Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología, Maestros de la imagen y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 21 de enero de 2015

Silverado, una fiesta visual.



Por Rodrigo Tarruella

Como todo gran film que se expresa en términos iluminatorios mediante una propuesta realmente cinematográfica (no parasitaria del teatro o de las "seguridades" literarias, o de los cameleos "plásticos"), Silverado, cuyo nombre refulge entre tanto celuloide impreso de tediosas charlas aclaratorias, no está hecha para ser contada, sino para ser vista (varias veces) como la verdadera fiesta visual que es.

 

Silverado no especula con la nostalgia, ni con el "pastiche" o la parodia. La poética (y mística) de los vastos espacios abiertos, de las caravanas en busca de otros sitios y formas de vida, de los encuentros y desencuentros de marginados que se unen para luchar contra situaciones que han llegado al límite de las injusticias soportadas, encuentra en Kasdan al artífice ideal ("el artesano legendario", como diría Joyce) para una claridad que se da en varios niveles.


Como en un western de Anthony Mann, los personajes no son unilaterales y sus conductas van cambiando según las circunstancias de la aventura. Los motivos diferentes, "personales" (hasta que dejan de serlo) del irresoluto Paden, de los perseguidos Emmett y Jake (por matar en defensa propia, en un mundo de ganaderos despóticos y sheriff corruptos; Kurosawa haría todos sus "Samurai-Westerns" con estas coordenadas) y sobre todo del negro Mal (un notable Danny Glover), el más humillado y golpeado de todos -y por lo tanto, el primero en reconocer el término "injusticia" y de buscar la unión contra el enemigo común- se borran ante la necesidad de poner freno a los desbordes del poder ensoberbecido que detentan el ganadero Mackendrick y el "comisario" Cobb.

A diferencia de tantos westerns "de izquierda" de los sesenta y parte de los setentas, que hacían prevalecer entelequias "ideológicas" sobre las acciones y determinaciones de los personajes, convirtiendo a estos en portavoces simbólicos y transformando hombres en muñecos programados, Kasdan va más allá de todas esas zarandajas haciendo prevalecer las determinaciones de Paden, Emmett, Jake, Mal y los otros como móviles (en Silverado todo está en continuo movimiento) de enfrentamiento y solidaridad contra las largas aberraciones de un poder que engendra su propia destrucción.

Una busca de lazos familiares (Mal defendiendo a su explotado padre o pidiendo ayuda a su hermana casi moribunda: "Sos lo único de la familia que me queda"; Emmett salvando continuamente de las cárceles a su desencadenado hermano Jake) se entretejen y bifurcan, mientras Paden con su "dejar hacer" hasta casi el final, tan diferente de las hesitaciones y rodeos de Jimmy Stewart en los films de Mann, o de Mifune en los de Kurosawa, en su carácter de "hombre quiero" (sin los motivos de Wayne en la película de Ford) tendrá sobre sí todas las características de ciertos héroes contemporáneos ("Nunca supe en realidad qué quería", le dirá a Stella, la cantinera). El talendo de Kasdan reside en, con unos pocos trazos, con sutiles pinceladas, describir la agonía lenta de este paria dostoyevskiano-camusiano en los diálogos con la impresionante Linda Hunt (la cantina se llama nada menos que "Estrella de Medianoche") entre decorados y situaciones que recuerdan el Rancho Notorius de Lang o el "saloon" del Johnny Guitar, de Nick Ray.


Silverado mantiene constantemente las expectativas del espectador hasta el final. No decae en "baches", como tantos films actuales. Los movimientos de grúa describiendo territorios y cabalgatas, la magistral secuencia del enfrentamiento con sutilezas de montaje para cada personaje (cuando se produce la distensión y guardan las armas), las marcaciones rigurosas de un reparto deslumbrante, hablan de un director que sorprende con las cimas a que ha llegado en su primer western. Silverado (desde ya una de "las películas del año") confirma el axioma de Dante Panzeri sobre el fútbol: el western es también dinámica de lo impensado. ■

SILVERADO (1985)

Fecha de estreno: en Estados Unidos, 10 de julio de 1985; en Argentina, 9 de enero de 1986.
País: Estados Unidos.
Duración: 133 minutos.

Dirección: Lawrence Kasdan.

Producción: Michael Grillo, Lawrence Kasdan, Mark Kasdan, Charles Okun.
Guión: Lawrence Kasdan y Mark Kasdan.
Montaje: Carol Littleton.
Fotografía: John Bailey.
Música original: Bruce Broughton.

Elenco: Kevin Kline, Scott Glenn, Kevin Costner, Danny Glover, Rosanna Arquette, Brian Dennehy, Linda Hunt, Jeff Goldblum, Ray Baker, Jeff Fahey, Richard Jenkins.



Texto publicado originalmente el sábado 11 de enero de 1986 en el diario Tiempo Argentino, y luego recopilado en el libro Jugar (La luz de otra cosa), editado en 2009 por el Bafici. Aquí se reproduce textualmente.

Extraído de FeedBlitz.com

martes, 13 de enero de 2015

Cine teatro París, de Necochea.

SOBRE EL EDIFICIO DEL TEATRO PARIS.

De fachada monumental, atemperado clasicismo francés, tratamiento y almohadillado con un gran arco central simétrico y balaustrada continua en el balcón del primer piso que se apoya sobre mensulones ornamentales, este edificio ocupa el segundo lugar como Monumento Patrimonial de la ciudad de Necochea, en el Inventario realizado por la Provincia de Bueno Aires.

DIRECCIÓN DE MUSEOS, MONUMENTOS Y LUGARES HISTÓRICOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

Año 2000(Fuente: Inventario inédito del patrimonio urbano arquitectónico relevado por el arq. Alberto Petrina y colaboradores. Extraído de la guía en proceso de edición realizada por los arqtos. Alberto Petrina, Sergio López Martínez y colaboradores). Declaratoria Municipal como Monumento de Valor Patrimonial Histórico-Arquitectónico. Ordenanza Nº 4732. Año 2000 Obra arquitectónica recomendada para ser declarado Monumento Provincial junto a otras 250 en la provincia de Bs. As.





HACIENDO HISTORIA… LOS TEATROS Y SALAS CINEMATOGRÁFICAS EN ARGENTINA.

Hacia 1910 era común en Buenos Aires la salida nocturna al cine bar donde se comía y se veían películas. Las salas cinematográficas continuaron su auge entre 1910 y 1920. En el interior del país, los primeros cines coincidieron con el salón de actos de las sedes de los clubes o de las sociedades de fomento y socorros mutuos, como la Sociedad Española, la Sociedad Francesa o la Sociedad Italiana. El 25 de Diciembre de 1889, los franceses, que se desprenden de la Sociedad Cosmopolita, fundan la Sociedad Francesa.“En 1897 la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos comienza la construcción de su primer edificio y prosiguen en distintas etapas hasta 1903. En 1904 se inaugura el Café Paris en la sede de la institución dirigido por el inquilino Pedro Lafourcade, quien el 25 de Mayo de 1906, inauguró el Cine Paris, primer biógrafo que se estableció en Necochea. En 1917 se construye el escenario entre otras reformas y mejoras”.“En 1923 la Municipalidad impulsa una nueva ordenanza a las salas de espectáculos, considerándose que esta sala no se encuadraba en las exigencias de la nueva norma, por lo que se estudia la reedificación del edificio, realizándose estudios hasta 1924 y decidiéndose realquilar la sala desde 1925 hasta 1930, en cuyo período se estudiaría el nuevo edificio a realizarse, se visitarían las nuevas salas que surgían en el país, se realizaría el proyecto y se comenzarían las obras”.  Hacia los años 30, los cines tuvieron sus templos: Los Palacios del Cine. En Bs. As., el Broadway, el Regio, el Monumental y el Ambassador, que fueron simultáneamente, teatro y cine, contaban con plateas, pullman, calefacción, aire-acondicionado, etc. En esta década ingreso de lleno el cine norteamericano.
 

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LA ARQUITECTURA DE LOS AÑOS 30 EN EL MUNDO, EN ARGENTINA, EN BUENOS AIRES, EN NECOCHEA. EL CINE TEATRO PARIS.

La arquitectura de los años 30, se destacó por la difusión del estilo internacional y del racionalismo como movimientos nuevos, pero aún el espíritu ecléctico dominaba el ejercicio profesional de la arquitectura, valorándose el “orden liberal”, la “monumentalidad” y la “valoración simbólica de la obra”. La influencia de los regímenes fascistas en Italia y Alemania, se planteó a partir de la formulación grandilocuente, con detalles sobrios, fríos y solemnes. En el sector público, no se adoptó el racionalismo por carecer de valores simbólicos formales como los tenía la arquitectura imperial. La formula neo-académica y la grandilocuencia constituyeron la alternativa elegida.  El Estilo Ecléctico de los años 30 a los 40, corresponde a la última fase de la enseñanza académica de la arquitectura en Europa, copiándose “el modelo” en Argentina. Este movimiento es historicista y hunde sus raíces en el Renacimiento. Fuertemente influido por la arquitectura clásica, los modelos principales son el clasismo francés y las variantes neoclásicas.

El Teatro Paris, inaugurado en 1931, se destaca por ser un ejemplo del eclecticismo imperante, donde se combinan la simetría del estilo neoclásico, la monumentalidad del edificio público y cultural, los códigos formales, morfológicos e iconográficos y un tratamiento severo de estos cánones estilísticos, donde la decoración va perdiendo importancia si bien se mantienen ciertos elementos ornamentales en balaustres y mensulones que sostienen el cornisamiento superior en estilo francés e italiano. El programa de la clase oligárquica y liberal se hace evidente en la arquitectura institucional, por medio de la utilización de un lenguaje ornamental con intención predicativa. En este caso, los elementos iconográficos constituyen a través del ornamento el discurso simbólico sobre el orden social, contradiciendo el lenguaje del resto de la fachada. Constitutivamente se toma del Movimiento Moderno, la modernización tecnológica e industrial equivalente al uso del hormigón armado, nuevos sistemas eléctricos, de calefacción, de gas y de O.S.N.

EL ESCUDO.

El dibujo del escudo corresponde a símbolo de la justicia de la República Romana y se llama “FASCES”. Lo portaban los lictores que acompañaban a los magistrados romanos, llamados cuestores, los pretorianos, los cónsules, procónsules, dictadores y emperadores, como emblema, para ejecutar en el acto, las sentencias de éste: flagelar, ahorcar o decapitar. Este instrumento de castigo, inspirador de temor, se convirtió en el símbolo del poder en Roma: el haz de varas ligadas con una cuerda alrededor del hacha. Fue posteriormente adoptado por la República Francesa como símbolo de poder y unidad y los soldados lo usaban como emblema en sus brazos y en las armas (de allí que aparezca en el Teatro, aunque aun no se sabe quien lo introdujo si los proyectistas por su cuenta o a pedido de los miembros de la Sociedad Francesa). El fascismo italiano instaurado con Mussolini (de hecho “fascismo” proviene de “fasces”)  deriva su nombre de este emblema y aparece en la Casa Blanca de EEUU, en monedas norteamericanas, banderas, estampillas, etc.

Historia de un nuevo edificio: El comienzo. Documento original describe la sesión de la Asamblea General Extraordinaria de la Sociedad de Socorros Mutuos (Segunda Convocatoria, en el local de su propiedad. Presidente: Su titular, Don Juan Dindart Biscayart. En tercer lugar, se trata el tema de la “re-Acta del día 8 de Diciembre de 1929, a las 15.15 hs.: Reedificación del Cine Teatro París”, el informante de la Comisión Pro-Reedificación, es el Sr. Pedro Lafourcade (hijo). De acuerdo, a lo decidido en reunión anterior respecto a que el proyecto, los planos, el pliego de condiciones, fiscalización de materiales y la dirección técnica de la obra debía estar a cargo de arquitectos o ingenieros “especialistas en la construcción de teatros” los Sres. Lafourcade y Tour Bome han consultado los precios de varios especialistas en Buenos Aires, y han aconsejado a la Comisión, una entrevista con los Paladino y Mariotti. La sociedad al no obtener presupuesto más económico decide contratar a los ingenieros y los invita a venir a la ciudad de Necochea, para definir si el escenario actual (se refiere al correspondiente edificio del Cine Teatro Paris construido en 1904), puede ser reutilizado. Los ingenieros deciden que es posible el aprovechamiento de parte del escenario existente, comenzando así la realización de un primer proyecto para someterlo a la aprobación de la Comisión Directiva. A partir de este momento, se inician una serie de propuestas, muchas de las cuales no son aprobadas por la Comisión, por ejemplo la localización de los baños correspondientes a las galerías altas, sobre la fachada del edificio.

El tema de la aprobación del proyecto demórese hasta el mes de Octubre del mismo año, dado el caso de no ponerse de acuerdo los profesionales y la empresa. La comisión pro-edificación, aprobó el proyecto, con las reformas de los sanitarios previstas por los ingenieros. A posterior, de este cambio de ideas y creyendo el Sr. Presidente que el tema ya estaba suficientemente tratado, pide a la Asamblea que se vote la aprobación del proyecto y el Pliego de condiciones, el cual es aprobado por 23 votos a favor y uno por la negativa. Aprobada la propuesta, se aprueba también el tema de la financiación, se conforma la Comisión de Obras integrada por quienes avalan los créditos que tomará la Sociedad para la construcción y se propone se llame a licitación publica y se celebren los contratos correspondientes con las empresas constructoras que resulten favorecidas, para construir las obras, según el proyecto y el pliego de condiciones incluyendo los plazos de obra previstos, lo cual es aprobado por la Asamblea del 8 de Diciembre de 1929, además de otras cláusulas de orden financiero, organizativo y administrativo, tendientes a facilitar el desarrollo normal de la obra. Se realiza una última votación por la aprobación de la construcción de la obra, con todos los acuerdos y temas que se han aprobado parcialmente y la votación resulta positiva con 21 votos a favor y 3 en contra. La sesión se levanta a las 18.40 hs. Firman este acta el Sr. Presidente, Don Juan Biscayart y el Sr. Secretario, Pedro Lafourcade (hijo). A continuación de esta Asamblea y siendo las 19 hs., se reúnen los firmantes del aval  para designar al presidente, secretario y tesorero de la Comisión de Obras, resultando la siguiente elección: Presidente Don Bernardo Cardenau, Vicepresidente Don Juan Dindart Biscayart, Secretario Don Pedro Lafourcade (hijo), Por-secretario Don Isidoro L. Reynaud, Tesorero Don Bautista Four Pome y Pro-tesorero Don Juan F. Fages, quedando los demás firmantes del aval como vocales. Inmediatamente esta comisión autoriaza a los señores profesionales para que realicen el llamado a licitación pública, levantándose la sesión a los 19.30hs.
 

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HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL TEATRO.

La empresa constructora responsable de las obras más importantes de este periodo en Necochea, obtuvo la licitación para la construcción del edificio, la misma era propiedad de los constructores Tomás Anastasio y José Pucciarelli. La ornametanción fue realizada por los Sres. Morando y Marzotti y la pintura fue responsabilidad del Sr. Cayetano Quaglia. El edificio se inauguró el 14 de Julio de 1931. En el libro que el Sr. Samuel Moreno Ortiz editó para el Cincuentenario de la ciudad de Necochea, en 1931, en la Presentación del libro, donde se narra la historia de los primeros cincuenta años de la ciudad, se menciona entre las obras recientemente inauguradas que se destacan por su esplendor, el Teatro Paris de la Sociedad Francesa. Páginas adelante del mismo libro, aparece una importante propaganda del Cine Teatro Paris “El Palacio del Cine”, ubicado en Av. Alsina 272- Necochea- Te. Nº 173 y calle 57. Empresa y Dirección : Lafourcade Hnos. En ella se observa una fotografía del Teatro Paris con las mismas características que tiene hoy, y se  menciona en la publicación ciertos detalles de la importancia del edificio como “Amplio Techo Corredizo y Moderno Sistema de Ventilación”, “Capacidad para 600 plateas, 16 palcos y 400 plateas altas”.


 
 
 
 
Extraído de info@cineteatroparis.com.ar
AV 59 Nº 2868 – Necochea – Bs. As.
TELÉFONOS: TEATRO:02262-422273
ALEJANDRO SILVA-GERENTE/PRODUCTOR
MÓVIL:02262-15647459

domingo, 11 de enero de 2015

Invictus o el crimen de la mirada blanca sobre la liberación étnica.

Por Nicolás Damín *

Construir un relato cinematográfico sobre un momento trascendental para un pueblo es un gran desafío. Estar a la altura de lo que soñaron sus protagonistas (algunos con presencia mediática y otros desde la intimidad del anonimato) y poder compartirlo con un público mas allá de las fronteras es casi una acción humanitaria dado que miles de personas solo se relacionan con "otros mundos" gracias a la pantalla grande.

Invictus viene a intervenir justo en esa empresa; recupera la historia de Nelson Mandela, líder de la liberación étnica del sur de África,  sus intentos una vez electo presidente para garantizar el fin del sistema de exclusión racial Apartheid y la construcción de una democracia sin discriminación por color de piel o religión. Tarea nada simple de realizar y menos de filmar. Clint Eastwood, veterano actor, productor y director de los Estados Unidos elige centrar su película en la estrategia de Mandela, interpretado por un notable Morgan Freeman, para utilizar al campeonato de Rubgy de 1995, en el cual su país era anfitrión, en pos de acercar a negros y blancos. Mandela introduce una jugada de manual de ciencia política al reapropiar los símbolos del viejo régimen racista (el himno y el equipo Springbox) para su idea de Sudáfrica sin diferencias raciales. Matt Damon, de correcto desempeño, interpreta al capitán del equipo de rugby que se deslumbra por la sabiduría y el carisma de Mandela y se compromete a intentar entender la lucha del nuevo presidente y su movimiento para anular las leyes del Apartheid (segregación en el transporte, ciudades, matrimonios, impuestos, etc.), dejando de lado su impronta de máximo exponente de valores blancos sudafricanos.




Pero como decíamos, ésta no es una tarea fácil. Hay momentos sociales muy difíciles de captar por el ojo de la cámara de un director extranjero, aún si éste tuviera una genuina vocación de representar la realidad y buenas herramientas para hacerlo. Las formas del mirar, del decir, del sentir y del representar están condicionadas fuertemente por relaciones simbólicas y materiales existentes entre los diferentes grupos sociales, y el director de cine no es ajeno a este juego social.

El telón de fondo de la película es la situación de segregación racial que afectó a Sudáfrica durante cuarenta años. Más conocida como Apartheid (separación en afrikáans) condensa todas las estructuras de dominación que acompañaron al nacimiento de la modernidad (aunque algunas ya son anteriores): exclusión étnica, religiosa, de género y laboral; así como las estrategias de subyugamiento para llevarlas a cabo: aparatos del Estado perfectamente ajustados para la represión, campañas de propaganda por medios masivos de comunicación, consenso activo legitimador de la "comunidad de países centrales", and last but not least: aceptación del lugar de productor de materias primas y consumidor de manufacturas industriales importadas. Sudáfrica las concentra todas. Hacer un film que aborde un momento en el cual muchas de estas estructuras están en jaque es un gran mérito, y más para alguien nacido y criado en los Estados Unidos de Norteamérica, país exportador de estas estructuras por el mundo globalizado por excelencia. El premiado y taquillero director Eastwood aborda el tema de una forma "políticamente correcta", al estilo Holywood, en la cual todo el "mundo espectador" queda conforme. ¿Todo el mundo?





¿Se puede exigir una postura militante a Clint Eastwood, ex alcalde por el Partido Republicano, a favor alguna lucha de liberación? Tal vez no tenga sentido hacerse esa pregunta. Eastwood no es Fanon. El prólogo a su película no lo escribió J. P. Sartre, pero la problemática que aborda está atravesada por los mismos sueños que Fanon describió en sus Condenados de la tierra.

Centrada en un Mandela lavado, mediático y polite, casi un Obama del sur de África, la película seguramente desilusionará a aquellos  que pasaron media vida en las cárceles de la segregación racial sudafricana (o de cualquier región de la tierra). Sin dudas, el presidente Madiba (apodo a los pertenecientes a su tribu) no es militante del Partido Demócrata, y sus sueños de liberación son mucho más profundos que los plasmados en Invictus.

El film es prolijo, aunque reduce la complejidad y la riqueza social al nivel de los peores reduccionismos. La primera escena -la más lograda-, un largo travelling, en el cual se puede ver a los blancos-propietarios-dueños de los símbolos nacionales jugando al rugby, y en el otro lado del camino, los niños negros-desposeídos jugando al football (deporte colonial reapropiado y resignificando) y celebrando el cruce de Mandela y la comitiva presidencial por la calle que separa ambos campos deportivos y sociedades. La película deja ver algunas reapropiaciones simbólicas y resistencias al Apartheid por parte de la población negra: respeto por el único jugador negro del equipo de rugby, odio a la camiseta de los Springbox y manifestaciones de solidaridad con el equipo que enfrente al seleccionado de rugby de Sudáfrica.




El Mandela de Eastwood omite algunos de los pasajes más interesantes de la vida del líder sudafricano, como su acercamiento con la vía insurreccional armada con el Umkhonto we Sizwe, brazo armado del Congreso Nacional Africano y su viaje a la Argelia liberada. Todo relato es un recorte de la realidad, pero no estaría mal preguntarle a Clint si su invitación a la "reconciliación" no es solamente un llamado a los marginados a no tocar la celda que los oprime y a aceptar el mundo tal cual está. La cárcel de Robben Island, donde Mandela pasó dieciocho de los veintisiete años preso se erige como un lugar de memoria para que estas situaciones no vuelvan a repetirse. Invictus nos invita a todos a volver a pensar nuestra historia y las exclusiones sociales de nuestro presente.
Festivales y premios

Globos de oro, 2009. 3 nominaciones: mejor director, mejor actor (Morgan Freeman) y mejor actor secundario (Matt Damon).
Oscars, 2009. 2 nominaciones: mejor actor (Morgan Freeman) y mejor actor secundario (Matt Damon).

Ficha técnica

Invictus, EUA, 2009
Dirección: Clint Eastwood
Guión: Anthony Peckham (Libro: John Carlin)
Fotografía: Tom Stern
Música: Kyle Eastwood, Michael Stevens
Interpretación: Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Julian Lewis Jones, Adjoa Andoh, Patrick Mofokeng, Matt Stern, Leleti Khumalo


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* Nicolás Damín es sociólogo. Cursa seminarios de doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Buenos Aires, donde es investigador y profesor. Participó de varias compilaciones sobre los vínculos entre la producción cinematográfica, la política y el Estado.


Extraído de  http://elespectadorimaginario.com/pages/marzo-2010/criticas/invictus.php