Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 17 de noviembre de 2015

Estrellas en el cielo: June Allyson (1917-2006)

  • Miguel Ángel Palomo 


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    Más de cinco décadas abarca la carrera cinematográfica de la actriz June Allyson, quien conoció sus máximos momentos de esplendor durante los años cuarenta y cincuenta. Allyson murió el pasado sábado en su hogar de Ojai, California, a los 88 años, a causa de una insuficiencia respiratoria. Su sonrisa dulce y la luminosidad de su rostro forman parte incombustible del recuerdo de muchas generaciones de cinéfilos y su talento como bailarina, cantante y actriz de sólidos recursos marcan una de las etapas más importantes de la Metro Goldwyn Mayer a lo largo de la década de los años cincuenta.

    June Allyson nació el 7 de octubre de 1917 en el Bronx, Nueva York, y sufrió una infancia más que difícil, marcada por la ausencia de su padre, divorciado de su madre, y encerrada en la pobreza de su barrio. De niña, también hubo de hacer frente a un accidente de bicicleta que provocó que pasase cuatro años con su espalda envuelta en un refuerzo de acero. El deporte de la natación salvó su cuerpo, siempre frágil, y propició que pudiera desarrollar su amor por el baile, nacido de su pasión por las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers.


    Después de la escuela preparatoria, su presencia era constante en concursos y pruebas teatrales, hasta que logró su primer papel en Broadway en 1938, con 21 años, en el musical Sing out the news. Tras varios trabajos en los coros de numerosas obras, la oportunidad se presentó cuando fue empleada como suplente de Betty Hutton en Panamá Hattie. Su labor impresionó de tal modo al productor y director John Abbot, que la contrató para su musical Best foot forward.

    La carrera de June Allyson se asentaba y su talento comenzaba a llamar la atención. Nunca fue la mejor cantante; tampoco una excepcional bailarina; pero se desenvolvía en ambos terrenos con pericia más que notable y guardaba en su interior una actriz de notoria solvencia que explotaría pronto.

    La Twentieth Century Fox le ofrece un contrato gracias al cual participa, durante varios años, en un puñado de modestas películas de segunda fila que preparan el terreno para la llegada de Two girls and a sailor, su primer éxito popular, ya bajo contrato con la Metro -en la que permanecería 11 años y para la que rodaría 25 películas- y a las órdenes del gran Richard Torpe. Una obra que supuso su encuentro con el actor Van Johnson, con quien llegaría a coincidir en cuatro filmes más.

    Durante los años cuarenta, June Allyson afirmaría su presencia en las pantallas, siempre con personajes agradecidos que permitían su lucimiento musical, y trabajó con muchos de los grandes en títulos como Dos hermanas de Boston (1946), de Henry Koster, junto a Peter Lawford o la biografía del pionero de Broadway Jerome Kern, Hasta que las nubes pasen, donde coincidió con un extraordinario elenco en el que se encontraban Frank Sinatra, Robert Walker, Van Heflin y Judy Garland, desde entonces amiga personal de Allyson.




    Los años cincuenta suponen un giro en su carrera como actriz: tras liderar la memorable versión de Mujercitas que dirigiese en 1949 Mervyn LeRoy, en la que se convertía en la más entrañable Jo March que se haya visto en la gran pantalla, una June Allyson treintañera decide dejar de lado su imagen juvenil para convertirse en la esposa cinematográfica con la que soñaban todas las madres americanas.



    De hecho, ella misma se reconocía feliz por dejar atrás su lado musical, como reconocía en 1951 con excesiva modestia: "No sé bailar y no sé cantar; el señor Richard Rodgers siempre me libraba de ser despedida".

    Dos grandes películas junto a James Stewart la encumbran definitivamente y permiten que muestre su ductilidad como actriz: la biografía de Glenn Miller Música y lágrimas (1953) y el drama militar Strategic air command (1955), ambas dirigidas por el maestro Anthony Mann. Su registro actoral como amante y fiel esposa se mantendría en títulos como La torre de los ambiciosos (1954), junto a William Holden, y The McConnell story, en compañía de Alan Ladd; no obstante, y pese a lo prefabricado de muchos de sus personajes, Allyson los encarnaba con una dignidad especial, los engrandecía, los llenaba de vida como sólo las grandes estrellas y las grandes actrices pueden hacerlo.
    "Las mujeres se identificaban conmigo", aseguraba en una entrevista en 1986, "y aunque los hombres deseaban a Cyd Charisse era a mí a quien querían encontrar al llegar a casa". Lástima que su talento quedase encasillado hasta el punto de provocar la indiferencia del público cuando aceptó interpretar a mujeres más oscuras, como la dura, desagradable y arpía esposa de José Ferrer en The shrike (1955).

    Obediente siempre, renunció a explorar otros territorios como actriz, aunque en ocasiones supiese mostrar una cara rebelde, como cuando desafió al propio Louis B. Mayer al anunciar su compromiso matrimonial con la estrella Dick Powell, por entonces casado con Joan Blondell. Allyson permanecería casada con Powell hasta la muerte de éste, en 1963, a causa de un cáncer.
    En los años sesenta, su ritmo de trabajo descendió notablemente, aunque incluso regresó a las tablas de Broadway para reemplazar a Julie Harris en la obra 40 carats. Los años setenta y ochenta son años televisivos para June Allyson, como para la mayoría de las estrellas clásicas del viejo Hollywood. Ese Hollywood a la que ella contribuyó a impulsar y a engrandecer. Allyson siempre permanecerá en el corazón de quienes aman el cine clásico.

     Filmografia

  • That's Entertainment! III (1994)
  • The Kid With the Broken Halo (1982)
  • Blackout/Blackout (1978)
  • Vegas (1978)
  • Three on a Date (1978)
  • Curse of the Black Widow (1976)
  • Letters From Three Lovers (1973)
  • They Only Kill Their Masters /Sólo matan a sus dueños (1972)
  • Stranger in My Arms (1959)
  • My Man Godfrey /Un mayordomo aristócrata (1957)
  • Interlude /Interludio de amor (1957)
  • The Opposite Sex (1956)
  • You Can't Run Away From It (1956)
  • Strategic Air Command (1955)
  • The McConnell Story (1955)
  • The Shrike (1955)
  • Executive Suite /La torre de los ambiciosos (1954)
  • The Glenn Miller Story /Música y lágrimas (1954)
  • Woman's World /El mundo es de las mujeres (1954)
  • Battle Circus (1953)
  • Remains to Be Seen (1953) 
  • The Girl in White (1952)
  • Too Young to Kiss (1951)
  • The Reformer and The Redhead (1950)
  • Right Cross (1950)
  • Little Women /Mujercitas (1949)
  • The Stratton Story (1949)
  • The Three Musketeers /Los tres mosqueteros (1948)
  • Words and Music (1948)
  • The Bride Goes Wild (1948)
  • Good News (1947)
  • High Barbaree (1947)
  • Two Sisters From Boston /Dos hermanas de Boston (1946)
  • The Secret Heart /Desconfianza (1946)
  • The Sailor Takes a Wife (1945)
  • Her Highness and The Bellboy (1945)
  • Two Girls and A Sailor (1944)
  • Meet the People (1944)
  • Music for Millions /Al compás del corazón (1944)
  • Best Foot Forward (1943)
  • Girl Crazy (1943)
 Extraído de http://elpais.com/diario/2006/07/12/agenda/1152655206_850215.html
 https://es.wikipedia.org/wiki/June_Allyson

jueves, 12 de noviembre de 2015

"A los Estados Unidos no les gusta mirarse".



Tras siete años sin dirigir, regresó detrás de cámaras en “Leones por corderos”. El film –en el que también actúa, con Meryl Streep y Tom Cruise- analiza la política bélica norteamericana.

 


Por David M. Halbfinger, para The New York Times y Clarín

Robert Redford llega a las oficinas de Leones por corderos empapado luego de correr un mediodía por el Napa Valley. Es una buena preparación, ya que seguramente va a tener unos meses muy candentes. Está dando los últimos toques  a su película más política desde “Todos los hombres del presidente” y se dispone a la pelea.

Como si quisiera prepararse para la batalla, Redford colgó columnas de opinión que condenan al gobierno de Bush en una cartelera de la casa que alquiló y convirtió en centro de posproducción. “El perfil de un cobarde”, es uno de los títulos. “Esta vez no digan que no estábamos sobre aviso”, dice otro.

En una hoja amarilla se leen en mayúsculas las palabras “Frustración, responsabilidad y tristeza” de su puño y letra. Es un recordatorio, un resumen de los temas del film. Pero Redford hace una mueca cuando le pregunto sobre la nota. “Tal vez se podría eliminar tristeza”, sugiere. “Eso asusta al público y lo aleja”.


De todas maneras, agrega, “me parece muy triste.”

Redford, que tiene setenta y un años, (en el momento del rodaje), generó muchas expectativas con Leones por Corderos, a pesar de que la misma contó un presupuesto modesto de 35 millones de dólares. La película es la primera que protagoniza Tom Cruise desde su racha de mala prensa y su salida de Paramount el año pasado. Es la primera de United Artists desde que Cruise y su socia, Paula Wagner,  se hicieron cargo del sello. Y es el primer trabajo como director de Redford desde la decepcionante “Leyendas de vida”, del año 2000. Tendrá que estar a la altura de sus estrellas, entre las que se encuentran el propio Redford y Meryl Streep, cuya presencia ya da lugar a especulaciones sobre las posibilidades de la película de alcanzar el Oscar.

Por otra parte, a Redford le preocupa que su película se vea injustamente agrupada con varias películas de guerra que se estrenan en estos días. “Quería decirle al estudio que no la convirtiera en algo sobre la guerra –dice-. No es sobre eso. La guerra es el catalizador, pero no es el tema. Es algo más importante.”

El guión de Matthew Michael Carnahan (que también escribió “The Kingdom”), relaciona tres confrontaciones: un senador republicano (Cruise) trata de venderle una nueva estrategia para la guerra de Afganistán a una persona escéptica de Washington (Streep); un profesor universitario (Redford) trata de alentar a un estudiante de ciencias políticas talentoso pero reticente (Andrew Garfield); y dos soldados (Derek Luke y Michael Peña) intenta sobrevivir a un enfrentamiento en una montaña de Afganistán.



Si “El candidato”, la crítica de 1972 a las campañas políticas, terminaba con el personaje de Redford preguntando, “¿Qué hacemos ahora?”, “Leones por corderos” hace una pregunta diferente pero con mucha más insistencia: “¿Cómo llegamos aquí?”

“Lo que me atrajo fue pensar  cuales son los factores ocultos que nos llevan al mismo lugar una y otra vez –dice-. Hay patrones de conducta que siempre nos salieron muy caros y que ahora nos cuestan mucho más, nos cuestan todo vestigio de respeto que hayamos tenido en el mundo. Cuando analizo mi época, cuando recuerdo el macartismo, y luego Watergate, el escándalo Irán-contras, y ahora esto… Si se analiza todo eso se ve que hay un hilo común. La misma sensibilidad: “Todo pasa por ganar”. El poder. Y las consecuencias son cada vez de mayor magnitud”.

La película juzga con severidad a los políticos, los periodistas, los grupos mediáticos, los jóvenes. En definitiva, a todos, excepto a quienes se ofrecen como voluntarios para luchar por su país.

“Se puede decir que esto relaciona diferentes cosas que hice a lo largo de mi carrera”, señala Redford. Menciona “El candidato”, su clásico político; “Todos los hombres del presidente”, que inspiró a una generación de periodistas; y el thriller de espionaje “Los tres días del cóndor”. “También están las películas sobre el poder del engaño, como “Quiz Show”, agrega.

Redford declara que hace mucho tiempo que quería hacer una película sobre la politización de las universidades, “sobre un profesor que no fuera ortodoxo y que se opusiera al poder en una institución convencional.”

La idea que se convirtió en “Leones… se le ocurrió a Carnahan, el guionista, hace un año, un día estaba haciendo zapping en busca de un partido de fútbol. “Había estado pensando en que ridícula era la guerra y en cómo habíamos podido elegir a un tipo que no se preocupaba por leer una historia militar antes de iniciar no una sino dos guerras, cuando lo peor que se puede hacer es librar una guerra en dos frentes”, recordó Carnahan, que tiene 34 años. “Encontré una nota de la CNN sobre cuatro o cinco soldados que se había ahogado cuando su camioneta había caído al Tigris y pensé: “Dios mío, qué manera horrible de morir.” Luego seguí haciendo zapping porque quería encontrar el partido”.

“Esa noche me di cuenta que soy tan hipócrita como la gente de nuestro país que no soporto –agrega-, la clase de gente que saltea las noticias para llegar a los chimentos. Eso se convirtió en “Leones por corderos”. Fue mi forma de exorcizar eso, de expresarlo y de ver si tenía algún eco.”

El proyecto puede haber establecido un nuevo récord de velocidad. La agencia CAA lo adoptó y pronto lo llenó con sus clientes: Streep, Redford y Cruise, que buscaba una nueva película para iniciar su nueva incursión en la dirección del estudio United Artists. “Es el cronograma más exigente con el que trabajé”, dice Redford: apenas un año entre el anuncio y el estreno.

Redford trabajó con Carnahan en el ajuste del guión, para “lograr que las palabras tuvieran la mayor fuerza posible despojándolas de todo adorno.” Carnahan señaló que ese trabajo “no puede hacerse sin desplegar los argumentos que supongo tienen lugar en la vida real, en las oficinas del Congreso y de los diarios, así como en combate.”

Para Redford, la película es “sobre los que nos sirven y los que elegimos”. Pero afirma que le preocupa que “a los Estados Unidos no les gusta mirarse.”

Como era previsible, algunos bloggers conservadores calificaron la película de antiestadounidense, infiriendo que el personaje de Cruise tendrá que ser el villano para adaptarse a los puntos de vista liberales de los realizadores. “Estoy preparado para las malas interpretaciones –señala Redford-, pero habría sido lo más fácil del mundo convertirlo en un villano que se alisa los bigotes y simplemente disfrutar con su caída. Sin embargo, pensé: “No. Hay que darle un lugar legitimo en la historia”.

El senador de Cruise asesta algunos de los golpes retóricos más poderosos de la película. “Cuanto mejor es, más atemorizador resulta”, dice  Redford. “Tiene que haber una similitud con lo que vivimos los últimos seis años: doble discurso, no contestar preguntas de forma directa, todos esos elementos de manipulación. Pero mejor.”

Redford comenta que vaciló en dirigir la película, pero que le gustó el papel que interpretó y que disfrutó lo que llama el duelo entre profesor y alumno. Para el papel del estudiante –un papel que “sin duda habría interpretado cuando empecé”- buscó en vano una cara nueva estadounidense antes de decidirse por Garfield, un actor de teatro británico a cuyo acento contribuye que es hijo de un estadounidense. “A Bob (Redford) le gusta estar seguro de todo”, declaró Garfield, que agregó que por momentos el duelo actoral le resultó aterrador.

Garfield agregó que durante la producción experimentó algo así como un despertar político. Leía a Noam Chomsky entre una toma y otra. Ahora, con la vehemencia propia de sus 24 años, agrega: “Espero que la película sirva como un llamado a las armas para mi generación”. Las expectativas de Redford en relación con la película no son tan ambiciosas. "Lo único que espero es que la gente piense –dice-. Que la película entretenga de forma tal de hacer a la gente pensar.”

Traducción: Joaquín Ibarburu

Extraído de Diario Clarín, sección Espectáculos, martes 13 de noviembre de 2007.

 

martes, 3 de noviembre de 2015

Pequeños grandes films: Los duelistas, de Ridley Scott.

por Fernando Cuesta e Iván Suárez Martínez



Ficha Técnica:

Titulo original: The Duellists. 
Año: 1977. 
País: Inglaterra. 
Duración: 96 min. 
Director: Ridley Scott. 
Guión: Gerald Vaughan-Hughes basado en el relato de Joseph Conrad. 
Producción: David Puttnam. 
Fotografía: Frank Tidy. 
Música: Howard Blake. 
Montaje: Pamela Power. 
Diseño de producción: Peter J. Hampton. 
Reparto: Keith Carradine (D’Hubert), Harvey Keitel (Feraud), Albert Finney (Fouche), Edward Fox (Coronel),Cristina Raines (Adele), Robert Stephens (General Treillard), Tom Conti (Dr. Jacquin), Diana Quick (Laura). 

Sinopsis: 

Durante las Guerras Napoleónicas, dos oficiales de Caballería del ejército francés, dos húsares llamados Gabriel Feraud (Harvey Keitel) y Armand D´Hubert (Keith Carradine), se enzarzan en un duelo intermitente e interminable que recorre distintos lugares de Europa, siguiendo el avance y el retroceso de las tropas del Emperador. Su rivalidad llega a convertirse en una auténtica leyenda, aunque ellos ya casi no se acuerdan del motivo de sus enfrentamientos, que una vez derrotado Napoleón van a continuar, esta vez de nuevo en territorio galo

Crítica: 

“Los Duelistas” es una de las grandes óperas primas de la historia del cine, uno de esos Debuts soñados, que sitúan a un cineasta en la Pole Position de la profesión, preparado para hacer un carrerón, aunque en este caso Ridley Scott haya ido de más a menos, por mucho que sus películas siempre concitan interés y expectación, y a veces incluso consiguen resultados más que notables. 


Tal vez sin el cercano precedente de “Barry Lyndon” (íd, Stanley Kubrick, 1975) no se hubiera hecho “Los Duelistas” o se hubiera hecho más tarde. Pero es evidente que la película del cineasta neoyorquino abrió el camino para este tipo de historias de época, con una reconstrucción tan fidedigna que incluye una novedosa iluminación naturalista, a la luz de las velas, aunque el film de Scott no sea tan purista en ese sentido como el de Kubrick, y en los interiores imite esa tenue luminosidad recurriendo a medios artificiales. Resulta curioso hacer notar que “Los Duelistas” supone un debut cinematográfico bastante tardío para su realizador, que contaba entonces con casi cuarenta años de edad. Pero todo tiene su explicación.


Había nacido Scott el 30 de noviembre de 1937, en South Shields, Tyne y Wear (Inglaterra), hijo de un coronel del ejército británico. Estudió en el “Royal College of Art”, de Londres, donde colaboró en la creación del “Departamento de Cine”. Y de hecho, en 1962 hizo sus pinitos detrás de la cámara, filmando un interesante cortometraje en 16 mm. titulado “Boy and Bicycle”, protagonizado por su hermano Tony (1944-2012), posteriormente también un conocido cineasta. Trabajaría más adelante para la BBC, pero donde va a forjarse una brillante carrera va a ser en el mundo de la publicidad, llegando a dirigir unos dos mil anuncios para la televisión, que se dice pronto. Forma parte, pues, de una generación de realizadores que llegaron al cine procedentes del medio publicitario, y en la que figuran gente como Alan Parker, Hugh Hudson o Adrian Lyne.


Casi quince años después de aquella primera experiencia cinematográfica realizada durante su etapa formativa, Ridley Scott deseaba ardientemente dirigir un largometraje, y a tal efecto eligió una historia que era ya de dominio público, pues no deseaba pagar derechos. Se trataba de “The Duel”, una novela corta escrita por Joseph Conrad y publicada en 1907. Conrad (1857-1924), a pesar de su origen -había nacido en la actual Ucrania, entonces parte integrante del Imperio Zarista – estaba considerado como uno de los mejores escritores en lengua inglesa, y el cine ya había adaptado dos de sus mejores obras, “Lord Kim” (íd, Richard Brooks, 1965) y “El Corazón de las Tinieblas”, que Francis Ford Coppola tenía entre manos en aquellos mismos momentos, y que daría como resultado “Apocalypse Now” (íd, 1979). 


Scott le envío la novela al guionista británico Gerard Vaughan-Hughes, y a este le encantó la idea, sumándose al proyecto. Y una vez con el guión en su poder, va a contactar con la Paramount, para tratar de convencerles de que financiasen su película. Al estudio le gustó también la idea, pero puso e impuso sus condiciones. Scott había pensado en Michael York y Oliver Reed para los dos papeles protagonistas, ya que ambos eran consumados espadachines, tal como habían puesto de manifiesto en “Los Tres Mosqueteros” (The Three Musketeers, Richard Lester, 1973), pero los ejecutivos de la Paramount tenían otros planes, y le dieron a Scott los nombres de cuatro actores norteamericanos que les interesaba lanzar al estrellato. Y el británico escogió a dos de ellos, Harvey Keitel y Keith Carradine. 


Harvey Keitel (1939) había destacado en algunas películas a las órdenes de Martin Scorsese, tales como “Calles peligrosas” (Mean Streets, 1973) y “Taxi Driver” (íd, 1976), mientras que Carradine (1949), hijo de John (1906-1988 ) y hermanastro de David (1936-2009 ), el protagonista de la serie televisiva “Kung-Fu” (1972-75), ya había aparecido en un par de títulos del prestigioso Robert Altman: “Ladrones como Nosotros” (Thieves like Us, 1974) y “Nashville” (íd, 1975). Ambos demostrarían encajar magníficamente en sus respectivos papeles, hasta el punto de que no podríamos concebir la película con otros intérpretes encarnando a Feraud y D´Hubert. 


“Los Duelistas” contó con un presupuesto de 900.000 dólares, bajo incluso para aquella época – el Staff técnico se compuso únicamente de 75 personas, y sólo hicieron falta tres camiones para transportar todo el equipo - y se rodó en el transcurso de un par de meses, a finales de 1976 y principios de 1977, en Londres, Escocia y sobre todo en preciosas localizaciones francesas, en la región de la Dordoña y la pintoresca localidad de Sarlat. Prácticamente llovió durante toda la filmación en tierras galas, pero Scott y su gente hicieron de la necesidad virtud, y lograron estupendas tomas, aprovechando las particulares condiciones de luz del lugar y de la estación. 


El cine, al igual que cualquier otra manifestación artística, es forma y fondo, y en ambos capítulos “Los Duelistas” alcanza una nota muy elevada. Siguiendo la pauta trazada un par de años antes por Kubrick, la película de Scott es de una deslumbrante belleza, de una belleza que podríamos calificar de pictórica, pues sus imágenes recrean a la perfección el espíritu de los lienzos de la época romántica, tanto las escenas costumbristas como el retrato o el paisaje, sin olvidarnos de un género tan típico de aquellos siglos como son las naturalezas muertas. Scott, como cineasta eminentemente visual, nunca defrauda, y el oficio empezó a aprenderlo con “Los Duelistas”.  Pero el valor de la película no se queda en lo meramente formal, sino que sabe trascender, y de qué modo, ese gran nivel estético. 


Asistimos a un duelo de caracteres, con espadas, sables y pistolas de por medio. A un contraste de personalidades que es también el reflejo de los enfrentamientos de clase que se produjeron durante el final del “Antiguo Régimen” y el advenimiento de las revoluciones burguesas. La película está narrada desde el punto de vista de D´Hubert, y su personaje nos resulta inevitablemente más simpático que el de su antagonista. Es un hombre sensato, tranquilo, razonable, noble, competente en su profesión militar y encantador en el trato social, alguien, en fin, predestinado a ocupar un lugar de privilegio en la sociedad, siendo recibido en los ambientes más selectos, relacionándose con los poderosos, mientras que Feraud - que es quien se hace el ofendido - es de temperamento irascible, puntilloso y pendenciero, más altanero, hosco y sombrío, inflexible y rencoroso.


Feraud es un bonapartista convicto y confeso. De hecho, su aspecto físico, su complexión y su manera de vestir en la madurez nos recuerdan enormemente a la figura del Emperador. D´Hubert, sin embargo, es en realidad un aristócrata reconvertido, alto y elegante, un hombre de modales mucho más refinados. Ha formado parte también de la Grande Armeé, pero es un personaje mucho más camaleónico y acomodaticio, que no tiene ningún problema para seguir medrando a la sombra de la restauración Borbónica que colocó en el trono de Francia a Luís XVIII, a diferencia de su rival, que se comprometió a fondo en el efímero Revival napoleónico de “Los Cien Días”, abortado en Waterloo, y purga sus pecados en forma de persecución, proscripción y miseria. D´Hubert, un hidalgo terrateniente, está hecho de la misma pasta que Talleyrand, aquel político ejemplarmente maleable que sirvió con eficiencia a todos los regímenes, mientras que Feraud es un hombre de una pieza, de extracción mucho más humilde y hecho a sí mismo, fiel hasta el fin a sus arraigadas convicciones. Por eso en sus duelos a través de una Europa asolada por la guerra no sólo se enfrentan dos formas de ser muy diferentes, dos talantes opuestos, sino también dos clases sociales antagónicas, aunque a la postre acabarán sellando una especie de pacto, porque desde mucho más abajo emergen fuerzas que tienen la vocación de cambiar drásticamente la historia. Pero en la película – con unos últimos planos impresionantes y bellísimos - parece que asistamos al triunfo de los D´Hubert, aunque luego en la realidad estos vayan a ser paulatinamente arrinconados.


“Los Duelistas” es también, por lo tanto, una preciosa lección de historia, un libro abierto que sabe comunicarnos con sencilla maestría todo el aroma de una época: La atmósfera de las moradas provincianas, los salones de té burgueses y los acantonamientos militares, con sus patéticas y peripatéticas soldaderas – al igual que en la Revolución Mexicana de los años 1910 – que siguen a la tropa allá donde va, vivaqueando con ella, lavándole la ropa, haciéndole la comida y calentando su catre. 


En el reparto, siempre en roles más o menos episódicos, aparecen algunos destacados intérpretes británicos. Como por ejemplo Albert Finney, quien según declaraciones de Scott intervino en la película a cambio de una caja de champagne francés, la actriz galesa Meg Wynn Owen, vista en la clásica teleserie “Arriba y abajo” (1971-75), Edward Fox, Robert Stephens o Tom Conti, así como una jovencísima Cristina Raines, entonces unida sentimentalmente a Keith Carradine. Y como curiosidad reseñar que el narrador, en la versión original, es el actor norteamericano Stacy Keach.


Entre los múltiples premios que obtuvo este film, Scott también fue galardonado en Italia con el “David di Donatello” de 1978 al Mejor Director Extranjero. Sin embargo la película tuvo una carrera comercial muy discreta. La “Paramount Pictures” no sabía muy bien qué hacer con ella, y la estrenó tan sólo en un puñado de salas estadounidenses. Hasta hace relativamente poco tiempo, y gracias a su edición en DVD, no ha conseguido recuperar la inversión inicial, a pesar de haberse convertido en un film de culto. Scott pudo hacerla en unas condiciones de casi total libertad – los de la “Paramount” prácticamente no asomaron la cabeza por el rodaje -, y su trabajo no pasó desapercibido.


De hecho, los productores de un nuevo proyecto de ciencia-ficción (Aún coleaba el enorme éxito de “Star Wars”), acabarían por ficharlo, tras fallarles varios posibles directores. Se trataba de pilotar una historia que se desarrollaba en el interior de una nave comercial interplanetaria, cuya tripulación -siete currantes que no se parecían nada a los astronautas convencionales - es atacada por una agresiva forma de vida extraterrestre que se cuela en el vehículo sin invitación. La película tenía un nombre tan simple como sonoro, “Alien” (Alien, el octavo pasajero, 1979), y su enorme éxito en todo el mundo va a catapultar al antiguo director de Spots de la televisión británica a la cima del mismísimoHollywood…

¿Cómo se hizo?


Mucho antes de rodar “Los Duelistas”, Ridley Scott ya era todo un veterano ante las cámaras. Tras graduarse en “Arte” en el “Royal College of Art” de Londres, se interesó mucho por las posibilidades artísticas que ofrecían el cine y la publicidad: “La imagen móvil me atraía muchísimo porque era un abanico inmenso de posibilidades, algo interesantísimo”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.10). Así, tras realizar el cortometraje “Boy and Bycicle” en 1962 protagonizado por su hermano Tony Scott, el cual le valió una beca del “British Film Institute” para desarrollarlo, entró a trabajar durante unos años en la “BBC” como “Chico para todo” ocupándose de labores de decoración y dirección de programas varios. No tardaría en empezar a dirigir anuncios publicitarios. 


En 1968, Ridley y Tony Scott fundaron “RSA” (“Ridley Scott Associates”), su propia compañía de “Spots” publicitarios en la que trabajaron futuros realizadores como Alan Parker o Hugh Hudson. Una compañía que se convirtió en la más prestigiosa de su sector, con anuncios que fueron todo un éxito ganando premios diversos. En total, fueron alrededor de 3000 anuncios los que se rodaron, todos supervisados por Ridley Scott y la mayoría dirigidos por éste. “La publicidad es lo que más me ha marcado, por supuesto. Era el único sitio donde se podía aprender algo en técnica en los años sesenta. Fue lo que disparó el mundo de la comunicación, lo que revolucionó la historia. Ahora, cuando no hago películas, sigo rodando anuncios. Me sirven no sólo para entretenerme, sino para mantenerme siempre a punto, a la última. Estos spots han configurado mi visión del mundo”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.11) 


Pese a su comodidad en el lenguaje publicitario, lo que Scott anhelaba rodar era una película. Tenía varios proyectos para desarrollar, siendo el más importante de ellos “The Gunpowder Plot”, la historia de cómo Guy Fawkes intentó hacer volar el parlamento británico en 1606 (¿Les suena “V de Vendetta”?). Un proyecto que Scott no realizaría debido a su elevado coste. El otro proyecto que barajaba hacer Scott era el que nos ocupa: Una adaptación del relato del escritor Joseph Conrad sobre dos oficiales del ejército de Napoleón enfrentados por un pequeño incidente a lo largo de los años. El productor David Puttnam deseaba trabajar con jóvenes cineastas talentosos y, tras ver varios de los anuncios dirigidos por Ridley Scott, quiso trabajar con él. Según recordaba Puttnam, “Era evidente que tenía un inmenso talento. Mi suerte fue que nadie antes de mí había pensado en él. Esperaba que un primer productor le diera su oportunidad”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.17)


Gerald Vaughan-Hughes, que también había escrito el guión de “The Gunpowder Plot”, fue el encargado de confeccionar el libreto. “Los Duelistas” estuvo pensada como una producción televisiva para la televisión pública francesa, pero al reconvertirse en largometraje el guión se amplió y reescribió, añadiéndose la trama secundaria de los amoríos de D’Hubert. Por orden terminante de Scott, y en sus propias palabras, “Se prescindió de todo cuanto estorbara la comunicación más directa posible”. (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.17). Una vez confeccionado el guión, había que elegir a los dos duelistas, siendo inicialmente elegidos Oliver Reed y Michael York. Una idea inicial desestimada al no estar disponibles ambos actores. La “Paramount Pictures” acabó interesada en la producción de “Los Duelistas”, pero para que interviniese, Scott debía elegir a dos de entre cuatro actores propuestos por el estudio. 


Los elegidos fueron Keith Carradine y Harvey Keitel. Carradine era miembro de una familia ilustre del cine, con su padre John como uno de los actores de repertorio del gran John Ford y también como protagonista de innumerables subproductos de serie “Z” y con su hermanastro David triunfando en la televisión con la serie “Kung Fu”. Keith estaba en un buen momento profesional con el éxito de “Nashville” (íd, Robert Altman, 1975) y su triunfo en las listas de éxitos con el tema “I’m Easy”, que formaba parte de la película de Altman.


Por su parte, Harvey Keitel era uno de los actores más reputados de la década gracias a sus colaboraciones con Martin Scorsese, aunque acababa de ser despedido del rodaje de “Apocalypse Now” (íd, Francis Ford Coppola, 1979) debido a que, tras la primera semana de rodaje, Coppola pensaba que Keitel no era el actor más idóneo para interpretar a Willard. Irónicamente, “Apocalypse Now” (íd, Francis Ford Coppola, 1979) estaba basada en “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad. Por lo menos, gracias a “Los Duelistas”, pudo por fin hacer una película basada en una obra de Conrad. El resto del reparto se completó con actores británicos de prestigio como Edward Fox, Robert Stephens, Tom Conti o Albert Finney. Este último actor decidió interpretar al “Duque de Otrante” por sugerencia de su novia en aquella época Diana Quick, la cual aparecía en la película interpretando el personaje de Laura. Pero no fue pagado con dinero, sino en “Especie”: Una caja de champán. 


Pese a contar con el apoyo de “Paramount Pictures”, Scott y Puttnam sabía que éste era un apoyo muy relativo, puesto que el presupuesto era demasiado exiguo para hacer una película de época: 900.000 dólares. Algo que por otra parte fue beneficioso para Scott. En sus propias palabras, “‘Los Duelistas’ fue la experiencia más placentera. El presupuesto era tan ridículo que no había nadie para meter las narices en mi trabajo”. (“Ridley Scott”,Juan Miguel Perea, p.17). Debido a las limitaciones presupuestarias, no se construyó decorado alguno para la película, que se rodó en localizaciones naturales de Francia, Inglaterra y Escocia. La principal inspiración de Scott a la hora de rodar la película fue “Barry Lyndon” (íd, Stanley Kubrick, 1975), sobre todo en sus impresionantes aspectos técnicos en el campo de la fotografía y en cómo se inspiraba en pinturas de la época para recrear con absoluta convicción el período en el que se encuadraba la acción. 


Uno de los platos fuertes de la película residía en los duelos a espada, los cuales fueron rodados por el propio Ridley Scott como operador de cámara y en los que se empeñó en que fueran rodados cada uno de ellos de forma diferente. Tanto Keith Carradine como Harvey Keitel insistieron en rodar con espadas de verdad. De hecho, durante buena parte de la película se utilizaron sables del año 1798, pero para los momentos en que saltan chispas de las espadas se conectaban a baterías que provocaban los chispazos. Una idea que a Harvey Keitel no le hacía demasiada gracia, ya que más de una vez acababa electrocutado. 


“Los Duelistas” fue presentada en el “Festival de Cannes” del año 1977 a competición por la prestigiosa “Palma de Oro”, llevándose de allí un premio otorgado por unaminidad a la “Mejor Primera Película”. Ridley Scott estaba convencido de que la película sería un éxito, ya que según él, “Gusté mucho a la gente de los estudios” (“Ridley Scott”, Juan Miguel Perea, p.22). Pero “Paramount” tenía otros planes respecto a la película, por mucho que Scott les cayera bien: Ya que se trataba de una cinta europea y su mercado natural era el continente europeo, se distribuiría como una película de “Arte y ensayo” en Estados Unidos, lo que dificultó mucho el que recuperase su presupuesto. En España se estrenó el 1 de junio de 1978 con una recaudación de 61.937,55 euros y un total de 93.915 espectadores. 


Pese al revés en la taquilla, el paso del tiempo acabó confirmando a “Los Duelistas” como una de las cintas más respetadas de Scott, al tiempo que abrió el camino para que su productor David Puttnam se convirtiera en una de las figuras capitales del cine inglés entre finales de los años 70 y mediados de los 80, con títulos como “El Expreso de Medianoche” (Midnight Express, Alan Parker, 1978), “Carrozas de Fuego” (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981) y “La Misión” (The Mission, Roland Joffé, 1986). En cuanto a Scott, poco se puede contar que no se sepa ya, salvo que “Los Duelistas” entusiasmó mucho a la “20th Century Fox” y a los responsables de un proyecto llamado “Alien”, del cual hablaremos largo y tendido en el futuro. 


Curiosidades: 

• En la escena en la que D’Hubert pide en matrimonio a Adele, ésta comienza a reírse. Según Ridley Scott, la actriz Cristina Raines vio a un caballo en erección e introdujo unas risas que no estaban en el guión. 

• Cristina Raines era la novia en aquella época de Keith Carradine y el propio actor la recomendó a Ridley Scott. 

• “Los Duelistas” fue el debut en el cine del director de fotografía Frank Tidy. 

• La película también supuso el debut en el cine del actor Pete Postlethwaite. 

• Tras “Los Duelistas”, Ridley Scott y David Puttnam trabajaron con Paramount en el proyecto de “Tristán e Isolda”. A Scott no le convencía el guión y tras ver “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977), reorientó el proyecto hacia la “Ciencia Ficción”. Puttnam no estaba conforme con esa perspectiva y abandonó el proyecto, sin colaborar de nuevo con Scott en otra película. Scott abandonaría finalmente “Tristán e Isolda” en beneficio de “Alien”.


Extraído de http://cineultramundo.blogspot.com.ar/