Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

sábado, 15 de junio de 2013

Valkiria, de Bryan Singer.


Por:  Juan Luis Caviaro
18 de febrero de 2009


Tras dedicar sus tres últimas películas a los superhéroes, al espectáculo de efectos visuales, a historias fantásticas, al cine de palomitas y evasión, Bryan Singer da otro giro a su carrera y se embarca en la narración de una compleja historia real, de un atentado que pudo cambiar el curso de la Historia. Y lo hace volviendo más al estilo austero, seco, directo, que recurriendo a su adquirido gusto por los encuadres retorcidos y los artificios visuales. Singer se toma muy en serio la traslación al cine de este apasionante capítulo histórico, cuya preparación, desarrollo y consecuencias ya han sido mostradas con anterioridad, pero nunca con este pulso, con este suspense, con esta emoción.




‘Valkiria’ (‘Valkyrie’, 2008) se estrenó finalmente el pasado 25 de diciembre en Estados Unidos (el 30 de enero en España), después de numerosos retrasos, de nuevas filmaciones y rumores de todo tipo, que casi llegaron a catalogar de fracaso una película que aún no se había proyectado. A pesar de lo que cabía esperar, tanto por la trama histórica como por el momento no demasiado popular del director (‘Superman Returns’ no fue lo que se esperaba) y actor protagonista (Tom Cruise, cuyo rostro, como es habitual, ocupa casi por completo el póster del film), la película obtuvo una excelente recaudación pero, de nuevo en contra de lo esperado, fue olvidada en las nominaciones a los Oscars.

Lo que sería un viaje de placer, se  convirtió en una terrible pesadilla.
Resulta curiosa la valoración que se hace, a menudo, sobre Bryan Singer. Casi podría decirse que se desprecia, para mí de forma sorprendente, su (aún escasa) obra por la temática de sus últimas tres películas, recurriendo constantemente a la mención de ‘Sospechosos habituales’ como si fuera lo único valioso que nos ha dejado este joven cineasta. Al director al que hay que agradecer que el cine de superhéroes se revitalizara, se tenga en cuenta, que tenga contenido y drama, al mismo tiempo que acción y efectos especiales, se le ha despojado de sus logros, quedando considerado como un realizador de segunda categoría, sin verdadero talento. Esta injusta valoración, con pocas luces, es propia de dos males que, en mayor o menor medida, nos afectan a todos: deficiente memoria y ligereza en el consumo de películas.

Lo cierto es que Singer lleva, desde el principio de su carrera, demostrando una extraordinaria habilidad para el suspense cinematográfico y para la construcción de escenas visualmente llamativas, así como un interés por lo ambigüo del ser humano, su lucha interna, y por la facilidad de verse afectado por la oscuridad, por lo malvado. En este sentido, ya comenté, con motivo de ‘Verano de corrupción’, y también cuando hablé de ‘X-Men’, que el director norteamericano sentía especial fascinación por todo lo que giraba en torno al nazismo, sin duda, una de las etapas más oscuras de la Historia. En su última película vuelve a tratar este tema, esta vez con mayor atención, llevándonos directamente a la boca del lobo, centrándose en una historia que ocurre en territorio alemán, durante la etapa en la que Adolf Hitler estaba aún en el poder. Concretamente, ‘Valkiria’ nos relata con sumo detalle y sobriedad la preparación de un atentado para acabar con la vida de Hitler y formar un nuevo gobierno al frente de Alemania.


Sin embargo, a diferencia de sus dos primeros personajes relacionados con el nazismo (curiosamente, ambos tenían el mismo rostro, el del gran Ian McKellen), aquí Bryan Singer no va a detenerse en la falta de moralidad o en la maldad de los hombres, en la fascinación por el lado oscuro del ser humano, sino que va a mostrarnos todo lo contrario, se va a centrar en ese puñado de “hombres buenos” que intentaron acabar con el régimen nazi, antes de que el ejército aliado fuese avanzando posiciones y llegara, finalmente, a Berlín. Realmente, no es que se haga una diferencia entre alemanes buenos y malos, afortunadamente no hay maniqueísmo en esta película; lo que se hace es mostrar a unas personas que se rebelan ante un régimen autoritario que está cometiendo demasiados actos intolerables, a unas personas que quisieron poner punto y final a una época siniestra.

La gran complejidad de lo que quisieron hacer y las consecuencias que pudo tener si finalmente llegan a tener éxito son dos puntos que quedan muy claros en la película, que no es ese thriller espectacular que parecía vendernos la publicidad, sino un drama de suspense que se aleja de lo convencional, porque no hay concesiones (o son mínimas) y se centra en los hechos (fríos, si se quiere) y en la dureza de sus implicaciones, sin abandonar al espectador; no en vano, Singer tiene a Spielberg en un pedestal. A pesar de todo, de que en ‘Valkiria’ no haya sitio para un romance resultón (la participación de Carice Van Houten, breve, no va por ahí) o explosiones y persecuciones constantes, es también cine de entretenimiento, es un producto que cuida la información que se da al público, para que mantenga la atención en la pantalla y no la abandone en ningún momento.

Es interesante que en estos momentos haya dos películas como ésta y ‘The Reader (El lector)’ en la cartelera, ya que en ambas se habla de algo tan aparentemente limpio e irresponsable como es obedecer órdenes. Mucho se ha dicho y se ha visto en torno a eso, a ese escudo fruto de la jerarquía y el orden, de la falta de humanidad en las organizaciones (sobre esto mismo también giraba la muy fallida ‘La cuestión humana’). La cadena de mando, el lenguaje seco, directo, y la amenaza de un severo castigo llevan a no discutir las órdenes ni las acciones de los que ejercen la autoridad. El miedo paraliza la razón, engaña las mentes y justifica actos que, en otro contexto, resultarían impensables. Pero todo tiene su límite y como se muestra en ‘Valkiria’ también hubo personas dentro del propio régimen liderado por Hitler que dijeron “basta” y quisieron detener la rueda de terror que estaba aplastando Alemania y Europa.

La cuidada ambientación, el convincente reparto (encabezados por un Cruise que vuelve a demostrar que es mejor actor de lo que muchos “cegatillos” se empeñan en asegurar, y con un Kenneth Branagh fantástico, que desgraciadamente no tiene mucha participación), la estupenda banda sonora (cómo no, obra de John Ottman, como sabéis, siempre junto a Singer, salvo en ‘X-Men’), perfectamente integrada en la trama (diseñada por el ingenioso Christopher McQuarrie, guionista de ‘Sospechosos habituales’), la sobria puesta en escena y un suspense realmente logrado (más aún teniendo en cuenta que ya sabemos lo que ocurre, es algo que está ahí, en los libros, y en internet) hacen de ‘Valkiria’ una experiencia intensa y muy disfrutable, si bien requiere de una adecuada aproximación por parte del espectador, que en modo alguno puede esperar un thriller comercial corriente.


Sin embargo, hay que decirlo, no estamos ante una película extraordinaria, completa, redonda. Me parece que falla el que todo esté tan centrado en el atentado, dejando fuera una adecuada recreación del contexto histórico (ya lo conocemos, pero nunca viene mal para comprender del todo a los personajes), y que el público se canse un poco de tanta preparación, especialmente cuando por
medio hay un intento fallido, retrasando el momento en el que verdaderamente se llega hasta el final. Es el riesgo de las películas de atracos (a fin de cuentas, ‘Valkiria’ podría englobarse ahí, cambiando el asesinato de Hitler por el robo a un banco) cuando se molestan demasiado en demostrar que el plan ha sido trabajado en todo detalle, que al final provocan que el público desconecte y quede a la espera, aburrido, del desenlace, de si tienen éxito o no. Aquí no se llega a este extremo, pero es cierto que sobran minutos de planificación y faltan otros que aporten más información sobre el momento histórico y los protagonistas.

En definitiva, creo que esta ‘Valkiria’ nos reporta dos buenas noticias; la primera, que Bryan Singer, lejos de estar consumido, se encuentra lleno de energía, y lo que es mejor, con la intención de seguir experimentando, mejorando su saber hacer como director; la segunda, que aún hay sitio, en el cine comercial, para productos de calidad, serios, de narración elegante y jugoso contenido. Puede que a ‘Valkiria’ le falte una visión más global, que no cuente nada nuevo (me refiero a los hechos concretos), y que Tom Cruise tenga demasiado protagonismo, pero antes que todo eso, es una película magníficamente realizada, de gran suspense y con momentos realmente emocionantes, especialmente un final que llega al corazón. En pocas palabras, cine elegante, eficaz, bien hecho.


'Valkiria', la peor película de Bryan Singer

Por:  Alberto Abuín
18 de febrero de 2009


Puede que Bryan Singer esté por encima de la media de los directores que suelen manejar producciones de alta envergadura. Desde su segunda película, la hiperfamosa ‘Sospechosos habituales’, se ha rodeado siempre de un efectivo equipo de colaboradores, y ha sabido como pocos manejar los elementos que tenía a su alcance. Así lo ha demostrado en el film mencionado (aún hoy su mejor trabajo, sobre todo gracias al impecable trabajo de Christopher McQuarrie), en las estupendas entregas de los X-Men (gracias al éxito de la primera, tuvo mayor libertad en la segunda entrega, y se nota), la arriesgada ‘Verano de corrupción’, y cómo no, en la injustamente maltratada ‘Superman Returns’, film más inteligente de lo que parece a simple vista.



Aún así (y obvio por motivos evidentes su fallida ópera prima), Singer no es un gran director cuya obra merezca un análisis profundo. Le falta una mirada personal a todos sus productos, ésa que diferencia a los grandes narradores y creadores de los excelentes artesanos, que es lo que es Singer (salvando las distancias, podríamos decir que Bryan Singer es el Richard Donner del nuevo siglo). Pero cuando lo que está a su alrededor no funciona, Singer se muestra incapaz de controlarlo. ‘Valkiria’ pone al descubierto todas las deficiencias de un director al que le falta la fuerza de un David Fincher, o la pasión de un Shyamalan, por poner dos ejemplos coetáneos.

‘Valkiria’ vuelve a contar con McQuarrie en su guión, en un claro intento de reverdecer los laureles de ‘Sospechosos habituales’. Le acompaña un tal Nathan Alexander, coproductor de la cinta y que debuta en esto de la escritura cinematográfica con el presente film. El intento de asesinato de Adolf Hitler es la trama central de la película. El Coronel Claus von Stauffenberg, que se consideraba a sí mismo un buen alemán y su ideología estaba muy lejos de la de los nazis, lideró una intrincada operación para poder librar al mundo del tirano, y si Alemania era ocupada por los aliados, que éstos se encontraran con una Alemania de verdad, y no con la vergüenza cuyo recuerdo pesa a día de hoy sobre la conciencia del pueblo alemán.

No es la primera vez que Singer bucea en el nazismo. ‘Verano de corrupción’ alberga una secuencia (la del hospital) que es un prodigio de montaje, en la que el impacto sobre el espectador es tan brutal que deja a éste totalmente descolocado y desarmado. También en ‘X-Men’ hay ramalazos de ello. Ahora, en "Valkiria", su intención no es recapacitar sobre el holocausto judío, algo terrible y una mancha imperdonable del ser humano, sino realizar un relato de suspense a través de la historia de un grupo de altos cargos alemanes que se rebelaron contra el sistema, e intentaron, a costa de sus vidas, arriesgarlo todo para matar a Hitler. Bien sabemos, por la Historia, que estos hombres no cumplieron el objetivo, y pagaron caro su error. Independientemente de que conozcamos el resultado final de la operación, y que esto ya desmonta de por sí todo posible suspense, los hechos mostrados por Singer en su película, provocan verdadera vergüenza ajena por lo mal mostrados que están, navegando todo momento por los terrenos del telefilm de sobremesa más descarado.



La desastrosa puesta en escena de Singer malogra las pocas posibilidades de un relato condenado al fracaso desde antes de su inicio. La llamada Operación Valkiria, que se supone un meticuloso plan para acabar con Hitler, no es más que un intento desesperado de un grupo de hombres con las ideas muy claras pero incapaces de llevarlas a cabo. Tal y como lo muestran el film, uno no se extraña ni lo más mínimo que dicha operación fracasara, y aunque esto sea simplemente una reconstrucción de unos hechos históricos, es la demostración palpable de que algo que ha ocurrido en la realidad no tiene porqué ser creíble en una película. Al respecto cabe citar secuencias tan penosas como aquellas en las que todos los conspiradores se reúnen a hurtadillas, y en las que cualquiera puede entrar como Pedro por su casa (la entrada del personaje de Cruise en dichas reuniones podría pertenecer perfectamente a una parodia del estilo ‘Scary Movie’), o la huida en coche después de la explosión. Además, el planteamiento del atentado en sí, tan sólo ocho meses antes de que terminase la Guerra (algo que los altos mandos alemanes preveían de sobra), demuestra la estupidez supina de un grupo de hombres que por ello pueden ser considerados como los más idiotas sobre la faz de la Tierra. Todo ello, ciñéndome siempre a la película, y no a la Historia.
Bryan Singer vuelve a dirigir una película coral, una de las constantes de su cine. Aunque en un principio parezca que Tom Cruise acapare todos los planos posibles, esta vez el actor no hace uno de sus numeritos de lucimiento, y trata de ser un elemento más en un conjunto. La pena es que prácticamente todos los actores están desaprovechados, incluido el propio Cruise, quien no es capaz de transmitir la angustia de su personaje (secuencias como aquella en la que avisa a su mujer, una Carice van Houten deslucida, del peligro que corren, lo indican claramente). Kenneth Branagh (director y actor que necesita urgentemente un éxito taquillero mucho mayor que éste, que todo hay que decirlo, no hay sido excepcional) aparece tan poco, que su breve participación sabe a poco. Bill Nighy y Terence Stamp parece que han prestado sus cuerpos, voces y nombres para que el film luzca mejor; y Tom Wilkinson, que se lleva el personaje más sabroso, cumple con corrección, pero sin pasión.


Una pasión que el film pedía a gritos, y que Singer es incapaz de transmitir al relato. Ya sea por la utilización de planos demasiado cercanos (decisión estética totalmente incomprensible, pues no se acerca ni de lejos al clasicismo, ni aporta sobriedad), o por un ritmo balbuceante que apura sus pasos en un tramo final insípido, aburrido y soporífero. Sólo en el excelente inicio, en el que Singer sí demuestra cierto brío narrativo, y en una determinada secuencia en la que el personaje Cruise saluda mostrando las consecuencias de la nombrada secuencia a un superior, se encierran momentos de buen cine. De nuevo, Singer, condensa en un solo y minúsculo momento, más verdad que en el resto de la película. Una película que no quedará en la memoria ni hará historia, y supone el primer bache preocupante de un realizador que no había evolucionado demasiado, pero iba con paso seguro.

Ficha técnica



cartel
Dirección: Bryan Singer.
País:
USA.Año: 2008.Duración: 120 min. Género: Drama, thriller.
Interpretación: Tom Cruise (Claus Von Stauffenberg), Kenneth Branagh (Henning Von Tresckow), Bill Nighy (Friedrich Olbricht), Tom Wilkinson (Friedrich Fromm), Carice Van Houten (Nina Von Stauffenberg), Eddie Izzard (Erich Fellgiebel), Christian Berkel (Mertz Von Quirnheim), Thomas Kretschmann (Otto Ernst Remer), Terence Stamp (Ludwig Beck), Jamie Parker (Werner Von Haeften).Guión: Christopher McQuarrie y Nathan Alexander.Producción: Bryan Singer, Christopher McQuarrie y Gilbert Adler.Música: John Ottman. Fotografía: Newton Thomas Sigel.Montaje: John Ottman.Diseño de producción: Lilly Kilvert y Patrick Lumb.Vestuario: Joanna Johnston.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2008.
Estreno en España: 30 Enero 2009.



Fuente:  Blogdecine, http://www.labutaca.net/films/57/valkiria.php
 

jueves, 6 de junio de 2013

Glenn Close, para coleccionar.





Glenn Close (1947), actriz y cantante estadounidense. Close debutó profesionalmente en el teatro en 1974 cuando tuvo que sustituir a la actriz principal de Love for love, en el papel de Angelica, lo que le dio gran reconocimiento. Con este éxito Close se dedicó por entero al teatro consolidándose como actriz destacando en numerosas obras. Fue el director de cine George Roy Hill el que le daría su primer papel en la gran pantalla. La actriz ha sido objeto de una amplia gama de premios y reconocimientos.


Biografía

Esta actriz estadounidense nació 19 de marzo de 1947, Greenwich, Connecticut, Estados Unidos, es hija del Dr. William Taliaferro Close y de Bettine Moore. Luego su familia viaja al Congo Belga, hoy día Zaire, debido a que su padre ejercía su profesión de médico en aquel país dirigiendo una clínica y fue el médico personal del presidente Mobutu Sese Seko.

Mientras su familia vivía en Zaire, ella y sus tres hermanos; alternaban estudios en colegios de África y Suiza. Para finalmente volver a Connecticut y terminar sus estudios en su país natal. Allí asistió a Rosemary Hall, un internado escolar privado y luego, al College of William and Mary

Por la línea parterna es deciendientes de escoseses, además se encuentra emparentada con el escritor y director Preston Sturges y la actriz Mina Merril, siendo también prima segunda de Brooke Shields, actriz estadounidense.

Es una cantante ocasional y actriz estadounidense de teatro, cine y televisión.



Como Cruela De Vil

Inicios

Sus primeras actuaciones tuvieron lugar en el Rosemary Hall, donde formó un grupo de teatro llamado The Fingernails. Se graduó en 1965 y durante los cinco años siguientes formó parte como soprano del grupo Viva la gente, con el que recorrió Europa y Estados Unidos.

En 1970, abandonó el grupo y empezó a estudiar drama y antropología en Virginia. Allí, su profesor de arte dramático le animó a presentarse a unas audiciones nacionales de teatro para jóvenes. Llegó a la final y obtuvo un contrato con la compañía New Phoenix Repertory con la que se trasladó a Nueva York.

Su carrera profesional en el Teatro y el Cine

Luego de haber realizado muchos papeles secundarios, el 11 de noviembre de 1974, al sentirse indispuesta la primera actriz, Glenn Close tuvo que sustituirla, consiguiendo su primer éxito en Broadway, con la obra Love for Love de William Congreve. Con este éxito Glenn Close se consolidó al teatro como actriz en numerosas obras.

Durante una de estas representaciones en Broadway, el director de cine George Roy Hill le ofreció el papel de madre de Robin Williams en la que sería su primera película: The World According to Garp. Esta película fue estrenada en 1982 y con ella alcanza su primera nominación a los premios Óscar como mejor actriz de reparto.


En Relaciones Peligrosas.


En 1983 rodó su segunda película, Reencuentro de Lawrence Kasdan, por la que de nuevo fue nominada a los Óscar. En 1984 logra su tercera nominación consecutiva por su actuación en El mejor, junto a Robert Redford y bajo la dirección de Barry Levinson.

En 1987 y 1988 fue nominada a los Premios Óscar como mejor actriz principal por sus actuaciones en Atracción fatal de Adrian Lyne y en Relaciones peligrosas, de Stephen Frears. Con ambos papeles alcanzó popularidad mundial, especialmente por el primero, donde interpretaba a una moderna "mujer fatal".

Otros de su filmes son El misterio Von Bulow, Hamlet, Marcianos al ataque o su personaje de Cruella de Vil en 101 dálmatas y su secuela, fueron otros títulos de interés rodados por esta actriz que tuvo su mejor época en los años 80 y comienzos de los 90. Algunos de sus últimos estrenos son The Stepford Wives, Nueve vidas y Albert Nobbs.

También realizó trabajos actuando con su voz en a varias películas y series de animación, entre las más notables: Tarzán, Hoodwinked! y su personaje de Mona Simpson (madre de Homero Simpson) en la aclamada serie Los Simpson.

Como atriz en los escenarios de Broadway, obtuvo tres premios Tony en la categoría de mejor actriz por sus interpretaciones en: The Real Thing de Tom Stoppard, La muerte y la doncella de Mike Nicholls y en Sunset Boulevard de Andrew Lloyd Webber. Además, de ser nominada como actriz de reparto por su actuación en el musical de Barnum.



Actuación en la Televisión

Glenn Close ha participado en varias series televisivas, con apariciones en “The West Wing” en el 2004 junto con Martin Sheen, Rob Lowe y Alison Jennie. Ese mismo año se estrenó “The Stepfort Wives” la que protagonizó junto a Nicole Kidman, Mathew Broderick, Bette Midler y Christopher Walken.

En el 2005, se integró el elenco una serie para la cadena FOX “The Shield”, con tanto éxito que en 2007, volviendo a protagonizar una nueva serie, para esta misma cadena televisiva, llamada “Damages”.

Damages (Daños y perjuicios), fue creada por Daniel Zelman y los hermanos Glenn y Todd A. Kessler. Su estreno fue el 24 de julio de 2007. El actores de la serie ha sido nominado y premiados varias veces, especialmente sus protagonistas, Glenn Close (un Globo de Oro y dos Emmys a mejor actriz dramática en 2008 y 2009) y Rose Byrne.


En la serie Damages

Glenn Close interpretando su personaje de Patricia “Patty” Hewes en la Serie Damages (Daños y Perjuicios) 2007-2010

La serie gira en torno del personaje de Patty Hewes (Glenn Close), una omnipotente abogada, que hará lo que deba para enjuiciar a los corruptos. Pero, lo efectuará siguiendo sus propios valores éticos.

La secunda Rose Byrne, en el papel de Ellen Parsons, la recién graduada que siempre tendrá que decidir entre colocar la ética está por encima de la justicia o la ambición.

El punto cardinal de la serie lo conforma la relación entre estas dos mujeres, tanto en su vida profesional y privada, planteando siempre el conflicto, y si Ellen terminará siendo como Patty.

Hasta finales del 2010 la serie ya cuenta con tres temporadas producidas, de 13 episodios cada una. A pesar de sufrir un deterioro de audiencia en la tercera temporada, la serie fue renovada dos temporadas más, en las que constarán de 10 episodios cada una, y que se emitirán en la cadena DirectTV a partir de 2011.



Películas

1982, El mundo segun Garp
1983, Reencuentro
1984, Greystoke, la leyenda de Tarzán
1984, The Stone Boy
1984, El mejor
1985, Al filo de la sospecha
1985, Maxie
1987, Atracción fatal
1988, Relaciones Peligrosas
1988, El misterio Von Bulow
1988, Tal y como soy
1989, Hamlet
1991, Hook
1991, Cita con Venus
1993, La casa de los espíritus
1994, The Paper
1996, Mary Reilly
1996, Marcianos al ataque
1996, 101 dálmatas
1997, Camino al paraíso
1997, Air Force One
1999, Cookie's Fortune
1999, Tarzán (voz)
2000, Things You Can Tell Just by Looking at Her (Cosas que diría con sólo mirarla)
2000, 102 dálmatas
2001, La seguridad de los objetos
2002, Pinocho (doblaje en inglés: Pinocchio)
2004, The Stepford Wives
2005, Hoodwinked! (voz)
2005, En la cumbre
2005, Nueve vidas
2005, Tarzán 2 (voz)
2007, El atardecer


Fuente: http://www.ecured.cu/index.php/Glenn_Close


jueves, 16 de mayo de 2013

AnimaCine: Los Pitufos.


Los Pitufos
Vuelven las aventuras azules


Por: Sebastián Tabany,  Fotos: Gentileza Sony




Estos simpáticos personajes, ícono de los '80, redefinieron el color azul en todo el mundo, una nueva aventura adaptada al Siglo XXI pero con Gargamel y Azrael incluidos.

"La la la la la..." era el comienzo de la famosa canción de Los Pitufos popularizada a partir del dibujo animado que en los ochenta era una visita obligada para los jovenzuelos de esa década. La serie, cuyo primer capítulo data de 1981, fue un éxito en su país de origen, EE.UU., y después se esparció por el mundo durante nueve temporadas. Sin embargo, Los Pitufos son uno de los pocos íconos culturales pop que no provienen de Norteamérica sino de Europa, más precisamente de Bélgica.
La historia cuenta que el dibujante Pierre Culliford, nacido en Bruselas en 1928, trabajó en la industria del cine animado desde 1944 hasta que tres años más tarde comenzó a publicar una historieta en el diario La Dernière Heure. La tira se llamaba Johan y contaba las aventuras de un paje durante el medioevo en Europa. Entre 1950 y 1952 la historieta se publicó en el periódico Le Soir y a fines de ese año cambió su nombre a Johan et Pirlouit al agregarse el compañero del protagonista.




Desde entonces la tira se publicó en la revista Spirou. El 23 de octubre de 1958 en el relato titulado "La flauta de seis agujeros", Johan y Pirlouit van en busca de ese instrumento mágico y se encuentran con un personajito mágico azul, de pantalón y bonete blanco. A esa criatura, Culliford que firmaba con el seudónimo Peyo, la llamó Schtroumpf. El nombre se originó espontáneamente cuando el dibujante estaba comiendo con su colega André Franquin y habiéndose olvidado la palabra "sal", le pidió "pasame la... schtroumpf".





Los Pitufos, tal su traducción al español, tuvieron aceptación inmediata y para 1959 ya tenían su propia historieta en la revista. En 1965 se estrenó el primer largometraje, de 87 minutos de duración y filmado en blanco y negro. Les aventures des Schtroumpfs era un compilado de cinco cortos hechos un año antes para la televisión belga. Para 1967 se realizaron cinco cortos más, pero esta vez en color.
 


Fuente: 2011  Revista Miradas

miércoles, 8 de mayo de 2013

Robert Zemeckis, el artesano que se creyó visionario.


 
 
Uno de los grandes nombres de la década de los ochenta en el cine de género norteamericano, es sin duda Robert Zemeckis, el realizador nacido en Chicago hace 58 años. Pero también es uno de los artesanos que durante los 90 intentaron ser lo que no eran, y que en la presente década va de visionario del cine de animación, estandarte que él ostenta sin que nadie se lo haya adjudicado y mientras muchos nos preguntamos por qué sigue empeñado en serlo. Zemeckis es un hombre magistralmente inteligente, y con una ambición desmesurada que hace mucho que no se traduce en aquel antiguo placer por filmar que tantas veces nos deleitó.

En la reciente y estupenda entrevista que mi compañero Juan Luis Caviaro le hizo en Londres a este cineasta, se percibe mucho antes al avezado y curtido hombre de negocios, que a un artista coherente con sus propias ideas. Eso sí, también se percibe a un hombre que conoce como pocos los entresijos de la industria de cine más poderosa del mundo, a un profesional de gran talento y a un deseo por romper las propias limitaciones que siempre es de agradecer. Pero límites siempre ha roto este director.

El más brillante delfín de Steven Spielberg

A pesar de que en los años setenta, los pocos y nada destacables trabajos de Zemeckis podían hacer creer lo contrario, durante aquella etapa posterior a sus estudios cinematográficos, Zemeckis ya conocía a medio Hollywood, y estaba más que dispuesto a comerse el mundo, ayudado por su escudero Bob Gale. Es posible que muchos cineastas españoles mejorarían sus posibilidades si dispusieran de un diez por ciento de esta ambición. A pesar de que no había alcanzado gran éxito de público, pudo disponer de dos estrellas emergentes como Michael Douglas y Kathleen Turner para su divertida (aunque hoy en día algo envejecida) aventura ‘Tras la esmeralda perdida’. Era una especie de homenaje/parodia de Indiana Jones, por supuesto, pero con mucha coña y mucha desvergüenza. Fue un éxito, y propició que al año siguiente por fin creyeran en su proyecto sobre cierta máquina del tiempo construida con un Delorian.

‘Volver al futuro’ no es sólo un hito popular o un icono de aquella época, es una aventura elaborada con un ingenio y un ritmo que ya quisieran para sí muchos directores. Es una recreación de época brillante. Es una comedia llena de ideas formidables. Y su Doc, interpretado con genio por el sinpar Christopher Lloyd, es un personaje inolvidable, verdadero corazón de la saga. Zemeckis dio la campanada, sin duda, con una aportación casi única a la ficción científica, porque pocas veces se había ofrecido algo tan coherente en este género, y al mismo tiempo tan alocado y divertido. Gracias a ese éxito, y tras su capítulo para Amazing Stories para su mentor Spielberg, dirigió su mejor película, la nunca suficientemente valorada ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’.


El profesor Emmet Brown (Christopher Lloyd), en Volver Al Futuro.


Aquella joya del cine negro y de la fantasía, tal como dijimos aquí, confirmaba el talento narrativo de este cineasta, que estaba más que dispuesto a continuar contando la historia de Marty McFly y compañía, pero que según cuenta él y Bob Gale, al final fue tan larga, que tuvo que dividir la historia en dos películas que se convirtieron en ‘Volver al futuro II’ y ‘Volver al futuro III’. Fueron rodajes casi consecutivos, y mientras la segunda parte fue la que más flojeó, la tercera es sin duda la mejor de todas, todo un alarde de ritmo e ingenio, para un western que era un precioso homenaje al género. Comenzaba así la década de los noventa. Y lo siguiente fue un divertidísimo fracaso.

Pocas comedias negras son tan sórdidas, imaginativas y divertidas como ‘La muerte le sienta tan bien’, lo más parecido a un fracaso que Zemeckis había conocido hasta la fecha, y que fue recibida, muy injustamente a mi parecer, con total indiferencia por la crítica. Entre sus muchas virtudes podemos destacar a un Bruce Willis sensacional y patético y un ritmazo formidable. Esta película fue el fin de una etapa y el comienzo de una nueva. Y la nueva etapa comenzaba con un grandioso éxito de público y su película más conservadora, temática, moral y estéticamente hablando: ‘Forrest Gump’. Ahora ya no quería ser más un brillantísimo director de género, ahora quería ser autor (cuando la política de autores de Cahiers se fijaba sobre todo en los renovadores de géneros…), y con este melodrama se alzó con el Oscar, y creyó haberlo conseguido. Nada más lejos, a mi entender. Comenzó un declive que no ha cesado.

Aún filmaría otra película en esa década, la mediocre y absurda ‘Contact’, certificando su nulo interés a seguir siendo quien era, y creyendo que quizá era hora de cambiar de aires. No tiene nada de malo, siempre que no se haga con películas tan impersonales e insustanciales como esta. Pero su trilogía terrible tenía que terminar, y lo hizo lamentablemente, con un relato de suspense que es un intento por aprovechar el tirón de este tipo de productos provocado por el éxito del ‘El sexto sentido’. ‘Lo que la verdad esconde’ cuenta con unos guapísimos y excelentes Pffeifer y Ford, para caer en el más absoluto de los ridículos con una historia sin pies ni cabeza. Zemeckis había esquilmado su personalidad para seguir teniendo éxito…a costa de sí mismo.

En cualquier caso, aquella película la filmó en el intermedio de rodaje de ‘Náufrago’, pues Hanks tenía que adelgazar y recuperar la forma que había perdido gracias a la vida que proporciona la fama universal. ‘Náufrago’ podría haber sido una película interesante si no adoleciera de ese defecto gravísimo consistente en un salto temporal que nos impide observar lo más interesante de la historia, y de ese tufillo ultraconservador que Zemeckis parece haber adoptado sin ambages, y que repta inofensivo pero no ingenuo por lo más subterráneo de sus historias. Y es que, a fin de cuentas, ‘Náufrago’ no era más que ‘Forrest Gump 2’.

Beowulf


Sus últimas tres películas han sido sendas películas de animación, con su tan cacareada y discutida técnica de captura de los movimientos y gestos de los actores. Las tres son tremendamente predecibles y aburridas, recargadas y poco interesantes. La primera ‘El expreso Polar’, todavía hizo bastante dinero, pero las otras dos, que han costado una barbaridad, no lo han hecho. Por otra parte, a pesar de la evidente evolución técnica, todo el mundo se ha cansado de señalarle que sus personajes carecen de vida, de expresividad. En definitiva, un fracaso rotundo. Pero él sigue erre que erre, a lo suyo. Es loable, pero estéril. Ya veremos lo que nos depara en el futuro el trabajo de este hombre brillante que, ahora mismo, se tiene a sí mismo por un visionario incomprendido.



Filmografía


Locos por ellos, 1978
Frenos rotos, coches locos, 1980
Tras el corazón verde, 1984
Volver al futuro, 1985
¿Quién engañó a Roger Rabbit?, 1988
Volver al futuro II, 1989
Volver al futuro III, 1990
La muerte le sienta tan bien, 1992
Forrest Gump, 1994
Contact, 1997
Lo que la verdad esconde, 2000
Náufrago, 2000
El expreso Polar, 2004
Beowulf, 2007
Cuento de Navidad, 2009
El vuelo, 2012


 Fuente: Blog de cine.

sábado, 4 de mayo de 2013

La última de Wenders.

Por Anibal Sciorra


Wim Wenders con su avioneta

sobrevuela Buenos Aires

filmándonos en alemán.

Allí abajo quedamos nosotros,

pequeñitos,

insignificantes,

en una tarde prohibida.

Nos encierra en varios fotogramas

sin saber siquiera

que llevamos puestas

nuestras propias alas del deseo.



Extraido de Sentires, de Aníbal Sciorra, Ediciones Darse cuenta, noviembre de 1996.

Gracias!!! Amigo del alma.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Humor cinematográfico 1



Empezamos esta sección con una historieta de Gustavo Sala, riase un poco.







Fuente: Diario del 26 Festival de cine de Mar del Plata, viernes 11 de noviembre de 2011.

miércoles, 24 de abril de 2013

Martin Ritt, un gran director de actores (1914-1990).



Director de cine estadounidense, nacido el 2 de marzo de 1914 en Nueva York y fallecido el 8 de diciembre de 1990.



Como tantos otros directores de su generación, Martin Ritt comenzó su carrera dirigiendo e interpretando series de televisión en los años cincuenta, y como tantos otros directores pasó, en los mismos años, a engrosar la lista negra por su pasado comunista, tacha que no afectaría, sin embargo, a la continuidad de su carrera. En 1957 debutó como director cinematográfico con dos títulos: Donde la ciudad termina y Más fuerte que la vida. El primero significó el debut no sólo para Ritt, sino también para David Suskind como productor y para Robert Alan Arthur como guionista. La intención común era plantear una fábula sobre la amistad y el racismo y utilizar el código de silencio -uno de los ejes argumentales favoritos del cine americano- como centro de la historia. El segundo, un drama social que exponía -aunque con algunos tapujos- parte de la ideología del director, y que formalmente aún estaba vinculado a la herencia televisiva de la "soap opera", fue comprado por la Fox. La película no tuvo mucho éxito, pero un año después Ritt acertó de lleno con la historia y con el reparto. El largo y cálido verano (1958) desafiaba a los que encontraban las novelas de William Faulkner difíciles de llevar a la pantalla. Gran parte del mérito fue de los guionistas Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch, sumado al hecho de que Ritt se reveló como un gran director de actores.

En 1959 Ritt repitió con Woodward y volvió a adaptar una novela de Faulkner. El ruido y la furia se sitúa en el sur y muestra el favoritismo de Ritt por el espíritu de esta región, que también recoge en El largo y cálido verano, Norma Rae (1979) y Sounder (1971), y por una narrativa que baraja varias historias al mismo tiempo. Ese mismo año dirigió a Sophia Loren en Orquídea negra, una historia de amor con algunos rasgos de cine negro. El guionista Joe Stefano (que conseguiría el éxito con Psicosis y la serie de televisión En los límites de la realidad) puso a disposición del director un guión semiautobiográfico que dio como resultado un interesante personaje para Sophia Loren, ganadora de la Copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia. La siguiente película de Ritt fue Cinco mujeres marcadas (1960), basada en la novela de Ugo Pirro. Silvana Mangano, Vera Miles y Jeanne Moreau dieron vida a algunas de las mujeres del título. Fue una de la producciones más ambiciosas de Ritt, con la que volvía a uno de sus escenarios favoritos: la Segunda Guerra Mundial.



Paris Blues (1961), el título original de Un día volveré, encerraba mucho mejor que su traducción la esencia de la película. El esfuerzo del director se centró en parte en la denuncia social, especialmente el discurso antirracista, que estaba representado por el tratamiento del personaje que interpretaba Sidney Poitier. Junto a él, Paul Newman se ocupó de dar forma al conflicto del profesional que se debate entre su verdadera vocación y la variante que ha de adoptar para vivir. El París superviviente a la Segunda Guerra Mundial acoge a estos personajes al abrigo de un club de jazz. Ésta fue la excusa perfecta para introducir el elemento más interesante de la película: la música, que tuvo como anfitrión a Louis Armstrong. La banda sonora, a cargo de Duke Ellington, fue nominada al Oscar.

La época de juventud del propio Ernest Hemingway, que él recogió en una serie de relatos, sirvió de base a otro título con Paul Newman en el reparto. Cuando se tienen veinte años (1962) fue la primera versión de los amores de Hemingway con una enfermera llamada Agnes Von Kurowski. Años después Richard Attenborough dirigiría En el amor y en la guerra, la misma historia, pero desde la perspectiva de ella. En su siguiente título, Ritt asumió también la producción. Hud (1963) fue su primer western. No sólo el director invirtió todo el esfuerzo en ella, Paul Newman trabajó en un rancho de Texas durante unas semanas para preparar su papel. El riesgo principal, al menos desde el punto de vista de la producción americana, fue escoger a un protagonista con las características de un anti-héroe. Pero el planteamiento dio buen resultado. La película obtuvo tres Oscar: mejor actriz (Patricia Neal), mejor actor secundario (Melvyn Douglas) y mejor fotografía, y además fueron nominados el guión, la dirección artística y el protagonista, Paul Newman. Tras Cuatro confesiones (1964), una versión bastante peculiar de Rashomon en la que Newman interpretaba de nuevo a un personaje indeseable, Ritt cambió radicalmente de tercio. El espía que surgió del frío (1965) está considerada una de la mejores películas del género, pero no fue un éxito de taquilla. Richard Burton fue en esta ocasión el protagonista de la novela de John Le Carré, para cuyo rodaje Ritt trasladó el equipo a Irlanda e Inglaterra y se ocupó él mismo de la producción. La película obtuvo dos nominaciones: al mejor actor (Richard Burton) y a la mejor dirección artística en blanco y negro. La Academia Británica fue más generosa. Los BAFTA premiaron a Burton, la dirección artística, la fotografía y la película.





Los dos últimos títulos de la década de los sesenta fueron Un hombre (1967) y Mafia (1968). Ritt produjo la primera y dirigió de nuevo a Newman en otro pseudo-western que incorporaba un generoso retrato de los indios, aunque la película no está exenta de violencia. Ésta fue la sexta y última vez que Ritt y Newman trabajaron juntos y proporcionó a este último una de sus mejores interpretaciones. Otro de los temas favoritos del cine americano, el crimen organizado, fue el centro del segundo título, Mafia. Veteranos y jóvenes cerebros criminales intercambian impresiones sobre cómo debe continuar el negocio. Esta vez el director prefirió el Technicolor al blanco y negro, lo que le dio a la película cierto aire documental. En la línea de las historias sociales, favoritas del director, está Odio en las entrañas (1970), una de las primeras incursiones en materia terrorista. Recoge la existencia de una organización secreta formada por mineros de Pennsilvania, descontentos con su situación, que trajeron de cabeza al gobierno, con explosiones, sabotajes y asesinatos, en torno a 1860. Sean Connery y Richard Harris protagonizaron esta historia que curiosamente se inclinaba a favor de los propietarios, mientras retrataba a los mineros como seres salvajes y sin sentimientos. La película no funcionó en taquilla y sólo recuperó un millón y medio de la inversión. El mensaje del siguiente título tuvo más fortuna. Howard Sackler adaptó su propia obra, La gran esperanza blanca, y Ritt escogió a James Earl Jones para dar vida en la pantalla al mismo personaje que ya había interpretado en Broadway. Una historia de amor interracial y la denuncia hacia los términos del Acta Mann, hicieron el resto.

Un relato que había ganado el Premio Newbery de literatura infantil fue el punto de partida de Sounder (1972), una inteligente película familiar que aprovechaba para poner de manifiesto la pobreza durante la depresión de los años treinta. Su siguiente título, Risas y lágrimas (1972), fue también un melodrama, más actual, con personajes más complejos, y sin ningún ingrediente de evasión. Carol Burnett hacía su segunda incursión en el cine, deshaciéndose de todos los tics de su show televisivo. Dos secundarios, Epstein y Page, recibieron sendas nominaciones al Oscar y esta vez la taquilla sí fue generosa. Pero económicamente la carrera de Ritt está marcada por los altibajos y Conrack (1974) no dio los resultados que el estudio esperaba, y posiblemente los que esperaba el director, que también había participado en la producción. La historia real de Pat Conroy (que además escribió el libro en el que se basó la película) cuenta su experiencia como profesor en una pequeña isla en la costa de Carolina del Sur, donde la educación de los niños de color está muy descuidada.



No era de extrañar que en alguna ocasión Ritt sacara a relucir su inclusión en la lista negra. En 1976 produjo y dirigió El testaferro, la historia de un guionista de los años cincuenta que ha pasado a engrosar la mencionada lista y ha de buscarse una tapadera que firme sus trabajos y así pueda venderlos a los productores de televisión. Woody Allen aceptó protagonizarla. No sólo estaban implicados los intereses del director, sino los del guionista Bernstein y el actor Mostel, que también habían corrido la misma suerte en el pasado. El guión ganó un Oscar y por el camino quedó, bajo el personaje que interpretaba Mostel, un homenaje a Phillip Loeb que se había suicidado después de ser despedido de televisión y añadido a la tristemente famosa lista negra.

Después de un título familiar protagonizado por Walter Matthau, Casey's Shadow, Ritt dirigió uno de sus mejores trabajos. Norma Rae (1979), protagonizada por Sally Field, quien obtuvo aquí su primer Oscar, supuso para Ritt un empujón que no experimentaba desde hacía más de diez años. La historia de una mujer relacionada con los sindicatos de trabajadores dio más dinero del que cabía esperar (más de diez millones de dólares en la fecha de su estreno). Ritt utilizó gran parte del equipo con el que había trabajado en otras historias sureñas y consiguió dotar de una gran calidad a un guión muy sencillo. Sobre todo quedó satisfecho de su trabajo con Sally Field, a quien contrató de nuevo en su siguiente película. Dos hacia California (1981) tiene como protagonista a una prostituta que se enamora de un boxeador que no puede pagarle. La película, con la estructura de una road movie, recuerda ligeramente al cine de Capra de los años treinta, aunque Ritt no supo mantener el ritmo hasta el final.




Después de Los mejores años de mi vida (1983), un título menor basado en las memorias de la escritora Marjorie Kinnan Rawlings, Ritt dirigió El romance de Murphy (1985), que vino a significar un cambio en el planteamiento de las historias de amor de la época. En primer lugar, no estaba centrado en adolescentes, y en segundo lugar, no era un amor a primera vista. Sally Field y James Gardner interpretaron a los personajes que había creado el dúo Harriet Frank Jr. - Irving Ravetch, dos adultos que, de una forma similar a la que después describiría Cartas a Iris (1990) tomaban contacto, conscientes de que lo más probable era que cada uno siguiera su propio camino. Gardner fue nominado al Oscar y también lo fue el director de fotografía, William Fraker.

Las dos últimas películas de Ritt: Loca (1987) y Cartas a Iris (1990) estuvieron dotadas de una especial ternura. Fueron hechas para un personaje femenino. En la primera, Barbra Streisand es una prostituta reivindicativa que se enfrenta a un juicio por asesinato cuyo resultado puede encerrarle de por vida en una institución mental. El guión no es de los mejores con los que trabajó Ritt, pero el personaje central tiene un tratamiento más progresista de lo que es normal en el cine americano. El matrimonio compuesto por Frank y Ravetch fue el autor de Cartas a Iris (1990), un fructífero entendimiento escénico entre Jane Fonda y Robert De Niro. El principal interés del director aquí -como en la mayor parte de su filmografía- fue reseñar, sobre todo, dos circunstancias sociales de especial importancia en cualquier país: por una parte, el analfabetismo, y por otra, la problemática de las jóvenes madres solteras que han de abandonar los estudios y buscar un trabajo para poder criar a sus hijos. Estos dos títulos fueron no sólo los dos últimos trabajos del director antes de su muerte, sino la culminación de su preocupación por los problemas de la clase trabajadora. Fiel a sus principios durante toda su carrera, Ritt se enfrentó -aunque no sin altibajos- a los mecanismos y temas de la industria hollywoodiense. Falleció el 8 de diciembre de 1990.





Filmografía


Director

1957: Más fuerte que la vida; Donde la ciudad termina.
1958: El largo y cálido verano.
1959: Orquídea negra; El ruido y la furia.
1960: Cinco mujeres marcadas.
1961: Un día volveré.
1962: Cuando se tienen veinte años.
1963: Hud, el más salvaje entre mil (y producción).
1964: Cuatro confesiones.
1965: El espía que surgió del frío (y producción).
1967: Un hombre (y producción).
1968: Mafia.
1970: La gran esperanza blanca; Odio en las entrañas (y producción).
1972: Sounder; Risas y lágrimas.
1974: Conrack (y producción).
1976: El testaferro (y producción).
1978: Casey's Shadow.
1979: Norma Rae.
1981: Dos hacia California.
1983: Los mejores años de mi vida.
1985: El romance de Murphy.
1987: Loca.
1990: Cartas a Iris.

Actor

1944: Winged Victory.
1976: Der Richter und sein henker; Hollywood on Trial.
1985: The Slugger's Wife.

Trabajos para televisión

1950: Somerset Maugham TV Theatre (serie, director).


Fuente: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=ritt-martin

viernes, 19 de abril de 2013

Bram Stoker, el padre del vampiro.


Escribió casi una veintena de relatos, pero sólo uno de ellos –el más truculento- se volvió tan famoso que sepultó su nombre. Hoy, a 101 años de su muerte, el creador de Drácula se sacude las telarañas en una nota teñida de espanto y alaridos.

Por Victor Laurencena



Imagínese, lector, en un enorme y oscuro castillo, sentado frente a un hogar donde crepita un poderoso fuego. En su mano, el cigarrillo que le ofreció su anfitrión, un hombre ya mayor, quien está tan cerca suyo que puede sentir su frío y nauseabundo aliento. Usted llegó hace pocas horas, tras un viaje en tren agotadoramente largo. Y, recién ahora –mientras saborea el gusto espeso de ese viejo tabaco- puede observar todo con detenimiento.

Lo primero que le llama la atención, estimado lector, es la palidez espectral del dueño de casa. Su cara es aguileña, con una nariz de puente muy marcado y ventanas anchas. Tiene el pelo casi blanco, escaso en las sienes; en cambio, sus espesas cejas casi se chocan sobre los ojos. La boca es fina y tiene una expresión cruel, con unos dientes blancos y agudos que asoman sobre los labios. Sus uñas son largas y recortadas en punta, como garras. Por último, no puede evitar notar, mientras un lento escalofrió le recorre la espalda, que tiene manos anchas y pelos (sí, ¡pelos!) en el centro de la palma.

Entonces comprende que quien está delante de usted es, ni más ni menos, el conde Drácula.



Bram Stoker, un señor muy normal: De día un ignoto funcionario público; de noche, un creador espeluznante


El escritor en las sombras

Este personaje antológico fue el que lanzó a la posteridad a su creador, Abraham Stoker, un escritor irlandés nacido en 1847, en Dublín. Hasta los siete años, pasó largos días en cama como resultado de varias enfermedades que, sin embargo, no opacaron su paso por la universidad local, donde tuvo una intensa vida social y se destacó como deportista.

Entre 1867 y 1877 fue funcionario público de su ciudad natal, aunque sus verdaderas pasiones eran ir al teatro y el ejercicio ocasional del periodismo. En 1871, luego de que los críticos locales ignoraran la actuación de su actor favorito, Henry Irving, le ofreció al Dublín Evening Mail escribir una crítica. Cinco años después, cuando Irving volvió a Dublín, invitó a Stoker a cenar y entablaron una íntima amistad. Stoker se convirtió en su representante, empleo que conservó durante veintisiete años, hasta la muerte de Irving.

A lo largo de su vida, y como un trabajo secundario, escribió dieciocho obras, entre novelas y relatos cortos, que hoy son poco recordadas. Se destacan “El paso de la serpiente” (1890), “El misterio del mar” (1902) y “La guardia del gusano blanco” (1911). También es el autor de “Famoso impostores”, un ensayo sobre la impostura en el que abona la teoría de que la reina Isabel I de Inglaterra era, en verdad, un hombre disfrazado.

Fue el 20 de abril de 1912, hace ya 101 años, cuando la muerte lo encontró sifilítico y pobre en una miserable pensión de Londres.




                                          Yo, el primero: Nosferatu, cine mudo y del mejor.




“Yo nunca bebo… vino”

Entre sus obras, hubo una que se destacó especialmente, “Drácula” (1897), que superó en fama a su propio autor. Con el tiempo, se convirtió en una pieza maestra de la literatura anglosajona que dio forma definitiva al mito del hombre vampiro, monstruo que ya había sido tratado por plumas de la talla de Arthur Conan Doyle, Alejandro Dumas, Guy de Maupassant y Edgar Alan Poe.

Corría el año 1857, cuando el periodista Bram Stoker le tocó investigar un extraño caso de vampirismo. Ese fue el disparador de su interés por este tema, que siguió investigando a partir de tradiciones populares de Europa del este y distintas obras literarias, especialmente “Carmilla”, de su paisano Sheridan Le Fanu.

Esas historias, complementadas con la genial fantasía de Stoker, dieron como resultado esta obra ineludible del terror; pero que no es sólo eso. También puede leérsela como un oscuro relato policial, ya que desde las primeras páginas se ubica al lector tras los pasos del Conde y sus intenciones en Inglaterra.

El argumento puede resumirse así: Jonathan Harker, un joven abogado inglés comprometido con Mina Murray, debe viajar a Transilvania para cerrar la venta de unas propiedades con el conde Drácula. Tras un largo viaje, decide quedarse un tiempo en el castillo como huésped. Pero a medida que pasan los días, Jonathan va descubriendo cuán extraño es su anfitrión: no se refleja en los espejos, no come, vive solo en el castillo, sin servidumbre, y sólo se deja ver por las noches.

Ante la insistencia por irse, Drácula convierte a Jonathan en su prisionero y decide viajar a Inglaterra. Allí, Lucy Wastenra, la mejor amiga de Mina, empieza a presentar síntomas de una enfermedad misteriosa: palidez extrema, agotamiento y dos pequeños orificios en el cuello.

Dado que la salud de la joven no mejora, su prometido, Lord Arthur Holmwood, contacta al profesor Abraham Van Helsing, un médico irlandés experto en enfermedades extrañas. Pese a su intervención, Lucy muere, pero Van Helsing sospecha que se ha convertido en una no-muerta y deciden eliminarla. Una medianoche, al abrir su tumba, la encuentran vacía.
Mientras, Jonathan logra huir arrojándose por un muro del castillo y cayendo a un río. Luego vuelve a Inglaterra y relata lo ocurrido a Van Helsing, quien descubre que Drácula es un vampiro y decide seguirlo hasta el final.




                    ¡Ay, que miedo!: El genial Gary Oldman, un Drácula a la altura de Coppola.



Un sangriento legado

Es inabarcable el impacto que ha tenido el conde Drácula en la cultura universal. El personaje de Stoker mostró sus colmillos en cuanta expresión artística pueda concebirse. Pero fue de la mano del cine que alcanzó la masividad.

De todas sus apariciones en la pantalla grande, se destaca “Nosferatu, el vampiro” (1922), un film mudo del expresionista alemán Friedrich W. Murnau. Nueve años más tarde llegaría Drácula, la primera adaptación oficial de la novela, catalogada como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos. Hoy, puede considerarse exagerada y hasta cómica la actuación protagónica de Bela Lugosi –cuyo particular acento provenía de haber nacido en Transilvania-, pero las crónicas de la época insisten en el terror que causó entre aquellos espectadores.

Más cercana en el tiempo encontramos la versión dirigida por Francis Ford Coppola en 1992. En los roles protagónicos participaron grandes actores como Gary Oldman (en la piel de Drácula), Anthony Hopkins (Van Helsing), Winona Ryder (Mina) y Keanu Reeves (Jonathan). “Drácula de Bram Stoker” es considerada la mejor adaptación de la obra original, si bien, en esta ocasión, los realizadores la condimentaron con una historia de amor entre el conde Drácula y Mina.

Ahora, lector, piénsese nuevamente, por un instante, en el castillo. El alba se presiente y usted agudiza su oído. Puede escuchar el cercano aullido de una jauría de lobos que le dice adiós a la oscuridad. El conde Drácula también los oyó y estalla de pronto:
-Escúchelos. Los hijos de la noche. ¡Qué música la que entonan! Si usted fuera sensato, se daría cuenta de que correr no servirá de nada.


El verdadero Conde Drácula

Un personaje real inspiró las fantasías de Bram Stoker: Vlad Draculea, quien fuera príncipe de Valaquia (actual Rumania) entre 1456 y 1462, y, aún hoy, un héroe nacional por su lucha contra el avance otomano. Mientras el conde Drácula es conocido por su inhumana crueldad, también así se lo recuerda al noble rumano, cuyo método de ejecución preferido era el empalamiento. El espantoso recurso consistía en atar cada pierna de la víctima a un caballo y hacer que éstos tiraran del cuerpo, forzándolo a clavarse en una gran estaca hasta ser atravesado completamente. Luego plantaba el palo en la tierra, con el cuerpo cabeza abajo. Se dice que una ocasión llegó a estaquear a 20 mil prisioneros turcos.


Colmillos nacionales e importados

Es probable que, para muchos argentinos, esta nota remita a “Drácula, el musical”, escrito y dirigido por Pepe Cibrián, con música de Ángel Mahler. Desde su estreno en 1991, la obra fue vista por más de 2 millones de espectadores, con ocho temporadas en la ciudad de Bs.As., una en Mar del Plata y otra en Villa Carlos Paz, a las que se suman cuatro giras por Brasil, Chile y España. El conde Drácula o, mejor dicho, el mito del hombre-vampiro, también sufrió adaptaciones que, si bien lo alejaron de Stoker, popularizaron el vampirismo. Un ejemplo es “Entrevista con el vampiro”, un film de 1994 dedicado a la platea femenina, con vampiros de la talla de Brad Pitt, Tom Cruise y Antonio Banderas. Más reciente, la saga “Crepúsculo” llevó el mito al mundo adolescente. Basada en las novelas de Stephanie Meyer, las películas lanzaron al estrellato a sus jóvenes actores, Kristen Stewart, Robert Pattison y Taylor Lautner.


Fuente: Revista Rumbos, número 32, 2012.



lunes, 15 de abril de 2013

Apuntes del 27: Los superochistas.



Superencuesta a nuestros superhéroes del Súper 8

Nuestra sección fija para la sección más inquieta del Festival:

3 preguntas 3 a Andrés Denegri, Pablo Marín, y Sergio Subero sobre el formato más enormemente pequeño de la historia cinematográfica.





1. Pensando en las posibilidades, ventajas y hasta limitaciones con las que te hayas encontrado a la hora de hacer una película,

¿cómo definirías al Super 8?

AD: Un soporte que presenta desafíos peculiares –que para mí es accesible, frágil y misterioso– me invita a trabajar lo próximo, lo cotidiano. En la mano de algunos autores puede proyectarse desde ahí a lo universal con una solidez contundente.

PM: El formato de cine más diminuto de la historia –junto al 8mm– puede volverse, con un poco de paciencia e indiferencia frente a las tonterías que se repiten a menudo (sobre la fragilidad, la poca disponibilidad, etc.), algo bastante flexible e infinito, a través del cual uno podría llegar a explorar los límites de lo (cinematográficamente) posible. Técnicamente, el Super 8, a veces mucho más que el 16mm o el 35mm, permite transitar por los callejones traseros de su propia tecnología y diseño, transformándolo en un formato completamente desformateable.

SS: El Super 8, fabricado con fines hogareños, es el formato cinematográfico menos costoso y más reducido. Es a partir de esta economía de recursos donde nacen para mí sus ventajas: la película viene dentro de un cartucho, lo que permite que no haya que enhebrarla; las cámaras son cómodas y fácilmente transportables: pueden volar por el aire, tirarse por un tobogán o andar en bicicleta; y lo mismo pasa con los proyectores: son fáciles de usar y muchos caben en una mochila. Además, lo que parecía una limitación de los fabricantes, dejó de serlo a la hora de sobreimprimir una película. Con cuidado se puede abrir manualmente el cartucho filmado, luego rebobinarlo y filmar de nuevo cuantas veces creamos necesario. Pero el tamaño también es una limitación. Trabajar directamente sobre la cinta fílmica (al ser tan pequeño el tamaño de los fotogramas) dificulta su intervención precisa y minuciosa si queremos rayarlos, pintarlos, quemarlos y demás.





2. ¿Cuál (o cuáles) te parece la mejor película que se haya hecho en este país para ilustrar esa definición y por qué?

AD: Passacaglia y fuga (1974), de Jorge Honik. Es una película que surge, justamente, de un recorrido sensible por espacios y detalles en la intimidad de un hogar. Es una obra generada con un dominio preciso de la técnica, pero su valor no se instala en este hecho, no impone un malabarismo virtuoso, sino que se presta a la intensidad de la experiencia estética más allá de los artificios. Te hace sentir ese vínculo especial que uno genera con algunos objetos, espacios, texturas, paisajes, presencias; y sólo en algunos minutos las vuelve palpables en el inexorable devenir del tiempo.

PM: La escena circular (1982), de Claudio Caldini, Espectro (2010), de Sergio Subero, y El Quilpo sueña cataratas (2012), de Pablo Mazzolo, establecen a mi entender una suerte de tendido histórico en el que esta potencialidad maleable (en la que el carácter técnicamente visionario se complementa con una mirada pura) parece llegar hasta el borde mismo de los horizontes creativos analógicos. Esas películas apuntan hacia un camino en el que el Super 8 se vuelve un agujero negro, un laboratorio en movimiento, un castillo de naipes.

SS: Gamelan (1981), de Claudio Caldini, es sin lugar a dudas la mejor película argentina y la más cercana a mi definición e interés. Sin entrar en consideraciones formales y estéticas, Gamelan vuela y se libera del control de la mirada del ojo humano. La cámara, atada a dos sogas, es la extensión de las manos de Caldini y –como en una danza– gira de acuerdo a los movimientos circulares de su cuerpo. Hacerla en otro formato hubiese requerido de una fuerza motriz prácticamente imposible (o hubiese sido demasiado agotador).

3. ¿Qué le dirías acerca de tus películas a alguien que las va a ver por primera vez en el Festival?

AD: Preferiría no decir nada, pero estamos en un festival. Así que hablaría del marco en el que está hecha cada película. Que Sobre Belgrado nació de la experiencia que tuve la primera mañana en la que desperté en Serbia, cuando me sacaron de la cama los graznidos de miles de cuervos, que me llevaron a salir del edificio para encontrar una nube de pájaros negros que volaban alterados de un lado a otro. Y que Aula Magna es un trabajo en proceso de un poema de despedida de la casa en la que viví durante los últimos diez años, un espacio muy importante para mí y para muchos amigos, escenario de recuerdos invaluables, un refugio, un lugar donde sentirse seguro y querido. Pero, en todo caso, estos comentarios pueden también no tener nada que ver con esas películas y reducir la experiencia de cada uno frente a la pantalla.

PM: Que son películas íntimas y personales, que intentan ser el reflejo más directo de lo que pasa por mi visión. Esto no tiene nada que ver con algo documental.

SS: Les diría que mis películas intentan ser perfectas y luminosas, pero terminan siendo un poco torpes, toscas y amateurs, entre otras cosas. Les diría que tengan paciencia, que a veces es necesario mirar durante algunos minutos para, quizás, disfrutar de un solo fotograma.


Fuente: www.mardelplatafilmfest.com



viernes, 12 de abril de 2013

Estrellas en el cielo: Karl Malden.

Karl Malden (Chicago, 22 de marzo de 1912 - Brentwood, Los Angeles, 1 de julio de 2009),1 cuyo nombre real era Mladen George Sekulovich, fue un actor estadounidense.




Actor estadounidense, nació en Chicago, Illinois, el 22 de marzo de 1912. Ganó el premio Óscar y el Premio Emmy. Su carrera duró más de setenta años actuando en películas clásicas como Un tranvía llamado deseo, La ley del silencio y El rostro impenetrable, todas con Marlon Brando, también participó en superproducciones como Patton. Otras interpretaciones notables son como Archie Lee Meighan en Baby Doll y Zebulon Prescott en La conquista del Oeste ambas con Carroll Baker. Su papel más popular en televisión fue como el teniente Mike Stone en la serie de los setenta Las calles de San Francisco, con un joven Michael Douglas.

Primeros años

Malden era el mayor de tres hermanos en una familia modesta; su padre Petar Sekulovich era de origen serbio y su madre Minnie Sekulovich, de la República Checa. Su nombre original era Mladen George Sekulovich (Mladen George Sekulović, en serbio: Младен Секуловић). Cuando comenzó su carrera como actor cambió su nombre a Karl Malden.

En 1917, cuando Malden tenía cinco años, la familia se trasladó desde Chicago a Gary en Indiana, donde su padre trabajó como obrero siderúrgico y lechero. Malden hablaba serbio hasta que fue a la escuela. En el colegio era un chico bastante popular, estrella del equipo de baloncesto del instituto y actuaba ya en algunas obras escolares y en las que su padre organizaba en la iglesia. Fue en estos partidos de baloncesto donde se rompió la nariz en dos ocasiones, dejándosela deformada tal como fue conocido durante toda su carrera.




Tras su graduación en 1931 del Emerson School for Visual and Performing Arts estuvo trabajando como obrero siderúrgico al igual que su padre, hasta 1934.

En septiembre de 1934, con una beca y los pocos ahorros de que disponía prosiguió sus estudios de arte dramático en el Goodman Theater, más tarde DePaul University, donde conoció a la que sería su esposa, la actriz Mona Greenberg (conocida como Mona Graham) con quien se casaría en 1938. Se graduó en el Chicago Art Institute en 1937 pero pronto, sin trabajo y sin dinero, debió volver una vez más a Gary.

Inicios de su carrera

Su primera aparición como actor se produjo en 1937 en Broadway y en 1940 debutó en el cine en la película They Knew What They Wanted. También trabajó en teatro donde conoció un joven desconocido Elia Kazan, con el que unos años después rodaría algunas de sus películas más afamadas.

Su trabajo como actor se vio interrumpido por la Segunda Guerra Mundial, pues Malden participó en las Fuerzas Aéreas del ejército norteamericano. Tras la guerra retomó su carrera, participando en una obra Truckline Cafe, junto a un joven y desconocido Marlon Brando. Durante esta época aunque no tenía un exceso de ofertas para trabajar, participó en algunas otras obras teatrales, hasta que recibió la invitación para interpretar un importante papel en la obra All My Sons con la ayuda del director, Elia Kazan. Con este éxito, logró el salto definitivo al cine.




Carrera cinematográfica (1950-1980)

La carrera de Karl Malden tomó gran impulso en los años cincuenta comenzando con El pistolero (The Gunfighter) a la que siguió Halls of Montezuma, ambas en 1950. Al año siguiente trabajó en Un tranvía llamado deseo (1951), donde interpretaba a Mitch, el mejor amigo de Stanley Kowalski y protagonizaba un romance con Blanche DuBois (Vivian Leigh). Por esta película ganó el Óscar al mejor actor de reparto.

En La Ley del silencio (1954), interpretaba a un predicador que influía en Terry Malloy (Marlon Brando) para testificar contra el mafioso Johnny Friendly (Lee J. Cobb). Baby Doll (1956), donde interpretaba a un ardiente marido, frustrado por una esposa casi adolescente. Antes y después de su llegada a Hollywood, actuó en docenas de películas desde finales de los cincuenta hasta principios de los setenta como: Fear Strikes Out (1957), Pollyanna (1960), El hombre de Alcatraz (1962), La conquista del Oeste (1962), The Cincinnati Kid (1965) y Patton (1970). En esta última interpretó al general Omar Bradley, quien aún vivía y asesoró en el rodaje sobre cuestiones históricas. Después de su película Summertime Killer (1972), se le fue haciendo más difícil encontrar nuevas películas, sin embargo también protagonizó la película televisiva El secuestro del Achille Lauro (1989).




Trabajo en televisión

Las calles de San Francisco
Después de años de trabajo en cine y en teatro, en 1972, el productor Quinn Martin propuso a Malden el papel de teniente Mike Stone en Las calles de San Francisco. Aunque originariamente fue una película para la televisión, la cadena ABC pronto la convirtió en una serie. Para interpretar a su joven compañero, el inspector Steve Keller, se escogió al entonces desconocido Michael Douglas.

En Las calles, Malden interpretaba un veterano policía con más de veinte años de experiencia al que se le asignan como compañero a un joven oficial graduado recientemente. En su primera temporada, fue un éxito y supuso la respuesta de ABC a otras series de éxito de los setenta como Hawaii 5-O, Ironside, Kojak, McMillan y su esposa y La mujer policía.

Filmografia:


1993 Vanished Without a Trace
1992 Back to the Streets of San Francisco [TV]
1991 Absolute Strangers [TV]
1990 Call Me Anna [TV]
1989 The Hijacking of the Achille Lauro [TV]
1988 My Father, My Son [TV]
1987 Nuts
1986 Billy Galvin
1985 Alice in Wonderland [TV]
1984 Fatal Vision [TV]
1984 With Intent to Kill [TV]
1984 Urge to Kill [TV]
1983 Twilight Time
1983 The Sting 2
1981 Miracle on Ice [TV]
1980 Word of Honor [TV]
1979 Meteor
1979 Beyond the Poseidon Adventure
1979 Skag [TV]
1977 Captains Courageous [TV]
1972 Un Tipo con una Faccia Strana
1972 The Summertime Killer
1972 The Streets of San Francisco [TV]
1971 The Wild Rovers
1971 Il Gatto a Nove Code
1970 Patton
1968 Blue
1968 Hot Millions
1967 Billion Dollar Brain
1967 Hotel
1966 The Adventures of Bullwhip Griffin
1966 The Silencers
1966 Murderers' Row
1966 Nevada Smith
1965 The Cincinnati Kid
1964 Cheyenne Autumn
1964 Dead Ringer
1963 Come Fly with Me
1963 How the West Was Won
1962 Gypsy
1962 All Fall Down
1962 Birdman of Alcatraz
1961 One-Eyed Jacks
1961 The Great Impostor
1961 Parrish
1960 Pollyanna
1959 The Hanging Tree
1957 Fear Strikes Out
1957 Time Limit Director
1957 Bombers B-52
1956 Baby Doll
1954 On the Waterfront
1954 Phantom of the Rue Morgue
1953 I Confess
1953 Take the High Ground
1952 Ruby Gentry
1952 Diplomatic Courier
1952 Operation Secret
1951 The Sellout
1951 A Streetcar Named Desire
1951 Decision Before Dawn
1950 Halls of Montezuma
1950 Where the Sidewalk Ends
1950 The Gunfighter
1947 Kiss of Death
1947 Boomerang!
1946 13 Rue Madeleine
1944 Winged Victory
1940 They Knew What They Wanted


Fuentes: Portal Busca Biografias, http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/2640/Karl%20Malden
Portal Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Malden,