Julio Diz

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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de Woody y todo lo demás, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 22 de mayo de 2007

"Estambul":¿de Norman Foster o de Orson Welles?



Red Stovall
Hoy he recuperado este clásico, que ya había visto hace muchos años, pero sobre el que apenas recordaba nada. Su título original es ‘Journey Into Fear’, o sea, algo así como ‘Viaje al Miedo’, pero eran demasiadas palabras para que nuestro inteligente traductor de títulos de películas las tradujese todas, asi que optó por el más cómodo ‘Estambul’, que es precisamente donde se desarrolla la mayor parte de la acción.
‘Estambul’ fue empezada por Orson Welles, quien a saber por qué dejó de filmarla, teniendo que sustituirle Norman Foster, quien también la montó. Welles, que interviene en el film como actor declaró en alguna ocasión que su participación en el mismo sólo fue como intérprete. Sin embargo, echándole un visionado al film, enseguida nos damos cuenta de que eso no se lo creía ni él. Foster no poseía la garra narrativa y visual de Welles, y es muy fácil adivinar qué escenas realizó Welles y cuáles Foster. Esa división en la dirección lastra en consideración una película realizada posteriormente a dos de las más grandes obras maestras del Séptimo Arte: ‘Ciudadano Kane’ y ‘El Cuarto Mandamiento’, realizadas cuando Welles tenía tan sólo 26 y 27 años. Casi nada.
La historia de ‘Estambul’ es, cuando menos, graciosa. En ella, un americano que es ingeniero naval, cuando regresa a los USA de dar una conferencia con su esposa, se convierte en objetivo principal de unos agentes nazis que quieren eliminarlo. De la noche a la mañana y sin poder decirle nada a su esposa, nuestro protagonista se ve embarcado en un barco para salvar su vida de la gente que le pisa los talones.
Cuando digo graciosa me refiero un poco a rocambolesca, y es que el hecho de que el film ha sufrido un poco en la sala de montaje, se nota en el devenir de un argumento que tiene partes que provocan cierta simpatía, por no decir cachondeo. La película avanza a trompicones,y sólo cuando se detiene en ciertos momentos alcanza instantes de buen cine. En tan sólo 68 minutos de duración, la acción cambia varias veces de dirección, y las elipsis que se realizan de cambio en cambio son demasiados bruscas, probablemente debidas a que han tenido que unir los distintos bloques dirigidos por cada uno de los dos directores, intentando darle la mayor coherencia posible al conjunto.
Como decía antes, es fácil diferenciar las escenas rodadas por Foster de las de Welles. Las de este último tienen mucho más interés, ya que técnicamente son muy superiores. Planos arriesgados y complicados para la época, movimientos de cámara espectaculares, etc. En las de Foster todo es mucho más convencional, aunque realizado con oficio, eso sin duda. No obstante, como los cambios de uno a otro se producen varias veces a los largo de la proyección, pues desconcierta un poco y realmente daña al film, ya que muchas cosas se habrán quedado en la mesa de montaje.
Actoralmente, Welles volvió a contar con su actor-fetiche, Joseph Cotten, al que se le ve un poco perdido, supongo que porque un día le dirigía un director y al día siguiente otro, o vete tú a saber porqué. Hay momentos en los que cierta inocencia le queda muy bien al personaje, pero en otros no demasiado. A su lado, saliendo al principio y al final de la película, un Orson Welles impresionante, como solía ser habitual en él. La nota femenina la ponen dos míticas actrices. Por un lado Dolores del Rio en el papel de una bailarina, y por otro, la eterna secundaria Agnes Moorehead, como la mujer de un simpático personaje interpretado por Frank Readick. Es curioso que ambas actrices tengan a su cargo unos personajes tan poco tratados en la trama.
Un film correcto, sumamente entretenido y en el que incluso se incluyen algunas críticas nada ocultas hacia algunos pensamientos políticos, como cierta conversación, o más bien habría que decir monólogo, entre uno de los personajes secundarios y Joseph Cotten, acerca del capitalismo y el socialismo que es verdaderamente ingenioso y casi delirante, por divertido. Por cierto, hay un par de toques humorísticos en el film ingeniosamente metidos que sorprenden bastante, pero por supuesto hacen reir. Y con una sonrisa es con lo que estamos durante toda la película, unas veces provocada conscientemente y otras por haberse liado tanto con lo de la dirijo yo, no, yo, no, yo, tú, bueno, tú.
Colaboración de:
Andrés Aldao

domingo, 20 de mayo de 2007

El cuento en el cine: La ideas hay que vivirlas




Escribe: María Luisa Bemberg


Crecí en una familia donde el poder era muy importante. Pero a mí jamás me interesó; detesto manipular a la gente. Por cierto, ser directora de cine exige autoridad y un manejo muy equilibrado del poder. Pero es algo distinto. Es la obra la que manda, no el director. Siempre busqué el respeto de quienes me rodean, nunca la sumisión.

Para mi padre, la mujer debía ser bonita y virtuosa. Yo lo detestaba. Me parecía un ser siniestro, encarnaba todo lo que yo odiaba. Más tarde comprendí que era un hombre noble, que había sido obligado por su nacimiento a vivir una existencia que no le gustaba. La fortuna de los Bemberg había hecho de él un prisionero. Mi madre era una víctima, pero que se ocupaba de formar futuras víctimas. En el fondo, le tenía mucha lástima. Nunca tuve una buena relación con ella. Era dependiente, sometida. Yo la veía y me decía: "lo único que quiero es no parecerme a ella. Sería lo peor que podría pasarme". De algún modo quería vengarla. Ella podría haberme animado a romper con mi miedo. En cambio, se había convertido en custodia de valores que habían cercenado su existencia.

He tenido la vida de una mujer privilegiada; eso no significa que no tuve dolores, por el contrario. Mis hermanos y yo vivíamos en manos de niñeras. Tuvimos 23 nurses. Una duró siete años; otra apenas veinticuatro horas. Nos encariñábamos con ellas y, cuando ya las queríamos como si fueran de la familia, se iban. Eso nos hizo duras, caprichosas e insolentes. Una vez, en París, en casa de nuestro abuelo, llegó una niñera nueva. Ordenamos que nos sirvieran el té en el jardin. Se echó a llover y nosotras -para molestarla- le dijimos que en Buenos Aires acostumbrábamos a tomar el té al aire libre, aun cuando lloviera, sentadas junto a nuestras gobernantas. Ella, por lo tanto, debía hacer lo mismo. La pobre mujer se fue espantada diciendo que éramos unos salvajes.

Me hubiera gustado seguir estudios sistemáticos cuando era joven. Envidiaba a mis hermanos que iban a colegios. Nosotras, por ser mujeres, recibíamos clases particulares. Seguíamos a papá y mamá en sus viajes de negocios. Era triste depender de esas gobernantas que llevaban una vida tan gris. Eran personas que no se sentían a gusto con la servidumbre, pero tampoco pertenecían al salón. "Miss Mary" fue, en cierto modo, un homenaje a esas mujeres a las que se les pagaba para querer chicos ajenos. Es también mi película más autobiográfica.

Mi primera safistacción en una tarea creativa fue el vestuario de "La visita de la anciana dama", interpretada por Mecha Ortiz. Fue bien recibido y yo me sentí muy emocionada. Pero mis familiares no estaban contentos con lo que hacía. En realidad preferían que no hiciera nada. Las mujeres tenemos un gran trabajo hasta tomarnos en serio. Creer que podemos tener importancia por nosotras mismas nos lleva su tiempo. Cuando era chica y estaba enferma, me entretenía con un espejo. Me gustaba mirar las cosas a través de él, las enfocaba, creaba encuadres, sin saber todavía muy bien lo que estaba haciendo. Tenía marionetas, armaba teatros infantiles y mis hermanas me servían de audiencia. Recuerdo que mamá me auguraba un futuro que parecía terrible. Me decía: "esta chica es muy rebelde; es igual a Delia del Carril y va a terminar como ella". Yo me preguntaba quién sería esa mujer y qué habría hecho, cuál habría sido su destino. Más tarde me enteré de que se había casado con el poeta Pablo Neruda y descubrí que era una excelente pintora. Una vida que a mí me habría encantado llevar.

No sé exactamante en que momento decidí que quería firmar mi vida. Sí recuerdo un pensamiento que me impulsó a cambiar mi existencia. Era una frase de "La condición humana" de Malraux. Decía: "las ideas hay que vivirlas". Yo no las vivía. Me revelaba interiormente contra la educación que me habían inculcado, pero no hacía nada. Estaba condicionada por la obediencia, por una formación eminentemente tradicional. En eso mi historia se parece a la de Finita, la protagonista de "Cronica de una señora", la película de Raúl de la Torre cuyo guión me pertenece. Cuando mi padre se enteró de que se iba a hacer un film basado en ese texto, me envió desde París una carta terrible, no porque demostrara enojo sino porque revelaba una gran preocupación, una enorme ternura en un hombre que había sito tan severo. Sabía que había entregado un guión sobre "nuestra clase" -así la llamaba- y me aconsejaba destruirlo: "es una gran imprudencia. Te van a destrozar". Me sentí aniquilada. Si me hubiera enviado una carta llena de cólera, habría reaccionado. Pero esas páginas eran tan dulces que me desarmaron. En ese momento Raúl de la Torre estaba filmando la publicidad de un coche en el sur. Debía tomar algunas escenas desde un helicóptero y yo, desesperada, rogaba que se estrellara. Todas las mañanas leía las noticias policiales esperando que se hubiera accidentado. Papá quedó ciego hacia el final de su vida y no pudo ver mis películas. Yo había pasado del odio al cariño y lo iba a visitar todas las tardes, aun cuando filmaba. Estaba muy entusiasmado con "Camila". Murió días antes de que se estrenara.


Escrito por María Luisa Bemberg
Seleccionado de Cuentos de Cine
Selección de Sergio Renan
Alfaguara 1996

La imagen silenciosa: Roscoe "Fatty" Arbuckle







El cine mudo en "La imagen silenciosa"


Roscoe "Fatty" Arbuckle fue uno de los primeros cómicos de la Keystone. Nació en Smith Center, Arkansas, el 24 de marzo de 1881. Murió en Nueva York el 29 de junio de 1933.

Se había iniciado como comediante de vodevil en el año 1895, pasando a la Keystone en 1913.

Junto a Mabel Normand y Ford Sterling forma el primer equipo de actores populares que, con el propio Mack Sennett, da fama a la Keystone. Sus comedias pronto despiertan el entusiasmo del público que lo convierte en ídolo.

Grueso, con el rostro aniñado y una glotonería insaciable, representa a un héroe ingenuo y travieso.

A pesar de que en 1912 ya hacía películas para la Seling, es a partir de "The gangsters", rodada el 29 de mayo de 1913, cuando logra con Sennett conquistar el gran público.

El nombre que le haría famoso en todo el mundo, "Fatty", lo adoptaría a partir de la película "Fatty's day off" que se estrena el día 1 de septiembre y de la cual el "Moving Picture World" diría que se trataba de una buena comedia sin situaciones desagradables. La misma publicación afirmaba que "El gordo efectúa una carrera sumamente temeraria sobre una silla con ruedas, que terminará con una caída".

Las constantes caídas solían terminar en un lago, como en el caso de "A noise from the deep" (julio de 1913) con Mabel Normand como compañera de reparto. En este film la muchacha viajaba en bicicleta acompañada de su novio; un descuido hacía que ambos fueran a parar al agua; el novio, cobardemente abandona a Mabel y procura salvarse solo; pero el gordo estaba cerca y acude heroicamente, rescatando a la heroína. "Fatty" contempla cómo escapa el rival y queda dueño de la situación... aun cuando un poco mojado. Pronto Sennett advierte el negocio que significa el nombre de Roscoe en los repartos. Anuncia su cuadro de estrellas y advierte que todos los lunes se estrenará una comedia Keystone. Algunas de estas películas de un rollo, incluían a los cuatro grandes de la casa. Así ocurrió, por ejemplo, con "Mabel's dramatic career" (septiembre del mismo año) en la cual el equipo de gala era incluído totalmente: Mabel, Sennett, Arbuckle y Ford Sterling.

Un crítico advierte que golpes de buen humor fino y trucos de extrema vulgaridad se conjuntan en este film cómico.

A la entrada de Chaplin a la Keystone se encuentra con que las dos grandes estrellas masculinas son "Fatty" y Sterling. Nada en común tenían ninguno de los dos con él; pero Roscoe apareció junto al inglés para reforzar la atracción taquillera de la comedia "A film Johnie" (marzo 1914) y luego volverán a aparecer juntos en otras cuatro historias. En total, Roscoe hizo en 1913 catorce films y al año siguiente la serie "Fatty" llegaría a su máxima popularidad.

En 1921, cuando su fama era ya enorme y conocían al gordo en todo el mundo, estalló un violento escándalo que le retiró totalmente del cine, hasta el punto de que cuando intenta volver lo hace con un nombre falso y como argumentista o director solamente.

El éxito lo había convertido en un hombre de apetitos irrefrenables y de vida licenciosa. En 1919 había firmado un contrato de tres años con Joseph Schenck, de la Paramount, que le proporcionaba un millón de dólares al año. La Paramount estaba lanzándole apoyo con directores excelentes y repartos de actores conocidos. Cuando se produjo el gran escándalo muchos de estos films no habían sido aún estrenados y jamás lo fueron.

A partir de 1921 su nombre desapareció totalmente de Hollywood. Cuando intentó volver lo hizo bajo el nombre de William Goodrich Arbuckle, ayudado por sus amigos Sennett y Buster Keaton, a quien había convencido, años atrás de que dejara el teatro por el cine.

El nuevo Arbuckle se convirtió en gag-man, ayudó a Keaton en direcciones y llegó a realizar algunos films cómicos y un largometraje "The red mill", 1926 con Marion Davis.

Más tarde, decidió aprovechar la fama que aún conservaba en Europa. Llevó a cabo una gira, pero fracasó estruendosamente hasta el punto de que en París fue silbado.


Seleccionado de La risa loca, Enciclopedia del cine cómico
Paco Ignacio Taibo
Cuadernos de cine, México 1975

martes, 15 de mayo de 2007

Citando Citas

¿Por qué yo debo quejarme de ganar siete mil dólares por semana interpretando a una sirvienta?, ¡si no lo hiciera, estaría ganando siete dólares por semana siendo realmente una!

Hattie McDaniel por su rol de "Mammy" en "Lo que el viento se llevó" (1939) de Victor Fleming


Seleccionado de Suplemento cine afroamericano, 22 Festival de cine de Mar del Plata

La pelicula olvidada: La malvada






Critica de Pauline Kael


Esto es arte exacto, de primera calidad y una de las películas más agradables que se hayan hecho. Eva, una joven actriz (Anne Baxter) trama toda clase de intrigas para ocupar el lugar de una estrella avejentada (Bette Davis) en el escenario y en la cama, y la batalla se libra con dientes, garras y una batería de epigramas. El diálogo y la atmósfera son tan peculiarmente remotos, están tan alejados de la vida, que a veces fueron confundidos con el arte. Lo artificial tiene cualidades propias: el estilo locuaz, explicito en exceso, pomposo, el estilo "eres-hipócrita-y-corrupto-pero-yo-soy-igual-somos-el-uno-para-el-otro-querido". El mal gusto del director-guionista Joseph L. Mankiewicz, exhibido con exuberante entusiasmo, es más divertido que el cauteloso, insípido y deshidratado buen gusto. Su disparate acerca del "teatro" se salva gracias a una interpretación que es lo más auténtico: Bette Davis está en la cúspide de su esplendor. Su actriz en la ficción -vana, miedosa, una mujer que va demasiado lejos en sus reacciones y sus emociones- da vida a toda la trama (aunque resulta difícil creer que Anne Baxter pueda ser una amenaza para Bette Davis).


Ficha Técnica

Titulo original: All about Eve
Productora: 20th Century Fox, Estados Unidos, 1950
Dirección: Joseph L. Mankiewicz
Producción: Darryl F. Zanuck
Guión adaptado: Joseph L. Mankiewicz
Montaje: Barbara McLean
Música: Alfred Newman
Escenografía: Walter Scott
Vestuario: Edith Head

Interpretes: Bette Davis (Margo Channing)
Anne Baxter (Eve Harrington)
George Sanders (Addison DeWitt)
Celeste Holm (Karen Richards)
Marilyn Monroe (Claudia Cassanell)
Thelma Ritter (Birdie Coonan)



Kiss Kiss Bang Bang, El tiempo del cine
Pauline Kael
Editorial Marymar, 1974

domingo, 13 de mayo de 2007

Biografias: Clint Eastwood


Multifacético como pocos -es intérprete musical, compositor, actor, productor y director- protagonizó 46 de los 57 films en los que participó. Dirigió 25 y produjo 20. Su película "Million dolar baby" fué premiada con cuatro premios Oscar incluido el de mejor director.

Podría haber sido (y, de alguna manera lo fue) el protagonista de "800 balas", la película de Alex de la Iglesia. De hecho, buena parte de su patrimonio cinematográfico fue abonado en los desiertos de Almería territorio al que, cuarenta años después, volvió De la Iglesia para homenajear entre otros, a Sergio Leone. En la década del 60, Eastwood y Leone habían inventado el "Spaghetti western" y lograron consagrar su popularidad y la del género con títulos como "Por un puñado de dólares" 1964, "Por unos dólares más" 1965 o "El bueno, el malo y el feo" 1966. Clint Eastwood nació el 30 de mayo de 1930, en San Francisco, cuna de la beat generation y el multiculturalismo. "Conté historias en el piano mucho antes de dirigir películas -declaró-. En mis películas me gusta la imagen del pianista; el hombre que toca el piano se sienta, cuenta su historia, luego se levanta y se va, dejando que la música hable por sí misma.

La amorosa relación que mantuvo con el jazz y el blues, pero ademas la intensidad con que esa música formateó su destreza como director, quedaron testimoniadas en "Bird" 1988, narra la vida del saxofonista Charly Parker, y en "Piano blues" uno de los siete documentales de la serie "The blues a musical journey" que produjo Martin Scorsese para la televisión.

Clint Eastwood es un curioso ejemplar de artista republicano, respetado por amigos y detractores. Entre 1986 y 1988, llevó a la práctica su intereses políticos, convirtiéndose en alcalde de la ciudad de Camel (California). Sin embargo lo suyo había sido y siguió siendo, el cine.


En 1971, la renuncia de John Wayne a protagonizar la última película de Don Siegel marcó la carrera actoral de Eastwood, quien acepta el papel y queda en el ojo de la tormenta. "Harry el sucio" fue acusada de apología de la violencia y el inspector Harry Callahan, resultó el modelo de detective patriota y repulsivo que hollywwod legó a la posteridad. La saga del justiciero por mano propia se continuó en "Harry el fuerte" 1973, "Harry el ejecutor" 1976, "Impacto súbito" 1983 y "La lista negra"1988.

Lo que cautiva de la obra reciente de Eastwood es la manera en que narra las historias, que a menudo el escribe. El punto de vista para desenvolver los detalles, la colección de adverbios de modo -visuales, textuales- distribuídos entre sus argumentos, la atinada selección de actores.

En "Million dollar baby" tal como en "Un mundo perfecto" 1993, "Los puentes de Madison" 1995, o en "Rio mistico" 2003, Clint Eastwood hace pie en historias mínimas que desmenuza a la manera de un standard de jazz, esperando que esas existencias -como la música- hable por sí mismas.

Por segunda vez la Academia de Hollywood lo premió como director. En 1992 lo hizo con "Los imperdonables", acaso, el film que cerró el interés del realizador por la mitología del far west.

Si desde la pantalla, el joven Eastwood -y luego el galán maduro- supo arrancar suspiros a la platea, en la vida real no parece haber obtenido malas calificaciones en materia romántica. Acaso Margaret Johnson (su primera mujer y madre de 4 hijos), las actrices Sondra Locke y Frances Fisher, y la periodista Dina Ruiz son el vivo testimonio de sus buenas artes sensuales. Camarógrafo paciente, creador de atmósferas, escrupuloso director de actores, lo que más sorprende de Eastwood es tu talento para escapar a la comodidad de los moldes. Cuando se revisa su producción, es fácil entender el significado de esa célebre línea de texto de "Cazador blanco, cazador negro" 1990: "No dejaré que ocho millones de comedores de palomitas, me digan lo que debo hacer".




Revista Miradas, Enero 2007