Julio Diz

Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

viernes, 29 de abril de 2011

Bafici 2011, primera parte.

martes 29 de marzo de 2011
Bafici 2011: breve introducción






Por Andrés Fevrier

Comenzó ayer la venta de entradas para la décimo tercera edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que este año exhibirá 426 películas -entre cortos, medio y largometrajes- desde el miércoles 6 y hasta el domingo 17 de abril. Sólo el primer día se vendieron 17.400 entradas: el 40 por ciento en el Hoyts del Abasto (donde hubo que hacer más de dos horas y media de cola), el 32 por ciento vía internet (desde el sitio oficial del festival) y el 28 por ciento en la Casa de la Cultura.


Tournée de Mathieu Amalric

En este blog ya se comentaron brevemente tres películas que se proyectaron el año pasado en el festival de Mar del Plata: las muy recomendables Poetry, de Lee Chang-dong, y Tournée, de Mathieu Amalric, y la muy mediocre Essential Killing, de Jerzy Skolimowski. Como todos los años, para más recomendaciones y guías se puede acudir a los blogs Con los ojos abiertos y Micropsia, al portal Otros Cines, al sitio de la revista El Amante y a HiperCrítico.


Essential killing de Jerzy Skolimowski


En medio de una programación inabarcable aparecen, como siempre, nombres reconocidos (Abbas Kiarostami, Takashi Miike, Criti Puiu, Werner Herzog, Apichatpong Weerasethakul, Monte Hellman, Hong Sang-soo, Patricio Guzmán, Raúl Ruiz, Béla Tarr, Jean-Luc Godard, este último con un foco que incluye su última película, Film Socialisme) y otros quizá no tan conocidos pero familiares para los habituales del festival (Kelly Reichardt, Koji Wakamatsu, Denis Côté, Ron Mann, Josh Safdie, Helena Trestiková, Bruce LaBruce, James Benning). Y todo esto sin mencionar a los realizadores argentinos y su centenar de películas.


Poetry de Lee Chang-Dong


También están las sorpresas, esas ignotas películas que se eligen sin más fundamentos que la foto del catálogo, una procedencia infrecuente o un título atractivo y que terminan siendo los grandes descubrimientos personales. Satisfacciones íntimas que, en gran medida, justifican el haber transitado el festival.


Fuente: Cinematofilos

martes, 26 de abril de 2011

Buenas lecturas, Leonardo Favio.

La memoria de los ojos
Leonardo Favio, cuadro por cuadro
Publicado el 27 de Marzo de 2011



Por Eduardo Benítez

Un acto de justicia libresca: jóvenes críticos rinden homenaje al director argentino. Con material fotográfico inédito.





Teniendo en cuenta que se trata tal vez de la figura más significativa de la historia del cine argentino, es imposible no inquietarse ante el casi minúsculo corpus bibliográfico dedicado a la obra de Leonardo Favio. Existe, sí, un indispensable y casi inconseguible catálogo que el Malba editó en 2007, en que un compendio de intelectuales de los más variopintos –Juan Sasturain, Alan Pauls, Horacio Verbitsky– ensayan sus pasiones sobre el gran director argentino: Favio sinfonía de un sentimiento. Y habría que agregar un eslabón más, que aquel mismo año sumó Editorial Corregidor: Sin renunciamientos, el anecdotario biográfico glosado por Hugo Biondi. Básicamente, allí se detiene la producción de libros que aborda la complejidad estética del director de Juan Moreira. Quizá por eso, la lectura de La memoria de los ojos (La Otra Boca editora) tiene el placentero sabor de una justicia libresca postergada. Editado con el apoyo de la Biblioteca Nacional, con abundante material fotográfico inédito, por sus páginas desfilan algunas de las plumas más lúcidas pertenecientes a la nueva guardia de críticos cinematográficos de estas pampas. Mariano Kairuz, Hernán Guerchuny, José María Brindisi –entre otros– analizan en profundidad cada opus de la filmografía del director cuyano. El libro es espeso, tanto en materia anecdótica como en su mirada analítica, los capítulos se suceden entre testimonios de admiradores, colaboradores y familiares del director, y la atención reflexiva de los comentaristas. Queda de relieve en estos textos el recorrido artístico de un director que nunca dejó de expresar su voluntad de reunir vanguardia y relato popular. La vitalidad del cine, para Favio, se da allí donde la maquinaria cinematográfica logra erigirse como un verdadero arte de masas. Marca indeleble que Horacio González describe de forma exquisita en el prólogo. La memoria de los ojos no se resume en un puro acto de memorabilia de ninguna tesitura mítica. Si hay algo importante a lo que el libro hace alusión, es a la presencia de Favio en los pliegues de la producción cinéfila actual. A 45 años de Crónica de un niño solo, la cifra de su obra se mide en su valor simbólico a través de la gesta de generaciones enteras de cineastas, ensayistas, críticos y espectadores que ensancharon sus horizontes ideológicos, expandieron su capacidad creativa en tiempos de economías peliagudas, e incluso desarrollaron una mirada más incisiva y exigente gracias al legado de cada fotograma faviano. No es casualidad que la cantera de jóvenes directores que renovó el universo del cine en este nuevo milenio haya ensayado una revisión hacia el pasado y encontrado en la figura de Leonardo Favio la herencia criolla para una verdadera refundación de la mirada cinematográfica.


Fuente: Tiempo Argentino - © Copyright 2010.

domingo, 24 de abril de 2011

Un cuento chino, el azar y la necesidad.

UN CUENTO CHINO, de Sebastián Borensztein

EL AZAR Y LA NECESIDAD | por Santiago García

Un cuento chino es una comedia agridulce acerca del encuentro entre un amargado y solitario ferretero y un joven chino que busca a su tío en Buenos Aires. De la relación entre ambos surge la tensión, el humor y los temas que el film intenta abordar. Sin duda, el primer gran éxito del cine argentino 2011.


Ricardo Darín convoca multitudes. Ser estrella de cine en Argentina no es cosa fácil, más aun para un actor que hace tiempo no hace televisión y que, difícilmente, se lo pueda asociar a este medio. Darín protagonizó en los últimos quince años unas veinte películas entre las cuales figuran varios resonantes éxitos de taquilla, como Nueve reinas, El hijo de la novia y El secreto de sus ojos. Pero su presencia fue lo que permitió también que grandes films de difícil consumo, como El aura y Carancho, también lograran volverse masivos.

Su nombre es sinónimo de trabajo profesional y las estrellas, ya se sabe, no se imponen, existen porque el público las elige. Al ser Darín un actor fundamentalmente cinematográfico, es posible que muchos no logren captar la variedad de matices y la efectividad con la que él como actor y como estrella puede ir agregando poco a poco nuevos detalles. Cuando empieza una película “de Darín” uno no se olvida que es él quien actúa, pero esto lejos de ser una distracción es un camino llano hacia la identificación y el interés del espectador. Por eso Un cuento chino es la película “de Darín” antes que nada. “Darín y una vaca” o “Darín y un chino”, dependiendo de si tomamos el afiche, el título o la sinopsis para acercarnos al título. Lamentablemente el surrealista afiche no está en la película, es sólo un truco de marketing para anunciar la comedia –no estamos frente a un film de Buster Keaton, digamos de alguna manera- y no es el tono general de la película. Como sea: de la mano de Ricardo Darín, sin dudas el mejor actor del cine argentino de los últimos quince años, los espectadores entramos a la historia que narra Un cuento chino.




La película cuenta la historia de Roberto, un ferretero, bastante obsesivo y huraño, que vive sumido en rutinas, enojado con el mundo, ajeno a cualquier sentimiento, a pesar de los intentos de varias personas, en particular, Mari (Muriel Santa Ana), quien está enamorada de él. El azar (¿el azar? se preguntará uno al final del film nuevamente) hace que se encargue de Jun (Ignacio Huang) cuando éste sea tirado de un taxi luego de haber sido asaltado. Jun no habla una palabra de castellano y Roberto no conoce un solo término en mandarín. Pero en Roberto hay nobleza, entonces, cuando descubre que ni las autoridades argentinas –representadas por el policía, por lejos, el peor y más ridículo personaje de la película– ni los miembros de la embajada China –que trabajan pero a su tiempo– lo van a ayudar a Jun a resolver el problema, él decide convivir con el joven hasta conseguir que éste encuentre a su tío, objetivo de su viaje a Argentina desde un comienzo. La comedia está servida con estos ingredientes, y la película no ahorra todos los chistes fáciles y demagógicos posibles, que si bien nunca son ofensivos, no alcanzan a levantar mucho vuelo y trasmiten, tal vez, sin quererlo cierto paternalismo que podría llevar a lecturas ya no tan simpáticas del film. A su vez, la insistente y siempre bien intencionada Mari, persiguiendo a Roberto, es un personaje que se agota rápido y que no produce el más mínimo afecto o simpatía, casi lo contrario.





Más allá del trío protagónico cabría preguntarse qué es lo que busca contar realmente Un cuento chino y cuáles son los motivos por los cuales falla. El tono de la película coquetea con el humor absurdo, con el comienzo donde una joven china, la novia de Jun, muere justo antes de que él pueda proponerle casamiento, víctima de una vaca que cae del cielo. Habrá luego otras de estas viñetas tragicómicas con las cuales Roberto logrará elaborar sus propios temores y angustias. Pero la primera está fuera de la narración principal y no es una noticia leída por él. Este absurdo podría justificar que la comisaría y el policía sean ofensivamente inverosímiles o que la embajada de China no parezca muy real. No pedimos verosimilitud a ultranza, cada película crea la propia, pero Un cuento chino se mete en terrenos de costumbrismo naturalista en tantos momentos que, de alguna manera, comienza a hacer ruido, ya sea en una dirección o en otra. Y tampoco hay que confundir el sin sentido con la justificación de cualquier arbitrariedad. Las escenas dramáticas en general son las peores y la explicación de la oscuridad de Roberto arruina en gran parte el encanto de su personaje. Pero yendo al centro de la trama –y quienes no quieran saber más sobre el final del film deberían dejar de leer acá hasta verlo– se podría decir que lo que se cuenta es la historia de cómo Roberto salió del pozo en el cual se sumergió a partir de la muerte de su padre. Jun le permite, a veces por azar, a veces intencionalmente, cortar con el pasado muerto y vislumbrar un futuro. Jun rompe una colección inútil de objetos que Roberto compra para una madre que no conoció y está en uno de los recortes que marcan la obsesión de Roberto por la muerte de su padre. “La vida es un gran sin sentido, un absurdo” dice el huraño ferretero justo antes de que frente a sus propios ojos se le muestre lo contrario. Roberto no sabe qué es lo que lo une con Jun, pero está claro que necesita algo que lo mueva de su rutina pesadillesca y le permita salir a vivir nuevamente. El vínculo entre ambos, en donde se luce tanto Darín como Ignacio Huang, es el corazón de la película. Los demás personajes no funcionan y a la energía del guión se le interpone una puesta en escena carente de todo brío. No son pocos los momentos de guión en donde la emoción podría haber surgido, así como la sorpresa o el suspenso, pero la
elección de una dirección apagada y triste hace que se pierdan casi todos. Con virtudes y defectos, y a medida de que pasen los días, Un cuento chino irá ingresando en la lista de los films más exitosos del cine nacional y, por lo tanto, será tema de discusión, alegrías y decepciones. Pero es difícil que algún espectador no tenga ganas de averiguar de qué trata este cuento.





Título Un cuento chino

Dirección Sebastián Borensztein
Producción Pablo Bossi, Juan Pablo Buscarini
Guion Sebastián Borensztein
Música Lucio Godoy
Fotografía Rodrigo Pulpeiro
Montaje Fernando Pardo (II)
Reparto Ricardo Darín, Muriel Santa Ana, Ignacio Huang

País(es) Argentina
Año 2011
Género Comedia dramática
Duración 95 min.


Fuentes: ©2005-2011 Revista Leer Cine.

viernes, 15 de abril de 2011

AnimaCine: Fritz, el gato.

Fritz, el gato (1972)


Por Ulysses Ronquillo

Es para adultos, muy para adultos. La dureza de alguna de sus escenas -una paliza que le pega un gil a su novia, por ejemplo- la hacen especialmente trasgresora y dura. Es una cinta basada en un cómic underground, y se nota. No apta para el gran público, políticamente incorrecta, y mucho (llegó a ingresar 90 millones de dólares en todo el mundo)


A Crumb le compraron los derechos de la película, pero cuando fue a verla a manos de su director Bashki (que dibujo Superaton, las hurracas parlanchines y trabajó para Hanna Barbera) no le gustó mucho y se fue pidiendo que quitaran su nombre de los creditos y despues en la proxima edición del comic mató al gato fritz.

¿Qué tuvo esta película que propició el asesinato de su estrella principal? Robert Crumb mató al Gato Fritz tiempo después de verla. Es sencillo, su personaje como muchos otros, conforma una especie de alterego. Es fácil ir por la vida repitiéndose a sí mismo “soy un perdedor”. Sin embargo, cuando alguien más aparte de nosotros, osa siquiera insinuarlo, aquello se convierte en insulto de proporciones terribles.

Las excentricidades y vulgaridad del Gato Fritz a manos de Ralph Bakshi, se quedan en la pura superficialidad. Carecen de la acidez del magnífico Crumb cuya irreverencia es al cómic de contracultura lo que un John Waters al cine underground y trash. Cabe destacar que el Creador Robert Crumb inspiraria tiempo despues para hacer la gran pelicula “AMERICAN SPLENDOR” cuando se realizo el primer comic el gato Fritz lleva una gatita a su apartamento y “la parte en dos como a un queso” al ver el editor le dijo si no nos censuran y vas en cana despues de esto es un milagro. El gato Fritz muestra una actitud despreocupada ante la vida, es un personaje que representa el movimiento underground en EEUU, se identifica con un movimiento contracultural que alcanzó su apogeo en los 60´s y principios de los 70′s contemporáneos a la Guerra de Vietnam, La primavera de Praga y la matanza de Tlatelolco en México.



Sobre Fritz, el gato y Robert Crumb


En el año 1970, tomando una decisión que más tarde lamentaría enormemente, Robert Crumb vendió los derechos de autor de su personaje El gato Fritz para la realización de una película de animación con el depravado minino como indiscutible protagonista; así, Fritz the Cat, que vería la luz en 1972, supuso el debut en la gran pantalla de Ralph Bakshi (Nueva York, 1938), director y guionista que, con el tiempo, acabaría especializándose en la animación cinematográfica con películas como El Señor de los Anillos en 1978 (técnicamente revolucionaria) y la más reciente Cool World (1992), en la que -mezclando personajes reales y de dibujos animados- tomarían parte actores de la talla de Gabriel Byrne, Kim Basinger y Brad Pitt.

Basada en tres historias alternas de Fritz (en las que observamos su transición de universitario y poeta torturado a crápula obsesionado con las drogas y el sexo), Fritz the Cat contó con la participación de más de cincuenta artistas y animadores (incluyendo a un Jim Davis que posteriormente se haría famoso con su creación de un gato bastante más modoso y faldero llamado Garfield) que darían al film un acabado técnico de bellísima factura muy particular dentro de la filmografía de Bakshi, ya que al tomar prestados del propio Crumb varios recursos estilísticos (como el uso de las líneas pesadas, por ejemplo) el resultado final se parece bien poco a cualquiera de sus otras producciones. Además, la película cuenta con una magnífica banda sonora apoyada en el jazz que incluye a figuras como Charles Earland y Merle Saunders (haciendo honor al refinado gusto de Crumb por los clásicos).



Recaudando en taquilla la impresionante cifra de 25 millones de dólares -cuando apenas se había gastado un millón en su producción- gracias a la asociación del producto con el nombre de Crumb (ya por entonces en boga) y a una publicidad que explotaba sin tapujos su condición de primera película de animación clasificada X por las autoridades, el largometraje fue inicial y paradójicamente dirigido a toda aquella generación de hippies sesenteros que ya disfrutaran con los comics del impresentable felino, cuando en la práctica suponía una calculada parodia animada acerca de los valores contraculturales y revolucionarios que aquellos llevaban por bandera.

Y sería a pesar de este carácter polémico e innovador (con la fuerte carga de erotismo y crítica social que caracterizaban al personaje de las viñetas) que el mismísimo Crumb se mostrase siempre muy disgustado con esta adaptación de Fritz al cine, renegando inmediatamente del proyecto:




"Fritz The Cat es una de mis obras más conocidas, sin duda porque se hizo una película de dibujos animados que me seguirá avergonzando durante el resto de mi vida. Debo decir que no tuve nada que ver con la película, yo no quería que se hiciese, me parecían unos embaucadores, pero pasaron por encima de mí. Así que tiempo después maté al personaje en una historieta, hice que una avestruz hembra le clavase un pica-hielos en la cabeza."

Sin embargo, y aunque Crumb -ignorado cuando intentó detener el proyecto- llegó a poner una demanda a los productores ante la inclusión de su nombre en los títulos de crédito, la versión que da Bakshi al respecto difiere bastante: “[Crumb] quería atribuirse todo el crédito. Pero por suerte el cine no funciona así”. Lo cierto es que como represalia, y en el mismo año de su estreno, se publica Fritz the Cat Superstar, donde el Crumb más vengativo nos muestra a un Fritz avejentado y en franca decadencia (acompañado por las evidentes versiones de unos Bakshi y Krantz -productor del film- representados como pajarraco buitresco y cerdo ricachón respectivamente) que termina siendo asesinado brutalmente en una vana maniobra de Robert por evitar cualquier posible secuela cinematográfica.



Ante toda esta polémica, Bakshi encogió de hombros y pasó a la realización de su siguiente película (Heavy Traffic, 1973), mientras que Krantz -que quería seguir sacándole jugo al asunto- se lanzó en 1974 a escribir y dirigir (bajo el pseudónimo de Robert Taylor) The nine lives of Fritz the Cat (Las nueve vidas de Fritz el Gato), donde Fritz se imagina a sí mismo teniendo un viaje de tripi hacia un mundo mucho más soportable que el real aunque igual de peligroso (ya que termina siendo asesinado en varias ocasiones) en una indeseada secuela que, ante la falta de aportes creativos de calidad (ya fueran de Bakshi o del propio Crumb), pasó sin pena ni gloria, al contrario que Fritz the Cat que, con todo, sigue siendo considerada como uno de los grandes filmes de animación dentro de la historia del cine.



"Fritz the Cat"
[1972] · 78 min

FICHA TECNICA

Dirección: Ralph Bakshi
Producción: Steve Krantz
Guión: Ralph Bakshi
Voces: Skip Hinnant, Rosetta LeNoire, John McCurry y Phil Seuling, entre otros.



Fuentes: webalrobertcrumb.iespana.es/peliculafritz.htm, cultmoviez WordPress.com

domingo, 10 de abril de 2011

Últimos días de la víctima.

UN ENEMIGO ENTRE NOSOTROS

Por Maximiliano Curcio, viernes, 5 de marzo de 2010




El cine de Adolfo Aristarain

Adolfo Aristarain se ha ganado un lugar importante en la historia de la cinematografía argentina. Desde Martín Hache (1991), quizás su película más vista, hasta Roma (2004), pasando por Un Lugar en el Mundo (1992). Fue uno de los pocos que se animó a hacer cine en serio en medio de la farsa de la dictadura y tres joyas lo demuestran: La Parte del León (1978), Tiempo de Revancha (1981) y Últimos Días de la Victima (1982). Respecto a este último, es el molde perfecto de cómo Aristarain concibe el cine. Su sensibilidad nos permite descifrar la personalidad y los sentimientos de los seres que crea y en esta ocasión la dupla que formó con Federico Luppi resultó antológica.



Basada en la novela de José Pablo Feinmann, la película tiene una trama digna del mejor cine negro de Fritz Lang de los años ’40 y el personaje de Luppi bien podría encarnarse en el eterno Humphrey Bogart, un asesino a sueldo inescrupuloso y metódico. Ese sórdido mundo interior que el personaje principal transmite es la pieza clave de esta trama compleja, inquieta e impredecible. El film también es un homenaje al mejor cine negro y al suspense psicológico: hay citas cinéfilas que el nutrido en el género noir o policial reconocerá: desde Johnny Guitar (1954), pasando por La ventana Indiscreta (Rear Window, 1954), A Quemarropa (Point Blanket, 1967) o la mismísima Psicosis (Psycho, 1960).




En 1982 militares argentinos desembarcaron en las Malvinas. Un triste corolario que sucedió a la Plaza de Mayo que los vivaba, a La Noche de los Lápices, al circo montado del Mundial ‘78 y tantas otras barbaridades. Es triste recordarlo, pero necesario para adentrarnos en el contexto de una Argentina convulsionada y agónica inmersa en una crisis política, económica y social. La prensa tergiversaba verdades, chicos de apenas 20 años morían inexplicablemente defendiendo un maltratado orgullo patrio allá en el Sur y el resabio de los militares seguía censurando. Entre ese panorama desolador, un joven Adolfo Aristarain asomaba su cabeza y nos regalaba una pieza de buen cine. Otro cerebro pensante, profundo, filósofo, pluralista y mucho más sano que una cúpula infame también nos deleitaba con sus obras: el genial José Pablo Feinmann.



La mentira no podía perpetuarse, el film tiene una doble lectura. La chatura militar no supo verlo: Un asesino despierta, empieza la incertidumbre, la paranoia; una búsqueda constante del sentido de lo que sucede entre tanta ambigüedad. Allí aparece una rubia debilidad, el objeto del deseo se convierte en una obsesión. Este asesino es argentino, pero también es la propia Argentina pese a su enorme coraza que no deja ver. Aristarain nos enseña el cansancio de la incomprensión, el cuestionar lo que veo y me rodea, casi un mandato metafísico. Nos hace preguntas, nos obliga a que nosotros nos las hagamos, nos quiere despertar de una siesta eterna: nos llenaron la cabeza de mentiras.

Hay algo fascinante en la novela y que trasciende hacia el film. Atrae por completo este puzzle donde hay piezas que no encajan, donde el espectador permanentemente recopila datos y afina la mirada para no dejar escapar nada y aguza los sentidos para dar sentido a lo que está viendo. Pero Aristarain es más inteligente que todos nosotros y el film tendrá lecturas múltiples que nos conmoverán el nervio más íntimo, el del propio ser nacional. Lo que se dice, un thriller hecho a la perfección. Pero es más que eso, es más que un cine de género. Es una radiografía que analiza profundamente nuestro mundo, movido por el vil dinero, más que las armas, el poder, o el sexo.



Aristarain transmite de forma directa y sin rodeos ese clima exasperante de incertidumbre y desasosiego. Aristatrain nunca será políticamente correcto ni demasiado austero. Su lema cinematográfico es un cine de carne y hueso, un pulso constante, cercano, artesanal. Conoce su país y su gente, sus calles y sus miserias. La cámara es nuestros ojos, así miramos esa urbe cotidiana y reconocible (Buenos Aires) crispada y tensa. Parece que la historia está inmersa en un micromundo kafkiano. Algo se quebró, Argentina es una gran mentira y esos seres anónimos que deambulan por sus veredas parecen cómplices. Estas dudas existenciales van conformando un sólido thriller que traslada ese universo de detectives a un contexto político histórico estéril de ideas pensantes y libres.


Últimos días de la víctima

Ficha técnica

Dirección Adolfo Aristarain
Ayudante de dirección Jorge Gundín
Guion Adolfo Aristarain y José Pablo Feinmann
sobre la novela homónima de José Pablo Feinmann
Música Emilio Kauderer
Fotografía Horacio Maira
Montaje Eduardo López
Escenografía Abel Facello
Vestuario Alex Mathews

País Argentina
Año 1982
Género Policial
Duración 90 min

Interpretes

Federico Luppi (Raúl Mendizábal)
Soledad Silveyra (Cecilia Ravenna)
Ulises Dumont (El Gato Funes)
Julio De Grazia (Carlos Ravenna)
Arturo Maly (Rodolfo Külpe)
Elena Tasisto (Laura Ramos de Külpe)
Enrique Liporace (Peña)
China Zorrilla (Beba)
Mónica Galán (Vienna)
Carlos Ferreira (Ferrari)
Pablo Rago (Bruno Külpe)
Norma Kraider (Amante de Külpe)
Adolfo Aristarain (Cameo: Kiosquero)
Ángel Faretta
Jorge Gundín
Kathy Saavedra
Noemí Morelli (Secretaria de Ravenna)
Jorge Velurtas
Marcos Woinski (Pagador)
Aldo Pastur (Periodista)
Miriam Cóppola
Román Caracciolo
Laura Moss
Julián Maira
Mora Maira
Bernardo Baras
Jorge Safatle
Rubén Estrella
Raúl Moreno
Alberto Lecchi (Hombre en calle)

Premios

Premios Cóndor de Plata (1983): mejor director.

Fuente: EnCLAVE DE CINE

viernes, 8 de abril de 2011

Vivencias del 25 Festival de Mar del Plata.


Perfil de autor: Fabián Fattore

Fabián Fattore presenta Malón, en la Competencia Argentina.


¿Podés presentarte?

Mi nombre es Fabián Fattore y hago películas.

¿Cuáles son las características particulares de tu filmografía?

Me interesa un cine que, al mismo tiempo que aporte ideas, piense sobre su propia forma. También el tratamiento de la realidad y esa zona difusa que separa el documental de la ficción. Entiendo al cine como un dispositivo que produce, antes que nada, sentido. Un sentido ligado a la situación histórica donde se lo produce.




¿Cómo fue tu acercamiento al cine?

Afortunadamente mi acercamiento fue un poco tardío, luego de terminar la carrera de sociología, surgió la posibilidad de viajar y vivir en otro país y así decidí estudiar cine en Barcelona. Antes había tenido experiencia en talleres de teatro, pero nunca fui un cinéfilo; entonces siempre vi el cine como un elemento social que construye imaginario y nunca como mero entretenimiento.

¿Qué significa el cine para vos?

Básicamente la posibilidad de expresarme; de plantear ideas y significados para que circulen, para compartir con otros. Que permita pensar y emocione. También lo entiendo de una manera absolutamente personal e independiente y valoro la posibilidad de trabajar en equipo. El cine es interesante en la medida que refleje mundos personales, íntimos, subjetividades, que haga reflexionar.





"Malón", filme sobre la dura vida cotidiana


El realizador Fabián Fattore presentó su film Malón en Competencia Argentina del 25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Con gran aceptación del público que acercó a la sala de exhibiciones del Teatro Colón, la película generó un rico debate sobre su temática entre los espectadores y el director.

Agradecido por el contacto con la gente y la recepción de la prensa, Fattore, quien se identificó con el cine "que se mueve en esa frontera difusa entre documental y ficción", señaló que "participar del Festival de Cine es una actividad muy importante y una experiencia enriquecedora que favorece mucho a la difusión y circulación de la película".

"Malón" trata sobre la vida cotidiana y dura de un muchacho del interior que trabaja en un bar, practica box de manera amateur y vive en una pensión en el Gran Buenos Aires. "Para mi una película primariamente es una posibilidad de producir sentido", dijo el joven director y agregó "el cine no es tan solo contar una historia, debe haber una fuerte concepción de la imagen".

Ante una consulta de la prensa, el director explicó que su película es básicamente el personaje. Argumentó que "armé la trama en función de lo que quise mostrar, un cuadro, un gimnasio de box y a partir de ahí busqué por intermedio del guión los elementos dramáticos que los uniera".

Asimismo precisó que el personaje central del film Sosa, interpretado por el clown Dario Levin, "representa a alguien atravesado por muchos discursos, con un contenido político, pero con la conclusión de que el destino individual está atado al del conjunto de la sociedad".




Acerca de "Malón"


Sosa trabaja en un bar, tiene 40 años y emigró solo a Buenos Aires desde su pueblo cuando era muy joven. Su vida es rutinaria; sus días transcurren entre el trabajo y las horas muertas en la pensión donde vive. A veces, charla lacónicamente con su vecina.

El boxeo es casi su única distracción, y entrena de manera amateur. Así transcurren sus días, sin mayores emociones ni altibajos. Hasta que un día, una vieja y gastada postal pegada en un estante de la cocina del bar llama su atención. Lleva años observándola, imaginándola, imaginándose.


Alguien le habla brevemente del cuadro representado en ella, casi al pasar, y Sosa, con la misma naturalidad con que levanta una mesa o golpea la bolsa de arena, decide ir al Museo a conocer la obra original: "La vuelta del malón" de Ángel Della Valle.

Una vez frente a la pintura, Sosa entenderá algunas cuestiones de su vida y finalmente intentará redimirse. Construyendo su ficción a partir de lo real, Malón despliega una mirada minuciosa y descriptiva, en el punto justo entre el documental y ciertas texturas literarias.


Fuentes: Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2010, lacapitalmdq.com.ar

sábado, 2 de abril de 2011

Un sincero homenaje.

Rendimos un sincero homenaje a los caídos en las Malvinas, presentando este trabajo sobre el film Los chicos de la guerra, 1984. Los Editores.


Los chicos de la guerra

Ficha técnica

Origen y año: Argentina, estrenada el 2 de agosto de 1984.
Duración: 100 minutos.
Dirección: Bebe Kamín.
Guión: Daniel Kon y Bebe Kamín, sobre el libro de Daniel Kon con la
colaboración de María Teresa Ferrari.
Producción ejecutiva: Kiko Tenenbaum.
Fotografía: Yito Blanc.
Cámara: Andrés Silvart.
Montaje: Luis Mutti.
Música: Luis María Serra.


Intérpretes
Gustavo Belatti, Fabián
Tina Serrano, como Mirta Cárdenas (madre de Fabián)
Alfonso de Grazia, como Juan Cárdenas (padre de Fabián)
Emilia Mazer, como Andrea (novia de Fabián)
Gabriel Rovito, como Pablo
Héctor Alterio, como Augusto (padre de Pablo)
Marta González, madre de Pablo
Ulises Dumont, como Alberto (dueño del bar)
Leandro Regúnaga, como Santiago

Por Samanta Salvatori

Sinopsis

Los chicos de la guerra narra la historia de Fabián, Santiago y Pablo, tres
jóvenes de diferentes clases sociales que fueron enviados a combatir a Malvinas. Alejada del género bélico y más cerca del drama testimonial, este film recorre las vivencias de esos jóvenes en las islas Malvinas, pero también, y con extensión no menor en el relato, se sumerge en el pasado de esta generación: la infancia, la rigurosa disciplina en la escuela, los amores de juventud, la relación con los padres, son algunos de las escenas que se ensamblan para representar a la Argentina de los años ‘60 y ‘70, donde cobran fuerte protagonismo las prácticas autoritarias vividas por estos jóvenes antes de su experiencia bélica.

La generación de “los chicos”

Como quedó señalado más arriba, Los chicos de la guerra relata la historia de tres muchachos que van a combatir a las Islas y las posteriores transformaciones que generó esta experiencia traumática en sus vidas. Es un film que, más allá de poner en evidencia la penuria y el espanto que habían vivido los jóvenes, se anima a revisar la historia de una generación. La película está estructurada a partir de sucesivos flashbacks, siendo el presente -comienzo del film- la fecha de la derrota bélica argentina, el 14 de junio de 1982. Allí los soldados recuerdan desde su niñez hasta el momento en que son convocados para ir a la guerra. Transcurren escenas en la escuela primaria y secundaria: el respeto a los símbolos patrios desde el primer día de clase; la exigencia de un saludo “correcto” de los alumnos hacia los docentes; la rigurosa inspección del corte de pelo y la vestimenta y las normas implacables de la enseñanza, componen una representación realista del inexorable dispositivo disciplinario montado por las dictaduras a través de su sistema educativo. Si bien estos personajes se construyen a partir de lo que podríamos definir como estereotipos bien marcados que representan diferentes clases sociales, el autoritarismo será el denominador común que los acompaña desde sus primeros años de vida.



Así Bebe Kamín construye a partir de un pasado marcado por sucesivas dictaduras la génesis de esta generación. Será Malvinas el hecho que trastocará esa unidad, para marcar un nuevo lazo, esta vez propio, basado en el recuerdo del combate y el sufrimiento que sólo estos jóvenes padecieron. Pablo, Fabián y Santiago son quienes en el film representan la generación de “los chicos” de la guerra. Fabián, el personaje más desarrollado en el relato, es un muchacho de clase media, tiene una madre cariñosa, ama de casa y un padre trabajador. La película nos muestra su tránsito por la escuela primaria, sus amigos del barrio, la adolescencia: el grupo de estudio, el rock nacional de fondo, y su primera novia, Andrea, quien esperará su regreso de Malvinas.

Como dijimos, su vida previa a la guerra está caracterizada por la presencia del autoritarismo. Hay, en este sentido, una escena que cobra relevancia y nos posiciona temporalmente en los años de la última dictadura militar: una noche Fabián sentado en la calle esperando el colectivo con un amigo es increpado por un grupo de hombres —en un procedimiento policial— vestidos de civil. Les piden los documentos, los insultan, los golpean, los amenazan y los obligan abandonar el lugar corriendo y sin mirar para atrás, en medio de una noche oscura y desértica. Cuando llega a su casa, sus padres están mirando un programa de debate en televisión, una joven con una actitud aliviada dice: “Ahora por lo menos podemos vivir en paz” y respalda la necesidad de control paterno. En tanto el locutor mirando a la cámara afirma “Se trata de pensar. Yo soy responsable como padre ¿usted sabe con quién está su hijo, qué está haciendo ahora mismo?, se lo dejo para que lo piense”. Fabián golpeado y aterrado llora ante el consuelo de su madre. El film ratifica una idea presente en la sociedad de la época: ser joven estaba asociado a ser sospechoso o peligroso, más aún, durante la dictadura el discurso que imperaba era que todo joven podía ser potencialmente un “delincuente subversivo”.

Otro de los personajes fundamentales es Pablo. Miembro de una familia acomodada, hijo de un oficial del ejército, su vida transita entre las clases de piano, los conciertos de música clásica y los días de caza junto a su padre, Augusto, quien lo instruye en el manejo de las armas. Pablo es callado, obediente y solitario. El telegrama que lo convoca a presentarse para ir a luchar...



1) Como plantea Rosana Guber, Fabián es el personaje que el director más conoce, quizás por su pertenencia social. Rosana Guber, De chicos a veteranos. Memorias argentinas de la guerra de Malvinas, Editorial Antropofagia, Buenos Aires, 2004.

...a las Islas vibra sobre el piano, en tanto, su silencio se contrapone a las
palabras de su padre. Ante el ofrecimiento de un colega para que Pablo se quede en el continente, Augusto reclama la incorporación de su hijo en la lista de combatientes: “Mi hijo es un soldado de la patria y su deber es defender las islas Malvinas… Si salís a la calle te vas a dar cuenta de lo que está pasando, nos hemos convertido en una Nación por primera vez. Hace 150 años que estamos esperando este momento…y le doy gracias a Dios que mi hijo sea uno de los elegidos para defender a la patria con sus armas”. Con estas palabras Augusto -Héctor Alterio- compone la idea de una Nación inconclusa, mutilada, que la recuperación de las islas vendría a completar y a ordenar. Aquí es colocado el territorio en una posición sagrada, es el suelo lo que finalmente identifica al ser argentino. Como plantea Vicente Palermo la fuerza del territorialismo en los nacionalismos argentinos se puede entender en la
constitución vertiginosa de un estado y un país con grupos sociales que no tenían entre sí mucho más en común –pensemos en la diversidad del origen de los inmigrantes- que el suelo que los contenía. Ni el pasado, ni la lengua, ni ninguna otra cosa les eran comunes. Podemos pensar que si el territorio fue desde un comienzo lo que dotaba de una identidad común, la causa Malvinas viene a reforzar esta idea, logra unir a todos los argentinos; recordemos sin más, la Plaza de Mayo cubierta de gente el 2 de abril de 1982. Ese mismo telegrama llega a la casa de Fabián, su madre en medio del llanto se pregunta por qué tienen que enviar a su hijo “que no tiene nada que ver con nada” y su padre, disimulando la angustia dice “¿querés que tu hijo sea un desertor, que no se presente y que después se tenga que andar escondiendo?”. Ante las multitudes festejando la ocupación de las islas, se...

2) Vicente Palermo, Sal en las heridas. Las Malvinas en la Argentina contemporánea. Buenos Aires, Sudamericana, 2007, pág. 20.

...oculta la tensión entre dos deseos: uno individual, “salvarse” de la guerra y otro colectivo, la posible recuperación de lo perdido.Quien encarna este último deseo desde un tono festivo —al igual que los bocinazos y banderines que plagaron las calles de Buenos Aires— es el dueño del bar donde trabaja Santiago, el tercer personaje de esta historia. En el momento en que el joven está tomando sus cosas para partir hacia la guerra. Su jefe, Alberto, embriagado de alegría lo llama héroe, canta, lo besa y lamenta el no poder ir con él: “¡Qué suerte que tenés vos pibe, que podés ir!”. Santiago es un chico correntino, trabajador y en la película sólo lo vemos en su ámbito laboral y en alguna salida nocturna. El momento de mayor desarrollo de este personaje es en Malvinas; Santiago decide desatar a un compañero que fue estaqueado por los oficiales por robar una oveja. Ante esta situación es llevado con el jefe de la compañía para dar explicaciones mientras sus compañeros afirman: “Si es cierto, nos están cagando de hambre, nos tratan peor que a los enemigos”. Santiago se rebela ante el mandato, ante las órdenes, él puede comprender y aceptar las desigualdades en la sociedad, pero en el campo de batalla reclama igualdad: “acá somos todos iguales… creo que no vinimos acá para cagarnos entre nosotros”. Esta escena deja abiertos algunos interrogantes: ¿Quiénes eran realmente los enemigos para estos jóvenes?. ¿Eran los ingleses, como les habían dicho, o los propios militares, que los maltrataban, les hacían pasar frío y hambre?. ¿Eran los adultos que conducían la guerra?.

Y es en Malvinas finalmente, que estos tres personajes tienen vivencias comunes. Santiago comparte el pozo con Fabián y, junto con este último, Pablo entierra a sus compañeros muertos. Se suceden varias escenas que nos remiten a la penas y al sufrimiento en el campo de batalla. Y será el regreso al continente lo que los separará nuevamente, allí tendrán diferentes destinos. Santiago vuelve al bar y el panorama ha cambiado, entre los lamentos de su jefe por la derrota y el reconocimiento de la “locura” que significó Malvinas, Santiago mira a su reemplazo, un joven lavacopas ocupa su antiguo lugar. Ante el desamparo y la indiferencia no puede rebelarse, se emborracha y genera una pelea en un boliche bailable que culmina con su encierro en el calabozo de una comisaría. Santiago ha quedado excluido de una sociedad que lo trata con indiferencia y desprecio y que no lo contiene.
Pablo, alienado, se encierra en una habitación y comienza a disparar con un arma de su padre: la locura y el suicidio parecen otro destino para esta generación. Finalmente, Fabián representa otra salida, vuelve a su casa, todo sigue igual aunque él ha cambiado. Ese joven que fue a Malvinas trata de sumar, de crecer, como dice la canción de Baglietto: “multiplicar”, en el recital de rock, que nos muestran hacia el final del film. En este sentido, Rosana Guber plantea “la imagen del comienzo de la película con el final de la guerra —jóvenes soldados cavando tumbas y enterrando a sus muertos (camaradas del pozo de zorro, de nacionalidad y de generación)— encierra el corazón del mensaje de Kamín: muertos o vivos, esos chicos son víctimas del Proceso y, por eso, de una guerra de las Fuerzas Armadas contra sus connacionales. Los británicos sólo proveen el escenario donde se despliega el drama argentino”.



Las primeras películas en democracia

Durante los últimos años de la dictadura militar, el cine argentino, aún bajo la censura, comenzó a plasmar en sus imágenes el miedo, el dolor y el encierro que se vivían en aquel entonces. Mediante un estilo metafórico, películas como La isla y Los miedos (Alejandro Doria, 1978-1980), El poder de las tinieblas (Mario Sábato, 1979) o Tiempo de revancha y Los últimos días de la víctima (Adolfo Aristarain, 1981-1982) dieron un pequeño respiro en medio de la asfixia represiva.

Es a partir de 1984 cuando el cine, con la promulgación en democracia de la ley 23.052 que cesó con la censura, comenzó a denunciar más abiertamente la represión ejercida por las Fuerzas Armadas y la violación a los derechos humanos. Aquel fue un año de numerosas producciones. La creatividad contenida durante el período anterior se redimió con una dura crítica hacia ese pasado inmediato -casi presente-. La exitosa Camila (de María Luisa Bemberg) fue el primer film en estrenarse, y le siguieron unos cuantos más, acreditados de cierto reconocimiento: La Rosales (de David Lipszyc), Asesinato en el Senado de la Nación (de Juan José Jusid), En retirada (de Juan Carlos Desanzo), Darse cuenta (de Alejandro Doria) y Cuarteles de invierno (de Lautaro Murúa). Y se agrega a este listado Los chicos de la guerra (Bebe Kamín).

En relación a nuestro tema, Jorge Denti dirigió Malvinas, historia de traiciones, un film que fue encargado por canal 7, por entonces ATC, pero este último impidió su recursos alegóricos característicos de lar realizaciones de la época, el film de Kamín venía a transmitir los testimonios de una dolorosa experiencia que al momento de ser narrada era empujada hacia el silencio de gran parte de la sociedad; de los militares que necesitaban alejarse de la derrota para poder facilitar la transición democrática, y de los partidos políticos que preferían tomar otros temas para sus plataformas, ya que casi todos habían apoyado la guerra. Sólo quedaban las demandas de asistencia a los ex combatientes.



La película y la memoria de la dictadura

Sobre fines de la dictadura se hicieron públicos los relatos de la reciente experiencia bélica, la censura los toleró y la sociedad estuvo dispuesta a recibirlos, los atendió con dolor y los hizo transmisibles. Como reflexiona Michel Pollak “[…] lejos de depender de la sola voluntad o de la capacidad de los testigos potenciales para reconstruir su experiencia, todo testimonio se ancla también y sobre todo en las condiciones sociales que lo vuelven comunicable, condiciones que evolucionan en el tiempo y que varían de un país a otro”. El libro Los chicos de la guerra de Daniel Kon, en el cual se basó la película, fue uno de los primeros espacios que se instituyeron para recibir estas historias. A solo unos días de finalizada la guerra, el periodista comenzó su trabajo compuesto por ocho testimonios de jóvenes que habían combatido en las Islas. Publicado en agosto de 1982, inmediatamente agotó su edición y en sólo cuatro meses se vendieron 35.000 ejemplares. Dos años después se estrenó la película de Bebe Kamin. Primero, filmada en 16 mm y luego ampliada a 35 mm, este estreno estaba en desacuerdo con el discurso que Denti transmitía. Recién el 2 de abril de 2008, después de muchos años, esta película logró estrenarse en canal 7.

En la adaptación del libro al film, fueron dejados de lado algunos aspectos de los testimonios que no se articulaban con estos aires discursivos de la transición democrática. Es decir, en las entrevistas realizadas por el periodista, los ex combatientes, si bien son representados como individuos sometidos por las circunstancias, reivindican aspectos de su experiencia, o la describen en forma activa, cuestiones estas que no encajaban en un contexto en el que la sociedad se posicionaba como víctima: en los centros clandestinos de detención, en Malvinas, de la “guerra sucia”, en suma: de los militares. Al visualizar a la sociedad como mártir y a la juventud como “víctima inocente”, se obstruía la posibilidad de apelar a la responsabilidad social sobre el pasado, tanto de Malvinas como de la violación de los derechos humanos. A su vez, no sólo eran silenciados los aspectos vinculados a la militancia de los jóvenes sobrevivientes, que ya poco espacio tenían para sus recuerdos sobre la lucha política de los años 70, sino también se negaba la posibilidad para quienes fueron a la guerra de contar sus experiencias desde un punto de vista activo, que en muchos casos de esa manera era recordado. Por otro lado, estos testimonios resultaron fundantes para la identidad de los ex combatientes. Moldeada a partir de las vivencias comunes, la identidad de esos jóvenes incorporó las representaciones elaboradas por los “otros” -quienes no estuvieron en Malvinas- para negarlas en la propia narrativa identitaria: no fuimos víctimas y luchamos con orgullo para defender nuestra patria, sostenían y sostienen hoy en día muchos de los ex combatientes. En este mismo sentido, Los chicos de la guerra fue criticada: “La película no nos satisface porque nos representa como estúpidos e infantiles. No éramos tan indefensos e inofensivos como nos muestran. En ese momento estábamos dispuestos a dar la vida y a matar”.

Con el tiempo, irrumpieron otros relatos tanto de la sociedad en general como de quienes preservaron la experiencia de la guerra en sus memorias. Desde una mirada individual o colectiva, los testimonios podrán reivindicar la “gesta”, condenar a los jefes militares responsables de la contienda, lamentar las pérdidas y, sin dudas, al momento de evocar ese pasado, habrá diferencias en torno de las causas y consecuencias, pero lo que mantendrá unidos a quienes “estuvieron allí” es el esfuerzo por sostener –o crear- un espacio de legitimidad en la política argentina.



El presente de Malvinas

La película Los chicos de la guerra, parece un film inconcluso, no sólo por sus dificultades narrativas y cinematográficas, sino también porque deja en suspenso temas que cuestionaban el presente de la inmediata posdictadura: si bien expone, podríamos decir críticamente, las diferentes expresiones del nacionalismo argentino que emergen ante la posibilidad de “recuperar lo perdido”, ningún personaje cuestiona la reivindicación de la guerra, nada dice sobre esa complicidad entre los militares y el resto de la sociedad, problemáticas que, pasados más de 25 años, siguen configurando nuestro presente. Sin dudas, este film resulta ser un documento interesante para interpelar ese pasado, pero también un disparador para debatir, indagar y problematizar nuestro presente.

Años después, se realizaron otras películas sobre Malvinas, como por ejemplo, Los días de junio (Alberto Fischerman, 1985), El visitante (Héctor Olivera, 1999), Fuckland (José Luis Marqués, 2000), Malvinas, historia de traiciones (Jorge Denti, 1984), Locos de la bandera (Julio Cardoso, 2005), No tan nuestras (Ramiro Longo, 2005) e Iluminados por el fuego (Tristán Bauer, 2005), entre otras. No obstante esta diversidad, hay una cuestión que se reitera y que mantiene en vigencia las ideas transmitidas por la producción de Kamín: pocos son los filmes que se animan a problematizar la cuestión del nacionalismo y los discursos patrióticos que hoy se siguen elaborando sobre el tema. Casi ninguno se pregunta cómo comprender y contextualizar Malvinas políticamente. Advertir el sufrimiento y sus secuelas que perduran en los ex combatientes es significativo para poder preservar al “otro”, para lograr interpretar ese dolor; pero también el preguntarnos y repreguntarnos por qué Malvinas nos ayudaría a reflexionar más profundamente acerca de la sociedad en la que vivimos.

Director

Bebe Kamín (nombre Bernardo Czemerinski) nació en 1943, en Buenos Aires. Estudió Ingeniería Electromecánica en la Universidad de Buenos Aires, fue responsable del cineclub de la Facultad de Ingeniería y trabajó en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Comenzó su carrera en el cine como director de sonido. Entre los años 1969 y 1972, cumplió con esa tarea en varios films (Juan Lamaglia y Sra, de Raúl de la Torre; Paño verde, de Mario David; El habilitado, de Jorge Cedrón y Puntos suspensivos, de Edgardo Cosarinsky, entre otros), especialmente en los de Torre Nilsson. Entre el inicio de la producción de su primer largometraje, El búho y su tardío estreno, vivió dos años en México dedicándose a la producción de documentales. Después de Adiós Sui Generis, realizó el film Los chicos de la guerra, que le permitió recorrer varios festivales de cine y ganar el premio Colón de oro (ex Aequo), en Huelva. Durante la segunda mitad de los años 80 y parte de los 90 tuvo varias participaciones en programas de televisión e incursionó en diferentes formatos y temas. Sin dudas, más allá de las diversas producciones que realizó, su nombre quedó siempre ligado a Los chicos de la guerra.

Filmografía

Maestros milongueros, 2006
Contraluz, 2001
Vivir mata, 1991
Chechechela, una chica de barrio, 1986
Los chicos de la guerra, 1986
Adiós Sui Generis, 1976
El búho (no estrenada comercialmente), 1974



Fuente: http://abc.gov.ar/lainstitucion/organismos/cendie/cinedivulgacion/videos/loschicosdelaguerra.pdf

martes, 29 de marzo de 2011

Robin y Marian, Sean Connery, Audrey Hepburn y...Richard Lester.

Por Alberto Abuín, 20 de mayo de 2010


Cuando el listo de Ridley Scott —excelente director, sí, pero que cuando abre la boca hay que prepararse para lo que sea— dijo que su visión sobre el legendario Robin Hood sería la mejor de todas, algunos le dieron el beneficio de la duda, otros no sabían de lo que hablaba, y un buen puñado literalmente nos partimos de la risa. Que no se me malinterprete, admiro al realizador de joyas como ‘Los duelistas’ (‘The Duellits, 1977) o ‘Blade Runner’ (id, 1982), que una película venga firmada por él es razón más que suficiente para ir a verla, pero a la hora de defender su producto debería utilizar otra serie de argumentos y no el simple desprecio hacia obras maestras como la protagonizada por Errol Flynn, quien con mallas verdes tiene más carisma que Russell Crowe en el aburrimiento soberano de Scott. La de Keighley y Curtiz es sin duda la versión más famosa, la más comentada estos días, pero sólo unos pocos se acuerdan de la maravilla que filmó en 1976 Richard Lester, y que Scott plagia sin descaro en muchos de sus planos.


‘Robin y Marian’ es el sencillo y sentido título de una película que se adentra en el mito de Robin Hood desde una perspectiva totalmente desmitificadora y en un tono de elegía elucubra sobre las vidas de todos los personajes cuando éstos son ya mayores y no tienen el cuerpo para tantas batallas. Una historia otoñal, una canción triste de acentuados tintes crepusculares en la que Lester —director que efectuó una maniobra similar sobre otras figuras míticas, los mosqueteros de Dumas— se acerca sorprendentemente a un terreno en el que hubiera campado a sus anchas el mismísimo Sam Peckinpah.

James Goldman —ganador del Oscar por el libreto de ‘Un león en invierno’ (‘The Lion in Winter’, Anthony Harvey, 1968)— escribe un guión en el que Robin Hood regresa de la Cruzadas y tras la repentina muerte de un Ricardo Corazón de León, comprueba que el sheriff de Nottingham sigue tiranizando el lugar haciendo de las suyas. Lady Marian se ha hecho monja y antes de ser apresada por el sheriff debido a la práctica de la religión católica, Robin Hood interviene raptándola firmando lo que es una clara declaración de guerra al sheriff y el rey John. Así pues, Robin, su sempiterno compañero Little John, y antiguos seguidores, vuelven a los bosques de Sherwood, el lugar que antaño fue su hogar.





Uno de los grandes aciertos, probablemente el más grande, de ‘Robin y Marian‘ es su carácter de comedia amarga. El ver a nuestros héroes de la infancia ya mayores, con el cuerpo cansado, torpes y menos fuertes, no deja de tener su punto cómico, pero Lester, que se movía como pez en el agua en la comedia, añade un gran peso de amargura que hace que jamás soltemos una carcajada, sino más bien una sonrisa de triste regusto. Ver cómo Robin y los suyos se levantan con el cuerpo dolorido tras pasar una noche a la intemperie, o el patético enfrentamiento final entre Hood y el sheriff, evocan con algo de gracia una épica dormida con el paso de los años. Lester se permite el lujo de ser puramente cómico en su descripción del Rey John (Ian Holm) y que además funciona como crítica al poder. Un rey al que no le importa lo más mínimo lo que ocurre en su reino, sólo piensa en muchachas, momento en el que Holm está impagable.

Aunque la mirada que Lester proyecta sobre sus personajes, a los que viste en todo momento de suciedad —magnífica ambientación del genial Gil Parrondo y fotografía del no menos excelente David Watkin—, es en todo momento agridulce, hay emoción en el relato. Una palpable emoción como en las antiguas aventuras de nuestros héroes ahora ya al final de sus vidas, agarrados al sueño de lo que fueron e irremediablemente no pueden volver a ser. Y es curioso como Lester aplica un ritmo nada lento a una historia sobre la decadencia del mito. Otros directores hubieran empleado más tiempo del necesario, por ejemplo en el asedio al castillo donde sólo hay mujeres y niños. Lester filma con un sólo plano —el castillo a contraluz ardiendo en el ocaso— el horror de la maldad cometida por Ricardo Corazón de León. Sutileza y sencillez en una aventura tan entretenida como las demás.





Si antes mencionaba que la mirada de Lester era probablemente el mayor acierto del film, es evidente que obviar su impresionante reparto sería de locos. Es innegable lo brillantes que están Robert Shaw, como el perfecto antagonista de Hood, Nicol Williamson, como Little John y que termina confesando su amor por Lady Marian, Denholm Elliott, años antes de Indiana Jones animando la función con sus canciones, el mencionado Ian Holm, y Richard Harris como perfecto Ricardo Corazón de León, cuya muerte a brazos de Hood es un mal presagio de lo que vendrá. Pero si ‘Robin y Marian’ tiene alma ésta se encuentra repartida entre Sean Connery y Audrey Hepburn que conforman uno de los más perfectos castings que el cine recuerde.





Connery y Hepburn, Hepburn y Connery. ‘Robin y Marian’ es prácticamente imposible sin ellos, dos actores muy adecuados sobre todo por sus edades. En ellos está el peso de la película y su perfecta compenetración alcanza momentos únicos como la declaración de amor que le hace Marian a Robin, diciéndole que le ama más que a cualquier cosa, más que a Dios. O cómo no, esa durísima escena final en la que Marian proporciona a su amado una muerte mejor que la que le espera y resignados a su inminente destino, Robin tensa por última vez su arco pidiéndole a su eterno amigo Little John que les entierre donde caiga la flecha. El vuelo de dicha flecha hace que el espectador se eleve con ella mientras Lester termina la película con el mismo plano con el que la inicia.

Suena John Barry, y el que no derrame alguna lágrima, que me perdone, no tiene sangre en las venas.

Ficha técnica



Título: Robin y Marian
Título original: Robin and Marian
Dirección: Richard Lester
País: Estados Unidos
Año: 1976
Duración: 106 min.
Género: Drama, Romance, Aventuras
Calificación: No recomendada para menores de 13 años
Reparto: Sean Connery, Audrey Hepburn, Robert Shaw, Richard Harris, Nicol Williamson, Denholm Elliott, Kenneth Haigh, Ronnie Barker, Ian Holm, Bill Maynard, Esmond Knight, Veronica Quilligan, Peter Butterworth, John Barrett, Kenneth Cranham, Victoria Abril, Montserrat Julió, Victoria Hernández Sanguino, Margarida Minguillón
Distribuidora: Columbia Pictures
Productora: Columbia Pictures Corporation, Rastar Pictures
Presupuesto: 5.000.000,00 $


Casting: Mary Selway
Departamento artístico: Francisco Prósper, Julián Mateos, Tony Reading
Departamento editorial: Peter Boyle
Departamento musical: John Barry, Michael Clifford
Dirección: Richard Lester
Dirección artística: Gil Parrondo
Diseño de producción: Michael Stringer
Efectos especiales: Eddie Fowlie
Fotografía: David Watkin
Guión: James Goldman
Maquillaje: José Antonio Sánchez
Montaje: John Victor-Smith
Música: John Barry
Producción ejecutiva: Ray Stark, Richard Shepherd
Sonido: Don Sharpe, Gerry Humphreys, Paul Smith, Roy Charman
Vestuario: Yvonne Blake


Fuentes: Blog de cine, cine.estamosrodando.com/filmoteca/robin-y-marian/ficha-tecnica-ampliada/

domingo, 27 de marzo de 2011

Festival 4 + 1

Presentación del film LA SALAMANDRA

Origen: Alemania, Argentina, Francia.
Año: 2008
Soporte: Digi Beta, Blu-ray
Duración: 91 m
Idioma original: español V.O. y V.O.S. portugués


DIRECCIÓN: Pablo Agüero.
GUIÓN: Pablo Agüero
PRODUCTORES: Jacques Bidou, Marianne Dumoulin
COPRODUCTORES: Benny Drechsel, Karsten Stöter
FOTOGRAFÍA: Hélène Louvart
MONTAJE: Jacques Comets
SONIDO: Daniel Iribarren, Federico Billordo, Jean-Guy Véran
INTÉRPRETES :Joaquin Aguila, Dolores Fonzi, John Cale, Daniel Fanego





Sinopsis por Carlos Reviriego

De ecos autobiográficos, la indolente mirada de Inti es la que rescata el director de sus recuerdos de infancia. Con su madre Alba –liberada de prisión tras el fin de la Guerra Sucia de Argentina– se instala en la médula de una comuna hippie en los confines patagónicos. La huida hacia adelante se empantana en la mugre, el caos y la crueldad de la vida comunera, retratada con pulso etnográfico. Un viaje a la descomposición de la utopía y a los márgenes del sistema social, allí donde todo el mundo ha huido de algo y las renuncias entran en colisión con el futuro.


PARTICIPACIÓN EN FESTIVALES

2008: Gijón, Mar del Plata, Haifa, Atlantic, Festival des 3 continents, Munich, Dubai, Tallinn Black Nights, Thessaloniki, Toronto, Vienna, Warsaw.

2009: !f Istanbul, Belgrade, Black Movie, Cinema Novo, Febiofest, Rio de Janeiro, Taipei, Rencontres Cinéma d’Amérique Latine de Toulouse.

2010: Las Palmas.

PABLO AGÜERO: (Argentina, 1977).
Filmografía: Salamandra (2009), Primera Nieve (2006), Lejos del sol (2005), Hogar de tránsito (2003), Shh…(2000), Crisálida (1999), Mariposa (1998), Vida Crucis (1996), Más allá de las puertas (1993).





Por María Luisa Gaspar, Cannes (Francia) 22/05/2008


Imposible olvidar el asfixiante valle del Bolsón tras haber visto "La Salamandra", donde el director argentino Pablo Agüero encerró en forma de película una parte de su infancia, verdadera acumulación de sufrimientos e incomunicación, que esta noche compartió con el público de Cannes.

Agüero trabajó durante cuatro años en el proyecto, sobre el que ya hizo un cortometraje "Primera nieve" (2006), que le dio el gran premio del Jurado en la competición oficial de Cannes. Pese al tema elegido, aseguró que en su película no hay intención autobiográfica ni de contar "su propia vida", sino de ir "de lo más cercano a lo que está más lejos", llegar a lo más profundo de lo que "conoció personalmente". "Si corres en un terreno que conoces, corres mejor y más rápido", es "como esa famosa frase de: pinta tu pueblo y serás universal", añadió.





En cualquier caso, Agüero, nacido en 1977, conoce bien el escenario patagónico en el que coloca a sus dos protagonistas principales: ´Alba´ una joven madre de 30 años que decide instalarse en ese inhóspito paraje con su hijo de seis años (´Inti´), a quien acaba de conocer pues estuvo en la cárcel desde que nació. El director, cuya madre "sigue en El Bolsón", asegura que no hizo la película "como una terapia para él", sino para "sumergirse en lo más íntimo y personal para alcanzar lo universal". "En cierto sentido no tiene nada que ver con mi madre. Si tuviera que decir algo al público diría que no es una película sobre mí, es una película sobre ustedes", manifestó. De ahí el recurso a situaciones que le fueron muy cercanas, y a personajes que conoció en su día, para luego añadir "un trabajo muy grande de construcción de una progresión dramática con todo eso" y construir un mundo aparte, de ficción, que no se corresponde con la realidad.


Agüero señaló que "no se puede contar otra cosa que lo que es uno mismo", aunque dijo que "un autor tiene que darse en sacrificio". Como alguien que va a un espectáculo y se desnuda, como un cantaor "que se quiebra en dos" ante el público y da su vida "en sacrificio", precisó. "Es molesto, da vergüenza", pues cuando uno abre su corazón "se pone incomodo", pero es conmovedor, aunque "es más fácil" hacer una película quirúrgica sobre otras personas, estimó.

Agüero dijo también haber querido evitar "lo demasiado azucarado", la afectación que esconde sentimientos verdaderos", en busca "del camino más directo a ellos". Para lo que acumula "muchísimo material" en muchas lecturas diferentes, con el fin de ofrecer en cada momento múltiples connotaciones y mensajes simultáneos. "Escribo mucho sobre mis recuerdos, sobre mucha gente que veo, anoto frases de la gente, observo mucho la realidad, hago un trabajo de investigación grande" recordó Agüero, quien lee mucha etnografía para "estudiar el comportamiento de la gente" y hacerlo "más legible".





Su historia se apoya en Joaquín (´Inti´), presente hoy en la sala de La Quincena, quien recibió numerosos aplausos al final de la proyección, al igual que Dolores Fonzi (´Alba´), actriz muy conocida en Argentina, justo lo que no quería Agüero, quien iba en busca de actores no profesionales para su película. También aparece en el filme el músico, compositor y productor galés John Cale más conocido por haber sido miembro de la banda neoyorquina Velvet Underground en la década de los 60.


Fuentes: Pagina oficial del Festival 4 + 1, FUNDACIÓN MAPFRE, www.hoycinema.com

domingo, 20 de marzo de 2011

Revisitando clásicos: Casablanca, 1942, de Michael Curtiz.

Título Original: Casablanca
Estreno en Nueva York: 26 de noviembre de 1942
Duración: 102 min (1 h 42)
Idiomas: Inglés, francés, alemán
Productora: Warner Bros Pictures
Blanco y negro


Interpretes

Humphrey Bogart es Rick Blaine
Ingrid Bergman es Ilsa Lund
Paul Henreid es Victor Laszlo
Claude Rains es Capitán Renault
Conrad Veidt es Mayor Strasser
Sydney Greenstreet es Sr. Ferrari
Peter Lorre es Ugarte
SZ Sakall es Carl
Madeleine LeBeau es Yvonne
Dooley Wilson es Sam, el pianista
Joy Page es Annina Brandel
John Qualen es Berger
Leonid Kinskey es Sascha
Curt Bois es Carterista


Equipo técnico

Director: Michael Curtiz
Escritores: Murray Burnett, Joan Alison, Julio J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch
Productores: Charles K. Feldman
Música: Alex North
Imagen: Harry Stradling Sr.
Edición: David Weisbart
Dirección artística: Richard Day
Decoración: George James Hopkins
Vestuario: Orry-Kelly
Maquillaje: Perc Westmore
Efectos especiales: Lawrence W. Butler y Willard Van Enger

Por Julio Diz


La Historia

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos está esclavizada en Europa por el símbolo de la libertad. Lisboa es el puerto de embarque para el Nuevo Mundo y la esperanza. Pero el acceso directo a Portugal es prácticamente imposible y los que huyen de los nazis opresivos deben tomar una ruta indirecta. París, Marsella y el Mediterráneo a Oran. A partir de ahí, tienen que ganar Casablanca, Marruecos sin pasar por los españoles, los ferrocarriles, los automóviles o a pie. Allí, tienen los medios o el azar, la posibilidad de obtener su visado a Portugal y desde allí, ganar las Américas. Pero les toca la espera a los pobres desventurados en Casablanca durante días, semanas, meses ...

1942. el Mayor Strasser, un dignatario alemán líder llega en Casablanca (en la Francia no ocupada) para investigar el asesinato de dos emisarios nazis. Él le pidió su apoyo, la investigación y la asistencia del capitán Renault, el jefe de la policía local, unido al régimen de Vichy. Para Renault, la respuesta a este enigma se encuentra en Rick's (un café americano), celebrada por el estadounidense y antiguo opositor exiliado de los fascistas en Etiopía y España, Rick Blaine. Rick es el lugar para ir a una multitud cosmopolita y también sirve como un refugio para aquellos que quieren obtener los documentos necesarios para salir del país.

Plagado de un corazón roto, Rick se convirtió en un hombre desencantado y oportunista que está afectado a un destacamento completo en relación con la situación internacional. Muestra su total neutralidad desencadenando el tráfico en las obras o se niega a prestar asistencia para la captura de los asesinos nazis de los dos emisarios.

Una noche, Rick ve como un disidente político en su establecimiento a Victor Laszlo y su esposa Ilsa. Mientras que Víctor está aquí con el deseo de recuperar los documentos robados a los nazis asesinados, Ilsa pasa a ser la mujer que había conocido Rick antes de la ocupación de París por el Tercer Reich, la mujer que había amado tanto y que le había dejado sin ninguna explicación. Viejos recuerdos resurgen y llevan a Rick para restablecer el diálogo en la lucha contra el nazismo. Es compatible con Lazlo, el reconocido chef de la resistencia, que se escapó de un campo de concentración, para salir del país. Los sentimientos de Rick por Ilsa todavía están presentes y viceversa, pero Rick decide sacrificar el amor de su vida para hacerlos salir de los Estados Unidos en vez de quedarse con él. El Mayor Strasser fue asesinado por Rick mientras estaba furioso y acaba de descubrir que Laszlo voló a Lisboa. Obviamente, con la complicidad del capitán Renault, Rick decide contraatacar a los aliados ...


Nominaciones y premios

Oscar a la Mejor Película en 1943 (recibido por el productor Hal B. Wallis)
Oscar a mejor director Michael Curtiz (1943)
Oscar al mejor guión Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch (1943)
Cinco nominaciones al Oscar (una nominación al mejor actor Humphrey Bogart, una nominación a mejor actor de reparto Claude Rains, una nominación a la mejor fotografía en blanco y negro de Arthur Edeson, una nominación a la Mejor Edición de Owen, y una nominación a la mejor música de Max Steiner.

Comentarios

La primera versión teatral en Francia de Casablanca: 23 de mayo de 1947.

Casablanca es la adaptación de la obra Todo el mundo viene a Rick. Escrita en 1938 por Murray Burnett y Joan Allison se inspira en una reunión de emigrantes que huyen de la nazis. Los derechos del libro son comprados por Warner Bros en 20 000 dólares, El precio más alto pagado por una obra de teatro inédita. Julius J. Wally Kline y Mackenzie Eneas comenzaron a trabajar en el guión antes de ser rápidamente reemplazados por Julio J. Epstein y Philip G. Epstein. Al Terminar el primer tercio del guión y sugerir a Claude Rains e Ingrid Bergman en el reparto. Humphrey Bogart ya había sido fijado para el proyecto. Unos días más tarde, los hermanos son asistidos por Howard Koch. El les da la dimensión política y moral de la película. El productor Hal B. Wallis busca mostrar la relación romántica entre sus dos principales intérpretes, para eso le envia a la script Casey Robinson la dimensión de la historia. El rodaje comienza a finales de mayo sin que el guión está terminado.


Film políticamente comprometido con el bando aliado, Casablanca fue lanzado por Warner. Desde los años treinta, el estudio fue muy abierto a las cuestiones sociales. Durante la guerra, Warner también estuvo muy involucrado.

El rodaje de Casablanca fue muy difícil. El guión fue escrito día a día con gran disgusto de los actores. Humphrey Bogart y Michael Curtiz luchaban a menudo. El actor también tuvo que sufrir la ira de su esposa, pensaba que tenía un romance con Ingrid Bergman.

Casablanca es la pelicula que permite a Humphrey Bogart, de 42 años, el acceso a la condición de estrella internacional. El actor abandona el papel de detective y mafioso que generalmente rueda para convertirse en héroe romántico.

En la puesta en marcha del proyecto Casablanca, Ann Sheridan y Ronald Reagan fueron anunciados como posibles interpretes de la película. La Warner sólo estaba tratando con estos dos actores cuyos nombres ya no estában circulando en la prensa. Para el papel de Rick, Humphrey Bogart se lo puso en contacto rápidamente. George Raft estaba muy interesado en el papel, pero nunca logró convencer a los estudios. Michele Morgan exigió $ 55 000 para el papel de Ilsa, pero Wallis se habia negado a pagar el dinero cuando podía tener a Ingrid Bergman por $ 25 000. Hedy Lamarr también habría sido contactada para este papel, pero ella estaba bajo contrato con MGM y no quería trabajar en un proyecto sin conocer el escenario completo por adelantado.


El guión se escribe todos los días en el momento del rodaje, el mismo no dice cuál de los dos hombres elegiran Ilsa al final. Desorientados por esta incertidumbre, Ingrid Bergman pidió una reunión con Michael Curtiz, buscando la respuesta al "juego entre los dos." Sólo dos semanas antes del final de la filmación se tomó la decisión final.

El film Casablanca no salió de Alemania durante la guerra. La película fue considerada por las autoridades como una obra de propaganda anti-nazi. Después de que terminó la guerra, Casablanca fue proyectada por último, en Alemania, pero con 20 minutos de cortes. Todas las referencias al nazismo y el carácter del Mayor Heinrich Strasser ha sido eliminado.

Michael Curtiz y Humphrey Bogart han hecho siete películas juntos.

Wallis habia pensado el personaje de Sam como un papel femenino. Hazel Scott, Lena Horne y Ella Fitzgerald eran posibles "Sam".


Paul Henreid tomó en contra de su voluntad el papel de Victor Lazlo por Selznick International con la que estaba obligado por contrato. El actor estaba preocupado de que este papel secundario dramático podía romper su carrera como galán romántico.

El pianista Sam está interpretado por Dooley Wilson. La especialidad de este actor afro-americano, sin embargo, fue la batería. En Casablanca, pretende tocar el piano. El actor copia los movimientos de la mano de Elliot Carpenter, quien interpretó la música real detrás de una cortina.

Warner Brothers tenía la intención de utilizar la canción principal del Partido Nazi, "Horst Wessel" antes de encontrarse con las cuestiones de derechos. El estudio ha decidido finalmente conformarse con la menos conocida "Die Wacht am Rhein".

Para interpretar el papel de los nazis, el equipo de filmación ha incluido el uso de varios Judios que no podían dejar de sentir preocupación por la gravedad del tema.

El Rick's cafe americano" se inspira en El Minzah de Tánger.

Joy Page, quien interpreta a Annina Brandel, el refugiado búlgaro en Casablanca es la hijastra de Jack L. Warner, el jefe del estudio de Hollywood.

Poco después del lanzamiento de Casablanca, Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y Paul Henreid repiten sus papeles de una versión radiofónica de la película en beneficio de los fondos de guerra de EE.UU..

La película se rodó en sólo 59 días.

Humphrey Bogart recibió $ 36.000 para interpretar Rick Blaine.

Septiembre de 1939, la Alemania nazi invadió Polonia. Pronto, Gran Bretaña y Francia entraron en la guerra contra el Tercer Reich. Luego, poco a poco, con el tiempo, las tensiones y extención de la guerra se globaliza con la entrada de los Estados Unidos en el conflicto en los albores de 1942. Hollywood no puede permanecer indiferente a esta página en negro de la historia, siendo escrita delante de sus ojos y de los cineastas más famosos de la capital mundial del cine, Cineastas como Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Ernst Lubitsch, Fritz Lang para nombrar unos pocos, entran en la producción de películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las películas más importantes no son las únicas que hacen frente a esta tarea y es como un director húngaro llamado Michael Curtiz, después de haber sido elegido, empieza una película sobre este delicado tema. Esta película es Casablanca, esta mítica película que todos deben haber oído al menos una vez, aun sin verlo.


Originalmente destinada al fracaso (debido a problemas de producción, en particular), Casablanca es necesariamente un clásico, una obra maestra para muchos. Es reconocido incluso por el American Film Institute como una de las mejores películas de la historia del cine (después de El Ciudadano de Orson Welles). Por supuesto, los críticos dirán que se trata de Casablanca, en especial una de esas películas cuya tendencia moralizante y propagandista de los EE.UU. Sin embargo, mientras que Michael Curtiz había hecho en realidad una película de propaganda anti-nazi, es innegable, Casablanca no es sólo eso. Filmada durante el conflicto, parece más original y más sutil, el tratamiento de la película. Técnicamente, es cierto que Casablanca es una película más "normal", nada realmente revolucionaria en la realización, sin duda (los movimientos de cámara y el encuadre traen una cierta atmósfera de misterio), pero sobrio Curtiz (Si no fuera por él el "confinamiento" en el marco de un jadeo a puerta cerrada como estaba más acostumbrado a los espacios abiertos).

La puesta en escena es el líquido de todos modos: Me refiero a la perfecta comprensión de las situaciones diferentes que se entrecruzan a lo largo de la película (el romance de Rick / Ilsa, la situación política, el progreso de la investigación sobre el asesinato de dos emisarios de la historia nazi pasa por el desarrollo humano o personal de Laszlo, la resistencia checoslovaca).


Lo que es interesante para mí fue antes de los caracteres, es el contexto. A diferencia de muchas películas o libros tumbados en medio de la Segunda Guerra Mundial, este clásico tiene la distinción de ver que la acción se desarrollan en un país africano, en una ciudad dividida entre el gobierno de Vichy y el régimen nazi. Generalmente, cuando la Segunda Guerra Mundial se menciona, se habla de Europa, EE.UU. y Asia, así que encontré la idea de una perspectiva que muchos no se centran necesariamente notable . De repente, la visión correcta, la escala humana del conflicto global que tenemos ante nosotros con sutileza.

Los personajes ahora: El personaje de Bogart, Rick, es complejo. Él recuperará su amante? Hasta el final, el suspenso se mantiene (y con razón, teniendo en cuenta que el fin último que Ilsa se va con Víctor se decidió sólo dos semanas antes del final de la filmación). En el punto de vista externo, Rick parece frío, carente de sentimientos y de forma voluntaria a distancia ya que tiene una posición ni a favor ni en contra del nazismo, afirmando 100% neutral, un "ciudadano del mundo". Pero Rick ha pensado duro y cínico, no obstante en el orgullo herido en su corazón cuando se trata de su antigua relación con Ilsa. Es por eso que por fin asistimos a una progresiva re-humanización de un hombre herido por un mal que trasciende todo el amor. El amor que habla aquí, por supuesto, es el amor de Rick a Ilsa, la mujer que había conocido en París antes de llegar a Casablanca, la mujer que amaba profundamente y que la amaba, a cambio aunque ella se había marchado sin una palabra de explicación. En retrospectiva, sabemos la razón de su abandono y no se puede decir que le gusta más Rick y que creía que su marido murió en un campo. Ilsa es un personaje torturado en el final. Pero el personaje más humano, más "real" para mí es Laszlo. Sus declaraciones, el pasado en un campo de concentración, la humanidad inspirada en este personaje tiene toda mi atención. En definitiva, podemos decir que la película se centrará en un triángulo amoroso. Las decisiones de cada personaje siempre condenan a uno de los dos personajes que son, por supuesto.


Sin embargo, Casablanca no se basa completamente en el triángulo amoroso. Eso sería Casablanca sin capitán Renault? El Capitán Renault es la representación de un número significativo de individuos de la época: no es realmente un seguidor del régimen de Vichy, sostiene, sin embargo, mientras se aprovechan. No es molesto por la idea de servir como Pétain como él mismo dice: sigue el viento. El Mayor Strasser mismo es la encarnación de las autoridades alemanas sobre Sam, el pianista, que crea todo el ambiente flotando en Rick's. Sam aparece poco tiempo en pantalla, pero es muy interesante! También es "el guión" entre Rick / Ilsa - París / Casablanca.


Las excepciones a los personajes de la interpretación asociada a la script es significativa. Humphrey Bogart hace aquí uno de sus mejores papeles y revela las cualidades dramáticas de verdad. Por supuesto, no rompe sus costumbres: su juego con eficacia, un desilusionado Rick, que se basa principalmente en su sobriedad y sencillez. Ingrid Bergman es convincente, sobretodo cuando se hace sentir al borde de las lágrimas, preocupante cuando uno se siente perdido. El crítico Roger Ebert describe a Ingrid Bergman en "luz" y dijo sobre la química entre ella y Bogart de la siguiente manera: "Se pinta la cara de Bogart con sus propios ojos" ... Claude Rains tenía suficiente claridad en la interpretación del capitán Renault, Conrad Veidt es frío y distante, siendo un verdadero líder nazi y, finalmente, Paul Henreid, demasiado "duro" para algunos, y fuerte para otros, aún deja filtrarse en su juego toda la humanidad de su carácter.

La ciudad de Casablanca nunca se filmó (la película fue filmada en los EE.UU.) y la recuperación se limita a sólo unos pocos enfoques principales de la película.

Casablanca es una mezcla de géneros. Es a la vez una bella historia de amor, una película políticamente comprometida, el melodrama exótico, una película de guerra.


Fuente: trelcovsky@yahoo.com.ar