundaciones en baños y escaleras son cotidianas”.
Fundado hace casi 36 años a partir de la donación de una enorme colección de máquinas y fotos de cine hecha a la Municipalidad por la viuda del historiador Pablo C. Ducrós Hicken (1903-1969), el Museo se ha dedicado, siempre en condiciones de infraestructura insuficientes, a la preservación y difusión del acervo audiovisual argentino, a la asistencia a estudiantes e investigadores, a la provisión de material de archivo a cineastas para numerosas producciones. Tiene a su cargo más de tres mil películas; 12 mil latas correspondientes a cuatro décadas del noticiero Sucesos Argentinos; otras tantas de noticieros de canal 9; 4 mil libros, guiones, 100 mil recortes de diarios, y miles de afiches, bocetos, documentos de censura, piezas de vestuario, maquetas y cámaras legendarias. También se constituyó en un espacio para ciclos, y edita la revista La mirada cautiva.
Pero todo esto no fue suficiente para que las autoridades de la Ciudad evitaran siquiera su desarraigo asignándole un espacio físico firme, y desde su instalación original en el Centro Cultural San Martín en 1972, hasta el ‘98, cuando recaló en Defensa 1220 en San Telmo, a la vuelta del Museo de Arte Moderno, el Museo vivió un largo peregrinaje, pasando por cinco mudanzas. Su situación se complicó aún más en el 2005, cuando sus colecciones y sus empleados fueron trasladados a un edificio alquilado al Correo en Barracas. La mudanza era transitoria, se dijo entonces, y debía durar dos años, plazo estipulado para la ambiciosa obra conocida como Proyecto Polo Sur Cultural, que prometía grandes ventajas edilicias conjuntas para ambos museos (el del Cine y el Mamba). “Es una obra muy importante”, dice David Blaustein, director del Museo del Cine desde el 2000, “porque implica tres salas de proyección, la construcción de bodegas nuevas, y duplicar las posibilidades de exposición, entre otras cosas”.
Pero una infinidad de idas y vueltas desde la licitación original del proyecto más de 5 años atrás –la caída del crédito de BID con que se iba a financiar originalmente la obra; problemas en la licitación, que ganó la constructora Bricons; la devaluación y consecuente refinanciación con fondos públicos; la destitución de Ibarra–, demoraron los inicios de la construcción hasta enero del 2007. “Y entonces ganó Macri –explica Blaustein–, y luego Bricons no llegó a un acuerdo con la Ciudad acerca de unas nuevas modificaciones al proyecto que implicaban un nuevo presupuesto. Y suspendió la obra, realizando incluso un gesto muy fuerte al desmontar el obrador y llevarse a su gente. La molestia manifestada por el personal del Museo es legítima, porque ve postergada su salida de un edificio que no está preparado para albergar un archivo. Pero lo cierto es que mientras tanto se hace todo lo posible para que las colecciones estén más o menos bien. La cineteca y el centro de documentación siguen funcionando, atendiendo al menos a la gente más urgida; y buscamos lugares alternativos para programar los ciclos de cine, como lo hicimos en el Colegio de Abogados, en la Legislatura o en la UBA. Y mientras el personal procede con la campaña de prensa, yo intento sensibilizar a los legisladores del macrismo y de Telerman para que el seguimiento de la obra sea lo más estricto posible y preparo con la Asociación de Amigos del Museo un recurso de amparo. El tema central es el reinicio de la obra: el temor es que si esperamos a diciembre, pasamos automáticamente a marzo.”
Consultado por Radar, Fernando Martín Peña –coleccionista e historiador, director de programación del Malba, y miembro de Aprocinain, la Asociación de Apoyo al Patrimonio Audiovisual– señala que la situación excede a la coyuntura del Museo: “Decir que todo se pierde porque está mal conservado sería un error: todo lo que tenemos los coleccionistas privados también está mal conservado; no existe en la Argentina prácticamente ningún depósito ni público ni privado con temperatura y humedad controladas como se debe. El Museo no es una excepción sino parte de la regla; no tiene sus películas en estado catastrófico sino que participa de un estado de cosas que es catastrófico en sí mismo, que es el no tener una política de Estado orientada a la conservación. Hay que cuidar el fílmico, que (a diferencia del soporte digital) ya se sabe que si se cuida bien aguanta cien años; todo lo demás son soluciones ficticias. En estas condiciones, Blaustein hizo por el Museo lo que no hizo nadie: mandó a capacitar gente para la preservación, armó una asociación de amigos, consiguió que los distribuidores independientes no destruyeran todas sus copias, logró inscribirlo en la Federación Internacional de Archivos de Films. Pero la única verdadera solución para el problema de la preservación es invertir dinero en el largo plazo, y como es algo que no rinde réditos políticos ni económicos en el corto plazo, a ningún político le interesa”. Y si el problema es de larga data, la situación del Museo corre ahora el riesgo de terminar de volverse invisible al público general: “Ya pasaba de antes que si un documentalista va al Museo a buscar un material y hay que decirle ‘no existe, había pero se perdió’, queda como algo medio secreto, porque el tipo termina haciendo el documental sin las imágenes que necesitaba”, dice Peña. “La biblioteca del Museo siempre había abierto sus puertas al público, incluso cuando estaban en la sede de la calle Sarmiento, que se caía a pedazos. Pero en los últimos dos años hubo mucha gente que ya no pudo consultar un montón de cosas. Quitarle la posibilidad de mantener la atención permanente al público, su presencia en la vida cultural cotidiana, es un crimen, y les da la una excusa a los que vengan después para que digan ‘el Museo tiene un problema de gestión porque no ocupa ningún lugar en la sociedad’. Si no lo ocupa es porque desde la Ciudad no lo dejaron. El problema no es de gestión sino de presupuesto.”

Museo del Cine (sede provisoria):
José Salmún Feijoo 555
4303-2882/2883
museodelcinedb@yahoo.com.ar
Adhesiones a: museoenpeligro@yahoo.com.ar


Fuente: Suplemento "Radar", Diario "Página/12", 23/09/07



viernes, 21 de septiembre de 2007

Clasicos nativos: "El crimen de Oribe"


En 1949, junto a Leopoldo Torres Rios, dirigió Torre Nilsson su primer largometraje: "El crimen de Oribe", basándose en la novela "El perjurio de la nieve", de Adolfo Bioy Casares, hasta ese entonces ignorado por nuestro cine, que prefería transitar por caminos menos riesgosos y comprometidos, con clisés modificables según las medidas de las rumberas de moda o el humor insípido de muchos cómicos mediocres.
El indiscriminado apoyo del gobierno peronista generó, en aquél entonces, un cine argentino donde reinaba la mediocridad y donde -salvo honrosas excepciones- todo se limitaba a comedias vacías y pasatistas o pasteurizadas incursiones en el cine de compromiso. Así, lo cursi, lo banal, terminó por asimilar a individuos realmente talentosos y junto a ellos, posibilidades técnicas y económicas como pocas industrias cinematográficas tuvieron en el auge del cine sonoro.
El resultado de "El crimen de Oribe" fue, indudablemente, una obra más de Torre Nilsson que de Torres Ríos. La unidad total no fue posible en virtud de las diferencias estilísticas y conceptuales de ambos, diametralmente opuestas. Pero sus valores la elevaron muy por encima de sus contemporáneas.
Los elementos poéticos de "El crimen de Oribe" -donde un hombre decide detener el tiempo para impedir la muerte de una de sus hijas, víctima de un mal incurable- insólitos en el cine argentino de aquélla época; la excelente marcación actoral; los alardes técnicos (como el travelling de la secuencia final), lograron imponerse por sobre los diálogos demasiados literarios y el abuso de los primeros planos, marcando así un resurgimiento del cine argentino intelectual, sólo cultivado hasta entonces en su aspecto formal por Luis Saslavsky y, ocasionalmente, por otros realizadores.
Síntesis argumental
Para cumplir con funciones relacionadas a su trabajo como periodista, José Luis Villafañe viaja circunstancialmente hacia un pueblo del interior. Un inconveniente con su automóvil hará que deba alojarse en un hotel del pueblo, donde compartirá la habitación con Carlos Oribe, un poeta imitador.
En su itinerario por el pueblo, descubrirá una misteriosa casa que es habitada por Vermehren, un viudo bastante mayor, y sus hijas: Lucía, Ruth, Adela, Margarita y Eugenia.
En la casa, los habitantes se reúnen todas la noches en torno al árbol de Navidad. Poco después, José Luis descubrirá el secreto de la misteriosa vivienda: Lucía, una de las hermosas hijas de Vermehren, está condenada a muerte por un mal incurable. Su padre ha decidido entonces detener el paso del tiempo, haciendo que en su casa todos los días transcurran iguales a sí mismos.
Al conocer a la muchacha, el joven periodista se enamora de ella, pero cuando la joven le entrega su amor, muere.
Atormentado, en total estado de ebriedad, José Luis le contará su extraña aventura a Carlos Oribe, quien hará suya la historia y tratará de convencer tanto a los demás como a sí mismo del hecho.
Vermehren sabe que el intruso es el culpable de la muerte de su hija, pero como Carlos Oribe dice ser él, tras perseguirlo, lo mata.
Ficha tecnica
El crimen de Oribe, 1949 (blanco y negro)
Producción: Leopoldo Torres Ríos, Rodolfo Hansen para Cinematográfica Independencia
y Estudios Mapol
Jefe de producción: Pedro Pereira
Dirección: Leopoldo Torres Ríos y Leopoldo Torre Nilsson
Ayudante de dirección: Amilcar Leveratto
Argumento: "El perjurio de la nieve", novela de Adolfo Bioy Casares
Adaptación: Arturo Cerretani
Guión: Leopoldo Torre Nilsson
Fotografía: Hugo Chiesa
Música: Alberto Soifer y Bernardo Stalman (incluye fragmentos de Debussy, Berlioz, Sibelius y Brahms)
Escenografía: Carlos Dowling
Montaje: José Cardella
Sonido: Alejandro Saracino
Rodaje: noviembre-diciembre de 1949
Estreno: 13/4/50 en el cine Metropolitan
Interpretes: Roberto Escalada (José Luis Villafañe)
Carlos Thompson (Carlos Oribe)
Raúl de Lange (Vermehren)
María Concepción Cesar (Lucía)
Delia Cristiani
Truddy Tommys
Diana Wells
Carlos Rinaldi
Francisco Monet
Alberto Dominguez
Néstor Johan
Paula Darlán
Carlos Cotto
Arturo Arcari
Max Citelli
José Serrano
Miguel Leporace
Mario Confliti
La sintesis argumental fue tomada de las gacetillas y "press-books" del lanzamiento del film.
Material seleccionado de "Los films de Leopoldo Torre Nilsson" de Jorge Abel Martin
Corregidor 1980

lunes, 20 de agosto de 2007

Groucho Marx a 30 años de su muerte


A 30 años de la desaparición física de Groucho Marx lo recordamos con una carta que escribiera Groucho a propósito del rodaje de UNA NOCHE EN CASABLANCA. Hay una anécdota muy curiosa que se produjo cuando la Warner se enteró de la filmación de la misma. Amenazaron con demandar a los Marx por poner un titulo tan parecido al original (CASABLANCA rodada 5 años antes para la Warner).

Esta carta se la escribió Groucho Marx a la Warner:
(Textos citados de Groucho y Yo, de Groucho Marx. Edición Tusquets)
Queridos Warners:
Aparentemente, hay más de una manera de conquistar una ciudad y de conservarla en propiedad. Por ejemplo, hasta el momento en que nos dispusimos a hacer esta película, no tenía ni idea de que la ciudad de Casablanca perteneciese en exclusiva a los hermanos Warner. Sin embargo, sólo pocos días después de hacer público nuestro proyecto, hemos recibido vuestro largo y amenazador documento legal, advirtiéndonos que no usemos el nombre de Casablanca. Por lo visto, en 1471, Ferdinand Balboa Warner, vuestro tatarabuelo, mientras buscaba un atajo para ir a Burbank, fue a parar a las costas de África y, alzando su bastón de alpinista (que más tarde trocó por cien acciones de la compañía), las llamó Casablanca.
No acabo de comprender vuestra actitud. Incluso aunque proyectéis reestrenar vuestra película, estoy seguro de que el espectador vulgar tendrá tiempo suficiente para aprender a distinguir a Ingrid Bergman de Harpo. Yo no sé si podría, pero desde luego me gustaría intentarlo.
Afirmáis que poseéis Casablanca y que nadie más puede utilizar ese nombre sin vuestro permiso. ¿Qué me decís también de "Hermanos Warner"?. ¿ También lo tenéis en exclusiva?. Probablemente, tenéis derecho a utilizar el nombre de Warner, pero, ¿y el de Hermanos?. Profesionalmente, nosotros éramos Hermanos mucho antes que vosotros. Realizábamos giras como Los Hermanos Marx cuando la Vitaphone no era más que un sueño en la mente del inventor, e incluso antes que nosotros ha habido otros Hermanos: los Hermanos Smith; los Hermanos Karamazov; y el "Hermano, ¿puede darme una perra gorda?". Originalmente se decía: "Hermanos, ¿pueden darme una perra gorda?", pero esto representaba repartir demasiado una perra gorda, de modo que prescindieron de un hermano, dieron todo el dinero al otro y lo redujeron a "Hermano, ¿puede darme una perra gorda?".
Y ahora, Jack, pasemos a tu caso concreto. ¿Sostienes que el tuyo es un nombre original?. Bueno, pues no lo es. Fue utilizado mucho antes de que nacieses. Así, de repente, me vienen a la memoria dos Jack´s; existía el Jack de "Jack Matagigantes", y "Jack el Destripador", que en su época cortó unas cuantas figuras.
En cuanto a ti, Harry, probablemente firmarás tus cheques convencido de que eres el primer Harry de todos los tiempos y que los demás Harry´s son unos impostores. Se me ocurren dos Harry´s que te precedieron. Existieron Lighthorse Harry, de fama revolucionaria, y un tal Harry Appelbaum que vivía en la esquina de la calle Noventa y Tres con Lexington Avenue. Por desdicha, Appelbaum no era demasiado famoso. Las últimas noticias que tuve de él fueron que estaba vendiendo corbatas en los almacenes Weber.
Y ahora pasemos al estudio de Burbank. Creo que así es como llamáis a vuestro feudo. El viejo Burbank ha muerto. Tal vez lo recordéis. Era un gran hombre en un jardín. Su esposa decía a menudo que Luther tenía diez dedos verdes. Debió de ser una mujer muy lista. Burbank fue el mago que entrecruzó esos frutos y vegetales hasta que consiguió que las pobres plantas estuviesen tan confundidas que nunca podían decidir si debían de entrar en el comedor en la fuente de la carne o en la bandeja de los postres.
Eso no son más que conjeturas, desde luego, pero quién sabe... tal vez los descendientes de Burbank no se sientan demasiado dichosos ante el hecho de que una fábrica de películas se haya instalado en su ciudad, se haya apropiado del nombre de Burbank y lo utilice en las portadas de sus películas. Incluso es posible que la familia Burbank se sienta más orgullosa de la patata producida por el viejo que del hecho de que de esos estudios hayan surgido películas como Casablanca o Vampiresas (1931). Tal vez todo esto os parezca una parrafada muy amarga, pero os aseguro que no es éste mi propósito. Quiero a los Warner. Algunos de mis mejores amigos son Hermanos Warner.
Incluso es posible que cometa con vosotros una injusticia y que vosotros, personalmente, no sepáis nada de esta actitud absurda. No me sorprendería en absoluto descubrir que los jefes de vuestro departamento jurídico ignoran esta disputa descabellada, porque conozco a muchos de ellos y son tipos muy agradables, con el cabello negro y rizado, con las americanas cruzadas y con un amor por sus semejantes que supera al del propio Saroyan.
Me da en la nariz que este intento de impedirnos la utilización del título ha sido idea de algún picapleitos tonto que realiza su aprendizaje en vuestro departamento jurídico. Conozco bien el tipo, recién salido de la Universidad, ávido de éxitos y demasiado ambicioso para seguir las leyes naturales del ascenso. Ese individuo siniestro engatusó probablemente a sus jefes, la mayoría de los cuales son tipos muy agradables con el cabello negro y rizado, con las americanas cruzadas, etc..., para que trataran de atemorizarnos. Bueno, ¡no se saldrá con la suya!. Apelaremos ante el Tribunal Supremo. Ningún aventurero jurídico creará discordias entre los Warner y los Marx. Todos somos hermanos y seguiremos siendo amigos hasta que el último rollo de Una Noche en Casablanca acabe de enroscarse en la bobina.
Sinceramente, Groucho Marx. "

Poco después los Warner le escribieron a Groucho pidiéndole que les dijera algo sobre el argumento de la película. Esto les contestó:

"Queridos Warners:
No puedo deciros gran cosa del argumento. Yo caracterizo a un ministro del Señor que predica a los nativos y, por añadidura, vende abrelatas y chaquetones de marinero a los salvajes de la Costa de Oro africana.
Cuando encuentro a Chico, éste trabaja en un garito, vendiendo esponjas a los beodos que no pueden llevarse todo el alcohol. Harpo es un pilluelo árabe que vive en una pequeña urna griega en las afueras de la ciudad.
Al empezar la película, Porridge, una muchacha nativa de labios sensuales, está afilando unas flechas para ir a cazar. Paul Hangover, nuestro héroe, está encendiendo continuamente dos cigarrillos a la vez. Por lo visto no se ha enterado de la escasez de tabaco.
Hay muchas escenas espectaculares y de pasiones brutales, y color, un botones abisinio dirige Riot. Riot, por si no habéis estado nunca allí, es un pequeño club nocturno en las afueras de la ciudad.
Podría contaros muchas más cosas, pero no quiero que perdáis interés por la película. Todo ha recibido la aprobación de la oficina de censura, de la revista del ama de casa y de los veteranos de Africa, y, si el momento es propicio, esta película puede ser la chispa que inicie un nuevo desastre mundial.
Cordialmente, Groucho Marx."

Una vez mas volvieron a escribirle para pedirle una explicación mas detallada del argumento que no parecían haber entendido muy bien.
Esto les explicó:

"Queridos Hermanos:
Desde que os escribí, lamento deciros que se han producido ciertos cambios en el argumento de nuestra película UNA NOCHE EN CASABLANCA. En la nueva versión caracterizo a Bordello, el enamorado de Humprey Bogart. Harpo y Chico son dos vendedores ambulantes de alfombras, deseosos de abandonar su mercancía y de ingresar en un monasterio para celebrar una juerga. Esto constituye una broma estupenda, porque en ese lugar llevan quince años sin celebrar juergas.
Frente al monasterio, junto al mar, existe un hotel lleno de atractivas damitas, la mayoría de las cuales nos han sido prohibidas por la oficina de censura. En el quinto rollo, Gladstone pronuncia un discurso que llena de entusiasmo a la cámara de los comunes, y el Rey pide inmediatamente su dimisión. Harpo se casa con un detective del hotel; Chico posee una granja de avestruces. La chica de Humprey Bogart, Bordello, pasa sus últimos años en casa de la Bacall. Como podréis ver, es un argumento algo chapucero. Lo único que puede salvarnos de la extinción es que continúe la escasez de películas.
Cariñosamente, Groucho Marx."

************************************************************************************
El comediante estadounidense GROUCHO MARX, de cuya muerte se cumplen 30 años (19 de Agosto), era un verdadero genio de los llamados “ one-liners”, comentarios cáusticos que dejaban a su interlocutor preguntándose qué era lo que este señor de habano y bigote negro había querido decir.
Desde su legendaria afirmación de que “ nunca pertenecería a un club que me acepte como socio”, GROUCHO MARX dejó a la humanidad un legado en forma de de frases agudas, marcadas con su inconfundible sello de ironía.

Estas son algunas de las más famosas:

Se nota que tiene usted una mente abierta. Casi puedo sentir la brisa desde aquí.
Respuesta en un programa de TV a una mujer que explicó que tenía 17 hijos porque amaba mucho a su esposo:” Yo también amo a mi cigarro, pero me lo quito de la boca de vez en cuando!"
Nunca olvido un rostro, pero en su caso haré una excepción.
Esos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.
¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿ Qué hizo de mí la posteridad?
Cásate conmigo y nunca miraré a otro caballo.
Bebo para que la gente me resulte más interesante.

FUENTE: Diario "Noticias" de Pehuajó
Enviado por Marita Ragozza de Mandrini (desde Pehuajó, Pcia. de Buenos Aires)maritaragozza@gmail.com

"No habrá más penas ni olvido", de selección


"No habrá más penas ni olvido", la película argentina basada en la novela homónima de Osvaldo Soriano, fue elegida entre las "75 gemas escondidas: los grandes films que el tiempo olvidó", una selección de los mejores largometrajes elegidos por 75 críticos para la revista "Sight & Sound". El film, que fue llevado a la pantalla grande por Héctor Olivera, comparte cartel con figuras de la talla de Brian de Palma y Luis Buñuel.

Spotlight on Federico Luppi: Funny Dirty Little War / No habrá más pena ni olvido Hector Olivera, Argentina, 1983; 80m
Funny Dirty Little War is set on a day in 1974, shortly before Peron’s death, in a small town called Colonna Vela, where the rickety alliance between the Peronist right and left falls completely to pieces. The day begins much like any other. A decrepit automobile, decorated with the head of a dragon on its hood and a dragon’s tail on its rear, moves slowly through the streets while its driver, using a not-great public-address system, announces a once-in-a-lifetime sale at the local department store. Ignacio Fuentes (Federico Luppi), the town’s practical, seemingly apolitical administrator, has a brief argument with Suprino (Hector Bidonde), the local Peronist party boss who has bought a van from Ignacio but hasn’t as yet paid for it. What follows is a mordantly funny and furious film that quickly evolves into a harrowing, satiric demonstration of the ease — and self-righteousness — with which quite commonplace “good” people can turn murderously mean. – Vincent Canby, The New York Times.

No habrá más penas ni olvido (1983)
Dirección: Héctor Olivera
Guión: Roberto Cossa y Héctor Olivera según la novela homónima de Osvaldo Soriano
Fecha de Estreno: 22 de septiembre de 1983
Intérpretes: Federico Luppi Ignacio Fuentes Víctor Laplace Reinaldo Héctor Bidonde Suprino Rodolfo Ranni Comisario Llanos Miguel Ángel Solá Juan Lautaro Murúa Dr. Guglielmini Graciela Dufau Felisa de Fuentes Ulises Dumont Cerviño Arturo Maly Toto Raúl Rizzo Subinspector Rossi José María López Mateo Fernando Iglesias Moyanito Fernando Olmedo Ricardito Héctor Canosa Emilio Vidal Durán Augusto Larreta Prudencio Guzmán Rodolfo Brindisi Loco Peláez Fernando Alvarez Jesús Berenguer Marta Betoldi Paulino Andrada Julio De Grazia Agente García Patricio Contreras Agente Comini María Socas Norberto Díaz Armando Capó Carlos Alberto Usay Salo Pasik Periodista Luis Issaly Alicia Baistrocchi Juan Carlos Arena Ricardo Hamlin Germán Terranova Luis Sartor Roberto Baldi María Balmayor Julio Pelleri Luis Martínez Rusconi Enrique Fynn Ana Zalazar Gerardo González Carlos Crus Gloria Necon Elsa Marta Achille Juan Carlos Casas Esteban Milicich Daniel Ginestra Alfredo Longobuco José Alberto Domínguez Omar Fernández Juan Milicich Juan Carlos Peralta Carlos Weber Pepino Pablo Campopiano Mario Riccio Aldo Cura Jorge Sassi Ricardo Borcosque Manuel Vicente Juan Carlos Alegre Alberto Eisen Carlos M. Grossi Héctor Olivera Cameo (rebelde 1) Osvaldo Soriano Cameo (rebelde 2) Sergio Martí Obrero Miguel Condrac Agente

Equipo Técnico:
Productor asociado: Alejandro Sessa Producción:Fernando Ayala y Luis Osvaldo Repetto Jefe de Producción: Ricardo Vacas Fotografía: Leonardo Rodríguez Solís Cámara: Ever Latour Montaje: Eduardo López Música: Oscar Cardozo Ocampo Sonido: Norberto Castronuovo Ayudante de dirección: Cristian Pauls y Pablo Piraíno Ambientación:Emilio Basaldúa y María Julia Bertotto Vestuario: María Julia Bertotto Asistente de vestuario: Mónica Mendoza Maquillaje: María Laura López Efectos especiales: Jorge de la Reta y Marco Gabriel Enzo Fiorencis Temas Musicales: Carlos Gardel y Alfredo Le Pera Asistente de montaje: Margarita Bróndolo
Argentina
Duración: 80 minutos
Color
Prohibida para menores de 18
http://www.cinenacional.com/peliculas/index.php?pelicula=1265

La película olvidada: Luna de papel


Por Héctor Díaz(*)
Luna de papel (Paper Moon, 1973) es la película que Peter Bogdanovich filmó tras sus dos mayores éxitos, La última película (1971) y ¿Qué pasa director? (1972), sobre un guión adaptado de la novela Addie Pray, de Joe David Brown. El proyecto había estado originalmente a cargo de John Huston, y la idea era que lo protagonizaran Paul Newman y su hija en la vida real, Nell Potts; pero ellos dos también se bajaron cuando Huston lo abandonó. Bogdanovich acababa de formar The Director’s Company, junto a dos de sus compañeros generacionales, Francis Ford Coppola y William Friedkin, una empresa destinada a hacer películas con un presupuesto limitado pero absoluta libertad creativa. Paper Moon cayó entonces en el momento justo en las manos de un director cinéfilo y obsesionado con el cine clásico. Es la época en la que Bogdanovich estrechaba su famosa y conflictiva relación con Orson Welles, quien entonces le sirvió como una suerte de consultor (no acreditado), y le dio incluso consejos para conseguir esa encantadora fotografía contrastada en blanco y negro.
Al día de hoy, la increíble Tatum O’Neal sigue siendo la actriz más joven que haya ganado un Oscar jamás (tenía diez años), aunque fuera injustamente en la categoría “de reparto”. Jodie Foster encarnaría el mismo personaje dos años después en una fallida continuación televisiva que duró apenas unos meses.
Me gusta mucho el cine y al principio creí que eso sería un obstáculo para poder elegir, pero me dejé guiar por una corazonada. Había una película que se me presentaba insistentemente: Luna de papel. Una película entrañable, de esas que se quedan alojadas en uno para siempre. Narra básicamente un viaje que hacen un hombre y una niña por Estados Unidos, durante la Depresión de los ’30. Los personajes son interpretados por Ryan O’Neal y su hija, Tatum O’Neal. Ella tenía ocho años y un enorme talento. No sé si volvió a actuar o no, a veces me pregunto qué habrá sido de ella. En la película ellos se conocen casualmente en el entierro de la madre de la niña, una prostituta de pueblo, al que asisten sólo la huérfana, dos señoras viejas y el cura. Pero durante la ceremonia vemos acercarse por el fondo un auto destartalado manejado por Ryan O’Neal, que parece haber tenido un vínculo bastante intenso con la fallecida. Las dos viejas notan que hay un parecido entre el señor y la niña y sospechan que quizás hay algún parentesco, y como tienen encomendado trasladar a la niña a la casa de una tía y no tienen cómo llevarla, le piden el favor. Allí comienza la road movie ambientada en la Gran Depresión y a pesar de que se lo nombra a Roosevelt y se expone la crítica situación económica, nunca se pone pretenciosa. Sólo se propone contar una historia pequeña con mucha naturalidad y un guión brillante.La película es genial, de esas que decís “no puedo estar disfrutando cada minuto”. El tipo es un buscavidas, un ladronzuelo que se dedica a seleccionar obituarios de hombres en los diarios pare embaucar a las pobres viudas vendiéndoles Biblias. Yo siempre tuve predilección por una escena que ocurre bastante al comienzo, cuando el tipo y la nena todavía están reconociéndose. El antecedente es otra escena en la que Ryan O’Neal, ya responsable de la niña, intenta sobornar al hermano del tipo que fue el responsable de la muerte de la madre. Le pide dos mil dólares para no denunciarlo. El tipo lo piensa y le dice: “Te doy doscientos”. “Perfecto”, contesta O’Neal. La chica, desde afuera, escuchó toda la conversación. Con esos 200 dólares, el tipo compra un boleto de tren de 20 dólares para despachar a la chica, envía un telegrama a la tía avisando la llegada y se compra un auto viejo, pero mejor que el que tenía. Después, lleva a la nena a tomar algo a un bar y en ese bar transcurre mi escena predilecta, una escena brillante. La nena le dice que no quiere ir a lo de la tía, que no la conoce, que nunca se ocupó de su madre. El le dice que su madre era muy buena persona y que hizo feliz a mucha gente. La nena le pregunta si él es su padre y el tipo se lo niega. La nena le dice: “Si no sos mi papá entonces dame mis 200 dólares”. Con toda la comida en la boca, medio temblando, él lo sigue negando, pero la nena empieza a presionar y a golpear la mesa diciendo “¡Quiero mis 200 dólares!”. Todo el bar empieza a mirar y él le dice que está bien, que ese dinero es de ella pero que a él le corresponde una parte por haberlo conseguido. Ella dice que no le importa nada, que quiere la plata. Entonces él tiene que confesar: “Ya no los tengo”, dice. “¡Entonces tendrás que conseguirlos!”, dice la nena. Es la excusa para seguir adelante con la película y poner en evidencia que ella es ferozmente más inteligente que él.Luna de papel no fue la primera película que vi de Bogdanovich, un tipo muy inteligente y un director muy difícil de encuadrar. Creo que la primera fue La última película, que tuvo una segunda parte veinte años después en Texasville, con los mismos actores y personajes. También vi Esa cosa llamada amor, la última película donde actuó River Phoenix. Ahí me hice fan y vi todas las demás, pero Luna de papel es mi preferida. Creo que me pega tanto porque de pequeño yo tuve una relación entrañable con un tío. Era raro el parentesco; en realidad era mi primo pero era mucho más grande que yo. Vivía en Córdoba, y yo me divertía mucho con él. Mucho más que con mi viejo. Me instalaba todos los veranos completos en Córdoba; él era un chanta total, me llevaba por los bajos fondos, tenía misterio, aventura, humor, todos elementos que en esta película están muy vivos.Esta pareja de ficción construye un vínculo amplio. Es una relación de padre e hija, pero también de compinches, de socios, de pareja. Ella se preocupa por seducirlo, quiere gustarle como mujer y él la trata como a una mina. Luego de haberla visto algunas veces, reconocí lo obvio, que los actores eran realmente padre e hija, o sea que estaban jugando todo el tiempo con esa doble faz, seguramente divirtiéndose como locos.Vi Luna de papel por primera vez hace más de 10 años, en mi período de fanatismo por Bogdanovich. Un día la dieron en cable, la grabé y la pude ver varias veces más, solo o acompañado. Me gusta compartirla, aunque no tanto como para prestarla sin la seguridad de que volverá. Quizás ese celo sea el que explique más que ninguna otra cosa haberla elegido entre tantas.

(*) Héctor Díaz es un actor argentino
Fuente: Suplemento "Radar", Diario "Página/12", 21/01/07

Gerardo Vallejo en la Cámara de Diputados










La Cámara de Diputados de la Nación RESUELVE:
Declarar de interés de esta Honorable Cámara la producción cinematográfica del cineasta y documentalista Gerardo Vallejo por su profundo e insoslayable aporte a la cultura nacional, y como homenaje a un artista recientemente fallecido que supo amalgamar en su producción cinematográfica, belleza visual, reafirmación de nuestra identidad y un estrecho y solidario compromiso para con aquellos sectores sociales históricamente postergados de nuestra patria.La síntesis de la filmografía de Gerardo Vallejo se adjunta a la presente como anexo.
FUNDAMENTOS
Señor presidente:
La noticia sobre el fallecimiento de Gerardo Vallejo, el pasado 6 de febrero, en la ciudad de Buenos Aires, nos habla de una significativa pérdida para todos aquellos argentinos y argentinas a los que nos preocupa la construcción de nuestra identidad, en tanto condición indispensable no sólo para garantizar el desarrollo con justicia y libertad de nuestro pueblo, sino también como herramienta para profundizar la unidad de nuestro continente latinoamericano.
Nacido en la ciudad de San Miguel de Tucumán, el 4 de enero de 1942, consagró su vida al cine, sin reservas, con gran coraje, compromiso social y honestidad intelectual. Vallejo se formó en la Escuela de Cine Documental que dirigió Fernando Birri, y ambos junto a nombres tales como los de Octavio Getino, Fernando "Pino" Solanas, Leonardo Favio y Raimundo Gleyzer se convirtieron en los más significativos referentes del cine social y político argentino que se produjo y cobró sentido en las décadas del sesenta y el setenta. Sus primeros trabajos quedaron asociados a Fernando "Pino" Solanas y Octavio Getino, con quienes formó el Grupo Cine de Liberación (GCL). En el año 1968, fue el asistente de Dirección de "La hora de los hornos", película que, como señala una crónica periodística, "fue saludada como la expresión cinematográfica de una resistencia política". Juan José Hernández Arregui, el recordado autor de la "La formación de la Conciencia Nacional", en referencia a esa obra expresó: "es un documento trágico y una de las primeras manifestaciones de un cine nacional, popular y de masas, es propaganda en movimiento". Poco después (1971) fue el camarógrafo de la ya mítica "Actualización Doctrinaria para la toma del poder". Este documental del GCL, estaba destinado a las jóvenes bases del movimiento peronista, para que estas pudieran elaborar y discutir a partir de las reflexiones de su máximo dirigente, el marco político y doctrinario que permitiera el retorno de las mayorías populares al poder en la Argentina. Este material fue prohibido por la dictadura. Pero a pesar de esto fue ampliamente exhibido en forma clandestina en sindicatos, casas de familia, subsuelos de iglesias, reuniones de militantes barriales y de agrupaciones estudiantiles. Vallejo filma su primer documental "El camino hacia la muerte del Viejo Reales" en 1968. En él participaron trabajadores del Ingenio Santa Lucía, y debió ser terminado en Italia por las presiones ejercidas por la dictadura del general Alejandro Lanusse. El cineasta tucumano deja su sello al reflejar las míseras condiciones de vida del trabajador azucarero de su provincia. Dice Vallejo respecto de esta película en una entrevista que se publicara en la revista "Canto Maestro" de la CTERA, y de la que trascribiremos varias de sus intervenciones. " La mirada interior, desde el alma, que guiaba la cámara de "El camino hacia la muerte del viejo Reales", era el amor y la felicidad de compartir con una familia desamparada, humillada y ofendida, un destino común, y la certeza de que lo revolucionario era eso, que ellos fueran protagonistas de una película". "Perón lo había dicho", agrega el tucumano, "...estar junto al pueblo que nos ofrece su misteriosa creatividad y lo convierte a su vez en testigo inapelable". Desde la pantalla el viejo Reales se hace cargo de aquellas palabras al decir en la primera escena del film con voz lenta y segura, "Yo me llamo Ramón Gerardo Reales, del pago de San José, a mí me dicen el Negro y yo tengo muchas cosas que contarles a mis amigos porque no puedo ocultar yo eso".Este primer largometraje fue ampliamente elogiado: "El asesinato de un Viejo que no tenía un peso en el bolsillo (...) llega a convertirse en un film que tiene un significado político para todo un país, para todo el mundo, diría", manifestó el crítico italiano Callisto Cosulich. "Es un experimento sociológico de gran importancia", apuntó "L'Osservatore Romano". Una vez más la dictadura intentaba acallar la voz de los artistas populares, el documental fue prohibido, pero no obstante, el fervor militante y las ansias de formación y el compromiso con el pueblo explotado hicieron circular copias clandestinas, hasta que en 1973 un decreto del presidente Juan Domingo Perón instruye la recuperación del original para los argentinos. Entre 1972 y 1974 desarrolló una serie de 24 cortometrajes, producidos por la Universidad Nacional de Tucumán y la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA), titulados "Testimonios de Tucumán". Sobre ellos diría Vallejo, " ... fueron las mejores películas que realicé". Estos documentales se difundieron por la televisión local, obteniendo una fuerte repercusión, "Se paralizaba todo Tucumán cada viernes a la noche en que se emitían y luego eran tema de discusión y análisis en todas las escuelas y los lugares de trabajo" Hoy los argentinos no podemos acceder a esos documentos reveladores. Los originales y sus copias fueron destruidos por la dictadura militar El 23 de diciembre de 1974 una bomba estalló en el frente de la casa de sus padres. El atentado, con mucho aroma a triple A, tenía como objetivo impedir que se produjeran y difundieran, con éxito popular para colmo, este tipo de materiales. La permanencia de Vallejo en Tucumán se vuelve insostenible y decide abandonar el país. Primero estuvo en el Panamá de Omar Torrijos donde filmó los documentales; " Ligar el Alfabeto a la tierra", "Bayano Prioridad uno", Unidos o Dominados" y " Compadre vamos pa´ lante", protagonizada por el mismo General Torrijos. Fue durante su exilio en este país centroamericano donde lo sorprende el golpe militar en la Argentina y la noticia del asesinato de Atilio Santillán, Secretario General de la FOTIA. Vallejo el cineasta y militante popular de honda sensibilidad, recordaría que frente a la noticia de la muerte de su amigo y compañero, " ...mi alma se derrumbó por un abismo y encerrado en mi dormitorio lloré hasta la noche " Posteriormente partió hacia España, donde filmó "Reflexiones de un salvaje" (1978) y escribió el libro "Un camino hacia el cine". Allí, además, fundó la Escuela de Cine de Madrid y produjo documentales para Televisión Española.
A su regreso al país, con la recuperación de la vida democrática, Vallejo realiza su tercer largometraje, "El rigor del destino" (1985), protagonizado por Carlos Carella. Dice Vallejo, "La primera secuencia de esa película, es una metáfora sobre el golpe militar del 76, en la que dos hombres persiguen, enlazan y encierran en una jaula los perros de un pueblo tucumano mientras en la banda de sonido se escucha el primer comunicado de la Junta Militar que legaliza el Terrorismo de Estado".Diez años más tarde retorna "Con el alma", película que contó con la actuación de Alfredo Alcón y Lito Cruz. Su trabajo como documentalista de alma y ojos preparados para capturar la realidad y devolverla convertida en testimonio no cesa. Así lo demuestran títulos como: "La Dignidad que Conquistamos" inspirada en la Marcha Blanca de CTERA, Los Astronautas del Socavón"," Los Caminos Del Río, "Así También Los Matan".El año pasado, Vallejo nos dejó su obra "Martín Fierro, el ave solitaria", un viejo sueño que comenzó a tomar forma durante su exilio madrileño. En vida, Vallejo fue reconocido por Leonardo Favio al dedicarle, entre otros, su trabajo "Perón, sinfonía de un sentimiento". En su despedida, otro amigo y compañero, Fernando "Pino" Solanas lo recordó como "uno de los grandes compañeros y hermanos de aquel cine de resistencia y combate" y como "un tipo muy generoso, de enorme sensibilidad con la gente y un extraordinario documentalista que se ligó al cine social de la identidad nacional profunda". Vallejo, miraba la realidad y la reflejaba maravillosamente en sus trabajos, por eso no solamente nos ha legado poesía fílmica, dura y comprometida. Nos ha dejado también testimonios centrales que nos sirven a todos para no olvidar, para mantener viva la memoria. Para decirlo en sus propias palabras; "... yo en cine nunca inventé nada, todo estaba, existía en la realidad o en la memoria del pueblo, y mi tarea era ordenarlo, sintetizarlo y expresarlo". Y vaya si lo hizo. Es por ello, Sr. Presidente, que solicito la aprobación del presente proyecto, que reproduce el presentado el pasado 14 de febrero con Expediente D-7538.
FILMOGRAFÍA DE GERARDO VALLEJO :
"Olla Popular", cortometraje de cuatro minutos - 1968. -
"El Camino hacia la muerte del Viejo Reales", largometraje - 1968/1971.-
"Testimonios de Tucumán", serie de 24 cortometrajes 1972/1974-
"El Golpe Militar en la Argentina " Programas Especiales, (5 capítulos de 1 hora de duración cada uno) producidos por la RAI, Roma - 1975/1976.-
"Ligar el Alfabeto a la tierra", "Bayano Prioridad uno", "Unidos o Dominados", "Compadre vamos pa´ lante", documentales, Panamá - 1975. -
"Reflexiones de un salvaje", largometraje filmado en España - 1978. -
"El Rigor del Destino", largometraje, Tucumán -1985/ 89. -
"La Dignidad que Conquistamos", documental, Argentina - "Con el alma", largometraje - 1993/1994.
"Martín Fierro", largometraje, Argentina - 2006.

domingo, 19 de agosto de 2007

¡Ah, Pinter! Cul de sac, de Roman Polanski


Escribe: Julio H. Diz
Llega 1966, y Roman lanza con "Cul de sac" un nuevo reto a la ortodoxia de los géneros al situarse entre Kafka y el teatro del absurdo, en un marco situacional tomado de la comedia británica y protagonizado por una joven ninfómana, su marido y unos gánsters intrusos en su mansión. Por vez primera, sin renunciar a su habitual situación de tensión psicológica y de suspense, Roman Polanski ironiza aquí a los personajes, según el humor expresionista arraigado en la cultura polaca. Gerard Brach y Roman han escrito una comedia negra sobre tres personajes, condenados a una estrecha proximidad en condiciones de aislamiento: un estudio sobre la neurosis, con las convenciones del "thriller" invertidas.
Una de las diferencias que saltan a la vista es el gran salto dado por Roman en el dominio de su medio. La llave de todo ya no es la simplicidad. "Cul de sac" tiene una textura visual extraordinariamente densa, y el grandioso emplazamiento del escenario y las peculiaridades humanas de la relación central del film son explotadas a fondo. En conjunto, se trata de una creación más compleja que "El cuchillo bajo el agua", con ecos del mundo exterior que constantemente penetran en el castillo, afectando la mutación de relaciones que se producen dentro de él. El mecanismo básico que activa esas relaciones parece ser el mismo: las relaciones de poder en una micro-comunidad de tres, con la llegada del extraño poniendo en marcha una teatral exhibición de los recursos un tanto parcos de todos ellos, hasta que caen en el molde preconcebido de la arquetípica dependencia amo-esclavo. De todos modos existe un cambio evidente en la motivación psicológica de los personajes, menos influenciados por los factores sociales y más sometidos a las peculiaridades y costumbres individuales y temperamentales.
¡Ah Pinter!, exclamo, husmeando como un sabueso el fuerte aroma de "Cul de sac". Pero recordemos las raras y elípticas conversaciones de "El cuchillo bajo el agua" y nos preguntamos si Polanski no era ya entonces el Pinter polaco, pues, como el inglés de Pinter, es tan peculiar que, en cuanto es traducido, ya suena distinto. Todo lo demas es típico de Polanski, en este caso, el film se abre sobre el camino que se alarga hasta perderse de vista, a cada lado del cual hay enormes extensiones de arena, y a lo lejos divisamos a un coche que avanza lentamente. Luego resulta que el coche está siendo empujado por un gánster llamado Dicky (Lionel Stander), cuyo colega, Albie (Jack McGowran), se halla sentado al volante, mortalmente herido. Después se descubre que el camino es un paso que se inunda con la marea alta, y Albie quedará atrapado en mitad del oceano, gritando irritado: ¡tengo un problema! a los espacios vacíos. Entretanto, en una incursión exploratoria, Dicky descubre un castillo medieval, erguido en gótico aislamiento sobre extensas dunas y habitado por un hombrecillo calvo y apocado y su atractiva esposa francesa, (Donald Pleasence y Francoise Dorleac), a quienes mantiene atemorizados con su pistola mientras "esperan a Godot". La referencia a Becket es explícita -Katelbach, el jefe de los gángsters a quien Dicky pide ayuda, no llega jamás a presentarse-, y en cierto momento de su delírio, Albie declara: "ya no nos quiere", aunque me parece un tanto fuera de lugar en un film cuya principal preocupación es el replanteamiento, en distintos términos, del triángulo de "El cuchillo bajo el agua".
La situación se plantea con un verdadero alarde de economía: la llegada del coche; el desolado jardín ocupado por las gallinas, el marido peleando sin ningun éxito con una recalcitrante cometa y entreteniendo a los vecinos mientras su mujer hace el amor con un joven fingiendo en su salida que pesca almejas. "¿no has pescado más que cinco almejas?", comenta después Pleasence con hambrienta indignación. A continuación una rara secuencia de juegos secretos en la que el marido, interrumpido por la nocturna incursión de Dicky, termina bajando las escaleras vestido con un camisón de nylon y los ojos intensamente maquillados para un humillante cara a cara del que su dignidad ya no logrará recuperarse.
La áspera relación de este raro trio está espléndidamente construida como un círculo vicioso constantemente a punto de deshacerse con un desastre: el coqueteo de la esposa con el gángster; sus abusos, son recibidos por aquel con hostil indiferencia, lo cual provoca en el marido renovados esfuerzos de autoafirmación. Mientras ella va a darse un baño en el mar, Dicky escucha con hosca comprensión y murmura: "son todas unas putas", mientras el marido se comporta histéricamente, sollozando su amor: "es... una niña, una niña traviesa", "no lamento nada". Lo cual suena identico a como sonaría una maldición. Pero esta alianza sólo será temporal, nacida de la incomodidad y la tensión, y se rompe tan pronto sale el sol y vuelven a existir esperanzas de que llegue Katelbach.
Los actores, cuyo papel no es fácil en esta especie de comedia de costumbres "outre", se desenvuelven con tal maestría que resulta difícil destacar a cualquiera de los cuatro interpretes. De todos modos, la interpretación de Donald Pleasence es un sorprendente "tour de force"; sólo viéndole tirar al aire con fingida despreocupación un par de huevos, equivale a contemplar una tragicomedia completa en cuatro actos sobre el hombre a quien su cuerpo ya ha empezado a traicionarle. En cuanto al maravilloso escenario que Polanski ha encontrado en la Holy Island de Northumberland, lo único que podemos decir es, ¿porqué los realizadores británicos no tienen más ocurrencias geniales como ésta?.
A proposito de Cul de Sac...
Tres años después de haber escrito el guión, Gerard Brach y Roman Polanski consiguen finalmente ver cerrado el trato, a Roman le ofrecen, honorarios de director por valor de diez mil libras esterlinas.
Holy Island, resulta ser el lugar ideal. Aislado de tierra firme por el mar durante muchas horas y rodeado por vastas extensiones de duras terrazas de arena durante la marea baja, posee incluso un castillo que se puede utilizar como estudio principal.
Tomando como punto de referencia unos bocetos que Roman hace, Maude Spector (Directora de reparto), elige rapidamente a Donald Pleasence para el papel de George, el marido cobarde y afeminado.
Para el papel de Dicky, el gángster fanfarrón, resulta más dificil encontrar a un actor apropiado. Lo que se necesita realmente es un tipo como Wallace Beery. A veces piensa Roman que si el film lo financiára una compañia norteamericana, podrían contratar a Rod Steiger. Los actores británicos de estas caracteristicas son muy escasos. Pero Roman un día ve en televisión, al actor norteamericano Lionel Stander, (reconocible en la argentina, por su papel de mayordomo, de la serie "Los Hart"), su aspecto y su manera de hablar resultan adecuados y en seguida Roman se pone en contacto con él. Stander había abandonado los Estados Unidos por razones políticas y esta intentando abrirse camino en Londres. Viste con esmero, es un despilfarrador y vive allí -en Londres- esperando que le ofrescan algún importante papel cinematográfico.
Holly Island -llamada también Lindisfarne- es un extraño lugar habitado, segun se dice, por innumerables fantasmas. Esta situada en la región de Northumberland, Inglaterra, sobre el límite de Escocia y el mar del norte, costa oriental. Su minúscula comunidad de habitantes endogámicos -formada por menos de trescientos individuos: pastores de ovejas, pescadores, cazadores furtivos y salvadores de náufragos- no es partidaria de que los forasteros se queden allí más de uno o dos días. La isla tiene una pequeña fábrica de miel y no menos de seis bares que permanecen abiertos todo el día, las veinticuatro horas.
Donald Pleasence es el actor de mayor experiencia en el film, tiene el papel central y sin embargo parece querer desplazar a todos los demás. Acapara la cámara con una serie de ingeniosos métodos. Pleasence, un hombre con quien no siempre es fácil tratar o estar, a pesar de su sobresaliente talento, desprecia al resto de los actores y es sutilmente ruin con ellos. Lo pone a Roman, ante un hecho consumado, al afeitarse arbitrariamente la cabeza antes de la filmación. Si bien esto le da un efecto adicional a su actuación, le molesta que no le haya consultado antes.
Francoise Dorleac, (hermana de Catherine Deneuve), es difícil a su manera. Llega a Holy Island con veinte valijas, y un chihuahua casi sin pelo, que ladra y muerde constantemente. Lo ha entrado de contrabando en Gran Bretaña dentro de su cartera. Sufre horrores durante sus periodos menstruales, lo cual la hace incapaz de trabajar durante varios días. Aburrida y desdichada, tanto Stander como Pleasence, le caen mal desde el principio. Francoise es demasiado francesa como para unirse a las rondas de "pub" que son la única forma de entretenimiento después del trabajo. Para ella los habitantes de Holy Island son primitivos bárbaros, y se opone violentamente a la conducta del gallo que ha sido especialmente importado para la película junto con su harén de gallinas. Se la pasa espantándolo con una escoba cada vez que las picotea o copula con ellas.
El problema de Lionel Stander es su extremado parecido con el personaje de Dicky. En la vida real, como en "Cul de sac", es un fanfarrón, un matón y un charlatán empedernido que necesita ser constantemente el centro de la atención, al principio a Roman y su equipo, les hace gracia, pero al final, se hartan de oír por enésima vez las mismas historias, y el sonido de sus roncas risotadas.
Ficha tecnica
Producción: Gene Gutowski
Dirección: Roman Polanski
Producción ejecutiva: Sam Waynberg
Guión: Roman Polanski y Gerard Brach
Traducción al inglés: John Sutro
Interpretes:
Donald Pleasence (George)
Francoise Dorleac (Teresa)
Lionel Stander (Dicky)
Jack McGowran (Albie)
Ian Quarrier (Christopher)
Geoffrey Houston (padre de Christopher)
Renee Houston (madre de Christopher)
Robert Dorning (Philip Fairweather)
Marie Kean (Marion Fairweather)
William Franklyn (Cecil)
Jacqueline Bisset (jacqueline)
Trevor Delaney (Horace)
Ayudante de dirección: Ted Sturgis y Roger Simons
Dirección de fotografía: Gilbert Taylor
Operadores: Geoffrey Seaholme y Roy Ford
Mezclador de sonido: George Stephenson
Continuidad: Dee Vaugham
Foto fija: Laurie Turner
Sonido: David Campling
Reparto: Maude Spector
Maquillaje: Alan Brownie
Peluquería: Joyce James
Vestuario: Bridget Sellers
Supervisor de sonido: Stephen Dalby
Efectos especiales: Bowie Films Ltd.
Dirección de producción: Don Weeks
Control de producción: Terry Glinwood
Dirección artistica: George Lack
Diseño de producción: Voytek
Montaje: Alistaire McIntyre
Supervisor de producción: Robert Sterne
Música: Christopher Komeda
Julio H. Diz, noviembre 1991